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Capítulo 4: La ruptura, el confrontamiento y la trampa del destino
Sherly estaba parada a escasos centímetros de Tyler, en plena vía pública, temblando de la cabeza a los pies. El sol de la tarde comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados que resaltaban el sudor fino brillando en la frente de la chica. Tenía el top rojo tenso por la acelerada respiración y la mirada perdida, clavada en los ojos de Tyler con una devoción casi dolorosa. Para ella, el mundo entero se había reducido a la presencia del chico que tenía enfrente; la fijación erótica que la Swap Note había grabado en su cerebro la estaba carcomiendo por dentro.
Tyler la miró de arriba abajo con una calma gélida. Llevaba puesto el vestido sencillo color crema de su madre, ajustado a su cuerpo masculino, y las sandalias de Rachel, pero su postura transmitía un dominio absoluto. Metió una mano en el bolsillo del vestido, rozando con las yemas de los dedos la pasta rígida del cuaderno de notas.
Un experimento nuevo comenzaba a gestarse en su mente. Quería ver hasta dónde llegaban los efectos de la libreta en las decisiones reales de la gente. Quería comprobar si la obsesión implantada en Sherly sería suficiente para destruir su relación con Jeison por completo, si la chica sería capaz de romper con él en su propia cara y qué pasaría cuando Jeison se enterara de que su mujer ahora pertenecía, en cuerpo y mente, al chico del vestido crema.
¿Peligro? Tyler casi tuvo ganas de reírse. Jeison podía ser el matón del pueblo, pero frente a la Swap Note, cualquier amenaza física era una tontería infantil. Un par de trazos con su pluma en la libreta bastaban para borrar a Jeison de la existencia o convertirlo en lo que a Tyler se le diera la gana.
—¿Te estás volviendo loca por mí, Sherly? —preguntó Tyler en un tono pausado, rozando la burla—. ¿Y qué hay de Jeison? Pensé que eras su novia fiel, la que todos veían pasear en su camioneta.
Al escuchar el nombre de Jeison, el rostro de Sherly se contrajo en un gesto de profundo asco e indiferencia, como si le estuvieran hablando de un insecto molesto.
—No me hables de ese idiota... —escupió Sherly, pasándose una mano temblorosa por el cabello negro—. No sé qué le veía, Tyler. Te lo juro por mi vida, no sé cómo pude estar con él. Es un simio bruto, aburrido... En cambio tú... Dios mío, me asomé por la ventana, te vi caminando por la calle y sentí que la vagina se me abría de la pura calentura... Necesito estar contigo. Voy a dejar a Jeison hoy mismo. No quiero que me vuelva a tocar en su perra vida.
Tyler arqueó una ceja, disfrutando cada palabra.
—¿Hoy mismo? —inquirió Tyler—. Si mal no recuerdo, dijiste que Jeison estaba en el taller mecánico con sus amigos.
—Sí, ahí está, presumiendo sus chatarra como siempre —dijo Sherly, dando un paso más hacia él y agarrándole la manga del vestido crema con desesperación—. Acompañame, Tyler. Ven conmigo al taller. Quiero que veas cómo lo mando al carajo en su propia cara. Quiero que sepa que ahora soy tuya, que pertenezco al hombre de verdad de este pueblo. Y si ese imbécil intenta hacerte algo...
Sherly hizo una pausa, mirando la figura de Tyler con una mezcla de deseo y admiración ciega.
—...si intenta ponerte una mano encima, le rompo una botella en la cabeza yo misma —concluyó la chica con los ojos inyectados en una resolución enfermiza.
Tyler sonrió de medio lado. La manipulación de la Swap Note no solo había reescrito los deseos de Sherly; había destruido cualquier rastro de lealtad en su psique, reemplazándolo por una lealtad absoluta y salvaje hacia él.
—Está bien —accedió Tyler, acomodándose la tela del vestido crema sobre los hombros—. Vamos al taller. Quiero ver cómo lo pones en su lugar.
Sherly dejó escapar un suspiro de alivio casi infantil, tomó a Tyler de la mano —sin importarle en absoluto que los vecinos pudieran verlos caminando juntos— y lo guió a pasos apresurados en dirección a la zona industrial del pueblo, donde se encontraba el taller mecánico de Jeison.
El taller de Jeison era un galpón amplio, con el piso manchado de aceite, piezas de motores viejos apiladas en los rincones y el olor penetrante a gasolina y grasa quemada. El sonido de música norteña sonaba a todo volumen desde una grabadora gastada. En el centro del galpón, levantado sobre un gato hidráulico, estaba el coche de Jeison.
Jeison, un tipo alto, de espalda ancha, vistiendo una camiseta sin mangas sucia de grasa y jeans rotos, estaba limpiándose las manos con un trapo sucio mientras se reía con dos de sus amigos.
—Y le dije al sujeto que si no me pagaba completo el arreglo, le dejaba el coche tirado en la carretera —decía Jeison entre risas brutas, levantando una botella de cerveza.
En ese momento, el taconear de Sherly resonó contra el concreto del taller, seguido por los pasos tranquilos de Tyler.
Jeison volteó la cabeza, sorprendido de ver a su novia ahí. Pero cuando sus ojos descendieron y vieron que Sherly venía sujetando firmemente la mano de Tyler —quien vestía el vestido sencillo color crema y las sandalias de su madre—, la sonrisa de Jeison se congeló de golpe. Los dos amigos que estaban con él guardaron silencio de inmediato, mirando la escena con los ojos abiertos de par en par.
—¿Sherly? —dijo Jeison, frunciendo el ceño con rabia incipiente—. ¿Qué carajos haces aquí? ¿Y qué haces agarrada de la mano de este imbécil?
Sherly no dio un solo paso atrás. Se paró en medio del taller, soltó la mano de Tyler solo para cruzarse de brazos, remarcando la presión de sus pechos prominentes bajo el top rojo, y miró a Jeison con una frialdad despectiva que dejó helados a los presentes.
—Vengo a decirte algo que debí decirte hace mucho tiempo, Jeison —dijo Sherly, con su voz rasposa resonando con fuerza por encima de la música de la grabadora—. Se acabó. Terminamos.
Un silencio sepulcral cayó sobre el galpón. Uno de los amigos de Jeison apagó la grabadora de un golpe.
Jeison se quedó petrificado durante un segundo, parpadeando como si no pudiera procesar lo que acababa de escuchar. Luego, una carcajada nerviosa y violenta brotó de su garganta.
—¿De qué carajos estás hablando, Sherly? ¿Es una broma o qué? —preguntó Jeison, dando dos pasos largos hacia ella con el trapo de grasa apretado en la mano—. ¿Qué clase de chiste estúpido es este?
—No es ningún chiste —respondió Sherly sin pestañear, dando un paso hacia adelante para interponerse entre Jeison y Tyler—. Me das asco, Jeison. Tus historias, tu taller apestoso, tu forma bruta de tocarme... Todo de ti me da náuseas. Estoy harta de perder mi tiempo con un tipejo como tú.
Jeison sintió que la sangre le subía a la cara a mil por hora. Las venas de su cuello se hincharon y sus puños se cerraron con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Miró por encima del hombro de Sherly y clavo sus ojos en Tyler.
—¿Y es por este imbecil? —gritó Jeison, señalando a Tyler con un dedo tembloroso de ira—. ¿Me estás dejando por el raro que anda caminando por el pueblo vestido con la ropa de su madre? ¡Míralo! ¡Lleva puesto un vestido crema, por el amor de Dios! ¿Te volviste loca, Sherly? ¡Ese idota no es nada!
Tyler no se movió un solo milímetro. Mantuvo la mano derecha metida en el bolsillo del vestido, acariciando la pasta de la Swap Note. Observó la furia descontrolada de Jeison con la curiosidad de quien mira a un animal en una jaula.
Sherly soltó una carcajada burlona y sonora que resonó por todo el taller.
—¿Raro? —dijo Sherly, mirando a Jeison con piedad falsa—. Tyler es diez veces más hombre que tú en todos los sentidos, Jeison. No tienes ni la menor idea de lo que se siente estar con un hombre de verdad. Tiene una virilidad que tú jamás podrías soñar con tener. Su pene es una maravilla y la forma en que me hace sentir me deja temblando por horas. Mi vagina chorrea solo de pensar en él, mientras que contigo solo tenía que fingir para que te apuraras y te quitaras de encima.
Las palabras de Sherly cayeron como estocadas de fuego en el orgullo de Jeison. Los dos amigos del taller se quedaron con la boca abierta, mirando al suelo sin atreverse a decir una sola palabra ante semejante humillación.
Jeison soltó un rugido de rabia ciega. La vena de su frente parecía a punto de reventar.
—¡Zorra desagradecida! —bramó Jeison, y sin pensarlo dos veces, tiró el trapo al suelo y se lanzó con el puño cerrado directamente hacia la cara de Tyler—. ¡Te voy a matar, infeliz!
Sherly ni siquiera dudó: se metió en medio para intentar frenar a Jeison, pero Tyler se movió con tranquilidad. No necesitaba pelear a golpes. Desplazó su cuerpo medio paso hacia un lado, esquivando la embestida torpe de Jeison, mientras sacaba la Swap Note y la pluma del bolsillo del vestido crema con una velocidad asombrosa.
Jeison tropezó con una caja de herramientas tras el impulso fallido, haciendo un estruendo de metal contra el concreto, y se giró como una fiera herida, con los ojos inyectados en sangre.
—¡Te voy a romper la cabeza! —gritó Jeison, agarrando una llave inglesa pesada que estaba sobre una mesa de trabajo.
—Jeison, alto —dijo Tyler en un tono seco, firme y abrumadoramente tranquilo.
Tyler abrió la Swap Note en la página en blanco. La sola vista del cuaderno de pasta negra desencadenó un eco lejano e inconsciente en la memoria profunda de Jeison —un residuo borroso de la época en que él mismo había usado el artefacto—, haciendo que el tipo se detuviera un segundo con la llave inglesa levantada en el aire, parpadeando con confusión.
Tyler no perdió el tiempo. Con pulso impecable, escribió en la libreta a la vista de todos:
Jeison / Tyler
Personalidad / Personalidad
En el instante en que la última letra quedó plasmada en el papel, el cambio operó en el plano psicológico de la realidad.
Jeison se congeló por completo. La rabia asesina que deformaba su rostro se desvaneció en una fracción de segundo, reemplazada por una mirada neutra, sumisa y desprovista de cualquier agresividad. La mano que sostenía la llave inglesa pesada perdió la fuerza, dejando caer la herramienta de metal al suelo con un golpe seco que resonó en el taller.
Los dos amigos de Jeison dieron un paso atrás, sin entender la repentina transformación de su líder.
Jeison parpadeó lentamente. La personalidad sumisa, serena y obediente que Tyler había mantenido frente a situaciones cotidianas dominaba ahora la mente del matón del pueblo. Jeison se limpió el sudor de la frente, miró a Tyler vistiendo el vestido crema y inclinó ligeramente la cabeza en un gesto de respeto involuntario.
—Yo... lo siento, Tyler —dijo Jeison con una voz completamente apagada, dócil y tranquila—. Tienes razón. No debí alterarme así. Sherly tiene derecho a elegir estar con quien ella quiera. Si ella prefiere estar contigo, yo no tengo nada que decir.
Sherly se quedó mirando a Jeison con los ojos abiertos de par en par, sorprendida por el cambio instantáneo, pero rápidamente sonrió con satisfacción, atribuyendo la rendición de Jeison al "poder imponente" de Tyler.
Tyler guardó la pluma en su bolsillo y cerró la Swap Note con un chasquido limpio. Miró a Jeison con superioridad.
—Acepto tus disculpas, Jeison —dijo Tyler—. Ahora, si nos disculpas, Sherly y yo tenemos cosas que hacer.
—Claro, Tyler. Que tengan una buena tarde —respondió Jeison con total sumisión, dando media vuelta para regresar a limpiar las herramientas del taller como si nada hubiera pasado.
Sherly soltó una risita triunfal, volvió a tomar a Tyler del brazo y se pegó a su costado, apretando sus pechos pesados contra la tela del vestido crema mientras caminaban hacia la salida del taller.
El sol ya se había ocultado casi por completo cuando regresaron al vecindario. La prueba había sido un éxito absoluto: la obsesión de Sherly era indestructible en el plano social, la ruptura con Jeison se había completado sin que Tyler tuviera que mover un solo músculo para defenderse, y la personalidad de Jeison había quedado reprogramada para responder con total docilidad ante él.
Caminaron hasta la casa de Sherly. La chica abrió la puerta principal, hizo pasar a Tyler y le echó el seguro a la puerta de madera.
El interior de la casa estaba a oscuras, iluminado solo por las luces de la calle que se filtraban por las ventanas. El ambiente olió de inmediato al perfume floral de Sherly. La chica no esperó ni un segundo: se giró hacia Tyler, lo rodeó del cuello con ambos brazos y pegó sus labios carnosos contra los suyos en un beso desesperado, salvaje y lleno de saliva.
Tyler la correspondió con firmeza, sujetándola por las caderas anchas. Sentía cómo la tela del top rojo de Sherly se frotaba contra el cuello del vestido crema de su madre.
Sherly se separó del beso con un chasquido húmedo, respirando con dificultad y mirando a Tyler con los ojos empañados por la luxuria.
—Gracias... gracias por venir por mí, Tyler... —susurró Sherly, pasándole las manos por los hombros y acariciando la tela del vestido—. Por fin me libré de ese imbécil. Ahora soy completamente tuya. Haz lo que quieras conmigo... Llévame a mi cuarto y úsame como la zorra que soy.
Tyler la miró en la penumbra. Podía subir con ella a la cama, usar su cuerpo voluptuoso cuantas veces quisiera durante toda la noche y dejarla sumisa para siempre. Sin embargo, en la mente de Tyler, las posibilidades de la Swap Note continuaban expandiéndose hacia horizontes mucho más ambiciosos.
Ya había probado las Pertenencias con su madre Rachel, conservando la camioneta, el dinero y la ropa. Ya había probado la Vida y la implantación de memorias con su hermana Leah y con Sherly. Y acababa de comprobar la eficacia de la Personalidad con Jeison.
Miró a Sherly, que comenzaba a bajarse el short de mezclilla en mitad de la sala, impaciente por sentir la virilidad de Tyler dentro de su vagina húmeda.
—Tranquila, Sherly —dijo Tyler en voz baja, sacando la libreta de su bolsillo—. Antes de que disfrutemos de la noche... quiero probar algo más contigo.
—Lo que tú digas, mi amor... Lo que tú quieras hacer me va a encantar —respondió la chica de veintidós años, arrodillándose ante él en la sala oscura y desabrochándole el vestido crema para buscar su miembro erecto.
Tyler sonrió en la oscuridad. Con la novia de Jeison entregada en cuerpo y alma, la madre bajo control financiero y la hermana atada a un deseo incestuoso permanente, Tyler sabía que el pueblo entero estaba a punto de convertirse en su dominio privado.
Abrió la Swap Note una vez más, listo para escribir el siguiente capítulo de su nuevo mundo.
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