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Capítulo 9: La madurez de la ceniza y la conquista de la casa Bakugo

Chapter 9 by K45

La condensación de la niebla blanca e infinita no se abrió hacia los talleres de soporte ni hacia los dormitorios del campus. Esta vez, el aire que inundó las fosas nasales de Izuku traía una fragancia inconfundible: una mezcla madura de perfume floral dulce, detergente de alta gama, barniz de madera pulida y un matiz sutil, dulce y penetrante a glicerina, idéntico al rastro químico que solía desprender la piel de Katsuki Bakugo cuando comenzaba a sudar.

5:00 AM.

Izuku abrió los ojos. Estaba acostado en un colchón matrimonial de primera calidad, bajo un edredón de tonos neutros en una habitación espaciosa, sobria y perfectamente ordenada.

Al intentar incorporarse, el cambio anatómico lo golpeó con una fuerza singular. No era la levedad jovial de Ochako ni la musculatura hipertrófica y salvaje de Mirko. Esta era la anatomía de una mujer madura de 38 años en su pleno apogeo físico y estético: un cuerpo alto, firme, de huesos anchos pero estilizados, con una cadera amplia y llena, una cintura estrecha que mantenía una firmeza envidiable y un pecho pesado, generoso y rotundamente maduro que estiraba la tela de encaje de su camisón de noche.

Se levantó con pasos calmos y seguros. Al pisar el piso de madera, caminó hacia el pasillo del segundo piso.

Izuku comenzó a explorar la residencia de los Bakugo. Recorrió la planta alta, bajó las escaleras de madera y caminó por la amplia sala de estar, la cocina impecable dotada de utensilios de alta cocina y el comedor familiar. Comprobó de inmediato que estaba completamente solo en la casa: Masaru Bakugo, el padre de Katsuki, se encontraba de viaje de negocios por varios días debido a su trabajo en el diseño de materiales sintéticos, y Katsuki estaba en los dormitorios de la UA. La casa Bakugo, la misma residencia que Izuku había observado desde su infancia a través de la ventana de su propia casa, estaba en absoluto silencio.

Izuku regresó a la habitación principal y se adentró en el gran vestidor.

Jamás en su vida había visto a Mitsuki Bakugo con una vestimenta diferente a su atuendo habitual: su blusa sin mangas de cuello alto, sus pantalones oscuros y su cabello rubio ceniza de puntas rebeldes. Sin embargo, al abrir los armarios de par en par, descubrió un vestuario privado sumamente sofisticado y provocativo: vestidos de noche de seda ceñidos, conjuntos de lencería de encaje francés en tonos rojo vino y negro, faldas de tubo con aberturas pronunciadas y tops de punto que remarcaban su busto maduro con una elegancia audaz.

Izuku caminó hacia el espejo de cuerpo entero del vestidor y encendió las luces cálidas del tocador. La imagen que le devolvió el cristal lo dejó helado durante unos segundos.

Frente a él estaba la madre de Katsuki: Mitsuki Bakugo. A sus 38 años, la mujer conservaba una juventud deslumbrante gracias a las propiedades de su Quirk, que mantenían su piel extraordinariamente tersa, elástica y suave como la de una joven de veinte años. Poseía unos ojos rojos y afilados, idénticos a los de su hijo pero suavizados por una expresión materna y altiva, un cabello rubio ceniza corto y puntiagudo que enmarcaba su rostro, y una figura escultural de mujer madura que superaba en curvas y presencia a la mayoría de las jóvenes de la academia.

En el instante en que sus dedos maduros tocaron la superficie pulida del espejo, la sobrecarga de información colisionó contra su mente.

Un caudal masivo de memoria biológica, gestión del hogar, técnicas de estilismo y dominio del Quirk Glicerina (Glycerin) se incrustó en la conciencia de Izuku. Absorbió en segundos el funcionamiento de su capacidad metabólica: su piel secretaba de forma continua una glicerina natural de altísima pureza que conservaba su hidratación celular, le otorgaba un brillo radiante y suave al tacto, y prevenía el envejecimiento.

Junto a esto, se sumaron sus recuerdos más íntimos: el estrés cotidiano de criar a un hijo tan explosivo como Katsuki, la rutina con su esposo Masaru y, en el rincón más oculto de su mente, una fascinación secreta que había ido creciendo con los años al ver cómo el pequeño y tímido Izuku Midoriya se había transformado en un joven musculoso, fuerte, educado y enormemente atractivo.

Y en la profundidad indestructible de su alma, como una estructura de poder omnipotente, se integraron los talentos de todas las víctimas anteriores —el camuflaje de Toru, la micología de Kinoko, la acústica de Kyoka, las enredaderas de Ibara, la fisonomía anfibia de Tsuyu, el hielo de Fuyumi, la cero gravedad de Ochako y la fuerza salvaje de Mirko—, convirtiendo al cuerpo de Mitsuki en una vasija de capacidad incalculable.

—Mitsuki-san... la mamá de Kacchan... —murmuró Izuku, escuchando la voz de Mitsuki: un tono grave, rasposo, firme y cargado de una autoridad madura y sensual.

Izuku se contempló en el espejo, maravillado por la belleza de la madre de su rival de la infancia.

Decidió explorar su anatomía con una fascinación sin límites. Se quitó el camisón de encaje y quedó completamente desnuda frente al espejo. Pasó sus manos pálidas y suaves por la firmeza de sus pechos maduros, sintiendo la textura de su piel, impregnada por la glicerina natural que la hacía sentirse como la seda más fina. Sus pezeones oscuros y pronunciados se erguieron de inmediato bajo la caricia de sus propios dedos.

Bajó la mirada hacia su vientre plano, sus caderas anchas y sus muslos carnosos. Al deslizar la mano entre las piernas de Mitsuki, descubrió que la lubricación natural de la mujer era abrumadora, sumamente densa y dulce por el efecto de su Quirk. La sola idea de que la mente de Izuku habitara el cuerpo de la madre de Katsuki hacía que la biología de Mitsuki reaccionara con una intensidad desenfrenada.

—Veamos de qué es capaz la madre de Kacchan... —dijo Izuku, sonriendo con los labios de Mitsuki.

Izuku comenzó a tocarse frente al espejo. Apretó sus propios senos con fuerza mientras introducía dos dedos maduros en su canal vaginal. Las paredes internas de Mitsuki eran amplias, pero increíblemente calientes, elásticas y apretadas. Con cada movimiento de sus dedos, la glicerina de su piel y su lubricación natural creaban un sonido húmedo y constante.

—Ah... M-Midoriya-kun... Izuku... —gemía Mitsuki con su voz rasposa y autoritaria, echando la cabeza hacia atrás mientras su cabello rubio ceniza se agitaba—. Qué cuerpo tan increíble tiene la mamá de Kacchan... qué bien se siente ser deseada por ti...

Se estimuló el clímax con una intensidad salvaje. El cuerpo maduro de Mitsuki tembló por completo mientras sus muslos se apretaban contra sus dedos y un orgasmo denso e intenso hacía vibrar su abdomen, dejando caer gotas de glicerina y sudor sobre el suelo del vestidor.

8:30 AM.

Tras recuperar el aliento y limpiarse, Izuku fue a vestirse.

Sabía exactamente cuál era la rutina del día. Como era fin de semana de permiso en la UA, el Izuku Midoriya masculino aprovechaba la mañana para viajar desde los dormitorios de la academia hasta su casa natal para visitar a su madre, Inko Midoriya, y llevarle recuerdos y provisiones. Como la residencia Midoriya estaba justo en la misma calle que la residencia Bakugo, Izuku sabía el camino exacto que su yo masculino recorrería alrededor de las 10:00 AM.

Izuku decidió vestirse para romper cualquier barrera de compostura. Eligió un vestido de punto ajustado de color rojo vino con un escote en V pronunciado que enmarcaba de forma exagerada su busto maduro, dejando ver el nacimiento de sus senos suaves y perfumados. El vestido se moldeaba a su cintura estrecha y se ceñía a sus caderas amplias, cayendo en una falda que terminaba justo sobre las rodillas. Se puso medias de seda negra y tacones altos que resaltaban la forma de sus piernas maduras. Se peinó el cabello rubio ceniza hacia atrás y se maquilló los labios con un carmín intenso.

Salió de la casa Bakugo y se apostó en la entrada del pasaje residencial.

9:50 AM.

El sol de la mañana iluminaba el tranquilo vecindario donde Izuku y Katsuki habían crecido.

A lo lejos, caminando por el sendero de adoquines con una bolsa de compras en una mano y su mochila en la otra, apareció el Izuku Midoriya masculino. Vestía su camiseta blanca con el estampado casual, sus pantalones oscuros y mantenía la mirada apagada y el rostro autómata característico del bucle temporal.

Al acercarse a la intersección que conducía a la casa de los Midoriya, la figura de Mitsuki Bakugo cortó su paso.

Izuku (en el cuerpo de Mitsuki) no esperó. Cruzó la calle con el sonido firme de sus tacones altos sobre el asfalto. El perfume dulce, floral y la fragancia a glicerina de la mujer llenaron de inmediato el aire de la calle.

El Izuku autómata se detuvo en seco frente a la madre de su amigo de la infancia.

—¿Mitsuki-san...? —dijo el peliverde con su tono neutro—. Hola... iba a ver a mi mamá...

Izuku (en el cuerpo de Mitsuki) no le dio tiempo de terminar la frase. Le dedicó una sonrisa llena de una sensualidad dominante, madura y decidida.

—Inko no está en casa, Izuku-kun... salió temprano a hacer compras al centro y no volverá hasta la tarde —mintió Mitsuki con total soltura, dando un paso que eliminó cualquier distancia entre ellos, pegando la curva de su busto vestida de rojo contra el pecho del chico—. Además... a la persona que estabas buscando sin saberlo era a mí.

El peliverde pestañeó con lentitud.

—¿A usted... Mitsuki-san...?

—Así es, mocoso —dijo Mitsuki con una risita baja y rasposa—. Toda la vida me has visto como la vecina, la madre de Katsuki... pero hoy vas a aprender cómo se trata a una mujer de verdad.

Antes de que ningún vecino pudiera asomarse por las ventanas, Mitsuki tomó a Izuku por la muñeca con un agarre sorprendentemente firme. Lo arrastró por el sendero de entrada de la residencia Bakugo, abriendo la puerta principal y metiendo al peliverde al interior de la casa antes de cerrar con llave y echar el cerrojo de seguridad.

El Izuku en piloto automático miró el vestíbulo de la casa de los Bakugo.

—Mitsuki-san... la casa de Kacchan...

—Olvídate de Katsuki, Izuku. Hoy esta casa es solo nuestra —sentenció la mujer, quitándose los tacones altos y dejando caer la bolsa de compras del chico al suelo.

10:15 AM - 1:45 PM.

Mitsuki guio al Izuku masculino hacia la habitación principal del segundo piso. El ambiente estaba cargado del aroma a limpio y al perfume de la mujer.

Izuku (en el cuerpo de Mitsuki) empujó suavemente al peliverde sobre la cama matrimonial. Sin perder un segundo, se llevó las manos a la espalda y bajó la cremallera del vestido rojo vino, dejándolo caer al suelo junto con su lencería de encaje.

La anatomía de Mitsuki Bakugo quedó expuesta en todo su esplendor ante los ojos del peliverde. Piel de seda hidratada por glicerina natural, senos maduros y firmes de aureolas oscuras, abdomen terso sin una sola marca del paso del tiempo y unas caderas carnosas que prometían una experiencia pura y abrumadora.

—Mira lo que Katsuki y Masaru se pierden por no saber apreciar lo que tienen en casa... —susurró Mitsuki, subiéndose a la cama a gatas, avanzando sobre el chico con la elegancia de una leona madura.

Se inclinó sobre el Izuku masculino y lo besó en la boca. El beso de la madre de Katsuki fue adulto, experto, dominante y sumamente caliente. Su lengua exploró la boca del chico con una maestría que dejó al peliverde sin aliento, mientras con sus manos suaves y pálidas desabrochaba los pantalones del chico, liberando su miembro viril, que se irguió de inmediato con una rigidez impresionante.

Mitsuki soltó una exclamación de admiración al ver el tamaño de la virilidad del peliverde.

—Vaya... Inko realmente crió a un hombre colosal... —dijo con una sonrisa autoritaria y rasposa.

Se descolgó por el cuerpo del chico y rodeó el miembro del peliverde con sus labios rojos. La técnica oral de Mitsuki combinaba la madurez de su experiencia con la suavidad extrema de la glicerina de su boca, deslizando su lengua por el glande y el tronco del chico con una cadencia perfecta que hizo que el Izuku autómata apretara las sábanas de la cama con fuerza, soltando gemidos profundos y continuos.

Tras estimular la virilidad del chico hasta el límite, Mitsuki se incorporó sobre el peliverde. Se colocó sobre su pelvis, guiando la cabeza gruesa del miembro de Izuku hacia su entrada madura, completamente empapada de su lubricación denso-dulce.

Con un movimiento lento, pesado y firme de sus caderas, Mitsuki se dejó empalar por completo sobre la carne del peliverde.

Un gemido grave, maduro y cargado de un éxtasis absoluto rasgó el silencio de la habitación principal de la casa Bakugo.

—¡¡AHHH...! ¡IZUKU-KUN...! ¡¡ERES TAN GRANDE...!! —gritó Mitsuki, apretando sus senos maduros con sus propias manos mientras echaba la cabeza hacia atrás, dejando ver su cuello terso.

Las paredes internas de Mitsuki eran increiblemente elásticas, suaves y apretadas, gracias a la hidratación celular de su Quirk. Abrazaron el miembro del peliverde con una succión natural y uniforme que provocó que el chico alzara la cadera con fuerza.

Izuku (en el cuerpo de Mitsuki) comenzó a dictar un ritmo de penetración experto y pausado, que progresivamente se volvió salvaje y dominante. La madre de Katsuki subía y bajaba sobre el miembro del chico con una destreza de mujer adulta, haciendo que el roce de sus pieles produjera un sonido húmedo y rítmico que resonaba en toda la planta alta de la residencia.

El Izuku masculino, estimulado por la calidez y la suavidad incomparable de la piel de Mitsuki, la tomó por sus caderas carnosas, embistiendo hacia arriba con una potencia sin frenos. El impacto del cuerpo del peliverde contra los muslos maduros de Mitsuki hacía vibrar la estructura de la cama de matrimonio.

—¡SÍ! ¡ASÍ, IZUKU! ¡¡DEMUÉSTRALE A LA MAMÁ DE KACCHAN DE QUÉ ESTÁS HECHO!! —gemía Mitsuki con su voz rasposa desbordada por la lujuria, clavando sus uñas suaves en los hombros del peliverde.

El encuentro se prolongó por más de tres horas ininterrumpidas. Mitsuki utilizó toda la resistencia de su cuerpo maduro para absorber cada embestida profunda del chico, bañándose ambos en una mezcla de sudor, perfume y la glicerina natural que secretaba su piel ante la excitación.

El clímax las alcanzó en un estallido abrumador. Mitsuki sintió cómo su vientre convulsionaba en una serie de espasmos vaginales intensos que apretaron el miembro de Izuku hasta sacarle el último aliento, justo en el momento en que el peliverde se desbordó dentro de ella, liberando un caudal masivo y ardiente de semen que inundó por completo la matriz de la madre de Katsuki. Mitsuki gritó el nombre de Izuku mientras se desplomaba sobre su pecho, exhausta, jadeante y completamente satisfecha.

5:30 PM.

Por la tarde, Izuku utilizó los documentos personales y el acceso bancario de Mitsuki para reestructurar los fondos familiares de los Bakugo, creando un fideicomiso educativo y de soporte financiero a nombre de Izuku Midoriya, además de firmar una cesión de derechos sobre la propiedad de la casa para garantizar la cercanía eterna entre ambas familias. Caminó junto a su yo masculino de regreso a la calle, despidiéndose de él en la puerta con un beso apasionado en los labios ante la mirada distante del peliverde.

11:58 PM.

Izuku permanecía recostado en la gran cama matrimonial de la casa Bakugo, vistiendo únicamente una bata de seda ligera. Sentía la plácida saciedad física en la hermosa anatomía de Mitsuki, pero la suavidad celular, la juventud biológica de la glicerina y la mentalidad madura, firme y dominante de la madre de Katsuki estaban totalmente integradas en su conciencia, sumándose al vasto arsenal acumulado de Toru, Kinoko, Kyoka, Ibara, Tsuyu, Fuyumi, Ochako y Mirko.

Estaba convencido de que tras haber tomado a la figura madura más cercana a su entorno infantil, la anomalía del invento de Hatsume finalmente habría llegado a su conclusión definitiva.

A las 12:00 AM exactas, el reloj de madera de la pared de la habitación se detuvo. La casa de los Bakugo se disolvió en la masa de niebla blanca e infinita.

En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Mitsuki Bakugo. Al despertar a la mañana siguiente, Mitsuki no recordaría haber sido poseída por otra alma. En sus recuerdos, ella misma había decidido abordar al pequeño Izuku en la calle, ella misma lo había metido a su casa y ella misma se había entregado a él en su propia cama matrimonial. Se despertaría convencida de que esos actos eran el fruto de un deseo maduro e incontrolable por el amigo de su hijo, sintiendo una fijación posesiva, materna y profundamente carnal por Izuku Midoriya.

En la nada blanca, la conciencia de Izuku aguardó el retorno a su cuerpo original.

Sin embargo, la niebla no se disipó. Se comprimió con una densidad aún más aterradora, girando en un remolino colosal que comenzó a dar forma a una décima anatomía, un nuevo perfume y un torrente fresco de recuerdos que empezaron a incrustarse en su mente.

El bucle avanzaba hacia su siguiente víctima.

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