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Chapter 36
by
bla12
¿Cómo va la sesión?
Sesión en publico
El trayecto fue en el auto del estudio, un sedán de lujo con vidrios polarizados. Magi iba sentada en silencio, con el vestido de seda perforada como única cobertura. El poco peso y la ligereza de la tela sobre sus piernas era una premonición de la exposición que venía. Elara iba a su lado, repasando notas en su tablet, imperturbable. Leo, el fotógrafo, conducía, su perfil era una máscara de concentración profesional.
El auto se detuvo en un callejón adoquinado en una zona antigua de la ciudad, ahora reconvertida en lofts de diseño y galerías de arte. El callejón había sido acordonado con vallas negras discretas y cintas de "ACCESO RESTRINGIDO". Pero la orden era clara: era una privatización de mentira. Un espectáculo de exclusividad que invitaba, precisamente, a ser espiado.
—Sal —ordenó Elara—. El equipo ya está montado.
Al bajar, el viento frío del callejón le golpeó la espalda desnuda expuesta por el corte del vestido. Magi se estremeció. Los focos ya estaban colocados, apuntando a una pared de ladrillo viejo cubierta de grafitis descoloridos. El contraste entre la crudeza urbana y la elaborada perversidad de su vestido era obsceno.
—Es hora —dijo Elara, guardando su tablet.
Magi sintió el frío del adoquín en la suela de sus pies y el viento jugando con la tela ligera de la falda de seda. Fue entonces cuando vio los ventanales. Los edificios que flanqueaban el callejón no eran oficinas vacías. Eran lofts caros, con enormes ventanales desde el suelo hasta el techo. Y detrás de algunos de ellos, se recortaban siluetas. Personas. Observando.
—No les prestes atención —murmuró Leo, ajustando su cámara—. Forman parte del fondo. Luz natural filtrada por el vidrio, vida urbana como contexto... es auténtico.
La orden era imposible de cumplir. Magi sintió decenas de ojos sobre ella, como pinchazos de alfiler. Algunas siluetas tenían phones levantados, pequeños puntos de luz que parpadeaban en la penumbra de los lofts. Otras simplemente observaban, con la tranquilidad de quien ve un programa de televisión.
—Empecemos. Actitud callejera. Natural. Como si estuvieras esperando a alguien, perdida en tus pensamientos —instruyó Leo, levantando la cámara.
Magi se apoyó sobre la pared de ladrillo. La áspera textura le rasgó la espalda desnuda a través de los orificios perforados. Se cruzó de brazos, un gesto instintivo de frío y protección, pero Elara intervino de inmediato.
—No. Los brazos sueltos. Deja que la tela respire. Que se vea cómo la luz juega con los orificios, cómo los puntos de luz caen justo sobre tu pecho y el bajo vientre. Ponte de perfil. Mira hacia el fondo del callejón, como si buscaras una salida.
Magi obedeció. Cada movimiento se sentía amplificado, coreografiado para una audiencia invisible. El viento sopló de nuevo, levantando la falda ligera y revelando sus piernas por un instante. Desde uno de los lofts, alguien soltó un silbido burlón que el viento trajo hasta ella. Las mejillas le ardieron.
Click-clack. La cámara de Leo capturó el momento, el vestido ondeando, su perfil tenso, la mirada perdida hacia una salida que no existía.
—Bueno. Ahora camina. De un extremo a otro del callejón. Lento. Muy lento. Siente la fluidez de la seda. Que se note la lucha entre la elegancia y el entorno hostil.
Caminar fue una tortura. Cada paso sobre los adoquines irregulares era inestable. La seda ligera se movía con ella, pero los cordones de cuero se clavaban en sus costados con el movimiento. Los puntos de luz que los focos proyectaban a través de los orificios bailaban sobre su piel como ojos siguiéndola. Y siempre, siempre, la sensación de las miradas desde arriba, desde atrás del vidrio, seguras e impunes, devorando el espectáculo.
—Detente. Agáchate a recoger un objeto imaginario del suelo. Flexiona las rodillas, no la cintura.
Magi se agachó. La falda se abrió sobre el suelo sucio. La espalda quedó completamente expuesta a los ventanales, la tela perforada estirándose sobre sus riñones. Supo, con una certeza visceral, que desde arriba la vista sería perfecta, obscena, con los orificios del tejido marcando precisamente las curvas de sus senos y la zona pélvica. Un flash anónimo desde un loft iluminó por un segundo su figura agachada. No era el flash de Leo. Era el de un espectador.
Se levantó rápidamente, mareada por la rabia y la humillación.
—¿Problemas? —preguntó Elara, con una ceja arqueada—. La calle es impredecible, Magi. La autenticidad duele a veces.
La sesión continuó. La posaron sobre una reja oxidada, sentada en el bordillo de adoquines (¡Cuidado con la seda! ¡No la arruines!), recostada sobre un contenedor de basura pintado con spray. Cada ubicación era elegida para contrastar su "belleza elaborada" con la "cruda realidad", como si ella fuera un jarrón de cristal valioso abandonado en un vertedero.
Y siempre, el coro silencioso de espectadores tras los cristales. Sus miradas eran diferentes a las de los clientes en el estudio. Estas eran más descaradas, más casuales, más diversión. Ella era el entretenimiento de su tarde, la curiosidad desde su ventana.
El mensaje era claro: ya no solo era una obra de arte para coleccionistas. Era una atracción pública. Y el espectáculo, sabía, acababa de comenzar.
¿Como sigue la sesión?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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