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Capitulo 6
Mike tragó saliva con dificultad, tratando de mantener el equilibrio entre el shock de su propio error lingüístico y la abrumadora situación en la que acababa de meterse. Sin darle tiempo a procesar demasiado, Mónica le tomó el brazo con firmeza y frialdad resolutiva, guiándolo hacia el sillón donde Charly continuaba balbuceando cosas incomprensibles bajo el fuerte olor a alcohol y cerveza derramada.
—Ayúdame a levantarlo, Mike —dijo Mónica, pasando uno de los pesados brazos de su hermano sobre sus hombros mientras Mike sostenía el otro lado.
Juntos levantaron a Charly, quien apenas podía sostenerse sobre sus propias piernas. Entre los dos lo arrastraron por el pasillo de la casa hacia la habitación del muchacho. Al llegar al cuarto, lo tumbaron sobre el colchón. Charly soltó un gemido sordo y se quedó tendido de espaldas, sumergido en una pesada borrachera.
—Hay que quitarle esta ropa apelmazada antes de que se ahogue con su propio vómito o arruine la cama —comentó Mónica con tono práctico.
Mónica comenzó a desabrocharle los pantalones a su hermano para quitárselos, jalando la tela impregnada de alcohol. Debido a la violencia del ataque de Bryan y al estado en que lo dejaron, al bajarle los pantalones y la ropa interior, el miembro de Charly quedó completamente expuesto a la vista de ambos.
Mónica arrugó el rostro de inmediato con una expresión de profundo repudio y desdén visual.
—¡Ugh, qué asco me da ver el pene de mi hermano! —exclamó ella apartando la mirada con una mueca de fastidio genuino—. Qué cosa tan desagradable.
Mike, intentando aligerar la tensión del momento y sin poder evitar que la masculinidad y el morbo jugaran un papel en su mente, la miró de reojo y soltó en tono casi juguetón:
—¿A poco así vas a decir del mío cuando lo veas?
Mónica giró la cabeza hacia Mike al instante, cambiando radicalmente su expresión por una mirada llena de admiración, deseo y dulzura.
—¡No, claro que no, para nada! —respondió Mónica apresuradamente, negando con la cabeza—. El tuyo sé perfectamente que va a ser muy bueno, hermoso y perfecto... Es solo que Charly es mi hermano y yo no soy una incestuosa. Ver las partes de mi propia familia me da una repulsión horrible. Pero contigo es completamente diferente, Mike. Tú eres el hombre que quiero.
Mike asintió en silencio, sintiendo una extraña mezcla de alivio y anticipación. Entre los dos tomaron unos paños húmedos para limpiar rápidamente el torso y la piel de Charly, quitándole los restos de cerveza. Una vez que lo dejaron acomodado de manera segura bajo las cobijas para que durmiera el impacto de la golpiza y el alcohol, caminaron hacia la salida de la habitación.
Mónica cerró la puerta de la recámara de Charly con delicadeza para no hacer ruido. Los dos quedaron de pie en la penumbra del pasillo que conectaba las habitaciones con la escalera principal.
Mike dio un paso al frente con la intención de bajar a la primera planta y tomar aire para ordenar sus ideas, pero Mónica fue más rápida. Con un movimiento ágil y decidido, se interpuso en su camino y lo acorraló contra la pared del pasillo.
El impacto suave de su cuerpo contra el de Mike fue inmediato. Mónica presionó sus pechos firmes y exuberantes directamente contra el pecho de Mike, reduciendo a cero la distancia entre ambos. El calor de su piel y la fragancia frutal de su perfume envolvieron los sentidos de Mike al instante. Sin darle margen de maniobra, Mónica tomó la mano derecha de Mike por la muñeca y, deslizándola lentamente hacia abajo por su vientre, la llevó directamente al centro de sus pantalones cortos, presionando la palma de Mike de lleno contra su vagina.
Mike pudo sentir a través de la delgada tela la humedad incipiente y la temperatura elevada de la zona.
—Mira cómo me tienes... —susurró Mónica, mirándolo a los ojos con una mirada devoradora y el aliento entrecortado—. Ya puedes usar todo esto, Mike. Es completamente tuyo. ¿Qué dices? ¿Vamos a mi cuarto a empezar de una vez... o qué opinas tú?
El roce directo, la proximidad de los pechos de Mónica aplastados contra su torso y la absoluta entrega de la chica dispararon la testosterona de Mike al límite. La erección de Mike presionó con fuerza contra el abdomen de Mónica, dejando en claro su respuesta física antes de que pudiera articular palabra.
—Vamos a tu cuarto —asintió Mike con la voz ronca por la excitación.
Mónica sonrió con triunfo, le tomó la mano y lo guió a pasos rápidos hacia su recámara, ubicada al final del pasillo. Entraron y Mónica le pasó el seguro a la puerta con un chasquido metálico que selló el aislamiento del lugar.
La habitación de Mónica estaba iluminada apenas por la luz suave que entraba por la ventana. Sin perder un solo segundo, Mónica se giró hacia Mike y comenzó a desnudarse con una prisa casi desesperada. Se despojó de la blusa delgada, dejándola caer al suelo y revelando un sostén que apenas lograba contener el volumen de sus pechos. Seguidamente, se desabrochó los shorts y los bajó junto con su ropa interior, quedando completamente desnuda frente a él.
Su cuerpo era una obra de arte: curvas pronunciadas, una cintura estrecha, caderas anchas y una piel suave que invitaba al contacto. Mike no se quedó atrás; se despojó rápidamente de su playera, pantalones y calzoncillos, dejando al descubierto su miembro erguido y completamente firme.
Al ver el tamaño y la firmeza del pene de Mike, los ojos de Mónica se dilataron por el deseo. Soltó un leve gemido de anticipación.
—Dios mío, Mike... —murmuró ella contemplando su anatomía—. Tenía razón... es hermoso.
Mónica caminó hacia la cama matrimonial y se acostó de espaldas, abriendo sus largas piernas en forma de 'V' y exponiendo su sexo húmedo y preparado para él. Extendió los brazos invitándolo a ponerse encima.
Mike se posicionó entre sus muslos, sintiendo el calor que emanaba del cuerpo de Mónica. Se inclinó sobre ella y conectó sus labios en un beso apasionado y hambriento. Mónica le rodeó el cuello con los brazos y correspondió al beso con vehemencia, introduciendo su lengua y dejando escapar pequeños gemidos ahogados.
Sin romper el contacto de sus bocas, Mike guió la punta de su pene hasta la entrada de la vagina de Mónica. La alineó cuidadosamente y, con un empuje constante y decidido, se introdujo en ella de una sola estocada profunda.
—¡Ahhh, Mike! —gritó Mónica contra sus labios, arqueando la espalda por completo mientras sus paredes vaginales se apretaban con fuerza alrededor del miembro de Mike—. ¡Sí, entra todo! ¡Dios, qué bien se siente!
La estrechez y la humedad de Mónica envolvieron a Mike en un calor penetrante. Comenzó a mover sus caderas con un ritmo firme y constante, saliendo casi hasta la punta y volviendo a embestir hasta tocar el fondo de su cérvix. Cada estocada producía un sonido húmedo que resonaba en la habitación, mezclado con las respiraciones agitadas de ambos.
Mónica apretaba las sábanas de la cama con una mano mientras con la otra acariciaba la espalda sudorosa de Mike, clavándole ligeramente las uñas a medida que la intensidad del acto aumentaba.
—¡Eso es, Mike! ¡Hazme tuya por completo! —gemía Mónica sin ningún pudor, moviendo sus caderas al compás de los embates de Mike—. ¡Siente cómo apretó tu pene! ¡Eres increíble, el mejor hombre del mundo!
Mike incrementó la velocidad y la fuerza de sus embestidas. Sostuvo a Mónica firmemente por las caderas, levantándole ligeramente la pelvis para lograr un ángulo todavía más profundo. Las embestidas se volvieron más potentes y rítmicas, haciendo que los pechos de Mónica rebotaran salvajemente con cada impacto. La sensación de dominio y placer abrumó a Mike, quien no dejaba de contemplar el rostro de placer de la chica mientras la poseía sin frenos.
El ritmo dentro de la habitación se volvió desenfrenado. Mónica comenzó a jadear de manera descontrolada, contrayendo las paredes de su vagina en espasmos continuos que aprisionaban el miembro de Mike con cada vez más fuerza, señal inequívoca de que estaba al borde del orgasmo.
—¡Me voy a venir, Mike! ¡Me voy a venir contigo! ¡Empuja más fuerte! —suplicó Mónica con la voz entrecortada, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás.
Mike respondió aumentando la velocidad al máximo, dando una serie de embestidas rápidas y profundas que terminaron por hacer estallar a Mónica en un orgasmo intenso y prolongado. Ella soltó un grito de puro deleite mientras su cuerpo temblaba por completo bajo el peso de Mike.
Sintiendo las contracciones del clímax de Mónica apretándole el pene, Mike no pudo contenerse más. Llegó a su propio límite y, con una última estocada profunda hasta el fondo, se vació por completo dentro de ella, llenando su vagina con oleadas de semen caliente.
Mike se dejó caer exhausto sobre el cuerpo de Mónica, apoyando la cabeza en su cuello mientras ambos intentaban recuperar el aliento en medio del silencio de la recámara. Mónica le acarició el cabello con ternura, rodeándolo con sus piernas para mantenerlo dentro de ella unos momentos más, disfrutando de la calidez de la unión.
—Gracias, Mike... —susurró Mónica en su oído con una sonrisa satisfecha y llena de afecto—. Te aseguro que jamás me voy a arrepentir de esto.
Mike permaneció inmóvil durante unos segundos sobre el cuerpo de Mónica, escuchando el rítmico latido de su corazón y el sonido de sus respiraciones agitadas entrelazándose en la penumbra del cuarto. La sensación del semen caliente alojado en el interior de la chica y el calor sofocante de la habitación lo devolvieron bruscamente a la realidad.
Despacio, Mike se separó de ella. Al salir de su interior, Mónica soltó un ligero gemido de nostalgia y estiró las piernas sobre las sábanas desordenadas, contemplando a Mike con una mirada empapada de adoración y plenitud.
—Eso fue... sencillamente perfecto, Mike —murmuró Mónica, pasándose una mano por el vientre sudoroso mientras se incorporaba un poco sobre los codos—. De verdad no tienes idea de cuánto lo necesitaba y de lo bien que me hizo sentir que seas tú quien tome el control de las cosas.
Mike se sentó en la orilla de la cama, pasándose ambas manos por la cara en un intento desesperado por reorganizar las piezas de su cabeza. La realidad a su alrededor se había vuelto una red cada vez más intrincada y explosiva. Casa con esposa madura y devota (Berenice), una hija biológica que lo amaba con locura (Evelyn), una estrella mundial como hija adoptiva (Taylor), su compañera de siempre (Alis)... y ahora Mónica, la hermana de su mejor amigo, entregada por completo a él como su "zorra personal" por culpa de otro tropiezo de su propia boca.
—Tengo que vestirme, Mónica —dijo Mike con la voz un poco rasposa, poniéndose de pie y buscando su ropa regada por el suelo.
—¿Tan pronto te vas a ir, mi amor? —preguntó Mónica con un mohín juguetón en los labios, levantándose desnuda sin ningún tipo de pudor y acercándose a él por la espalda para abrazarle la cintura, pegando sus senos firmes a su piel sudorosa—. Charly va a tardar horas en despertarse de la borrachera. Podríamos quedarnos aquí un rato más... o puedes volver al rato. Sabes que esta casa también es tuya.
—Tengo... tengo cosas pendientes en mi casa —respondió Mike, abrochándose los pantalones a toda prisa—. Además, Berenice me está esperando y si me tardo más de la cuenta va a empezar a sospechar o a buscarme.
Mónica soltó una pequeña risita complaciente y le dio un beso tierno en la espalda antes de soltarlo.
—Está bien, lo entiendo perfectamente —asintió Mónica mientras se ponía una bata ligera para acompañarlo a la puerta—. Tu esposa manda. Pero recuerda que aquí me tienes para cuando quieras escapar un rato del estrés de tu casa. Yo no le voy a decir nada a nadie.
Mike terminó de vestirse, se arregló la camisa y le echó un último vistazo a la puerta del cuarto de Charly. Su amigo seguía durmiendo profundamente, ajeno por completo al vuelco que acababa de dar la vida de su hermana en cuestión de minutos.
Mónica lo acompañó hasta la puerta principal de la residencia. Antes de dejarlo salir a la calle, se empinó sobre las puntas de sus pies y le plantó un beso húmedo y apasionado en los labios, tomándole la nuca con delicadeza.
—Cuídate mucho en el camino, Mike. Nos vemos al rato o mañana —le susurró con una sonrisa seductora antes de cerrar la puerta.
Mike caminó a pasos rápidos hacia su auto, que permanecía impecable en la banqueta. Al subir al asiento del conductor y cerrar la portezuela, soltó un largo y pesado suspiro frente al volante. El silencio dentro del vehículo fue el único refugio momentáneo que tuvo para reflexionar.
"Tengo que tener un cuidado microscópico con cada palabra que sale de mi boca", se dijo a sí mismo en un diálogo interno cargado de frustración y advertencia. "Este poder no perdona ni un solo error sintáctico. Hablo con rabia o por descuido y el universo reescribe las mentes de la gente al instante para adaptarlas a mis tonterías. Brenda, Berenice, Evelyn, Taylor, Mónica... Si sigo acumulando mujeres y paradojas temporales a este ritmo, esto va a convertirse en un caos inmanejable".
Mike encendió el motor, puso marcha atrás y arrancó de regreso hacia la casa de su familia.
Durante el trayecto, las calles del vecindario se veían normales, pero él sabía que bajo esa fachada cotidiana, las leyes de su existencia habían sido alteradas radicalmente. Al doblar la esquina de su calle, divisó nuevamente la imponente camioneta de lujo de Berenice estacionada frente a la fachada de su hogar.
Al apagar el motor y bajarse del auto, la puerta principal de la casa se abrió casi de inmediato.
Berenice salió al porche luciendo despampanante. Se había quitado el saco del traje sastre y ahora vestía solo una blusa de seda ajustada que remarcaba su figura madura y escultural. Al ver a Mike descender del vehículo, una sonrisa dominadora y llena de deseo se dibujó en sus labios carnosos.
—Al fin llegas, mi vida... —dijo Berenice con voz pausada y seductora, esperándolo en lo alto de los escalones del porche—. Ya estaba a punto de mandar a buscarte.
Mike subió las escaleras y llegó hasta ella. Berenice le pasó los brazos alrededor del cuello y le dio un beso firme en los labios, saboreándolo lentamente antes de separarse unos milímetros para mirarlo a los ojos.
—Las chicas ya terminaron de comer y están en la sala platicando con tu madre —le susurró Berenice al oído, rozando su cadera provocativamente contra la de él—. Y tú y yo tenemos una promesa muy clara que cumplir en nuestra recámara. Ya no aguanto un segundo más sin sentirte.
Mike la miró a los ojos, sintiendo que la marea de la realidad reescrita lo arrastraba de nuevo sin contemplaciones, listo para enfrentar lo que su propia voz había desencadenado.
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