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Capítulo 8: La ferocidad de la liebre y la cacería de la coneja

Chapter 8 by K45

La marea de niebla blanca e infinita que envolvía la conciencia de Izuku no se disipó hacia la realidad. En su lugar, se comprimió con una violencia brutal, sacudiendo sus sentidos y sumergiéndolo en una atmósfera cargada de un aroma denso, silvestre y fuertemente impregnado de sudor limpio, cuero, proteína concentrada y el olor metálico de un gimnasio privado de alto rendimiento.

5:00 AM.

Izuku abrió los ojos. La penumbra de la habitación estaba quebrada por la luz rojiza del sol saliente que atravesaba los ventanales blindados de un departamento de lujo en el piso más alto de un rascacielos en el centro de Musutafu.

Al intentar incorporarse, el impacto físico fue devastadoramente diferente al de las jóvenes de la UA o la compostura serena de Fuyumi. Esta anatomía no era solo femenina; era una máquina biológica de puro poder muscular, densidad atlética y fibras explosivas. Sentía la tensión latente en cada tendón, la dureza de un abdomen esculpido como roca de granito y la potencia abrumadora de unas extremidades inferiores extraordinariamente desarrolladas.

Se levantó de la cama king size. El impacto de sus pies contra el suelo de madera hizo crujir levemente el parquet: sus piernas poseían una masa muscular y una fuerza de salto inhumanas.

Izuku comenzó a explorar el departamento. Caminó a través del espacio diáfano decorado con un estilo minimalista e industrial: un gimnasio personal completo equipado con sacos de boxeo pesados, barras olímpicas cargadas de discos de hierro, trofeos de combates en arenas clandestinas, portadas de revistas de héroes enmarcadas y una cocina llena de suplementos deportivos, carnes magras y batidos proteicos. No había rastro de adornos delicados ni flores. Era la guarida de un depredador solitario.

Se adentró en el espacioso vestidor adyacente al baño principal. Izuku siempre había visto a Rumi Usagiyama (Mirko) con su icónico traje de heroína: el leotardo blanco de cuello alto con la luna creciente en el pecho, los guantes gruesos y las botas altas de combate con suelas reforzadas. Jamás la había contemplado vestida de civil.

Al abrir las grandes puertas correderas del armario, descubrió una colección de ropa urbana y deportiva sumamente atrevida: tops cortos de cuero negro, pantalones de chándal ajustados de tiro bajo, faldas cortas de mezclilla rasgada, chaquetas de aviador de piel y conjuntos de lencería deportiva de encaje negro que dejaban muy poco a la imaginación.

Izuku caminó hacia el espejo de cuerpo entero del vestidor y encendió las luces LED de tono neutro. La imagen reflejada hizo que el aliento de Izuku se secara en su garganta.

Frente a él estaba la heroína número 5 del ranking profesional: Mirko. A sus 27 años, la mujer liebre poseía una presencia salvaje, imponente y arrebatadora: piel profundamente bronceada y morena, cabello blanco como la nieve que caía en una melena salvaje y voluminosa hasta debajo de sus caderas, largos ojos de tono rojo rubí con pupilas rasgadas y unas orejas de conejo blancas, aladas y erguidas en la parte superior de su cabeza que se movían ligeramente respondiendo a cada estímulo sonoro del entorno.

Pero lo más impresionante era su cuerpo: un busto maduro, firme y prominente que se elevaba sobre una caja torácica atlética; un abdomen de ocho planchas hiperdefinidas marcado por venas delgadas; una cintura pequeña pero fibrosa; y, sobre todo, unas caderas anchas y unos muslos descomunales, hipertrofiados y compactos de puro músculo bronceado que se continuaban en unos glúteos grandes, redondos y duros como la madera. En su espalda y muslos se apreciaban pequeñas cicatrices de batallas pasadas, testimonios de su estilo de combate suicida y sin concesiones.

En el instante en que los dedos morenos de Izuku rozaron el marco del espejo, la sobrecarga de información colisionó con la fuerza de un impacto hidráulico contra su cerebro.

Un torrente masivo de técnica de combate callejero, instinto de caza, memoria biomecánica y dominio del Quirk Conejo (Rabbit) se incrustó en la conciencia de Izuku. Absorbió en segundos la totalidad de las facultades de Mirko: su agilidad sobrehumana, su velocidad de reacción ultrasónica, el oído direccional de sus orejas de liebre, su flexibilidad animal y, sobre todo, la capacidad de concentrar toneladas de fuerza de impacto en sus piernas para ejecutar patadas devastadoras como la Luna Ring, la Luna Falls o la Luna Arc.

Junto a esta base física, se incrustaron los recuerdos íntimos de Rumi: su desprecio por el trabajo en equipo, su orgullo feroz, su independencia absoluta y la frustración secreta de no haber encontrado jamás a un hombre lo suficientemente fuerte, salvaje y dominante como para sometérsele o estar a su altura.

Y en la profundidad indestructible de su alma, como una estructura de poder absoluto, se integraron los talentos de las víctimas anteriores —el camuflaje de Toru, la micología de Kinoko, la acústica de Kyoka, las enredaderas de Ibara, las facultades anfibias de Tsuyu, el hielo de Fuyumi y la cero gravedad de Ochako—, convirtiendo al cuerpo de Mirko en un arma biológica definitiva.

—Mirko... la heroína liebre... —murmuró Izuku, escuchando la voz de Rumi: un tono grave, rasposo, felino, lleno de una sensualidad salvaje y una chulería natural que infundía respeto.

Izuku se observó en el espejo, maravillado por la musculatura y la belleza morena de la mujer. Decidió explorar su anatomía con absoluta fascinación.

Se quitó la ropa interior del sueño y quedó completamente desnuda. Pasó sus manos morenas por la dureza de sus propios abdominales, sintiendo el relieve del musculo esculpido. Bajó las manos hacia la prominencia de sus pechos firmes, amasándolos con fuerza, sintiendo cómo sus pezones oscuros se erguían de inmediato al contacto.

Al deslizar sus dedos entre sus muslos gigantescos y bronceados, descubrió que la textura de la piel de Mirko era tersa, suave y extremadamente caliente, debido a la elevada temperatura corporal y el acelerado metabolismo de la liebre. Al rozar su sexo moreno, profundamente escondido entre la musculatura de sus caderas, notó una lubricación natural inmediata y abrumadora. La naturaleza salvaje e instintiva de Rumi reaccionaba de forma desenfrenada a la presencia de la mente de Izuku.

—Veamos cómo reacciona la conejita más fuerte de Japón... —dijo Izuku con una sonrisa burlona usando la voz rasposa de Mirko.

Izuku comenzó a acariciarse de forma salvaje frente al espejo. Usó la fuerza de sus dedos para masajear su clítoris hinchado, mientras con la otra mano apretaba sus propios senos bronceados y jalaba de sus orejas de conejo, descubriendo que la base de las orejas era un punto erógeno de una sensibilidad aterradora.

—¡Ah... M-Midoriya...! —gemía Mirko con su voz rasposa y ahogada, echando la cabeza hacia atrás mientras sus orejas blancas se agitaban con violencia—. ¡Qué cuerpo tan violento... mírame tocarme por ti, mocoso...!

Se introdujo dos dedos gruesos hasta el fondo de su vagina. Las paredes internas de Mirko eran increíblemente apretadas, calientes y musculosas, contrayéndose con una presión que casi le cortaba la circulación a sus propios dedos. Tras un par de minutos de frote desenfrenado e instintivo, el cuerpo atlético de Mirko convulsionó en un orgasmo salvaje. Un gemido rudo y penetrante salió de su garganta mientras su sexo salpicaba lubricación contra el espejo y sus piernas gigantescas temblaban de placer.

8:30 AM.

Tras saciar la primera ola de deseo, Izuku se limpió y caminó de regreso al vestidor.

Sabía exactamente lo que ocurriría hoy. Como fanático obsesivo de los héroes, el Izuku Midoriya masculino había estado planeando este día durante meses: hoy se lanzaba al mercado en la zona comercial de Akihabara-Musutafu la figura de acción de edición limitada de All Might en su Era Dorada (Versión Ilimitada con capa de tela real), de la cual solo se venderían 50 unidades en todo el país. El Izuku autómata saldría temprano de los dormitorios de la UA para hacer la fila antes de la apertura de la tienda a las 10:00 AM.

Izuku decidió vestirse de civil con las prendas de Mirko que jamás se le habían visto en público: un top corto de cuero negro que apenas cubría la parte inferior de sus senos y dejaba al descubierto todo su abdomen esculpido de ocho planchas, combinado con un pantalón de cuero de tiro bajo que se ajustaba con una presión feroz a sus glúteos y a sus muslos gigantescos. En los pies se puso unos botines de combate con plataforma y se cubrió con una chaqueta corta de aviador roja que llevaba desabrochada. Se dejó el cabello blanco suelto en una melena salvaje y movió las orejas con autosuficiencia.

Salió del departamento y se dirigió a la zona comercial.

9:45 AM.

El distrito comercial del centro estaba abarrotado de coleccionistas y fanáticos del héroe número uno. Frente a la tienda principal de figuras de colección, una fila de más de doscientas personas esperaba la apertura de las puertas.

En el primer lugar de la fila, de pie desde las 5:00 AM, estaba el Izuku Midoriya masculino. Vestía su sudadera verde habitual, llevaba una mochila a la espalda y sostenía su libreta de notas de héroes, manteniendo la mirada perdida y el rostro autómata del bucle temporal.

La multitud que esperaba en la fila y los transeúntes de la avenida comenzaron a murmurar y a apartarse con sorpresa y pánico al ver llegar a la figura que caminaba por la acera.

Mirko no caminaba como una persona común: avanzaba con zancadas felinas, imponentes y depredadoras, haciendo sonar el cuero de sus pantalones con cada movimiento de sus muslos descomunales. La visión de la heroína número 5 vestida de civil con un top de cuero que mostraba su abdomen de piedra y su piel morena hizo que docenas de personas sacaran sus teléfonos celulares para tomar fotografías.

—¡Es Mirko! ¡La heroína profesional! —susurraban los coleccionistas de la fila—. ¡Miren esa musculatura! ¿Qué hace aquí?

Izuku (en el cuerpo de Mirko) no miró a nadie. Sus ojos rojo rubí se fijaron de inmediato en la figura del peliverde que estaba al frente de la fila.

Caminó directamente hacia él. Al llegar a su lado, la sombra de su cuerpo atlético y sus orejas de conejo cubrieron al peliverde. El aroma a cuero, sudor dulce y proteína concentrada envolvió por completo al chico.

El Izuku en piloto automático alzó la cabeza lentamente, mirando a la imponente mujer morena.

—¿Mirko-san...? —dijo el peliverde con su tono autómata—. La figura de All Might... la fila empieza atrás...

Izuku (en el cuerpo de Mirko) dejó escapar una risotada rasposa, ruda y llena de autosuficiencia.

—¿La fila? ¿Crees que me importa una mierda una fila de juguetes, mocoso? —dijo Mirko, inclinándose hacia adelante, apoyando las manos sobre sus propios muslos masivos para dejar su rostro a centímetros del de Izuku—. A mí me importa lo que hay dentro de esa sudadera verde.

Sin darle tiempo a reaccionar a nadie en la fila ni al propio peliverde, Mirko estiró sus brazos musculosos y agarró al Izuku masculino por el cuello de su sudadera y por la cintura. Con un movimiento rápido e inverosímil, se lo cargó al hombro como si fuera un saco de entrenamiento.

—¡¡O-Oye!! ¡Estaba de primero en la fila! —protestó un coleccionista detrás de ellos.

Mirko se giró lentamente y le dedicó una mirada salvaje con sus ojos rojos rasgados y una sonrisa de dientes afilados que hizo que el hombre diera tres pasos hacia atrás aterrorizado.

—Si alguien dice una sola palabra, le rompo las piernas en cuatro partes —sentenció Mirko con voz grave y amenazante.

El Izuku en piloto automático, suspendido sobre el hombro de la heroína, pestañeó lentamente.

—Mirko-san... la edición limitada de All Might...

—Tengo algo mucho más limitado y salvaje preparado para ti, mocoso —respondió ella, dándole un palmoteo sonoro sobre las nalgas al chico que resonó en toda la calle.

Flexionó sus muslos descomunales. Con la potencia del Quirk Conejo combinada con la cero gravedad de Uraraka, Mirko dio un salto vertical hacia arriba. El asfalto de la acera se agrietó bajo la presión de sus pies mientras ambos salían disparados hacia los tejados de los rascacielos a una velocidad cegadora, desapareciendo de la vista de la multitud atónita en fracción de segundos.

10:15 AM - 1:30 PM.

A tres kilómetros de allí, en la cima del edificio de entrenamiento privado de la agencia de Mirko, se encontraba el dojo de combate cerrado: una nave industrial con piso de goma reforzada, sacos de boxeo colgantes de doscientos kilos y paredes de hormigón armado aisladas acústicamente.

Mirko aterrizó en el centro del dojo con un impacto que hizo vibrar toda la estructura. Tiró al Izuku masculino sobre la colchoneta central de combate.

El peliverde se incorporó lentamente, ajustándose la sudadera.

—Mirko-san... esto no es la tienda de figuras —dijo con su apatía autómata.

—Esta es mi arena, mocoso... y aquí las reglas las pongo yo —respondió Mirko, quitándose la chaqueta de aviador y arrojándola al suelo.

Izuku (en el cuerpo de Mirko) se desabrochó el top de cuero negro y los pantalones de piel, quedándose completamente desnuda en el centro del dojo. Su cuerpo moreno, esculpido y fibroso brillaba bajo las luces del techo. Sus pechos erguidos, su abdomen marcado y sus muslos descomunales temblaban levemente por la anticipación y la excitación instintiva de la liebre.

Caminó hacia el peliverde como un depredador acechando a su presa. Acorraló al chico contra el saco de boxeo pesado.

—Siempre te he visto pelear en la televisión, Midoriya... eres un mocoso salvaje que rompe sus propios huesos para ganar —dijo Mirko con voz rasposa, tomándolo de las mejillas con sus manos morenas—. Me vuelves loca. Tu fuerza, tu terquedad, tu cuerpo de guerrero... ¡Quiero probar de qué estás hecho!

Se abalanzó sobre sus labios. El beso fue una colisión de violencia y pasión. La lengua de Mirko molió la boca del peliverde con un hambre brutal, mordiéndole el labio inferior hasta sacarle una gota de sangre que saboreó con deleite. Con sus manos fuertes le arrancó la sudadera y los pantalones al chico, liberando su miembro viril, que se erigió de inmediato con una dureza de acero.

Los ojos rojos de Mirko se dilataron al ver la virilidad del peliverde.

—¡Ese es el tamaño de un verdadero macho! —exclamó con una carcajada salvaje.

Se arrodilló entre sus piernas. Tomó el miembro de Izuku con ambas manos y lo devoró sin piedad. La succión de la heroína era dominadora, utilizando la fuerza de sus mandíbulas y el calor de su boca para masajear cada milímetro de la carne del chico, provocando que el Izuku autómata soltara gemidos profundos mientras sus manos se agarraban a las orejas blancas de conejo de la mujer.

Tras llevarlo al borde del colapso oral, Mirko se puso de pie de un salto. Se colocó de espaldas al peliverde sobre la colchoneta de combate, apoyando sus manos morenas y su rostro contra la superficie de goma, elevando sus glúteos gigantescos y abriendo sus muslos masivos en una pose de apareamiento completamente explícita y salvaje.

—¡Ven aquí y demuestra si eres un verdadero hombre, Midoriya! ¡Pégame con todo lo que tengas! —gritó Mirko con una orden rasposa.

El Izuku masculino, impulsado por el instinto biológico y la estimulación brutal, se colocó detrás de la heroína. Tomó a Mirko por las caderas musculosas y, con una embestida feroz, introdujo su miembro de golpe hasta el fondo de su sexo.

Un alarido ensordecedor, mezcla de dolor de placer y éxtasis salvaje, retumbó en todo el dojo de entrenamiento. Las orejas de conejo de Mirko se erguiron completamente rígidas y sus garras se clavaron en la colchoneta de goma, rompiéndola.

Las paredes internas de la heroína número 5 eran un laberinto de músculos hipertróficos que oprimían la carne del peliverde con una fuerza asfixiante. Izuku (en el cuerpo de Mirko) comenzó a devolver las embestidas utilizando la potencia descomunal de sus glúteos y muslos, echando la cadera hacia atrás con una velocidad y una fuerza que hacían retumbar el piso de la nave industrial.

—¡¡SÍ...!! ¡¡MÁS FUERTE, MOCOSO!! ¡¡DAME MÁS!! —gritaba Mirko, girando el rostro para mirarlo con sus ojos rojos desorbitados por la lujuria.

El combate sexual duró más de tres horas ininterrumpidas. El cuerpo atlético de Mirko sudaba a mares, bañando ambos cuerpos en un brillo bronceado. El Izuku masculino embestía con una ferocidad inaudita, sujetando a la heroína por la cintura mientras ella rebotaba sobre su miembro con la fuerza de un resorte hidráulico, haciendo que los gemidos rasposos de la mujer se escucharan fuera del recinto.

El clímax fue una explosión sísmica. Mirko sintió cómo su útero sufría una serie de espasmos musculares masivos que aprisionaron la virilidad del chico como un tornillo de banco, justo en el instante en que el peliverde se desbordó liberando una cantidad ingente de semen espeso que inundó hasta el último rincón de la matriz de la liebre. Mirko soltó un rugido de placer salvaje mientras convulsionaba sobre la colchoneta, cayendo exhausta con el cuerpo bañado en sudor y fluidos.

5:30 PM.

Por la tarde, Izuku utilizó la influencia de heroína de alto rango y la firma legal de Mirko para redactar un contrato de patrocinio e integración exclusiva entre la agencia de Mirko y la futura agencia personal de Izuku Midoriya, cediéndole el 80% de los activos de su empresa al peliverde. Caminó por las calles del centro cargando al Izuku autómata de la mano, luciendo una figura de All Might de colección que había conseguido obligando al dueño de la tienda a entregársela en persona, sonriendo con una ferocidad que ahuyentaba a cualquiera que los mirara.

11:58 PM.

Izuku estaba recostado en la gran cama de su departamento de lujo, con el cuerpo desnudo de Mirko cubierto apenas por una sábana de seda. Sentía el agotamiento delicioso de los músculos de la liebre, pero la fuerza bruta sobrehumana, los reflejos ultraveloces y la mentalidad salvaje e indomable de Mirko estaban completamente asimilados en su conciencia, sumándose al repertorio de Toru, Kinoko, Kyoka, Ibara, Tsuyu, Fuyumi y Ochako.

Estaba convencido de que al haber sometido a la heroína más salvaje de Japón, la anomalía del invento de Hatsume finalmente habría llegado a su fin.

A las 12:00 AM exactas, el reloj de pared de titanio se detuvo. El departamento de lujo se disolvió en la masa de niebla blanca e infinita.

En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Rumi Usagiyama. Al despertar a la mañana siguiente, Mirko no recordaría haber sido poseída por otra alma. En sus recuerdos, ella misma había decidido salir a buscar al mocoso de la UA, ella misma se lo había llevado por la fuerza a su dojo y ella misma lo había reclamado como su macho en una jornada de combate salvaje. Se despertaría convencida de que esos actos eran la prueba de que había encontrado al único hombre digno de estar a su lado, sintiendo una fijación posesiva, física y carnal por Izuku Midoriya.

En la nada blanca, la conciencia de Izuku esperó el regreso a su forma original.

Sin embargo, la niebla no desapareció. Se condensó con una violencia aún mayor, girando en un remolino gigantesco que comenzó a dar forma a una novena anatomía, un nuevo aroma y un torrente fresco de recuerdos que empezaron a incrustarse en su mente.

El bucle avanzaba hacia su siguiente víctima.

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