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Capítulo 5: El pulso del pantano y la promesa del estanque
La masa de niebla blanca e infinita que envolvía la conciencia de Izuku no retrocedió ni se disipó hacia la calidez de su propia habitación. En su lugar, se comprimió de forma abrupta, envolviendo sus sentidos en una atmósfera fresca, sumamente húmeda y impregnada de un aroma inconfundible: una mezcla de agua dulce estancada, bambú cortado, lirios acuáticos y el perfume característico del jabón de glicerina.
5:00 AM.
Izuku abrió los ojos. La penumbra de la estancia estaba teñida por una tonalidad verdosa suave que se filtraba a través de las cortinas de la habitación de los dormitorios de la Clase A.
Al intentar llevarse una mano a la cara para espabilarse, notó una agilidad y una elasticidad anatómica completamente inusuales. Sus manos eran proporcionales, pero sus dedos eran ligeramente más largos, delgados y rematados en yemas redondeadas y suaves, dotadas de una adherencia natural. Al incorporarse de la cama, la flexibilidad de su columna vertebral y la soltura de sus articulaciones le permitieron doblar las piernas con una facilidad pasmosa, adoptando una postura encorvada y cómoda de manera instintiva.
Se levantó con pasos completamente silenciosos y amortiguados. Caminó hacia el espejo del baño privado. Al encender la luz, la imagen en el cristal se reveló sin margen de duda.
Frente a él estaba Tsuyu Asui. A sus 21 años, la estudiante del curso de héroes de la Clase A conservaba su rostro dulce y expresivo con sus característicos ojos grandes y oscuros, pero su figura adulta había madurado de forma notable: una cintura breve, hombros estilizados, muslos llamativamente potentes y bien formados por el entrenamiento anfibio, y un pecho firme y moldeado que se marcaba bajo la tela fina del pijama de una pieza de color verde claro.
Izuku apoyó sus dedos contra la superficie del lavabo de porcelana. En ese preciso instante, la descarga masiva de información golpeó su mente como una ola electromagnética.
Un volumen colosal de memoria muscular, biología comparada y técnicas de combate anfibio se incrustó en la conciencia de Izuku. Absorbió en segundos la totalidad de las capacidades del Quirk Rana: el dominio absoluto de su lengua extensible de más de veinte metros —capaz de levantar toneladas de peso o ejecutar maniobras de precisión milimétrica—, la capacidad de secretar mucosidad con propiedades alcalinas, irritantes o paralizantes desde la piel y el estómago, la respiración cutánea, la camuflaje térmico, la resistencia a bajas temperaturas y la facultad de hibernación controlada.
Junto a esta base biológica, se sumaron sus recuerdos de la infancia, la ternura maternal que sentía por sus hermanos menores, su agudeza analítica, su visión pragmática de las situaciones de crisis y los aspectos más íntimos de su personalidad. Y en el fondo de su psique, como una estructura indestructible, las habilidades acumuladas de las víctimas previas —el camuflaje de luz de Toru, la micología y esporas de Kinoko, la acústica vibracional de Kyoka y las enredaderas biocinéticas de Ibara— se integraron sin conflicto al abanico de talentos de Tsuyu.
Izuku se sujetó la cabeza mientras la marea de recuerdos terminaba de asentarse.
—Asui-san... —murmuró, e instintivamente llevó la punta del dedo índice a su labio inferior mientras dejaba salir una muletilla involuntaria—. Kero.
La voz que salió de su garganta era suave, neutra, con ese tono sereno, directo y cantarín que caracterizaba a la chica.
Izuku comenzó a explorar la anatomía de Tsuyu con una mezcla de fascinación científica y curiosidad sensorial. Deslizó sus manos por el pijama verde, palpando la textura de su piel, que era increíblemente tersa, suave y ligeramente fresca al tacto debido a la humedad natural de su epidermis. Bajó por su vientre plano y acarició la curva pronunciada de sus muslos, los cuales poseían una potencia muscular y una flexibilidad capaces de impulsarla a decenas de metros en un solo salto.
Al concentrar su voluntad, dejó salir un tramo de su lengua. La apéndice muscular era suave, sumamente ágil y dotada de una sensibilidad táctil abrumadora. Izuku la hizo recorrer su propio cuello y el borde de su mandíbula, sintiendo el calor cutáneo y la precisión de cada papila gustativa. El contacto de la lengua contra la piel fresca del cuello provocó que un escalofrío eléctrico recorriera la espina dorsal de la chica, haciendo que sus muslos se apretaran y un leve rubor apareciera en sus mejillas.
—Increíble... el control neuromuscular de la lengua está ligado directamente a la corteza motora primaria... —analizó Izuku en voz alta, fascinado por la respuesta de su nuevo cuerpo.
Sintió que bajo la calma estoica que Tsuyu mostraba habitualmente al mundo, residía una capacidad de afecto, lealtad y calor físico profundamente apasionada que aguardaba ser liberada.
8:30 AM.
Izuku dedicó las primeras horas de la mañana a explorar la fisiología anfibia en la piscina de entrenamiento acuático de los dormitorios. Combinando el pensamiento analítico de Midoriya con los reflejos de Asui, descubrió que podía modular la mucosidad de su piel para crear un lubricante natural perfumado con un aroma fresco a menta marina, capaz de incrementar la sensibilidad táctil al contacto directo.
Sustituyó la vestimenta holgada de Tsuyu por un atuendo sumamente llamativo y funcional: un top deportivo ceñido de color verde oscuro que dejaba al descubierto su abdomen marcado y la zona baja de la espalda, combinado con una falda pantalón corta que resaltaba la potencia de sus muslos pálidos y medias térmicas hasta la rodilla. Dejó su largo cabello oscuro recogido en su característico lazo en la parte inferior, resaltando la curvatura de su cuello.
Con el reconocimiento de su nuevo estado completado, Izuku decidió que era el momento de buscar a su yo masculino. Sabía, por la información de la rutina diaria de los dormitorios, que a las 11:00 AM el Izuku Midoriya en piloto automático cruzaría la plaza central del campus para dirigirse al almacén de equipo de rescate marítimo.
Sin embargo, al salir del pabellón principal de los dormitorios de la Clase A, una figura alta, vestida de negro y con una bufanda de tela de captura alrededor del cuello le cortó el paso de manera imprevista.
—Asui —dijo la voz cansada, grave y raspada de Shota Aizawa, su tutor y profesor.
—¿Aizawa-sensei? —respondió Izuku, adaptando de inmediato la postura recta, inclinando levemente la cabeza y llevando el dedo a su labio—. Kero. Buenos días. ¿Ocurre algo malo?
Aizawa suspiró, pasándose una mano por el rostro desvelado y mostrando unas marcadas ojeras.
—All Might y Ectoplasm necesitan ayuda urgente en la Zona de Naufragios de la USJ —explicó el profesor, cruzándose de brazos—. Hubo una fuga en la válvula principal del generador de olas y el agua anegó el pasadizo de drenaje. Dado tu dominio en entornos acuáticos y tu control de espacio reducido, eres la única capacitada para entrar a cerrar la llave de paso manual antes de que se dañen los circuitos del subsuelo. Acompáñame al garaje de transporte, te llevaré en el auto.
Izuku frunció levemente el ceño de Tsuyu. Su prioridad absoluta era ir al encuentro del Izuku masculino para consumar la posesión y sellar este nuevo ciclo del bucle, pero negarse a una orden directa del tutor de la clase rompería de inmediato el perfil de estudiante responsable de Asui y levantaría alarmas innecesarias.
—Entiendo la gravedad de la situación, Aizawa-sensei —respondió Izuku con tono calmado—. Kero. Iré a ayudar de inmediato.
—Bien. Vamos, no hay tiempo que perder —dijo Aizawa, dándose la vuelta para caminar hacia el sendero que conducía al estacionamiento de profesores.
Izuku lo siguió con saltos cortos y ágiles. Sin embargo, mientras avanzaban por la plaza arbolada que conectaba el edificio de la Clase A con la vía principal del campus, los sentidos de Asui —potenciados por la percepción auditiva de Kyoka y la visión periférica de ojos grandes de Tsuyu— captaron un movimiento a la distancia.
A unos sesenta metros, cruzando el camino de adoquines entre las fuentes de agua, caminaba la figura del Izuku Midoriya masculino. Iba solo, llevando una carpeta metálica con hojas de registro, desplazándose con esa actitud apática, autómata y desconectada del "piloto automático".
Al verlo, el pecho de Tsuyu experimentó una sacudida cálida y violenta. La combinación de la devoción incondicional de Asui por sus compañeros queridos con la fijación posesiva de la conciencia de Izuku encendió una llama intensa en la mente de la chica.
Izuku se detuvo en seco sobre los adoquines. Aizawa, al notar la interrupción del sonido de los pasos amortiguados de Asui, se giró con fastidio.
—¿Asui? ¿Qué estás haciendo? Tenemos prisa —dijo Aizawa, entornando sus ojos rojos.
Izuku (en el cuerpo de Tsuyu) no miró a su profesor. Sus ojos grandes y oscuros se fijaron de forma hipnótica en la figura del peliverde que caminaba despacio hacia las fuentes. La brisa fresca agitó el lazo de su cabello y rozó su piel humectada.
La mente de Izuku, impregnada del instinto de preservación, afecto desmedido y pragmatismo sin filtro de Tsuyu, dejó fluir sus pensamientos en un monólogo directo, cristalino y desprovisto de cualquier atisbo de vergüenza, que resonó en el silencio de la plaza con una claridad pasmosa.
—Míralo, Aizawa-sensei... —dijo Tsuyu con su habitual tono cantarín y calmado, pero cargado de un matiz de obsesión territorial absoluta—. Kero. Ahí va la única razón por la que el agua de mis estanques tiene sentido...
Aizawa se quedó inmóvil, parpadeando con evidente confusión.
—¿De qué demonios estás hablando, Asui? —preguntó el profesor, frunciendo el ceño profundamente mientras miraba en la dirección en que apuntaba la mirada de la chica, reconociendo a Midoriya a lo lejos.
—Midoriya-chan es mi vida entera... —continuó Izuku, utilizando la voz serena de Tsuyu mientras se llevaba las manos al pecho, sintiendo los latidos acelerados de su corazón—. Kero. Es por él, únicamente por él, que yo respiro y camino sobre esta tierra. Antes de comprenderlo, yo solo nadaba sin rumbo... pero Midoriya-chan es mi corriente principal. Yo vivo porque él existe.
El rostro de Aizawa se desencajó. El profesor de la Clase A, famoso por su mente racional y su apatía ante el drama juvenil, sintió un escalofrío de desconcierto recorrer su espalda. Jamás había escuchado a Tsuyu Asui —la estudiante más madura, lógica y centrada de la clase— pronunciar semejante cantidad de incoherencias obsesivas sobre un compañero.
—Asui... ¿estás teniendo un episodio de shock térmico o algo por el estilo? —preguntó Aizawa, dando un paso cauteloso hacia ella—. Estás hablando como una lunática. Es Midoriya.
—Si Midoriya-chan me lo pidiera... —prosiguió Tsuyu sin inmutarse, dando un paso al frente con una sonrisa tierna pero inquietante que heló la sangre del profesor— ...yo le daría todos los hijos que él quisiera. Kero. Haría crecer en mi vientre a toda una camada de pequeñas ranitas con su cabello verde y su fuerza... Le daré una familia entera de renacuajos si él me lo ordena. Haré lo que sea que él desee... no hay nada en este mundo que yo le vaya a negar a mi Midoriya-chan.
Aizawa abrió los ojos de par en par. Su mandíbula se apretó de tal forma que la tela de captura de su cuello pareció tensarse sola. El profesor miró a la estudiante de 21 años como si estuviera viendo a una desconocida total. La combinación del rostro tierno de Asui con declaraciones tan explícitas de sumisión reproductiva y devoción ciega resultaba grotesca e impactante incluso para alguien con su temple.
—Tú... estás completamente fuera de ti, Asui —dijo Aizawa con voz dura, alcanzando su cinta de captura para intervenir—. No vas a ir a ninguna parte en este estado. Te voy a llevar a la enfermería con Recovery Girl ahora mismo.
—Lo siento mucho, Aizawa-sensei... —interrumpió Tsuyu con absoluta serenidad, mirándolo a los ojos—. Kero. Pero las órdenes de mi corazón están por encima de las del colegio.
Antes de que Aizawa pudiera desplegar la tela sintética de su arma, Izuku flexionó los potentes músculos de las piernas de Tsuyu. Con un impulso descomunal que hizo crujir los adoquines de la plaza, la figura esbelta de Asui se disparó por los aires a más de quince metros de altura, cruzando la copa de los árboles en una trayectoria parabólica perfecta y aterrizando sin hacer el menor ruido al otro lado del estanque, persiguiendo al Izuku masculino.
Aizawa se quedó solo en medio del camino, con la mano extendida hacia el aire vacío, respirando con incredulidad mientras el murmullo del estanque de la plaza era el único sonido que permanecía.
—¿Pero qué demonios le pasa a los alumnos de esta academia...? —murmuró Aizawa para sí mismo, frotándose el puente de la nariz con profunda fatiga.
11:15 AM - 1:55 PM.
En la parte trasera del complejo de rescate acuático se encontraba la cámara de filtración secundaria: una nave circular de hormigón armado, con paredes humedecidas por tuberías de condensación y una piscina profunda de agua cristalina iluminada por focos subacuáticos de tono azulado. Era un recinto fresco, completamente aislado del ruido exterior y con una acústica resonante.
El Izuku masculino caminaba cerca del borde de la piscina, habiendo sido atraído hacia el lugar por el rastro de la fragancia a menta marina que Izuku había dejado intencionalmente. El chico en piloto automático se detuvo al llegar a la barandilla de protección.
Las pesadas compuertas de acero del recinto se cerraron de golpe. Las cerraduras hidráulicas se activaron, sellando la cámara por completo.
Izuku (en el cuerpo de Tsuyu) emergió lentamente desde el fondo del agua cristalina de la piscina. Subió por la escalera de metal con movimientos gráciles y felinos, chorreando agua que hacía relucir su piel tersa bajo los focos azules.
—Midoriya-chan... has venido a mi estanque —susurró la voz de Tsuyu, resonando en la estructura circular.
El Izuku masculino se giró pausadamente. Su mirada apática se cruzó con la de la chica anfibia, cuya postura atlética e insinuante contrastaba de forma salvaje con su habitual timidez.
—¿Asui-san...? —dijo el peliverde con tono plano—. El agua de este lugar...
—Es el lugar donde te daré todo lo que soy —interrumpió ella, avanzando con pasos húmedos hacia él.
Izuku no perdió el tiempo. Con un movimiento veloz y fluido de su Quirk, desplegó su lengua extensible desde la boca. La apéndice muscular verde y suave se enroscó con firmeza alrededor del torso y los brazos del Izuku masculino, atrayéndolo hacia ella con una fuerza imparable y pegando el cuerpo del chico contra el suyo.
Izuku se llevó las manos a la cremallera de su top deportivo y a la falda corta. Se despojó de toda la ropa con rapidez, dejando la anatomía de Tsuyu Asui totalmente al desnudo frente al peliverde.
La visión era impactante: un cuerpo joven, atlético y de una palidez hermosa, con muslos potentes, una cintura pequeña y firme, un vientre liso y senos erguidos coronados por pezones oscuros por el frío del agua. La fina capa de mucosidad con aroma a menta que recubría su piel hacía que la figura de Tsuyu brillara de forma tentadora bajo la luz azul de los focos.
—Observa a tu ranita, Midoriya-chan... —dijo Tsuyu, pegando su pecho desnudo contra la camiseta del chico.
Envolvió el cuello del peliverde con sus brazos y atrapó sus labios en un beso húmedo, profundo y absorbente. La lengua de Tsuyu, larga, flexible y dotada de una calidez extrema, se introdujo en la boca del chico, recorriendo cada rincón de su cavidad oral mientras liberaba pequeñas dosis de la secreción estimulante que aceleró las pulsaciones del peliverde de forma inmediata.
Las manos suaves de Tsuyu bajaron rápidamente por la cintura del chico, desabrochando sus pantalones y liberando su miembro viril, que reaccionó al instante tornándose rígido, grueso y caliente.
Izuku sonrió con la voz de Tsuyu al sentir el tamaño de su propia masculinidad. Se arrodilló sobre el suelo de azulejos húmedos frente a él. Con una devoción pragmática y absoluta, tomó la base del miembro del chico y comenzó a deslizar su larga lengua a lo largo de todo el tallo, envolviendo el glande con el músculo flexible de su apéndice y succionándolo con un ritmo constante e implacable.
La combinación de la textura ultrasuave de la lengua de Asui con el efecto vasodilatador de su mucosidad fue una sobrecarga sensorial devastadora para el peliverde. El chico contuvo el aliento, apoyando la espalda contra la pared de hormigón mientras sus manos se clavaban de forma involuntaria en el cabello oscuro de la chica.
Tras llevar al peliverde al límite de la capacidad oral, Izuku se puso de pie. Se sentó en el borde de la piscina, apoyando las manos hacia atrás y abriendo sus potentes muslos pálidos, exponiendo su sexo rosado, húmedo y estrecho, lubricado a la perfección por la combinación de agua y sus secreciones naturales.
Con su lengua, atrapó la cintura del Izuku masculino y lo atrajo hacia la entrada de su cuerpo.
—Ven adentro, Midoriya-chan... dame esos renacuajos que tanto deseo —pidió Tsuyu con un jadeo dulce y provocativo.
El Izuku masculino se alineó y, con un empuje decidido, hundió su miembro por completo dentro de la anatomía de Tsuyu Asui.
Un gemido agudo, cristalino y lleno de satisfacción rasgó el aire del recinto. Las paredes vaginales de Tsuyu, dotadas de un tono muscular extraordinario debido a su naturaleza anfibia, se contrajeron rítmicamente alrededor del miembro del peliverde, aprisionándolo en un abrazo caliente, estrecho y sumamente húmedo.
—Kero... ¡Ahhh...! ¡Midoriya-chan... eres tan calientito adentro...! —exclamó Tsuyu, envolviendo la cintura del chico con sus potentes piernas y sujetándose con la adherencia de sus pies a la espalda del joven.
Izuku (en el cuerpo de Tsuyu) comenzó a marcar un ritmo de embestidas rápido, elástico y constante. La flexibilidad de la chica le permitía modular el ángulo de cada penetración, haciendo que el miembro golpeara de lleno el cérvix en cada movimiento descendente. El sonido húmedo de los cuerpos impactando se mezclaba con el eco del agua de la piscina y los jadeos de ambos.
El Izuku masculino, cegado por el placer y la presión constante del sexo de Asui, sujetó con fuerza la cadera de la chica, embistiendo hacia arriba con ferocidad. Las contracciones de Tsuyu eran tan intensas que el peliverde sentía cómo su virilidad era succionada hacia el fondo en cada repetición.
El encuentro llegó a su punto culminante tras más de dos horas de ritmo ininterrumpido. Izuku sintió cómo el cuerpo de Tsuyu colapsaba en un orgasmo vaginal masivo que hizo vibrar los músculos de sus piernas, al mismo tiempo que el Izuku masculino se convulsionaba y liberaba una cantidad copiosa de semen espeso que llenó por completo la cavidad interna de la chica.
5:30 PM.
Por la tarde, Izuku utilizó las competencias de logística y salvamento marítimo de Tsuyu para redirigir las asignaciones de patrulla costera de la academia, asegurándose de que todas las rutas de supervisión en las zonas acuáticas estuvieran bajo el control directo de las unidades coordinadas por Midoriya. Caminó por los pasillos de la UA con su postura tranquila habitual, pero con un brillo de dominio absoluto en su mirada que llamó la atención de sus compañeros.
11:58 PM.
Izuku permanecía recostado en la cama del cuarto de Tsuyu, vistiendo únicamente una camiseta ancha. Sentía el descanso en la estructura elástica de Asui, pero la totalidad de sus facultades anfibias, su control muscular de la lengua y su resistencia acuática estaban totalmente consolidadas en su propia conciencia, sumándose a los talentos de Toru, Kinoko, Kyoka e Ibara.
Confiaba en que esta quinta iteración daría fin al ciclo y le permitiría regresar a su cuerpo original.
A las 12:00 AM exactas, el sonido del reloj de pared se detuvo. El entorno del cuarto de Tsuyu se disolvió en la masa de niebla blanca e infinita.
En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Tsuyu Asui. Al despertar a la mañana siguiente, Tsuyu no recordaría haber sido poseída por otra alma. En sus recuerdos, ella misma había decidido vestirse de forma provativa, ella misma le había dicho a Aizawa que Midoriya era su vida entera y que le daría ranitas, y ella misma lo había llevado a la cámara de filtración para entregarse de esa forma apasionada. Se despertaría convencida de que esos sentimientos eran legítimos, sintiendo una fijación profunda, maternal y física hacia Izuku Midoriya.
En la nada blanca, la conciencia de Izuku aguardó la restauración de su ser.
Sin embargo, la niebla no cedió. Se comprimió con una violencia renovada, girando sobre sí misma para dar forma a una sexta figura, una nueva fragancia y un torrente fresco de recuerdos que comenzaron a inundar su mente.
El bucle continuaba su marcha imparable.
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