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Capítulo 7: La gravedad del deseo y la verdad sobre la mesa
La masa de niebla blanca e infinita que envolvía la conciencia de Izuku no retrocedió ni se abrió hacia el taller de Mei Hatsume. En su lugar, se comprimió de golpe, envolviendo sus sentidos en una atmósfera suave, cálida y saturada de una fragancia que conocía mejor que ninguna otra: el aroma dulce de flores de cerezo, té verde y crema de almendras.
5:00 AM.
Izuku abrió los ojos. La penumbra de la estancia estaba cortada por los tenues destellos de la luz del amanecer que se filtraba a través de las cortinas rosadas de una habitación impecablemente ordenada en los dormitorios de la Clase A.
Al intentar mover las manos, sintió una levedad absoluta. Su centro de gravedad era bajo, pero sus proporciones eran sumamente ágiles y compactas. Sus manos eran pequeñas, suaves y delicadas, con almohadillas rosadas y tersas en las yemas de cada uno de sus dedos. Al incorporarse en la cama, la tela fina del pijama de algodón cayó sobre su pecho, revelando la firmeza de un busto erguido, turgente y lleno, una cintura pequeña pero muy definida y unas caderas redondeadas que se continuaban en unos muslos sorprendentemente potentes y carnosos.
Se levantó con pasos livianos que apenas tocaban el suelo de madera. Caminó hacia el espejo de cuerpo entero del baño. Al encender la luz, la imagen reflejada en el cristal hizo que el corazón de Izuku diera un vuelco violento.
Frente a él estaba Ochako Uraraka. A sus 21 años, la estudiante del curso de héroes de la Clase A había dejado atrás la apariencia infantil de sus primeros años para convertirse en una joven mujer de una belleza cautivadora: rostro redondo de mejillas naturalmente sonrosadas, grandes ojos castaños llenos de expresividad, cabello castaño en un corte bob ligeramente crecido que enmarcaba su cuello y una anatomía sumamente atractiva que combinaba la suavidad de sus curvas con la firmeza del entrenamiento físico.
En el instante en que las almohadillas de los dedos de Izuku tocaron la porcelana del lavabo, la marea de información colisionó con la fuerza de una conmoción cerebral contra su mente.
Un caudal masivo de memoria muscular, técnicas de combate cuerpo a cuerpo (Gunhead Martial Arts), control gravitatorio avanzado y recuerdos íntimos se incrustó en la conciencia de Izuku. Absorbió en segundos la totalidad del Quirk de Cero Gravedad: la capacidad de anular el peso de objetos y personas al toque de sus almohadillas, el control de la inercia, la manipulación de la densidad aparente y la habilidad de flotar sobre sí misma sin esfuerzo.
Junto con esta base biológica, se sumaron sus recuerdos más profundos: las penurias económicas de su familia, su determinación inquebrantable por convertirse en una heroína que protegiera la sonrisa de todos y, por encima de todo, el amor secreto, puro y devorador que Ochako había guardado en su pecho por Izuku Midoriya desde el primer día que se cruzaron en el examen de admisión.
A todo esto, en la profundidad indestructible de su alma, se unieron los talentos de las víctimas anteriores —el camuflaje de Toru, la micología de Kinoko, la acústica de Kyoka, las enredaderas de Ibara, las capacidades anfibias de Tsuyu y el hielo maduro de Fuyumi—, formando un catálogo de poder absoluto dentro de la mente de Izuku.
Izuku se sujetó la cabeza mientras los recuerdos se asentaban.
—Uraraka-san... —murmuró, e instintivamente se llevó las manos pálidas a sus mejillas rosadas.
La voz que salió de su boca era dulce, clara, con una calidez genuina que resonaba directamente en el pecho.
Izuku se contempló en el espejo con una mezcla de conmoción, ternura y un deseo abrasador que venía incubando desde hacía años. En el fondo de su corazón, Izuku Midoriya siempre había estado enamorado de Ochako Uraraka. La había admirado, deseado y respetado más que a nadie. Ver que el bucle lo había colocado finalmente dentro del cuerpo de la chica de sus sueños encendió una llama incontrolable en su interior.
—Hoy... hoy voy a cumplir lo que siempre quise —susurró Izuku, sonriendo con los labios de Ochako.
Comenzó a explorar la anatomía de Uraraka con una devoción casi sagrada. Se quitó la parte superior del pijama y pasó sus manos por la firmeza de sus senos, sintiendo la suavidad extrema de su piel y la sensibilidad de sus pezones rosados, que se endurecieron de inmediato ante su propio contacto. Bajó los dedos por su vientre liso y apretó con fascinación la carne firme de sus muslos y caderas. Al rozar la cara interna de sus piernas, la humedad natural de Ochako se hizo evidente de inmediato; el cuerpo de la chica reaccionaba con una intensidad abrumadora a la sola presencia del espíritu de Izuku en su interior.
Al juntar las almohadillas de sus dedos, Izuku sintió que su propio cuerpo perdía el peso. Flotó unos centímetros por encima del suelo del baño, girando en el aire con una gracia perfecta antes de volverse a posar sobre sus pies.
8:30 AM.
Izuku pasó la mañana preparando la estrategia más audaz y pública que hubiera ejecutado hasta la fecha. No se ocultaría en las sombras como con Toru, ni usaría subterfugios como con Kinoko o Fuyumi. Esta vez iba a reclamar su deseo a plena luz del día, frente a todos.
Para vestir el cuerpo de Uraraka, eligió un atuendo que rompía con su habitual sencillez: una blusa corta de seda de color rosado pálido que se ceñía a su busto, dejando al descubierto su abdomen marcado y su ombligo, combinada con una falda plisada de talle alto que marcaba su cintura y se elevaba a mitad de sus muslos maduros. Se puso medias de seda negra que resaltaban la forma escultural de sus piernas y dejó su cabello castaño suelto, perfumado con la esencia de cerezo.
Sabía exactamente dónde estaría todo el grupo a las 11:00 AM. Los chicos de la Clase A se reunían en la mesa central del gran comedor del edificio principal de la UA durante el descanso de entrenamiento.
10:55 AM.
El gran comedor de la academia estaba concurrido. En la mesa más amplia del centro estaban sentados los amigos más cercanos de Midoriya: Tenya Iida ajustándose los lentes con gestos rectos, Shoto Todoroki bebiendo té con su habitual serenidad, Eijiro Kirishima y Denki Kaminari riendo sobre un ejercicio de combate, Minoru Mineta mirando disimuladamente a las chicas del fondo y Katsuki Bakugo, quien permanecía de brazos cruzados con el ceño fruncido y una lata de refresco en la mano.
En el centro del grupo, sentado de manera autómata, estaba el Izuku Midoriya masculino. Tenía la mirada perdida, el plato de comida intacto frente a él y la carpeta de notas sobre la mesa, moviéndose únicamente bajo la rutina autómata del bucle temporal.
Las puertas dobles del comedor se abrieron de par en par.
Izuku (en el cuerpo de Uraraka) entró a la estancia con pasos firmes, decididos y llenos de una presencia magnética. Las almohadillas de sus dedos emitían destellos tenues de energía gravitatoria que hacían que su falda y su cabello flotaran levemente a su alrededor, como si caminara en un halo de ingravidez.
El murmullo del comedor comenzó a extinguirse a medida que los estudiantes notaban la llegada de Ochako.
Iida fue el primero en levantar la cabeza, ajustándose los lentes con sorpresa.
—¿Uraraka-kun? —dijo Iida, señalándola con la mano—. ¿Ocurre algo? El descanso está por terminar y...
Izuku no le respondió a Iida. Caminó directamente hacia la mesa central, deteniéndose justo frente a la posición de su yo masculino. La soltura, la elegancia provocativa de su ropa y la mirada intensamente apasionada de sus ojos castaños dejaron a todos los presentes congelados en sus asientos.
Bakugo entornó los ojos con molestia, aplastando levemente la lata de refresco.
—¿Qué demonios te pasa, cara redonda? Estás interrumpiendo —gruñó Bakugo con su tono áspero habitual.
Mineta se quedó con la boca abierta, babeando al ver la corta falda de Uraraka y el escote de su blusa de seda.
—¡O-Ochako-chan se ve increíblemente sexy hoy...! —susurró Mineta, frotándose las manos antes de ser acallado por un codazo de Kaminari, quien también miraba la escena con la boca abierta.
Izuku (en el cuerpo de Uraraka) ignoró los comentarios de los demás. Colocó ambas manos sobre la mesa de madera, inclinándose hacia adelante, dejando que su busto erguido quedara a pocos centímetros del rostro del Izuku masculino.
— Deku-kun... —habló Ochako, y su voz, dulce pero cargada de una autoridad y un amor atronador, resonó en todo el comedor silenciado.
El Izuku en piloto automático alzó la cabeza lentamente, mirándola con esos ojos verdes desprovistos de brillo.
—¿Uraraka-san...? —dijo el chico con tono neutro.
Izuku sonrió con los labios de la chica, mirando fijamente a su yo masculino antes de erguirse y dirigir su mirada hacia Iida, Shoto, Bakugo, Kirishima, Kaminari y Mineta, que la observaban sin comprender nada.
—Escúchenme bien todos ustedes... —declaró Uraraka con voz clara, firme y sin un solo atisbo de duda o vergüenza—. Llevo años guardando esto en el fondo de mi alma, pero hoy no voy a callarme más.
Shoto alzó una ceja, dejando la taza de té sobre la mesa. Kirishima se acomodó en el asiento, perplejo.
—¡Yo amo a Izuku Midoriya con cada fibra de mi ser! —proclamó Ochako, señalando al peliverde con una mano mientras la otra se posaba sobre su propio pecho—. Él es mi héroe, mi inspiración, el hombre que le da sentido a cada paso que doy sobre esta tierra. ¡Mi corazón, mi cuerpo y mi vida entera le pertenecen únicamente a él!
—¡¿Q-Q-QUÉEEEEE?! —gritó Iida, poniéndose de pie de un salto, haciendo caer su silla hacia atrás mientras picaba el aire descontroladamente con los brazos—. ¡¿Uraraka-kun?! ¡¿S-Semejante confesión en medio del comedor público?! ¡Esto va en contra de la etiqueta de la academia!
—¡Demonios, qué varonil y directo! —exclamó Kirishima, tapándose la boca con la mano, completamente impactado.
—¡No puede ser! ¡El empollón se quedó con la chica más linda! —sollozó Mineta, dándose cabezazos contra la mesa.
Bakugo apretó los dientes, haciendo chasquear pequeñas chispas de su palma derecha mientras miraba a Uraraka como si se hubiera vuelto loca.
—¿Qué mierda estás diciendo, Uraraka? Déjate de estupideces —espetó Bakugo.
Pero Izuku (en el cuerpo de Uraraka) no había terminado. Dio un paso alrededor de la mesa, colocándose al lado del Deku masculino. Le pasó un brazo por los hombros, pegando su cadera a la del chico y acariciándole la mejilla con sus dedos suaves.
—Y no solo eso... —continuó Uraraka, mirando a todos los chicos a los ojos con una sonrisa abierta, apasionada y desafiante—. Daría lo que fuera por estar con él. Daría mi vida, mi carrera de heroína, mi futuro... ¡daría cualquier cosa por llevar en mi vientre a sus hijos! Quiero ser la madre de los hijos de Deku-kun. Quiero tener una familia entera con su cabello, su fuerza y su sonrisa... ¡Haré lo que sea que él me pida para hacerlo feliz!
Un silencio sepulcral se apoderó del comedor.
Iida se quedó petrificado con los brazos en el aire, con la boca abierta sin poder articular palabra. Kaminari se atragantó con su bebida, tosiendo descontroladamente. Shoto Todoroki se quedó mirando a Uraraka con sus ojos desiguales de par en par, recordando inevitablemente la extraña escena que había vivido con su hermana Fuyumi unas horas antes, sintiendo que una locura inexplicable estaba contagiando a todas las mujeres cercanas a Midoriya.
—Tú... tú estás completamente loca, Uraraka-san... —balbuceó Kaminari, mirando a Deku y luego a ella.
El Izuku masculino, en su estado autómata, solo pestañeó al sentir la presión del cuerpo caliente de Uraraka contra el suyo.
—Uraraka-san... los hijos... —dijo el peliverde con su tono apagado.
—Sí, Deku-kun... nuestros hijos —susurró ella dulcemente al oído del chico.
Sin darle tiempo a Iida, Bakugo o a cualquiera de los presentes para reaccionar o intervenir, Izuku juntó las almohadillas de sus dedos y tocó la espalda de su yo masculino. La gravedad del chico se redujo a cero de inmediato. Con un movimiento veloz y ágil, Uraraka tomó al peliverde en sus brazos —su propia fuerza potenciada por el entrenamiento le permitía cargarlo sin esfuerzo mientras flotaban levemente— y, usando un leve impulso de sus pies, se disparó por el aire cruzando el gran comedor, saliendo por la ventana superior hacia los pisos más altos de la torre central de la UA.
—¡¡ESPERA, URARAKA-KUN!! ¡¡NO PUEDES LLEVARTE A MIDORIYA-KUN DE ESA MANERA!! —gritó Iida corriendo hacia la ventana, pero ya era demasiado tarde.
Bakugo dio un puñetazo sobre la mesa, haciendo saltar los platos.
—¡¿Qué demonios le pasa a esa perra?! —maldijo Bakugo, mientras Shoto permanecía en silencio, frotándose la sien con profunda perplejidad.
11:15 AM - 2:00 PM.
En la cúspide de la torre de observación de la UA se encontraba la sala de radar desmantelada: un mirador circular con ventanales de 360 grados que ofrecían una vista panorámica de toda la ciudad de Musutafu y del campus. El lugar estaba abandonado, aislado por puertas blindadas con acceso restringido y bañado por la luz dorada del mediodía.
Izuku (en el cuerpo de Uraraka) depositó a su yo masculino sobre el suelo de parquet pulido. Con un toque de sus dedos, cerró los cierres electrónicos de la puerta y aplicó una ligera capa de Cero Gravedad a las cortinas térmicas, haciendo que cayeran sobre los ventanales para aislar la estancia del exterior.
El Izuku masculino flotaba levemente a unos centímetros del suelo, mirando a Ochako con su acostumbrada apatía del bucle.
—Uraraka-san... estamos muy alto —dijo el chico en piloto automático.
—Estamos en el lugar perfecto, Deku-kun... en nuestro propio cielo —respondió ella con la voz entrecortada por la emoción.
Izuku no esperó un segundo más. Llevaba años deseando este momento en su forma original, y tener el control absoluto del cuerpo de Ochako para entregárselo a sí mismo era la culminación de su fantasía más profunda. Se quitó la blusa corta y la falda plisada, dejándolas flotar en el aire debido al campo gravitatorio que mantenía activo en la habitación.
La anatomía de Ochako Uraraka quedó completamente expuesta a la luz que se filtraba por las cortinas. Era una visión hermosa y arrebatadora: piel pálida y sonrosada, senos erguidos y carnosos de pezones oscuros por el deseo, una cintura breve que se ensanchaba en unos muslos redondeados y potentes, y una pelvis curvada con un sexo rosado, completamente empapado y listo.
—Mírame, Deku-kun... soy completamente tuya —dijo Ochako, acercándose flotando hacia él.
Se pegó al cuerpo del peliverde en el aire. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, hambriento y profundo. La lengua de Ochako, dulce y cálida, exploró la boca del chico con una avidez salvaje, mientras sus manos pequeñas desabrochaban el uniforme del peliverde, liberando su miembro viril, que reaccionó al instante tornándose rígido, grueso y pulsante.
Izuku sonrió de éxtasis. Hizo que ambos descendieran lentamente hasta quedar recostados sobre un gran sofá de cuero que había en la esquina de la sala de radar. Se arrodilló entre las piernas del peliverde. Tomó la virilidad del chico con sus manos suaves y, mirando fijamente a los ojos desprovistos de brillo del peliverde, envolvió su miembro por completo con la boca.
La succión de Ochako fue devota, perfecta. Utilizó la agudeza sensorial acumulada de todas las víctimas anteriores para masajear el glande y la base del peliverde con su lengua, provocando que el Izuku masculino soltara gemidos hondos y continuos, apretando sus manos en la cintura desnuda de la chica.
Tras llevar a su yo masculino al límite, Izuku se incorporó sobre el sofá. Guió la cabeza del miembro rígido hacia su entrada húmeda. Con un movimiento decidido de su cadera, se dejó caer, empalándose por completo sobre la virilidad del chico.
Un gemido agudo, dulce y lleno de un placer infinito rasgó el aire de la torre. Las paredes internas de Ochako, estrechas, calientes y extremadamente apretadas, se ajustaron rítmicamente alrededor del miembro del peliverde.
—¡¡AHHH...! ¡DEKU-KUN...! ¡¡SE SIENTE TAN BIEN...!! —gritó Uraraka, echando la cabeza hacia atrás mientras su cabello castaño flotaba a su alrededor por la ingravidez.
Izuku (en el cuerpo de Uraraka) comenzó a mover la cadera con un ritmo desenfrenado y salvaje. La potencia muscular de los muslos de la chica le permitía elevarse y dejarse caer con una fuerza brutal sobre el miembro del peliverde. Con cada estocada, Izuku activaba sutilmente su Quirk en ambos cuerpos, haciendo que la sensación de peso desapareciera y reapareciera de golpe, triplicando el impacto táctil de la penetración.
El Izuku masculino, sobrecargado por el placer y la sobrestimulación gravitatoria del sexo de Uraraka, la sujetó con fuerza por las caderas redondeadas, embistiendo hacia arriba con una ferocidad inaudita. El sonido húmedo del roce de sus cuerpos y los gemidos de Ochako retumbaban en la sala circular.
El clímax las alcanzó tras más de dos horas de ritmo ininterrumpido. Izuku sintió cómo el vientre de Ochako se convulsionaba en una cadena de orgasmos vaginales masivos que apretaron la virilidad del peliverde como un tornillo de carne, al mismo tiempo que el chico se desbordaba liberando una marea abundante y caliente de semen que llenó por completo la matriz de la joven castaña. Uraraka gritó el nombre de Deku mientras ambos flotaban en el aire del recinto entre gemidos de puro agotamiento.
5:30 PM.
Por la tarde, Izuku utilizó el teléfono y los accesos bancarios de Ochako para saldar por completo todas las deudas de la empresa de construcción de sus padres, transfiriendo fondos masivos e indetectables desde cuentas de inversión a nombre de Izuku Midoriya, asegurando el bienestar financiero eterno de la familia Uraraka. Caminó por el campus agarrada del brazo del Izuku autómata, mostrando una sonrisa radiante y una mirada de posesión absoluta que dejó mudos a todos sus compañeros.
11:58 PM.
Izuku permanecía recostado en la cama del cuarto de Ochako, vistiendo únicamente una camiseta ancha de Deku. Sentía la saciedad física en la hermosa anatomía de Uraraka, pero el control completo de la Cero Gravedad, el estilo de combate marital de Gunhead y la devoción eterna de la chica estaban totalmente consolidados en su conciencia, sumándose a los poderes de Toru, Kinoko, Kyoka, Ibara, Tsuyu y Fuyumi.
Estaba seguro de que tras haber cumplido su deseo más profundo con Ochako, el bucle finalmente se cerraría.
A las 12:00 AM exactas, el reloj digital de la pared se congeló. El espacio del cuarto de Ochako se disolvió en la masa de niebla blanca e infinita.
En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Ochako Uraraka. Al despertar a la mañana siguiente, Ochako no recordaría haber sido poseída por otra conciencia. En sus recuerdos, ella misma había cobrado la valentía de gritarle su amor a Deku frente a todos en el comedor, ella misma se lo había llevado a la torre de radar para entregarse a él y ella misma había dicho que quería ser la madre de sus hijos. Se despertaría convencida de que esos actos eran la expresión pura de sus sentimientos, sintiendo una obsesión romántica, física e inquebrantable por Izuku Midoriya.
En la nada blanca, la conciencia de Izuku aguardó el regreso a su propia carne.
Sin embargo, la niebla no cedió. Se comprimió con una densidad abrumadora, girando en un remolino que comenzó a moldear una octava anatomía, un nuevo aroma y un torrente fresco de recuerdos que empezaron a clavarse en su mente.
El bucle avanzaba hacia su siguiente víctima.
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