What's next?
Capítulo 4: La Revelación de la Cortesana
El aire acondicionado de la planta baja soplaba con una brisa suave y constante, disipando cualquier rastro de tensión en la atmósfera. Kaelen bajó los últimos escalones de la escalera con la soltura y la prestancia de quien camina por las galerías privadas de su propio palacio. Sin embargo, su atuendo y su entorno pertenecían enteramente a este siglo: unos pantalones cómodos, una playera sencilla y el silencio absoluto de una casa que, hasta hace unas horas, era su prisión cotidiana.
Caminó sin prisa hacia la cocina. Abrió la despensa, tomó una bolsa grande de botanas fritas y un refresco helado de la nevera. Con la lata en una mano y la bolsa en la otra, regresó a la sala de estar principal. Se dejó caer con total despreocupación sobre el sillón de piel del centro, apoyó los pies descalzos sobre la mesa de centro de cristal —una libertad que Elenora le habría prohibido tajantemente bajo amenaza de castigo— y encendió la enorme televisión de pantalla plana.
El crujido de las botanas resonaba rítmicamente en la estancia mientras Kaelen cambiaba de canal sin demasiado interés. Para un soberano que había gobernado el imperio más colosal de la historia, los programas de entretenimiento moderno variaban entre lo ridículo y lo fascinante. No obstante, al presionar el botón de la guía de canales, se topó con una categoría particular etiquetada bajo el sello de XXX+18.
Movido por una curiosidad puramente analítica, Kaelen seleccionó la señal.
De inmediato, la pantalla se llenó de imágenes explícitas, ángulos detallados y sonidos sin filtro. En su vida pasada en Exodus, los actos íntimos no eran ningún tabú; la sexualidad se celebraba en los banquetes reales, formaba parte de los rituales de cortejo y se manejaba con una soltura natural dentro del palacio. Sin embargo, gracias a los recuerdos de su vida actual como Kaelen, el joven sabía perfectamente la paradoja de este mundo moderno: el material audiovisual para adultos era una industria millonaria y ridículamente famosa, consumida por casi toda la población en privado, pero públicamente condenada, estigmatizada y tildada de vulgar por la misma sociedad que la producía.
—Qué sociedad tan extraña... —musitó Kaelen, masticando una botana mientras observaba el video con una serenidad imperturbable—. Todos lo desean, todos lo consumen, pero todos se escandalizan si alguien lo menciona en voz alta. Hipocresía pura.
Kaelen dio un trago a su refresco helado, dejando la lata sobre la mesa mientras la televisión continuaba reproduciendo la escena a un volumen moderado.
De pronto, el sonido pesado de la puerta principal abriéndose rompió la tranquilidad de la sala. El taconoteo apresurado de unos zapatos de marca anunció la llegada de la última de sus hermanas que aún no había despertado.
Vespera, de veintiún años, ingresó a la casa cargando un par de bolsas de tiendas exclusivas. Llevaba un vestido ajustado de corte moderno que resaltaba su figura estilizada y su postura de joven superficial acostumbrada a la buena vida. La chica venía de su reunión con su círculo de amigos de la alta sociedad, pero su rostro reflejaba cierto aburrimiento y mal humor.
Al dar un par de pasos hacia el recibidor, el sonido estridente proveniente de la televisión la hizo detenerse en seco. Vespera giró la cabeza hacia la sala y se encontró con una escena que la hizo enfurecer al instante.
Ahí estaba Kaelen: tirado en el sillón principal, dejando Migajas de botana sobre la alfombra importada, con los pies sobre la mesa de cristal y viendo abiertamente contenido para adultos en la pantalla gigante de la casa.
—¡Pero qué demonios te pasa, Kaelen! —gritó Vespera, dejando caer las bolsas de compras sobre el suelo mientras caminaba hacia él con la cara encendida de rabia y asco—. ¿Esa es la clase de basura que haces cuando nos quedamos fuera? ¡Eres un cochino, un asqueroso de lo peor!
Kaelen ni siquiera se inmutó. No apagó la televisión, no bajó los pies de la mesa ni mostró el menor atisbo de vergüenza. Simplemente la miró de reojo con una calma absoluta que exasperó aún más a la joven de veintiún años.
—No sé cómo mamá te sigue aguantando en esta casa —continuó Vespera, acercándose a grandes zancadas y cruzándose de brazos mientras echaba humo de la indignación—. No solo eres un inútil que no aporta nada y se la pasa de vago, ¡sino que ahora llenas la sala de migajas y pones tus marranadas en la televisión principal! ¿Qué pasaría si mamá entra por esa puerta y te ve? ¿O si venía alguna de mis amigas conmigo? ¡Me harías pasar la peor vergüenza de mi vida!
Vespera buscó el control remoto sobre la mesa para apagar la pantalla, pero Kaelen extendió la mano con una velocidad pasmosa y tomó el dispositivo antes de que ella pudiera tocarlo.
—¡Dame eso, imbécil! —chilló Vespera, intentando arrebatárselo—. ¡Apaga esa porquería o le voy a hablar a mamá ahora mismo para que te corra a la calle de una buena vez! ¡Eres una escoria pervertida!
Kaelen la observó en silencio durante un par de segundos. El drama exagerado, las acusaciones histéricas y el tono acusatorio de Vespera le resultaban infinitamente aburridos. Ya había tenido suficiente de las pataletas de esta vida moderna. La cuarta pieza de la casa estaba parada justo frente a él, y era momento de reclamarla.
En su vida pasada en Exodus, Vespera no era una joven caprichosa de la alta sociedad; ella era la Cortesana Imperial, la mujer encargada del entretenimiento de alto nivel, de las artes de la seducción diplomática y de manipular a las delegaciones extranjeras a través del placer y el encanto en la corte real. Era la maestra indiscutible de la sensualidad bajo sus órdenes.
Kaelen se incorporó ligeramente en el sillón, sostuvo la mirada de su hermana de veintiún años y, con una voz profunda, autoritaria y resonante que hizo acallar el grito que Vespera estaba por soltar, pronunció el comando específico que utilizaba con ella en el palacio:
—Velo de la Seducción Eterna...
La atmósfera de la sala pareció congelarse en un instante sordo.
Vespera se quedó paralizada con el brazo extendido a mitad del aire. El control remoto ya no importaba. Sus ojos, antes llenos de rabia y desprecio, se dilataron violentamente mientras sus pupilas perdían el enfoque. La joven se llevó ambas manos a la cabeza, dejando escapar un suspiro entrecortado mientras una oleada de calor le recorría la espina dorsal.
En el interior de su cerebro, la barrera del olvido se destruyó en mil pedazos. Los recuerdos de su vida actual como Vespera, la chica superficial de veintiún años obsesionada con las apariencias, chocaron de frente contra el torrente colosal de memorias de su existencia como la Cortesana de Exodus. Vio los salones de banquetes iluminados por antorchas, los vestidos de seda transparente, las danzas privadas ante la corte... y la figura imponente de su Rey, el hombre al que servía con su cuerpo, su encanto y su astucia para mantener la paz del imperio.
—Mi... mi Lord... —alcanzó a pronunciar Vespera con una voz completamente distinta: suave, aterciopelada y temblorosa por la emoción.
Sus piernas perdieron la firmeza de inmediato. Vespera cayó de rodillas sobre la alfombra de la sala, justo al lado de la mesa de centro. Alzó la vista hacia Kaelen con unos ojos que brillaban con una mezcla de conmoción, éxtasis y una devoción desbordante.
—Recuerdo... ¡dioses míos, lo recuerdo todo! —susurró Vespera, apoyando las manos sobre las rodillas de Kaelen mientras su rostro se cubría de un rubor sumamente sensual—. La corte de Exodus... las noches de banquete... tu mirada sobre mi cuerpo durante las danzas privadas... Y en esta vida... yo me atreví a gritarte... a llamarte pervertido...
—Levanta el rostro, Cortesana —ordenó Kaelen con frialdad.
Vespera obedeció al instante. La joven histérica de veintiún años se evaporó por completo; en su lugar, la sonrisa coqueta, la mirada felina y la gracia natural de la antigua Cortesana Imperial tomaron el control absoluto de sus gestos. La dualidad de sus recuerdos coexistía a la perfección: sabía que era su hermana biológica en este mundo, pero la lealtad, la necesidad de seducirlo y el deseo de complacer a su rey se impusieron como la única verdad de su existencia.
—Perdóname, mi Soberano... —pidió ella en un susurro ardiente, inclinándose hasta pegar sus labios contra la mano de Kaelen—. Estaba ciega en este mundo. No sabía que mi verdadero Rey estaba aquí, tolerando mis tonterías y mis berrinches de niña mimada... Por favor, dime qué debo hacer para enmendar mi falta.
Kaelen sonrió con satisfacción, reclinándose de nuevo en el sillón y dando un sorbo a su refresco antes de mirarla.
—Tu falta queda olvidada, Vespera —respondió Kaelen con tono magnánimo—. Pero como mi Cortesana, necesito que tu habilidad para la seducción y el manejo de las relaciones sociales vuelva a estar a mi servicio. Lysa, Ariadna y Dania ya han despertado. El control personal, administrativo y financiero de esta casa ya está asegurado. Ahora necesito que tú te encargues de la fachada externa.
Vespera abrió levemente los labios, gratamente sorprendida de que sus hermanas mayores y menores ya formaran parte de la red del imperio.
—¿Todas ellas también...? —sonrió la joven de veintiún años con picardía—. Qué maravilla, mi Lord. Si las tres ya están bajo tu mando, el dominio de esta casa es prácticamente tuyo. Como tu Cortesana, me encargaré de manejar a nuestro círculo social externo, a las amistades de la familia y a cualquiera que intente meterse en tus asuntos. Nadie sospechará nada. Para el mundo exterior, seguiré siendo la joven de la alta sociedad, pero cada contacto que haga estará a tu entera disposición.
—Excelente —asintió Kaelen, desviando la mirada de nuevo hacia la televisión, donde el video para adultos continuaba reproduciéndose—. Aunque parece que en esta vida te escandalizaba bastante lo que estaba viendo.
Vespera soltó una risita suave y felina, poniéndose de pie con una elegancia exquisita. La chica se desabrochó el vestido ajustado con total soltura, dejándolo caer a sus pies y quedando en una lencería fina que resaltaba cada curva de su cuerpo de veintiún años. Se acercó al sillón, se montó sobre las piernas de Kaelen y lo miró a los ojos con una expresión cargada de deseo puro y provocación.
—¿Escandalizarme por eso, mi Soberano? —susurró ella, rodeándole el cuello con los brazos mientras las imágenes de la pantalla se reflejaban en sus ojos—. Esos videos de este mundo son burdos y torpes comparados con lo que tu Cortesana puede hacer por ti. En Exodus, mi trabajo era dominar el arte del placer para el deleite de mi Rey... Permíteme demostrarte que mis habilidades no se han oxidado en este siglo.
Kaelen la tomó con firmeza por las caderas, sintiendo el calor desbordante de la joven mientras Vespera se inclinaba para besarlo con un ímpetu apasionado. Con la Cortesana despierta, Kaelen había asegurado a su cuarta aliada dentro del hogar. El bando de Exodus estaba prácticamente completo, y el resurgimiento de su reino marchaba de manera implacable.
Vespera se entregó por completo al arte en el que se había vuelto una verdadera maestra durante su vida en Exodus. Con la soltura y la elegancia que la caracterizaban, la joven de veintiún años moduló cada uno de sus movimientos para transformar la sala de estar en su santuario privado de seducción.
La combinación entre la atmósfera moderna del televisor reproduciendo escenas explícitas y la devoción ancestral de la antigua Cortesana Imperial creaba una tensión casi hipnótica en la estancia. Vespera acarició el pecho de Kaelen por encima de la tela de su playera, bajando lentamente sus dedos hasta la hebilla del pantalón. Sus ojos brillaban con un deseo encendido, matizado por una coquetería natural que contrastaba de forma deliciosa con la actitud histérica que había mostrado apenas unos minutos atrás.
—En esta vida... me pasaba los días buscando atención en fiestas tontas y con gente vacía, mi Lord —susurró Vespera contra los labios de Kaelen, dejando escapar un aliento cálido que erizó la piel del joven—. Qué pérdida de tiempo tan absurda. Ahora entiendo que todo ese vacío que sentía no era más que la falta de mi único y verdadero Soberano.
Kaelen la contempló con la serenidad de un rey que recibe el tributo más exquisito de su reino. Apoyó la espalda contra el respaldo del sillón de piel, permitiendo que la joven tomara la iniciativa. Vespera desabrochó su pantalón con una destreza admirable, liberando su miembro tenso y erguido. Sin mostrar la menor reserva o timidez humana, la chica de veintiún años se deslizó despacio hacia abajo, acomodándose sobre las rodillas de Kaelen en el centro del mueble.
Llevó sus labios a la piel del joven soberano, recorriéndolo con besos suaves, calientes y calculados, aplicando una presión gradual que hizo que Kaelen dejara escapar un largo suspiro de satisfacción. Vespera no tenía la torpeza o la prisa de una aficionada; cada movimiento de su lengua, cada caricia de sus dedos en la base y cada mirada que lanzaba hacia arriba estaba ejecutada con una precisión matemática para maximizar el placer de su rey.
—Dime, mi Señor... —balbuceó ella en una pausa breve, con los labios húmedos y brillantes bajo la luz de la televisión—. ¿Las artes de tu Cortesana siguen complaciéndote tanto como en las noches de banquete en el palacio?
—Estás superando tus propios registros, Vespera —respondió Kaelen con tono grave y autoritario, hundiéndole los dedos en el cabello bien arreglado para marcarle la velocidad.
Vespera soltó un gemido ahogado contra la virilidad de Kaelen, encantada con la aprobación de su señor. La joven incrementó el ritmo, descendiendo por completo hasta acogerlo en el fondo de su garganta, acomodándose al tamaño y la firmeza de Kaelen con una soltura propia de su antiguo rango en la corte de Exodus. Las imágenes de la pantalla gigante proyectaban sombras erráticas sobre sus cuerpos, pero en la sala de la casa ya no había espacio para la vulgaridad del video; la interacción entre el Soberano y su Cortesana era un despliegue de dominio y devoción pura.
Kaelen sintió la calidez desbordante del contenedor de Vespera envolviéndolo por completo. La sensación de tener a la chica más codiciada y superficial de su entorno social de esta vida moderna completamente rendida a sus pies, usando su boca con la única meta de complacerlo, era un elixir de poder indescriptible.
Sin embargo, Kaelen deseaba sellar la lealtad de su cuarta aliada en la misma posición de dominio que había utilizado con las demás.
—Ponte de pie, Vespera —ordenó Kaelen, sujetándola por los hombros y levantándola con firmeza.
La joven obedeció al instante, jadeando por la agitación y mirando a su rey con una súplica silenciosa en los ojos. Sin dudarlo, Vespera se giró y se apoyó de manos sobre el respaldo del sillón de piel, elevando la cadera y buscando la mirada de Kaelen por encima del hombro. La postura ponía de manifiesto las curvas estilizadas de su cuerpo de veintiún años, ofreciéndose sin reservas al hombre que regía su destino.
—Tómame, mi Soberano... —pidió ella en un susurro entrecortado, mordiéndose el labio inferior—. Graba en mi cuerpo que le pertenezco únicamente a la corona de Exodus.
Kaelen se posicionó detrás de ella sin perder un solo segundo. La sujetó con fuerza por las caderas, sintiendo el calor intenso de su piel, y se abrió paso en su interior de un solo movimiento fluido, certero y profundo.
Vespera soltó un grito agudo de placer puro que resonó en los techos altos de la sala de estar. Sus uñas se clavaron en la piel del sillón mientras su cuerpo entero se convulsionaba ante la invasión completa de su señor. Las paredes estrechas de su sexo se contrajeron en un abrazo cálido y apretado alrededor de Kaelen, reconociendo la autoridad biológica y espiritual de su antiguo monarca.
—¡Ah... Kaelen... mi Lord...! —exclamó Vespera, perdiendo por completo la compostura de mujer refinada—. ¡Se siente... tan duro e increíble! ¡Tu Cortesana es tuya... totalmente tuya!
El ritmo en la sala se volvió constante, potente e implacable. Kaelen embestía con una cadencia coordinada, sujetando a la joven con firmeza mientras el sillón de piel crujía suavemente bajo el impacto de sus cuerpos. A cada estocada profunda, Vespera respondía arqueando la espalda, dejando escapar gemidos cargados de éxtasis y susurrando palabras de adoración hacia el hombre que había transformado su existencia.
La dualidad de sus memorias le permitía disfrutar del acto con una intensidad salvaje: en su mente de veintiún años sabía que estaba entregándose a su hermano en el centro de la sala familiar, pero la devoción absoluta de su alma como la Cortesana Imperial de Exodus convertía esa barrera en un incentivo erótico que destruía cualquier tipo de culpa.
—¡Voy a deshacerme, mi Rey! —gritó Vespera con la voz rota por la excitación, sintiendo las oleadas del clímax aproximarse a una velocidad vertiginosa—. ¡Lléname con tu poder... hazme tuya para siempre!
Kaelen aceleró el ritmo en los momentos finales, sujetando las caderas de la joven con marcas visibles y empujando hasta el límite de su capacidad. Un par de estocadas definitivas bastaron para desencadenar una sacudida violenta en el cuerpo de Vespera, quien se contrajo en un orgasmo prolongado y devastador. Kaelen se dejó llevar un segundo después, liberando toda su energía en el interior del contenedor de su Cortesana, sellando el pacto de lealtad biológica con su cuarta súbdita.
Ambos permanecieron en silencio durante unos minutos, escuchando únicamente el sonido de la televisión y sus propias respiraciones agitadas. Vespera se dejó caer sobre el respaldo del mueble con una sonrisa de absoluta felicidad y satisfacción dibujada en el rostro.
Kaelen se retiró despacio y se acomodó la ropa con la misma serenidad e impecabilidad de siempre. Vespera se incorporó con torpeza, pero en sus ojos solo había una devoción ciega. Se acercó a Kaelen, le dio un beso tierno en la mejilla y comenzó a recoger sus cosas del suelo.
—Servicio concluido con éxito rotundo, mi Soberano —dijo Vespera, ajustándose la lencería con una actitud radiante—. Ahora iré a mi habitación a arreglarme. Me aseguraré de mantener a las amistades de la familia bajo nuestro control y de informar a Ariadna y Dania que tu Cortesana ya está oficialmente a tu servicio.
—Excelente trabajo, Vespera —respondió Kaelen, dándole una suave palmadita en la cadera—. Mantén la fachada exterior. Lento pero seguro.
—Como lo ordene mi Rey —concluyó la joven de veintiún años, haciéndole una reverencia perfecta antes de subir las escaleras con paso firme y elegante.
Kaelen se quedó a solas en la sala de estar. Tomó el control remoto, apagó la televisión y dio un último trago a su refresco. Con Lysa, Ariadna, Dania y Vespera despiertas y bajo su mando absoluto, cuatro de los pilares más importantes de la casa ya formaban parte de su nuevo imperio. Solo quedaba una pieza pendiente en ese hogar: Elenora, la madre y Gran Duquesa de Exodus. El tablero estaba listo, y el triunfo definitivo del Soberano era una certeza matemática inevitable.
0 comments
No comments yet
The story has no discussion yet. Leave a note here when a branch gives you something to say.
No chapter comments yet
No one has commented on this branch yet. Add the first note above.