What's next?

Cap 3

Chapter 3 by K45

Izuku corrió desbocado desde la estación del tren urbano hasta la calle de su infancia, con el corazón en la garganta y los muslos ardiendo por el esfuerzo. Los treinta minutos que le tomó trasladarse desde el campus de la U.A. hasta su hogar se sintieron como una eternidad agonizante. Durante todo el trayecto, la imagen de su madre pálida y tambaleante en la pantalla del teléfono no dejó de atormentarlo ni un solo segundo.

Al doblar la última esquina de la cuadra, Izuku se detuvo en seco. Los destellos rojos y azules de las luces de emergencia parpadeaban contra las fachadas de las casas. Una ambulancia estaba estacionada justo frente a su hogar y, en la entrada, dos paramédicos acomodaban una camilla rodante.

—¡Mamá! —gritó Izuku con su fina voz femenina, corriendo desesperadamente hacia el vehículo.

Al acercarse a la camilla, vio a Inko Midoriya recostada, cubierta con una manta térmica. Tenía una mascarilla de oxígeno sobre el rostro y los ojos cerrados, descansando en un sueño profundo y pesado. Izuku sintió que las piernas le temblaban y se llevó ambas manos a la boca, soltando un sollozo sofocado mientras el vaivén de sus frondosos pechos se aceleraba por la angustia.

En ese instante, la puerta principal del apartamento se abrió y de ella salió una figura imponente y atlética. Era la heroína profesional Rumi Usagiyama, mejor conocida como Mirko. Lucía su uniforme de combate blanco con el letrero de la luna en el pecho, exhibiendo sus piernas musculosas, sus orejas de conejo erguidas y su tez morena. Caminaba junto a una paramédico que llevaba una tabla con expedientes médicos.

—Oye, niña... ¿eres familiar de la señora? —preguntó la paramédico al ver a Izuku tan alterado.

—S-Sí... soy su hijo, Izuku Midoriya —respondió él de inmediato, secándose un par de lágrimas de las mejillas mientras acomodaba la tira de su bolso sobre el hombro.

—Bien, la señora está estable, pero debemos trasladarla de urgencia al hospital general para evaluar sus vías respiratorias —explicó la paramédico con tono profesional—. Sube a la ambulancia con nosotros.

Sin dudarlo un segundo, Izuku subió por las puertas traseras de la ambulancia y se acomodó en el asiento lateral junto a la camilla de su madre. Para su sorpresa, Mirko también saltó al interior del vehículo y se sentó justo frente a él, cruzando sus gruesas y esculpidas piernas mientras las puertas metálicas se cerraban y la sirena comenzaba a resonar por las calles.

Durante el trayecto, la paramédico se mantuvo ocupada monitoreando los signos vitales de Inko, ajustando los niveles de oxígeno y revisando el pulso en su muñeca. Izuku sostenía la mano fría de su madre con ambas manos, mirando preocupado el monitor de frecuencia cardíaca.

Mirko se acomodó sobre la banca metálica, fijando sus ojos carmesí en la figura de Izuku.

—Vaya historia, muchacho —comentó Mirko con su voz áspera y enérgica, rompiendo el silencio de la cabina—. Verás, yo solo iba pasando por tu calle después de comprar unas cuantas zanahorias en el mercado local. De repente, vi que salía un humo denso y negro por las ventanas del segundo piso de tu casa.

—¿Humo? —preguntó Izuku, levantando la vista sorprendido.

—Así es —asintió la paramédico sin apartar la mirada del monitor—. Al parecer, un cortocircuito en el calentador de agua provocó un incendio pequeño en el cuarto de servicio. El humo se concentró en la cocina y eso fue lo que hizo que tu madre se mareara, se desorientara y terminara desmayándose en el suelo por la inhalación de monóxido de carbono.

—Afortunadamente estaba yo cerca —añadió Mirko con una sonrisa orgullosa, señalándose el pecho con el pulgar—. Escuché el golpe desde la calle, así que tumbé la puerta de una patada, entré a la fuerza entre el humo y saqué a tu mamá en brazos antes de que las llamas se extendieran. Luego llamé a los bomberos y a la ambulancia.

Izuku sintió una profunda oleada de alivio y gratitud recorrerle el cuerpo.

—Cielos... no sé qué habría pasado si usted no hubiera estado allí, Mirko-san —dijo Izuku con tono sincero y entrecortado—. De verdad, muchísimas gracias por salvar a mi mamá.

Pocos minutos después, la ambulancia se detuvo frenéticamente en la rampa de emergencias del hospital general. Las puertas se abrieron de par en par y los paramédicos bajaron la camilla a toda prisa, ingresando a Inko a la sala de urgencias para comenzar los tratamientos de oxigenoterapia y revisión médica.

Izuku y Mirko se quedaron en la sala de espera del pasillo principal. El lugar era amplio, iluminado por luces fluorescentes y con el característico aroma a antiséptico. Izuku se dejó caer en una de las sillas de plástico, soltando un largo suspiro de agotamiento. Las telas de su falda corta y su blusa ajustada se ceñían a sus curvas, mientras el calor acumulado en su entrepierna por los eventos del día volvía a hacerse presente de forma sutil.

Mirko se apoyó contra la pared blanca, cruzándose de brazos y observando detalladamente a Izuku de arriba abajo. Miró su rostro delicado, su larga melena oscura y, sobre todo, la deslumbrante y madura anatomía femenina que poseía.

—Oye... te estuve observando desde que subiste a la ambulancia —comentó Mirko de repente, rascándose una de sus orejas de conejo—. Tú eres de la U.A., ¿verdad? El uniforme y el bolso te delatan.

—A-Ah, sí. Soy estudiante de tercer año en la Facultad de Héroes —asintió Izuku con educación.

—Ya veo... —Mirko esbozó una sonrisa pícara y ladina—. Entonces tú eres uno de esos dos chicos de la U.A. que tuvieron la desdicha de nacer con hermosos cuerpos de mujer siendo hombres por dentro, ¿no es así?

Izuku parpadeó un poco apenado, sintiendo cómo un tenue rubor rosado le cubría las mejillas.

—Ehh... sí, exactamente —admitió Izuku, inclinando ligeramente la cabeza.

En su mente, Izuku repasó al instante la situación. Sabía perfectamente a qué se refería Mirko: los dos "chicos desafortunados" eran él mismo y Mineta. Sin embargo, una chispa de satisfacción secreta cruzó por sus pensamientos al recordar que la condición de Mineta —quien ahora habitaba el cuerpo de Mina Ashido— no era ninguna jugada del destino, sino el resultado directo de su propia travesura intencionada utilizando el Mando Swaptacular. La realidad simplemente había reescrito la memoria de todo el mundo, incluida la de una heroína profesional como Mirko, para hacer que esa condición fuera un hecho aceptado y normal.

—Debe ser bastante complicado vivir así, ¿eh? —comentó Mirko soltando una leve carcajada—. Digo, tener la mente de un tipo duro pero estar atrapado en una figura de diosa tan voluptuosa. Debes atraer las miradas de medio mundo por donde caminas.

—Bueno... uno se acostumbra con el tiempo —respondió Izuku con una risita nerviosa, acomodándose la blusa sobre su frondoso pecho, el cual subía y bajaba rítmicamente.

—En fin, no te preocupes tanto, muchacho —dijo Mirko, acercándose y dándole una palmadita firme y amistosa en el hombro a Izuku—. Tu mamá está en buenas manos. Los doctores de este hospital son muy eficientes y el humo no estuvo en sus pulmones por tanto tiempo. Verás que en un par de horas estará despierta y como nueva.

—Se lo agradezco mucho, Mirko-san —dijo Izuku con los ojos brillando de gratitud pura—. De verdad no tengo palabras para pagarle lo que hizo por mi familia hoy. Por favor... ¿podría darme su número de teléfono? Me gustaría contactarla después, cuando todo esto se calme, para poder pagarle los daños de la puerta que rompió o invitarle una cena como agradecimiento formal.

Mirko soltó una carcajada sonora que resonó en el pasillo del hospital, agitándose las manos en gesto despectivo.

—¡Bah! ¡No digas tonterías, chico! —exclamó Mirko con diversión—. Romper puertas y salvar personas es parte de mi trabajo diario como heroína profesional. No necesitas pagarme absolutamente nada, ni un solo yen. Con saber que tu vieja está a salvo es más que suficiente para mí.

—Aún así, insisto, Mirko-san —dijo Izuku poniéndose de pie con firmeza, mostrando esa determinación indomable que lo caracterizaba, a pesar de estar luciendo una falda corta y una blusa ceñida que marcaba su figura curvada—. No puedo quedarme tranquilo sin agradecerle debidamente a la persona que le salvó la vida a mi madre. Por favor, permítame tener su contacto. Prometo no molestarla a menos que sea para entregarle un gesto de agradecimiento digno.

Mirko se le quedó mirando durante un par de segundos, sorprendida por la actitud firme y seria del joven. La combinación de esa mirada madura y decidida con un cuerpo femenino tan despampanante le pareció fascinante.

—Vaya... tienes Agallas, chico —sonrió Mirko, sacando su propio teléfono táctil del cinturón de combate—. Está bien, tú ganas. Anota mi número, pero más te vale que ese 'agradecimiento' sea una buena comida cargada de proteína, ¿entendido?

—¡Hecho! —asintió Izuku con una sonrisa radiante, sacando su teléfono para registrar el contacto de la heroína conejo.

Con el número de Mirko guardado en su agenda y la confirmación de los médicos de que su madre ya estaba fuera de peligro y descansando en una habitación privada, Izuku sintió que una enorme carga se le desprendía del pecho. Acomodó el bolso donde resguardaba el artefacto que alteraba la realidad y se preparó para acompañar a su madre durante el resto de la tarde, sabiendo que aún le esperaba un largo camino por recorrer antes de regresar a la U.A.

El silencio reinaba en el pasillo del hospital. Las luces fluorescentes proyectaban un brillo blanco y pulcro sobre el suelo de vinilo, interrumpido únicamente por el constante bip distante de los monitores médicos. Tras despedirse de Mirko, quien prometió volver a pasar si sus patrullajes se lo permitían, Izuku volvió a tomar asiento en una de las sillas de plástico junto a la puerta de la habitación donde su madre descansaba.

El cansancio físico acumulado por el esfuerzo de correr desde la U.A., sumado al bajón de adrenalina tras el susto, comenzó a pesarle en los hombros. Ajustó la falda plisada sobre sus muslos para cubrirse un poco del frío aire acondicionado que recorría el corredor y acomodó la correa de su bolso. Con la espalda apoyada contra el respaldo rígido de la silla, sacó su teléfono inteligente para revisar la hora.

Eran pasadas las seis de la tarde. Las sombras fuera de los ventanales del hospital comenzaban a teñirse de tonos anaranjados y violetas.

Al encender la pantalla de su dispositivo, la luz iluminó su rostro cansado y notó una ráfaga ininterrumpida de notificaciones provenientes del chat grupal de la Clase 3-A. La pantalla parpadeaba con decenas de mensajes acumulados durante el tiempo en que estuvo concentrado en la emergencia de Inko.

Izuku abrió la aplicación de mensajería. Al deslizar el historial hacia arriba, vio que el tema de conversación principal era su extraña y frenética conducta de hacía un par de horas.

Kyoka Jiro: @Izuku Oye, Midoriya... ¿estás bien?

Kyoka Jiro: Nos dejaste a todas con la boca abierta en la Dirección. Entraste corriendo como loco y ni siquiera quisiste explicarle nada al Director Nezu.

Kyoka Jiro: ¿Sucedió algo malo? Ya es bastante tarde y el toque de queda de los dormitorios se está acercando. Todos estamos en el vestíbulo y no apareces por ningún lado.

A los mensajes de Kyoka se sumaban otros comentarios de sus compañeros, preocupados por su ausencia y por la forma en que había ignorado por completo a Aizawa y a Todoroki en el pasillo principal.

Con los dedos temblorosos por la fatiga y el corazón apretado por la culpa de haber preocupado a sus amigos, Izuku comenzó a escribir rápidamente en el teclado táctil para aclarar la situación.

Izuku Midoriya: Hola a todos... perdón por no haber respondido antes ni dar explicaciones cuando salí de la academia.

Izuku Midoriya: Ahora mismo estoy en el Hospital General de la ciudad.

Izuku Midoriya: Recibí una llamada de mi madre mientras estaba en los jardines; sufrió un accidente en casa por un cortocircuito que provocó mucho humo. Se desmayó por la inhalación y tuvieron que traerla en ambulancia de urgencia. Estoy esperando a que los doctores terminen de evaluar sus vías respiratorias y me den los resultados finales.

En cuestión de segundos, la burbuja de chat del grupo se inundó con una cascada de respuestas inmediatas. La sorpresa y la consternación cayeron como un jarro de agua fría sobre todos sus compañeros.

Tenya Iida: ¡¿En el hospital?! ¡Cielos, Midoriya! ¡Qué noticia tan terrible! Por favor, mantén la calma y concéntrate en cuidar a tu madre.

Ochaco Uraraka: ¡Deku-kun! ¡Espero de todo corazón que la Sra. Inko esté bien! Si necesitas que vayamos a hacerte compañía o llevarte algo, ¡solo dínoslo!

Mina Ashido: ¡Ay no, qué horror! Con razón saliste disparado de esa forma. ¡Un abrazo enorme, Mido-chan!

Shoto Todoroki: Midoriya... si necesitas cualquier cosa, lo que sea, dimelo.

Izuku sintió una calidez reconfortante en el pecho al leer las muestras de apoyo de sus amigos. La tensión en su cuello comenzó a ceder levemente mientras escribía un mensaje de agradecimiento.

Sin embargo, antes de que pudiera enviar su respuesta, apareció en la pantalla una notificación destacada con la etiqueta de administrador del grupo. Era Shota Aizawa.

Shota Aizawa: Midoriya.

Shota Aizawa: Acabo de leer tus mensajes. Ahora entiendo perfectamente tu comportamiento de esta tarde en el pasillo y por qué no te detuviste a dar explicaciones.

Shota Aizawa: Por el toque de queda no te preocupes en absoluto. Hablaré personalmente con el Director Nezu de inmediato para informarle de la situación real. Se asegurará de que no recibas ningún tipo de penalización ni falta en tu expediente por ausentarte de los dormitorios esta noche. La salud de un familiar directo es una prioridad absoluta.

Shota Aizawa: Envíame la dirección exacta del hospital y el número de habitación. Voy a ir para allá en este momento a acompañarte y verificar que todo esté bajo control.

Izuku parpadeó sorprendido, sintiendo una profunda gratitud hacia su profesor tutor, quien siempre velaba por la seguridad y el bienestar de sus alumnos a pesar de su actitud severa e indiferente en la superficie.

Izuku Midoriya: ¡Muchísimas gracias, Aizawa-sensei! De verdad se lo agradezco mucho.

Izuku Midoriya: Estamos en el Hospital General de Musutafu, en la planta de urgencias, habitación 204. Los doctores me dijeron que mamá está estable, pero me reconforta mucho saber que vendrá.

Shota Aizawa: Recibido. No te muevas de allí, llegaré en unos veinte minutos.

Izuku guardó el teléfono en su bolso y soltó un largo suspiro de alivio. Apoyó la cabeza contra la pared blanca, mirando el techo iluminado de la sala de espera. Saber que su madre estaba fuera de peligro, que la heroína Mirko la había salvado a tiempo, y que contaba con el respaldo incondicional de su profesor y sus compañeros de clase le dio la paz mental que tanto necesitaba.

Acomodó la falda sobre sus piernas, sintiendo la tela suave rozar la piel de sus muslos maduros. Aunque su cuerpo femenino continuaba atrayendo miradas y provocando situaciones peculiares por dondequiera que fuera, en ese preciso instante, lo único que le importaba era ver a Inko abrir los ojos y escuchar la voz reconfortante de su madre diciéndole que todo estaría bien.

El tiempo transcurrió de manera pausada en el silencioso corredor de urgencias. Izuku permanecía sentado en la banca de plástico, manteniendo la mirada fija en las puertas dobles del vestíbulo mientras ajustaba distraídamente el dobladillo de su falda sobre las rodillas.

Tal como lo había prometido por mensaje, exactamente veinte minutos después, el sonido de unos pasos firmes y apresurados resonó a lo largo del pasillo. Izuku alzó la vista y vio aproximarse a Shota Aizawa, quien vestía su habitual traje oscuro con las cintas de captura alrededor del cuello. Sin embargo, para sorpresa de Izuku, justo a su lado caminaba Shoto Todoroki. El joven heterocromático lucía una expresión cargada de una mezcla de alivio, preocupación y una intensa fijeza en la mirada que se centró de inmediato en la figura de Izuku.

Al verlos llegar, Izuku se puso de pie rápidamente con su fina voz femenina impregnada de sincero afecto.

—¡Aizawa-sensei! ¡Todoroki-kun! —exclamó Izuku, haciendo una breve reverencia mientras sostenía la correa de su bolso contra la cadera—. No saben cuánto les agradezco que hayan venido hasta aquí a estas horas. De verdad, muchas gracias.

—No hay nada que agradecer, Midoriya —respondió Aizawa con su tono sereno pero firme, deteniéndose frente a él—. Lo importante era asegurarnos de que la situación estuviera bajo control. Hablé con el director Nezu antes de salir y ya tienes el permiso justificado sin ninguna sanción. Ahora, cuéntame bien qué fue lo que ocurrió exactamente.

Todoroki dio un paso al frente, manteniendo sus ojos heterocromáticos fijos en el rostro delicado de Izuku, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco al ver los labios carnosos del joven recobraran un poco de color tras la angustia vivida.

—Nos tenías muy preocupados, Midoriya —añadió Shoto con su voz suave y grave—. Cuando te vimos pasar corriendo por el pasillo de la academia sin detenerte, supimos que algo grave estaba pasando. ¿Cómo se encuentra tu madre?

Izuku exhaló un suspiro y comenzó a detallarles la historia. Les explicó cómo recibió la llamada de video donde vio a su madre mareada y pálida, el desmayo provocado por la acumulación de humo a causa de un cortocircuito en el calentador de agua, y cómo la heroína profesional Mirko había intervenido oportunamente para derribar la puerta y rescatar a Inko antes de que la inhalación de monóxido de carbono causara un daño irreparable.

Justo cuando Izuku terminaba de relatar los últimos pormenores del traslado en ambulancia, la puerta del consultorio médico se abrió. Un doctor maduro con bata blanca y un expediente en la mano se asomó al pasillo.

—¿Familiares de la paciente Inko Midoriya? —preguntó el médico mirando a su alrededor.

—¡Sí, soy su hijo! —respondió Izuku de inmediato, levantándose de la banca.

Aizawa y Shoto se pusieron de pie a su lado de manera instintiva, acompañando a Izuku para escuchar el reporte médico. El doctor se acomodó los anteojos y observó el expediente antes de dirigirse a ellos con una sonrisa tranquilizadora.

—Buenas noticias. La señora Midoriya se encuentra fuera de peligro —anunció el médico con tono profesional—. Logramos administrarle oxigenoterapia a tiempo para limpiar sus vías respiratorias y sus signos vitales son completamente estables. Sin embargo, debido a la cantidad de humo que inhaló, necesitará guardar reposo absoluto. Se quedará internada bajo revisión durante unos dos días para monitorear sus pulmones y asegurarnos de que no quede ninguna consecuencia o complicación secundaria.

Izuku sintió que una inmensa ola de alivio le recorría el cuerpo, haciendo que sus hombros se relajaran por completo.

—Muchísimas gracias, doctor... de verdad, qué gran alivio —expresó Izuku con los ojos brillando por la emoción contenida, llevando una mano hacia su pecho, el cual subió y bajó en un suspiro lleno de paz.

El doctor inclinó levemente la cabeza en un gesto de amabilidad, cerró la carpeta médica que sostenía en las manos y les dedicó una última sonrisa tranquilizadora antes de dar media vuelta y alejarse por el silencioso pasillo hacia la central de enfermería.

El eco de los pasos del médico se fue disipando paulatinamente, dejando un ambiente de calma en la amplia sala de espera de urgencias. El bip constante de los monitores de fondo y el suave zumbido del aire acondicionado eran los únicos sonidos que rompían la atmósfera pulcra y antiséptica del hospital.

Izuku permaneció de pie a mitad del corredor, soltando un largo y profundo suspiro que pareció arrastrar consigo toda la tensión acumulada desde el mediodía. Llevó ambas manos hacia el centro de su pecho, sintiendo bajo sus dedos la tela suave de la blusa ajustada y el pulso de su corazón, que por fin comenzaba a recuperar un ritmo sereno. La agitación, el pánico ciego de la videollamada y la desesperada carrera por los pasillos de la U.A. finalmente se disolvieron, dejando en su lugar un agotamiento físico abrumador que le hizo tambalearse apenas un milímetro.

Aizawa dio un paso hacia el frente, cruzándose de brazos con su habitual compostura distante, aunque en el fondo de sus ojos oscuros se notaba el verdadero alivio que le producía la noticia.

—Eso es una excelente noticia, Midoriya —dijo el profesor con su voz grave y pausada—. Lo más importante es que tu madre ya está fuera de peligro y bajo la atención adecuada. Un par de días de observación en el hospital es la medida más prudente para prevenir cualquier inflamación en las vías respiratorias.

—Sí... Aizawa-sensei... de verdad es un alivio enorme —respondió Izuku, girándose hacia él con una sonrisa sincera y brillante que iluminó su delicado rostro femenino. Un sutil rubor rosado volvió a teñir sus mejillas mientras se acomodaba un mechón rebelde de su larga melena oscura detrás de la oreja—. Cuando vi a mamá desmayada en la pantalla de mi teléfono... pensé lo peor. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Siento muchísimo haber irrumpido de esa manera en la Dirección y haberme ido sin dar explicaciones adecuadas a usted ni a Todoroki-kun en el pasillo.

Shoto Todoroki, que hasta ese momento se había mantenido a un lado observando detenidamente cada gesto de Izuku, dio un paso suave hacia adelante. Sus ojos heterocromáticos recorrieron la figura de su compañero con una intensidad contenida. Notó las pequeñas gotas de sudor que aún brillaban en el cuello fino de Izuku, el vaivén pausado de sus imponentes y frondosos pechos al respirar y la forma en que la corta falda plisada se ceñía a sus caderas maduras y curvas.

—No tienes nada de qué disculparte, Midoriya —intervino Shoto, rompiendo su silencio con un tono suave, lleno de una calidez que pocas personas lograban sacarle—. Cualquiera en tu lugar habría actuado con la misma desesperación. Tu madre es la persona más importante para ti. Nos alegró mucho a todos saber que la heroína Mirko estuvo allí en el momento justo para ayudarla.

Izuku miró a Shoto a los ojos, sintiendo una calidez reconfortante extenderse por su pecho. La presencia firme y serena del joven de cabello bicolor siempre tenía un efecto pacificador sobre sus nervios.

—Gracias, Todoroki-kun... —murmuró Izuku, bajando ligeramente la mirada mientras ajustaba la tira de su bolso sobre el hombro—. De verdad significa mucho para mí que hayas venido hasta aquí a estas horas solo para ver cómo estaba.

Aizawa miró la hora en su reloj de pulsera y luego dirigió una mirada inquisitiva hacia la puerta de la habitación 204, donde Inko continuaba descansando.

—Bien —dijo Aizawa, captando la atención de ambos jóvenes—. Puesto que tu madre pasará la noche sedada y bajo el efecto del oxígeno para asegurar su reposo, los médicos no permitirán visitas prolongadas hasta mañana por la mañana. Ya hablé con el Director Nezu y los permisos están tramitados. Puedes quedarte aquí un rato más si lo deseas, o podemos coordinar para que regreses a los dormitorios a descansar adecuadamente y vuelvas mañana a primera hora. Un héroe no puede ayudar a nadie si termina colapsando por agotamiento físico y emocional.

Izuku asintió lentamente, reconociendo la sensatez de las palabras de su profesor. Había sido un día emocional y físicamente devastador. La tensión de su propia experiencia secreta en los jardines con el Mando Swaptacular, la posterior emergencia médica y el desgaste de la carrera continua le estaban pasando una factura pesada a su cuerpo.

—Tiene razón, Aizawa-sensei. Los doctores me dijeron que mamá no despertará del todo hasta mañana a mediodía por los sedantes suaves que le administraron —explicó Izuku, mirando a través del pequeño cristal de la puerta de la habitación hacia la figura durmiente de Inko—. Me gustaría quedarme unos veinte minutos más solo para asegurarme de que no necesite nada de la farmacia del hospital, y luego regresaré a los dormitorios.

—De acuerdo —asintió Aizawa—. Yo iré a la recepción principal a llenar los formularios administrativos de la academia para que el seguro estudiantil de la U.A. cubra los gastos de estancia médica de tu madre. No te preocupes por nada de eso. Todoroki, quédate aquí con Midoriya.

—Entendido, Aizawa-sensei —respondió Shoto de inmediato, sin dudar un solo segundo.

Aizawa les dio una breve inclinación de cabeza y caminó a paso firme por el corredor hacia los ascensores principales, dejando a Izuku y a Shoto solos en la penumbra del pasillo de urgencias.

Un silencio peculiar, cargado de emociones no dichas y una atmósfera íntima, se instaló de inmediato entre los dos estudiantes de tercer año.

Izuku se giró lentamente y volvió a tomar asiento en la banca de plástico blanca. La falda universitaria, al ser de un corte bastante reducido, se elevó un par de centímetros al doblar las piernas, dejando al descubierto la blancura firme y suave de sus muslos carnosos. Izuku, consciente únicamente del cansancio que sentía, juntó las rodillas con timidez y apoyó las manos sobre su regazo, acomodando el dobladillo para cubrirse en la medida de lo posible del aire frío de la sala.

Shoto no se sentó de inmediato. Permaneció de pie a su lado, observando la escena con el pulso acelerado. La visión de Izuku en ese estado —vulnerable, hermoso, vistiendo esa ropa que acentuaba de manera deslumbrante la anatomía femenina en la que habitaba— despertaba en el pecho de Shoto un torbellino de sentimientos encontrados. Por un lado, sentía un deseo feroz de protegerlo de cualquier peligro o tristeza; por el otro, la pasión contenida que llevaba meses guardando amenazaba con salir a la superficie.

Finalmente, Shoto tomó asiento a su lado en la banca adyacente. La proximidad entre ambos era tal que el borde del abrigo de Shoto rozaba suavemente la tela de la falda de Izuku. Un aroma dulce, una mezcla entre el perfume floral de la blusa de Izuku y la tibieza natural de su piel, envolvió los sentidos del joven heterocromático.

—Midoriya... —empezó Shoto, rompiendo el silencio con una voz tan baja y tranquila que parecía un susurro dirigido únicamente a los dos.

—¿Sí, Todoroki-kun? —preguntó Izuku, girando la cabeza para mirarlo. Sus grandes ojos verdes brillaban con una mezcla de cansancio y sincera curiosidad.

Shoto mantuvo la mirada fija en los ojos de Izuku. Durante un instante, se quedó maravillado por la expresividad de ese rostro. Aunque la realidad hubiera reescrito la percepción de todos para que el cuerpo de mujer de Izuku fuera visto como algo natural desde su nacimiento, para Shoto la esencia del joven de cabello rizado seguía siendo exactamente la misma: pura, determinada y desinteresada.

—En el pasillo de la academia... cuando ibas corriendo —dijo Shoto, eligiendo cuidadosamente sus palabras mientras cruzaba las manos sobre su regazo—... te veías verdaderamente angustiado. Me di cuenta de que ni siquiera te percataste de que estábamos allí. En ese momento me asusté mucho porque pensé que algo te había pasado a ti.

Izuku dejó escapar una pequeña risita apenada, rascándose la mejilla con un dedo.

—Aah... de verdad lo siento mucho, Todoroki-kun. Tenía la cabeza completamente nublada por la imagen de mamá desmayándose. Cuando me dan esos ataques de pánico por las personas que quiero, pierdo por completo la noción de lo que hay a mi alrededor. Pasé como una ráfaga al lado de ustedes. Aizawa-sensei debió pensar que perdí el respeto por las normas por un momento.

—No fue así —aseguró Shoto con firmeza—. Aizawa-sensei sabía que no actuarías así sin un motivo de peso. Y yo... bueno, yo solo quería asegurarme de que estuvieras bien.

Izuku parpadeó, notando el tono profundamente personal en las palabras de su compañero. La forma en que Shoto lo miraba no era la habitual mirada distante o analítica que solía mostrar con los demás. Había un brillo de devoción genuina en sus ojos, una calidez palpando la superficie que hizo que el corazón de Izuku diera un brinco inesperado dentro de su pecho.

Bajo la tela de su blusa, los senos de Izuku experimentaron un sutil cosquilleo, una reacción fisiológica involuntaria a la cercanía física y la atención absoluta que Shoto le estaba prestando. Izuku acomodó la correa de su bolso sobre el regazo para cubrir disimuladamente el abultamiento de su pecho, sintiendo que sus mejillas se calentaban un poco más.

—Todoroki-kun... siempre eres tan atento conmigo —murmuró Izuku, mirando sus propias manos unidas sobre la falda—. Desde que entramos a la U.A., y sobre todo en este último año de preparatoria, siempre has estado allí para apoyarme cuando las cosas se ponen difíciles. Me siento muy afortunado de tener un amigo como tú.

La palabra "amigo" resonó en los oídos de Shoto con un eco agridulce. Apreciaba profundamente la confianza que Izuku le tenía, pero la intensidad de sus sentimientos había sobrepasado hacía mucho tiempo los límites de una simple amistad estudiantil.

Shoto inclinó ligeramente el cuerpo hacia Izuku, reduciendo aún más la distancia entre ambos.

—Izuku... —dijo Shoto, utilizando por primera vez en todo el día el nombre de pila del joven con un tono cargado de seriedad íntima.

Izuku se sobresaltó ligeramente al escuchar su nombre de boca de Shoto en ese tono tan directo. Levantó la vista de golpe, encontrándose con la mirada heterocromática fijada en él a escasos centímetros de distancia.

—T-Todoroki-kun...? —balbuceó Izuku, con la voz volviéndose un poco más fina por el repentino nerviosismo.

—No es solo por ser tu compañero o tu amigo —continuó Shoto, sin apartar los ojos de los suyos y manteniendo una compostura de acero a pesar de la agitación interna que sentía—. Para mí... ver que estás a salvo, ver que nada malo te ocurre, es más importante que cualquier otra cosa. Hoy, cuando te vi correr sin mirar atrás, me di cuenta de lo mucho que me afecta verte sufrir o estar en peligro.

Izuku sintió que el aliento se le congelaba en la garganta. La atmósfera en la sala de espera parecía haberse vuelto repentinamente más densa, cargada con una tensión emocional que hacía que el pulso le retumbara en los oídos. La presencia masculina de Shoto, su voz grave y la firmeza de sus palabras provocaban una extraña y deliciosa sacudida en la entrepierna de Izuku, recordando de manera sutil las sensaciones intensas que había experimentado apenas unas horas atrás en los jardines del campus.

—Yo... no sabía que te habías preocupado tanto... —logró articular Izuku en un susurro, sintiendo que el pecho le subía y bajaba con aceleración.

—Me preocupo más de lo que te imaginas —respondió Shoto con absoluta sinceridad—. Hay muchas cosas que he querido decirte desde hace tiempo, Izuku. Cosas que no he podido expresar correctamente debido a los entrenamientos, los deberes de la academia y todo lo demás. Pero hoy... al verte en esa situación, me di cuenta de que no quiero seguir esperando el 'momento perfecto'.

Izuku abrió ligeramente los labios, sorprendido y paralizado por la declaración que comenzaba a vislumbrarse en la conversación. Sentía la calidez que emanaba del cuerpo de Shoto a su lado, una sensación envolvente que le hacía sentir extrañamente protegido y, al mismo tiempo, extrañamente expuesto en su condición actual.

Antes de que Shoto pudiera continuar articulando las palabras exactas para confesar todo el amor que albergaba en su alma, el sonido de unos pasos pesados resonó al final del pasillo.

Shota Aizawa reapareció doblando la esquina del corredor, sosteniendo una serie de hojas impresas y un pase de autorización firmado por la recepción central del hospital.

—Todo está arreglado en la administración —anunció Aizawa con su tono monótono habitual, rompiendo la burbuja de intimidad que se había creado entre los dos jóvenes—. La estancia de tu madre está cubierta por completo y los médicos tienen la orden de llamarte al teléfono celular de inmediato si ocurre cualquier novedad durante la noche.

Shoto se erguió en su asiento al instante, recuperando su postura neutral, aunque una sombra de frustración apenas perceptible cruzó por su rostro por haber sido interrumpido en un momento tan crucial.

Izuku, por su parte, dejó escapar un suspiro entrecortado, sintiendo que la presión en su pecho se liberaba parcialmente, aunque su corazón continuaba batiendo con fuerza por las palabras que Shoto le había dedicado.

—M-Muchísimas gracias, Aizawa-sensei —dijo Izuku, poniéndose de pie con rapidez y alisando la tela de su falda para recuperar la compostura—. De verdad le estoy profundamente agradecido por todo el apoyo.

—No hay de qué, Midoriya. Es mi deber como tu profesor encargado —respondió Aizawa, guardando los papeles en su abrigo—. Ahora, recoge tus cosas. El vehículo de la academia nos está esperando en la puerta principal. Regresaremos a los dormitorios para que puedan cenar algo y descansar adecuadamente. Mañana podrás volver a visitar a tu madre con calma.

Izuku asintió, tomando su bolso de la banca y acomodándolo con cuidado sobre el hombro, asegurándose de que el dispositivo Mando Swaptacular estuviera perfectamente resguardado en el fondo del compartimento con cierre.

Shoto se puso de pie a su lado, ajustándose el abrigo. Aunque la oportunidad de confesar sus sentimientos se había visto pausada por la intervención de su profesor, la determinación en la mirada del joven de cabello bicolor no había disminuido en absoluto. Al contrario, ver la fragilidad y la belleza de Izuku durante toda esa travesía sólo había afianzado su resolución de declarar su amor esa misma noche o en cuanto tuvieran el primer instante a solas en el edificio de los dormitorios.

Los tres caminaron juntos a lo largo del pasillo de urgencias, cruzando las puertas automáticas de cristal del hospital hacia la noche fresca de Musutafu. La luna llena iluminaba el aparcamiento privado donde el vehículo negro de la U.A. los aguardaba con el motor encendido.

Izuku subió en el asiento trasero, acomodándose junto a la ventanilla mientras miraba por última vez hacia la fachada del hospital, albergando en su corazón la certeza de que su madre estaría bien. A su lado, Shoto se acomodó en el asiento contiguo, manteniendo una cercanía física que enviaba constantes corrientes de calidez a la piel de Izuku.

Mientras el automóvil se ponía en marcha y avanzaba por las avenidas iluminadas de la ciudad en dirección al campus de la academia, Izuku apoyó la cabeza contra el cristal, sintiendo cómo el cansancio y las emociones del día se entrelazaban en su mente, consciente de que al regresar a los dormitorios, la atención de sus compañeros y, sobre todo, la presencia ineludible de Shoto Todoroki, traerían consigo nuevos capítulos en su peculiar y agitada vida en la U.A.

El trayecto de regreso hacia el campus de la U.A. transcurrió en un silencio apacible y reconfortante. El ronroneo constante del motor del vehículo oficial y el parpadeo rítmico de las luces de la ciudad reflejadas en los cristales creaban una atmósfera serena que contrastaba radicalmente con el caos experimentado horas atrás.

En el asiento trasero, Izuku permanecía recargado contra la ventanilla. El cansancio físico y emocional acumulado comenzó a pasarle una factura sumamente pesada a sus músculos. Sus piernas, aún sensibles tras la intensa agitación del mediodía, descansaban juntas sobre el cojín de cuero, mientras sus brazos rodeaban con delicadeza el bolso donde el Mando Swaptacular descansaba en secreto. La brisa tibia del aire acondicionado rozaba la tela suave de su blusa ajustada, haciéndole consciente a cada instante del peso sutil de su frondoso pecho, el cual subía y bajaba con una respiración cada vez más pausada y pesada.

Con el movimiento rítmico del automóvil, la cabeza de Izuku comenzó a inclinarse lentamente hacia un lado. Sin darse cuenta, vencido por el sueño profundo, su rostro se apoyó suavemente sobre el hombro firme de Shoto Todoroki.

Shoto se congeló por un segundo al sentir el contacto inesperado, pero de inmediato se relajó. Miró hacia abajo y observó el rostro de Izuku: sus pestañas tupidas descansando sobre la piel suave de sus mejillas, sus labios carnosos entreabiertos por donde salía un aliento tibio y regular, y su larga melena oscura desparramada sobre la solapa de su abrigo. Un intenso y dulce aroma floral envolvió por completo los sentidos de Shoto. Ajustó su postura con infinita delicadeza para servirle de almohada durante todo el viaje, sintiendo cómo el corazón le latía con un orgullo y una ternura abrumadoras.

En el asiento del conductor, Shota Aizawa observaba la escena por el espejo retrovisor mientras manejaba con soltura por la autopista iluminada.

—Llegaremos en cinco minutos —anunció Aizawa con su voz grave, reduciendo la velocidad al divisar los portones del campus—. Los chicos en el edificio están atentos a su llegada.

Pocos minutos después, el automóvil cruzó las majestuosas puertas de seguridad y se detuvo justo frente a la entrada principal del edificio de dormitorios de la Clase 3-A.

En cuanto el vehículo apagó el motor, la puerta de cristal del vestíbulo se abrió de par en par. Tenya Iida, Ochaco Uraraka, Katsuki Bakugo, Denki Kaminari, Tsuyu Asui, Kyoka Jiro y Toru Hagakure salieron al porche iluminado con rostros llenos de preocupación.

Sin embargo, las actitudes de varios de ellos reflejaban las profundas e invisibles alteraciones que Izuku había provocado anteriormente al manipular la realidad con el Mando Swaptacular.

Ochaco Uraraka caminaba con una postura errática, los puños dentro de sus bolsillos y el ceño fruncido en un rictus de molestia contenida, exactamente igual a la clásica personalidad explosiva de Katsuki; por su parte, Bakugo avanzaba a su lado con las manos entrelazadas al frente, los ojos brillando con una preocupación dulce y flotante, flotando casi sobre sus talones como solía hacerlo Ochaco. De igual manera, Denki Kaminari ajustaba sus lentes imaginarios con severidad estricta y movimientos robóticos de brazos, mientras que Tenya Iida caminaba distraído, picándose la nariz y soltando una risita absurda e hiperactiva. Ninguno de ellos era consciente de que sus personalidades e identidades relacionales habían sido intercambiadas entre sí por el artefacto de Izuku; para todos ellos, esa era su forma de ser de toda la vida.

—¡Hey! ¡Por fin llegan, carajo! ¡Nos tenían con el pendiente a todos en esta maldita casa! —gruñó Ochaco con la voz áspera y los dientes apretados, pateando una pequeña piedra de la entrada.

—¡Ay, sí! ¡Estábamos tan preocupados por la Sra. Inko! ¡Ojalá todo esté súper bien! —añadió Bakugo juntando las manos frente a su pecho con un tono infinitamente tierno y risueño.

—¡Atención a todos! —exclamó Kaminari haciendo un corte limpio en el aire con la mano—. ¡El reglamento del dormitorio exige silencio nocturno, pero la situación de Midoriya amerita nuestra máxima consideración disciplinaria!

—¡Jajaja, sí, sí, reglamentos! ¡Pikachu cuadro! —se burló Iida, dando un saltito tonto con la lengua afuera.

En el auto, Shoto abrió la portezuela del copiloto trasero con extremo cuidado. En lugar de despertar a Izuku, inclinó su cuerpo, deslizó un brazo firme por debajo de los muslos carnosos del joven y el otro rodeando su espalda, levantando a Izuku en brazos con total delicadeza. La falda universitaria de Izuku se ajustó sobre sus caderas, mientras la cabeza del muchacho durmiente se acomodó de manera natural en el cuello de Shoto, soltando un leve murmullo conforme se acurrucaba contra su pecho.

—Está profundamente dormido. Pasó por demasiado estrés hoy —dijo Shoto en voz baja hacia sus compañeros al bajar del vehículo.

—Tch... como sea, más le vale descansar a ese nerd —rezongó Ochaco cruzándose de brazos y dándose la vuelta para entrar a regañadientes.

—¡Awww, se ve tan lindo durmiendo en tus brazos, Todoroki-kun! —suspiró Bakugo con una sonrisa enamoradiza.

Tsuyu Asui, Kyoka Jiro y Toru Hagakure intercambiaron miradas complices y preocupadas.

—Pobre Midoriya, kero... —murmuró Tsuyu en un susurro—. Debe de haber estado sin comer nada desde el mediodía por salir corriendo. Seguro mañana despertará con muchísima hambre.

—Tienes razón —asintió Kyoka, acomodándose sus conectores de las orejas—. Chicas, vayamos a la cocina ahora mismo. Preparemos una comida completa y bien nutrida para guardarla en el refrigerador, así mañana a primera hora solo tendrá que calentarla antes de ir al hospital.

—¡Sí! ¡Hagámosle un bentō super especial y delicioso! —exclamó la silueta invisible de Toru dando un pequeño salto de entusiasmo.

Mientras las tres chicas se dirigían apresuradamente hacia la cocina de los dormitorios para comenzar a picar ingredientes y guisar con enorme dedicación, Shoto caminó a paso firme y silencioso por el vestíbulo, subiendo por el ascensor directamente hasta el segundo piso.

Al llegar a la puerta de la habitación de Izuku, Shoto sacó con destreza la llave del bolsillo del bolso de Izuku, abrió la cerradura y empujó la puerta con el pie.

La habitación estaba en penumbra, bañada únicamente por el tenue resplandor azulado de la luna que se filtraba por la ventana. Shoto avanzó con cautela y depositó a Izuku sobre la cama suave. Le retiró el bolso con cuidado y lo dejó sobre el escritorio, para luego acomodar las almohadas detrás de su cabeza. Con una ternura infinita, retiró los zapatos de Izuku y extendió una manta ligera sobre su cuerpo, cubriendo sus muslos descubiertos y su pecho prominente.

Shoto se quedó de pie a un lado de la cama durante largos minutos, contemplando el rostro sereno de Izuku bajo la luz lunar. La figura de Izuku, tan hermosa, madura y delicada, despertaba en él un sentimiento puro que ya no podía contener en los confines de su mente.

Se inclinó suavemente hacia adelante, acercando sus labios a la frente de Izuku para depositar un beso cálido y prolongado sobre su piel suave.

—Siento tanto amor por ti, Izuku... —murmuró Shoto en un susurro cargado de devoción absoluta, sabiendo que el joven dormía profundamente y no podía escucharlo—. Más de lo que imaginas. Y me aseguraré de demostrártelo cada día de mi vida.

Con una última mirada llena de calidez, Shoto caminó hacia la salida, cerró la puerta con seguro desde afuera para proteger su descanso y se retiró a su propia habitación, confiado en que el mañana traería consigo una nueva oportunidad para estar a su lado.

Mientras tanto, en la cocina del piso inferior, Tsuyu, Kyoka y Toru trabajaban arduamente en armonía. El delicioso aroma del arroz recién cocido, vegetales salteados y carne marinada llenaba el espacio. Sellaron con esmero una hermosa caja de bentō de dos niveles, la etiquetaron con una nota de cariño dedicada a Izuku y la guardaron en el refrigerador, listas para reconfortar el estómago y el corazón de su estimado compañero a primera hora de la mañana.

En la penumbra de su habitación, Izuku continuó durmiendo plácidamente, acurrucado bajo las cobijas con el Mando Swaptacular seguro en su bolso, sintiendo en sueños la calidez envolvente del amor y el cuidado de quienes lo rodeaban.

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