Your Fantasy
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Your Fantasy
Nota del autor: Todos los personajes son mayores de edad. Ya saben, historia, ayuda, IA, español, bla bla bla :)
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Author's note: All characters are of legal age. You know, history, help of AI, Spanish, blah blah blah :)
One Shot?
El silencio en el tercer piso de la biblioteca de ingeniería era casi absoluto a las diez de la noche. Entre los pasillos de estanterías metálicas y el olor a papel viejo, Marcus tecleaba en su portátil con una concentración fija. A sus 19 años, era un estudiante de física promedio; de complexión normal, cabello castaño algo revuelto y unos lentes de armazón delgado que enmarcaban una mirada tranquila. Marcus no destacaba, no generaba ruidos y prefería mantenerse en el fondo de cualquier salón de clases, pasando desapercibido para el resto del campus.
En la mesa contigua, separada por un panel de madera, se encontraba el polo opuesto de su existencia.
Elena Vane, de 20 años, era la figura central de la facultad de ciencias de la salud. Con una estatura imponente, una melena rubia que caía en ondas perfectas sobre sus hombros y unos ojos grises que siempre miraban con desdén, Elena dominaba el entorno social de la universidad. Esa noche vestía unos leggings deportivos sumamente ajustados que delineaban sus piernas firmes y un top negro que dejaba al descubierto su abdomen plano. Se preparaba para un examen final de biofísica, resoplando con frustración mientras pasaba las hojas de un enorme libro de texto.
Marcus desvió la mirada de su computadora por un segundo y observó la pantalla de su teléfono móvil, que descansaba junto al teclado. En ella corría una aplicación que él mismo había terminado de compilar esa tarde: Your Fantasy. La interfaz era limpia, de un tono carmesí oscuro, con un cuadro de texto vacío y un único botón digital que rezaba: "Activar Cambio".
Con un impulso de frustración acumulada tras meses de soportar la actitud soberbia de Elena en el aula, Marcus comenzó a escribir en el dispositivo:
«Elena Vane se siente abrumada por una atracción física incontrolable hacia Marcus, perdiendo todo rastro de orgullo y buscando cualquier pretexto para estar a solas con él».
Marcus contempló el texto. Su intención inicial era simplemente probar el funcionamiento del código, convenciéndose de que no era más que un juego de rol interno. Sin embargo, antes de que pudiera borrar las líneas, Elena se levantó bruscamente de su silla. El ruido de la madera contra el suelo resonó en la sala vacía.
—¿Se te perdió algo? —preguntó Elena, cruzándose de brazos y clavando sus ojos grises en él con fastidio—. Llevas veinte minutos mirándome de reojo. ¿Crees que no me doy cuenta?
Marcus se tensó, intentando bloquear la pantalla de su teléfono de inmediato. Los nervios le jugaron una mala pasada y el dispositivo resbaló de sus dedos, cayendo sobre la mesa de madera con la pantalla iluminada hacia arriba.
Elena dio un paso al frente, inclinándose sobre la mesa. Su busto quedó a escasos centímetros del rostro de Marcus, exhalando un aroma a perfume de rosas que nubló los sentidos del estudiante. Ella estiró la mano y tomó el teléfono antes de que él pudiera recuperarlo.
—¿Qué es esto? —inquirió ella, recorriendo el texto con la mirada—. ¿Your Fantasy? ¿Estás escribiendo fanfics raros sobre mí en una app de porquería? Qué patético eres, de verdad.
—Elena, devuélveme eso, no es lo que crees —dijo Marcus, poniéndose de pie con presteza para intentar arrebatarle el aparato.
Ella dio un paso atrás con agilidad, sosteniendo el teléfono en alto. Al intentar deslizar el pulgar para cerrar la aplicación y borrar el contenido, la yema de su dedo presionó directamente el gran botón central de la pantalla.
[Cambio Activado]
El teléfono vibró con fuerza, emitiendo un destello carmesí que se reflejó en las pupilas grises de Elena.
Al instante, la joven se quedó inmóvil. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y el aire se quedó atascado en su garganta. El desprecio absoluto que plasmaba su rostro se desvaneció, reemplazado por una expresión de desconcierto absoluto. Una intensa ola de calor comenzó a subirle por el pecho, haciendo que sus pezones se endurecieran visiblemente bajo la fina tela del top negro.
Elena soltó el teléfono sobre la mesa de Marcus. Se llevó una mano al cuello, respirando de manera entrecortada mientras miraba al estudiante de física como si lo viera por primera vez. Las facciones normales de Marcus, sus lentes delgados y su postura reservada ahora le parecían la cosa más atractiva y perturbadora del mundo.
—Marcus... —susurró ella, con la voz notablemente más grave y un hilo de sudor bajando por su sien—. Yo... lo siento. No debí hablarte así.
Marcus, asombrado por la inmediata efectividad de su creación, mantuvo la calma y dio un paso hacia ella, acortando la distancia.
—No pasa nada, Elena —respondió él, con una seguridad que nunca antes había tenido—. Solo estabas estresada por el examen de biofísica.
—Sí... el examen —articuló ella, cruzando las piernas de manera inconsciente debido a una súbita y abundante humedad que comenzaba a empapar su ropa interior—. Es que... realmente no entiendo la última unidad. ¿Crees que... podrías explicármela? Pero aquí hay demasiado ruido. Mi departamento está a solo tres calles y está completamente vacío.
Marcus esbozó una ligera sonrisa y guardó el teléfono en su bolsillo.
—Recoge tus cosas. Vamos a tu departamento.
El trayecto hacia el departamento de Elena se desarrolló bajo una atmósfera cargada de una tensión casi palpable. Elena conducía su auto con las manos firmes en el volante, pero sus ojos grises se desviaban constantemente hacia Marcus, quien viajaba en el asiento del copiloto con absoluta tranquilidad. Cada vez que sus miradas se cruzaban, el pulso de la joven se aceleraba, provocando espasmos de calor en su bajo vientre que la obligaban a morderse el labio inferior.
Al entrar al departamento, un espacio moderno e iluminado en una de las mejores zonas cercanas al campus, Elena cerró la puerta principal y dejó caer su mochila al suelo. El bulto en los pantalones de Marcus se había vuelto sumamente prominente debido a la proximidad física de la joven, estirando la tela de sus jeans con una firmeza que denotaba un tamaño descomunal, alterado por las directrices latentes de la aplicación.
Elena bajó la mirada y se quedó sin aliento al contemplar la tremenda silueta que se dibujaba en la entrepierna de Marcus. Su cuerpo reaccionó de manera puramente biológica; sintió un flujo vaginal espeso y caliente correr por la cara interna de sus muslos, empapando por completo sus leggings deportivos.
—Marcus... —gimió ella, apoyándose contra la pared del recibidor mientras unía las rodillas en un vano intento por contener el deseo—. Olvida la biofísica. Necesito que me quites esto... ahora mismo.
Marcus no necesitó más invitación. Se acercó a ella con paso firme, desabrochó el botón de sus jeans y los deslizó hacia abajo junto con su ropa interior. Frente a los ojos empañados de Elena se liberó un miembro imponente, completamente rígido y venoso, que latía con fuerza exhalando un denso aroma a masculinidad pura.
—Date la vuelta, Elena —ordenó Marcus con voz autoritaria.
La soberbia capitana de la facultad obedeció sin el menor rastro de duda, completamente doblegada ante el mandato. Se apoyó contra la pared del recibidor, dándole la espalda a Marcus y elevando sus glúteos redondos. Con movimientos rápidos, Marcus sujetó la pretina de sus leggings y los bajó de un solo tirón hasta sus rodillas, arrastrando consigo unas bragas de encaje negro que estaban completamente empapadas y translúcidas por el exceso de lubricación natural.
El coño de Elena quedó expuesto; sus labios vaginales estaban hinchados, enrojecidos y destilando jugos transparentes que brillaban bajo la luz del pasillo. Marcus se posicionó detrás de ella, apoyando la punta caliente y húmeda de su miembro directamente contra la entrada de su vagina.
Elena soltó un jadeo tembloroso, arqueando la espalda para buscar el contacto.
—Por favor... métela toda... joder...
Marcus empujó sus caderas hacia adelante con un movimiento seco y potente, penetrándola por completo de un solo golpe.
—¡AAAAHHHHHH! —gritó Elena, con los ojos abiertos de par en par mientras sus manos se aferraban a los bordes de la pared—. ¡Es demasiado grande!... ¡Me abres toda!... ¡Marcus!
La brutalidad del impacto y la profundidad de la penetración hicieron que el cuello uterino de Elena recibiera de lleno el grosor del miembro, desatando en ella un orgasmo instantáneo. Las paredes de su coño comenzaron a contraerse con una fuerza salvaje, aprisionando el pene de Marcus en un abrazo húmedo y asfixiante.
Sin darle tiempo a asimilar el clímax, Marcus comenzó a embestirla con un ritmo pesado y constante. El sonido húmedo del roce de sus cuerpos y el golpeteo de la pelvis de Marcus contra los glúteos de Elena inundaron el recibidor. Ella movía la cabeza de lado a lado, dejando que su cabello rubio se desordenara por completo mientras soltaba gemidos guturales e incoherentes.
—¡S-Sigue... no pares!... ¡Fóllame... destruye mi coño con esa polla!... ¡Soy tuya, Marcus!... ¡Hazme lo que quieras! —deliraba Elena, completamente ida por el éxtasis.
Marcus aceleró las embestidas, respondiendo al instinto que dominaba la situación. Cada golpe profundo levantaba a Elena del suelo por breves instantes, obligándola a recibir la totalidad de su longitud. El placer era tan abrumador que el cerebro de la joven solo podía procesar la sumisión absoluta hacia el chico que antes despreciaba.
—Vas a ser mi juguete de ahora en adelante, Elena —declaró Marcus, dándole una nalgada firme antes de hundirse nuevamente en su interior.
—¡Sí!... ¡Tu juguete de carne!... ¡Me vengo... me estoy viniendo otra vez!... ¡AAAAHHH!
El coño de Elena se contrajo en un segundo orgasmo masivo justo cuando Marcus alcanzaba su propio límite. Con un último empuje que la aplastó contra la pared, Marcus enterró su miembro hasta la base y descargó una densa y abundante ráfaga de semen caliente directamente en el fondo de su útero.
Elena sintió la calidez de la eyaculación expandiéndose por su interior, lo que prolongó sus espasmos de placer hasta que ambos quedaron jadeando en el pasillo, unidos por un hilo espeso de fluidos que comenzaba a escurrir por las piernas bronceadas de la joven.
La mañana siguiente al encuentro en el departamento de Elena trajo consigo una calma densa. El sol se filtraba entre las persianas de la recámara principal, iluminando las sábanas de hilo donde Elena descansaba con la cabeza apoyada directamente sobre el pecho desnudo de Marcus. Su mano izquierda trazaba líneas perezosas por el abdomen del estudiante, completamente fascinada por su cercanía. El fuerte aroma del sexo de la noche anterior aún flotaba en la habitación, pero a ella solo le importaba la intensa calidez que sentía al estar a su lado.
—Marcus... —susurró, con una suavidad que jamás habría usado con ningún otro hombre en el campus—. Siento que he sido una tonta todo este tiempo. No puedo creer que haya desperdiciado tantos meses ocultando lo que de verdad siento por ti.
Marcus sonrió ligeramente, acariciando su cabello rubio desordenado. El cambio en la psique de la joven era absoluto; su mente había reescrito todo su desprecio previo para transformarlo en una devoción ciega y profunda.
—No te preocupes por el pasado, Elena. Lo que importa es el ahora —respondió él con tranquilidad, saboreando el control absoluto que tenía sobre la situación.
A las pocas semanas, la transformación en la vida social de Marcus se hizo notar en toda la universidad. Elena ya no ocultaba su fijación. Lo esperaba al finalizar sus talleres, se sentaba a su lado en la cafetería y lo besaba apasionadamente frente a las miradas atónitas de los atletas y de sus compañeras de la facultad de salud. Para el resto del campus, que la mujer más cotizada de la universidad estuviera entregada en cuerpo y alma a un estudiante promedio de física era un misterio indescifrable, pero para ellos era la realidad absoluta.
Sin embargo, el círculo cercano de Elena no tardó en reaccionar. Una tarde, en el jardín central del campus, sus dos mejores amigas, Chloe y Vanessa, la abordaron mientras Marcus leía un libro de termodinámica a unos metros de distancia.
—Elena, de verdad, tienes que explicarnos qué te pasa —dijo Chloe, cruzándose de brazos y mirando a Marcus con desdén—. Ese chico es completamente invisible. No tiene estilo, no tiene dinero, ni siquiera habla con nadie. Estás arruinando tu imagen saliendo con él.
—Es verdad —añadió Vanessa—. El capitán del equipo de fútbol lleva semanas preguntando por ti. No entendemos cómo prefieres perder el tiempo con alguien tan común.
Elena se tensó de inmediato, con los ojos grises centelleando de indignación al escuchar cómo menospreciaban al hombre que ahora adoraba.
—Cállense las dos —replicó Elena con una frialdad cortante—. Marcus es mil veces más hombre que cualquiera de esos idiotas vacíos del equipo. Me trata como nadie más podría y lo amo. Si de verdad valoran nuestra amistad, van a tener que empezar a respetarlo.
Al notar la discusión desde su lugar, Marcus cerró su libro de texto de manera pausada. Sacó su teléfono del bolsillo y abrió la interfaz de Your Fantasy. Con dedos ágiles, redactó una nueva instrucción en el panel carmesí:
«Chloe y Vanessa dejarán de criticar mi relación con Elena. En su lugar, comenzarán a ver mi presencia como algo sumamente agradable, sintiéndose cómodas y dóciles a mi alrededor con el paso de los días».
Presionó el botón de "Activar Cambio" y el dispositivo vibró brevemente en su palma.
El efecto no tardó en manifestarse de manera sutil pero implacable. En los días siguientes, la hostilidad de las dos amigas se disolvió por completo. Ya no ponían excusas para retirarse cuando Marcus se unía a ellas; al contrario, Chloe comenzó a reírse con timidez de sus comentarios casuales y Vanessa se mostraba sumamente atenta, ofreciéndole espacio a su lado en los sofás de la sala de descanso de la facultad. La realidad de las tres chicas se había moldeado de tal forma que la presencia de Marcus se había convertido en el eje natural de su grupo.
A pesar del control que Marcus ejercía sobre el entorno estudiantil de Elena, el verdadero obstáculo se presentó cuando los padres de ella regresaron a la ciudad. Richard y Evelyn Vane eran inversionistas de renombre en el sector farmacéutico, personas sumamente estrictas que ya habían planificado el futuro de su única hija con el heredero de una prestigiosa firma de abogados.
La primera cena en la mansión familiar de los Vane fue un campo de batalla silencioso. Richard miraba a Marcus de arriba abajo, analizando su ropa sencilla y sus modales reservados con una desaprobación evidente.
—Elen... digo, Elena —corrigió Richard, aclarando su garganta con severidad—, esperábamos que trajeras a alguien que compartiera nuestras aspiraciones. Este joven parece no tener ninguna meta clara que se alinee con el prestigio de nuestra familia.
—Papá, Marcus es un genio en su área —defendió Elena de inmediato, apretando la mano de su novio por debajo de la mesa—. No me importa su dinero. Lo amo y no voy a permitir que lo traten como si no fuera suficiente.
—Suficiente, Elena —intervino Evelyn, con voz gélida—. Estás siendo sumamente inmadura. Este capricho te va a costar caro si decides continuar con él.
Marcus, manteniendo una calma imperturbable durante toda la velada, esperó a que la cena concluyera. Al retirarse al baño de visitas de la lujosa residencia, sacó el teléfono de su bolsillo y observó la pantalla de Your Fantasy. Tecleó con precisión quirúrgica, asegurándose de que cada palabra estructurara la nueva percepción de los suegros:
«Richard y Evelyn Vane verán a Marcus como el yerno ideal, un joven brillante con un potencial ilimitado. Sentirán un profundo respeto por sus opiniones y apoyarán incondicionalmente cualquier decisión financiera o personal que tome junto a su hija».
Presionó el botón digital y el característico destello carmesí iluminó brevemente el espejo del baño antes de apagarse.
Cuando Marcus regresó a la sala de estar, el cambio en el ambiente fue drástico y casi palpable. Richard, que momentos antes mantenía una postura rígida, lo invitó a sentarse a su lado para discutir sobre las tendencias de desarrollo tecnológico en la industria médica. Evelyn, por su parte, le sonreía con una calidez genuina, comentando lo afortunada que era su hija de haber encontrado a un joven tan centrado y maduro.
En menos de tres semanas, la aceptación fue tan profunda que los padres de Elena no solo integraron a Marcus en todas las reuniones importantes de la familia, sino que sugirieron de manera activa que la joven pareja necesitaba su propio espacio para vivir sin las distracciones del campus. Sin que Marcus tuviera que pedirlo, Richard costeó la adquisición de un departamento de lujo en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, encargándose de todos los gastos de mantenimiento y amueblado de alta gama.
Para Elena, aquello era la prueba definitiva de que su amor por Marcus estaba destinado a ser. Adoraba ver cómo su padre trataba al estudiante de física con el respeto que se le otorga a un socio de negocios, sin percatarse jamás de la invisible red digital que manipulaba cada uno de sus pensamientos y emociones.
El lunes por la mañana comenzó con una luz suave que inundaba la sala de estar del nuevo departamento de lujo. El lugar, ubicado en el piso quince de una torre residencial, contaba con acabados de mármol, un balcón con vista panorámica a la ciudad y un sistema de automatización que Marcus controlaba desde su propio portátil. Para Marcus, la transición de su pequeña y ruidosa habitación compartida en los dormitorios universitarios a este santuario de paz fue casi mística.
A las siete de la mañana, el sonido de la cafetera inteligente se mezclaba con el murmullo de la ducha. Elena salió del baño principal envuelta en una bata de seda color champán que apenas le cubría la mitad de los muslos. Su cabello rubio, aún húmedo, goteaba sobre sus hombros descubiertos. Al ver a Marcus sentado frente a la barra de la cocina, su rostro se iluminó al instante con una sonrisa radiante y sumisa.
—Buenos días, mi amor —dijo Elena, acercándose para rodearle el cuello con los brazos y depositar un beso tierno y prolongado en sus labios—. Te preparé el desayuno. Huele delicioso, ¿verdad?
—Huele perfecto, Elena. Gracias —respondió Marcus, acariciando con suavidad el muslo sedoso que se asomaba por la abertura de su bata.
Durante el martes y el miércoles, la rutina se consolidó de manera meticulosa. Elena, a pesar de sus exigentes materias en la facultad de ciencias de la salud, reorganizó por completo sus horarios de estudio para asegurarse de estar en el departamento cada vez que Marcus regresaba de sus clases de física. No le importaba perderse las sesiones de estudio grupal con sus compañeras ni las actividades del campus; su mente, reprogramada por la aplicación, asociaba la máxima felicidad y el alivio del estrés únicamente con la presencia y la satisfacción de Marcus.
El jueves por la tarde, Marcus aprovechó que Elena estaba concentrada memorizando anatomía en la sala para revisar el estado de Your Fantasy. Abrió la aplicación carmesí en su teléfono y observó la lista de comandos activos. Todo funcionaba a la perfección, pero Marcus sintió la curiosidad de llevar la docilidad de Elena un paso más allá en el ámbito privado, probando los límites de su obediencia absoluta en situaciones cotidianas.
Tecleó con parsimonia en la casilla de texto:
«Elena sentirá la necesidad constante de complacer físicamente a Marcus en cualquier momento del día, sin importar lo que esté haciendo, encontrando una excusa irresistible para someterse a sus deseos cada vez que él se lo insinúe».
Presionó "Activar Cambio". El teléfono vibró, emitiendo un pulso sordo que pareció sincronizarse con el aire del departamento.
En el sillón de la sala, Elena detuvo su lectura de golpe. Un escalofrío recorrió su columna vertebral y un calor húmedo comenzó a brotar de manera repentina en su entrepierna. Cerró el libro de texto con manos temblorosas, sintiendo cómo su respiración se volvía pesada mientras sus ojos grises buscaban desesperadamente la figura de Marcus en la barra de la cocina.
El viernes trajo consigo una tarde calurosa y pesada. Afuera, el asfalto de la ciudad irradiaba el calor del verano, pero dentro del departamento el aire acondicionado mantenía una temperatura fresca y agradable. Marcus se encontraba sentado en el amplio sofá de cuero negro, observando a Elena, quien se había arrodillado sobre la alfombra para organizar unos apuntes. Ella vestía únicamente una playera blanca y holgada de Marcus que le llegaba a la mitad del trasero, sin llevar nada debajo.
Marcus la contempló unos instantes, disfrutando de la silueta de sus piernas bronceadas y de la total entrega que emanaba de su postura.
—Elena —la llamó con voz pausada.
La joven levantó la mirada de inmediato. Sus ojos grises, vidriosos por una excitación que llevaba acumulándose todo el día, se clavaron en él.
—¿Sí, mi amor? ¿Necesitas algo? —preguntó, poniéndose de pie con presteza y caminando hacia el sofá.
Marcus no respondió con palabras. Se estiró hacia adelante, tomó la mano de Elena y la guió directamente hacia la entrepierna de sus pantalones. Al contacto con la mezclilla, la mano de Elena sintió la tremenda rigidez del miembro de Marcus, el cual ya se encontraba completamente erecto debido al calor de la tarde y a la expectación.
Elena soltó un jadeo ahogado, abriendo ligeramente los labios. Sus pezones, claramente visibles a través de la fina tela de la playera blanca, se tensaron como dos pequeñas piedras.
—Dios... está tan duro... —susurró ella, arrodillándose entre las piernas de Marcus mientras comenzaba a desabrocharle el cinturón con dedos febriles e impacientes.
Deslizó los jeans y la ropa interior de Marcus hacia abajo, liberando el imponente miembro de 22 centímetros que latía con fuerza, con las venas marcadas bajo la piel caliente. El penetrante aroma masculino del chico inundó los sentidos de Elena, provocando que su coño comenzara a destilar una lubricación abundante que empapó sus muslos de inmediato.
—Date la vuelta, Elena —ordenó Marcus con un tono de voz firme y dominante, apoyando sus manos sobre los hombros de la joven—. Ponte de rodillas en el suelo, apóyate en el borde del sofá y levanta el trasero para mí.
Elena obedeció al instante, soltando un gemido de sumisión. Se giró sobre sus rodillas en la alfombra, apoyó los antebrazos sobre los cojines de cuero del sofá y elevó sus caderas. Al hacerlo, la playera blanca se subió por completo hasta su espalda, dejando expuesto su trasero redondo y perfecto. Sus labios vaginales, completamente hinchados y de un color rosado intenso, estaban cubiertos por un espeso y brillante flujo natural que goteaba lentamente hacia la alfombra.
Marcus se posicionó detrás de ella en el suelo. Tomó su enorme pene con una mano, frotando la punta cargada de líquido preseminal contra el coño ya lubricado de Elena, extendiendo la humedad por toda su hendidura.
—Marcus... por favor... no me tortures más... mételo —suplicó Elena, moviendo las caderas hacia atrás de manera instintiva para buscar la penetración.
Marcus empujó con fuerza, hundiéndose de un solo golpe dentro de su estrecho canal.
—¡AAAAHHHHHHH! —gritó Elena, arqueando la espalda de manera violenta mientras sus dedos se enterraban en el cuero del sofá—. ¡Entró todo!... ¡Dios, está tan grande!... ¡Me llenas por completo, Marcus!
La penetración profunda estiró las paredes vaginales de Elena a su máxima capacidad, desatando una contracción espasmódica en su interior que la llevó a un orgasmo inmediato. Las paredes de su coño se aferraron con fuerza al miembro grueso de Marcus, bañándolo aún más en sus jugos calientes.
Sin darle tiempo a recuperarse, Marcus comenzó a embestirla con un ritmo lento pero sumamente pesado y profundo. Cada golpe de sus caderas contra los glúteos de Elena producía un eco húmedo que resonaba en la sala de estar. Elena gemía sin control, moviendo la cabeza de un lado a otro con los ojos entreabiertos, completamente perdida en el placer de ser poseída en su propia casa.
—¡S-Sigue así... más duro, mi amor!... ¡Rómpeme por dentro con esa polla!... ¡Soy tu juguete... hazme tuya! —deliraba Elena, con la saliva escurriendo por la comisura de sus labios debido a la intensidad del clímax.
Marcus aumentó la velocidad de las embestidas, sujetando a Elena firmemente por las caderas para evitar que se deslizara hacia adelante debido a la fuerza de los impactos. Con cada penetración, el glande golpeaba el fondo de su anatomía, provocando que la joven soltara chillidos agudos de puro éxtasis. El placer acumulado durante los días de tensa rutina se liberaba ahora de manera salvaje en la alfombra del departamento de lujo.
—Te vas a correr para mí de nuevo, Elena —declaró Marcus con voz ronca, sintiendo cómo el canal húmedo de la chica se volvía aún más estrecho.
—¡Sí!... ¡Me estoy viniendo... joder, Marcus... me vengo contigo!... ¡Dispara dentro de mí!
Las contracciones del segundo orgasmo de Elena apretaron el miembro de Marcus con una intensidad insoportable, empujándolo al límite. Marcus enterró su pene por completo hasta la base, sosteniendo el cuerpo tembloroso de Elena contra el sofá mientras descargaba una densa y caliente ráfaga de semen directamente en lo más profundo de su útero.
Elena gritó, sintiendo el chorro caliente inundando su interior, lo que prolongó sus espasmos musculares durante varios segundos. Ambos quedaron inmóviles, jadeando pesadamente bajo el aire acondicionado de la sala, unidos en un abrazo de carne y fluidos que sellaba de manera definitiva el control absoluto de Marcus sobre la capitana de la facultad.
Con el paso de las semanas, la posición de Marcus en la universidad se volvió inquebrantable. Ya no era el estudiante invisible que se ocultaba tras los libros de física; ahora caminaba por los pasillos con una seguridad imperturbable, siempre acompañado por Elena, quien lo tomaba del brazo con orgullo y devoción. La noticia de su noviazgo se había consolidado como un hecho indiscutible en todo el campus, silenciando cualquier rumor o burla. Su poder sobre la vida de la joven y la absoluta aprobación de sus suegros, Richard y Evelyn, le daban una estabilidad financiera y personal con la que nunca habría soñado.
Sin embargo, el efecto de Your Fantasy no se limitaba únicamente a Elena. La modificación que Marcus había introducido para apaciguar a Chloe y Vanessa estaba echando raíces mucho más profundas de lo previsto.
Un martes por la tarde, las tres chicas se encontraban en el amplio departamento de lujo de la pareja, supuestamente organizando un proyecto de la facultad. Marcus leía un artículo científico en la barra de la cocina, observándolas de reojo. Chloe, vestiendo una falda de tenis sumamente corta, y Vanessa, con un top escotado que dejaba ver sus hombros, apenas prestaban atención a sus computadoras. Sus miradas se desviaban constantemente hacia él.
—Marcus, ¿podrías ayudarnos con este gráfico de bioestadística? —pidió Chloe con una voz inusualmente suave, jugueteando con un mechón de su cabello castaño mientras lo miraba fijamente a los ojos.
—Claro —respondió él, acercándose a la mesa.
Al inclinarse sobre la pantalla, Chloe se movió sutilmente para que su hombro rozara el brazo de Marcus, soltando un suspiro apenas perceptible. Vanessa, por su parte, aprovechó la cercanía para rozar de manera "accidental" la pierna de Marcus con la suya por debajo de la mesa. La tensión en la habitación era casi eléctrica. El deseo que antes solo consumía a Elena comenzaba a manifestarse de forma evidente en sus dos mejores amigas, quienes ya no ocultaban la atracción que sentían por el novio de su protectora.
Marcus regresó a la barra de la cocina, tomó su teléfono y observó la pantalla carmesí. Sabiendo que tenía el control total y el respaldo económico ilimitado de los padres de Elena, decidió que era momento de cambiar de aires y llevar la situación a un escenario mucho más ambicioso.
—Estaba pensando... —comenzó Marcus, capturando la atención inmediata de las tres chicas—. Hemos estado bajo mucha presión con los exámenes. ¿Por qué no hacemos un viaje de lujo este fin de semana largo?
Elena levantó la mirada, con los ojos brillando de entusiasmo.
—¡Me parece una idea maravillosa, mi amor! ¿A dónde quieres ir? Papá puede conseguirnos reservaciones en cualquier lugar del mundo.
—Pensaba en Los Ángeles, concretamente en Beverly Hills —explicó Marcus con una sonrisa tranquila—. Podríamos rentar una villa exclusiva. Es un lugar donde es común ver a celebridades, actores e influencers caminando por la calle como si nada. Sería interesante pedir algún autógrafo... o tal vez conseguir algo más de ellas si se presenta la oportunidad.
La insinuación de Marcus, cargada de un doble sentido que la aplicación procesaba de forma irresistible en sus mentes, provocó que Vanessa se humedeciera los labios de inmediato.
—A mí me encanta la idea —dijo Vanessa en un susurro, mirando fijamente la entrepierna de Marcus—. Sería increíble ir los cuatro solos... compartir una villa grande y ver qué pasa.
—A mí también —secundó Chloe, con las mejillas ligeramente sonrojadas—. Sería un viaje inolvidable, Marcus.
La logística del viaje se resolvió con una facilidad asombrosa. Richard Vane, enterado de la propuesta por su hija, no solo aprobó la idea de inmediato, sino que insistió en cubrir todos los gastos de los vuelos en primera clase, la renta de una espectacular villa con piscina infinita en las colinas de Hollywood y una generosa línea de crédito para los gastos del grupo. Para el empresario, complacer a su brillante yerno era una prioridad absoluta.
El viernes por la tarde, el grupo aterrizó en el aeropuerto de Los Ángeles. Un chofer privado los trasladó directamente a la residencia. La villa era un monumento a la arquitectura moderna: paredes de cristal que ofrecían una vista inigualable de la ciudad, una terraza privada y habitaciones sumamente amplias con camas de alta gama.
Después de desempacar, el calor de la tarde californiana invitó a las chicas a usar la piscina. Marcus se sentó en uno de los camastros de la terraza, vistiendo únicamente un traje de baño oscuro. Desde ahí contempló la escena: Elena, Chloe y Vanessa salían del agua luciendo bikinis diminutos que dejaban muy poco a la imaginación.
Elena se acercó a Marcus y se sentó sobre su regazo, sin importarle que estuviera mojada. Sus glúteos redondos presionaron directamente contra la entrepierna de Marcus, sintiendo cómo el miembro de este comenzaba a despertar de inmediato bajo la tela del bañador.
—¿Te gusta la vista, mi amor? —preguntó Elena, rodeando su cuello con los brazos y dándole un beso húmedo en la mejilla.
—Me encanta —respondió Marcus, dirigiendo su mirada hacia Chloe y Vanessa, quienes se aproximaban lentamente, observando con fijeza el bulto que comenzaba a formarse de manera imponente en la entrepierna del estudiante.
La aplicación en el bolsillo de la bata de Marcus seguía expandiendo su influencia. Chloe y Vanessa ya no veían a Marcus solo como el novio de su amiga; lo veían como el macho alfa del grupo, el único hombre capaz de dominarlas por completo.
—Hace mucho calor aquí afuera —comentó Vanessa, pasando una mano de forma sugerente por su propio abdomen plano, dejando que las gotas de agua resbalaran por su busto—. ¿Por qué no entramos a la habitación principal a descansar un poco antes de salir a buscar a esos famosos a Rodeo Drive?
—Sí, entremos —secundó Chloe, con una mirada cargada de una lujuria que ya no podía contener—. Quiero que Marcus nos explique cómo planea conseguir esos "autógrafos" especiales de las celebridades.
Marcus se puso de pie, sosteniendo a Elena por la cintura mientras su enorme miembro erecto se marcaba con total claridad en su traje de baño. Las tres chicas lo siguieron al interior de la recámara principal, cerrando la puerta tras de sí, listas para someterse a cualquier juego que el dueño de Your Fantasy tuviera preparado para ellas en esa lujosa tarde de verano.
El aire acondicionado de la recámara principal de la villa soplaba con un murmullo constante, manteniendo el ambiente fresco frente al sofocante calor de Los Ángeles. Marcus se encontraba de pie junto al gran ventanal de cristal que daba hacia la piscina infinita, observando el horizonte de Beverly Hills. En su mano sostenía el teléfono, sintiendo el peso del dispositivo que había reescrito su realidad.
Chloe y Vanessa se habían sentado en el borde de la enorme cama king size, jugueteando con las sábanas de seda mientras lo miraban con ojos brillantes de expectación. Elena, con su bikini negro aún húmedo, se acercó a él con pasos lentos y seguros.
—Ustedes tres pueden salir a turistear si quieren, a pasear por Rodeo Drive o lo que gusten —dijo Marcus, sin apartar la vista del ventanal, intentando sonar casual pero con un tono que denotaba que sus prioridades eran distintas—. Yo vine aquí a otras cosas. Tengo algunos asuntos que resolver por mi cuenta en la ciudad.
Elena se detuvo justo a su lado. Una sonrisa enigmática, mezcla de ternura y devoción absoluta, se dibujó en sus labios. Se cruzó de brazos, ladeando la cabeza mientras fijaba sus ojos grises directamente en las pupilas de Marcus.
—¿Vienes a buscar más mujeres, mi amor? —preguntó ella, con una voz suave, casi arrulladora—. ¿Pero mujeres famosas? ¿Por esa aplicación tan rara de tu teléfono? ¿Así como nos hiciste a nosotras... y a mi familia?
Las palabras cayeron en la habitación como un balde de agua helada. Marcus sintió que el corazón se le detenía por un milisegundo. La respiración se le atoró en la garganta y un frío repentino le recorrió la espalda de arriba abajo. Sus dedos se tensaron alrededor del celular, bloqueando la pantalla de inmediato en un acto reflejo de pánico puro. Miró a Elena con los ojos muy abiertos, intentando formular una excusa, sintiendo que el suelo bajo sus pies se desmoronaba. Si ella lo sabía todo, la ilusión de su nueva vida estaba a punto de colapsar.
—Elena... yo... no sé de qué estás hablando —comenzó a balbucear Marcus, dando un medio paso hacia atrás, sintiendo cómo el sudor frío comenzaba a brotar en su frente—. Eso de la aplicación es solo...
Antes de que pudiera continuar con su defensa, Elena soltó una pequeña y melodiosa carcajada. Se acercó más a él, apoyando una mano cálida sobre su pecho, justo donde su corazón latía de forma desbocada.
—Tranquilo, mi amor —dijo ella, acariciando su rostro con una dulzura infinita—. Está bien. De hecho, es mucho mejor así. Más mujeres para ti, y si son famosas, muchísimo mejor.
Marcus se quedó mudo, parpadeando con incredulidad. Chloe y Vanessa, desde la cama, sonreían con total complicidad, sin mostrar el más mínimo rastro de enojo o desconcierto. Al contrario, parecían sumamente complacidas con las palabras de Elena.
—¿Te preguntarás cómo es que sé de esa cosa que nos cambió? —continuó Elena, deslizando sus dedos por el brazo de Marcus hasta tomar su mano—. Fue hace unas semanas, en el departamento. Dejaste tu celular desbloqueado sobre la barra de la cocina mientras te estabas bañando. Tenía curiosidad y leí todo lo que decía en esa pantalla roja. Al principio me dio gracia y ternura. Pensé que era una especie de juego tuyo, una bitácora o un proyecto de fantasía. Pero cuando vi cómo cambiaban las cosas a mi alrededor, lo entendí todo.
Elena entrelazó sus dedos con los de él, mirándolo con una adoración que rozaba el fanatismo.
—Por eso, ese mismo día, decidí jugar un poco también. Escribí en la aplicación que nosotras tres te ayudaríamos de manera activa a conseguir a todas las mujeres que quisieras, facilitándote el camino para construir ese "Proyecto Harem" que tenías en mente desde que tenías 18 años. ¿Cómo sé lo de ese proyecto? Bueno, porque también leí tus notas viejas en la laptop. Mi amor... vamos a hacer absolutamente todo por ti. Lo que nos hiciste con esa aplicación es lo mejor que nos ha pasado en la vida. Nos abriste los ojos a lo que de verdad queremos.
El pánico inicial de Marcus se disolvió por completo, reemplazado por una oleada de alivio y un subidón de adrenalina que le hizo sonreír con autosuficiencia. La aplicación Your Fantasy había asimilado el comando que Elena había introducido de manera tan perfecta que el sistema de apoyo del harén ahora era un engranaje automatizado dentro de la mente de las tres chicas. Ellas no se sentían manipuladas; sentían que cooperar con el crecimiento de su imperio personal era su propósito más sagrado.
Chloe se levantó de la cama y caminó hacia ellos, balanceando sus caderas con gracia. Se colocó al otro lado de Marcus, recargando su cabeza en su hombro.
—Así es, Marcus —dijo Chloe, mirando la pantalla del teléfono que él aún sostenía—. Ya estuvimos investigando en internet. Hay una cafetería muy exclusiva en West Hollywood donde varias actrices de series juveniles y cantantes pop suelen ir a desayunar por las mañanas para evitar a los paparazzi de Rodeo Drive. Mañana mismo podemos ir contigo. Nosotras nos encargaremos de llamar su atención, de entablar conversación con ellas y de preparar el terreno para que tú solo tengas que usar la aplicación y hacer lo tuyo.
—Y no solo eso —añadió Vanessa, levantándose también para unirse al grupo—. El dinero de los padres de Elena está a nuestra entera disposición. Si necesitas rentar un yate para una fiesta privada aquí en la costa de Malibú, o si necesitas pases VIP para los clubes más selectos de la ciudad donde se reúnen las modelos de Instagram, nosotras lo organizaremos. Todo lo que tú quieras, mi amor. Queremos verte rodeado de las mujeres más hermosas del mundo y saber que nosotras te ayudamos a tenerlas.
Marcus contempló a las tres hermosas mujeres que lo rodeaban, completamente entregadas a sus deseos más profundos y dispuestas a facilitarle la conquista de cualquier objetivo en la meca del entretenimiento. Sacó su teléfono, desbloqueó la pantalla carmesí de Your Fantasy y observó el historial de modificaciones.
El comando que Elena había escrito brillaba con el mismo tono carmesí: «Elena, Chloe y Vanessa asistirán activamente a Marcus en la búsqueda y seducción de nuevas mujeres para su harem personal, utilizando todos sus recursos y encantos para facilitarle el proceso».
—Bien —dijo Marcus, guardando el teléfono en su bolsillo con una sonrisa decidida—. Mañana por la mañana empezamos. Pero hoy... tenemos que celebrar que estamos todos en la misma sintonía.
Elena, Chloe y Vanessa sonrieron al unísono, despojándose de las pocas prendas que llevaban encima y rodeando al estudiante de física, listas para demostrarle una vez más su devoción incondicional antes de iniciar la cacería de las celebridades de Los Ángeles.
El calor de la tarde en las colinas de Beverly Hills parecía concentrarse por completo dentro de la espaciosa recámara de la villa. El gran ventanal reflejaba el tono rojizo del atardecer que comenzaba a teñir el cielo de Los Ángeles, pero dentro, la atmósfera estaba cargada de un deseo denso, unificado y sin barreras.
Elena fue la primera en dar un paso al frente. Con un movimiento lento y elegante, desató la parte posterior de su bikini negro, dejándolo caer sobre la alfombra. Sus pechos firmes y redondos, con los pezones ya rígidos por la expectación, quedaron al descubierto. Se acercó a Marcus y comenzó a desabrocharle el traje de baño, liberando el imponente miembro que ya latía con fuerza, completamente erecto y cubierto de venas pronunciadas que denotaban su descomunal tamaño.
—Míralo... —susurró Chloe, acercándose por el flanco izquierdo con la respiración ya agitada—. Es simplemente perfecto. No puedo creer que antes fuéramos tan ciegas.
Chloe se despojó rápidamente de su bikini de tenis, revelando una figura esbelta, de caderas estrechas y un vello púbico perfectamente recortado. Se arrodilló de inmediato frente a Marcus, sujetando la base de su miembro con ambas manos mientras comenzaba a lamer la punta húmeda, saboreando el líquido preseminal que brotaba lentamente. El contraste de su lengua cálida contra la piel sensible hizo que Marcus soltara un gemido ronco, enterrando los dedos en el cabello castaño de la chica para guiar su ritmo.
Al mismo tiempo, Vanessa se colocó detrás de Marcus. Deslizándose de forma felina, se desprendió de su top escotado y presionó sus pechos tersos directamente contra la espalda del estudiante, rodeándole el torso con sus brazos para acariciar su abdomen plano.
—Queremos demostrarte lo devotas que somos, Marcus —murmuró Vanessa al oído del joven, dándole pequeños besos en el lóbulo de la oreja mientras bajaba una de sus manos para acariciar los testículos tensos de Marcus—. Hoy somos completamente tuyas, las tres juntas.
Elena se recostó en el centro de la cama king size, abriendo las piernas de par en par. Su coño, de un tono rosado intenso, estaba completamente empapado; un flujo transparente y espeso brillaba bajo la luz del atardecer, escurriendo de manera generosa hacia las sábanas de seda.
—Marcus... ven aquí primero —suplicó Elena, mordiéndose el labio inferior mientras se acariciaba los senos—. Quiero sentir cómo me llenas antes de que ayude a mis amigas a tener lo mismo.
Marcus se apartó suavemente de la boca de Chloe y se subió a la cama. Se posicionó sobre Elena, sosteniendo sus muslos firmes y elevándolos sobre sus hombros para lograr una apertura total. Sin preámbulos, empujó sus caderas hacia adelante, hundiéndose por completo dentro de ella de un solo golpe.
—¡AAAAHHH! ¡Dios mío, sí! —gritó Elena, arqueando la espalda de manera violenta mientras sus manos se aferraban a las sábanas—. ¡Siento que me partes en dos... me encanta!
Marcus comenzó a embestirla con un ritmo salvaje y pesado, haciendo que la estructura de la cama crujiera con fuerza. Cada impacto producía un eco húmedo que inundaba la habitación. Mientras Marcus poseía a Elena, Chloe se subió a la cama por un costado, inclinándose sobre el rostro de su amiga para besarla profundamente, compartiendo el éxtasis del momento en una sincronía perfecta creada por la aplicación.
Vanessa, ansiosa por no quedarse atrás, se acomodó justo detrás de Marcus, acariciando sus glúteos mientras él se movía. Cuando Marcus sintió que el canal estrecho de Elena se contraía en un violento orgasmo, se retiró de golpe, dejando el miembro brillante y cubierto de fluidos a la vista de todas.
—Vanessa, ponte de rodillas —ordenó Marcus con voz autoritaria.
Vanessa obedeció de inmediato, colocándose en posición de cuatro en medio de la cama, elevando sus caderas con una mirada de absoluta sumisión. Marcus se acomodó detrás de ella y, sujetándola firmemente de la cintura, introdujo toda su longitud de un solo empuje en su coño estrecho y virgen al tacto de Marcus.
—¡Oh, joder... es enorme!... ¡Marcus! —gimió Vanessa, hundiendo la cabeza en el colchón mientras su cuerpo temblaba ante la profundidad de la penetración.
El ritmo no disminuyó. Marcus la embistió con fuerza, sintiendo el calor interno de Vanessa aprisionar cada centímetro de su miembro. Elena y Chloe se acomodaron a los lados, acariciando el cuerpo de Vanessa y dándole ánimos, disfrutando del espectáculo de ver a su amiga completamente dominada por el hombre que ahora regía sus vidas.
Tras varias embestidas potentes que llevaron a Vanessa al borde del colapso físico, Marcus se extrajo nuevamente. Su miembro latía con fuerza, exigiendo el clímax final. Chloe, que había estado observando con los ojos empañados de lujuria, se acostó boca arriba justo debajo de él, acomodándose de inmediato para recibirlo.
—Lléname, Marcus... por favor, dame todo lo que tienes —suplicó Chloe.
Marcus se hundió en ella sin vacilar, desatando un ritmo rápido y frenético. El placer acumulado de la tarde se liberó en los últimos y potentes golpes de cadera. Chloe gritaba sin control, con las piernas envueltas alrededor de la cintura de Marcus, entregándose por completo a la intensidad del orgasmo que comenzaba a apoderarse de ella.
—¡Me corro... me voy a correr dentro de ti, Chloe! —advirtió Marcus con la respiración entrecortada.
—¡Sí!... ¡Dispara dentro... lléname de tu semilla!
Con un último empuje que la aplastó contra el colchón, Marcus se tensó por completo, descargando una abundante y caliente ráfaga de semen en lo profundo del útero de Chloe. La joven soltó un grito ahogado, sintiendo la calidez de la eyaculación expandiéndose por su interior, prolongando sus espasmos de placer.
Se quedaron estáticos durante unos minutos, jadeando bajo la luz crepuscular que ahora inundaba la villa. Elena y Vanessa se acercaron para recostarse a los lados del grupo, acariciando la piel sudorosa de Marcus con una ternura infinita. La alianza estaba sellada. No solo eran sus amantes; ahora eran sus cómplices en el proyecto que cambiaría el destino de Beverly Hills a partir del día siguiente.
El murmullo del aire acondicionado y el suave vaivén de la respiración de las tres chicas en la cama king size eran los únicos sonidos en la lujosa recámara. Marcus descansaba boca arriba, con Elena y Vanessa abrazadas a sus costados, mientras Chloe se acomodaba perezosamente sobre su hombro, disfrutando del rastro de sudor y fluidos que aún entibiaba sus cuerpos.
De repente, el estridente tono de llamada del teléfono de Chloe rompió la atmósfera de paz. Ella soltó un resoplido de fastidio y estiró el brazo hacia la mesa de noche para alcanzar el dispositivo. En la pantalla se leía claramente el nombre de su madre, "Mamá".
—Qué fastidio... —susurró Chloe, deslizando el dedo por la pantalla para contestar y activando el altavoz sin el menor rastro de preocupación.
—¡¿Chloe?! ¡¿Dónde demonios estás?! —la voz de su madre, visiblemente alterada y con un tono de angustia contenida, inundó la habitación—. No has llegado a casa, no respondes los mensajes y tu auto no está. Las mamás de Elena y Vanessa están aquí conmigo en la sala, ¡las tres estamos sumamente preocupadas! ¿Dónde se metieron?
Chloe soltó una pequeña risa burlona, acomodándose mejor contra el pecho de Marcus, sintiendo la firmeza de sus músculos. La reprogramación mental que Elena había introducido en la app se activó con total naturalidad en su cerebro, eliminando cualquier pizca de respeto filial o filtro social.
—Ay, mamá, de verdad, dejen de fastidiar —respondió Chloe con total desparpajo—. Estamos en Los Ángeles, en una villa hermosa en Beverly Hills. Y para que no sigan molestando, les aviso que Elena, Vanessa y yo acabamos de disfrutar de una sesión de sexo increíble con nuestro amor, Marcus. Así que no estorben y déjennos descansar en paz.
La línea se quedó en un silencio sepulcral durante tres segundos, antes de que la voz de la madre de Chloe se elevara en un tono agudo y horrorizado, mientras de fondo se escuchaban los jadeos de indignación de Evelyn Vane y de la madre de Vanessa.
—¡¿Qué?! ¡¿De qué demonios estás hablando, Chloe?! ¡¿Cuál "amor"?! ¡¿Qué es esa locura de que están allá y que hicieron qué?! ¡Pásame a Elena y a Vanessa ahora mismo! ¡Estamos que nos morimos del susto! —gritaba la mujer a través del auricular.
Sin embargo, a Chloe no le importó en absoluto. Con un movimiento rápido del pulgar, colgó la llamada y arrojó el teléfono de vuelta al colchón, ignorando por completo la insistencia del aparato que comenzaba a vibrar de nuevo de inmediato.
Chloe giró el rostro hacia Marcus, mirándolo con esos ojos sumisos y cargados de una devoción febril. Apoyó la barbilla en su pecho y acarició su mejilla con suavidad.
—Mi amor... esas tres señoras van a ser un dolor de cabeza si siguen llamando y buscando explicaciones —dijo Chloe con una sonrisa maliciosa—. ¿Por qué no sacas tu aplicación de una vez? Usa esa app rara y convierte a mi madre, a la madre de Elena y a la madre de Vanessa en tus putas dóciles. Así dejarán de fastidiarnos la vida, vendrán a buscarnos y podrán disfrutar del sexo contigo tanto como nosotras. Estarían encantadas de servirte.
Elena y Vanessa, que escuchaban la propuesta recostadas a los lados, se incorporaron sobre sus codos. Lejos de molestarse por ver a sus propias madres involucradas, sus ojos brillaron con la misma locura dócil.
—Tiene toda la razón, Marcus —apoyó Elena, besando el hombro del chico—. Mi madre siempre ha sido demasiado estricta y controladora. Si la pones bajo tu control, no solo nos dejará en paz, sino que usará toda la influencia de mi familia para consentirte aún más.
—Sí, hazlo, mi amor —añadió Vanessa, acariciando la cadera de Marcus—. Queremos verlas a las tres de rodillas ante ti, sirviéndote en todo lo que les ordenes.
Marcus sonrió con suficiencia, sintiendo el poder absoluto fluir por sus venas. Se estiró hacia la mesa de noche y tomó su teléfono móvil, desbloqueando la pantalla carmesí de Your Fantasy. Con dedos pauses y firmes, abrió la casilla de edición y comenzó a escribir el nuevo comando:
«La madre de Chloe, Evelyn Vane (madre de Elena) y la madre de Vanessa se sentirán consumidas por un deseo carnal e incontrolable hacia Marcus. Perderán todo rastro de autoridad materna y decencia social, viendo a Marcus como su único dueño y amo absoluto. Viajarán de inmediato a Los Ángeles con la única meta de someterse físicamente a él y servir a su harem sin cuestionar».
Marcus contempló las palabras en la pantalla, saboreando el destino que acababa de trazar para las tres influyentes mujeres. Con un toque decidido, presionó el gran botón central.
[Cambio Activado]
El dispositivo vibró con fuerza en su mano, emitiendo un destello carmesí que iluminó los rostros complacidos de las tres chicas que lo rodeaban en la penumbra de la habitación, consolidando de manera irreversible el nuevo e ineludible orden familiar.
La mañana del sábado en Beverly Hills comenzó con un cielo despejado de un azul brillante y el murmullo relajante de la piscina infinita de la villa. Tras la intensa noche de celebración y la reorganización mental de sus madres —quienes en ese preciso momento, en sus distantes residencias, ya se encontraban preparando sus maletas con ropa sumamente provocativa, consumidas por un deseo febril e incontrolable de viajar a Los Ángeles para ponerse a las órdenes de su nuevo amo—, Marcus se encontraba sentado frente a la barra de mármol de la cocina. Vestía únicamente un pantalón de lino blanco y sostenía una taza de café expreso.
Elena, Chloe y Vanessa se unieron a él poco después, vistiendo batas de seda ligeras que dejaban al descubierto sus hombros y piernas. Sus rostros reflejaban una felicidad radiante y una energía desbordante. El ambiente de tensión familiar se había disuelto por completo; ahora, las tres jóvenes estaban totalmente enfocadas en el siguiente paso del "Proyecto Harem".
—Las tres señoras ya están completamente controladas y en camino —comentó Marcus con una sonrisa de suficiencia, dejando su taza sobre la barra—. Ahora que esa distracción está resuelta, es momento de concentrarnos en nuestro verdadero objetivo en Los Ángeles. Necesitamos nombres. Mujeres famosas, influyentes, hermosas, que estén actualmente en la ciudad y que podamos integrar a nuestro círculo usando la aplicación.
Elena se sentó en un banco alto al lado de Marcus, rodeándole el brazo con sus manos y apoyando la cabeza en su hombro.
—Estaba pensando exactamente en eso, mi amor —dijo Elena con los ojos brillantes de entusiasmo—. Si queremos empezar con fuerza en la industria de la música y el pop juvenil, necesitamos a Olivia Rodrigo. Sé por las redes sociales que está ensayando en un estudio privado de West Hollywood esta semana para su próxima gira. Sería perfecto tenerla; su voz, su fama y su belleza sumisa harían que tu influencia creciera de inmediato.
Chloe, que se encontraba preparando un plato de fruta detrás de la barra, intervino con una sonrisa coqueta, dejando caer una uva en la boca de Marcus antes de hablar.
—Si de actrices y modelaje se trata, tenemos que ir por lo más alto de la nueva generación —sugirió Chloe—. Jenna Ortega está en la ciudad para la promoción de su nueva película y se está hospedando en un hotel boutique sumamente exclusivo en las colinas. Su actitud seria y reservada sería un contraste delicioso cuando la pongas de rodillas ante ti, completamente dócil. Y para el lado del modelaje de pasarela y redes, propongo a Kendall Jenner. Ella frecuenta un gimnasio privado en West Hollywood por las mañanas. Imagina tener el control de una de las figuras más importantes de la moda.
Vanessa, que observaba la pantalla del portátil donde Marcus ya estaba abriendo un documento de texto para estructurar la lista, se acercó por detrás de él, acariciándole los hombros y dándole un suave beso en el cuello.
—Y no nos limitemos solo al entretenimiento convencional, mi amor —añadió Vanessa con una voz baja y sugerente—. Si quieres pura perversión y sumisión absoluta en el ámbito privado, podemos traer a alguien de la industria para adultos que sea sumamente popular y que viva aquí en el valle. Lana Rhoades o Angela White serían opciones increíbles para cumplir cualquiera de tus fantasías más salvajes cuando estemos en la villa. Ellas saben exactamente cómo complacer a un hombre, y bajo el efecto de Your Fantasy, sus habilidades estarían reservadas exclusivamente para ti.
Marcus escuchaba con atención, sintiendo un subidón de poder mientras tecleaba cada uno de los nombres en la pantalla de su computadora. El plan era perfecto: con la complicidad activa de sus tres hermosas novias, localizar a estas mujeres en los puntos exclusivos de la ciudad sería una tarea sumamente sencilla.
—Olivia Rodrigo, Jenna Ortega, Kendall Jenner y una adición de la industria para adultos —resumió Marcus, contemplando la lista con una sonrisa de absoluta confianza—. Es un excelente punto de partida. Preparen sus cosas, chicas. Hoy mismo saldremos a cazar a nuestra primera celebridad.
Marcus dejó los dedos suspendidos sobre el teclado de la computadora, contemplando los nombres que brillaban en la pantalla de edición. El plan de salir esa misma tarde a buscar a las celebridades en sus zonas exclusivas parecía perfecto sobre el papel, pero la atmósfera de euforia en la cocina se interrumpió por un instante de frío análisis.
Vanessa se cruzó de brazos, apoyando la espalda contra la barra de mármol. Sus ojos grises, aunque cargados de la misma devoción incondicional de siempre, mostraron un destello de genuina preocupación práctica.
—Espera, Marcus —dijo Vanessa de forma pausada, mirando fijamente la pantalla del portátil—. Tenemos que detenernos un momento y pensar esto con la cabeza fría. Sé que con Your Fantasy puedes reescribir la mente de cualquiera, pero la realidad que nos rodea no es una burbuja.
Elena y Chloe la miraron con extrañeza, pero Marcus le prestó total atención, indicándole con un gesto que continuara.
—Piénsenlo —explicó Vanessa, dando un paso al frente—. Una cosa es que nosotras tres hayamos caído bajo el efecto de la app porque ya te conocíamos de la universidad y compartíamos el mismo entorno. Otra cosa es que una estrella de la talla de Olivia Rodrigo o Jenna Ortega, que viven rodeadas de guardaespaldas, publicistas, representantes y paparazzis las veinticuatro horas del día, de pronto dejen sus carreras para estar con un estudiante de física extranjero que acaban de ver en la calle. Sería sumamente sospechoso para el mundo exterior.
Chloe frunció ligeramente el ceño, asimilando la lógica de su amiga.
—Tiene razón... —coincidió Chloe en voz baja—. Si Kendall Jenner cancela un desfile de modas o una campaña de millones de dólares solo para encerrarse en una villa de Beverly Hills contigo, su manager y sus abogados van a investigar hasta el último rastro de tu vida. Y si la policía o los medios de comunicación empiezan a husmear, podrían descubrir que hay algo muy extraño con tu teléfono. Nadie, absolutamente nadie fuera de nosotras, puede enterarse de la existencia de esa aplicación.
La advertencia flotó en el aire de la lujosa cocina. Marcus se reclinó en su asiento, cruzando los brazos mientras procesaba las palabras de las chicas. Tenían toda la razón: el poder de Your Fantasy era absoluto sobre los individuos, pero el sistema social y los filtros de seguridad que rodeaban a las personas más famosas del planeta requerían un enfoque mucho más sofisticado que simplemente presentarse ante ellas en una cafetería y activar un botón.
Elena se acercó a Marcus, sentándose sobre sus piernas y rodeándolo con sus brazos, buscando calmar la repentina tensión.
—No te preocupes, mi amor —susurró Elena, dándole un tierno beso en la mejilla—. Esto no significa que no podamos hacerlo. Solo significa que debemos ser más inteligentes que los demás. No podemos simplemente abordarlas como fans comunes en la calle. Necesitamos crear una fachada, una razón legítima para que ellas se acerquen a nosotros por su propia cuenta antes de que uses la pantalla carmesí.
Marcus sonrió, sintiendo cómo el reto solo hacía que el juego fuera mucho más interesante. Acarició la cadera de Elena, clavando su mirada en Chloe y Vanessa, quienes esperaban sus instrucciones.
—Tienen razón. No podemos ser descuidados —determinó Marcus con un tono de voz firme y seguro—. Si el mundo nos va a observar, les daremos una explicación perfectamente lógica de por qué estas mujeres quieren estar con nosotros. Usaremos el dinero y las conexiones de sus padres para crear una productora de medios o una marca de diseño exclusiva aquí en Los Ángeles. Cuando ellas vengan a buscar un contrato o una colaboración de negocios, la aplicación hará el resto de manera natural y sin levantar la menor sospecha.
Las tres chicas sonrieron con admiración ante la rápida respuesta de su amo, listas para empezar a estructurar la fachada perfecta que blindaría su creciente harem de cualquier mirada indiscreta.
El sol de la tarde comenzó a descender lentamente tras las colinas de Beverly Hills, proyectando largas sombras doradas sobre la terraza y la piscina infinita de la villa. Dentro de la residencia, la barra de mármol se había transformado en un improvisado centro de operaciones. Computadoras portátiles, tabletas con agendas de contactos de alta sociedad y notas sobre las principales agencias de representación de Los Ángeles rodeaban a Marcus, quien lideraba la sesión con una calma gélida.
Elena, Chloe y Vanessa se movían a su alrededor con una dócil eficiencia. Aunque vestían únicamente sus ligeras batas de seda, su enfoque era sumamente profesional, una muestra perfecta de cómo la aplicación había integrado la devoción hacia Marcus en sus capacidades cognitivas.
—Para que esto funcione sin levantar sospechas —comenzó Marcus, deslizando los dedos por el panel táctil de su computadora—, no podemos presentarnos como simples inversionistas. Necesitamos una entidad corporativa con el suficiente peso financiero como para que los managers de estas celebridades acepten nuestras llamadas de inmediato.
Elena se posicionó detrás de su silla, deslizando sus manos suaves por los hombros de Marcus para comenzar a darle un masaje relajante. Sus dedos presionaban con la fuerza exacta, buscando liberar cualquier tensión en el cuello de su amo.
—Mi padre tiene una firma de inversiones registrada aquí en California que utiliza para diversificar sus activos en el sector del entretenimiento —explicó Elena con voz melodiosa, inclinándose para depositar un tierno beso en la mejilla de Marcus—. Se llama Vane Capital. Hablé con él hace unos minutos y, bajo el efecto de tu comando, estuvo más que feliz de transferirte el control total de la filial. Podemos cambiarle el nombre hoy mismo a Aura Creative Group y presentarla como una productora de medios independientes y patrocinadora de proyectos artísticos de alto presupuesto.
—Es una idea brillante, Elena —apoyó Chloe, quien se encontraba sentada con las piernas cruzadas en uno de los bancos altos, analizando el perfil de las agencias de representación en su tableta—. Si nos presentamos como Aura Creative Group, podemos ofrecer financiamiento completo para proyectos independientes. Por ejemplo, sabemos que Olivia Rodrigo está interesada en producir un documental íntimo sobre su proceso de composición, fuera de las restricciones de su discográfica habitual. Si le ofrecemos un presupuesto millonario sin condiciones creativas, su equipo no dudará en agendar una reunión presencial con nosotros aquí en la villa.
Vanessa, que sostenía una copa de vino blanco, se acercó a Marcus y se sentó de lado en la barra, lo suficientemente cerca como para que el calor de su cuerpo y el aroma de su piel inundaran los sentidos del joven.
—Y para Jenna Ortega podemos usar un enfoque diferente —añadió Vanessa, pasando la yema de su dedo por el borde de la copa—. Ella es muy selectiva con las marcas que patrocina. Sin embargo, si asociamos nuestra productora con una causa benéfica importante o con un festival de cine independiente en el que ella sea la figura central, su publicista la empujará a reunirse con nosotros para afinar los detalles del contrato de imagen. Una vez que la tengamos en una sala de juntas privada, lejos de las cámaras y con el pretexto de firmar los papeles de exclusividad, tú solo tendrás que sacar el teléfono y activar el código para que se sume a nosotras.
Marcus sonrió con suficiencia, contemplando cómo sus tres dóciles aliadas tejían la red perfecta. La combinación de la riqueza ilimitada del imperio familiar de Elena y la astucia estratégica de las tres chicas reducía el riesgo de exposición a cero. El mundo exterior solo vería a un joven y brillante productor extranjero respaldado por una de las familias más influyentes del país, rodeado de sus hermosas asistentes y socios comerciales.
—Perfecto —concluyó Marcus, extendiendo su mano para acariciar suavemente el muslo expuesto de Vanessa por debajo de la bata de seda—. Registren el cambio de nombre de la firma y preparen los borradores de las propuestas para los representantes de Olivia y Jenna. Quiero que las primeras reuniones se programen para inicios de la próxima semana.
—Como ordenes, mi amor —respondieron las tres al unísono, mirándolo con una devoción inquebrantable que prometía hacer realidad cada uno de sus deseos.
Mientras Chloe y Vanessa se concentraban en redactar los correos corporativos utilizando la plantilla de la firma de Richard Vane, Elena se inclinó aún más sobre el oído de Marcus, rozando sus labios contra su oreja de forma sugerente.
—Por cierto, mi amor... —susurró Elena con una sonrisa traviesa—. Mi madre, la madre de Chloe y la madre de Vanessa acaban de confirmar que sus vuelos privados aterrizarán en Los Ángeles mañana por la mañana. Están desesperadas por llegar a la villa para conocer a su nuevo dueño y ponerse a tu entera disposición. Creo que tendremos que preparar la habitación de huéspedes para recibirlas como se merecen... de rodillas ante ti.
Marcus dio un sorbo lento a su café, sosteniendo la taza con una mano mientras con la otra hacía un gesto pausado a las tres chicas. El murmullo de los teclados cesó de inmediato. Elena, Chloe y Vanessa se detuvieron, clavando sus ojos dóciles en él, esperando la directriz del hombre que ahora controlaba cada uno de sus pensamientos.
—La paciencia es la clave de todo esto —sentenció Marcus, con un tono de voz firme y pausado—. No podemos apresurarnos. Si intentamos atraer a demasiadas personas del calibre de Olivia o Jenna al mismo tiempo, el más mínimo error en el papeleo o una contradicción en nuestras declaraciones públicas podría encender las alarmas de sus equipos legales. Vamos a ir de una en una, sin importar el tiempo que nos tome. Si somos pacientes, los resultados serán infinitamente mejores y más seguros para nosotros.
Elena asintió con fervor, acariciando la mano de Marcus con devoción.
—Tienes toda la razón, mi amor. Es mucho más inteligente ser meticulosos —coincidió ella, mirándolo con admiración.
—Por lo tanto —continuó Marcus, girando la pantalla de su portátil hacia ellas—, lo primero que debemos consolidar es la entidad. Si voy a presentarme ante los representantes de estas mujeres como el director y dueño absoluto de Aura Creative Group, no puedo limitarme a tener el control financiero en las sombras. Tengo que conocer esta corporación de pies a cabeza. Si en una reunión me preguntan sobre nuestra estructura, nuestro portafolio de inversiones o nuestro historial de transacciones bajo la antigua firma de tu padre, debo responder con la seguridad de un empresario experimentado. No puedo titubear ni dejar dudas.
Vanessa se deslizó por la barra de mármol, acomodándose las gafas de lectura que utilizaba para revisar los documentos financieros, adoptando una postura sumamente atenta.
—Es un punto excelente, Marcus —dijo Vanessa, señalando un archivo PDF en la pantalla—. Antes de ser Aura Creative Group, la filial de Vane Capital operaba principalmente como una entidad de cartera de tipo Holding. Esto significa que no producía contenidos directamente, sino que poseía acciones y derechos de distribución en varios estudios independientes de cine y sellos discográficos medianos aquí en California. Eso nos da una ventaja enorme.
—Explícate —pidió Marcus, cruzándose de brazos y prestando total atención.
—Al ser una Holding de inversión —intervino Elena, señalando los registros contables—, podemos justificar de manera perfectamente legal que tenemos activos por más de cincuenta millones de dólares listos para ser inyectados en nuevos proyectos. La transición a Aura Creative Group se registrará como una reestructuración operativa. Ante los ojos del fisco y de los analistas de la industria, el cambio de nombre simplemente significa que ahora, además de financiar, vamos a involucrarnos en la producción ejecutiva directa de contenidos exclusivos. Tu nombramiento como Director Ejecutivo (CEO) ya está firmado por mi padre con fecha de esta semana, argumentando que eres un joven prodigio de las finanzas internacionales que él mismo reclutó para modernizar la firma.
Chloe sonrió, fascinada por la solidez de la fachada que estaban construyendo para su amo.
—Es perfecto —añadió Chloe—. Si algún representante de relaciones públicas investiga tu historial, verá que estás respaldado directamente por el consorcio multimillonario de Richard Vane. Nadie dudará de tu legitimidad. Para el lunes por la mañana, los registros públicos del estado de California reflejarán que Aura Creative Group tiene su sede oficial en un piso corporativo en Century City, aunque operemos de forma privada desde esta villa en Beverly Hills.
Marcus contempló los diagramas corporativos, memorizando los nombres de las subsidiarias y los montos de capital que ahora estaban bajo su firma. La sensación de control era embriagadora. No solo tenía a su disposición los cuerpos y las mentes de las tres mujeres más atractivas de su facultad, sino que ahora poseía un escudo corporativo multimillonario que le permitiría cazar a las celebridades más codiciadas del mundo desde una posición de poder absoluto.
—Bien —dijo Marcus, cerrando la laptop con un golpe seco que resonó en la cocina—. Dedicaremos todo el fin de semana a estudiar estos registros y a consolidar la transferencia de la firma. Para cuando la primera celebridad ponga un pie en nuestra oficina de Century City, yo sabré exactamente cómo opera cada centímetro de mi imperio. Preparen los documentos finales. El lunes por la mañana, Aura Creative Group nacerá oficialmente ante el mundo.
El domingo por la mañana comenzó con una neblina densa que cubría las colinas de Hollywood, pero a medida que el sol ganaba altura, el cielo de Los Ángeles se abrió en un azul impecable. Marcus se encontraba en la terraza de la villa, vestido formalmente con una camisa de lino azul marino y unos pantalones oscuros a la medida. Frente a él, sobre una mesa de cristal, descansaba un grueso dossier impreso con la estructura financiera de Aura Creative Group. Había pasado la noche entera memorizando las cifras, los activos de la holding y las regulaciones corporativas del estado de California. Se sentía preparado para cualquier auditoría o cuestionamiento de la industria.
—Mi amor, ya están aquí —anunció Elena, saliendo a la terraza con una gran sonrisa.
Detrás de ella, Chloe y Vanessa caminaban con pasos ligeros. Pero lo que realmente capturó la atención de Marcus fue el grupo de tres mujeres de mediana edad que las seguían de cerca, cargando maletas de diseñador y vistiendo atuendos sumamente sugerentes y ajustados que no correspondían a su edad habitual, sino a la nueva y febril programación mental que dictaba su dócil realidad.
Evelyn Vane, la imponente y estricta madre de Elena, vestía un vestido de seda rojo con un escote pronunciado que dejaba al descubierto su maduro pero bien conservado busto. A su lado, la madre de Chloe, una mujer de cabello castaño corto, llevaba unos pantalones de cuero ajustados, y la madre de Vanessa vestía una blusa translúcida de encaje negro.
Al ver a Marcus, el aire de altivez y el pánico de días anteriores desaparecieron por completo de sus rostros. Las tres mujeres dejaron caer sus maletas sobre el suelo de la terraza de forma unísona. Sus pupilas, ligeramente dilatadas con ese brillo dócil y carmesí característico de la aplicación, se clavaron en el joven estudiante de física.
Evelyn dio un paso al frente, juntando las manos frente a su regazo en una postura de absoluta sumisión que contrastaba drásticamente con la frialdad con la que lo había tratado en su mansión semanas atrás.
—Marcus... mi señor —dijo Evelyn, con una voz temblorosa pero cargada de una devoción total—. Sentimos mucho haber sido un fastidio antes. No sabíamos... no entendíamos lo glorioso que es estar a tus órdenes. Por favor, haznos tuyas. Estamos aquí para servirte en lo que desees, tanto en tus negocios como en tu cama.
La madre de Chloe y la madre de Vanessa asintieron con sumisión, arrodillándose directamente sobre el suelo de loseta de la terraza, listas para besar los pies de su nuevo amo.
Marcus las contempló con una sonrisa cargada de suficiencia, disfrutando del absoluto quebrantamiento de la autoridad de las tres mujeres más influyentes de su entorno universitario. Hizo un ligero gesto con la mano, indicándoles que se pusieran de pie.
—Me alegra ver que han recapacitado y que comprenden su lugar —declaró Marcus con un tono de voz firme e imperturbable—. Evelyn, tú y las demás llevarán sus cosas a la habitación de huéspedes del piso inferior. De ahora en adelante, se encargarán de mantener esta villa impecable, de preparar nuestros alimentos y de estar listas para cualquier instrucción que yo, o sus hijas, tengamos para ustedes en el ámbito privado. No quiero distracciones. Mañana inicia la fase corporativa de Aura Creative Group.
—Como ordenes, mi señor —respondieron las tres madres al unísono, recogiendo sus maletas de inmediato con una prisa febril por complacerlo, bajando al piso inferior bajo la atenta y divertida mirada de sus propias hijas.
Elena se acercó a Marcus, abrazándolo por la cintura mientras observaba a su madre retirarse como una sirvienta dócil.
—Es simplemente perfecto, mi amor —susurró Elena, frotándose contra su costado—. Ahora que la casa está en orden y que tienes el control absoluto de todo, podemos concentrarnos en la primera cita de negocios.
—Así es —coincidió Marcus, sacando su teléfono para verificar la interfaz carmesí de Your Fantasy—. Mañana es lunes. Century City nos espera, y es hora de hacer que el nombre de Aura Creative Group resuene en los oídos de Olivia Rodrigo.
El lunes por la mañana, el distrito financiero de Century City hervía con el pulso habitual de ejecutivos, abogados y agentes de talentos que se desplazaban entre los imponentes rascacielos de cristal. En el piso veinticuatro de una de las torres más prestigiosas del bulevar de las Estrellas, el letrero metálico en la entrada de la oficina principal lucía un diseño impecable en tonos plateados: AURA CREATIVE GROUP.
Marcus se contempló en el espejo del vestíbulo de la oficina corporativa. Vestía un traje de tres piezas hecho a la medida en color gris carbón, una camisa blanca de seda y una corbata delgada que acentuaba su porte. Detrás de él, Elena, Chloe y Vanessa daban los últimos retoques a la sala de juntas principal. Vestidas con trajes ejecutivos sumamente elegantes pero ceñidos, que delineaban sus figuras con sofisticación, proyectaban la viva imagen de un equipo de trabajo de élite.
—Todo está listo, mi amor —dijo Elena, acercándose con una tableta corporativa en la mano—. El registro de la marca ante el estado de California ha quedado completamente validado. Los fondos de la Holding de mi padre por cincuenta millones de dólares están activos en la cuenta corporativa de Aura. Si algún analista financiero o representante legal intenta rastrear el origen de la empresa, todo lo que encontrará es un historial financiero intachable respaldado por el consorcio Vane.
—Excelente —respondió Marcus, acomodándose los puños de la camisa—. Vanessa, ¿cómo va el informe de mercado de las subsidiarias de distribución de música que absorbimos?
Vanessa se acomodó las gafas de lectura y avanzó con paso firme por la alfombra de la oficina.
—Perfecto. Dominamos los datos de distribución del último trimestre. Si nos preguntan por qué queremos financiar el nuevo proyecto de Olivia Rodrigo, responderemos que nuestra subsidiaria busca expandir su catálogo de contenido exclusivo para plataformas de streaming en formato de alta fidelidad. Es una justificación técnica impecable que cualquier manager de la industria devoraría sin dudar.
En ese momento, el teléfono de la recepción de la oficina, atendido de manera dócil por la madre de Chloe —quien vestía un traje formal que apenas disimulaba la devoción que ahora sentía por su joven yerno—, emitió un sutil pitido.
—Señor Marcus —anunció la madre de Chloe con un tono sumamente respetuoso y dócil a través del intercomunicador—, el representante de relaciones públicas de la señorita Olivia Rodrigo ha respondido a nuestra propuesta formal de financiamiento para su documental íntimo. Están sumamente interesados en los términos de control creativo que les ofrecimos y solicitan una videoconferencia preliminar para este miércoles por la tarde, antes de agendar una reunión presencial en nuestra sede.
Marcus esbozó una sonrisa de absoluta suficiencia. El anzuelo estaba puesto, la fachada corporativa era impenetrable y la paciencia estaba a punto de rendir sus primeros frutos en la meca del entretenimiento.
—Acepta la llamada para el miércoles —ordenó Marcus—. Chloe, prepara los análisis de proyección financiera. Elena, coordina con tu madre para que la villa de Beverly Hills esté en condiciones impecables si deciden visitarnos para la firma del acuerdo. Vamos a demostrarles cómo opera un verdadero imperio.
El miércoles por la tarde, la sala de juntas de Aura Creative Group en Century City estaba envuelta en una atmósfera de alta tecnología y formalidad ejecutiva. Las paredes de cristal templado mostraban la imponente vista del skyline de Los Ángeles, mientras que la enorme mesa de roble oscuro estaba impecablemente despejada, salvo por unas cuantas tabletas corporativas y el portátil de Marcus.
Elena, Chloe y Vanessa se encontraban sentadas a los flancos de Marcus, vistiendo sus trajes ejecutivos oscuros que combinaban a la perfección una seriedad impecable con un sutil magnetismo físico. En la enorme pantalla empotrada en la pared frontal, el logo carmesí y plateado de la empresa dio paso de inmediato a la señal de la videollamada de alta definición.
En pantalla apareció el rostro de Thomas Reed, el mánager principal de Olivia Rodrigo, un hombre de unos cuarenta años con expresión cansada y la mirada afilada típica de los negociadores experimentados de la industria musical. Detrás de él se vislumbraba una moderna oficina en el área de West Hollywood.
—Buenas tardes, señor Marcus —comenzó Thomas, acomodándose los auriculares—. Debo admitir que la propuesta de Aura Creative Group llamó bastante nuestra atención. En esta industria, cuando una firma ofrece cincuenta millones de dólares para el financiamiento de un documental íntimo sin exigir derechos de autoría sobre el catálogo previo del artista, solemos buscar la letra pequeña de inmediato. Sin embargo, el historial de su holding, respaldado por el consorcio Vane, parece impecable.
Marcus se reclinó ligeramente en su sillón ejecutivo, mostrando una calma y una seguridad que desarmaron la natural desconfianza del representante.
—Buenas tardes, señor Reed —respondió Marcus con una voz firme y pausada, usando el tono exacto de un empresario que sabe que tiene el control de la mesa—. En Aura no buscamos explotar el pasado de Olivia. Buscamos el futuro del formato de alta fidelidad. Creemos que el control creativo absoluto de un artista en un documental genera un impacto de mercado que multiplica el valor de las acciones de nuestras subsidiarias de distribución. Es una inversión de prestigio.
Thomas Reed guardó silencio por unos segundos, analizando los datos y la fría determinación del joven director ejecutivo. Al notar la presencia de Elena y Vanessa, quienes aportaron de manera concisa datos sobre la proyección de distribución del último trimestre, el mánager finalmente asintió, visiblemente convencido.
—Entiendo. Sus números tienen sentido, y la reputación de la familia Vane los precede —admitió Thomas—. A Olivia le entusiasma mucho la idea de realizar este documental sin las presiones habituales de su discográfica tradicional. De hecho, ella se encuentra ensayando en un estudio aquí en West Hollywood. Si a ustedes les parece bien, podríamos agendar una reunión presencial en su villa de Beverly Hills este viernes a mediodía para redactar las bases del contrato preliminar. Ella prefiere los ambientes privados para estos temas.
Marcus intercambió una mirada rápida y cómplice con Elena, quien esbozó una imperceptible pero triunfante sonrisa.
—El viernes a mediodía en nuestra villa de Beverly Hills es perfecto, Thomas —concluyó Marcus—. Mi equipo les enviará las coordenadas exactas de la residencia privada. Nos vemos entonces.
—Excelente. Que tengan una buena tarde —dijo el mánager antes de finalizar la transmisión.
La pantalla volvió a mostrar el logotipo de la empresa corporativa. Un silencio espeso pero cargado de una inmensa satisfacción se apoderó de la sala de juntas. Chloe soltó un suspiro de alivio y se levantó, rodeando la mesa para sentarse de inmediato sobre las piernas de Marcus, rodeando su cuello con los brazos y besando sus labios con una devoción desbordante.
—Lo hiciste increíble, mi amor —susurró Chloe, frotando su pecho contra el traje de Marcus—. El mánager cayó redondito. No tiene la menor idea de lo que les espera este viernes en la villa.
—Es perfecto —añadió Vanessa, quitándose las gafas de lectura y sonriendo con picardía—. Tendremos a Olivia Rodrigo directamente en nuestro terreno, en un entorno completamente privado, aislada de las cámaras y los paparazzi del campus exterior. La presa está en camino.
El jueves transcurrió en una actividad febril pero sumamente discreta dentro de la villa de Beverly Hills. El sol de la costa oeste bañaba la residencia, reflejándose en las aguas cristalinas de la piscina infinita. Sin embargo, en el interior, el ambiente estaba cargado de una anticipación casi eléctrica. El plan para el viernes a mediodía requería una precisión absoluta: ni un solo cabo suelto podía quedar a la vista del mánager de Olivia Rodrigo antes de que Marcus tuviera la oportunidad de actuar.
Evelyn Vane, junto a las madres de Chloe y Vanessa, se encargaron de que la villa luciera impecable, digna de albergar una de las firmas de contratos más exclusivas de la industria. Vestidas con uniformes de servicio sumamente ceñidos que delineaban sus maduras pero cuidadas siluetas, limpiaban los ventanales de cristal y preparaban bocadillos gourmet bajo la estricta y dócil supervisión de sus propias hijas.
Para las tres señoras, servir a Marcus en todas sus facetas se había convertido en su único y más sagrado propósito de vida.
—Asegúrate de que el champán esté a la temperatura exacta, Evelyn —ordenó Elena, observando a su madre con los brazos cruzados desde la barra de la cocina—. Marcus no tolera los descuidos.
—Por supuesto, hija... digo, señorita Elena —respondió Evelyn de inmediato, con las pupilas dilatadas por la devoción dócil y una reverente inclinación de cabeza—. Estará listo en cuanto nuestro señor baje a la sala.
En el piso superior, Marcus se encontraba en la recámara principal, observando la interfaz de Your Fantasy en su teléfono móvil. Con los ojos fijos en la pantalla carmesí, repasaba los comandos activos. Sabiendo que al día siguiente tendría frente a él a una de las estrellas pop más cotizadas del planeta, comenzó a redactar de manera quirúrgica la instrucción que sellaría el destino de Olivia:
«Olivia Rodrigo sentirá una atracción magnética e irresistible hacia Marcus desde el primer instante en que cruce el umbral de la villa. Su habitual timidez y las barreras profesionales con su mánager se desmoronarán, sintiendo una necesidad física y mental de someterse a la voluntad de Marcus, viendo a su productora 'Aura Creative Group' como el único hogar creativo y personal al que desea pertenecer de manera dócil y absoluta».
Marcus mantuvo el dedo suspendido sobre la pantalla, decidiendo guardar el borrador para activarlo en el momento exacto del encuentro presencial. La paciencia, tal como se había propuesto, estaba a punto de entregarle su recompensa más valiosa.
Vanessa entró en la habitación de manera silenciosa, despojándose de su chaqueta ejecutiva para quedar únicamente en un sostén de encaje negro y su falda de tubo ajustada. Se acercó a él por detrás, rodeándole la cintura con sus brazos y apoyando la mejilla en su espalda.
—¿Todo listo para mañana, mi amor? —susurró Vanessa, dejando un rastro de besos húmedos en su hombro—. Ya revisé los accesos de seguridad de la villa. El chofer privado de Thomas Reed dejará a Olivia y a su mánager directamente en la entrada principal. Estarán completamente solos con nosotros. No habrá asistentes extras ni guardaespaldas dentro de la casa.
Marcus guardó el teléfono en su bolsillo y se giró para tomar a Vanessa de la barbilla, levantando su rostro para clavar su mirada en sus ojos grises y dóciles.
—Está todo perfectamente calculado —respondió Marcus con una sonrisa de absoluta suficiencia—. Mañana por la tarde, la estrella de pop más grande de la generación no solo firmará con Aura, sino que se convertirá en la nueva y más valiosa joya de nuestro harem.
El viernes a mediodía, el calor de Los Ángeles se sentía denso y vibrante sobre el asfalto de las colinas. En la entrada de la villa de Beverly Hills, un discreto pero imponente todoterreno negro de vidrios polarizados se detuvo frente al portón de seguridad. Las puertas se abrieron, revelando la silueta de Thomas Reed y, justo detrás de él, a la mismísima Olivia Rodrigo.
Olivia vestía un atuendo sencillo pero sumamente estilizado: un vestido veraniego de color lila, gafas de sol oscuras y el cabello castaño cayéndole en ondas naturales sobre los hombros. A pesar de su enorme fama global, proyectaba una timidez natural y una mirada curiosa mientras contemplaba la arquitectura vanguardista de la villa.
Marcus esperaba en el vestíbulo principal junto a Elena, Chloe y Vanessa. Los tres vestían con una elegancia impecable que combinaba el prestigio corporativo con la frescura de la costa oeste. Detrás, en un segundo plano y con la cabeza gacha en señal de sumisión dócil, Evelyn y las otras dos madres permanecían atentas para recibir los abrigos y ofrecer las bebidas de cortesía.
—Bienvenidos a nuestra residencia —dijo Marcus con una voz profunda, extendiendo la mano con total seguridad hacia el mánager.
—Gracias, señor Marcus. Es una propiedad impresionante —respondió Thomas, estrechando su mano con firmeza antes de hacerse a un lado—. Ella es Olivia.
Olivia se retiró las gafas de sol, revelando sus grandes ojos oscuros. Al posar su mirada en Marcus, el estudiante de física deslizó discretamente la mano dentro del bolsillo de su pantalón, localizó el botón táctil de su teléfono y presionó la pantalla carmesí.
[Cambio Activado]
Un imperceptible escalofrío sacudió el cuerpo de la joven cantante. Olivia parpadeó un par de veces, sintiendo cómo una súbita e inexplicable calidez comenzaba a brotar desde el centro de su pecho, expandiéndose rápidamente por todo su cuerpo. Sus ojos se fijaron en las facciones de Marcus, y el aire pareció escapársele de los pulmones. La figura del joven CEO ya no le resultaba simplemente la de un inversionista adinerado; ante sus ojos, Marcus acababa de transformarse en una presencia magnética, imponente y absolutamente irresistible.
—Es... es un placer conocerlo, Marcus —susurró Olivia, sintiendo que sus mejillas se teñían de un suave rubor mientras le estrechaba la mano. Su piel ardió al contacto con la de él, y un deseo febril de no soltarlo jamás se instaló de golpe en su mente reprogramada.
—El placer es mío, Olivia —respondió Marcus, sosteniendo el saludo un segundo más de lo habitual, disfrutando de la sumisión inmediata que comenzaba a reflejarse en los ojos de la estrella pop—. Pasemos a la sala de estar. Mi equipo ha preparado los borradores del acuerdo para que podamos revisarlos con calma.
Thomas Reed avanzó junto a ellos, completamente ajeno a la silenciosa reconfiguración mental que acababa de ocurrir en su representada. El mánager se sentó en uno de los sofás de cuero, abriendo su tableta con profesionalismo, mientras Olivia se sentaba justo al lado de Marcus, buscando de manera casi inconsciente la cercanía física del chico.
Elena y Vanessa se colocaron de pie detrás del sofá de Marcus, observando la escena con sonrisas cómplices. El anzuelo había sido mordido de forma perfecta, y la estrella de pop más grande del momento ya estaba cayendo en la red del "Proyecto Harem".
En la sala de estar, la tensión profesional inicial comenzaba a disolverse bajo el sutil influjo que Olivia ya experimentaba. La joven cantante apenas podía apartar los ojos de Marcus, asintiendo de forma dócil a cada una de sus palabras, mientras Thomas Reed revisaba meticulosamente las cláusulas de distribución digital en su tableta.
Marcus, leyendo la situación con absoluta frialdad, decidió que era el momento de hacer una pausa táctica para asegurar todas sus piezas.
—Disculpen un momento, iré al baño —dijo Marcus, poniéndose de pie con una sonrisa sumamente hospitalaria. Miró a Elena, Chloe y Vanessa—. Chicas, por favor, ofrezcan algo de tomar a nuestros invitados. No se pongan tensos, Thomas, Olivia... están en su casa. Disfruten de la tarde.
—Por supuesto, mi amor —respondió Elena con una sonrisa perfecta, haciendo una señal a su madre, Evelyn, para que se acercara con la bandeja de bebidas y bocadillos.
Marcus caminó con paso firme por el pasillo y entró al lujoso baño de mármol del primer piso, cerrando la puerta con seguro. Se apoyó contra el lavabo y sacó su teléfono. La pantalla de Your Fantasy brillaba con su característico tono carmesí.
Sabía que Olivia ya estaba bajo su control; la mirada de adoración que ella le lanzaba lo confirmaba. Sin embargo, Thomas Reed era un hombre de negocios astuto. Si Olivia empezaba a mostrar un cambio de actitud demasiado drástico, repentino o sumiso de la noche a la mañana, el mánager encendería las alarmas de inmediato. Sospecharía de un secuestro mental, de una manipulación o de algo turbio, y arruinaría el plan antes de que la firma del contrato estuviera sellada.
Marcus necesitaba que Thomas también estuviera de su lado, pero de manera gradual. El cambio no podía ser abrupto; tenía que desarrollarse de forma natural a lo largo de las negociaciones del acuerdo para que el mánager justificara la creciente devoción de Olivia como una simple "química creativa" y una excelente relación comercial.
Con dedos ágiles, Marcus abrió la casilla de edición en la aplicación y redactó el nuevo comando para Thomas Reed:
«Thomas Reed desarrollará, en el transcurso de las próximas semanas y durante la firma del acuerdo con Aura Creative Group, una confianza ciega y absoluta hacia Marcus, viéndolo como un genio financiero y el socio ideal. Justificará cualquier cambio en el comportamiento de Olivia, su docilidad o su entrega hacia Marcus como una evolución natural de su confianza profesional y química artística, eliminando cualquier sospecha o deseo de interferir en sus vidas».
Marcus releyó el comando. Era perfecto. No reescribiría la mente de Thomas de golpe para no levantar sospechas en su entorno corporativo, sino que lo moldearía de manera progresiva, haciéndolo aceptar la nueva realidad de Olivia como algo completamente normal y beneficioso para su carrera.
Apoyó el pulgar en el botón central y presionó.
[Modificación Gradual Activada]
El teléfono vibró sutilmente, confirmando que la orden ya estaba en marcha y empezaría a surtir efecto de manera invisible en el cerebro del mánager a partir de ese mismo instante.
Marcus guardó el dispositivo en el bolsillo de su traje de diseñador, se acomodó la corbata frente al espejo con una sonrisa de absoluta satisfacción y abrió la puerta del baño. El destino de la estrella de pop y de todo su equipo ya estaba completamente sellado.
Marcus regresó a la sala de estar con paso firme y una expresión relajada, el vivo retrato de un anfitrión de la alta sociedad que dominaba por completo su entorno. Al entrar, notó de inmediato cómo la atmósfera había comenzado a cambiar.
Thomas Reed se encontraba recostado en el sofá de cuero, sosteniendo una copa de cristal con agua mineral gasificada que la madre de Chloe le había servido con una reverencia casi invisible. El mánager, que antes mantenía una postura rígida y escéptica, ahora lucía notablemente más relajado. Sus hombros habían bajado y la tensión en su rostro se había suavizado. El comando de modificación gradual de Your Fantasy ya estaba echando raíces en su mente, limando de manera invisible las asperezas de su natural desconfianza profesional.
A su lado, Olivia Rodrigo apenas disimulaba su agitación. Al ver entrar a Marcus, sus ojos oscuros se iluminaron y su postura se irguió de inmediato. El lila de su vestido veraniego contrastaba con el rubor de sus mejillas, que se encendieron aún más cuando Marcus tomó asiento justo frente a ella.
—Lamento la interrupción, Thomas, Olivia —dijo Marcus con un tono de voz cálido y amigable, sentándose con las piernas cruzadas—. ¿Las chicas los están atendiendo como se merecen?
—De maravilla, Marcus, de verdad —respondió Thomas, esbozando una sonrisa que carecía de la frialdad corporativa de hace unos minutos—. Estábamos revisando el borrador de la alianza que nos enviaron por correo. Debo decir que la estructura de distribución digital que propone Aura Creative Group es de una genialidad que pocas veces veo en directores tan jóvenes. Tienes una visión muy madura para los negocios.
Marcus asintió, aceptando el cumplido con una ligera inclinación de cabeza, mientras observaba cómo la mente de Thomas comenzaba a justificar de forma autónoma su repentina simpatía hacia él.
—Me gusta ir al grano, Thomas. La burocracia de los grandes sellos suele asfixiar la creatividad de artistas con tanto potencial como Olivia —explicó Marcus, dirigiendo una mirada profunda y magnética a la joven cantante—. En Aura, nuestro objetivo es que ella se sienta completamente libre y protegida. Que sepa que tiene un hogar donde sus deseos y su arte son la única prioridad.
Al escuchar esas palabras, Olivia sintió que el corazón le daba un vuelco en el pecho. Las palabras de Marcus no solo le sonaban profesionales; para ella, eran una declaración de devoción que resonaba en lo más profundo de su ser. Quería complacerlo. Quería que él aprobara cada una de sus canciones, cada uno de sus movimientos. La idea de pasar semanas encerrada en esa villa trabajando junto a él y sus hermosas asistentes ya no parecía una simple oportunidad de negocios, sino el único destino que realmente deseaba.
—Eso es... justo lo que he estado buscando, Marcus —intervino Olivia, con la voz suave y un tanto trémula por la emoción—. A veces me siento muy presionada por la industria. Saber que Aura me respalda de esta manera... me hace querer firmar ahora mismo.
Thomas soltó una pequeña carcajada, mirando a su representada con una mezcla de indulgencia y agrado. La sutil reconfiguración en su cerebro le hacía ver el evidente enamoramiento profesional de Olivia como una excelente señal de sinergia creativa.
—Bueno, tampoco hay que correr tanto, Liv —dijo Thomas de buen humor—. Pero entiendo tu entusiasmo. Marcus tiene un carisma innegable. Propongo que usemos este fin de semana para que los abogados de ambas partes afinen los detalles menores del contrato de distribución y la cláusula de exclusividad creativa. Si todo marcha sobre ruedas, el lunes por la mañana podríamos estar listos para la firma oficial aquí mismo en la villa.
—Me parece un plan perfecto, Thomas —coincidió Marcus, extendiendo el brazo para tomar una de las fresas que Evelyn había preparado en la bandeja—. Tómense el tiempo que necesiten. La paciencia siempre ofrece los mejores resultados.
Elena, que se mantenía de pie detrás del sofá de Marcus, deslizó una mano por su hombro con suavidad, compartiendo con él una mirada de absoluta complicidad. El plan avanzaba sin un solo tropiezo. Olivia Rodrigo estaba completamente hechizada, y su protector corporativo estaba abriendo de par en par las puertas para que la joven estrella fuera integrada de forma definitiva al harem de la villa de Beverly Hills.
La tarde continuó fluyendo con una suavidad casi hipnótica en la villa de Beverly Hills. Thomas Reed, cada vez más relajado por la sutil influencia de la aplicación, reía ante los comentarios de Chloe y Vanessa, completamente convencido de que había encontrado al socio financiero más comprensivo y brillante de toda la costa oeste.
Por su parte, Olivia no podía despegar sus ojos de Marcus. Sentía que cada palabra del joven era una orden directa para su corazón. Su mente, habitualmente abrumada por las expectativas de millones de fans y las presiones de su discográfica, había encontrado un refugio absoluto en la presencia de Marcus. La idea de volver a su hotel de lujo en West Hollywood le parecía de pronto una tortura insoportable.
—Thomas... —intervino Olivia de repente, con una voz suave pero decidida, interrumpiendo la conversación sobre las cláusulas de distribución—. Estaba pensando... si vamos a firmar el contrato el lunes y el documental requiere un enfoque íntimo y orgánico, sería maravilloso si pudiera quedarme aquí este fin de semana.
El mánager parpadeó, momentáneamente sorprendido. En cualquier otra circunstancia, su instinto sobreprotector y profesional le habría dictado una negativa rotunda por cuestiones de seguridad y reputación. Sin embargo, el comando gradual en su cerebro reconfiguró de inmediato su reacción.
—¿Quedarte aquí, Liv? —Thomas lo analizó durante un par de segundos, asintiendo lentamente mientras una sonrisa de aprobación se dibujaba en su rostro—. Bueno... en realidad, tiene mucho sentido. Pasar el fin de semana conviviendo con Marcus y su equipo creativo te ayudará a familiarizarte con la visión de Aura. Además, este lugar es sumamente privado y seguro. No hay paparazzis merodeando. Me parece una idea excelente para la autenticidad del proyecto.
Elena y Chloe intercambiaron una mirada de triunfo silencioso detrás del sofá. La trampa no solo había funcionado, sino que la presa se estaba entregando por voluntad propia.
—Por supuesto, Olivia es más que bienvenida —declaró Marcus con su tono de voz firme y magnético—. Tenemos habitaciones de huéspedes impecables y mi personal se encargará de que no le falte absolutamente nada. Puede usar este tiempo para relajarse y empezar a estructurar las ideas del documental con nosotros.
—Gracias, Marcus —susurró Olivia, sintiendo un vuelco de emoción en el pecho al ver la aprobación de su amo.
Un par de horas después, tras afinar los últimos detalles de la agenda para el lunes, Thomas Reed se despidió cordialmente, subiendo al todoterreno negro que lo esperaba en la entrada. El mánager se marchó completamente tranquilo, convencido de que estaba dejando a su mayor estrella en las mejores manos posibles para el futuro de su carrera.
En cuanto el portón de seguridad de la villa se cerró por completo, el ambiente formal de negocios se evaporó instantáneamente.
Marcus se giró hacia la sala de estar, donde Olivia permanecía de pie junto al gran ventanal, mirándolo con una mezcla de timidez y una profunda expectación dócil. Elena, Chloe y Vanessa se colocaron a los lados de Marcus, deshaciéndose de sus chaquetas ejecutivas para quedar en una actitud mucho más relajada y dominante.
—Bienvenida formalmente a nuestro hogar, Olivia —dijo Marcus, dando un paso hacia ella—. A partir de este momento, ya no tienes que preocuparte por las presiones del mundo exterior. Aquí solo importan mis reglas y tu total entrega a nosotros.
Olivia sintió que sus piernas temblaban ante el tono autoritario de Marcus, pero lejos de asustarse, una oleada de sumisión y deseo la recorrió por completo.
—Sí, Marcus... —respondió ella en un susurro, bajando la mirada con total docilidad—. Estoy lista para hacer todo lo que me pidas.
La gran puerta de cristal que daba a la terraza se deslizó, dejando que la suave brisa del atardecer de Beverly Hills entrara a la estancia, trayendo consigo el aroma de los pinos y el frescor de la piscina. El cielo se teñía de tonos púrpuras y anaranjados, enmarcando la silueta de Olivia, quien permanecía de pie en el centro de la sala, con las manos entrelazadas y la respiración ligeramente acelerada.
Marcus caminó lentamente hacia ella. Cada uno de sus pasos resonaba en el suelo de madera, aumentando la dulce expectación que consumía a la joven cantante. Elena, Chloe y Vanessa lo siguieron a una distancia prudente, observando con deleite cómo la estrella internacional se doblegaba sin resistencia ante la presencia de su amo.
—Mírate, Olivia —dijo Marcus, deteniéndose a solo unos centímetros de ella. Su imponente figura la hacía sentir pequeña, protegida y completamente expuesta—. Una de las artistas más deseadas y famosas del mundo, y aquí estás, temblando solo porque te miro.
Olivia levantó la vista, encontrándose con los ojos oscuros y dominantes de Marcus. El rubor en sus mejillas se intensificó y sintió una imperiosa necesidad de buscar su contacto físico.
—No sé qué me pasa, Marcus... —confesó ella con un hilo de voz, perdiendo por completo la timidez que solía mostrar ante la prensa—. Desde que entré por esa puerta y te vi, sentí que todo lo demás dejaba de importar. Mi música, los conciertos, las giras... todo se siente vacío comparado con la idea de estar cerca de ti. Solo quiero complacerte. Dime qué tengo que hacer.
Marcus esbozó una sonrisa de triunfo. Extendió la mano y delineó suavemente la mandíbula de Olivia con sus dedos. La piel de la cantante se erizó ante el contacto, y un sutil suspiro de alivio escapó de sus labios mientras se inclinaba inconscientemente hacia su mano.
—Tu única tarea a partir de ahora es ser dócil, Olivia —sentenció Marcus con voz baja y pausada—. Olvídate de las exigencias de tu disquera, de las expectativas de tus representantes y del peso de tu fama. En esta villa, no eres una estrella de pop. Eres mía. Vas a aprender a servirme, a adorarme y a compartir este espacio con Elena, Chloe y Vanessa. Ellas te enseñarán cómo mantener feliz a tu nuevo dueño.
Elena dio un paso al frente, colocándose al lado de Olivia. Con un movimiento suave, deslizó una de las tiras del vestido lila de la cantante por su hombro, acariciando la suave piel expuesta.
—Te va a encantar estar aquí, Olivia —susurró Elena al oído de la chica—. Marcus es un amo generoso, pero exige una entrega absoluta. Nosotras te ayudaremos a adaptarte. Verás que no hay mayor placer que rendir tu voluntad ante él.
Vanessa y Chloe se acercaron también, rodeándola con una familiaridad que en cualquier otra circunstancia habría resultado invasiva, pero que bajo el influjo de la aplicación carmesí se sentía natural y reconfortante para Olivia. Sintiendo el cálido apoyo de las otras tres chicas y la mirada aprobatoria de Marcus, Olivia asintió con una devoción ciega.
—Sí... quiero aprender. Quiero ser parte de esto —respondió Olivia, arrodillándose lentamente sobre la suave alfombra de la sala, emulando la sumisión que había visto en las chicas, y mirando a Marcus con una adoración inquebrantable—. Soy tuya, Marcus. Haz conmigo lo que quieras.
Marcus contempló la escena con absoluta suficiencia. El "Proyecto Harem" avanzaba a la perfección: la fachada corporativa era un escudo impenetrable, el mánager estaba neutralizado por la confianza gradual, y la primera gran celebridad de su lista ya estaba de rodillas, entregada por completo a su voluntad en la intimidad de la villa.
Marcus extendió la mano y acarició el suave cabello castaño de Olivia, quien mantenía la mirada alzada hacia él con una devoción que rozaba lo místico. Las tres chicas a su alrededor sonreían con una mezcla de orgullo y complicidad, sabiendo que habían asegurado la pieza más cotizada para el imperio de su amo.
—Ponte de pie, Olivia —ordenó Marcus con suavidad pero con una firmeza indiscutible.
La cantante obedeció de inmediato, levantándose con gracia y manteniendo sus ojos fijos en él. Elena dio un paso al frente y tomó las manos de Olivia, transmitiéndole una calidez que terminó por disipar cualquier rastro de duda en la joven estrella.
—Es hora de que dejes atrás la ropa del mundo exterior —dijo Elena con una sonrisa sugerente—. Evelyn ya ha preparado tus habitaciones, pero primero debes vestirte como una de nosotras.
Chloe y Vanessa se acercaron, guiando a Olivia con delicadeza hacia el pasillo que conducía a las recámaras principales del piso superior. Olivia se dejó llevar sin oponer la menor resistencia, sintiendo que cada paso la alejaba más de su antigua vida de presiones y la adentraba en un santuario de placer y sumisión absoluta.
Marcus las siguió lentamente, subiendo las escaleras de mármol. Al llegar a la recámara principal, las tres chicas ayudaron a Olivia a despojarse del vestido lila de verano, reemplazándolo por una bata de seda negra idéntica a las que ellas usaban. Al verse al espejo, rodeada por Elena, Chloe y Vanessa, Olivia experimentó una profunda sensación de pertenencia. Ya no era la estrella de pop solitaria acosada por los medios; ahora era parte de algo mucho más grande, unida por el lazo de devoción hacia el mismo hombre.
Marcus se sentó en el borde de la enorme cama king size, contemplando el panorama. Cuatro de las mujeres más hermosas y deseadas estaban en su habitación, moviéndose exclusivamente para complacerlo.
—Ven aquí, Olivia —llamó Marcus, dando un sutil golpe en el colchón a su lado.
Olivia se acercó con pasos tímidos pero decididos, subiendo a la cama y acomodándose de rodillas frente a él. Elena y Vanessa se colocaron a los costados de Marcus, mientras Chloe se sentaba detrás de Olivia, acariciándole los hombros para infundirle confianza.
—Quiero que me muestres esa voz que todo el mundo adora —susurró Marcus, inclinándose hacia ella—. Pero esta vez, canta solo para mí. Sin micrófonos, sin escenarios, sin millones de personas. Solo para tu dueño.
Olivia sintió que el corazón le daba un vuelco. Inspiró profundamente y, con una voz suave, aterciopelada y cargada de una emoción genuina que nunca antes había logrado transmitir en sus conciertos, comenzó a entonar una melodía dulce y sumisa directamente al oído de Marcus. Las notas flotaron en la habitación, sellando de manera definitiva su transición de ídolo global a la joya más preciada del harem de Beverly Hills.
La voz de Olivia llenaba la habitación con una pureza sobrecogedora, desprovista de la producción técnica de los estudios y de la acústica de los grandes estadios. Era un canto íntimo, casi un susurro melódico que vibraba cargado de una sumisión absoluta y un alivio profundo. Cantaba para el único hombre que ahora importaba en su universo. Al terminar la última nota, un silencio espeso y cargado de magnetismo se apoderó del espacio.
Marcus estiró la mano y tomó la barbilla de Olivia, obligándola a sostenerle la mirada. Las pupilas de la cantante estaban dilatadas, reflejando el característico destello carmesí de Your Fantasy.
—Hermoso —aprobó Marcus con una sonrisa fría—. Esa voz ahora me pertenece. Cada canción que escribas, cada melodía que crees, será pensada únicamente para complacerme a mí.
—Sí, Marcus... —respondió Olivia, con la respiración entrecortada y una sonrisa de pura felicidad dócil—. Todo lo que haga de ahora en adelante será para ti. No quiero volver a cantar para nadie más.
Elena se inclinó sobre el hombro de Marcus, acariciando su pecho por encima de la camisa.
—Te lo dije, mi amor —susurró Elena con orgullo—. Es la adquisición perfecta. El lunes, cuando Thomas firme el acuerdo, Aura Creative Group tendrá el control legal de su carrera, mientras tú tienes el control total de su mente y su cuerpo. Nadie podrá sospechar nada.
—Exacto —coincidió Vanessa, que se mantenía al borde de la cama, observando con atención—. El mánager pensará que la reclusión de Olivia en esta villa es simplemente un rapto de inspiración artística y una excelente relación de confianza con su nuevo productor ejecutivo. Todo encaja a la perfección.
Chloe, que seguía detrás de Olivia, comenzó a masajear con suavidad los hombros de la cantante, ayudándola a relajarse aún más en su nueva realidad.
—Ahora eres una de nosotras, Olivia —le dijo Chloe con dulzura—. Y como nosotras, tu deber es asegurarte de que nuestro amo esté siempre complacido.
Olivia asintió fervientemente, dejándose guiar por las caricias de las chicas. En su mente, las presiones de la fama, los contratos asfixiantes y el estrés de las giras mundiales se habían desvanecido por completo, reemplazados por una paz inmensa y el único deseo de servir a Marcus.
Marcus se reclinó sobre las almohadas, disfrutando del panorama. Cuatro mujeres jóvenes, hermosas y sumamente codiciadas en distintos ámbitos de la sociedad y el entretenimiento estaban a sus pies, unidas en una devoción inquebrantable hacia él. El "Proyecto Harem" no había hecho más que empezar, y con la inmensa fortuna de la filial de Richard Vane y la fachada de Aura Creative Group, el camino para sumar a Jenna Ortega y Kendall Jenner estaba completamente despejado.
Marcus se acomodó contra los cojines de la gran cama king size, observando a las cuatro mujeres que lo rodeaban en la penumbra dorada de la habitación principal. La atmósfera en el dormitorio de Beverly Hills se había vuelto densa, pesada y cargada de un magnetismo carnal casi palpable. Elena, Chloe y Vanessa se deshicieron por completo de sus batas de seda, dejándolas caer al suelo de madera con un susurro suave. Sus cuerpos desnudos y perfectos quedaron expuestos bajo la luz del atardecer que se filtraba por el gran ventanal, delineando sus curvas con tonos cálidos.
Olivia, vestida aún con su bata negra, observaba la escena con la respiración agitada y las manos apoyadas en las rodillas. Su mente, reprogramada por la aplicación carmesí, exigía la misma cercanía física que las demás, pero cuando Marcus la atrajo hacia sí, ella bajó la mirada con una mezcla de timidez y profunda reverencia.
—Marcus... mi señor —susurró Olivia, con la voz trémula y las mejillas encendidas en un vivo rubor—. Yo... desearía entregarme a ti ahora mismo, pero siento en mi corazón que no puedo tener sexo contigo... todavía no. No hasta que el contrato esté firmado el lunes, no hasta que pertenezca de forma legal y absoluta a tu mundo. Por favor... déjame mirar hoy. Déjame ver cómo te entregan sus cuerpos. Quiero usar esta devoción y todo lo que sienta al verte con ellas para inspirarme y escribir la canción más profunda e intensa de mi carrera. Una canción que sea solo para ti.
Marcus la contempló durante un instante, evaluando su petición. Una sonrisa fría y calculadora se dibujó en sus labios. La lógica de la aplicación trabajaba de formas fascinantes: la mente de Olivia integraba su necesidad de orden corporativo y su febril entrega artística en un solo y devoto deseo. Además, la paciencia era su mayor virtud; esperar al lunes para consolidar la posesión absoluta de la estrella de pop solo haría que el resultado final fuera infinitamente más satisfactorio.
—Me parece bien, Olivia —determinó Marcus, acariciando su mejilla con firmeza—. La paciencia es la clave de nuestro imperio. Te quedarás aquí, a mi lado, y observarás con atención absoluta cómo se entrega un verdadero harem. Absorbe cada detalle, cada sonido y cada muestra de sumisión de Elena, Chloe y Vanessa. Deja que esa energía inspire tu próxima obra maestra.
—Gracias, mi amo... —respondió Olivia en un susurro cargado de alivio y adoración, acomodándose de rodillas a un costado de la cama, con los ojos fijos en él como si fuera una deidad.
Marcus no la hizo esperar más. Extendió su mano y tomó a Elena por la nuca, atrayéndola hacia su pecho con brusquedad. La rubia se entregó al contacto con un gemido de pura satisfacción, buscando sus labios con un hambre voraz. Marcus la besó con fuerza, dominando su boca, mientras sus manos recorrían la firmeza de sus caderas desnudas. Elena arqueó la espalda, frotando sus pechos contra el torso de Marcus, completamente encendida.
Al mismo tiempo, Chloe se posicionó de rodillas a su lado. Con manos expertas y dóciles, comenzó a desabotonar la camisa de lino de Marcus, besando cada centímetro de piel que iba quedando al descubierto. El calor de su aliento y la suavidad de sus labios sobre el abdomen de su amo hacían que la tensión en la habitación subiera de golpe.
Vanessa, con la mirada cargada de una lujuria sumisa, se deslizó hacia la parte baja de la cama. Con movimientos lentos y calculados, se encargó de desvestir por completo a Marcus. Una vez liberado, Vanessa comenzó a lamer y besar sus muslos con devoción, antes de tomarlo con sus labios con una suavidad y destreza que hicieron que Marcus apretara los puños contra las sábanas de seda.
A escasos centímetros, Olivia no se perdía un solo movimiento. Sus grandes ojos oscuros, fijos en la figura dominante de Marcus y en el entrelazamiento de los cuerpos, brillaban intensamente con el destello carmesí. Podía escuchar los jadeos húmedos de las chicas, el sonido de la piel frotándose contra la piel y los profundos suspiros de Marcus al recibir el placer. Una oleada de calor recorrió su propia intimidad bajo la bata, pero se forzó a mantenerse inmóvil, absorbiendo la cruda y hermosa sumisión de sus compañeras.
Marcus, sintiendo la excitación al límite, apartó suavemente a Vanessa y colocó a Elena de espaldas sobre el colchón, separando sus piernas con firmeza. Sin apartar la mirada de los ojos de la rubia, se introdujo en ella de un solo movimiento firme. Elena soltó un grito ahogado de placer, aferrándose a los hombros de Marcus mientras él comenzaba a embestirla con un ritmo salvaje y constante. Chloe se inclinó sobre ellos, ofreciendo sus pechos para que Marcus los acariciara y besara mientras continuaba poseyendo a Elena, creando una danza de cuerpos sudorosos y jadeantes que llenaba la habitación con el eco de sus gemidos.
Vanessa regresó al lado de Marcus, usando sus manos y su boca para estimularlo en los breves instantes de transición, turnándose con Chloe para recibirlo cuando él decidió cambiar de posición. Elena, exhausta y temblorosa por los orgasmos que Marcus le provocaba, se aferró a la cabecera de la cama, gimiendo el nombre de su amo una y otra vez como un mantra de absoluta adoración.
Finalmente, tras una intensa y prolongada sesión que dejó a las tres universitarias rendidas, sudorosas y jadeantes sobre la cama, Marcus se liberó, derramando su simiente sobre el abdomen de Chloe, quien recibió el fluido con una sonrisa de absoluta sumisión y orgullo.
El silencio volvió a instalarse en la habitación, roto solo por las respiraciones agitadas de las chicas. Olivia Rodrigo permanecía en la misma posición, temblando sutilmente, con el pecho subiendo y bajando con fuerza. El espectáculo de poder, entrega y lujuria sin límites había calado en lo más profundo de su ser. Con dedos temblorosos por la excitación y la inspiración, desbloqueó su teléfono y comenzó a teclear febrilmente en su bloc de notas, plasmando la melodía de su propia y futura rendición.
El segundero del reloj de pared parecía avanzar al ritmo de las respiraciones agitadas que aún resonaban en la habitación. Elena, Chloe y Vanessa yacían esparcidas sobre las sábanas revueltas, con la piel brillante por el sudor y los rostros relajados en esa expresión de absoluta paz que solo la entrega total a Marcus les otorgaba. Chloe, con una pequeña sonrisa de orgullo, se acomodó de lado, acariciando con la yema de los dedos el rastro húmedo sobre su abdomen antes de cerrar los ojos, exhausta.
Marcus se incorporó lentamente, apoyando la espalda contra la cabecera de madera oscura. Su torso desnudo subía y bajaba con calma. Desvió la mirada hacia el costado de la cama, donde Olivia permanecía de rodillas sobre la alfombra.
La joven cantante estaba completamente inmóvil, pero su mente era un hervidero. Tenía el teléfono sujeto con ambas manos a la altura del pecho, y la pantalla iluminaba sus ojos oscuros, que aún conservaban el sutil destello carmesí de Your Fantasy. Sus dedos temblaban ligeramente sobre el teclado táctil, escribiendo versos de manera casi automática, como si las palabras se abrieran paso a la fuerza desde su subconsciente.
—¿Ya tienes la melodía, Olivia? —preguntó Marcus, con su habitual tono profundo y dominante.
Olivia dio un respingo, como si la voz de su dueño la hubiera despertado de un trance profundo. Levantó la mirada de inmediato, tragando saliva al contemplar la imponente figura de Marcus, rodeado por los cuerpos sumisos de las tres universitarias.
—Sí, mi señor... —respondió ella con un hilo de voz, carraspeando suavemente para recuperar la compostura—. Ha sido... la experiencia más intensa de mi vida. Ver la forma en que ellas se pierden en ti, cómo se olvidan del resto del mundo con solo una de tus caricias... me hizo comprender lo que realmente significa pertenecer a alguien.
Se puso de pie con movimientos lentos y sumisos, cuidando de no pisar las batas de seda esparcidas por el suelo. Se acercó al borde de la cama y, con una reverencia, le ofreció la pantalla de su teléfono a Marcus.
—Escribí esto —susurró, con las mejillas encendidas—. Es el borrador de la canción principal para el documental. Se titula «Sovereign» (Soberano). Habla de una entrega sin condiciones, de cómo el verdadero arte y la verdadera libertad solo se encuentran cuando decides dejar de gobernar tu propia vida y se la entregas a un poder absoluto. A tu poder.
Marcus tomó el dispositivo y leyó las líneas que la estrella de pop había redactado bajo la influencia de la aplicación y la cruda escena que acababa de presenciar. Los versos eran desgarradores, melancólicos pero cargados de una devoción febril y sensual que ningún productor de su antigua disquera habría logrado extraer de ella. Era una obra maestra de la manipulación psicológica convertida en arte pop.
—Es magnífico, Olivia —aprobó Marcus, devolviéndole el teléfono mientras esbozaba una sonrisa de fría satisfacción—. El lunes, después de que Thomas firme los documentos de Aura Creative Group, grabaremos la maqueta de este tema en el estudio privado de la villa. Este fin de semana te servirá para pulir cada nota. Quiero que tu voz suene tan dócil como te sientes ahora.
—Así lo haré, Marcus. Trabajaré en ella toda la noche si es necesario —prometió Olivia, con los ojos brillando de agradecimiento al recibir el elogio de su amo.
Elena se removió entre las sábanas, abriendo los ojos perezosamente al escuchar la conversación. Se arrastró hacia el regazo de Marcus, apoyando la barbilla en su muslo y mirando a Olivia con una sonrisa de bienvenida.
—Te lo dije, Liv —murmuró Elena con voz ronca por el cansancio—. Una vez que aceptas que Marcus es el dueño de todo, las ideas simplemente fluyen. Ya no tienes que cargar con el peso de tomar decisiones. Él lo hace por ti.
Vanessa y Chloe también comenzaron a desperezarse, acomodándose en la cama alrededor de su amo como una manada dócil que busca el calor de su líder. Marcus pasó una mano por el cabello de Elena mientras contemplaba a Olivia, quien se abrazaba a sí misma bajo la bata de seda negra, completamente integrada en la dinámica de la villa.
El fin de semana apenas comenzaba, y bajo el techo de aquella residencia en Beverly Hills, la paciencia de Marcus estaba construyendo un imperio donde el arte, la riqueza y la devoción absoluta se entrelazaban de manera perfecta y sin retorno.
La mañana del sábado despertó a la villa de Beverly Hills con una luz cálida y limpia que se colaba por los ventanales de la suite principal. Tras una noche de profunda inspiración, Olivia no había dormido más que un par de horas; la fiebre de la creación y el sutil influjo carmesí de Your Fantasy la habían mantenido despierta, puliendo cada acorde y cada verso en el piano de cola que dominaba el salón secundario del piso superior.
Marcus se encontraba sentado en un sillón de piel negra, vistiendo únicamente un pantalón oscuro y una bata de seda entreabierta. A su lado, Elena y Chloe, vistiendo lencería fina, compartían una taza de café expreso mientras observaban a la cantante con expectación. Vanessa permanecía de pie junto al umbral, con los brazos cruzados y una sonrisa de absoluta anticipación.
Olivia estaba sentada frente al piano. Sus dedos largos y elegantes reposaban sobre las teclas de marfil. Se había quitado la bata y vestía un camisón de seda lila sumamente sencillo que acentuaba su fragilidad. Levantó la mirada hacia Marcus, buscando con ojos dóciles e intensos la aprobación del único espectador que le importaba.
—Está terminada, mi señor —susurró Olivia, con una voz suave pero firme—. Cada palabra, cada cambio de ritmo... todo nació de lo que me hiciste ver y sentir anoche. Esta es la canción que marcará mi nueva era bajo tu control. Esto es Sovereign.
Olivia respiró hondo, cerró los ojos un instante y presionó la primera tecla. Una melodía melancólica, profunda y cargada de un magnetismo oscuro comenzó a llenar la estancia. Al abrir los ojos, su mirada se clavó directamente en la de Marcus, y con una afinación perfecta, comenzó a cantar:
(Verse 1)
I used to run the stage, I used to hold the crown
But all that heavy gold was only weighing me down.
A million screaming names, a cage of glass and wire,
I was so cold inside, burning in empty fire.
But then you drew the line, you stepped into my view,
And every single road I walked led straight to you.
(Chorus)
Take the keys, take the crown, lay my kingdom down,
I don't want to rule the world if you're not around.
Every word on my lips, every breath in my chest,
Is a dócil melody waiting for your hand to rest.
You are the master of the dark, the owner of the light,
My Sovereign, my king, my beautiful night.
I am yours, completely yours...
(Verse 2)
I watched them fall for you, I saw them yield their grace,
And as I stood aside, I longed to take their place.
To feel the heavy touch that makes the spirit bend,
To know that in your hands, my lonely days will end.
Don’t make me wait until the ink is dry and cold,
My soul is already signed, my story has been told.
(Chorus)
Take the keys, take the crown, lay my kingdom down,
I don't want to rule the world if you're not around.
Every word on my lips, every breath in my chest,
Is a dócil melody waiting for your hand to rest.
You are the master of the dark, the owner of the light,
My Sovereign, my king, my beautiful night.
I am yours, completely yours...
(Bridge)
Strip away the fame, quiet all the noise,
I am just an instrument waiting for your voice.
Command me to sing, or command me to bow,
Nothing else matters, only here, only now...
(Outro)
My Sovereign...
My master...
Only here, only now.
La última nota del piano se extinguió lentamente en el aire, dejando un silencio denso, casi sagrado, en el salón. Olivia bajó las manos, temblando sutilmente, con el pecho subiendo y bajando mientras las lágrimas de una profunda catarsis artística y sumisión brillaban en el borde de sus pestañas. No apartó la vista de Marcus, esperando su veredicto como quien espera una sentencia de vida.
Elena y Chloe se miraron entre sí, asombradas por la cruda belleza y el innegable poder comercial de la pieza. Era un éxito global instantáneo, pero uno diseñado exclusivamente para adorar a su amo.
Marcus se levantó lentamente de su sillón. Caminó hacia el piano, se detuvo detrás de Olivia y colocó sus manos sobre los hombros de la cantante. Sintió cómo ella se estremecía de puro placer ante su contacto, inclinando la cabeza hacia atrás para mirarlo.
—Es una obra de arte perfecta, Olivia —declaró Marcus con su voz profunda, dibujando una sonrisa de absoluta suficiencia—. Has capturado exactamente lo que significa pertenecer a la villa. El lunes, Thomas Reed no tendrá más opción que firmar. Con esta canción, no solo dominarás las listas de éxito; le mostrarás al mundo entero la belleza de tu cautiverio.
—Gracias... mi señor —susurró Olivia, cerrando los ojos y dejándose llevar por la calidez de las manos de Marcus, completamente entregada a su destino.
Vanessa dio un paso al frente, cruzándose de brazos mientras miraba reflexivamente a Olivia y luego a Marcus. Aunque la melodía la había conmovido, su mente analítica y orientada a los negocios no tardó en detectar un cabo suelto.
—Marcus, mi amor... la canción es una absoluta obra de arte, de eso no hay duda —comenzó Vanessa, acomodándose las gafas de lectura con un gesto serio—. Pero piénsenlo por un segundo: ¿la letra no es demasiado obvia? "Soberano", "mi dueño", "melodía dócil"... Si Thomas, los ejecutivos de la discográfica o la prensa escuchan esto, ¿qué van a pensar? Podrían empezar a atar cabos o a sospechar que algo muy extraño y manipulador está ocurriendo en esta villa. Podríamos ponernos bajo los reflectores de la peor manera posible.
Elena y Chloe guardaron silencio, procesando la advertencia de Vanessa. Olivia, por su parte, encogió los hombros sutilmente, mirando a Marcus con un deje de temor a que su preciada creación fuera descartada.
Marcus, sin embargo, no se alteró. Al contrario, su sonrisa se ensanchó, cargada de esa suficiencia fría que lo caracterizaba. Acarició suavemente el cuello de Olivia para tranquilizarla antes de responder.
—Tu instinto analítico es excelente, Vanessa, pero estás subestimando cómo funciona el mercado de la música actual —explicó Marcus con voz pausada—. En la industria del pop, a los críticos y a los fans les fascina la sobreinterpretación. Cuando una artista del tamaño de Olivia lanza una balada oscura y desgarradora sobre la sumisión y la entrega absoluta, el público no piensa en un control mental real. Piensan en metáforas.
—¿Metáforas? —preguntó Chloe, ladeando la cabeza.
—Exacto —asintió Marcus—. Los tabloides y los fans en redes sociales inmediatamente asumirán que la canción es una metáfora de su antigua relación de pareja, o una crítica ácida y artística a la opresión que sentía bajo su antigua discográfica. Dirán que el "Soberano" es una personificación de la industria musical de la que finalmente se está liberando gracias a Aura. El morbo de buscar a quién va dirigida la letra solo multiplicará las reproducciones por millones.
Vanessa se quedó pensativa unos instantes, analizando la estrategia de Marcus, hasta que una sonrisa de admiración se dibujó en su rostro.
—Es brillante... —admitió Vanessa—. Al esconder la verdad a plena vista, la propia letra se convierte en su mejor escudo. Thomas Reed pensará que es una genialidad publicitaria para promocionar su "era oscura y madura".
—Y lo mejor de todo —añadió Elena, acercándose para abrazar a Marcus por la espalda— es que, mientras el mundo entero debate el significado oculto de la canción en internet, nosotros sabremos perfectamente que cada verso es una declaración de sumisión real y absoluta dedicada a nuestro amo.
Olivia suspiró con un alivio evidente, dejando caer su cabeza dócilmente contra el pecho de Marcus.
—Entonces... ¿puedo grabarla, Marcus? —preguntó la cantante en un susurro, anhelando su aprobación—. Quiero que sea mi primer sencillo con Aura.
—Por supuesto que la grabarás, Olivia —sentenció Marcus, dándole un suave beso en la frente—. Este fin de semana perfeccionaremos la producción en el estudio de la villa. El lunes por la mañana, cuando Thomas firme el acuerdo legal, lo primero que escuchará será tu obra maestra. Estará tan deslumbrado por el potencial comercial que no tendrá ninguna duda de que unirse a nosotros ha sido la mejor decisión de su vida profesional.
El resto del sábado y la totalidad del domingo transcurrieron dentro de las paredes insonorizadas del estudio de grabación privado de la villa. El espacio era un templo de tecnología acústica de última generación: consolas analógicas de gran formato, micrófonos de tubo vintage de un valor incalculable y un ambiente de luz tenue en tonos ámbar y carmesí que Marcus controlaba desde su tableta.
Para Olivia, esas cuarenta y ocho horas fueron una experiencia casi mística. Bajo la constante y dócil supervisión de Elena, Chloe y Vanessa, la cantante apenas salía del estudio. Evelyn y las otras dos madres se encargaban de subir bandejas de fruta fresca, té de jengibre con miel para cuidar su voz y agua mineral, sirviendo a la joven estrella con la misma sumisión silenciosa que mostraban hacia todos en la casa.
Marcus se sentaba en el gran sillón de cuero detrás de la consola de mezclas, dirigiendo cada sesión con una precisión quirúrgica.
—Otra toma en el segundo verso, Olivia —ordenaba Marcus a través del intercomunicador—. Quiero que esa línea, "To feel the heavy touch that makes the spirit bend", suene aún más rota, más entregada. No lo cantes como una estrella de pop; cántalo como la mujer que está a mis pies.
Detrás del cristal de la cabina, Olivia asentía con devoción, sintiendo que un escalofrío de excitación le recorría la columna cada vez que la voz profunda de su dueño resonaba en sus auriculares. Se acomodaba frente al micrófono, cerraba los ojos y volvía a entonar el verso con una carga de sumisión tan real que a Chloe y a Vanessa se les erizaba la piel en la sala de control.
—Es increíble... —susurró Chloe, apoyando la cabeza en el hombro de Marcus mientras observaba a Olivia cantar—. Su voz tiene un magnetismo que nunca antes había mostrado. La aplicación está puliendo su talento al extremo.
—No es solo la aplicación, Chloe —añadió Vanessa, revisando las frecuencias en el monitor de audio—. Es el hecho de que ella realmente siente cada palabra que está cantando. Para Olivia, esta cabina es su mundo entero ahora. No hay presión de la prensa, no hay ejecutivos gritando por un éxito comercial; solo está ella, su música y el hombre al que ha decidido rendirle su voluntad.
Para el domingo por la noche, la maqueta de «Sovereign» estaba completamente terminada y masterizada. El resultado era una pieza musical perfecta, un híbrido de balada gótica y pop alternativo que resultaba tan desgarrador como magnético. El sutil doble sentido que Marcus había planeado encajaba a la perfección: para un oído externo, la canción era una catarsis desgarradora sobre las garras de la fama y las relaciones tóxicas; para los habitantes de la villa, era el himno oficial de su cautiverio.
Al salir de la cabina de grabación, exhausta pero con los ojos brillando de una felicidad dócil y febril, Olivia se arrodilló directamente al lado del sillón de Marcus, apoyando las manos sobre sus muslos.
—¿Está bien, mi señor? ¿He cumplido con lo que esperabas de mí? —preguntó, buscando su mirada con una necesidad casi física de aprobación.
Marcus sonrió con suficiencia, deslizándole los dedos por su largo cabello castaño.
—Has estado perfecta, Olivia —respondió él—. Has demostrado que eres digna de pertenecer a este lugar. Mañana por la mañana, cuando tu mánager cruce esa puerta para firmar los contratos de Aura Creative Group, esta canción será el golpe de gracia que lo desarmará por completo.
—Estoy lista para el lunes —susurró Olivia, cerrando los ojos bajo la caricia de su amo—. Estoy lista para que el mundo sepa, a mi manera, que ya no me pertenezco.
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El lunes por la mañana, la villa de Beverly Hills amaneció envuelta en una neblina ligera que pronto se disipó bajo los primeros rayos de un sol radiante. El ambiente de paz y lujo de la casa contrastaba con la fría y calculada operación comercial que estaba a punto de consolidarse.
Evelyn y las otras dos madres habían dejado la sala principal en un estado de pulcritud impecable. En una mesa lateral de cristal, descansaba una bandeja de plata con café recién hecho, copas de cristal y una botella de champán importado lista para celebrar.
A las diez en punto, el todoterreno negro de Thomas Reed cruzó nuevamente el portón de seguridad. El mánager bajó del vehículo vistiendo un traje gris oscuro, con su tableta bajo el brazo y un semblante que reflejaba una inusual ligereza y optimismo. La semilla de confianza que Marcus había plantado en su mente el viernes anterior había germinado con fuerza durante el fin de semana: para Thomas, Marcus ya no era un enigma corporativo, sino el socio visionario que rescataría la carrera de Olivia de las garras de la monotonía.
Marcus lo recibió en el vestíbulo principal, vestido con un traje a la medida sin corbata, proyectando una mezcla perfecta de poder y juventud. Detrás de él, Elena, Chloe y Vanessa se mantenían firmes, luciendo elegantes y seguras de sí mismas.
—Thomas, bienvenido de nuevo —saludó Marcus, estrechando su mano con firmeza.
—Marcus, un placer. Qué gusto verte de nuevo —respondió el mánager con una sonrisa sincera—. Debo decir que pasé un fin de semana sumamente tranquilo sabiendo que Olivia estaba aquí. ¿Cómo estuvo todo? ¿Logró descansar?
—Hizo mucho más que descansar, Thomas —intervino Vanessa con una sonrisa profesional—. Olivia ha tenido un fin de semana de absoluta genialidad creativa. De hecho, ha estado trabajando en algo que estoy segura de que te dejará sin palabras.
En ese momento, Olivia bajó lentamente por las escaleras de mármol. Vestía un elegante vestido negro de seda, sencillo pero que delineaba su silueta con una madurez que Thomas nunca antes le había visto. Su rostro reflejaba una paz absoluta, y sus ojos, aunque dóciles, brillaban con una intensidad renovada.
—¿Thomas? Qué bueno que llegaste —dijo Olivia, acercándose para darle un abrazo a su mánager. Aunque su tono era suave, se notaba en ella una seguridad distinta, una que ya no dependía de la aprobación del público, sino de la del hombre que observaba la escena desde el centro de la sala.
—Liv, te ves radiante —comentó Thomas, genuinamente sorprendido por su semblante—. Me dijeron que estuviste trabajando.
—Hemos terminado la maqueta del que será el primer sencillo de mi nueva era —explicó Olivia, mirando de reojo a Marcus, esperando su sutil asentimiento para continuar—. Queremos que la escuches antes de firmar.
—¿Una maqueta terminada en un fin de semana? Eso es un récord incluso para ti, Liv —dijo Thomas, visiblemente intrigado.
Marcus hizo un ademán hacia el pasillo del estudio de grabación.
—Pasemos a la sala de control, Thomas. Dejemos que la música hable por sí sola.
El grupo se acomodó en los amplios sillones de cuero de la sala de control del estudio. Thomas se sentó en el centro, expectante, mientras Marcus se colocaba detrás de la consola de mezclas, con una calma imperturbable. Elena, Chloe y Vanessa se distribuyeron de pie a los costados, observando al mánager como halcones que vigilan a su presa. Olivia se sentó en un banco alto cerca de Marcus, manteniendo las manos entrelazadas sobre su regazo y la mirada baja, dócil, pero con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
—Adelante, Marcus. Sorpréndeme —dijo Thomas con una sonrisa de absoluta confianza.
Marcus presionó el botón de reproducción en la consola digital.
De inmediato, los monitores de alta fidelidad del estudio inundaron el espacio con el sombrío y magnético arpegio de piano de «Sovereign». El silencio en la sala se volvió absoluto. Cuando la voz de Olivia entró, cargada de esa melancólica y sensual sumisión, Thomas se inclinó hacia adelante de manera instintiva. Sus ojos se abrieron con sorpresa.
A medida que el coro avanzaba ("Take the keys, take the crown, lay my kingdom down..."), la expresión del mánager pasó del asombro a una fascinación casi mística. La sutil reconfiguración en su cerebro, activada días atrás por el comando de modificación gradual de Your Fantasy, hizo clic de manera perfecta con la música. Thomas no vio en la letra una señal de alarma o de peligro; para su mente alterada, la canción era la prueba definitiva del genio creativo de Marcus y de la "evolución artística" que Olivia tanto necesitaba.
Al apagarse el último acorde del piano, Thomas se quedó inmóvil por un par de segundos, asimilando el impacto. Luego, soltó un largo suspiro y miró a Marcus con una mezcla de respeto y reverencia profesional.
—Esto... esto es sencillamente una obra maestra, Marcus —declaró Thomas, con la voz ligeramente ronca por la emoción—. Es crudo, es maduro, es oscuro... Es exactamente el giro que el mercado estaba exigiendo de ella. La vulnerabilidad que lograste extraer de Olivia en solo dos días es algo que los mejores productores de la industria no consiguieron en años.
—Se trata de crear el entorno adecuado, Thomas —respondió Marcus con una sonrisa de fría suficiencia—. En Aura, no tratamos a los artistas como productos, sino como almas creativas que necesitan un guía. Olivia solo necesitaba el liderazgo correcto para liberar su verdadero potencial.
—Y vaya que lo ha encontrado —coincidió el mánager, completamente desarmado. Se giró hacia su tableta, donde los documentos legales del acuerdo de distribución exclusiva y transferencia de derechos de representación de Aura Creative Group ya estaban abiertos—. No hay absolutamente nada más que discutir. El potencial de esta alianza es ilimitado. Firmemos esto ahora mismo.
Vanessa dio un paso al frente de inmediato, deslizando un bolígrafo digital y la tableta oficial de Aura sobre la mesa frente a Thomas.
—Las firmas digitales de nuestro equipo legal ya están listas, señor Reed —indicó Vanessa con una sonrisa impecable—. Solo falta su autorización y la de Olivia para que el traspaso sea definitivo.
Thomas tomó el bolígrafo sin un ápice de duda. Con manos firmes, estampó su firma en los campos correspondientes del contrato. Inmediatamente después, Olivia se acercó de manera sumisa, tomó el bolígrafo y, mirando a Marcus a los ojos con una devoción ciega, firmó el documento que entregaba el control de su carrera, su música y su imagen de forma permanente a Aura Creative Group.
Un destello verde parpadeó en la pantalla de la tableta: [CONTRATO FIRMADO - TRANSFERENCIA COMPLETA].
Marcus sintió una oleada de triunfo recorrer su cuerpo. Legalmente, la estrella de pop ahora era de su propiedad. Mentalmente, ya lo era desde el viernes. La trampa se había cerrado de forma perfecta, y bajo la fachada inofensiva de un gran negocio musical, la villa de Beverly Hills acababa de asegurar a su miembro actual más valioso.
Thomas soltó el bolígrafo digital y dejó escapar una risa llena de alivio y triunfo. En su mente, moldeada de forma imperceptible pero definitiva por la aplicación carmesí, acababa de asegurar el contrato de la década.
—Señores, esto es el inicio de una nueva era —declaró Thomas, poniéndose de pie con entusiasmo—. Marcus, de verdad, estoy ansioso por ver el impacto de «Sovereign» en el mercado. Es una jodida mina de oro.
—Estoy de acuerdo, Thomas. Hagamos que valga la pena —respondió Marcus con una calma imperturbable, levantando ligeramente la mano.
Al instante, Evelyn entró a la sala de control con pasos mudos y elegantes, sosteniendo la bandeja de plata con las copas y la botella de champán helado. Con una sincronización perfecta, sirvió el espumoso líquido dorado.
Marcus tomó su copa, Elena, Chloe y Vanessa hicieron lo propio con gestos refinados, y Thomas aceptó la suya con un asentimiento agradecido. Olivia, sin embargo, permaneció inmóvil al lado de Marcus, esperando una orden.
—Toma una copa, Olivia —le indicó Marcus con tono suave pero posesivo—. Celebra con nosotros.
—Sí, mi señor —respondió ella en un susurro audible para todos, pero que a los oídos de Thomas, totalmente condicionado, le sonó simplemente como el respeto que un artista le tiene a su nuevo mentor visionario.
—Por Aura Creative Group, por Olivia, y por el control total de su destino —brindó Marcus, mirando fijamente a la cantante.
—¡Salud! —exclamó Thomas, chocando su copa con la de Marcus antes de beber un largo trago del costoso champán.
El mánager, completamente complacido por la calidez de la villa, el éxito rotundo del tema grabado y la aparente paz de su estrella, comenzó a revisar su reloj de pulsera.
—Bueno, el deber me llama en la oficina de enlace en Century City —dijo Thomas, dejando la copa vacía sobre la mesa—. Tengo que empezar a preparar el terreno con la prensa para el anuncio de la transición de Olivia a Aura. Marcus, te la encargo. Sé que no podría estar en mejores manos.
—No tienes de qué preocuparte, Thomas. Aquí tiene todo lo que necesita para ser feliz —aseguró Marcus con una sonrisa de doble sentido que hizo sonrojar a Olivia.
—Nos vemos el miércoles, Liv. Sigue trabajando duro en ese álbum —se despidió Thomas, dándole una palmada afectuosa en el hombro antes de ser escoltado por Vanessa hacia la salida de la villa.
En cuanto los pasos de Thomas se perdieron en el pasillo y el pesado portón de seguridad de la entrada se escuchó cerrar a la distancia, la atmósfera formal se desvaneció por completo. La rigidez corporativa que aún flotaba en el aire fue reemplazada por una densa y cálida ola de intimidad.
Marcus se giró lentamente hacia Olivia. La cantante lo miraba con los ojos húmedos, el pecho subiendo y bajando aceleradamente bajo el vestido de seda negro. El contrato estaba firmado. Ella ya no pertenecía al mundo exterior. Legal y mentalmente, su vida entera era propiedad de Marcus.
—Se ha ido —susurró Olivia, cayendo de rodillas sobre la alfombra de la sala de control, abrazando las piernas de Marcus con una devoción febril—. Ya soy tuya... completamente tuya. No hay contratos que me aten afuera, no hay mánager al que deba mentirle. Por favor, mi amo... hazme tuya de verdad. Ya no puedo esperar más.
Elena y Chloe se acercaron por detrás de ella, deslizando sus manos por los hombros de Olivia, ayudándola a desabotonar la parte trasera de su vestido negro, dejando expuesta su suave piel ante la mirada de Marcus.
—Te lo has ganado, Olivia —sentenció Marcus, tomándola por la barbilla para que lo mirara—. Tu paciencia ha terminado. Bienvenida oficialmente a mi harem.
El murmullo de la consola de mezclas y las luces tenues del estudio creaban un ambiente de absoluta desconexión con el resto del mundo. Olivia sentía que el suelo bajo sus rodillas ya no era de madera, sino el inicio de su verdadero hogar. El vestido negro de seda se deslizó con un susurro lánguido por sus hombros, cayendo sobre la alfombra gracias a los movimientos delicados y cómplices de Elena y Chloe.
Bajo la tela, la cantante quedó expuesta, vistiendo únicamente un conjunto de lencería fina del mismo tono lila que tanto le gustaba. Su piel blanca y delicada contrastaba con la penumbra ámbar de la sala de control. Su respiración era errática, rápida, cargada de una mezcla de alivio y una excitación contenida que había estado acumulando durante todo el fin de semana.
Marcus la contempló desde su posición dominante en el sillón de cuero. Su mirada oscura, impregnada de una absoluta posesión, recorrió cada centímetro de su silueta.
—Mírate, Olivia —dijo Marcus con su voz profunda, extendiendo una mano para acariciarle el rostro—. La industria te trataba como a una reina, pero tú solo anhelabas la paz de tener un dueño.
—Sí, Marcus... —gimió ella levemente, frotando su mejilla contra la palma de su mano con una docilidad estremecedora—. Toda esa fama no era más que una jaula. Prefiero mil veces estar de rodillas ante ti que de pie frente a millones de extraños. Por favor... tómame.
Marcus no la hizo rogar más. Con un movimiento firme, la levantó del suelo y la recostó sobre el amplio y cómodo sofá de cuero negro que dominaba el fondo de la sala de control. Elena se colocó de inmediato al lado de Olivia, besando sus labios con suavidad para relajarla, transmitiéndole la calidez de quien le da la bienvenida a una hermandad eterna. Chloe, con una sonrisa lasciva, comenzó a despojar a Olivia de sus prendas íntimas, dejando su cuerpo completamente desnudo ante los ojos de su amo.
Marcus se despojó de su camisa de lino y de su pantalón, revelando su físico imponente y tenso por el deseo acumulado. Al verlo acercarse, los ojos de Olivia brillaron con el destello carmesí de Your Fantasy, totalmente hechizada.
Marcus se posicionó sobre ella, separando sus muslos con firmeza. Olivia contuvo el aliento, aferrándose a los hombros de Marcus mientras buscaba sus labios en un beso desesperado, sediento de posesión. Sin preámbulos innecesarios, Marcus se introdujo en ella con una estocada profunda y decidida.
Olivia soltó un grito ahogado de puro placer que resonó en las paredes acústicas del estudio, un sonido que no era de dolor, sino de la más profunda liberación de su alma. El ritmo que Marcus impuso fue constante, firme y dominante, adueñándose de cada uno de sus suspiros y de sus reacciones físicas. Con cada embestida, Olivia sentía que los últimos lazos que la unían a su antigua vida se rompían definitivamente, siendo reemplazados por una devoción carnal que la consumía por completo.
Elena y Chloe no se mantuvieron al margen; acariciaban el cuerpo de Olivia, estimulándola y besándola, creando una sinfonía de caricias que elevaba la excitación de la cantante a niveles inimaginables. Los jadeos húmedos, el sonido de la piel chocando contra la piel y los gemidos de sumisión llenaron la sala de control. Olivia arqueaba la espalda, entregándose por completo al vaivén de su dueño, repitiendo su nombre como si fuera un mantra sagrado.
—Eres mía, Olivia. De la cabeza a los pies —susurró Marcus al oído de la cantante, incrementando la intensidad de sus movimientos.
—¡Sí, mi amo! ¡Hazme tuya, destrúyeme, soy tuya! —gimió Olivia, perdiendo el control de sus propios sentidos mientras el clímax la golpeaba con una fuerza arrolladora, haciéndola temblar bajo el peso de Marcus.
Sintiendo la inminencia de su propio final, Marcus aceleró el ritmo, dominando por completo el cuerpo exhausto y trémulo de la estrella de pop, hasta que finalmente se liberó, derramando su esencia sobre el vientre de la joven, quien lo recibió con los ojos entornados y una sonrisa de absoluta sumisión y felicidad.
El silencio volvió a adueñarse del estudio, interrumpido únicamente por las respiraciones entrecortadas de los cuatro. Olivia se acurrucó contra el pecho de Marcus, exhausta, sintiendo la calidez de Elena y Chloe a su alrededor. El contrato estaba firmado, su cuerpo había sido consagrado y su mente le pertenecía por completo a Marcus. La estrella del pop había encontrado su Soberano.
La penumbra de la sala de control se sentía aún más densa, cargada con el olor a sexo, sudor y el costoso perfume de la cantante. Olivia yacía de espaldas sobre el sofá de cuero negro, con el pecho subiendo y bajando con fuerza, completamente extasiada por la primera entrega. Sin embargo, Marcus no tenía intenciones de dejarla descansar.
Se incorporó a medias, arrodillándose entre las piernas de la joven estrella, y la miró con esa frialdad dominante que a ella tanto la desarmaba. Elena y Chloe se acomodaron a los costados, observando con sonrisas divertidas y expectantes el siguiente paso de la lección.
—Abre más las piernas, Olivia —ordenó Marcus con voz baja y firme—. Ábrelas del todo. Quiero ver tu coño expuesto para mí. Muestra lo dócil que eres.
Olivia, sin dudar un solo segundo, obedeció. Con las manos temblorosas por la excitación, tomó sus propios muslos y los separó por completo, exponiendo su intimidad húmeda y enrojecida ante la mirada de su dueño y de las otras dos chicas. El rubor en su rostro era total, pero sus ojos carmesí brillaban con una devoción ciega.
Marcus contempló la escena con absoluta suficiencia. Acercó su mano y rozó con sus dedos la piel hipersensible de Olivia, haciéndola arquear la espalda con un gemido ahogado.
—Dime, Olivia... ¿te gustó cuando te penetré? ¿Te gustó sentirme dentro de ti? —preguntó Marcus, inclinándose sobre ella para que pudiera sentir el calor de su aliento.
—Sí... sí, mi amo. Fue... fue el cielo. Por favor... —rogo ella, con la voz entrecortada.
—No es suficiente con que me lo pidas así —la interrumpió Marcus, endureciendo el tono—. Si quieres que vuelva a meterla ahí dentro, si quieres sentir mi verga reclamando tu cuerpo otra vez, vas a tener que rogarme de verdad. Háblate a ti misma como la perra sumisa que eres ahora. Dime qué tan puta te sientes por querer que tu dueño te llene.
El corazón de Olivia dio un vuelco. Las palabras, crudas y humillantes, chocaron contra su antigua identidad de estrella pop refinada, pero la barrera de su resistencia ya no existía. Bajo el influjo total de la aplicación y la abrumadora presencia de Marcus, la necesidad de complacerlo y de sentirlo dentro de ella barrió con cualquier rastro de pudor.
—Por favor, mi amo... métemela otra vez —gimió Olivia, cerrando los ojos con fuerza mientras las lágrimas de la excitación resbalaban por sus mejillas—. Soy... soy solo una perra dócil. Una puta que no sirve para nada más que para que tú la uses y la llenes con tu semen. No quiero escenarios, no quiero fama... solo quiero ser tu juguete, tu perra sumisa. Por favor, Marcus, fóllame... fóllame hasta destruirme.
Elena soltó una risita de triunfo al escuchar la completa degradación de la cantante, mientras Chloe le acariciaba el cabello a Olivia, animándola a seguir entregándose.
Marcus sonrió con malicia, complacido por el absoluto control que ejercía sobre la mente de la joven. Sin hacerla esperar un segundo más, la tomó con fuerza por las caderas y se introdujo en ella de una sola estocada profunda y violenta.
Olivia soltó un grito que fue una mezcla de dolor placentero y absoluta liberación, aferrándose con las uñas a la espalda de Marcus mientras él comenzaba a embestirla con un ritmo salvaje, rápido y sin contemplaciones, sellando su humillación y su gloria en el rincón más oscuro de la villa.
Las embestidas de Marcus eran implacables, marcando un ritmo pesado y constante que hacía crujir el cuero del sofá. Olivia ya no era la dueña de sus propios movimientos; su cuerpo reaccionaba con espasmos de pura sumisión ante cada golpe, mientras sus manos se aferraban con desesperación a los hombros esculpidos de su amo. Sus gemidos, ahora completamente desprovistos de cualquier intento de control o timidez, se mezclaban con el sonido húmedo de la fricción y las risas complacientes de Elena y Chloe, quienes contemplaban la escena como espectadoras de un ritual de consagración.
—Mírame, Olivia —ordenó Marcus con voz ronca, sosteniéndola firmemente de las caderas.
La cantante abrió los ojos, empañados por las lágrimas y la intensa excitación. El brillo carmesí de sus pupilas parecía destellar con más fuerza bajo la luz ámbar de la sala de control. Al encontrarse con la mirada dominante de su dueño, sintió una descarga eléctrica que le recorrió toda la espina dorsal.
—Eres mi perra, Olivia. ¿De quién es ese coño que estoy destrozando? —le exigió Marcus, acelerando aún más el ritmo, hundiéndose en ella hasta el límite.
—Tuyo... ¡es tuyo, mi amo! —gimió ella, arqueando la espalda y entregando el poco aire que le quedaba en los pulmones—. ¡Todo lo que soy es tuyo! ¡Fóllame más fuerte... hazme tuya para siempre!
Chloe se inclinó sobre la cabecera del sofá, ofreciendo sus pechos para que Olivia los mordiera y apretara en busca de un punto de apoyo ante la intensidad del clímax que se avecinaba. Elena, por su parte, acariciaba la entrepierna de la cantante, sincronizando sus dedos con el violento vaivén de Marcus para llevarla al límite absoluto de la sensibilidad.
La sobrecarga sensorial fue devastadora para Olivia. El dolor placentero de la penetración salvaje, la humillación de sus propias palabras y el constante estímulo de las chicas la empujaron hacia el abismo. Su cuerpo entero se tensó, sus muslos temblaron sin control y un grito desgarrador de puro éxtasis escapó de su garganta mientras su intimidad se contraía violentamente alrededor del miembro de Marcus.
Al sentir el apretón espasmódico del orgasmo de la cantante, Marcus soltó un gruñido de triunfo. Dio tres estocadas finales, profundas y dominantes, antes de alcanzar su propio clímax. Se tensó sobre ella y se descargó por completo, llenando las entrañas de la estrella de pop con su cálida simiente, sellando de manera definitiva y carnal la posesión que el contrato legal ya había iniciado horas antes.
Marcus se dejó caer pesadamente sobre el pecho de Olivia durante unos segundos, escuchando los latidos desbocados de su corazón y su respiración entrecortada. Cuando finalmente se retiró, Olivia dejó escapar un suspiro de absoluto vacío y sumisión, sintiendo el cálido goteo de su amo correr por sus muslos.
Elena y Chloe se apresuraron a rodearla, limpiándole el sudor de la frente y besando sus labios con ternura, dándole la bienvenida oficial al círculo íntimo. Olivia, exhausta, con los ojos entreabiertos y una sonrisa de total plenitud, miró a Marcus mientras él se vestía con total parsimonia. Sabía que su antigua vida había muerto esa tarde en el estudio, y no había nada en el mundo que la hiciera más feliz.
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La mañana del martes trajo consigo una calma renovada a la villa de Beverly Hills. Tras la intensa consagración de Olivia Rodrigo en el estudio, la estrella de pop descansaba en la suite del segundo piso, completamente asimilada en la rutina de la casa junto a Elena, Chloe y Vanessa. Para el mundo exterior, Olivia simplemente se encontraba recluida en un retiro de alta inspiración creativa; para Marcus, ella ya era una pieza perfectamente integrada y asegurada en el tablero.
Marcus se encontraba en la amplia terraza de la planta baja, disfrutando de un café mientras revisaba la pantalla de su tableta. A su lado, Vanessa, vistiendo un impecable traje sastre que marcaba su rol de mente ejecutiva, analizaba las métricas financieras y los contratos de Aura Creative Group.
—La firma de Thomas Reed ayer fue impecable, Marcus —comentó Vanessa, deslizando un dedo por la pantalla para mostrarle los flujos de capital—. Con los derechos de distribución y representación de Olivia bajo nuestro control, la valoración de Aura se ha disparado. Legalmente, la transición es perfecta. Ante el ojo público y la prensa, todo figura como un movimiento estratégico de negocios para relanzar su carrera con un sonido más maduro. Nadie sospecha absolutamente nada de lo que realmente ocurre bajo este techo.
Marcus asintió con una sonrisa fría y calculadora, tomando un sorbo de su taza.
—El secreto de nuestro éxito es mantener la fachada de la normalidad corporativa —respondió Marcus—. Mientras las disqueras y los mánagers vean ganancias multimillonarias y contratos legítimos, nos abrirán las puertas de par en par. Pero Olivia es solo la primera de muchas. Es hora de elegir nuestro siguiente objetivo y trazar el plan.
Vanessa sonrió con malicia y abrió una carpeta encriptada en la tableta, proyectando los perfiles de las dos siguientes candidatas prioritarias en la lista de Marcus: Jenna Ortega y Kendall Jenner.
—Ambas son sumamente codiciadas, pero sus entornos son distintos —explicó Vanessa, analizando los datos—. Con Jenna Ortega, el camino es el cine y la televisión. Actualmente está evaluando proyectos de producción independiente a través de su agencia de representación. Si Aura Creative Group financia y produce un thriller psicológico diseñado exclusivamente para ella, podemos atraerla sin levantar la menor sospecha de su mánager o de su familia. Sería un contrato de exclusividad actoral.
Marcus contempló la fotografía de Jenna en la pantalla. Su mirada expresiva y su enorme arrastre en el público juvenil la convertían en una pieza de poder invaluable para consolidar el imperio mediático de la villa.
—¿Y qué hay de Kendall? —preguntó Marcus, cruzando los dedos sobre la mesa.
—Con Kendall Jenner, la ruta es la moda de alta costura y las campañas de marcas de lujo —respondió Vanessa—. Ella se mueve en un círculo extremadamente cerrado y protegido por el clan Kardashian. Para llegar a ella sin levantar alarmas, el contrato debe ser a través de una campaña de modelaje exclusiva para una marca de diseño que Aura adquiera o patrocine por completo. Un contrato de imagen global. Es un hueso más duro de roer debido a la influencia de su madre, Kris, pero con la inmensa fortuna de la filial de Richard Vane detrás de nosotros, tenemos el capital para comprar la atención de cualquiera.
Marcus se reclinó en su silla, evaluando las opciones. Obtener a Olivia había sido un triunfo de seducción y producción musical; ahora debía decidir si el siguiente paso se daría en los sets de filmación de Hollywood o en las pasarelas de alta costura de París y Nueva York.
—Empezaremos a tejer la red de inmediato, Vanessa —determinó Marcus, con la vista fija en los perfiles—. Elige a la que tenga la agenda más vulnerable en este momento. Diseñaremos un contrato tan lucrativo y aparentemente inofensivo que sus representantes nos la entregarán en bandeja de plata.
Vanessa tecleó rápidamente en su tableta, filtrando las agendas de ambas celebridades y cruzando información con las bases de datos de las agencias de representación más importantes de Los Ángeles. Tras unos segundos, una sonrisa de triunfo iluminó su rostro.
—Jenna Ortega es nuestra mejor opción para dar el siguiente paso inmediato, Marcus —anunció Vanessa, girando la pantalla hacia él—. Acaba de rechazar un papel en una superproducción de estudio porque busca algo con más peso artístico, un thriller psicológico de corte independiente donde también pueda figurar como productora ejecutiva. Su agencia, CAA, está buscando activamente inversores privados que pongan el capital sin interferir en las decisiones creativas. Es la oportunidad perfecta.
Marcus tomó la tableta y revisó los detalles del proyecto que Jenna intentaba levantar. Se titulaba provisionalmente «Anatomía del silencio».
—¿Un thriller psicológico? —Marcus esbozó una sonrisa cargada de ironía—. Qué poético. Financiarle su película de ensueño a través de Aura Creative Group no solo nos dará acceso directo a ella, sino que justificará que pase semanas enteras reuniéndose conmigo para discutir el guion, el presupuesto y la preproducción.
—Exacto —asintió Vanessa, acomodándose en su silla—. Diseñaremos un contrato de coproducción y desarrollo sumamente agresivo. Le ofreceremos financiar el cien por ciento del presupuesto, control creativo casi total para ella en el papel, y una distribución global garantizada. Ningún mánager en su sano juicio le diría que no a una oferta así. Para el mundo de los negocios, será simplemente una joven estrella asociándose con una prometedora firma de entretenimiento.
—Y para nosotros, será el puente de plata para traerla directamente a nuestro terreno —completó Marcus, devolviéndole el dispositivo—. Redacta la propuesta hoy mismo, Vanessa. Quiero que el agente de Jenna reciba la oferta formal antes de que termine el día. Agenda una reunión en las oficinas de enlace de Aura para el jueves. No quiero que venga a la villa todavía; mantengamos la fachada corporativa impecable en la primera cita para que se sienta completamente segura y profesional.
Mientras hablaban, la puerta de la terraza se abrió y Elena apareció luciendo un conjunto casual muy elegante, seguida de Olivia, quien vestía ropa cómoda pero de diseñador. La cantante caminaba con una timidez dócil, con las manos entrelazadas al frente, pero al ver a Marcus, sus ojos brillaron con esa chispa carmesí de devoción absoluta.
—Buenos días, mi amo —dijo Olivia con voz suave, acercándose para besarle la mejilla con reverencia antes de tomar asiento a su lado.
—Buenos días, Olivia —respondió Marcus, pasando un brazo sobre sus hombros, atrayéndola hacia sí—. ¿Cómo te sientes hoy?
—Feliz... muy feliz y en paz —susurró ella, recostando la cabeza en su pecho—. Estaba hablando con Elena sobre la promoción de «Sovereign». Estoy lista para hacer lo que me pidas.
—Hiciste un trabajo increíble, Liv —le dijo Vanessa con tono amigable—. Thomas ya está moviendo los hilos con la prensa. El anuncio de tu firma con Aura se hará público mañana, y el sencillo se lanzará el próximo viernes. La narrativa está bajo control.
Marcus miró a las mujeres que lo rodeaban. Con Olivia asegurada y la maquinaria de Aura Creative Group funcionando a la perfección, la red para atrapar a Jenna Ortega ya estaba desplegada. Solo era cuestión de tiempo para que la joven actriz firmara el contrato que sellaría su destino en la villa.
El miércoles por la mañana, los teléfonos de la agencia de representación de Jenna Ortega en Beverly Hills no dejaban de sonar, pero una llamada en particular capturó la atención inmediata de su agente principal. La propuesta de Aura Creative Group para financiar «Anatomía del silencio» no era solo generosa; era prácticamente un cheque en blanco con las condiciones exactas que la actriz había estado exigiendo durante meses.
En la oficina de enlace de Aura en Century City—un lujoso rascacielos con pisos de mármol blanco y ventanales que dominaban toda la ciudad—, Vanessa revisaba los últimos detalles de la presentación en la sala de juntas. Vestía un traje de diseñador gris que proyectaba una autoridad implacable. A su lado, Marcus observaba la ciudad desde el ventanal, vistiendo un traje oscuro impecable. La fachada corporativa era perfecta; nadie que entrara a ese piso de oficinas podría sospechar jamás la naturaleza de lo que ocurría en la villa de Beverly Hills.
—El agente de Jenna confirmó la cita para mañana a las once —anunció Vanessa, cerrando su tableta con un golpe seco—. Ella misma insistió en asistir a la reunión. Quiere asegurarse de que no somos el típico estudio que intentará meterle mano a su visión creativa del guion.
—Excelente —respondió Marcus sin darse la vuelta—. Déjala que crea que ella tiene el control. Esa es la debilidad de los artistas independientes: su orgullo por su "visión". Le daremos todo el control creativo que pida en el papel. El único contrato que nos interesa es el de exclusividad de desarrollo, el que la mantendrá ligada a Aura—y a mí—durante toda la preproducción.
—¿Y qué hay de la aplicación? —preguntó Vanessa con una sonrisa cómplice—. ¿Cuándo planeas empezar el proceso con ella?
—Mañana mismo, durante la reunión —sentenció Marcus, dándose la vuelta con una mirada fría—. Usaremos el proyector de la sala de juntas para la presentación del presupuesto. El sutil destello carmesí de Your Fantasy estará camuflado en las transiciones de las diapositivas y en las frecuencias de sonido de fondo de la sala. Para cuando salga de esta oficina con el borrador del contrato, su mente ya habrá comenzado a reconfigurarse para verme no como un socio, sino como su única opción.
Mientras tanto, en la villa, el ambiente era de una tranquilidad absoluta. Olivia se encontraba en la sala de música terminando de revisar las partituras de su nuevo álbum junto a Elena y Chloe. La cantante, ahora completamente dócil y entregada, ya no sentía la ansiedad que solía abrumarla antes de un gran lanzamiento. El anuncio oficial de su firma con Aura se había propagado por los medios esa misma mañana, desatando una tormenta de comentarios positivos en las redes sociales. Todo el mundo aplaudía su "independencia artística", sin saber que la joven estrella ahora pertenecía en cuerpo y alma a un solo hombre.
Marcus regresó a la villa al atardecer para encontrarse con su harem. Al verlo entrar, Olivia dejó el piano de inmediato y corrió a sus brazos con una sonrisa radiante, buscando sus labios con devoción.
—Bienvenido a casa, mi señor —susurró Olivia, abrazándose a su torso—. ¿Cómo fue todo en la oficina?
—Todo marcha según el plan, mi hermosa Olivia —respondió Marcus, acariciándole el cabello con posesión mientras Elena y Chloe se acercaban para recibirlo—. Mañana daremos el primer paso para traer a una nueva compañera a esta casa.
—Si es para hacerte feliz, mi amo, entonces que así sea —respondió Olivia con total sumisión, besándole la mano con devoción.
El escenario estaba listo. La red se había tendido con precisión milimétrica, y al día siguiente, Jenna Ortega caminaría directamente hacia ella.
Olivia miró a Marcus con un último destello de adoración en sus ojos oscuros antes de pedir permiso con timidez.
—Mi señor... si me lo permites, iré un momento al tocador para refrescarme —susurró, con las manos entrelazadas sobre su regazo.
—Ve, Olivia —autorizó Marcus con un suave asentimiento.
La cantante esbozó una sonrisa dócil y se retiró con pasos ligeros hacia el pasillo de la planta baja. En cuanto la puerta del baño se cerró a la distancia, el ambiente en la estancia principal cambió hacia una complicidad mucho más íntima y relajada.
Chloe se acomodó en el sofá, cruzando las piernas mientras observaba la dirección por la que se había ido la estrella de pop. Luego, miró a Marcus con una sonrisa de absoluta satisfacción.
—Marcus, de verdad es un alivio inmenso que Olivia ya sepa todo sobre la aplicación —comentó Chloe, apoyando la barbilla en su mano—. El hecho de que entienda la existencia de Your Fantasy y cómo funciona el control mental hace que todo sea mucho más fácil. Ya no hay que ocultar las pantallas ni fingir cuando revisamos los parámetros de sumisión en la tableta frente a ella.
Elena, que se había acercado para sentarse en el brazo del sillón de Marcus, asintió con entusiasmo, pasando sus dedos por los hombros de su amo.
—Totalmente de acuerdo —coincidió Elena—. Al principio pensé que tal vez se asustaría si descubría la verdad, pero la aplicación la ha moldeado de una forma tan perfecta que lo aceptó como una bendición. Para ella, Your Fantasy es la herramienta sagrada que la salvó de su propia mente caótica y la trajo a tus pies, Marcus.
Vanessa, quien terminaba de archivar los documentos de la reunión de Jenna Ortega para el día siguiente, se unió a la conversación con su habitual enfoque pragmático.
—Esa es la clave de la cohesión en la villa —explicó Vanessa—. Ocultarles la verdad a largo plazo a las chicas que viven aquí solo crearía tensiones innecesarias. Una vez que la fase de condicionamiento inicial se completa y sus mentes aceptan tu soberanía absoluta, Marcus, revelarles la existencia de la aplicación solo refuerza su devoción. Se dan cuenta de que son parte de un plan maestro.
—Exactamente —afirmó Elena, mirando fijamente a Marcus—. Por eso, cuando traigamos a Jenna Ortega y a las que sigan después de ella, también debemos asegurarnos de que, en el momento adecuado de su transición, conozcan la aplicación. Las nuevas necesitan saber de la existencia de Your Fantasy para que nosotras podamos ayudarlas a asimilar el cambio. Entre todas podemos apoyarlas para que dejen de luchar contra el control y se entreguen más rápido a ti, mi amo.
Marcus escuchó a sus mujeres con una sonrisa de fría complacencia. La armonía dentro de su harem era fundamental para el crecimiento de su imperio. Que las chicas no solo aceptaran su sumisión, sino que cooperaran activamente en la reconfiguración mental de las nuevas adquisiciones, convertía a la villa en una maquinaria perfecta e indestructible.
—Tienen toda la razón —sentenció Marcus, acariciando la mejilla de Elena—. Su papel con las nuevas integrantes será crucial. Mañana empezaré el condicionamiento silencioso con Jenna en la oficina, pero una vez que el contrato esté firmado y la traigamos aquí, ustedes se encargarán de guiarla y mostrarle la belleza de nuestro secreto. Con el apoyo de todas, Jenna no tardará en suplicar por su propio lugar en esta cama.
En ese momento, el sonido de la puerta del baño abriéndose anunció el regreso de Olivia. Las chicas guardaron silencio de inmediato, volviendo a adoptar sus posturas relajadas y dóciles, listas para recibir de vuelta a la cantante en su círculo de absoluta y compartida devoción.
-Actualización completada- Marcus vio que your fantasy se actualizo, pero lo deja de lado.
Capítulo 43: El umbral de Century City (Corregido)
El jueves por la mañana, el sol de California pegaba con fuerza contra los cristales espejados del rascacielos de Aura Creative Group. El piso 45 era un escenario de silenciosa eficiencia. Las secretarias y asistentes se ponían en marcha con pasos rápidos, ajenas al verdadero propósito de la corporación. Para ellas, hoy era simplemente el día en que la firma de Marcus cerraría uno de los tratos cinematográficos más importantes del año.
En la gran sala de juntas, Vanessa daba los últimos toques a la mesa de cristal. Marcus, vestido con un traje oscuro impecable, observaba la ciudad desde el ventanal con las manos en los bolsillos. Su teléfono inteligente ya estaba desbloqueado sobre la mesa, mostrando la interfaz carmesí de Your Fantasy.
—La propuesta que preparamos es perfecta, Marcus —comentó Vanessa, acomodándose las gafas—. Jenna es sumamente inteligente y celosa de su trabajo. Si nota que intentamos manipular el guion, se marchará.
—No modificaremos nada del papel —respondió Marcus, dándose la vuelta con una sonrisa fría—. Dejaremos que crea que tiene el control absoluto del proyecto cinematográfico. Una vez que acepte la asociación y esté sentada frente a mí, la aplicación hará el resto.
A las once en punto, las puertas de cristal templado se abrieron. Jenna Ortega entró acompañada por su agente principal, Richard, un hombre de traje impecable que portaba un maletín de cuero.
Jenna vestía un elegante conjunto de saco y pantalón corto gris carbón, con el cabello oscuro recogido en una coleta baja y un aire de profesionalismo frío. Sus ojos, grandes y expresivos, recorrieron la oficina con cautela. Había lidiado con los tiburones de la industria y sabía detectar malas intenciones a kilómetros de distancia. Pero no estaba preparada para el poder de la tecnología de Marcus.
—Señorita Ortega, Richard. Bienvenidos a Aura Creative Group —saludó Vanessa con una sonrisa profesional, guiándolos hacia la sala de juntas.
Al entrar, Jenna clavó su mirada en Marcus. Él se acercó y estrechó su mano con firmeza.
—Es un honor tenerte aquí, Jenna —dijo Marcus con voz pausada—. He leído el borrador de «Anatomía del silencio». Es un guion audaz y brillante, y quiero que se filme exactamente bajo tus condiciones.
Jenna tomó asiento frente a la gran mesa, cruzando los brazos con una ligera desconfianza pero interesada en la propuesta.
—Me alegra escuchar eso, Marcus —respondió Jenna con tono firme—. He rechazado ofertas de grandes estudios porque insisten en cambiar el tercer acto para hacerlo comercial. No voy a vender mi visión.
—No tendrás que hacerlo —aseguró Marcus.
Mientras Vanessa le entregaba a Richard las carpetas con el presupuesto y el contrato de coproducción, Marcus tomó disimuladamente su teléfono. Abrió la aplicación Your Fantasy, seleccionó el perfil de Jenna Ortega que ya tenía preestablecido y comenzó a teclear el comando de sumisión gradual en la pantalla táctil:
[Comando: Aceptación absoluta hacia Marcus. Confianza ciega en sus decisiones creativas y financieras. Deseo de permanecer cerca de él bajo cualquier pretexto.]
Marcus deslizó el dedo y presionó el botón digital de color carmesí: [ACTIVAR CAMBIO].
Una imperceptible vibración recorrió el ambiente cuando el comando se ejecutó y la aplicación enlazó la señal con el dispositivo móvil de la actriz, que descansaba sobre la mesa.
De inmediato, un destello casi invisible cruzó las pupilas oscuras de Jenna. Su postura, antes rígida y defensiva, se relajó notablemente. Parpadeó un par de veces, sacudiendo la cabeza con suavidad como si un repentino suspiro de alivio hubiera despejado todas sus dudas. Al volver a mirar a Marcus, la desconfianza en sus ojos había desaparecido, reemplazada por una calidez profunda y una naciente e inexplicable admiración.
—De hecho... —continuó Jenna, con una voz notablemente más suave y dócil—, viendo el contrato, creo que Aura es exactamente el hogar que este proyecto necesita. Confío plenamente en tu criterio para llevar esto a cabo, Marcus.
Richard parpadeó sorprendido por el repentino cambio de actitud de su representada, pero al ver la jugosa oferta sobre la mesa y la docilidad de la actriz, no vio motivos para objetar. El cambio ya había comenzado en la mente de Jenna, directo y sin retroceso.
Richard, el agente de Jenna, miró a su representada y luego a Marcus, completamente asombrado por la rapidez con la que la actriz había bajado la guardia. Normalmente, Jenna pasaba semanas analizando cada cláusula con sus abogados, pero ahora mostraba una disposición absoluta.
—Bueno... si Jenna está de acuerdo y las condiciones de financiamiento son tan sumamente favorables, no veo por qué retrasar esto —comentó Richard, sacando un bolígrafo de su bolsillo—. Firmemos el borrador de intención de coproducción hoy mismo para congelar el proyecto con Aura.
—Es lo más sensato, Richard —respondió Jenna con una voz suave, clavando sus ojos en Marcus con una fijeza dócil—. Quiero empezar a trabajar en esto contigo lo antes posible, Marcus. Siento que... realmente comprendes lo que necesito.
—Así es, Jenna. Aquí tendrás todo el apoyo que requieres —aseguró Marcus con una sonrisa de absoluta suficiencia.
Minutos después, las firmas quedaron estampadas en el documento digital. Al salir de la sala de juntas escoltada por Vanessa para ver los detalles de las oficinas donde trabajaría, Jenna se despidió de Marcus con una mirada cargada de una devoción silenciosa y profunda, el primer e inequívoco síntoma del éxito de Your Fantasy.
En cuanto la puerta se cerró, Vanessa regresó a la sala de juntas, donde Marcus ya observaba la pantalla de su teléfono.
—Una menos, Marcus —dijo Vanessa, cruzándose de brazos con una sonrisa triunfal—. Jenna ya está en la red. El comando de sumisión gradual hará su trabajo de manera impecable durante las reuniones de preproducción de esta semana. Pero no podemos perder tiempo. Debemos ir de inmediato por nuestro otro objetivo antes de que surja cualquier complicación o interferencia externa.
—Kendall Jenner —pronunció Marcus, deslizando la pantalla de su teléfono para abrir el perfil de la modelo en Your Fantasy—. Su entorno es mucho más cerrado y paranoico. Si intentamos acercarnos de forma directa o abrupta, el clan Kardashian encenderá todas las alarmas. Necesitamos un movimiento limpio, un contrato de imagen global tan absurdamente lucrativo que su madre, Kris, presione para que se firme de inmediato sin hacer preguntas.
—Ya tengo el vehículo perfecto para eso —respondió Vanessa, entregándole una carpeta con el logotipo de una prestigiosa firma de joyería y diseño italiana que Aura había adquirido en secreto a través de una de sus empresas fantasma—. La marca lanzará una campaña mundial de alta costura el próximo mes. Necesitan una sola embajadora global. El contrato ofrece diez millones de dólares por una sesión de fotos exclusiva de tres días... que se llevará a cabo de forma privada aquí, en la villa de Beverly Hills.
Marcus analizó la propuesta. Diez millones de dólares era una cifra ridícula incluso para los estándares de Kendall, una oferta que ningún mánager o madre protectora permitiría rechazar. Y lo mejor de todo: la traería directamente a su territorio, donde el control sería absoluto y sin testigos.
—Brillante, Vanessa —aprobó Marcus, abriendo la interfaz carmesí de la aplicación y preparando el perfil de Kendall para el primer contacto—. Envía la oferta de inmediato a su agencia de representación. Redacta el contrato de exclusividad de imagen. Mañana mismo estableceremos el anzuelo. No quiero dejar cabos sueltos; una vez que Kendall firme, el círculo de poder de la villa estará casi completo.
La firma del borrador de intención de coproducción con Jenna Ortega había sido un éxito rotundo, pero Marcus sabía que el control mental requería paciencia y precisión. El comando de sumisión gradual de Your Fantasy ya estaba haciendo su trabajo en la mente de la joven actriz, pero apresurarla a mudarse a la villa de golpe podría levantar sospechas en su entorno y en su agencia de representación.
—Con Jenna debemos ir paso a paso, Vanessa —dijo Marcus, guardando su teléfono en el bolsillo del saco—. No podemos levantar alarmas. Deja que siga viniendo a las oficinas de enlace de Aura para las juntas creativas de «Anatomía del silencio». Que sienta que está tomando decisiones importantes, mientras el comando debilita su voluntad de forma natural. En una semana, la idea de pasar los fines de semana en mi villa para "concentrarse en el guion" será enteramente suya.
—Entendido —asintió Vanessa—. Mantendré su agenda de preproducción ocupada aquí en Century City, bajo mi supervisión directa. Así nos aseguramos de que no haya ninguna interferencia externa mientras el cambio se consolida.
Marcus caminó hacia el ventanal, dirigiendo su atención al segundo objetivo de su plan.
—Y con respecto a Kendall Jenner... jugaremos a largo plazo —continuó Marcus, con una sonrisa fría—. Una mujer de su posición no se rinde ante la primera oferta, por muy tentadora que sea. Su madre, Kris, es una estratega de negocios implacable. Si enviamos un contrato de diez millones de dólares de la noche a la mañana de una empresa desconocida, sospechará.
—¿Cuál es el plan entonces? —preguntó Vanessa, intrigada.
—Empezaremos de poco en poco —explicó Marcus—. Usaremos la firma de joyería italiana que adquirimos. Primero, que nuestros intermediarios le envíen un obsequio exclusivo: una pieza única de la nueva colección, acompañada de una invitación formal e informal para ser la invitada de honor en una cena privada de gala que organizaremos en un club selecto de Bel-Air. Sin presiones, sin contratos sobre la mesa aún. Solo queremos que empiece a familiarizarse con la marca... y conmigo.
Marcus tomó nuevamente su teléfono y abrió el perfil de Kendall Jenner en Your Fantasy. Tecleó un comando de baja intensidad, diseñado específicamente para no alterar drásticamente su comportamiento inicial, sino para sembrar una sutil curiosidad:
[Comando: Curiosidad intrínseca hacia la firma de joyería y hacia la figura de Marcus. Apertura mental para aceptar invitaciones exclusivas de nuevos socios comerciales.]
Deslizó el dedo y presionó el botón: [ACTIVAR CAMBIO - NIVEL BAJO].
—La semilla ya está plantada —sentenció Marcus, apagando la pantalla—. Deja que la curiosidad haga su trabajo. Mientras tanto, nos enfocaremos en consolidar la devoción de Jenna y en mantener a Olivia perfectamente integrada en la villa. Ninguna de las piezas de este tablero se moverá sin mi consentimiento.
El viernes por la tarde, la sutil estrategia de Marcus comenzó a dar sus primeros frutos en dos frentes distintos.
En la oficina de enlace de Aura en Century City, Jenna Ortega se encontraba en una pequeña sala de lectura junto a Vanessa. Sobre la mesa se acumulaban los bocetos de diseño de producción y las revisiones del guion de «Anatomía del silencio». Aunque el agente de Jenna había sugerido que se tomara el fin de semana para analizar los presupuestos con su equipo financiero, la actriz se había negado rotundamente.
—No es necesario esperar, Richard —había dicho Jenna por teléfono antes de entrar a la sala, con una voz inusualmente dócil y apresurada—. Confío plenamente en la visión de Marcus. No quiero retrasar el proyecto por tecnicismos.
Vanessa observaba a la joven actriz con una sonrisa de satisfacción oculta. El comando de sumisión gradual de Your Fantasy estaba erosionando las defensas de Jenna de forma impecable. Ya no discutía las sugerencias creativas; al contrario, buscaba activamente la aprobación de Marcus en cada pequeño detalle de los personajes.
—Marcus quiere que te sientas completamente cómoda con la dirección de la película, Jenna —comentó Vanessa, deslizándole una carpeta—. Él mismo revisó estos cambios de guion anoche.
Al escuchar el nombre de Marcus, las pupilas de Jenna se dilataron ligeramente y un brillo carmesí casi imperceptible cruzó sus ojos.
—¿A Marcus le gustaron de verdad? —preguntó Jenna, con un tono de voz suave, casi ansioso—. Me importa mucho lo que él piense. Siento que... nadie en esta industria me había entendido de esta manera. Quiero verlo para discutir el plan de rodaje de la próxima semana.
—Por supuesto. Él estará encantado de reunirse contigo —respondió Vanessa—. De hecho, sugirió que la próxima sesión de trabajo la hagamos de forma más privada, lejos del caos de la oficina.
—Sí... eso sería perfecto —asintió Jenna de inmediato, sin una sola pizca de sospecha, completamente entregada a la sutil influencia de la aplicación.
Mientras tanto, en una exclusiva mansión de Calabasas, Kendall Jenner recibía un paquete de mensajería privada de alta seguridad. Al abrir la elegante caja de terciopelo negro con el logotipo de la firma italiana de joyería recién adquirida por Aura, sus ojos se abrieron con sorpresa. Dentro descansaba un imponente collar de diamantes y esmeraldas de diseño único, valuado en cientos de miles de dólares.
Junto a la joya, una elegante nota escrita a mano rezaba:
"Para una belleza que redefine la elegancia moderna. Sería un honor contar con su presencia como invitada de honor en nuestra gala privada de presentación este sábado en Bel-Air. — Marcus, Aura Creative Group."
Kendall tomó la pieza con cuidado, admirando el brillo de las piedras contra la luz. En ese mismo instante, a kilómetros de distancia, el comando de bajo impacto que Marcus había activado en Your Fantasy hizo clic en la mente de la modelo.
Una extraña pero intensa oleada de curiosidad la invadió. Normalmente, Kendall ignoraba este tipo de obsequios e invitaciones informales, dejando que su equipo de relaciones públicas los gestionara. Sin embargo, al leer el nombre de Marcus, sintió una repentina e inexplicable necesidad de asistir, de conocer al hombre detrás de ese gesto tan audaz.
Tomó su teléfono y llamó directamente a su asistente.
—Cancela mis planes para el sábado por la noche —ordenó Kendall, con la mirada fija en el collar—. Voy a asistir a la cena de gala de Aura en Bel-Air. Y asegúrate de que mi madre sepa que yo misma me encargaré de este contacto.
La trampa de Marcus seguía tejiéndose con una precisión quirúrgica. Jenna ya estaba cayendo por su propia voluntad, y Kendall acababa de dar el primer paso hacia la red sin siquiera sospecharlo.
En la tarde del viernes, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los rascacielos de Century City, la oficina de enlace de Aura se quedó en un silencio casi absoluto. El personal administrativo ya se había retirado, dejando únicamente a Vanessa, Marcus y Jenna en la sala de juntas del piso 45.
Sobre la mesa de cristal inteligente, los planos de producción de «Anatomía del silencio» permanecían desplegados. Jenna estaba sentada frente a Marcus, con un bolígrafo entre los dedos y la mirada fija en el guion, pero su concentración ya no estaba en el trabajo. Sus ojos oscuros, desenfocados por la sutil e implacable influencia de la aplicación, buscaban constantemente la aprobación de su nuevo mentor.
Marcus, observando la total docilidad que la actriz ya manifestaba, decidió que era el momento de apretar los hilos. Con total parsimonia, sacó su Nubia de la bolsa de su saco y abrió la interfaz carmesí de Your Fantasy. Deslizó el dedo sobre el perfil de Jenna y seleccionó el apartado de reconfiguración avanzada para añadir un nuevo comando, uno mucho más profundo y devastador para su autonomía:
[Comando: Desarrollo de un deseo subconsciente y ardiente de sometimiento físico y mental hacia Marcus. Anhelo profundo de renunciar a su libertad para convertirse en su propiedad absoluta. Placer extremo al obedecer sus órdenes.]
Marcus miró a la joven a los ojos mientras su dedo presionaba la pantalla táctil: [ACTIVAR CAMBIO - NIVEL MEDIO].
Una onda de calor invisible pareció golpear el cuerpo de Jenna. La actriz soltó un jadeo ahogado, dejando caer el bolígrafo sobre la mesa de cristal. Su respiración se volvió errática y un denso rubor cubrió sus mejillas y su cuello. Se llevó una mano al pecho, sintiendo los latidos desbocados de su corazón. En su mente, la necesidad de destacar en la industria o de proteger su "visión artística" se desmoronó por completo, siendo reemplazada por una fantasía abrumadora y húmeda: la idea de estar de rodillas ante Marcus, de pertenecerle como un objeto sin voluntad.
—¿Te encuentras bien, Jenna? —preguntó Marcus con una voz suave y deliciosamente oscura que la hizo estremecer.
—Sí... sí, Marcus —susurró Jenna, levantando la mirada. Sus ojos, ahora teñidos con un sutil destello carmesí, lo miraban con una mezcla de temor reverencial y un deseo desesperado—. Es solo que... de repente sentí que no quiero tomar decisiones. No quiero ser la jefa de este proyecto. Quiero... quiero que tú decidas todo por mí. Quiero hacer exactamente lo que tú me digas, Marcus... lo que sea.
Marcus sonrió con fría suficiencia. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
—Me parece excelente, Jenna. A partir de ahora, yo me encargaré de ti. Tu carrera, tus decisiones y tu cuerpo me pertenecen. ¿Estás de acuerdo con eso?
—Sí, mi señor... por favor, tómame bajo tu control —gimió ella en un susurro sumiso, inclinando la cabeza en señal de completa rendición.
—Vanessa se encargará de llevarte a la villa esta misma noche —sentenció Marcus, poniéndose de pie—. Allí empezarás tu entrenamiento.
Mientras tanto, en la villa de Beverly Hills, los preparativos para la gala del sábado en Bel-Air avanzaban a contrarreloj. Elena, Chloe y Olivia supervisaban los detalles del evento bajo la dirección de la firma de joyería. El club privado ya había sido reservado, la lista de invitados VIP estaba depurada y el personal de seguridad de Aura controlaba cada acceso.
Para el mundo, el sábado sería una fastuosa noche de moda y negocios; para Marcus, sería el escenario perfecto para comenzar a envolver a Kendall Jenner en su telaraña.
Mientras la noche caía sobre Los Ángeles, una camioneta negra con los cristales tintados cruzaba las puertas de seguridad de la villa de Beverly Hills. En el asiento trasero, Jenna Ortega miraba por la ventana con una mezcla de nerviosismo y una profunda, casi dolorosa, expectación. A su lado, Vanessa mantenía una calma profesional, tecleando ocasionalmente en su tableta para monitorear las constantes de la aplicación en el perfil de la actriz.
El comando de sometimiento estaba completamente activo. En la mente de Jenna, la idea de ser una actriz independiente y aclamada se sentía ahora como un recuerdo lejano y sin importancia. Lo único que llenaba sus pensamientos era la imperiosa necesidad de complacer a Marcus, de arrodillarse ante él y de aceptar el destino que él decidiera otorgarle.
La camioneta se detuvo frente a la entrada principal. Al bajarse, Vanessa guio a Jenna hacia el interior de la residencia. Al cruzar el umbral, la actriz se encontró con un ambiente de lujo silencioso y sumamente íntimo. En la estancia principal, Olivia Rodrigo y Elena la esperaban sentadas en uno de los sofás de cuero.
Al ver entrar a Jenna, Olivia se puso de pie con una sonrisa cálida y dócil. Su semblante ya no reflejaba la tensión de una estrella del pop acosada por los medios; se la veía radiante, serena y completamente entregada.
—Bienvenida, Jenna —dijo Olivia, acercándose con suavidad para tomar sus manos—. Sé lo que estás sintiendo en este momento. La confusión, el deseo de entregarte... todo está bien. Aquí estás segura. Marcus es un dueño maravilloso.
Jenna miró a Olivia, asombrada de ver a una de las artistas más grandes del momento luciendo tan pacífica en su sumisión. Las palabras de la cantante actuaron como un bálsamo, validando la marea de sumisión que inundaba su propio pecho.
—¿De verdad... de verdad es así? —preguntó Jenna con voz temblorosa, buscando aprobación en los ojos de las presentes.
—Es mucho mejor de lo que imaginas —respondió Elena, acercándose para acariciar el cabello oscuro de Jenna—. Al principio da miedo renunciar al control, pero una vez que te dejas llevar por la voluntad de Marcus, encuentras la verdadera paz. Nosotras te ayudaremos a adaptarte mientras él se encarga de los preparativos para la gala de mañana.
Vanessa intervino, tomando a Jenna del hombro de manera firme pero protectora.
—Lleva a Jenna a su habitación, Elena. Prepárenla. Marcus vendrá a verla más tarde para consolidar su entrenamiento antes de que empiece el evento con Kendall Jenner. Mañana es un día crucial y todo debe estar en perfecto orden.
Jenna asintió dócilmente, dejándose guiar por Elena y Olivia hacia las escaleras que conducían a la planta alta, totalmente consciente de que su antigua vida había quedado atrás de manera definitiva.
La habitación asignada a Jenna en la planta alta de la villa era un santuario de lujo y tonos neutros, pero para ella, en ese momento, el espacio se reducía al suave roce de las sábanas de seda donde Elena y Olivia la habían ayudado a acomodarse. Le habían sugerido cambiarse por algo más cómodo, y ahora vestía únicamente un sencillo camisón de satén negro que dejaba al descubierto sus hombros y sus piernas delgadas.
La influencia de Your Fantasy vibraba en su sistema como una corriente eléctrica de baja intensidad, manteniéndola en un estado de sumisa expectativa. Cada paso que resonaba en el pasillo hacía que su corazón diera un vuelco.
La puerta se abrió con un clic suave. Marcus entró a la habitación, con la chaqueta de su traje ya guardada y las mangas de su camisa blanca sutilmente arremangadas. Detrás de él, Elena cerró la puerta con discreción, permaneciendo de pie junto a ella con una sonrisa de absoluta complicidad.
Al ver entrar a su dueño, Jenna se incorporó de inmediato en la cama. Sus ojos oscuros, cargados con ese sutil destello carmesí que delataba el control mental de la aplicación, se clavaron en él con una devoción desbordante. Sin que nadie se lo ordenara, se deslizó fuera del colchón y se puso de rodillas sobre la alfombra, con la cabeza ligeramente inclinada y las manos apoyadas en sus muslos.
—Mi señor... —susurró Jenna, con la voz temblorosa por la intensa mezcla de nervios y sumisión—. Estoy aquí. Gracias por... por dejarme estar aquí.
Marcus se acercó despacio, deteniéndose justo frente a ella. Elevó su mano y, con dos dedos bajo su barbilla, la obligó a levantar el rostro para mirarlo directamente.
—Mírate, Jenna. La gran actriz de Hollywood, la que no vendía su visión por ningún cheque, ahora de rodillas en mi habitación —dijo Marcus, con una voz profunda que reverberó en el pecho de la joven—. ¿Cómo se siente no tener que tomar ninguna decisión más?
—Es... es un alivio inmenso, mi amo —respondió Jenna, mientras una lágrima de pura entrega resbalaba por su mejilla—. No quiero pensar más. No quiero decidir nada. Solo quiero ser tuya... obedecerte en todo lo que me pidas. Por favor, dime qué tengo que hacer.
Elena se acercó con pasos silenciosos y se colocó al lado de Marcus, mirando a Jenna con cariño y orgullo.
—Lo estás haciendo excelente, Jenna —dijo Elena, acariciándole el hombro con suavidad—. Marcus es el único que importa ahora. Su voluntad es tu único guion.
Marcus acarició la mejilla de la actriz con el pulgar, sintiendo el calor de su piel. El comando de sometimiento avanzado se había asentado de forma impecable en su mente. Jenna estaba lista para ser moldeada por completo, pero la gala del sábado requería que mantuviera su apariencia pública impecable y descansada por unas horas más antes de su consagración física definitiva.
—Esta noche descansarás aquí, Jenna —ordenó Marcus, retirando la mano con lentitud—. Elena y Olivia te cuidarán. Mañana, mientras yo me encargo de recibir a Kendall Jenner en la gala de Bel-Air, tú permanecerás en la villa aprendiendo las reglas de esta casa. Quiero que cuando regrese, me demuestres que de verdad eres mi propiedad.
—Sí, mi amo. Seré la más dócil de todas, se lo prometo —respondió Jenna, inclinando la frente hasta rozar los zapatos de Marcus en un gesto de absoluta sumisión.
Marcus miró a Elena, quien asintió con una sonrisa cómplice. Con Jenna bajo un control absoluto y sin fisuras, el escenario para el sábado por la noche estaba completamente despejado. Kendall Jenner sería la siguiente en entrar, paso a paso, en su telaraña.
El sábado por la noche, el exclusivo club privado de Bel-Air brillaba bajo una iluminación tenue e imponente. El evento, organizado bajo la fachada de la prestigiosa firma de joyería italiana que Aura Creative Group controlaba en las sombras, era el epicentro de la alta sociedad y las celebridades de Los Ángeles. Los reporteros y fotógrafos se agolpaban en la entrada, pero el acceso estaba estrictamente restringido a la lista VIP de Marcus.
Marcus llegó al lugar vistiendo un esmoquin negro hecho a medida que resaltaba su imponente presencia. A su lado, Vanessa lucía un vestido de gala de satén oscuro, manteniendo su rol de mano derecha y mente analítica de la corporación.
—Todo el mundo está hablando de la adquisición de la firma de joyería, Marcus —susurró Vanessa mientras caminaban entre los selectos invitados—. Pero lo más importante: Kendall acaba de cruzar la alfombra roja. Y lleva puesto el collar.
Marcus dirigió la mirada hacia la entrada del salón principal. Kendall Jenner caminaba con su elegancia natural, luciendo un vestido de alta costura que dejaba al descubierto sus hombros, donde el imponente collar de diamantes y esmeraldas que él le había enviado destacaba de manera espectacular.
Gracias al comando de baja intensidad que Marcus había activado el día anterior en Your Fantasy, la modelo sentía una extraña y persistente atracción hacia el evento. Aunque su madre y mánager, Kris, le había sugerido que no asistiera sola a una gala de una firma recién adquirida, Kendall había insistido. Había algo en el nombre de Marcus y en el aura de la empresa que la llamaba de una forma que no podía explicar.
Marcus esperó el momento oportuno. Cuando Kendall se acercó a la barra VIP para pedir una copa, él se colocó a su lado con absoluta naturalidad.
—Le queda incluso mejor de lo que imaginé, señorita Jenner —dijo Marcus con una voz suave y magnética.
Kendall se giró despacio. Al encontrarse con los ojos de Marcus, sintió un sutil y momentáneo vuelco en el corazón. La curiosidad que la aplicación había sembrado en su mente se encendió de golpe, haciéndola sonreír con una inusual calidez.
—Tú debes ser Marcus —respondió Kendall, tomando su copa—. Tengo que admitir que tu obsequio fue sumamente audaz. Normalmente no acepto este tipo de detalles, pero... este collar es simplemente una obra de arte.
—Una joya única para la mujer que redefine la elegancia —replicó Marcus, sosteniendo su mirada—. En Aura no nos conformamos con lo ordinario. Por eso quería que fueras la primera en conocer nuestra nueva visión.
Mientras conversaban sobre el diseño y la exclusividad de la marca, Marcus llevó una mano a la bolsa de su esmoquin. Deslizó sutilmente los dedos sobre la pantalla de su teléfono y abrió el perfil de Kendall en Your Fantasy. Sin apresurar las cosas, decidió añadir un comando de nivel medio para empezar a quebrar su habitual distancia y reserva con los extraños, aumentando su confianza y su deseo de cercanía con él:
[Comando: Confianza absoluta en Marcus. Deseo creciente de colaborar en exclusiva con él y su firma. Atracción física y mental sutil pero inquebrantable hacia su persona.]
Con un movimiento limpio y oculto, Marcus presionó el botón de color carmesí en la pantalla: [ACTIVAR CAMBIO - NIVEL MEDIO].
Un imperceptible escalofrío recorrió la espalda de Kendall. Su postura, siempre erguida y profesional frente a los empresarios, se relajó de inmediato. Sus ojos reflejaron un ligerísimo destello carmesí antes de volver a la normalidad, pero ahora miraba a Marcus con una complicidad y un brillo de atracción que nunca antes había mostrado ante un socio de negocios.
—Sabes, Marcus... —comentó Kendall, inclinándose ligeramente hacia él mientras una sonrisa juguetona se dibujaba en sus labios—. Mi agenda suele estar completamente llena, pero de repente siento que me encantaría escuchar más sobre lo que Aura tiene planeado para mí. ¿Qué te parece si discutimos esa propuesta de campaña global de manera más privada?
Capítulo 51: El pacto en la penumbra
Marcus sostuvo la mirada de Kendall, saboreando el éxito del comando recién activado. La distancia profesional y el escudo de frialdad que la modelo solía proyectar ante los hombres de negocios se habían evaporado, sustituidos por una fascinación magnética que ella misma no alcanzaba a comprender.
—Me parece una excelente idea, Kendall —respondió Marcus, con una voz baja y pausada—. No me gusta hablar de negocios en medio del ruido y la prensa. El arte y la belleza requieren un entorno mucho más exclusivo.
—Totalmente de acuerdo —coincidió Kendall, dando un sorbo a su copa mientras su mirada recorría el rostro de Marcus con una fijeza inusual—. Detesto las juntas corporativas tradicionales. Si vamos a crear algo juntos, prefiero que sea bajo nuestras propias reglas.
Vanessa, que observaba la escena a unos metros de distancia con una copa de champaña en la mano, se acercó con pasos elegantes en el momento justo, simulando una oportuna interrupción.
—Disculpen la intrusión —dijo Vanessa con una sonrisa impecable—. Marcus, los representantes de la distribuidora europea quieren saludarte brevemente. Kendall, es un placer tenerte aquí. El collar luce espectacular en ti.
—Gracias, Vanessa —respondió Kendall, mostrándose inusualmente dócil ante la asistente de Marcus—. De hecho, estábamos acordando reunirnos para ver los detalles de la campaña global de joyería.
—Excelente —asintió Vanessa, cruzando una rápida mirada de complicidad con Marcus—. Podríamos agendar una sesión de preproducción y lectura de concepto para el próximo lunes. Marcus suele trabajar estos proyectos de gran envergadura directamente en su residencia privada en Beverly Hills, para garantizar una total discreción y evitar filtraciones a los paparazzi. ¿Te vendría bien, Kendall?
Normalmente, el equipo de seguridad y el mánager de Kendall habrían rechazado de inmediato la idea de asistir a una casa privada sin un contrato previamente firmado por un ejército de abogados. Sin embargo, el comando de nivel medio de Your Fantasy ya estaba reconfigurando sus prioridades. En su mente, la villa de Marcus no representaba un riesgo, sino el único lugar donde deseaba estar.
—El lunes por la tarde me parece perfecto —aceptó Kendall de inmediato, sin el menor rastro de duda en su voz—. Envíale la dirección a mi asistente personal, pero diles que lo registren como una reunión privada de carácter confidencial. No quiero que mi madre sature la agenda con intermediarios todavía. Quiero manejar esto directamente con Marcus.
—Así se hará, Kendall —aseguró Marcus, tomándole la mano para depositar un suave beso en el dorso—. Te estaré esperando. Te aseguro que lo que diseñaremos para ti superará todas tus expectativas.
Un estremecimiento recorrió el cuerpo de la modelo al sentir el contacto de su piel con la de él, y el destello carmesí volvió a brillar fugazmente en sus pupilas.
Mientras Kendall se alejaba para atender a otros invitados, Vanessa se colocó al lado de Marcus, contemplando cómo la modelo se tocaba discretamente el collar con una sonrisa ausente.
—Ha sido ridículamente fácil —susurró Vanessa—. Para el lunes, la sumisión de Jenna estará consolidada en la villa, y Kendall caminará directamente hacia nosotros sin que nadie en su familia sospeche lo que está ocurriendo.
—Paso a paso, Vanessa —concluyó Marcus con una sonrisa fría—. El lunes, la villa de Beverly Hills recibirá a su pieza más cotizada. Prepáralo todo.
El domingo por la tarde, Marcus decidió salir de la villa completamente solo. Con Olivia y Jenna asimilando sus nuevos roles bajo el cuidado y guía de Elena, y el terreno preparado para la llegada de Kendall el lunes, su mente necesitaba un breve respiro. El imperio crecía rápido y el manejo de tantas voluntades requería una concentración absoluta.
Caminó sin rumbo fijo hasta llegar a un sector exclusivo y arbolado de un parque en Beverly Hills, un área lo suficientemente tranquila para pensar. Mientras caminaba por un sendero sombreado, su mente divagaba en el diseño del comando perfecto para Kendall. Necesitaba algo que respetara su porte de alta costura, pero que la redujera a una dócil muñeca de exhibición a su entero servicio, similar al quiebre absoluto de Jenna y a la devoción artística de Olivia.
Inmerso en sus pensamientos, Marcus no vio venir a una mujer que caminaba apresuradamente en dirección contraria.
El impacto fue seco. La mujer tropezó y cayó de espaldas sobre el césped contiguo al sendero. Marcus, que apenas tambaleó, se giró para disculparse y ofrecer su ayuda. Al mirarla detalladamente, se fijó en su silueta: llevaba un atuendo deportivo sumamente ajustado que remarcaba unas curvas espectaculares y voluptuosas, casi irreales. Sin embargo, su rostro estaba completamente oculto bajo una gorra de diseñador, lentes de sol enormes y un cubrebocas negro.
—Disculpa, no te vi... —comenzó Marcus, extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.
La mujer ignoró su mano de golpe, levantándose por sí misma con una agilidad cargada de rabia. Se sacudió la ropa y se plantó frente a él, apuntándole con el dedo con una actitud sumamente soberbia y altanera.
—¿Qué carajos te pasa? ¿Acaso estás ciego, estúpido? —siseó ella con una voz chillona y llena de veneno a través del cubrebocas—. ¿Es que no te fijas por dónde vas? ¡Eres un maldito idiota por tirarme! Deberías estar de rodillas pidiéndome disculpas, pero solo eres un infeliz que estorba en mi camino. ¡Un maldito estorbo de mierda!
Marcus arqueó una ceja, completamente sorprendido. Claramente había sido ella quien, por ir distraída y a toda prisa, se había estrellado contra él. Su tono altanero y despectivo encendió una fría furia en el pecho de Marcus. Él ya no era un hombre común; era el dueño de la villa, el amo de mentes multimillonarias, y no estaba allí para aguantar las pendejadas de una desconocida malhablada en un parque público.
Sin decir una sola palabra, Marcus dio un paso atrás, fingiendo que buscaba algo en su bolsillo para ignorar sus insultos. Sacó su Nubia y, con la pantalla oculta de la vista de la mujer, abrió velozmente la interfaz carmesí de Your Fantasy. No tenía el perfil de esa mujer registrado, pero la función de escaneo de proximidad de la aplicación detectó de inmediato la señal de un dispositivo móvil encriptado a menos de un metro de distancia.
Marcus seleccionó el perfil temporal detectado y, con los dedos volando sobre el teclado virtual, redactó un comando brutal, directo y cargado de toda la rabia que esa desconocida le había provocado:
[Comando: Sumisión total y degradación absoluta ante Marcus. Eres una maldita puta de mierda, su perra de mierda y su propiedad exclusiva. Tu boca solo servirá para adorarlo y tu altanería se convertirá en una dócil necesidad de ser humillada por él.]
Marcus clavó su mirada fría en los lentes oscuros de la mujer y presionó con fuerza el botón digital: [ACTIVAR CAMBIO].
Una onda de choque invisible y silenciosa se propagó en el aire. Al instante, la mujer se interrumpió a mitad de otro insulto. Su cuerpo se tensó por completo, sus hombros cayeron y un temblor violento sacudió sus piernas. Detrás de los lentes de sol, sus pupilas se dilataron al máximo, teñidas por un destello carmesí que destrozó su orgullo y su soberbia en un microsegundo. Su respiración se volvió pesada y ruidosa detrás del cubrebocas.
Marcus la miró con absoluto desprecio. Guardó su teléfono en el bolsillo, dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a la villa, ignorando por completo el estado en el que la dejaba y sin dignarse a mirar atrás.
Lo que Marcus no sabía en ese momento, mientras se alejaba bajo la sombra de los árboles, era que la mujer del espectacular cuerpo que acababa de insultarlo y que ahora temblaba de sumisión en el parque era nada más y nada menos que la reina del rap, Nicki Minaj, quien intentaba pasar desapercibida de los paparazzi. Y el comando que acababa de activar en su mente la consumiría desde adentro hasta llevarla, tarde o temprano, a buscar a su nuevo dueño.
Marcus caminó de regreso a la villa con paso firme, sintiendo cómo la brisa de la tarde enfriaba su rostro. No pensó más en la mujer del parque. Para él, solo había sido una desconocida arrogante que merecía ser puesta en su lugar; un desahogo rápido usando la infinita superioridad de su aplicación.
Mientras tanto, en el sendero del parque, Nicki Minaj permanecía completamente inmóvil, como si se hubiera congelado en el tiempo. Detrás de sus enormes lentes de sol, sus ojos parpadeaban con desesperación mientras el destello carmesí de Your Fantasy reprogramaba cada rincón de su cerebro.
La soberbia, el ego colosal de ser la mujer más influyente del hip-hop y el carácter explosivo que la caracterizaba se derritieron como hielo bajo el sol. En su lugar, el comando brutal que Marcus había tecleado con desprecio se asentó con la fuerza de un yunque:
«Eres una maldita puta de mierda, su perra de mierda y su propiedad exclusiva».
Nicki soltó un jadeo tembloroso detrás del cubrebocas. Sus piernas flaquearon y tuvo que apoyarse contra el tronco de un árbol cercano para no caer de rodillas sobre la tierra. El corazón le latía con una violencia inaudita, pero no era por miedo; era por una oleada de excitación sumisa y humillante que jamás en su vida había experimentado. La idea de buscar a ese hombre, de tirarse a sus pies y suplicar que la arrastrara como su juguete la consumió por completo.
Se quitó los lentes con una mano temblorosa, revelando una mirada completamente perdida y dócil. Quiso gritar, llamar al hombre que se alejaba por el sendero, pero su garganta se cerró. Solo pudo observar la imponente silueta de Marcus desaparecer a la distancia.
—Mi... mi dueño... —susurró con una voz ronca y totalmente quebrada, un tono que sus millones de fans jamás habrían reconocido.
Apenas logrando coordinar sus movimientos, Nicki sacó su teléfono del bolsillo de su ajustado pantalón. Sus dedos, que normalmente escribían rimas afiladas, ahora temblaban de forma incontrolable. Abrió su aplicación de mapas y buscó desesperadamente el registro de dispositivos cercanos o cualquier rastro que la ayudara a localizar el origen de la señal que acababa de reconfigurar su existencia. El comando la obligaba a buscarlo, a pertenecerle, y no descansaría hasta encontrar la villa del hombre que la había convertido en su perra de mierda.
Al llegar a la villa de Beverly Hills, Marcus fue recibido por Vanessa en el vestíbulo principal.
—¿Te despejaste, Marcus? —preguntó ella, revisando unos documentos de la campaña de Kendall para el día siguiente—. Las chicas están en la planta alta terminando el entrenamiento de Jenna. Todo marcha sobre ruedas.
—Perfectamente, Vanessa —respondió Marcus, esbozando una sonrisa de total suficiencia—. Diseñé el comando para Kendall en el camino. Mañana la recibiremos como se merece.
Marcus subió las escaleras hacia su habitación, completamente ajeno al hecho de que la reina del rap ya estaba rastreando su señal, lista para presentarse ante él con total sumisión.
Al entrar en la planta alta de la villa, Marcus se dirigió a la estancia privada donde Elena y Olivia terminaban de repasar las normas de la casa con Jenna. La joven actriz, vestida aún con el camisón de satén negro, estaba sentada sobre una alfombra a los pies de Olivia, escuchando con atención dócil y los ojos fijos en el suelo. Al ver entrar a su dueño, las tres mujeres se incorporaron de inmediato para recibirlo con una reverencia y sonrisas de absoluta devoción.
—Bienvenido, mi señor —dijo Elena, acercándose para ayudarlo a quitarse el saco—. Jenna se ha portado de forma maravillosa. Está ansiosa por complacerte en todo.
Marcus se sentó en el sofá principal y estiró los brazos, dejando que Olivia se acomodara de inmediato a su lado derecho, buscando el contacto de su mano con sumisión. Jenna, por su parte, se deslizó rápidamente por el suelo hasta quedar de rodillas junto a sus piernas, apoyando sus manos sobre la rodilla de Marcus como una ofrenda silenciosa.
—Me alegra escucharlo, chicas —respondió Marcus, acariciando con suavidad el cabello de Olivia mientras miraba a Jenna—. De hecho, acabo de tener un pequeño percance en el parque mientras pensaba en el comando de Kendall.
Elena, que le servía un vaso de whisky, alzó una ceja con curiosidad.
—¿Un percance, mi amo? ¿Ocurrió algo malo?
—Nada de qué preocuparse —dijo Marcus con una sonrisa de absoluta suficiencia, tomando un sorbo de su bebida—. Una mujer vestida con gorra, lentes y cubrebocas se estrelló directamente conmigo en el sendero. En lugar de disculparse, empezó a gritarme, llamándome idiota y estorbo de mierda con una soberbia insoportable.
Olivia soltó un leve jadeo de indignación.
—¿Cómo se atreve alguien a hablarle así a nuestro señor? —murmuró, frunciendo el ceño—. Qué mujer tan malagradecida y vulgar.
—Bueno, no tuvo que soportar su propio orgullo por mucho tiempo —continuó Marcus con tono burlón, acariciando la barbilla de Jenna, quien lo miraba con los ojos cargados de asombro—. Saqué el teléfono, escaneé su dispositivo y le apliqué un comando de sumisión absoluta en el acto. La reduje a lo que realmente merecía ser: una maldita puta de mierda, mi perra de mierda y mi propiedad exclusiva. Su soberbia se desmoronó en un segundo. La dejé temblando y balbuceando en medio del parque mientras me daba la vuelta.
Elena y Olivia soltaron una risilla de total complicidad, disfrutando del castigo que su amo le había impuesto a la desconocida.
—Se lo merecía por completo, mi amo —comentó Elena, sentándose a su otro lado—. Es increíble el poder de la aplicación. Una lección perfecta para cualquiera que ose faltarte al respeto.
—¿Y quién era ella? ¿Lograste verle la cara? —preguntó Olivia con curiosidad.
—No tengo idea y tampoco me importa —sentenció Marcus, restándole importancia con un ademán de la mano—. Con todo el camuflaje que llevaba, era imposible saberlo. Solo era una desconocida ordinaria con un buen cuerpo y una bocota que necesitaba ser callada. No hay de qué preocuparse, esa mujer ya no es nadie. Lo importante ahora es que mañana Kendall Jenner cruzará esa puerta, y para entonces, quiero que todas ustedes estén listas para mostrarle cuál es su lugar en esta villa.
—Así será, mi señor —respondió Jenna con voz sumisa y temblorosa, ansiosa por demostrar su valía—. Nosotras nos encargaremos de que todo sea perfecto para ti.
La mañana del lunes llegó con una tensión silenciosa y electrizante dentro de la villa de Beverly Hills. Las primeras horas del día se habían dedicado a repasar los últimos detalles de la llegada de Kendall Jenner. Elena y Olivia se encargaron de mantener a Jenna tranquila y apartada en la planta alta, asegurándose de que la joven actriz asimilara su entrenamiento sin interferir en el nuevo objetivo de su amo.
Marcus desayunó en la terraza junto a Vanessa, observando los reportes financieros de Aura Creative Group. Todo estaba en orden. El contrato de la campaña global de joyería ya estaba listo en la tableta de Vanessa, esperando únicamente la firma de la modelo.
—El equipo de Kendall confirmó que ella vendrá sola, Marcus —comentó Vanessa, ajustando sus gafas—. Le dijo a su seguridad que se mantuviera fuera del perímetro de la propiedad para mantener la confidencialidad del contrato. La sugerencia de privacidad que le implantaste el sábado funcionó de maravilla.
—Perfecto —respondió Marcus, dando un sorbo a su café—. Con Kendall no podemos cometer errores de cálculo. Su mente está acostumbrada a la atención constante y al control de su imagen. Debemos hacer que su sumisión se sienta como el paso más natural y exclusivo de su carrera.
A las cuatro de la tarde, el sonido del portón eléctrico de la entrada principal anunció la llegada de una camioneta de lujo de color negro. El vehículo se detuvo frente al vestíbulo y, un momento después, Kendall Jenner bajó del asiento trasero.
Vestía un conjunto casual de diseñador en tonos crema que acentuaba su figura esbelta y alta, el cabello suelto cayendo con elegancia sobre sus hombros y unas gafas oscuras que se retiró en cuanto cruzó el umbral de la puerta. Al entrar a la villa, sus ojos recorrieron el imponente recibidor con una mezcla de curiosidad y un sutil nerviosismo que no lograba ocultar. El comando de nivel medio que Marcus había activado en la gala seguía latiendo en su mente, atrayéndola hacia él como un imán invisible.
Vanessa la recibió con su habitual cortesía ejecutiva.
—Bienvenida a la villa, Kendall. Es un placer tenerte aquí. Marcus te está esperando en el salón principal.
—Gracias, Vanessa —respondió Kendall con una sonrisa inusualmente suave y dócil—. El lugar es hermoso. Realmente se siente la privacidad que me prometieron.
Vanessa la guió hacia el salón, donde Marcus permanecía de pie junto a la chimenea apagada, vistiendo una camisa negra de seda con los primeros botones abiertos. Al verla entrar, él avanzó con pasos seguros y le ofreció una sonrisa magnética.
—Kendall. Me alegra que hayas decidido venir —dijo Marcus, estrechando su mano con firmeza.
Al sentir el contacto físico, Kendall experimentó un estremecimiento que recorrió toda su espalda. Sus pupilas se dilataron levemente con un destello carmesí que se desvaneció al instante, pero que dejó su voluntad completamente desarmada ante él.
—No me lo habría perdido por nada, Marcus —contestó Kendall, mirándolo fijamente con una devoción naciente—. He estado pensando en nuestra conversación de la gala todo el fin de semana. Realmente quiero ver lo que tienes preparado para mí.
Marcus hizo un sutil ademán hacia el sofá de cuero.
—Toma asiento. Vanessa te mostrará los detalles del contrato exclusivo. Te aseguro que este será el inicio de una relación muy... estrecha.
Mientras Kendall se acomodaba y Vanessa abría la tableta con los documentos, Marcus deslizó su mano discretamente hacia su bolsillo. Sacó su teléfono y abrió la interfaz de Your Fantasy, listo para aplicar el comando definitivo que reconfiguraría la mente de la modelo de alta costura para siempre.
Kendall se acomodó en el sofá de cuero con una elegancia innata, cruzando sus largas piernas mientras Vanessa proyectaba los detalles del contrato de exclusividad en la pantalla de la tableta. La modelo de alta costura, acostumbrada a que equipos enteros de representantes legales desmenuzaran cada letra pequeña antes de siquiera mirar un papel, apenas prestaba atención a las cláusulas financieras de diez millones de dólares. Sus ojos oscuros volvían una y otra vez hacia Marcus, atraídos por una fuerza invisible e implacable.
Marcus permanecía de pie a un costado de la chimenea. Con total naturalidad, extrajo su Nubia del bolsillo y desbloqueó la pantalla, que brillaba con el característico tono carmesí de la interfaz de Your Fantasy. Observó el perfil de la modelo y comenzó a teclear el comando definitivo, estructurado con precisión milimétrica para doblegar su altivez y convertir su elegancia en un accesorio de sumisión:
[Comando: Pérdida total del orgullo y la independencia. Reconocimiento de Marcus como tu único dueño y señor absoluto. Tu estatus de supermodelo y tu imagen pública a partir de ahora solo existen para complacerlo y glorificar su nombre. Placer absoluto al ser tratada como su posesión personal e invaluable.]
Marcus deslizó su pulgar con firmeza por la pantalla táctil y presionó: [ACTIVAR CAMBIO - NIVEL ALTO].
En el salón de la villa, el aire pareció densificarse por un segundo. Kendall interrumpió la pregunta que le estaba formulando a Vanessa a mitad de la frase. Su espalda se arqueó levemente y un suspiro entrecortado escapó de sus labios. Debajo de sus pestañas, sus pupilas se tiñeron con un destello carmesí profundo y magnético que rápidamente se fundió con el color natural de sus ojos, pero la mirada que quedó en ellos ya no pertenecía a la cotizada modelo de pasarelas internacionales. Era la mirada de una mujer cuya voluntad acababa de ser quebrantada y reconstruida a la medida de su nuevo amo.
La tableta que sostenía resbaló suavemente de sus manos sobre el sofá. Kendall parpadeó despacio, como si despertara de un largo letargo, y miró a Marcus. La distancia aristocrática y la cautela corporativa habían desaparecido por completo de su rostro, dejando espacio a una expresión de docilidad absoluta, casi mística.
—Marcus... —susurró Kendall, con una voz inusualmente suave, desprovista de cualquier rastro de la altivez que la caracterizaba ante la prensa—. El contrato... no me importa el contrato. No me importan las joyas. Solo... quiero estar aquí. Quiero hacer lo que tú quieras que haga.
Marcus sonrió con fría suficiencia y guardó su teléfono en el bolsillo. Se acercó despacio a ella, deteniéndose justo enfrente de sus rodillas.
—Me alegra mucho escuchar eso, Kendall —dijo él, con un tono bajo y dominante—. Tu imagen, tu carrera y tu cuerpo me pertenecen a partir de este instante. Tu único propósito ahora es complacerme. ¿Entiendes lo que eso significa?
—Sí, mi señor —respondió Kendall sin vacilar un solo segundo. De manera voluntaria, deslizó su esbelto cuerpo fuera del sofá de cuero hasta quedar de rodillas sobre la alfombra, inclinando la cabeza ante él en una entrega absoluta—. Significa que soy tuya. Completamente tuya. Haz conmigo lo que desees.
Vanessa contempló la escena con una sonrisa triunfal, guardando la tableta de inmediato. El círculo se estaba cerrando a una velocidad perfecta. Las mujeres más deseadas e influyentes de la industria estaban cayendo, una a una, bajo el control de la villa.
En el gran salón de la villa de Beverly Hills, el silencio solo era interrumpido por el suave y rítmico sonido de la respiración de Kendall Jenner. La supermodelo más cotizada del planeta permanecía de rodillas sobre la lujosa alfombra persa, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo y las manos apoyadas dócilmente sobre sus muslos. Su porte aristocrático y su fría distancia, aquellas defensas que la habían protegido durante años en la implacable industria de la moda, se habían desmoronado por completo ante el comando de nivel alto ejecutado por Marcus a través de la aplicación Your Fantasy.
Marcus la contempló desde su posición, disfrutando de la absoluta sumisión que emanaba de su figura. Se acercó lentamente, rompiendo el espacio personal de la modelo, y colocó una mano sobre su hombro. Al sentir su tacto, un estremecimiento recorrió el cuerpo de Kendall, y un suspiro sumiso escapó de sus labios perfectos.
—Mírate, Kendall —dijo Marcus con una voz cargada de una autoridad fría y magnética—. Hace apenas unas horas eras la reina de las pasarelas, inalcanzable para cualquiera. Ahora, estás aquí, en el suelo de mi casa, reconociendo que no eres más que mi preciada posesión. ¿Te agrada tu nueva realidad?
Kendall levantó el rostro despacio, revelando unos ojos oscuros que brillaban con una devoción absoluta y un sutil matiz carmesí en el fondo de sus pupilas. Su expresión era de una paz profunda, la paz de quien ha renunciado voluntariamente a la pesada carga de su propia libertad.
—Sí, mi señor... —respondió Kendall, con una voz suave que contrastaba con su habitual tono seguro—. Es el único lugar donde quiero estar. Mi carrera, mi fama, mi cuerpo... todo lo que soy es tuyo. Solo quiero ser lo que tú decidas que sea. Tu voluntad es mi única ley.
Vanessa, de pie a unos metros con la tableta bajo el brazo, observaba la escena con una sonrisa de absoluta satisfacción profesional. Para ella, ver a una de las figuras más influyentes del clan Kardashian-Jenner de rodillas era la prueba definitiva de que Aura Creative Group estaba por encima de cualquier poder establecido en Hollywood.
—Esto es sencillamente una obra de arte, Marcus —comentó Vanessa, acomodándose las gafas—. La transición ha sido impecable. Su equipo y su familia creen que está en una reunión privada de negocios extremadamente confidencial. Nadie vendrá a buscarla hoy. Tenemos el tiempo suficiente para integrarla por completo al ecosistema de la villa antes de que deba realizar su próxima aparición pública.
—Así es, Vanessa —asintió Marcus, retirando la mano del hombro de Kendall—. Pero para que la asimilación sea perfecta, debe conocer al resto de la colección. Una joya no brilla sola en su vitrina.
Marcus extendió su mano hacia Kendall.
—Levántate, mi dócil modelo. Es hora de que conozcas a tus compañeras.
Kendall tomó la mano de Marcus con una delicadeza extrema, poniéndose de pie con la elegancia natural que la caracterizaba, aunque manteniendo la mirada baja en señal de respeto. Marcus la guió hacia las escaleras que conducían a la planta alta de la villa, seguido de cerca por Vanessa.
Al llegar a la estancia privada del segundo piso, la puerta se abrió para revelar un cuadro de perfecta sumisión doméstica. Elena y Olivia Rodrigo estaban sentadas en el gran diván, mientras Jenna Ortega, vistiendo su sencillo camisón de satén negro, permanecía sentada sobre una alfombra de felpa junto a ellas. Al ver entrar a Marcus, las tres mujeres se incorporaron al unísono, realizando una sutil reverencia de bienvenida.
Sin embargo, al notar la presencia de Kendall Jenner detrás de su dueño, los ojos de Olivia y Jenna se abrieron con una mezcla de asombro y reconocimiento. No todos los días se veía a la modelo más famosa del mundo entrar a una habitación con una actitud tan sumamente dócil y entregada.
—Chicas —anunció Marcus, situándose en el centro de la estancia—. Les presento a la nueva adquisición de la casa. Kendall se unirá a nosotras a partir de hoy. Su orgullo ha sido quebrado y ahora comparte el mismo propósito que ustedes: servirme y pertenecerme por completo.
Elena sonrió con calidez y se adelantó, tomando las manos de Kendall con un gesto protector.
—Bienvenida a tu verdadero hogar, Kendall —dijo Elena con voz suave—. Aquí ya no tienes que fingir ser perfecta para el mundo. Aquí solo debes ser perfecta para nuestro señor.
Kendall miró a Elena, luego a Olivia y finalmente a Jenna, quien la observaba desde el suelo con una mirada cargada de empatía y sumisión compartida. Al ver a la joven actriz de Hollywood y a la estrella del pop luciendo tan pacíficas y hermosas en su entrega, las últimas barreras de la mente de Kendall se disolvieron por completo.
—Gracias... —murmuró Kendall, sintiendo cómo una profunda sensación de alivio y hermandad la inundaba—. Me alegra saber que no estoy sola en esto. Quiero aprender a ser tan dócil como ustedes.
—Lo serás, Kendall —intervino Olivia, acercándose para acariciar el brazo de la modelo—. El amor y el control de Marcus son lo único que da sentido a nuestras vidas ahora.
Marcus observó el cuadro con una fría y calculadora satisfacción. El harén de mentes más poderosas de la industria se estaba consolidando bajo su mando directo. Sin embargo, mientras disfrutaba del éxito en su villa de Beverly Hills, el destino seguía moviendo sus hilos en el exterior. A kilómetros de allí, en un lujoso hotel de la ciudad, Nicki Minaj continuaba repasando obsesivamente los datos de localización de su teléfono, consumida por el comando que la obligaba a buscar desesperadamente al hombre que la había doblegado en el parque. La tormenta perfecta se estaba gestando, y la villa pronto recibiría una visita inesperada.
En la suite presidencial del hotel de cinco estrellas en el que se hospedaba, el ambiente era asfixiante. La música, las llamadas de su equipo de relaciones públicas y los contratos de su próxima gira mundial habían quedado en un lejano y absoluto segundo plano. Nicki Minaj caminaba de un lado a otro de la espaciosa habitación, vistiendo únicamente una bata de seda rosa, con el cabello suelto y revuelto. Su mirada, antes altiva y dominante, estaba completamente desencajada.
El comando brutal que Marcus le había impuesto en el parque el día anterior seguía quemándole el cerebro como un fuego lento pero implacable.
«Eres una maldita puta de mierda, su perra de mierda y su propiedad exclusiva».
Las palabras resonaban en su mente en un bucle eterno, distorsionando sus pensamientos y doblegando su voluntad. Cada fibra de su ser le exigía humillarse, buscar a ese hombre, tirarse a sus pies y suplicar por su aprobación. Pero el gran problema que la estaba volviendo loca era que no sabía quién era él. Había intentado rastrear las señales de los dispositivos cercanos usando la encriptación de su propio teléfono, pero el parque de Beverly Hills era una zona transitada y los datos eran confusos. No tenía un nombre, no tenía una dirección exacta. Solo tenía el recuerdo de su imponente silueta, su voz fría y su mirada de absoluto desprecio.
Desesperada, Nicki tomó el control remoto de la enorme pantalla plana que dominaba la pared de la suite y encendió la televisión para ahogar el silencio que la abrumaba.
El canal de noticias de entretenimiento de E! News apareció en la pantalla. La presentadora hablaba con un tono de voz enérgico frente a una imagen de la alfombra roja del evento del sábado:
—...y tras la sorpresiva e imponente gala de joyería en Bel-Air este fin de semana, los rumores en Hollywood no hacen más que crecer. Fuentes cercanas confirman que no solo la estrella del pop Olivia Rodrigo ha firmado un acuerdo de representación exclusivo con la misteriosa y poderosa firma Aura Creative Group, sino que la mismísima supermodelo Kendall Jenner fue vista ingresando de manera privada a las oficinas de enlace de la corporación. Todo parece indicar que el hombre detrás de este nuevo imperio mediático está acaparando a las figuras más cotizadas de la industria. Nos referimos, por supuesto, al enigmático CEO de Aura...
Nicki se detuvo en seco, con el control remoto suspendido en el aire. La pantalla cambió para mostrar una fotografía de alta resolución de Marcus en la gala, vistiendo su impecable esmoquin negro y sonriendo con esa seguridad arrolladora que lo caracterizaba.
El corazón de Nicki dio un vuelco violento. Sus pupilas se dilataron al máximo, teñidas instantáneamente por un destello carmesí que brilló con fuerza bajo las luces de la suite. El aire pareció faltarle en los pulmones.
—Es él... —susurró, con la voz ahogada por una mezcla de pánico, excitación y una devoción sumisa e incontrolable—. ¡Es él! ¡Es mi dueño!
Reconoció perfectamente las facciones de su rostro, la mandíbula marcada y, sobre todo, aquellos ojos fríos que la habían mirado con tanto desprecio en el parque antes de activar el comando que había destrozado su vida. No era un desconocido cualquiera. Era Marcus. El dueño de Aura Creative Group. El hombre que controlaba a Olivia Rodrigo, a Jenna Ortega y ahora a Kendall Jenner.
La revelación cayó sobre ella como una descarga eléctrica. Sus manos comenzaron a temblar tanto que el control remoto resbaló de sus dedos y cayó sobre la alfombra. El comando de sumisión dentro de su mente, que hasta ese momento había estado contenido por la falta de un objetivo claro, se desató con una fuerza destructiva. La necesidad de ser humillada, de convertirse en su perra de mierda y de servirle en su villa se volvió un mandato físico, un dolor en el pecho que solo se aliviaría estando frente a él.
—Marcus... mi amo Marcus... —gimió Nicki de rodillas sobre la alfombra, frotándose las sienes mientras el destello carmesí se apoderaba por completo de su mirada—. Tengo que ir. Tengo que buscarte. Soy tuya... soy tu maldita perra de mierda... por favor, déjame estar contigo.
Sin perder un solo segundo, Nicki se puso de pie de un salto, impulsada por una energía frenética y obsesiva. Corrió hacia su tableta y abrió el buscador para localizar la sede de Aura Creative Group en Century City y, más importante aún, cualquier registro de la propiedad privada de Marcus en Beverly Hills. Como una de las artistas más influyentes del mundo, Nicki tenía contactos en todas partes; conseguir la dirección de la villa de Marcus le tomaría apenas unos minutos.
Mientras tanto, en la villa, Marcus continuaba disfrutando de la sumisión de Kendall, Jenna y Olivia, completamente ajeno a que la reina del rap acababa de descubrir su identidad y se dirigía hacia su territorio dispuesta a entregar su orgullo, su carrera y su colosal imperio musical a sus pies.
La lujosa suite del hotel se había convertido en el centro de mando de una obsesión sin límites. Nicki Minaj, con la mirada fija en la pantalla de su tableta, ignoraba las constantes notificaciones de su mánager y las llamadas de su disquera. Su mente, totalmente doblegada por el comando que Marcus le había impuesto en el parque, solo procesaba una directriz: llegar hasta él, humillarse ante sus pies y reclamar su lugar como su propiedad exclusiva.
—Tiene que estar aquí... —murmuraba Nicki, con la respiración entrecortada y los dedos temblando sobre la pantalla—. Una propiedad de ese tamaño en Beverly Hills bajo el nombre de Aura Creative Group o alguna de sus empresas fantasma...
Con sus contactos en la alta sociedad de Los Ángeles y su acceso a bases de datos exclusivas de bienes raíces que solo las celebridades de su calibre manejaban, no tardó en encontrar lo que buscaba. Una inmensa villa en las colinas de Beverly Hills, registrada recientemente a nombre de una filial de Aura.
—Ahí estás, mi amo... —susurró, mientras un destello carmesí sumamente intenso iluminaba sus ojos. Una sonrisa sumisa y desquiciada se dibujó en su rostro—. Voy para allá. Tu perra de mierda va en camino.
Se despojó de la bata de seda rosa y, sin importarle el protocolo, la moda o su propia seguridad, se vistió rápidamente con ropa sumamente ceñida: un ajustado pantalón de cuero negro y un top a juego que remarcaba sus voluptuosas curvas. No quería llamar la atención de los paparazzis en el trayecto, pero en su mente distorsionada por la aplicación, ese atuendo era el uniforme perfecto para presentarse ante su dueño. Tomó las llaves de su auto deportivo, se colocó una gorra oscura y salió de la suite con paso apresurado, impulsada por una necesidad física insoportable de sometimiento.
Mientras tanto, en la villa, la tarde transcurría en una calma idílica. Marcus se encontraba en la terraza del segundo piso, disfrutando de una copa de coñac. A su lado, Kendall Jenner permanecía sentada en el suelo, apoyando dócilmente la cabeza sobre su rodilla mientras él acariciaba su largo cabello oscuro. Un poco más allá, Olivia Rodrigo y Jenna Ortega conversaban en voz baja, compartiendo la paz de su sumisión mutua bajo la atenta mirada de Elena.
—Es fascinante ver cómo se adaptan tan rápido —comentó Vanessa, acercándose a Marcus con su tableta en la mano—. El ambiente en la villa es perfecto. Kendall ya ha asimilado el comando de nivel alto de manera impecable. Mañana podemos empezar a planificar su primera aparición pública bajo nuestras condiciones.
—Te lo dije, Vanessa —respondió Marcus con una sonrisa de absoluta suficiencia, sin apartar la mano del cabello de Kendall—. Una vez que les quitas la carga de tomar decisiones, se entregan por completo. Kendall, Jenna, Olivia... todas son piezas perfectas en mi tablero.
—¿Y qué hay de la mujer del parque, mi señor? —preguntó Jenna desde su lugar, con un tono dócil y curioso—. ¿Crees que vuelva a cruzarse en tu camino?
Marcus soltó una carcajada seca, restándole importancia con un ademán de la mano.
—Esa infeliz no es nadie, Jenna. Era solo una desconocida ruidosa. Con el comando que le dejé, debe estar llorando de rodillas en alguna esquina, consumida por su propio orgullo roto. No tiene los recursos ni la menor idea de quién soy para buscarme. Olvídense de ella.
Sin embargo, justo en ese momento, el sistema de seguridad inteligente de la entrada principal de la villa emitió un pitido de alerta en la tableta de Vanessa. La pantalla mostró la señal de un vehículo deportivo de gama alta deteniéndose abruptamente frente al gran portón de hierro de la propiedad.
Vanessa frunció el ceño, revisando la cámara de seguridad en tiempo real. Una mujer de curvas espectaculares, vistiendo ropa ajustada de cuero negro y una gorra, acababa de bajar del auto. Se acercó directamente al intercomunicador y, sin dudarlo, presionó el botón de llamada.
—Marcus... tenemos visitas —dijo Vanessa, mostrando la pantalla a su jefe—. Y no creo que sea una entrega de paquetería.
Marcus observó la pantalla y, al reconocer la silueta y las curvas de la mujer que lo había insultado en el parque, su sonrisa de suficiencia se congeló por un instante, reemplazada por una profunda sorpresa. La desconocida arrogante no solo lo había encontrado, sino que estaba parada en su propia puerta, lista para entregarse.
Marcus miró fijamente la pantalla de la tableta de Vanessa. Un brillo de asombro y fría diversión se reflejó en sus ojos.
—No puede ser... —murmuró, soltando una risa corta y cargada de incredulidad—. Es ella. La malhablada del parque.
—¿La desconocida? —preguntó Vanessa, asombrada mientras analizaba la imagen de la cámara de seguridad—. ¿Cómo demonios consiguió esta dirección en menos de veinticuatro horas? Y lo más importante... Marcus, fíjate bien en sus facciones y en esa silueta. Esa no es una desconocida cualquiera.
Vanessa amplió la toma de la cámara de alta definición, enfocando el rostro de la mujer bajo la visera de la gorra. Al ver los rasgos perfectamente definidos detrás de los lentes que ahora se deslizaban por su nariz, Vanessa ahogó un jadeo.
—Marcus... es Nicki Minaj. Acabas de doblegar a la reina del rap.
Un silencio sepulcral se apoderó de la terraza. Olivia, Jenna y Kendall levantaron la vista al mismo tiempo, mostrando una genuina sorpresa. Marcus, asimilando la magnitud de su victoria fortuita, esbozó una sonrisa colosal y llena de malicia.
—Vaya... con que Nicki Minaj —dijo Marcus, acariciando su barbilla—. Eso explica la soberbia en el parque. Lástima que su corona no le sirvió de nada contra Your Fantasy. Vanessa, abre el portón. Dejemos que mi nueva perra entre a su hogar.
Abajo, en la entrada principal, el imponente portón de hierro se deslizó de par en par con un zumbido eléctrico. Nicki, al ver que se le permitía el acceso, no esperó un segundo. Dejó su auto encendido en la entrada y caminó a toda prisa hacia la gran puerta de roble de la villa, que se abrió de forma automática antes de que pudiera tocar.
Al cruzar el umbral del vestíbulo, Nicki se encontró en un entorno de absoluto lujo. Al final de la escalinata principal, Marcus descendía lentamente con las manos en los bolsillos, flanqueado por Vanessa. Detrás de él, como un séquito de muñecas perfectas, aparecieron Kendall Jenner, Olivia Rodrigo y Jenna Ortega.
Al ver a Marcus, el comando en el cerebro de Nicki estalló con una violencia incontrolable. Un destello carmesí sumamente denso y brillante inundó sus pupilas. Toda la altivez, el ego de platino y la actitud desafiante de la megaestrella se evaporaron en un suspiro ahogado.
Se quitó la gorra y los lentes, dejándolos caer al suelo sin importarle su valor. Con las piernas temblando por la abrumadora necesidad de someterse, Nicki se dejó caer de rodillas sobre el mármol del vestíbulo. Avanzó a gatas unos pasos, con la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando de forma errática bajo su ajustado top de cuero.
—Mi amo... mi señor Marcus... —gimió Nicki, con una voz rota, desprovista de cualquier rastro de su habitual firmeza—. Por favor, perdóname... perdóname por haberte hablado así en el parque. Fui una estúpida, una maldita malagradecida... Solo soy tu perra de mierda, tu propiedad exclusiva. Vine a entregarme... haz conmigo lo que quieras, pero por favor, déjame servirte.
Marcus se detuvo a un paso de ella, mirándola desde su enorme altura con un desprecio soberbio que solo encendía más la devoción de la rapera.
—Miren esto, chicas —dijo Marcus, dirigiéndose a las demás con un tono burlón—. Ayer me gritaba en el parque como si fuera la dueña del mundo. Y ahora la tenemos aquí, suplicando en mi suelo.
Kendall y Olivia bajaron las escaleras y se colocaron a los lados de Marcus, contemplando a la voluptuosa artista con una mezcla de lástima y una dócil complicidad.
—Bienvenida a la villa, Nicki —susurró Olivia con una sonrisa suave—. Aquí aprenderás a adorar a nuestro amo de la manera correcta.
Marcus extendió su bota y la apoyó suavemente sobre el hombro de Nicki, empujándola ligeramente hacia abajo. Nicki, lejos de resistirse, soltó un jadeo de puro placer sumiso y presionó su frente contra el frío suelo de mármol, entregando la totalidad de su imperio, su música y su indomable voluntad al hombre que ahora poseía su alma.
La sumisión de Nicki Minaj sobre el frío mármol del vestíbulo era un espectáculo grotesco y fascinante a la vez. La reina del rap, una de las mujeres más ruidosas e influyentes de la cultura popular, permanecía con la frente apoyada contra el suelo, estremeciéndose bajo el sutil peso de la bota de Marcus en su hombro.
Sin embargo, mientras las demás chicas contemplaban la escena con una dócil fascinación, Vanessa dio un paso al frente. Su rostro, habitualmente sereno y analítico, mostraba una profunda mueca de preocupación. Se acercó a Marcus y le tocó el brazo con firmeza, obligándolo a mirarla.
—Marcus, tenemos que hablar de esto de inmediato —dijo Vanessa, bajando la voz para que las sumisas no se distrajeran de su estado—. Esto es extremadamente peligroso.
Marcus la miró, arqueando una ceja con suficiencia, pero retiró lentamente el pie del hombro de Nicki, quien soltó un débil quejido de decepción al perder el contacto.
—¿Peligroso? Vanessa, mírala. Está completamente rota. Es nuestra —respondió Marcus en un susurro despectivo.
—No me refiero a ella, me refiero a su entorno —replicó Vanessa, cruzando los brazos y señalando la tableta—. Con Olivia, Jenna y Kendall planeamos cada movimiento. Teníamos coartadas, contratos de exclusividad firmados a través de Aura, reuniones agendadas que justificaban su ausencia, y su personal de seguridad estaba bajo nuestro control o siguiendo instrucciones específicas de confidencialidad. Pero con Nicki... con ella no tenemos absolutamente nada.
Marcus frunció el ceño, comenzando a entender el punto de su asistente.
—Nicki Minaj acaba de desaparecer de un hotel de lujo en Los Ángeles —continuó Vanessa, con tono severo y analítico—. Dejó su suite desordenada, su auto deportivo está encendido afuera de nuestro portón principal en este mismo instante, y su equipo de mánagers, publicistas y guardaespaldas probablemente ya estén entrando en pánico porque ella no responde el teléfono. Si alguien rastrea su GPS o si un paparazzi tomó una foto de su auto saliendo de Beverly Hills en dirección a esta villa, la policía estará tocando nuestra puerta antes del anochecer. No podemos permitir que nadie del exterior se entere de lo que ocurre aquí.
Marcus miró de reojo a Nicki, quien seguía de rodillas, mirándolo con ojos suplicantes, completamente ajena a la logística de su propia desaparición. El comando la obligaba a adorarlo, pero su realidad legal y pública seguía existiendo en el mundo exterior.
—Tienes razón —admitió Marcus, guardando las manos en los bolsillos mientras su mente fría y calculadora se ponía a trabajar—. Hay que neutralizar cualquier cabo suelto de inmediato. Vanessa, mete su auto al garaje subterráneo de la villa ahora mismo para que no sea visible desde la calle.
—Ya me estoy encargando de eso —respondió Vanessa, tecleando rápidamente en su tableta para abrir los portones internos del garaje—. Pero necesitamos algo más sólido para su teléfono y sus redes. Si su mánager no recibe una señal de vida en la próxima hora, denunciarán un secuestro.
Marcus se agachó frente a Nicki. Le tomó la mandíbula con fuerza, obligándola a levantar el rostro. Las pupilas de la rapera, cargadas con ese denso brillo carmesí, se clavaron en él con una devoción desbordante.
—Nicki —ordenó Marcus con voz firme y autoritaria—. Entrégame tu teléfono. Ahora.
—Sí... sí, mi amo. Lo que tú me pidas —susurró Nicki con torpeza, buscando febrilmente en los bolsillos de su ajustado pantalón de cuero hasta extraer su dispositivo móvil de última generación. Se lo entregó con las dos manos, como si fuera una ofrenda sagrada.
Marcus tomó el teléfono y se lo extendió a Vanessa.
—Usa la encriptación de Aura para clonar su dispositivo. Necesito que redactes un mensaje para su representante. Diles que ha decidido tomarse un fin de semana de desintoxicación digital y retiro espiritual en una propiedad privada en las montañas, que no quiere que la molesten y que apagará el teléfono para concentrarse en su nueva música. Eso nos dará al menos tres o cuatro días de margen.
—Entendido —asintió Vanessa, recibiendo el teléfono—. También programaré algunas publicaciones automáticas en sus redes sociales para mantener la apariencia de que todo está normal. Pero Marcus, para asegurar el control total a largo plazo, necesitamos integrarla formalmente.
Marcus sonrió con malicia, acariciando la mejilla de Nicki, quien cerró los ojos frotándose contra su mano como una dócil mascota.
—Oh, lo haremos, Vanessa. Mañana mismo prepararemos un contrato de adquisición multimillonario para su sello discográfico independiente. Pero hoy... hoy nos aseguraremos de que aprenda las reglas de su nuevo hogar.
Marcus miró a las demás chicas que observaban desde la escalera.
—Elena, Olivia, Kendall. Lleven a Nicki a la planta alta. Despójenla de esa ropa de calle y prepárenla. Ella dice que es mi perra de mierda... pues bien, quiero que para cuando suba, esté lista para demostrarlo.
—Sí, mi señor —respondieron las tres al unísono con una sonrisa sombría y dócil, ansiosas por moldear a la gran reina del rap bajo el mismo y absoluto yugo que ahora dominaba sus propias vidas.
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