What's next?
Capitulo 5
Mike necesitaba ganar tiempo. Su cabeza estaba a punto de estallar tratando de entender el rompecabezas de recuerdos que su propio poder descontrolado había ensamblado en las mentes de todos. Miró fijamente a la deslumbrante mujer madura que tenía enfrente, cuya sola presencia emanaba una elegancia provocativa y un afecto desmedido.
—Berenice... —comenzó Mike, probando el nombre por primera vez en sus labios con cautela—. La verdad... con todo el ajetreo y la rabia que me hizo pasar Albert hace un rato, me siento un poco desorientado. Quisiera que me recordaras... quisiera escuchar de tu boca la historia de cómo nos conocimos tú y yo.
Berenice esbozó una sonrisa deslumbrante y cargada de una ternura nostálgica. Se acomodó en el sillón de la sala, cruzando sus largas y estilizadas piernas con una gracia natural que no pasó desapercibida para nadie.
—Ay, mi amor, como si pudieras olvidar esos años... —suspiró Berenice, entrelazando sus dedos sobre las rodillas mientras toda la familia, incluidas Taylor, Alis, la abuela Emma y las hermanas de Mike, la escuchaban con total atención e interés.
—Nos conocimos en aquella convención de negocios a la que me acompañaste hace años —comenzó a relatar Berenice con voz pausada y seductora—. Yo era una mujer de la alta sociedad, atrapada en compromisos vacíos, y tú apareciste con esa firmeza y ese carácter noble que te caracteriza. Fue un flechazo instantáneo. Nos enamoramos con una pasión desenfrenada. Sin embargo, poco después de casarnos, los médicos me diagnosticaron un problema severo. Me dijeron que mis ovarios tenían una condición irreversible y que jamás podría concebir un hijo biológico.
Mike la escuchaba con la mirada fija, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.
—Estábamos devastados —continuó Berenice, mirando hacia Taylor con los ojos iluminados de afecto maternal—. Queríamos formar una familia con desesperación. Fue en ese momento cuando nos cruzamos con Taylor. Ella era una jovencita de 18 años, con un talento descomunal pero sola en el mundo y necesitada de una figura tutelar. Tú te enamoraste de su talento y de su alma desde el primer segundo. Decidimos adoptarla legalmente, darle nuestro apellido, nuestro techo y todo nuestro amor. Ella se convirtió en nuestra primera hija, la luz de la casa.
Taylor asentía con una sonrisa llena de devoción desde el otro lado del sillón.
—Pero entonces... ocurrió el verdadero milagro —añadió Berenice con un tono dramático y radiante—. Un par de años después de haber adoptado a Taylor, contra todo pronóstico médico y desafiando la ciencia, mi cuerpo reaccionó a tu amor... ¡y quedé embarazada! De ese milagro nació nuestra hermosa Evelyn.
Mike se quedó completamente congelado, con el rostro desencajado en una mueca de absoluto e inexpresable "WTF?".
En su cabeza, las piezas chocaban como trenes a alta velocidad.
"¡Esto desafía toda la lógica de la física, del tiempo y de las leyes del universo!", gritaba la voz del pánico en su mente, mientras miraba alternativamente a Berenice, a Evelyn de 19 años y a Taylor Swift de más de 30. "¡Si Taylor tiene más de 30 años en la vida real y la adoptamos a los 18, pero Evelyn tiene 19 y nació DESPUÉS... las fechas no cuadran por ningún lado! ¡Es una paradoja temporal imposible! ¿¡Cómo carajos el universo masticó mi decreto y escupió semejante anomalía sin que a nadie le explote la cabeza!?"
Mike volvió la vista hacia su madre Emma y sus hermanas Miriam y Azucena. Esperaba ver en sus rostros una mueca de duda, un cuestionamiento lógico, una ligera sombra de confusión.
Pero no había nada.
Todas las presentes escuchaban el relato con una fe ciega e inquebrantable, asintiendo con la cabeza como si la cronología más absurda del mundo fuera la verdad histórica más pura y matemática jamás escrita. Para ellas, el amor de Mike era capaz de doblar el tiempo y la medicina; no había grietas en su realidad reescrita.
Mike tragó saliva con dificultad, sintiendo que un sudor frío le bajaba por el cuello. La revelación de que Berenice era su esposa legal, madre de su hija biológica Evelyn y madre adoptiva de Taylor Swift convirtió su estructura familiar en un entramado de relaciones abrumadoramente complejo.
Berenice se puso de pie con la elegancia de una reina. Caminó despacio hacia el sillón donde estaba sentado Mike, haciendo un gesto para que Evelyn fuera a la cocina a ayudar a su abuela y a sus tías a acomodar la mesa.
—Vayan sirviendo, hijas —dijo Berenice con voz serena—. Su padre y yo necesitamos hablar un segundo a solas.
Taylor, Alis y Evelyn se alejaron hacia la cocina platicando amablemente entre ellas. Berenice esperó a que se distanciaran lo suficiente y se inclinó sobre el respaldo del sillón de Mike.
La proximidad de su cuerpo era embriagadora. El escote sutil de su traje sastre dejaba ver la firmeza de sus pechos, y el aroma a perfume de jazmín y caricias costosas inundó los sentidos de Mike. Berenice pegó sus labios carnosos directamente a la oreja de Mike, rozando su lóbulo con el aliento tibio y susurrando con una voz ronca, cargada de una sensualidad imperiosa que le hizo erizar la piel.
—Ya me enteré de todo, mi amor... —susurró Berenice, rozando suavemente la lengua contra la piel de su cuello—. Sé perfectamente que tuviste sexo desenfrenado con Alis en su departamento... y sé que Taylor te chupó el pene esta mañana hasta dejarte vacío.
A Mike se le cortó la respiración de golpe. Sentía los latidos de su corazón retumbando en sus oídos.
—No me molesta en absoluto —continuó Berenice en un murmullo pecaminoso, deslizando una mano de uñas pulidas sobre el hombro de Mike, bajando lentamente por su pecho hasta posarla sobre su vientre—. Ellas te aman y tienen derecho a disfrutarte... pero ahora me toca a mí rebotar en ese pene.
El impacto de las palabras de su "esposa" madura le envió una descarga eléctrica directo a la entrepierna.
—Lo vamos a hacer a solas —sentenció Berenice al oído de Mike, apretando sutilmente la tela de su pantalón a la altura de su miembro abultado—. Ya tiene demasiado tiempo que no lo hacemos solos tú y yo, sin las chicas cerca, sin interrupciones. Necesito sentir cómo me abres al medio, cómo te metes hasta el fondo de mi vagina y me recuerdas quién es el hombre de esta casa. En cuanto terminemos de comer aquí con tu familia, nos vamos a ir tú y yo a nuestra recámara principal... y no te voy a dejar salir en horas.
Berenice se separó despacio, regalándole a Mike una mirada de dominación apasionada y una sonrisa devoradora que no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones. Se arregló la chaqueta del traje sastre con total compostura y caminó hacia la cocina con un contoneo de caderas deslumbrante, dejando a Mike sentado en el sillón, intentando asimilar el destino erótico e inevitable que su propia boca había decretado.
Antes de que Mike pudiera ponerse de pie para procesar el torbellino de emociones y la ardiente promesa que Berenice le acababa de dejar grabada en el oído, el sonido de la puerta principal interrumpió el ambiente.
Sin tocar ni pedir permiso, la puerta se abrió de par en par y entró Brenda, la vecina del barrio. Brenda era una mujer atractiva que recientemente se había casado con Anderson, un tipo adinerado de la zona. Oficialmente, entró a la casa con una excusa trivial —pedir una taza de azúcar o preguntar por unos paquetes de correo—, pero en cuanto sus ojos se posaron en Mike, su rostro se iluminó por completo.
—Hola, Mike... —saludó Brenda con una voz cargada de coquetería mal disimulada, ignorando por completo al resto de la familia.
Sin embargo, al dar dos pasos más hacia la estancia, la mirada de Brenda chocó de frente con la de Berenice. En ese instante, la expresión de Brenda cambió drásticamente a una mueca de evidente asco y desprecio. Berenice, por su parte, no se quedó atrás: enderezó la espalda, cruzó los brazos y le devolvió a la vecina una mirada gélida, altanera y desafiante, la clásica mirada de una mujer alfa defendiendo su territorio frente a una perra rival.
Berenice conocía perfectamente las intenciones de Brenda. Sabía de sobra que esa mujer se había casado con Anderson únicamente por puro interés económico y conveniencia, pero que en el fondo se moría de ganas por meterse en la cama con Mike y arrebatarle el control.
Al ver a Brenda parada ahí, un relámpago de memoria cruzó la mente de Mike. ¡Un momento!, pensó con un sobresalto. Mike recordó de golpe que Brenda había sido, de hecho, la mismísima primera persona con la que había probado su poder de alteración de la realidad tiempo atrás. Con tantas locuras, viajes, celebridades y desmadres familiares, se había olvidado por completo de su existencia y de lo que había decretado sobre ella en aquel entonces.
Antes de que la tensión explotara en una pelea de gatas en medio de la sala, Brenda soltó una excusa absurda sobre el azúcar y, al notar la postura hostil y dominante de Berenice, dio media vuelta sobre sus tacones y se fue de la casa dando un portazo.
Mike dio un paso hacia adelante con la intención de salir a la calle a ver qué pasaba o tomar aire fresco, pero Berenice se interpuso de inmediato en su camino. Le colocó ambas manos sobre el pecho con firmeza, deteniéndolo en seco. Sus ojos chispeaban con un celo posesivo y maduro.
—Escúchame muy bien, Mike —le dijo Berenice con un tono estricto pero profundamente seductor, hablándole lo suficientemente bajo para que solo él la escuchara—. Te he dejado follar libremente con Alis. Sé lo de tus hijas y acepto perfectamente que te acuestes con Taylor, con Evelyn y conmigo... Pero con esa perra interesada de Brenda, ¡jamás!
Berenice apretó suavemente las manos contra la camisa de Mike, mirándolo fijamente a los ojos.
—Esa zanja no te quiere a ti, mi amor. Ella solo vio el interés, el dinero y el estatus que representamos tu hija Taylor, tú y yo. Vio la camioneta afuera y sabe de lo que somos capaces. Lo que busca es sacarte provecho, no estar contigo por lo que eres. De seguro no ha de ser por ti por lo que anda rondando. Así que, por favor, Mike... no tengas sexo con ella. Para eso nos tienes a nosotras tres en casa, listas para complacerte en lo que pidas.
Mike tragó saliva, tratando de mantener la compostura ante semejante discurso de posesión femenina.
—Tranquila, Berenice, no voy a tener nada con ella —respondió Mike alzando las manos en señal de paz—. Solo voy a salir un rato porque me acaba de mandar mensaje Charly. Me dijo que necesita mi ayuda con algo urgente en su casa.
La expresión de Berenice se suavizó al instante.
—¿Tu amigo Charly? Ah, está bien, mi vida —dijo ella, dándole un tierno beso en los labios—. Dile que le mando un saludo. No tardes mucho, recuerda lo que tenemos pendiente en la recámara.
Mike asintió rápidamente y salió a la calle. Para su alivio, frente a la banqueta ya estaba estacionado su automóvil, tal como Taylor se lo había prometido. Uno de los choferes de seguridad de la cantante había ido a la facultad, rescatado el auto y traído las llaves. Mike subió al vehículo, encendió el motor y arrancó a toda velocidad rumbo a la casa de Charly.
Durante el camino, Mike repasó la historia de sus amigos. Charly y su hermana Mónica se habían quedado huérfanos de padre y madre cuando tenían 18 y 20 años respectivamente. Había sido una tragedia durísima para ellos. Mike, siendo el mejor amigo de Charly, se había desvivido por apoyarlos moral y económicamente desde mucho antes de que descubriera su poder de reescribir la realidad. Los conocía de toda la vida y los consideraba parte de su gente cercana.
Al llegar a la residencia de Charly, Mike bajó del auto y entró directamente a la casa, cuya puerta principal estaba emparejada.
Lo primero que vio al cruzar el recibidor lo hizo detenerse un segundo: Mónica estaba ahí. Dios santo, Mónica siempre había sido una mujer hermosa, pero en ese momento lucía sencillamente espectacular, viste con unos shorts ajustados y una blusa delgada que resaltaba una figura escultural, madura y despampanante.
Sin embargo, el ambiente en la casa no era romántico ni tranquilo. Tirado en el sillón principal de la sala estaba Charly, completamente ebrio, despeinado, con la ropa desordenada y el rostro visiblemente golpeado y magullado.
—¡Charly! ¿Pero qué demonios pasó aquí? —exclamó Mike acercándose rápidamente a su amigo.
Mónica se acercó a Mike con los ojos cristalinos por la preocupación y el estrés acumulado.
—Fue Bryan con todo su grupo de imbéciles, Mike... —explicó Mónica con la voz entrecortada—. Se topó a Charly en la calle, lo agarraron entre varios, lo golpearon salvajemente y luego lo obligaron a emborracharse a la fuerza. Le vaciaron botellas enteras de cerveza encima, le tiraron cerveza en los pantalones y en la cara... Todo porque el maldito de Bryan quería obligarme a salir con él. Me dijo que me quería para hacerme su puta zorra personal.
Mónica se limpió una lágrima de la mejilla mientras continuaba el relato:
—La policía pasó por ahí y vio el escándalo. Iban a arrestar a Charly por desorden público y estado de ebriedad, pero afortunadamente varios vecinos y testigos salieron a declarar lo que realmente había pasado, así que los oficiales lo soltaron y nos dejaron traerlo a la casa. Estaba tan desesperada y asustada que se me ocurrió mandarte mensaje a ti para que vinieras a ayudarme. Por favor, Mike... solo ayúdame a cuidar que no le pase nada malo. Está muy borracho, tiene mareos y se siente fatal.
Al escuchar cómo Bryan y su pandilla se habían aprovechado de su mejor amigo y amenazado a Mónica, la sangre de Mike comenzó a hervir de pura rabia.
—¡Esos malditos hijos de puta! —maldijo Mike apretando los puños con fuerza—. No te preocupes por nada, Mónica. Tú tranqui, para eso estoy yo aquí. Tu hermano es mi hermano, y tú no tienes por qué aguantar las idioteces de ese imbécil. Tú no eres eso de él... Yo por eso estoy aquí, porque tú eres así conmigo, por eso...
Mike intentó decir una frase de apoyo reconfortante, queriendo transmitirle a Mónica que él la cuidaba porque ella siempre había sido dulce, cercana y especial con él a lo largo de los años. Pero en medio de la rabia y el cansancio, la estructura de sus palabras se enredó en su boca.
Pero espera... ¿¡KHEEE!?
Mike se congeló en medio de la sala cuando la última palabra salió de sus labios. Sintió un escalofrío helado recorrerle la espina dorsal.
El aire en la habitación cambió de densidad en un microsegundo. La realidad misma pareció crujir y reajustarse alrededor de la frase mal enunciada de Mike.
Mónica dejó de llorar. Su rostro preocupado se transformó al instante. Levantó la mirada hacia Mike y sus ojos, antes llenos de angustia, ahora lo contemplaban con una mezcla intensa de sumisión, deseo profundo y una devoción descarada.
—Mike... —susurró Mónica, mordiéndose el labio inferior mientras lo miraba de arriba a abajo con una cara de fascinación absoluta—. ¿En serio... en serio yo soy tu puta zorra?
A Mike casi se le sale el corazón del pecho. "¡NO NO NO NO! ¡DIOS MÍO, OTRA VEZ NO!", gritó la mente de Mike en un estado de pánico total.
—Es que... verás —continuó Mónica dando un paso hacia él, acomodándose el cabello detrás de la oreja con coquetería—, a mí me daba un poco de miedo porque no quiero que tu esposa Berenice ni tus hijas se vayan a enojar conmigo o vayan a armar un problema... Pero si tú dices que no hay ningún problema con ellas y que así son las cosas, pues por mí no hay ningún problema, Mike. La verdad... prefiero mil veces ser eso para ti, que eres un hombre al que conozco de toda la vida, que me ha ayudado y que me gusta muchísimo... a serlo para alguien desagradable como Bryan.
Mónica se acercó aún más a Mike, pegando su cuerpo al suyo de forma provocativa y mirándolo con una entrega total.
—Primero ayúdame a recostar a Charly bien en su cama para que se le pase la borrachera... —le susurró Mónica al oído con una voz ronca y seductora, pasándole las manos por la cintura— ...y después de eso, te voy a dar mi vagina completa para ti solo. Te la has ganado por ser el hombre que siempre cuida de nosotros.
Mike se quedó completamente tieso, con los ojos abiertos de par en par, gritando internamente en su cabeza: "¡DIOS, YO NO ME REFERÍA A ESO! ¡POR QUÉ ME PASA ESTO CADA VEZ QUE HABLO SIN PENSAR! ¡POR QUÉEEEEE!"
Sin embargo, ahí estaba Mónica, lista para entregársele por completo en cuanto acomodaran a su hermano borracho en la habitación.
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