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Capítulo 3: Ondas de choque en la frecuencia del deseo
La niebla blanca no se disipó hacia el espacio familiar del taller ni a la habitación de los dormitorios de Izuku. En su lugar, se comprimió bruscamente alrededor de sus sentidos, disolviéndose en un ambiente impregnado de olor a madera barnizada, cuero, incienso suave y el aroma metálico de amplificadores y cables de audio.
5:00 AM.
Izuku abrió los ojos. La penumbra de la estancia estaba cortada por los tenues indicadores LED de color rojo y azul de una mesa de mezclas y varios pedales de efectos alineados en el suelo.
Intentó llevarse las manos al rostro y notó una complexión delgada, estilizada y ligera. Sus manos eran finas, de nudillos definidos y dedos largos perfeccionados para la digitación rápida en instrumentos de cuerda. Al incorporarse de la cama, sintió el peso sutil de una anatomía femenina esbelta, de cadera estrecha y pecho pequeño pero erguido bajo una camiseta holgada de una banda de rock alternativo.
Se levantó con pasos silenciosos y caminó hacia el espejo del baño. Al encender la luz, observó el reflejo: el cabello corto de tono violeta oscuro con reflejos asimétricos, los ojos rasgados de mirada intensa y, colgando a ambos lados de sus lóbulos auriculares, los dos conectores flexibles característicos de su Quirk.
Frente a él estaba Kyoka Jiro. A sus 21 años, la estudiante del departamento de héroes conservaba su estética alternativa y reservada, pero su figura adulta presentaba una definición muscular fina y atractiva en torso y piernas.
En el momento en que los dedos de Izuku tocaron el borde del lavabo, la marea de información colisionó contra su mente.
Un caudal masivo de memoria muscular, conocimientos técnicos y agudeza sensorial se desplegó en su conciencia: el dominio absoluto del bajo eléctrico y la guitarra, la teoría musical avanzada, la ingeniería de sonido y acústica de recintos, el control de frecuencia vibracional a través de sus conectores, las técnicas de rastreo auditivo e infiltración urbana, así como los recuerdos íntimos de la vida diaria de Jiro. Además, en el fondo de su pensamiento, las habilidades adquiridas en los días anteriores —el camuflaje de luz y la infiltración de Toru, junto con la micología y química orgánica de Kinoko— se entrelazaron con los nuevos datos sin perder un solo detalle.
Izuku se sujetó la cabeza mientras la sobrecarga informativa se asentaba.
—Jiro-san... —murmuró, escuchando su propia voz: un tono grave, rasposo, con una modulación serena y un matiz sutilmente provocativo.
Llevó las yemas de sus dedos a las extensiones de sus orejas. Al moverlas por voluntad propia, sintió la sensibilidad extrema de esos apéndices, capaces de percibir la vibración de las tuberías del edificio y los latidos del corazón de las personas en los cuartos adyacentes.
8:30 AM.
Izuku dedicó las primeras horas de la mañana a explorar las capacidades del cuerpo en la sala de insonorización del dormitorio. Combinando su visión táctica con la agudeza auditiva de Kyoka, descubrió que podía enfocar microvibraciones sonoras para generar impulsos de resonancia capaces de estimular el sistema nervioso y alterar el estado físico de quien estuviera en el mismo recinto.
Sustituyó la ropa holgada de Jiro por un atuendo que resaltaba su silueta: un top corto de cuero negro que dejaba al descubierto su abdomen definido, una chaqueta corta de mezclilla rasgada y pantalones ajustados de talle alto que marcaban la forma de sus caderas y piernas, dejando los conectores de sus orejas visibles y libres.
Sabía dónde encontrar a su cuerpo masculino. A las 11:00 AM, el Izuku Midoriya en piloto automático acudiría a la sala de música del campus para revisar el equipo de sonido que se utilizaría en los eventos de fin de año.
10:55 AM.
La sala de ensayos del edificio de artes estaba completamente insonorizada. Paredes recubiertas de paneles de espuma acústica, instrumentos colgados en soportes y un piano de cola en una esquina aislaban el lugar del resto de la universidad.
Izuku (en el cuerpo de Jiro) ajustaba la afinación de un bajo eléctrico mientras esperaba.
El Izuku masculino entró al recinto caminando con paso pausado y la libreta de anotaciones en la mano, respondiendo al estado autómata. Al ver a Kyoka, se detuvo.
—¿Jiro-san? Ah... hola. No sabía que estabas usando la sala hoy —dijo el peliverde con tono neutro.
Izuku no respondió de inmediato. Conectó uno de los Earphone Jack al amplificador principal y envió una pulso de baja frecuencia a través del suelo de madera. La onda expansiva vibró directamente en las piernas del Izuku masculino, elevando su temperatura corporal y acelerando su pulso de manera instantánea.
—Midoriya... —dijo Izuku, utilizando la voz rasposa de Kyoka—. Hay frecuencias que no se pueden captar con simples lecturas. Ven aquí.
Tomó al peliverde por la solapa de su chaqueta y lo guió hacia el centro de la sala insonorizada, cerrando la puerta con seguro electromagnético.
11:15 AM - 1:45 PM.
El aislamiento acústico de la habitación garantizaba que ningún sonido saliera al exterior.
Izuku empujó a su versión masculina contra la estructura del amplificador de bajo. La actitud habitualmente tímida o reservada de Jiro fue reemplazada por la determinación y el control de Izuku sobre esa anatomía.
—Jiro-san, la vibración... me siento algo mareado —mencionó el Izuku masculino, mientras el estímulo físico en su entrepierna se hacía evidente.
—Es solo la resonancia —respondió ella.
Izuku se retiró la chaqueta de mezclilla, dejando ver la firmeza de su torso y el escote del top de cuero. Se acercó al peliverde y conectó suavemente la punta de uno de sus Earphone Jack cerca de la base del cuello del chico, enviando pequeñas descargas rítmicas de microvibración que erizaron la piel del joven y anularon cualquier capacidad de resistencia.
Sin perder el tiempo, Izuku desabrochó el pantalón de su yo masculino, liberando su miembro erguido. Se inclinó hacia adelante y atrapó los labios del chico en un beso directo y firme, utilizando la sensibilidad de la lengua de Jiro para coordinar cada movimiento.
Acto seguido, Izuku se arrodilló sobre el suelo de madera. Guiado por la agudeza sensorial que le permitía medir la presión exacta y la temperatura, envolvió el miembro de su versión masculina con la boca. Las descargas leves de frecuencia que emitía a través de sus conectores aumentaban la sensibilidad del peliverde a niveles extremos, provocando que el chico contuviera la respiración mientras se apoyaba contra los controles del equipo de sonido.
Tras la estimulación oral, Izuku se puso de pie, se despojó de los pantalones ajustados y la lencería, y se posicionó sobre el regazo del Izuku masculino, quien permanecía sentado en el banco del piano.
Guió el miembro hacia su entrada estrecha y se dejó caer despacio. Un gemido firme se le escapó a Kyoka cuando la masa muscular de su propio cuerpo llenó por completo su interior. La estrechez de la fisonomía de Jiro, sumada a las microcontracciones musculares que Izuku controlaba mediante la resonancia de su Quirk, aprisionaba el miembro del peliverde en cada movimiento.
Izuku dictó un ritmo constante y marcado, utilizando el banco del instrumento como apoyo. El sonido de los golpes rítmicos y el roce de la piel se mezclaban con las notas sordas que el peso de sus cuerpos producía involuntariamente al chocar contra las teclas graves del piano.
El Izuku masculino, completamente dominado por la sobrecarga auditiva y táctil, sujetó con fuerza las caderas de la peli-violeta, impulsándose hacia arriba para profundizar el contacto. Las piernas de Jiro se aferraron a su cintura mientras las vibraciones que salían de sus conectores intensificaban el clímax de ambos.
El encuentro culminó con una contracción profunda del canal de Kyoka, al mismo tiempo que el Izuku masculino se liberaba completamente en su interior, dejando una sensación de calor denso en el vientre de la chica.
5:30 PM.
Por la tarde, Izuku utilizó los conocimientos de ingeniería de sonido y producción de Jiro para reestructurar los acuerdos de derechos de autor y registros de audio de la banda del campus, asegurando la titularidad de composiciones y licencias a su favor. Caminó por los pasillos con una seguridad que dejó sorprendidos a los demás estudiantes de artes.
11:58 PM.
Izuku permanecía recostado en la cama del cuarto de Kyoka, vistiendo una camiseta holgada mientras escuchaba el zumbido de fondo del amplificador. Sentía el cansancio en la estructura esbelta de Jiro, pero la totalidad de sus habilidades musicales, acústicas y tácticas estaban perfectamente integradas en su memoria, sumándose a las de Toru y Kinoko.
A las 12:00 AM exactas, el temporizador del equipo digital se congeló. El sonido de la habitación se extinguió por completo y el entorno se disolvió en una niebla blanca e infinita.
En ese instante, la reescritura de memoria se ejecutó en la mente de Kyoka Jiro. Al día siguiente, Kyoka no recordaría haber sido habitada por otra conciencia; en sus recuerdos, ella misma había elegido esa vestimenta, ella había buscado a Midoriya en la sala insonorizada para llevar a cabo ese encuentro, y ella había firmado los registros de derechos de autor. Se despertaría convencida de que esos actos fueron iniciativa propia, experimentando una atracción intensa y constante hacia Izuku Midoriya.
En la nada blanca, la conciencia de Izuku aguardó la resolución del fenómeno. Sin embargo, la niebla no cedió hacia su figura original, sino que comenzó a reestructurarse alrededor de una nueva anatomía y un nuevo conjunto de recuerdos.
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