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Capítulo 3: La caza de Sherly y la herencia de Jeison
El motor de la camioneta de la casa rugió a lo lejos cuando Rachel se alejó hacia el supermercado, dejando un silencio denso en el inmueble. Tyler se quedó de pie en la sala, con la luz del sol cayendo de sesgo sobre el suelo de madera y reflejándose en la tela clara del vestido crema de su madre que llevaba puesto. La textura del encaje de la lencería contra su piel y la holgura del vestido al nivel de sus piernas le recordaban, con cada pequeño movimiento, el alcance absoluto que tenía la libreta.
En su bolsillo, el peso del cuaderno de pasta negra se sentía como una anomalía en la realidad. Tyler metió la mano, rozó la cubierta y la sacó con lentitud. La abrió en la página de los registros pasados.
Sus ojos volvieron a fijarse en los nombres que había tachado y anulado: Jeison / Vicki y Vicki / Leah. Aunque la existencia de Jeison en la vida de su hermana había sido borrada de la línea temporal, la simple idea de que ese tipo hubiera tenido la audacia de usar la libreta para adueñarse del cuerpo y la existencia de Leah le encendía la sangre. Jeison siempre había sido un tipo arrogante, el matón del instituto que actuaba como si fuera el dueño del pueblo por el simple hecho de tener dinero y andar en una motocicleta ruidosa.
Pero Jeison no estaba solo. A su lado siempre andaba Sherly.
Sherly tenía veintidós años y era, en todos los sentidos, el trofeo de Jeison. Una chica de cuerpo exuberante, de presencia altiva y mirada despectiva que solía caminar por las calles del pueblo mirando a todos por encima del hombro. Siempre vestía ropa ceñida que marcaba sus curvas pronunciadas, con ese aire de superioridad que daba ser la novia del tipo más problemático de la zona.
Un pensamiento frío, meticuloso y cargado de un morbo salvaje comenzó a germinar en la mente de Tyler mientras sopesaba la libreta en la palma de su mano.
—Jeison creyó que podía tomar la vida de mi hermana y salirse con la suya... —murmuró Tyler en voz baja, con una sonrisa helada dibujándose en sus labios—. Vamos a ver qué se siente cuando sea yo quien habite la vida de su mujer, experimente su cuerpo, y le deje un regalo permanente en la cabeza a su preciosa novia.
El plan era perfecto. Usaría la misma técnica que con Leah: intercambiaría Vida con Sherly, habitaría su anatomía madura y atractiva, exploraría cada rincón de sus sensaciones, y desencadenaría en la mente de la chica una fijación erótica e incontrolable por él mismo —por Tyler—. Cuando regresara a su cuerpo original, la realidad reajustada dejaría a Sherly completamente sometida a sus deseos, incapaz de sacarse a Tyler de la cabeza, exactamente como había ocurrido con Leah.
Antes de salir, Tyler sacó su teléfono del bolsillo del vestido crema. Le escribió un mensaje rápido a su madre:
"Oye mamá, voy a salir un rato a hacer unos pendientes fuera. Si no me ves en la casa cuando regreses del supermercado es porque ando en la calle. Te aviso cualquier cosa."
Presionó enviar y guardó el teléfono. Se ajustó los tirantes de la lencería de encaje por debajo del cuello del vestido crema, acomodó la falda que le llegaba a las rodillas y se calzó bien las sandalias. No necesitaba cambiarse de ropa. La reescritura de Pertenencias permanecía intacta en el entramado de la existencia; para todo el pueblo, la indumentaria femenina que llevaba puesta siempre había formado parte de su guardarropa habitual.
Abrió la puerta principal de la casa y salió a la calle bajo el sol de la tarde.
El aire cálido del exterior le rozó las piernas descubiertas bajo la tela del vestido. Tyler caminó con paso firme por la banqueta. A lo largo de la cuadra, algunos vecinos salían a regar sus plantas o estaban sentados en sus porches. La Sra. Gutiérrez, una vecina mayor que solía ser bastante perspicaz con la vida ajena, lo miró directamente desde su ventana.
Tyler la observó de reojo, evaluando su reacción.
La anciana simplemente le asintió con la cabeza en un saludo cotidiano y continuo barriendo su entrada. Un par de jóvenes que pasaban en bicicleta lo saludaron con la mano sin reducir la velocidad. No había burlas, no había miradas de extrañeza ni susurros a sus espaldas. Para el tejido de la realidad, ver a Tyler, un varón de veintiún años, caminando por la calle luciendo un vestido sencillo color crema y sandalias era la cosa más normal del mundo. La Swap Note no dejaba fisuras.
Satisfecho por la confirmación empírica de su poder, Tyler aceleró el paso. Conocía perfectamente la ruta hacia la casa de Sherly. La chica vivía en un vecindario un poco más apartado, en una casa de dos pisos con un jardín amplio. Sabía que a esa hora de la tarde, Jeison solía estar en el taller mecánico con sus amigos, lo que significaba que Sherly estaría sola en su casa, descansando o arreglándose.
Tras quince minutos de caminata constante, llegó a la esquina adyacente a la vivienda de Sherly. Se ocultó detrás de un muro bajo adornado con plantas que cubría la vista desde la calle principal.
Sacó la Swap Note del bolsillo de su vestido crema y abrió la libreta. La brisa de la tarde hizo oscilar las páginas en blanco. Agarró la pluma de su bolsillo y la posicionó sobre la hoja.
Escribió con pulso firme y letra clara:
Tyler / Sherly
Vida / Vida
Al trazar la última letra de su nombre, el mundo no emitió ningún sonido. La luz del sol que se filtraba entre los árboles pareció congelarse en el aire y, de pronto, una marea de oscuridad absoluta se trago la conciencia de Tyler, desplomándolo en un vacío sin fondo.
El retorno de la luz fue violento, acompañado por una ráfaga de calor denso y el aroma a un perfume floral intenso, empalagoso y sumamente femenino.
Tyler no estaba de pie detrás del muro de plantas. Se encontraba recostada sobre una cama matrimonial enorme, rodeada de cojines de felpa. Sus ojos se abrieron de golpe, enfocando un techo blanco decorado con una lámpara de cristal elegante.
Intentó moverse, pero la estructura de su masa corporal se sentía radicalmente distinta. No había la rigidez ni el peso de su cuerpo masculino, ni tampoco la complexión delgada de su hermana Leah. Este cuerpo era pesado en áreas muy específicas, curvilíneo y lleno de una calidez vibrante que le recorría los muslos.
Se incorporó sobre los codos y miró hacia abajo.
Llevaba puesto un top corto de tirantes color rojo pasión que apenas le cubría el pecho, dejando al descubierto un abdomen firme y bronceado. La tela del top estaba estirada al límite por la presión de dos pechos voluminosos, notablemente más grandes que los de Leah, con los pezones marcándose con descaro sobre la tela fina. Abajo, solo vestía un short de mezclilla extremandamente corto y ajustado que le ceñía las caderas anchas y le marcaba la entrepierna de forma prominente.
—Dios mío... —dijo Tyler.
La voz que brotó de su garganta lo dejó helado. Era una voz femenina, un poco más grave que la de Leah, con un tono rasposo, sensual y arrogante. Era la voz inequívoca de Sherly.
Se levantó de la cama de un salto. El peso de sus pechos se balanceó con el movimiento, enviándole una sacudida de sensibilidad por todo el torso. Caminó a pasos rápidos hacia el espejo de marco dorado que estaba montado sobre la pared del tocador.
Al pararse frente al cristal, la imagen la dejó sin respiración.
Frente a él no estaba su figura con el vestido crema de su madre, sino Sherly en toda su plenitud. Veintidós años, rostro de facciones marcadas, labios carnosos pintados de un tono rosa oscuro, cabello negro brillante cayendo en ondas sobre sus hombros y un cuerpo voluptuoso que parecía diseñado para atraer todas las miradas. Las curvas de sus caderas eran amplias, su cintura era estrecha y el short de mezclilla le resaltaba una parte trasera prominente y firme.
—Esto es increíble... —murmuró Sherly —es decir, Tyler en el cuerpo de Sherly— pasándose las manos por la cintura.
Sintió la textura de la piel de la chica: suave, tibia y humectada con crema corporal. Deslizó las palmas por sus costados y subió lentamente hacia sus pechos, apretándolos con ambas manos por encima del top rojo. La sensibilidad era brutal. El cuerpo de Sherly, acostumbrado a una estimulación constante, respondió de inmediato. Un hormigueo cálido le bajó directo a la pelvis, haciendo que sus pepezones se endurecieran al instante como dos piedras bajo la tela roja.
De repente, una sacudida de dolor punzante le atravesó el cráneo. Tyler se llevó las manos a las sienes y cerró los ojos con fuerza mientras la regla de la categoría Vida comenzaba a volcar la existencia de Sherly en su mente.
Recuerdos de la infancia de Sherly, su relación con sus padres, sus peleas en la escuela, la forma en que disfrutaba llamar la atención de los chicos... Y luego, la figura de Jeison. Vio las noches que pasaba con él, sus encuentros en la parte trasera de su camioneta, la forma en que Jeison la trataba como su posesión y el orgullo superficial que ella sentía al ser la novia del tipo temido del pueblo.
Pero entrelazados con esos recuerdos de su relación con Jeison, la mente de Tyler detectó algo más: la profunda vanidad de Sherly y cómo, en el fondo, le aburría la rutina con su novio.
Al abrir los ojos, Tyler respiraba con dificultad. La mezcla de la adrenalina por la invasión de vida y la propia estimulación física de tocarse los pechos provocó una respuesta fisiológica inmediata en el cuerpo de Sherly. Entre sus piernas, por debajo del short de mezclilla ajustado, comenzó a sentir una humedad tibia y acelerada.
La vagina de Sherly estaba reaccionando. La tela del short le rozaba la entrepierna con cada respiración, generándole una comezón erótica insoportable.
—Aah... qué fácil es encender este cuerpo... —jadeó Tyler con la voz de Sherly, mirándose al espejo con los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos.
Sin perder un segundo, se llevó las manos al botón del short de mezclilla. Lo desabrochó con rapidez y se bajó el cierre. Se deslizó la prenda ajustada por las caderas, dejándola caer al suelo junto con sus sandalias. Quedó de pie frente al espejo vistiendo únicamente el top rojo y una tanga de encaje blanco que estaba visiblemente empapada en el centro.
La tanga apenas cubría la pelvis de Sherly, perfectamente depilada y suave. Tyler metió dos dedos por debajo de la tira lateral de la prenda interior y la jaló hacia un lado, dejando expuesta su zona íntima. Los labios vaginales de la chica estaban hinchados, brillando por el flujo espeso que exudaba de manera involuntaria.
Tyler rozó la yema de su índice contra el clítoris de Sherly.
—¡Aah! —un gemido agudo y rasposo se le escapó de la garganta.
La sensibilidad era abrumadora. El cuerpo de Sherly reaccionaba con una violencia sensorial mucho más rápida que el de Leah. Con solo un roce, las piernas de la chica temblaron y un escalofrío de placer le recorrió la columna vertebral.
Tyler se miró en el espejo: la novia de Jeison, la chica engreída del pueblo, estaba parada frente al cristal con la tanga corrida, tocándose la vulva con descaro mientras sus pechos pesados subían y bajaban bajo el top rojo. El morbo de la situación le encendió el cerebro.
—Jeison... si supieras quién está disfrutando de la zorra de tu novia en este momento... —susurró Tyler usando la voz de Sherly, mientras sonreía con malicia hacia su reflejo.
Desplazó dos dedos hacia abajo y los hundió de golpe en la cavidad húmeda y estrecha de Sherly.
El calor interno lo envolvió. Sherly estaba hirviendo por dentro. Tyler comenzó a mover los dedos hacia adentro y hacia afuera, marcando un ritmo rápido y profundo. El sonido de los fluidos lubricando la penetración llenó la habitación silenciosa, acompañado por los jadeos continuos que salían de la boca de la chica.
Con la mano libre, Tyler se agarró uno de los pechos grandes por encima del top rojo, amasándolo con fuerza y retorciendo el pezón erecto entre sus dedos.
A medida que aceleraba el movimiento de su mano entre las piernas, Tyler se aseguró de guiar la mente de Sherly hacia la trampa. Mientras habitaba su vida y usaba su cuerpo para alcanzar el placer, concentró todos los pensamientos, fantasías y emociones de la chica en una sola figura: Tyler.
Imaginó el rostro de su cuerpo masculino de veintiún años. Imaginó a Tyler entrando a esa misma habitación, dominándola, quitándole la ropa y mostrándole su miembro erecto. Imaginó la comparación entre la virilidad de Tyler y la de Jeison, haciendo que en la psique de Sherly la figura de Jeison quedara reducida a la nada frente a la atracción brutal e irresistible que sentía por el muchacho del vestido crema.
—Tyler... —gemía Sherly en voz alta, retorciendo las caderas sobre sus propios dedos—. Dios mío... Tyler... Ese chico... Qué increíble se ve... Necesito que me agarre... Necesito que me quite a Jeison de encima y me haga suya...
El pensamiento, impulsado por la intención de Tyler pero procesado por los centros emocionales de Sherly, selló el destino de la chica.
La presión en el bajo vientre de Sherly se volvió insoportable. Las paredes de su vagina comenzaron a contraerse violentamente alrededor de los dedos de Tyler, aprisionándolos con fuerza. Tyler apretó los dientes, aceleró los estocadas con sus dedos y hundió el pulgar contra el clítoris hinchado.
—¡AAAHHH! ¡SÍ! ¡TYLER! —gritó Sherly, echando la cabeza hacia atrás mientras su cuerpo convulsionaba en un orgasmo aplastante.
Un chorro espeso de flujo caliente brotó de su interior, bañando los dedos de Tyler y chorreando por la parte trasera de sus muslos. Las piernas de Sherly no aguantaron el peso del clímax y se doblaron, haciendo que la chica cayera de rodillas sobre la alfombra del tocador, respirando desbocada, con la saliva chorreando de sus labios y la tanga blanca completamente arruinada por la humedad.
Tyler, todavía en el cuerpo de Sherly, se quedó de rodillas durante varios segundos, saboreando las ondas residuales del orgasmo femenino que le recorrían la piel.
Miró sobre la peinadora. Allí, descansando junto a los perfumes de Sherly, estaba la Swap Note, que lo había seguido fielmente tras la reescritura.
Se arrastró un poco sobre las rodillas, tomó el cuaderno de pasta negra y lo abrió con la mano que todavía le temblaba por el placer.
Bajo su nombre firmante, la línea recién escrita brillaba con firmeza:
Tyler / Sherly - Vida / Vida
Tyler sonrió. El trabajo estaba hecho. La mente de Sherly había quedado completamente reprogramada. A partir de ese momento, la chica vería a Jeison con desprecio o indiferencia, y viviría obsesionada por la necesidad de que Tyler la poseyera, dispuesta a hacer lo que fuera con tal de conseguir su atención.
Agarró la pluma y escribió justo debajo:
Sherly / Tyler
Vida / Vida
Cerró la libreta de golpe.
El vacío volvió a tragar la realidad. El aroma a perfume floral se desvaneció en el acto, junto con la pesantez de los pechos grandes y la calidez del cuerpo de Sherly.
Cuando Tyler abrió los ojos, estaba de pie exactamente detrás del muro bajo de plantas, a una cuadra de la casa de Sherly. La luz del sol de la tarde seguía cayendo sobre él. Llevaba puesto el vestido sencillo color crema de su madre, la lencería de encaje y las sandalias, con la Swap Note sostenida firmemente entre sus manos.
Entre sus piernas, bajo la falda del vestido, su miembro masculino estaba completamente erguido, latiendo con fuerza por los residuos sensoriales de haber experimentado el orgasmo de la novia de Jeison.
Tyler se guardó la libreta en el bolsillo del vestido, se acomodó la ropa de su madre y echó a caminar despacio por la banqueta con una sonrisa triunfal.
No había caminado ni medio minuto cuando escuchó el sonido de unos pasos apresurados detrás de él, acompañados por el chasquido de unos tacones sobre el pavimento.
—¡Oye! ¡Espera! —resonó una voz femenina, rasposa y agitada.
Tyler se detuvo y se giró con lentitud, manteniendo las manos en los bolsillos del vestido crema.
A pocos metros de él venía corriendo Sherly. Llevaba puesto el top rojo, el short de mezclilla ajustado y tenía el cabello algo despeinado. Venía respirando con dificultad, con las mejillas profundamente sonrojadas y una mirada de desesperación pura en los ojos. Al llegar frente a Tyler, se detuvo en seco, apretando los muslos uno contra el otro mientras lo miraba de arriba abajo, deteniéndose con fascinación en su rostro y luego en el vestido de madre que él vestía.
—Sherly... —dijo Tyler con tono tranquilo y dominante—. ¿Pasa algo?
Sherly tragó saliva, visiblemente nerviosa y temblando de la cabeza a los pies. La reescritura de la libreta operaba en su cerebro al cien por ciento: la chica sentía una pulsación insoportable entre las piernas y una necesidad enfermiza de estar cerca de Tyler.
—Yo... yo te vi pasar desde mi ventana... —mintió Sherly con la voz quebrada, acercándose un paso más a él sin importarles estar en mitad de la calle—. Tyler... por favor... Necesito hablar contigo... Dejé a Jeison en su taller, pero no puedo dejar de pensar en ti... Me estoy volviendo loca... Necesito que me acompañes a mi casa un momento... por favor...
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