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Capitulo 4

Chapter 4 by K45

El vibrador del teléfono celular dentro del bolsillo del pantalón de Mike rompió abruptamente la calidez del ambiente en la sala.

Mike sacó el dispositivo y miró la pantalla. Era un mensaje de texto de Albert, el matón insoportable de la facultad que llevaba meses haciéndole la vida imposible. El mensaje leía en letras frías y amenazantes: "¿Dónde carajos estás, Mike? Más te vale que traigas mi tarea terminada a la facultad en 20 minutos o te voy a romper la madre frente a todos."

Al leer esas palabras, un hervor amargo y una rabia ciega recorrieron la sangre de Mike. El estrés acumulado por la reescritura de la realidad, la tensión de controlar cada palabra que salía de su boca y la humillación constante a la que ese tipo lo sometía colmaron el vaso.

Sin decir una sola palabra, Mike se levantó de la silla bruscamente. Tenía el rostro desencajado por el coraje. Ignoró las miradas de sorpresa de su familia, caminó a pasos agigantados hacia la salida, abrió la puerta principal, salió de la casa y se subió de un golpe a su automóvil. Encendió el motor con un rugido violento y aceleró a toda velocidad rumbo a la universidad.

En el porche de la casa, la escena dejó a todos desconcertados. Taylor, Alis, la señora Emma, Miriam y Azucena salieron apresuradas a la puerta, viendo cómo el viejo sedán de Mike se alejaba echando humo por el tubo de escape.

—¿Pero qué le pasó a Mike? —preguntó la abuela Emma, extrañada y preocupada—. Estaba tan tranquilo... ¿por qué reaccionó así de la nada?

—No lo sé... vio algo en su teléfono y se puso furioso —comentó la hermana mayor, Miriam, frunciendo el ceño.

—Tengo un mal presentimiento —dijo Taylor con los ojos fijos en la calle, con un tono protector y devoto—. Alis, vamos. Tenemos que seguirlo.

Mientras tanto, Mike conducía hacia el campus con las manos apretando el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. La rabia le nublaba el juicio.

Estacionó el coche de mala gana en el estacionamiento de la facultad y caminó a pasos firmes hacia la plaza central del campus. Allí estaba la causa de su tormento: Albert, el bully alto y musculoso, rodeado de su séquito de amigos. A su lado estaba Evelyn, la chica más popular, hermosa y rica de toda la facultad, vistiendo ropa de diseñador y luciendo inalcanzable.

En cuanto Albert vio llegar a Mike, soltó una carcajada burlona para llamar la atención de todos los estudiantes presentes.

—¡Miren quién llegó! ¡El muerto de hambre trajo su regalo! —gritó Albert.

Antes de que Mike pudiera articular palabra, Albert dio un paso adelante y le propinó un empujón brutal en el pecho. Mike perdió el equilibrio y cayó de espaldas contra el suelo de concreto.

El golpe resonó en la plaza. Albert y su grupo estallaron en risas escandalosas, y varios estudiantes alrededor comenzaron a cuchichear y burlarse. Evelyn, parada al lado de Albert, miraba la escena con una postura rígida, cruzada de brazos.

Mike se quedó tirado en el suelo un par de segundos. La humillación física ya no le dolía; lo que sentía era un hastío infinito y un rencor hiriente. Se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo de los pantalones. Miró a Albert y luego fijó la vista en Evelyn.

La furia le nubló por completo el sentido de la precaución. La voz del pánico interior que siempre le advertía que midiera sus palabras fue totalmente acallada por la ira descontrolada.

Apretando los dientes y con la mirada inyectada en sangre, Mike comenzó a susurrar para sí mismo con una vehemencia oscura y rabiosa, escupiendo cada palabra como un veneno caliente:

—Maldito seas, Albert... Te crees mucho, pero en realidad Evelyn es mi hija biológica. Su madre en realidad es mi esposa, y tanto ella como su madre me aman con la misma devoción absoluta que Alis y Taylor me aman. Desde hace años han sido mi familia. Y Evelyn solo se juntó con este estúpido de Albert porque yo, su padre, no le hago caso, porque ella lo único que quiere es tener mi pene metido dentro de su vagina y solo salía con Albert para intentar darme celos... Y el imbécil de Albert es un pito chico al que en realidad le encantan los hombres y le fascina que le den por el culo, y solo aparenta ser un tipo normal y un bully violento para que nadie en el mundo descubra su verdad.

Las palabras salieron de su boca como una ráfaga ininterrumpida de veneno enconado. Mike terminó de formular el susurro, respirando entrecortadamente mientras la furia comenzaba a disiparse lentamente de su pecho.

Y entonces... el silencio sepulcral que siguió al arranque de ira le cayó encima como una cubeta de agua helada.

El cerebro de Mike volvió en sí. El pánico absoluto resucitó en sus entrañas con una fuerza aplastante. Se llevó las manos a la boca, abriendo los ojos como platos, sintiendo que el corazón se le salía del pecho.

"Dios mío... ¿¡QUÉ DIABLOS HICE!?", gritó su mente aterrorizada. "¡Lo volví a hacer! ¡Hablé con ira y decreté una locura enfermiza! ¡Reescribí a Evelyn, a su madre y a Albert de la manera más descabellada posible!"

Mike miró hacia adelante, rezando en vano porque su poder no hubiera procesado semejante aberración. Pero la realidad volvió a doblarse de forma instantánea e irreversible.

Evelyn, que hasta hacía un segundo miraba la escena con arrogancia, cambió drásticamente de expresión. Sus ojos se llenaron de lágrimas de arrepentimiento y una fascinación desmedida. Dejó caer su bolso de marca al suelo y, corriendo con sus tacones, se abalanzó hacia Mike.

Se arrojó a sus pies en medio de la plaza, abrazándole las piernas con desesperación y sollozando contra su pantalón.

—¡Papi! ¡Papi, perdón de verdad! —gritó Evelyn con la voz desgarrada por una devoción sin límites—. ¡Perdóname por favor, papá! ¡Yo solo quería llamar tu atención! ¡Estaba celosa porque no me ponías la misma atención que a las demás! ¡Por eso andaba con este imbécil de Albert, solo quería darte celos para que me miraras! ¡Pero a ti es al único que amo en este mundo, papi! ¡Lo único que quiero en mi vida es ser tuya por completo, sentir tu pene dentro de mi vagina y pertenecerte a ti y a mi mamá! ¡Por favor, no me igores más, papi!

Toda la plaza universitaria se quedó en un silencio aterrador. Los estudiantes miraban la escena con la boca abierta, incapaces de comprender cómo la chica más rica y refinada del campus estaba arrodillada suplicándole amor incestuoso y devoción a Mike a la vista de todos.

Pero la reescritura no terminó ahí.

Albert, que aún mantenía la postura de matón, se congeló en su lugar. Su rostro se puso pálido como el papel. De pronto, se llevó las manos a entrepierna con una vergüenza infinita, agachando la cabeza mientras las lágrimas le brotaban de los ojos.

Uno de sus amigos de la pandilla, confundido por la situación, le tocó el hombro:

—Oye... Albert... ¿qué carajos está pasando? ¿Por qué dice eso la ricasa de tu novia?

Albert soltó un chillido agudo y afeminado, encogiéndose de hombros y lloriqueando frente a todo el mundo:

—¡Es verdad! ¡Es verdad todo! —gritó Albert, rompiendo a llorar amargamente mientras se abrazaba a sí mismo—. ¡Tengo el pito chiquito y me chocan las mujeres! ¡Solo me hacía el rudo y los golpeaba a todos para que nadie sospechara que lo único que quiero es que un tipo alto y musculoso me rompa el culo! ¡No me miren! ¡Soy un fraude!

Albert se dio la vuelta entre sollozos histéricos y corrió desesperado hacia los baños de la facultad, dejando a su grupo de amigos completamente estupefactos y congelados.

Mike sentía que la tierra se abría bajo sus pies. Miró hacia abajo a Evelyn, quien continuaba abrazada a sus piernas, alzando el rostro hacia él con unos ojos suplicantes cargados de un deseo romántico, filial y carnal profundamente perturbador, producto de la realidad que él mismo acababa de inventar con su arranque de coraje.

—Papi... por favor, dime que me perdonas... —rogaba Evelyn, pegando sus mejillas a los tenis de Mike—. Mi mamá y yo te amamos con la vida entera, igual que Taylor y Alis. Vamos a la casa, papi, déjame demostrarte cuánto te deseo...

En ese preciso momento, un automóvil de lujo se estacionó a toda prisa a un costado de la plaza central. De él bajó Taylor Swift, vistiendo sus gafas y gorra, seguida de cerca por Alis.

Alis y Taylor corrieron hacia donde estaba Mike. Al ver a Evelyn arrodillada abrazando a Mike y declarándole su amor devoto, Taylor no pareció sorprendida en absoluto. En su mente reescrita, la existencia de Evelyn como hija biológica de Mike era un hecho histórico irrefutable.

—¡Evelyn! —exclamó Taylor, acercándose a su hermana biológica/adoptiva en el nuevo mapa mental de la realidad—. ¡Levántate! ¿Qué le estabas haciendo a nuestro padre?

Evelyn alzó la vista hacia Taylor y Alis, limpiándose las lágrimas.

—¡Taylor! ¡Alis! —dijo Evelyn, poniéndose de pie pero sin soltar el brazo de Mike—. Solo le estaba pidiendo perdón a papi... Ya no aguanto más estar lejos de él. Necesito que regrese a la casa con mi mamá y con todas nosotras.

Alis se acercó a Mike y le tomó el otro brazo con ternura, mirando a Evelyn con empatía.

—Entiendo cómo te sientes, Evelyn —dijo Alis suavemente—. Todas amamos a Mike con la misma intensidad. Él es el centro de nuestras vidas.

Mike permanecía petrificado en medio del triángulo de mujeres: Alis a su izquierda, Evelyn abrazada a su derecha y Taylor Swift parada enfrente mirándolo con el mismo afecto devoto de siempre.

La realidad del mundo entero había cambiado de nuevo en cuestión de segundos. Los archivos del registro civil, las propiedades de la familia de Evelyn, la historia del matrimonio de Mike con la madre de la chica y los secretos vergonzosos de Albert habían quedado grabados en la historia como verdades absolutas e indiscutibles.

Mike cerró los ojos un segundo, sintiendo una gota de sudor frío recorrerle la sien. La culpa y el terror se mezclaban en su estomago. Sabía que no había vuelta atrás: había desencadenado una bola de nieve que ahora involucraba a otra familia entera, ligada a él por una devoción romántica e incondicional que él mismo había provocado.

Tragó saliva, abrió los ojos y miró a las tres chicas que lo rodeaban.

—Está bien... —murmuró Mike con la voz apagada pero firme, asegurándose de no decree nada más por accidente—. Todo está bien, Evelyn. No te preocupes... Vamos a resolver esto.

Evelyn sonrió entre lágrimas, apoyando la cabeza en el hombro de Mike con una felicidad absoluta, mientras Taylor y Alis le tomaban las manos, listas para seguir al hombre que gobernaba sus destinos sin que ninguna de ellas pudiera jamás sospechar la aterradora verdad de su poder.

El trayecto de regreso en el auto se desarrolló en un silencio denso. Mike conducía con las manos firmes sobre el volante, pero su mente era un caos total. En los asientos del vehículo iban Alis, Taylor y ahora Evelyn, quien permanecía aferrada al brazo de Mike desde el asiento del copiloto, apoyando la cabeza en su hombro y respirando con alivio, como si hubiera recuperado el tesoro más grande de su vida.

Mike apenas podía asimilar lo que acababa de ocurrir. En cuestión de minutos, llevado por un arrebato de ira, había alterado la realidad de tal manera que la chica más rica y popular de la universidad no solo era su hija biológica, sino que estaba perdidamente enamorada de él y competía por su afecto.

Al llegar al vecindario de su infancia, Mike estacionó el vehículo frente a la casa de su familia. Sin embargo, al apagar el motor, notó algo que le llamó la atención: estacionada justo delante de la entrada de la casa había una camioneta de lujo, elegante y de vidrios oscuros, que no pertenecía a nadie del barrio.

En ese momento, un pensamiento repentino asaltó la cabeza de Mike.

—Un momento... —murmuró Mike, llevándose una mano a la frente con preocupación—. Dejé mi auto en el estacionamiento de la facultad... Con todo el alboroto que se armó con Albert y Evelyn, se me olvidó por completo.

Taylor, que bajaba del asiento trasero acomodándose la gorra y las gafas, le sonrió con extrema dulzura y le puso una mano en el hombro para calmarlo.

—No te preocupes por eso para nada, papi —dijo Taylor con voz suave y resolutiva—. Ahorita mismo le hablo a uno de mis choferes de seguridad para que vaya a la facultad, recoja tu auto y lo traiga estacionado directo aquí a la casa. Tienes cosas más importantes de qué preocuparte ahora.

—Gracias, Taylor... —alcanzó a decir Mike, respirando un poco más tranquilo ante la eficiencia de la cantante.

Los cuatro caminaron hacia la puerta principal de la casa. Mike tomó aire antes de abrir, temiendo lo que encontraría al cruzar el umbral. Sabía perfectamente a quién pertenecía la lujosa camioneta estacionada afuera.

Al entrar a la sala, la imagen que recibió a Mike lo dejó sin aliento.

De pie en medio de la estancia, platicando animadamente con la madre de Mike y las hermanas de Mike, estaba la madre de Evelyn. En la realidad anterior, Mike solo la había visto un par de veces de lejos: una mujer de la alta sociedad, elegante y madura. Pero ahora, bajo el efecto de la reescritura que él mismo había pronunciado en un arranque de furia, la mujer lucía sencillamente espectacular.

Era una mujer increíblemente atractiva, de figura escultural y porte refinado, vistiendo un traje sastre que resaltaba sus curvas de manera despampanante. Rostro maduro pero impecable, labios carnosos y una mirada cargada de sensualidad y elegancia. Era, sin lugar a dudas, igual de sexy y hermosa que su hija Evelyn, pero con el aura imponente de una mujer adulta.

En cuanto la mujer escuchó la puerta abrirse y vio a Mike entrar, su rostro frío se transformó al instante en una expresión de devoción, amor profundo y alivio absoluto.

—¡Mi amor! —exclamó la madre de Evelyn con una voz cálida y seductora.

Sin dudar un solo segundo frente a todos los presentes, la mujer caminó a pasos rápidos hacia Mike, le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí, plantándole un beso apasionado y profundo en los labios.

Mike se quedó helado en su lugar, sintiendo el aroma del perfume costoso de la mujer y la textura suave de sus labios antes de que ella se separara despacio, mirándolo a los ojos con un afecto desbordante que rozaba la adoración.

—Al fin llegas, mi vida... —susurró ella, acariciándole la mejilla con ternura—. Estaba tan preocupada por ti cuando me dijeron que habías salido furioso hacia la universidad.

De pronto, la mujer dirigió la mirada hacia Evelyn, quien venía detrás de Mike con la cabeza gacha y los ojos hinchados de tanto llorar. La expresión de la madre se volvió seria y cuestionadora.

—¿Qué fue lo que hizo nuestra hija, Mike? —preguntó la mujer, mirando a Evelyn con autoridad materna—. Me enteré de que se armó un escándalo tremendo en el campus y que ella estaba involucrada. ¿Por qué te hizo enojar así?

Al escuchar la pregunta de su madre, Evelyn no pudo contenerse más. Rompió a llorar amargamente en medio de la sala, abalanzándose hacia los brazos de su madre.

—¡Perdóname, mamá! ¡Perdónennos a los dos! —sollozó Evelyn desconsoladamente, escondiendo el rostro en el hombro de su madre—. ¡Cometí un error horrible! ¡Yo solo quería llamar la atención de papi! ¡Estaba tan desesperada porque no me ponía atención y pensaba que no me quería, que acepté andar con el idiota de Albert solo para darle celos a mi papá! ¡Solo quería que se fijara en mí!

La madre de Evelyn abrió los ojos con sorpresa y desaprobación, separando a su hija para mirarla fijamente.

—¿Andar con ese muchacho solo para darle celos a tu padre? —la regañó su madre con voz firme pero consternada—. ¡Evelyn, por Dios! ¡Sabes perfectamente lo mucho que tu padre nos ama y todo lo que trabaja y se esfuerza por nosotros! ¿Cómo se te ocurre hacer semejante estupidez y hacerlo pasar por un coraje así? ¡Pusiste en riesgo la tranquilidad de la familia por un capricho infantil!

Evelyn lloraba con más fuerza, buscando desesperadamente el apoyo de la abuela Emma, la madre de Mike, quien miraba la escena con evidente tristeza y comprensión.

—¡Abuela! ¡Dile algo, por favor! —suplicó Evelyn mirando a la señora Emma con ojos llorosos—. ¡Papi ya no me va a dejar estar con él por lo que hice! ¡Siento que me va a odiar para siempre y que nunca me va a dejar volver a su lado! ¡Abuela, convéncelo de que me perdone!

La abuela Emma suspiró con ternura, acercándose a Evelyn y dándole un abrazo reconfortante.

—Ya, mi niña, no llores así —dijo la abuela Emma con voz dulce, sobándole la espalda a su nieta biológica en este nuevo hilo temporal—. Tu padre es un hombre de un corazón de oro. Estaba enojado porque lo que hiciste no estuvo bien, pero él jamás te dejaría de amar. Es tu padre, y las familias superan estas cosas.

Miriam y Azucena, las hermanas de Mike, también se acercaron a calmar a su sobrina, mientras Taylor y Alis observaban la escena con total serenidad, integradas por completo en la dinámica familiar.

—Tranquila, Evelyn —comentó Taylor acercándose a su hermana—. Papi solo estaba estresado. Todas sabemos lo mucho que nos ama a cada una de nosotros.

La madre de Evelyn volvió a girarse hacia Mike, tomándole ambas manos con firmeza y mirándolo con una devoción total, dejando en claro que para ella, Mike era el centro absoluto de su universo.

—Mi amor... —dijo ella suavemente, acercándose a su oído—. Sé que lo que hizo nuestra hija te hizo pasar un momento amargo, pero te pido que la perdones. Sabes lo mucho que te adoramos las dos. Mi vida no tiene sentido si tú estás molesto con nosotros.

Mike permanecía parado en medio de la sala, sintiendo el peso abrumador de la realidad que sus propias palabras habían construido. Miró a la madre de Evelyn, una mujer increíblemente bella y apasionada que ahora actuaba como su esposa devota; miró a Evelyn, la chica rica de la universidad que suplicaba por su afecto e intimidad; miró a Taylor Swift, su hija adoptiva internacional; a Alis, su compañera incondicional; y a su propia madre y hermanas, quienes vivían esta historia con una fe ciega e inquebrantable.

Sabiendo que no había margen para el error y que debía asumir el control de la situación sin generar más caos, Mike exhaló un largo suspiro, suavizó la mirada y tomó la mano de Evelyn.

—Está bien... —dijo Mike con voz tranquila y profunda, mirando a Evelyn y a su madre—. Ya pasó. Todo está bien. No voy a alejarte, Evelyn, pero quiero que entiendas que no necesitas hacer tonterías para llamar mi atención.

Evelyn soltó un ahogado grito de alegría y se arrojó a los brazos de Mike, besándole la mejilla repetidamente mientras su madre sonreía con profunda gratitud y amor, lista para encarar junto a él la extraña y devota vida que la voz de Mike había creado.

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