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Capítulo 6: El calor en la nieve de los Todoroki
La condensación de la niebla blanca no trajo el aroma a ozono del taller de Mei ni el ambiente húmedo de los pabellones de la UA. Esta vez, el aire que penetró en los pulmones de Izuku era gélido, seco y sutilmente impregnado de incienso de madera de cedro, tatami fresco y el perfume tenue de flores de invierno.
5:00 AM.
Izuku abrió los ojos. La luz grisácea del amanecer entraba a través de los paneles de papel de arroz y madera de una tradicional puerta corredera shoji. No había literas metálicas ni escritorios de estudiante a su alrededor. Estaba acostado sobre un futón impecable, cubierto por un edredón de plumas de un blanco pulcro.
Al intentar incorporarse, sintió una diferencia inmediata en la estructura de su cuerpo. No era la baja estatura de Kinoko ni la agilidad elástica y anfibia de Tsuyu. Este era un cuerpo adulto, completamente desarrollado, de proporciones altas, elegantes y femeninas, con una cadera amplia y madura, y un peso pronunciado y firme sobre el pecho que se marcaba bajo el camisón de algodón suave.
Se levantó con pasos lentos y descalzos. Al pisar la madera fría del pasillo, caminó hacia el espejo de cuerpo entero montado en el vestidor adyacente.
Al encender la luz de tono cálido, la imagen reflejada le sacó un aliento de sorpresa.
Frente a él estaba Fuyumi Todoroki. A sus 27 años, la hermana mayor de Shoto y profesora de educación primaria conservaba su elegancia natural, su piel pálida como la nieve y su cabello blanco como la escarcha, salpicado de mechones rojos que recordaban la herencia de su padre. Sin embargo, al estar sin sus anteojos habituales, sus ojos de color azul turquesa brillaban con una claridad madura, enmarcados por una anatomía impresionantemente atractiva: un cuello estilizado, una cintura estrecha que se ensanchaba en una cadera escultural de mujer adulta y un pecho generoso, firme y prominente que superaba con creces la complexión de las chicas de la UA.
En el instante en que Izuku apoyó sus dedos pálidos contra el marco de madera del espejo, el colapso de información penetró en su mente.
Izuku se sujetó la cabeza con ambas manos mientras la marea de recuerdos se asentaba a toda velocidad. Supo de inmediato que no estaba en los dormitorios de la UA: se encontraba en la residencia tradicional de la familia Todoroki, a varios kilómetros del campus.
Junto con la ubicación, absorbió la totalidad de la vida de Fuyumi: su profesión como docente, sus técnicas de cocina tradicional japonesa, su manejo de la logística del hogar, sus conocimientos sobre la gestión de traumas familiares y, de forma sumamente relevante, el control latente de su Quirk de Hielo (Frost), capaz de reducir bruscamente la temperatura ambiente, congelar humedad en el aire y moldear superficies gélidas.
A esto se le sumaron sus recuerdos íntimos, sus deseos frustrados de formar una familia cálida y la soledad que había guardado durante años tras la sombra de Enji Todoroki. Y en la profundidad de su alma, como una estructura indestructible, las habilidades acumuladas de las víctimas anteriores —el camuflaje de luz de Toru, la micología de Kinoko, la acústica de Kyoka, las enredaderas de Ibara y las facultades anfibias de Tsuyu— se integraron sin problemas al cuerpo de Fuyumi.
—Fuyumi-san... la hermana de Shoto... —murmuró Izuku, escuchando su propia voz: un tono grave, dulce, maduro y maternal, pero con una calidez envolvente.
Izuku caminó por la casa para inspeccionar el lugar. Recorrió los pasillos de madera, la cocina principal y el patio interior. Comprobó que no había nadie en la residencia: Enji estaba en una reunión de la agencia de héroes, Natsuo en la facultad de medicina y Shoto había salido temprano hacia los dormitorios de la UA para la jornada de entrenamientos matutinos. La casa estaba completamente vacía y en silencio.
Izuku regresó al espacioso dormitorio de Fuyumi. Entró al vestidor y abrió de par en par los grandes armarios de madera. La ropa de la joven profesora estaba pulcramente ordenada: faldas largas, suéteres de cuello alto, blusas formales e impecables kimonos de seda.
Una chispa de fascinación y deseo se encendió en la mente de Izuku al verse rodeado de las prendas de una mujer adulta de esa categoría.
—Veamos qué tiene Fuyumi-san en su armario... —dijo en voz alta, disfrutando del sonido maduro de su voz.
Izuku comenzó a probarse todo tipo de atuendos. Se quitó el camisón y quedó completamente desnudo frente al espejo, admirando la blancura Inmaculada de la piel de Fuyumi, la curva pronunciada de sus nalgas firmes y la cúpula perfecta de sus pechos. Comenzó a medirse conjuntos de lencería que Fuyumi guardaba para ocasiones especiales y que jamás había estrenado: encajes de color negro y rojo vino que contrastaban de forma brutal con la palidez de su piel.
Se probó un suéter ajustado de lana blanca que remarcaba su busto con una exageración provocativa, combinándolo con una falda de tubo corta que se ceñía a sus caderas maduras. Luego se cambió a un kimono de seda ligera con aberturas laterales. Cada prenda que se probaba le hacía sentir el roce de las telas sobre los pezones erguidos de Fuyumi y la textura suave de sus muslos.
Mientras caminaba frente al espejo probándose un par de medias altas de seda y un corsé ceñido, Izuku comenzó a acariciar su propio cuerpo. Pasó sus manos pálidas por la redondez de sus senos de mujer adulta, masajeándolos con suavidad mientras cerraba los ojos, imaginando la imagen de su yo masculino.
—Ah... M-Midoriya-kun... —gemía Izuku utilizando la voz de Fuyumi, llevando una mano hacia abajo, deslizándola entre sus muslos maduros—. Si me vieras así... si supieras lo que quiero hacer con tu cuerpo...
Se tocó con avidez, sintiendo cómo el cuerpo de Fuyumi reaccionaba de forma explosiva a la imagen mental del peliverde. La humedad natural de la mujer impregnó sus dedos mientras el calor de la excitación contrastaba con la ligera brisa gélida que brotaba de su piel al activar involuntariamente su Quirk de hielo. Tras llegar a un clímax solitario e intenso frente al espejo del vestidor, Izuku respiró agitadamente, sintiendo las paredes internas de Fuyumi contraerse con fuerza.
8:30 AM.
Con el cuerpo saciado pero la mente completamente enfocada en su objetivo, Izuku fue hacia la cocina principal de la residencia Todoroki.
Combinando la destreza culinaria de Fuyumi con la obsesión posesiva que gobernaba sus actos, comenzó a cocinar. Preparó un bentō elaborado y exuberante: tonkatsu crujiente, tamagoyaki modelado con precisión, arroz al vapor perfumado y verduras salteadas. Sin embargo, no preparó nada para la familia Todoroki ni para ella misma. Preparó una ración masiva destinada exclusivamente para una sola persona: Izuku Midoriya.
Decidió romper por completo con la imagen habitual de Fuyumi. En lugar de los suéteres holgados, los anteojos de marco grueso y la apariencia de profesora reservada, eligió un atuendo sumamente atrevido y sofisticado: un vestido ajustado de cuello alto de color azul medianoche que no llevaba mangas, dejando al descubierto sus hombros pálidos y definidos. El vestido se moldeaba a su busto maduro con una presión evidente, marcando su cintura pequeña y cayendo en una falda que se abría en una hendidura lateral alta sobre el muslo izquierdo. Se dejó el cabello blanco y rojo suelto, cayendo en ondas suaves sobre sus espaldas, y decidió no ponerse los anteojos, resaltando la intensidad turquesa de sus ojos.
Acomodó la caja del bentō en un pañuelo de seda y salió de la residencia de los Todoroki con dirección al campus de la UA.
10:50 AM.
Izuku (en el cuerpo de Fuyumi) caminaba por la avenida principal del campus de la UA. Su presencia no pasó desapercibida: los estudiantes y héroes en entrenamiento se giraban para admirar a la imponente mujer adulta de cabello blanco y rojo, cuyas curvas maduras y zancadas elegantes acaparaban las miradas de todos alrededor.
Sabía exactamente dónde encontrar a su yo masculino. A las 11:00 AM, el Izuku Midoriya en piloto automático saldría del campo de entrenamiento Gamma junto a Shoto Todoroki para dirigirse a los casilleros del edificio principal.
Izuku se apostó cerca del arco de entrada del edificio principal, sosteniendo el bentō envuelto en seda.
Pocos minutos después, dos figuras aparecieron caminando por el sendero de adoquines. Era Shoto Todoroki, vistiendo su uniforme deportivo con la cremallera a medio bajar, conversando con el Izuku Midoriya masculino, quien caminaba a su lado con la mirada perdida y la carpeta de registros en la mano, respondiendo con ese tono autómata del bucle.
Al acercarse al arco, Shoto alzó la vista y se detuvo en seco. Sus ojos desiguales se abrieron con evidente sorpresa al reconocer la figura que estaba de pie frente al edificio.
—¿Fuyumi...? —dijo Shoto, parpadeando con incredulidad al ver a su hermana mayor sin anteojos, con el cabello suelto y vistiendo ese vestido azul ceñido que jamás le había visto usar—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Paso algo en la casa con papá?
Shoto dio un paso hacia ella con intención de preguntarle qué ocurría, pero Izuku (en el cuerpo de Fuyumi) ni siquiera le dedicó una mirada a su hermano menor. Lo ignoró por completo, pasando a su lado como si fuera transparente. El perfume de orquídeas y el ligero aire gélido que emanaba de la piel de Fuyumi rozaron el rostro de Shoto, dejándolo congelado en su sitio por la estupefacción.
—¿F-Fuyumi...? —repitió Shoto, girándose lentamente sobre sus talones sin poder dar crédito a lo que veía.
Izuku caminó directamente hacia el peliverde. Al llegar frente al Izuku masculino, la expresión de Fuyumi se transformó por completo: la frialdad distante se disolvió en una sonrisa cálida, devota y cargada de una sensualidad madura.
—Midoriya-kun... —susurró la voz suave y grave de Fuyumi, dando un paso que recortó la distancia entre sus cuerpos, dejando que su busto rosara ligeramente el pecho del chico—. Te he traído el almuerzo. Lo he preparado especialmente para ti.
El Izuku en piloto automático se detuvo, mirando a la hermosa mujer pálida con la caja de bentō en las manos.
—¿Todoroki-san...? Ah... la hermana de Todoroki-kun... —dijo el chico con tono neutro—. No era necesario...
—Para mí es una necesidad absoluta cuidar de ti —interrumpió ella con suavidad, tomándolo del brazo con una firmeza que no admitía réplicas—. Ven conmigo. Hay un lugar tranquilo donde podemos comer juntos.
Shoto, que observaba la escena desde unos metros atrás con la boca ligeramente abierta, vio cómo su hermana mayor rodeaba el brazo de su compañero de clase con un gesto íntimo y posesivo, pegando su cpo a la espalda del peliverde. Vio cómo Fuyumi le dirigía a Midoriya una mirada llena de una fijación apasionada que jamás en su vida le había visto dirigir a ningún hombre, para luego guiárselo hacia el jardín privado detrás del edificio de administración, dejándolo completamente atrás.
—¿Qué... demonios acaba de pasar...? —murmuró Shoto para sí mismo, rascándose la cabeza con absoluta perplejidad.
11:15 AM - 1:50 PM.
Detrás del edificio administrativo se encontraba el cenador de cristal de la UA: una pequeña glorieta techada, rodeada de rosas de invierno y aislada de los caminos principales.
Al entrar, Izuku (en el cuerpo de Fuyumi) utilizó el Quirk de Hielo para congelar sutilmente la cerradura de la puerta de hierro, sellando el recinto. La temperatura del interior bajó ligeramente, creando un ambiente fresco donde el aliento se volvía una fina estela de vapor.
Izuku colocó la caja de bentō sobre la mesa de piedra, pero no la abrió. Se giró hacia el Izuku masculino y lo empujó suavemente contra la columna central del cenador.
—Todoroki-san... el bentō... —alcanzó a decir el chico en piloto automático.
—El bentō puede esperar, Midoriya-kun... mi hambre por ti no —respondió ella con una voz cargada de deseo.
Izuku se retiró el vestido azul por la parte superior, dejando al descubierto la voluptuosidad de la anatomía de Fuyumi. Sus senos maduros y erguidos quedaron al aire bajo la luz del sol que se filtraba por el cristal. Se subió la falda hasta la cintura, revelando que solo llevaba las medias de seda y la lencería de encaje que se había probado por la mañana.
Tomó al peliverde por la solapa de su uniforme y lo atrajo hacia sus labios. El beso fue adulto, dominante y hambriento. La lengua de Fuyumi se introdujo con fuerza en la boca de su yo masculino, mientras que con sus manos pálidas desabrochaba los pantalones del chico, liberando su miembro rígido y caliente.
El contraste entre la piel gélida de Fuyumi y el calor abrasador del miembro del peliverde fue inmediato. Izuku se arrodilló sobre el suelo de piedra. Con la elegancia de una mujer madura, tomó la virilidad del chico y la envolvió por completo en su boca cálida. Utilizó la técnica acumulada de todas las víctimas anteriores para succionar y masajear el miembro con una precisión que hizo que el Izuku masculino jadeara rítmicamente, apretando sus dedos contra la espalda al desnudo de la hermana de Shoto.
Tras la estimulación oral, Izuku se puso de pie. Se sentó sobre el borde de la mesa de piedra del cenador, abriendo sus piernas largas y pálidas, exponiendo su sexo de mujer madura, empapado de lubricación natural que humeaba levemente ante el aire frío del recinto.
Atrajo al Izuku masculino hacia ella. Guió la cabeza de su miembro hacia su entrada y, con un movimiento firme de sus caderas, se dejó empalar por completo sobre él.
Un gemido grave, maduro y lleno de éxtasis salió de la garganta de Fuyumi. Las paredes internas de la hermana de Shoto, amplias pero increíblemente apretadas y calientes, se contrajeron rítmicamente alrededor del miembro del peliverde. El hielo fino que se formaba en las paredes del cenador crujió ante el impacto de sus cuerpos.
—¡Ahhh...! ¡M-Midoriya-kun...! ¡Eres tan duro... tan grande...! —gemía Fuyumi, rodeando la cintura del chico con sus piernas maduras y aferrándose a sus hombros anchos.
Izuku dictó un ritmo de penetración feroz y apasionado. La estructura madura de la cadera de Fuyumi le permitía absorber cada estocada profunda del peliverde, provocando un sonido húmedo y constante que resonaba en el cenador de cristal. El Izuku masculino, sobrecargado por el placer y la sobrestimulación térmica de la piel gélida de Fuyumi contra su cuerpo caliente, sujetó la cintura de la mujer con fuerza brutal, embistiendo hacia arriba sin contemplaciones.
El clímax las alcanzó tras más de dos horas de movimiento ininterrumpido. Izuku sintió cómo el canal de Fuyumi sufría una serie de contracciones uterinas masivas que apretaron la virilidad del peliverde, justo cuando el chico se desbordó liberando una marea abundante de semen espeso que llenó la matriz de la mujer adulta. Fuyumi gritó el nombre de Midoriya mientras pequeños cristales de hielo brotaban de su piel y caían como nieve sobre el suelo de piedra.
5:30 PM.
Por la tarde, Izuku utilizó la firma legal y la identificación de Fuyumi para modificar los testamentos familiares y los registros de propiedad de la residencia Todoroki, añadiendo a Izuku Midoriya como co-propietario e heredero directo de los bienes de la rama principal de la familia. Caminó por la ciudad con una soltura y un porte magnético que dejó a todos los transeúntes impactados por la belleza de la mujer de cabello blanco y rojo.
11:58 PM.
Izuku estaba recostado en el futón de la habitación de la residencia Todoroki, vistiendo únicamente un kimono de seda abierto. Sentía el cansancio físico en la hermosa anatomía de Fuyumi, pero el control completo del hielo, la madurez estratégica y los conocimientos culinarios de la hermana de Shoto estaban grabados a fuego en su conciencia, sumándose a los poderes de Toru, Kinoko, Kyoka, Ibara y Tsuyu.
Estaba convencido de que este sexto ciclo habría roto la anomalía del invento de Hatsume.
A las 12:00 AM exactas, el reloj de pared de madera se detuvo. El entorno de la residencia Todoroki se disolvió en la masa de niebla blanca e infinita.
En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Fuyumi Todoroki. Al despertar a la mañana siguiente, Fuyumi no recordaría haber sido habitada por otra conciencia. En sus recuerdos, ella misma había decidido vestirse de forma provativa, ella misma había ignorado a su hermano Shoto para entregarle el bentō a Midoriya y ella misma lo había llevado al cenador para entregarse de esa forma salvaje. Se despertaría convencida de que esos deseos eran legítimos, sintiendo una obsesión física, maternal y romántica hacia el amigo de su hermano.
En la nada blanca, la conciencia de Izuku esperó el retorno a su verdadero ser.
Sin embargo, la niebla no se disipó. Se comprimió con una fuerza aterradora, girando sobre sí misma para dar forma a una séptima anatomía, una nueva fragancia y un nuevo conjunto de recuerdos que comenzaron a incrustarse en su cerebro.
El bucle avanzaba hacia su siguiente víctima.
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