What's next?

Cap 2

Chapter 2 by K45

—Oye, pero... —continuó Mineta, alzando la vista hacia Izuku con los ojos bien abiertos mientras sostenía sus pechos con delicadeza—... ¿de verdad funciona bien ese mando para todo lo demás? O sea, ¿puedes cambiar ropa, vidas y lo que quieras con la gente?

Izuku, sosteniendo el bolso donde guardaba el dispositivo, sonrió con suficiencia al ver a su amigo explorar su anatomía.

—Te lo aseguro, es cien por cien real —explicó Izuku, acariciando el borde del mando dentro del bolso—. Puede cambiar cuerpos, vidas, ropa y personalidades entre dos personas. Solo quien sostiene el mando nota los cambios en el instante, pero como viste, la realidad se amolda para los demás.

Mineta soltó un ligero gemido al apretarse un poco más los pezones por encima de la tela, sintiendo una descarga eléctrica recorrerle la espalda ante la intensa sensibilidad de su cuerpo de chica.

—Es una locura... —dijo Mineta, mirando sus muslos carnosos y frotándolos entre sí—. Pensar que de verdad exista algo así. Si con solo apretar un botón se puede alterar todo... ¡podríamos hacer lo que quisiéramos!

—Así es —asintió Izuku, sintiendo cómo los pechos de su cuerpo volvían a rebotar levemente bajo su camiseta de tirantes mientras caminaba un par de pasos hacia adelante—. Pero hay que tener cuidado. A veces las cosas se complican si no sabes bien qué botón presionar.

Mineta se rió con su nueva voz femenina, frotándose suavemente el vientre y descendiendo una mano hacia la costura ajustada de su pantalón para sentir el calor húmedo que brotaba entre sus piernas.

—¡A mí me da igual si es complicado! —declaró Mineta con entusiasmo pervertido—. No me incumbe eso, pero al igual que tu, esto es un ganar/ganar ya que puedo sentir estos orgasmos frotándome cuando quiera en mi habitación es lo mejor que me ha pasado. ¡Me voy a ir directo a mi cuarto a tocarme hasta no poder más!

—Ve con cuidado, Mineta —dijo Izuku riendo mientras veía a su amigo ajustarse el pantalón deportivo que remarcaba su trasero antes de alejarse a toda prisa hacia los dormitorios.

Al quedarse a solas de nuevo en medio del sendero del campus, Izuku dejó escapar un largo suspiro. El aire fresco rozó sus hombros descubiertos y la tela de su camiseta corta, haciendo que sus propios pezones se endurecieran contra el sujetador sin tirantes. Sintió un escalofrío delicioso recorrerle la columna y la humedad entre sus muslos se hizo aún más evidente.

Acomodó el bolso sobre su cadera, sintiendo el roce de los shorts vaqueros ajustados contra sus muslos suaves. Aunque la duda sobre si su cuerpo siempre había sido así o si el mando lo había alterado fugazmente cruzó su mente por un instante, se encogió de hombros con una sonrisa pícara, plenamente convencido de su identidad como el chico de siempre habitando esa deslumbrante figura femenina. Sosteniendo con firmeza el mando dentro del bolso, Izuku caminó de regreso a los edificios, listo para encerrarse a disfrutar de su propio cuerpo o buscar una nueva víctima para seguir jugando con la realidad.

Al quedarse a solas de nuevo en el sendero, el roce constante del tejido de sus pantalones cortos contra sus muslos sensibles era casi insoportable. Izuku dio media vuelta para dirigirse a los dormitorios con paso ligero, apretando el mando a distancia dentro del bolso. Tenía la intención clara de llegar a su cuarto para aprovechar la soledad de la tarde, pero antes de poder cruzar la arcada principal del edificio, una voz lo hizo detenerse.

—¡Hey, Midoriya! —llamó Katsuki Bakugo desde el área de entrenamiento al aire libre.

Bakugo avanzaba con paso firme, vistiendo una camiseta de tirantes deportiva y pantalones de entrenamiento. Con 18 años cumplidos, su complexión era musculosa y su actitud, imponente como siempre. Se detuvo a un par de metros, mirando a Izuku de arriba abajo sin mostrar la menor sorpresa por su aspecto ni por las proporciones de su cuerpo. Para el mundo alterado, ver a Izuku en ese molde femenino siempre había sido la norma.

—Llevo diez minutos buscándote. El profesor Aizawa quiere que revisemos el inventario del equipo de rescate en el almacén B —dijo Bakugo, cruzándose de brazos con gesto impaciente—. Así que muévete, no voy a hacer todo el trabajo solo.

Izuku ajustó la tira del bolso sobre su hombro, sintiendo el peso de sus pechos rebotar ligeramente al erguirse.

—Ah, claro... el inventario. Se me había olvidado por completo —respondió Izuku, soltando una risita nerviosa mientras se pasaba una mano por la nuca, un gesto extrañamente contrastante con la voz fina y refinada que salía de su garganta.

Ambos caminaron en silencio hacia la zona de almacenes del campus. El sol de la tarde empezaba a bajar, proyectando sombras largas entre los edificios. Izuku observó la espalda ancha de Bakugo y la seguridad con la que caminaba. Una idea repentina, impulsada por la curiosidad de probar las funciones del mando en alguien con una personalidad tan fuerte, comenzó a tomar forma en su mente.

Deslizó disimuladamente la mano dentro del bolso y tocó los botones del dispositivo táctil. Sabía que no podía hacer un cambio de cuerpo completo si quería terminar la tarea sin crear un caos inmediato, pero recordó que el manual mencionaba la opción de Intercambio de Personalidad y Actitud.

Aprovechando que Bakugo abría la pesada puerta metálica del almacén B y le daba la espalda, Izuku sacó apenas la punta del mando, apuntó hacia la espalda de su compañero y seleccionó a un segundo objetivo a la distancia: Ochaco Uraraka, a quien divisó a lo lejos caminando pacíficamente con una bandeja de té hacia el edificio principal.

Izuku presionó el botón.

Un sutil destello invisible recorrió el ambiente. Bakugo se detuvo en seco en el umbral del almacén. Por un segundo se quedó inmóvil, parpadeando despacio. Cuando se giró para mirar a Izuku, la expresión dura y los ceños fruncidos habían desaparecido por completo de su rostro, reemplazados por una sonrisa cálida, abierta y extremadamente amigable.

—¡Oh, lo siento mucho, Deku-kun! —exclamó Bakugo con su habitual voz grave de hombre, pero con una entonación exageradamente dulce y entusiasta—. No me di cuenta de que venías caminando detrás de mí. Por favor, pasa tú primero, no quisiera que te golpees con la puerta.

Izuku se congeló en su lugar, sosteniendo el bolso con ambas manos. Ver el cuerpo musculoso y ceñudo de Bakugo inclinándose de forma servicial y sonriendo con la amabilidad característica de Uraraka era una imagen descolocante.

—¿B-Bakugo? ¿Estás bien? —preguntó Izuku, entrando despacio al almacén sombrío.

—¡Claro que sí! Nunca he estado mejor —respondió Bakugo, juntando sus grandes manos frente a su pecho con un gesto delicado mientras cerraba la puerta tras ellos—. Pensaba que este almacén está un poco sucio, ¿no crees? Podríamos limpiarlo juntos y luego preparar un poco de té para descansar. Por cierto, ¡te ves muy linda hoy con ese top!

Izuku sintió que el rostro se le encendía de golpe. Escuchar un elogio así de la boca de Bakugo, combinado con la hiperestesia que sentía en su propio cuerpo de chica, provocó una nueva oleada de calor que le recorrió el vientre.

—G-Gracias... —murmuró Izuku, acomodándose la camiseta de tirantes mentre la humedad entre sus muslos volvía a aumentar—. Creo que... deberíamos empezar a contar las cajas de suministros antes de que se haga más tarde.

—¡Tienes toda la razón! Vamos a esforzarnos al máximo —asintió Bakugo con un brillo entusiasta en los ojos, comenzando a levantar cajas de metal pesado como si no pesaran nada, manteniendo una actitud impecable y jovial.

Izuku se apoyó contra una de las estanterías de madera, observando la escena. La mezcla entre el poder del mando, la surrealista actitud de su amigo y las intensas sensaciones físicas que no dejaba de experimentar lo dejaron claro: con ese dispositivo en sus manos, las tardes en la U.A. no volverían a ser ordinarias.

Izuku contempló a Bakugo moviendo las cajas pesadas con una delicadeza y alegría totalmente ajenas a su comportamiento habitual. El contraste visual entre la musculatura marcada de Katsuki y sus ademanes suaves resultaba perturbadoramente fascinante. Mientras observaba, el roce de los pantalones cortos ajustados contra su piel sensible volvió a encender la chispa de excitación en el bajo vientre de Izuku.

—Deku-kun, ya casi termino con este lado —comentó Bakugo, girándose con una sonrisa amable mientras se limpiaba una gota de sudor de la frente con el brazo—. ¿Te encuentras bien? Te ves un poco agitado y sofocado.

—Sí... solo hace un poco de calor aquí dentro —respondió Izuku con su tono femenino, pasándose las manos por la cintura para acomodar la tela de sus shorts.

La hiperestesia del cuerpo de Momo continuaba haciéndose notar. Cada respiración profunda hacía rebotar su frondoso pecho bajo la camiseta corta de tirantes, y la fricción de la lencería de encaje contra sus partes íntimas le provocaba descargas de placer que amenazaban con hacerle perder la compostura allí mismo.

—Iré a revisar los estantes del fondo —añadió Izuku, alejándose entre los pasillos estrechos del almacén para tener privacidad.

Se adentró en la zona más sombría del lugar, lejos de la vista de Bakugo. La penumbra y el aislamiento del almacén aumentaron el morbo de la situación. Apoyó la espalda contra la estantería de madera y dejó escapar un suspiro entrecortado. Deslizó una mano hacia abajo, colándola por el borde del pantalón corto hasta alcanzar las bragas de encaje. La prenda estaba completamente empapada por el flujo vaginal espeso.

Izuku introdujo dos dedos por debajo de la tela, acariciando directamente sus labios vaginales hinchados. Un gemido agudo y ahogado se le escapó de los labios mientras empezaba a frotarse rítmicamente. La hipersensibilidad del cuerpo femenino lo desbordó en cuestión de segundos; la combinación de la textura húmeda, el calor acumulado y la idea de estar masturbándose a pocos metros de un Bakugo completamente cambiado por el mando lo llevó rápidamente al límite.

Apretó los muslos con fuerza, sintiendo cómo las paredes internas de su cavidad se contraían en espasmos intensos mientras alcanzaba un orgasmo rápido y abrumador que hizo temblar sus piernas.

Respirando agitadamente, Izuku se reajustó la ropa como pudo, sintiendo el cuerpo relajado pero sumamente sensible. Salió del pasillo con el rostro encendido y las mejillas sonrojadas, encontrando a Bakugo esperando junto a la puerta principal con una lista en la mano.

—¡Listo! Ya registré todo lo necesario —anunció Bakugo con entusiasmo sincero—. Ahora podemos ir a descansar. Si quieres, puedo acompañarte a tu habitación para asegurarme de que llegues bien.

Izuku contuvo una risita, recordando que, bajo esa actitud dulce y servicial, seguía estando el cuerpo de su rival de la infancia.

—No te preocupes, Bakugo. Puedo ir solo —corrigió Izuku sonriendo, apretando el bolso donde resguardaba el mando Swaptacular—. Tengo algunas cosas más que hacer antes de que caiga la noche.

Izuku no pudo evitar soltar una leve risita ante la extraña imagen de Bakugo comportándose de manera tan servicial. Se despidió de él y salió del almacén B, disfrutando de la brisa fresca del atardecer que rozaba su piel acalorada y sus hombros descubiertos. Sin embargo, al dar apenas unos pasos por el sendero principal de los jardines, se topó de frente con Ochaco Uraraka.

Uraraka avanzaba a pasos agigantados, con los puños apretados a los lados y las cejas drásticamente fruncidas en un gesto de absoluta furia. Llevaba la bandeja de té que Izuku había visto antes, pero ahora los platos y las tazas temblaban violentamente por la agresividad con la que caminaba.

—¡Aparte del camino, pedazo de extra! —gritó Uraraka con una voz aguda pero cargada de una agresividad y un tono amenazante idénticos a los de Bakugo.

Izuku se detuvo en seco, abriendo los ojos de par en par al recordar que el intercambio de personalidad había afectado a ambos lados. La figura pequeña y de rasgos suaves de Uraraka se veía completamente fuera de lugar al proyectar una aura tan intimidante y explosiva.

—¿U-Uraraka-san? —balbuceó Izuku, retrocediendo un paso mientras sentía el peso de sus pechos rebotar levemente contra la camiseta de tirantes.

—¡¿A quién llamas Uraraka, bastardo?! —rugió ella, dándole una patada a una piedra del camino con fuerza bruta—. ¡Estoy harta de estar cargando esta estúpida bandeja de té como si fuera una sirvienta! ¡Si alguien se me cruza en el camino lo voy a hacer explotar en mil pedazos!

Uraraka lanzó la bandeja con todo el té contra el suelo, haciendo que la porcelana se estrellara en mil pedazos sobre el pavimento. Luego se giró hacia Izuku, mirándolo de arriba abajo con una mueca de absoluto desprecio, fijando su vista en la figura femenina e imponente que Izuku poseía.

—Y tú, Deku... ¡deja de mirarme con esa cara de imbécil! —espetó Uraraka, acercándose de forma amenazante hasta quedar a pocos centímetros de él—. Apestas a sudor y a perfume barato. ¡Apártate antes de que te muela a golpes!

El contraste entre el cuerpo curvilíneo de Ochaco y la furia salvaje de Katsuki provocó un estremecimiento inesperado en Izuku. La combinación de la agresión verbal, la actitud dominante de la chica y la hipersensibilidad de su propio cuerpo de Momo provocó que una corriente eléctrica bajara directo a su entrepierna, haciendo que su vagina, aún sensible por el orgasmo reciente, volviera a secretar flujo húmedo contra sus bragas.

—Lo siento... no era mi intención molestarte —dijo Izuku con una voz suave y entrecortada, tratando de disimular la excitación repentina que lo recorría.

Uraraka chasqueó la lengua con fastidio, pasó a su lado dándole un empujón fuerte en el hombro y continuó su camino a grandes zancadas hacia el edificio de dormitorios, gritando insultos al aire a cualquiera que se cruzara en su camino.

Izuku se quedó allí parado, ajustando el bolso sobre su cadera mientras observaba a Uraraka alejarse. Pasó una mano por sus muslos carnosos, sintiendo el calor intenso acumulado entre sus piernas y sonriendo de forma pícara al darse cuenta de las infinitas y caóticas situaciones que el mando Swaptacular podía provocar con un solo clic.

El atardecer teñía de tonos anaranjados y violetas los ventanales del edificio de los dormitorios de tercer año. Izuku observó cómo la silueta de Uraraka desaparecía al dar la vuelta en el pasillo, aún soltando taco tras taco con la voz aguda que la caracterizaba. La imagen era tan disparatada que Izuku tuvo que taparse la boca para reprimir una carcajada.

Al igual que había sucedido horas antes con Mineta —quien tras el intercambio de cuerpo con Mina Ashido ahora existía en la mente de todos como un muchacho desafortunado que simplemente había tenido la mala suerte de nacer en una anatomía femenina rosada y curvilínea—, la realidad se había reescrito de manera perfecta e impecable. Ahora, Katsuki Bakugo siempre había sido un joven sumamente educado, dulce, servicial y amante de las tareas domésticas, mientras que Ochaco Uraraka siempre había poseído un carácter explosivo, violento y rencoroso.

Nadie en toda la Universidad U.A. notaba nada extraño. Para todos los alumnos y profesores, las cosas siempre habían sido exactamente así. El único ser sobre la faz de la Tierra que poseía el conocimiento de lo que realmente estaba sucediendo era el propio Izuku, y esto se debía únicamente a una regla fundamental del Mando Swaptacular: la persona que sostenía o tocaba físicamente el dispositivo durante el proceso de alteración conservaba la memoria intacta de los cambios ejecutados.

Izuku reajustó la correa de su bolso sobre el hombro. El peso de sus senos volvió a balancearse, provocando que la fina camiseta de tirantes rozara sus pezones erguidos. Una nueva pulsación de calor recorrió su vientre. Se ajustó los pantalones cortos de mezclilla, cuyos bordes apretaban la carne suave de sus muslos maduros y voluptuosos. Aunque en el fondo su mente estuviera totalmente convencida de que esa anatomía femenina deslumbrante, con sus caderas anchas, su cintura estrecha y su piel ultrasensible, era la misma con la que había llegado al mundo y crecido toda su vida, no podía negar que disfrutar de las ventajas de ese cuerpo era una experiencia deliciosa.

Caminó a través del vestíbulo y se adentró en la amplia cocina comunitaria para servirse un vaso de agua helada y refrescar el ardor de sus mejillas. Al llegar a la barra de granito, se encontró con la figura imponente del profesor Shota Aizawa. El tutor vestía su habitual ropa negra holgada y lucía las ojeras profundas de siempre, sosteniendo una carpeta de documentos bajo el brazo.

—Ah, Midoriya. Qué bueno que te encuentro aquí —dijo Aizawa con su voz pausada y cansada, girándose para mirarlo directamente a los ojos sin mostrar la menor extrañeza por la impresionante figura de su estudiante.

—¿Pasa algo, Aizawa-sensei? —preguntó Izuku, inclinando ligeramente la cabeza. Al hacerlo, el escote del top se entreabrió sutilmente, dejando ver la curva profunda de su pecho.

—Mañana por la mañana no estaré en las primeras horas de clase —explicó el profesor, acomodándose la bufanda de cintas—. Acompañaré a Todoroki fuera del campus. Tiene que realizar unos trámites familiares importantes respecto a las propiedades de su clan y su padre me pidió que supervise el traslado. Volveremos por la tarde.

—Entendido, Aizawa-sensei. Le avisaré a los demás si preguntan por ustedes —asintió Izuku con una sonrisa amable.

—Gracias. Todoroki está en la sala de estar revisando algunos mapas. Deberías ir a hablar con él un momento para ponerte de acuerdo sobre los apuntes de mañana.

Aizawa hizo una leve inclinación de cabeza y salió con paso lento hacia su oficina. Izuku terminó de beber su vaso de agua, sintiendo cómo el líquido frío aliviaba momentáneamente la sensación de calor interno. Dejó el vaso en el fregadero y caminó hacia la sala de estar principal.

Allí, sentado en uno de los sofás de cuero, se encontraba Shoto Todoroki. Lucía impecable con una camisa azul marino de mangas arremangadas que resaltaba su cabello mitad blanco y mitad rojo. Estaba concentrado examinando unos papeles sobre la mesa de centro.

—¡Hola, Todoroki-kun! —saludó Izuku, acercándose con pasos suaves.

Todoroki levantó la vista de inmediato. Al ver a Izuku, sus ojos heterocromáticos se dilataron sutilmente y un casi imperceptible rubor rosado tiñó sus pómulos. Se incorporó en el asiento, dejando los documentos sobre la mesa.

—Midoriya... hola —respondió Shoto con su voz grave y pausada, aunque con un matiz de calidez que no solía mostrar con nadie más.

—El profesor Aizawa me acaba de decir que mañana vas a salir del campus para resolver unos asuntos de tu familia —comentó Izuku, dejándose caer en el sillón contiguo. Al sentarse, las telas ajustadas de sus shorts se ceñieron aún más contra la parte superior de sus muslos, y su pecho maduro subió y bajó con un suspiro de cansancio—. Pensé en venir a preguntarte si necesitas que te tome los apuntes de las clases teóricas de la mañana.

Todoroki se quedó en silencio por un par de segundos, fijando la mirada en el rostro de Izuku. La luz dorada del atardecer entraba por la ventana, resaltando los rasgos delicados, la piel suave y la belleza despampanante del joven.

Lo que Izuku no alcanzaba a comprender ni remotamente era la tormenta de emociones que causaba en la mente de Todoroki. En la realidad original, Izuku y Shoto se habían convertido en grandes amigos después de que Izuku lo ayudara a liberarse del trauma de las llamas de su padre durante el festival deportivo. Había sido un vínculo puro de camaradería, respeto mutuo y profunda amistad entre dos hombres.

Sin embargo, cuando ocurrieron las alteraciones accidentales con el Mando Swaptacular mientras Izuku no lo estaba tocando, la historia del mundo se amoldó a la nueva condición física de Izuku. Puesto que en el registro de la realidad Izuku siempre había sido un muchacho atrapado en una anatomía de mujer deslumbrante y madura, la dinámica entre ellos dos había tomado un rumbo completamente distinto con el paso del tiempo.

Todoroki no solo admiraba la valentía y el intelecto táctico de su compañero; con los años, esa profunda admiración se había transformado en un amor apasionado, denso y silencioso. Todoroki se había enamorado perdidamente de Izuku.

Para Shoto, la situación era un dilema emocional complejo que a menudo lo desvelaba por las noches. Él se consideraba atraído por los hombres, o al menos eso creía, pero su corazón pertenecía enteramente a Izuku: un chico en mente, alma y determinación, pero que por un capricho cruel del destino y de la naturaleza, había nacido habitando un cuerpo femenino ridículamente atractivo y voluptuoso. Todoroki a menudo se preguntaba si era gay por amar a un hombre, o si la atracción física inevitable que sentía hacia las curvas despampanantes de Izuku lo convertía en algo diferente. Pero al final, nada de eso importaba; para Shoto, Izuku era único.

—Te agradecería mucho lo de los apuntes, Midoriya —dijo Todoroki finalmente, rompiendo el silencio con un tono suave—. La verdad es que no me apetece mucho ir a esa reunión familiar. Mi padre ha estado insistiendo en temas de la herencia y los terrenos, pero no tengo opción.

—Te entiendo perfectamente —respondió Izuku con empatía, inclinándose ligeramente hacia adelante y apoyando los codos sobre sus rodillas. El movimiento hizo que el escote de su camiseta revelara aún más la firmeza y abundancia de sus senos, haciendo que la humedad entre sus muslos volviera a manifestarse. La presencia física de Todoroki, tan cerca y tan varonil, producía un efecto estimulante e involuntario en los nervios hiperestésicos de su cuerpo—. Las cosas con tu familia siempre son complicadas, pero estoy seguro de que lo resolverás bien. Además, el profesor Aizawa estará contigo para evitar que Endeavor presione demasiado.

Todoroki asintió lentamente, observando la forma en que los labios carnosos de Izuku se movían al hablar. Sentía un deseo incontenible de extender la mano, acariciar la mejilla suave de su amigo y tirar de él para envolverlo en un abrazo, pero reprimió el impulso apretando ligeramente los puños sobre sus muslos.

—Tienes razón —murmuró Shoto, desviando apenas la vista para disimular el ardor en su rostro—. Izuku... gracias por preocuparte siempre por mí. Realmente valoro mucho tu compañía.

Izuku parpadeó, un poco sorprendido por el uso de su nombre de pila y por la intensidad emocional en la voz de Shoto. Un cosquilleo eléctrico le recorrió la columna vertebral, bajando directamente hacia su entrepierna. Sus bragas de encaje, ya empapadas por los eventos anteriores, absorbieron una nueva ola de flujo caliente.

—N-No hay de qué, Todoroki-kun... somos los mejores amigos, ¿no? —respondió Izuku, soltando una risita nerviosa y pasando una mano por su largo y sedoso cabello negro, completamente ajeno al hecho de que esa melena y esa figura pertenecían originalmente a Momo Yaoyorozu.

—Sí... los mejores amigos —repitió Todoroki en voz baja, con una pizca de melancolía en el tono, aunque sin apartar la mirada amorosa y atenta de la deslumbrante figura que tenía enfrente.

Izuku acomodó el bolso en su regazo, sintiendo la forma rígida del mando a distancia presionando contra su pierna a través de la tela. Miró a Todoroki y luego pensó en la jornada que le esperaba al día siguiente. Con el artefacto resguardado en su bolso y con la realidad moldeada a su favor, las posibilidades para divertirse y explorar los secretos de la U.A. parecían infinitas.

Shoto Todoroki permaneció inmóvil en el sofá de cuero de la sala de estar, observando en absoluto silencio cómo Izuku se alejaba a paso firme hacia el pasillo de las habitaciones. Con cada zancada que el joven daba, la cadera de esa deslumbrante figura femenina se balanceaba de forma natural, hipnótica y cadenciosa. Las telas ajustadas de sus pantalones cortos de mezclilla remarcaban la curvatura perfecta y firme de sus glúteos, mientras que su larga y sedosa melena oscura flotaba suavemente sobre su espalda.

Cuando la silueta de Izuku finalmente desapareció al dar la vuelta en el ascensor, el silencio en la sala pareció volverse denso y pesado. Todoroki inhaló una profunda bocanada de aire, cerró los ojos y, sin pensarlo dos veces, se propinó dos sonoras y firmes cachetadas con ambas manos en el rostro.

—¡Reacciona, Shoto! —se recriminó a sí mismo en un susurro áspero, sintiendo el ardor de sus propias palmas en la piel de sus mejillas.

Apoyó los codos sobre las rodillas y hundió el rostro entre las manos, sintiendo el latido acelerado de su corazón resonando con fuerza en sus oídos. Su mente era un absoluto torbellino de confusión y emociones encontradas que amenazaban con desbordarlo. Se enderezó despacio, apoyando la espalda contra el respaldo del sofá y mirando hacia el techo con los ojos heterocromáticos sumidos en una profunda incertidumbre.

La pregunta que lo martirizaba desde hacía meses volvió a instalarse en el centro de sus pensamientos con una fuerza devastadora: ¿Acaso soy gay?

Shoto siempre se había considerado un joven centrado, enfocado únicamente en su entrenamiento como héroe y en superar las pesadas cadenas de su legado familiar. Jamás se había sentido atraído por las chicas de su clase ni por nadie en particular. Nunca había buscado romance ni pasión. Sin embargo, todo ese hermetismo emocional se había desmoronado por completo debido a una sola persona: Izuku Midoriya.

Shoto admiraba profundamente a Izuku. Respetaba su intelecto táctico, su determinación inquebrantable, su alma pura y esa valentía indomable que lo caracterizaba. Pero el dilema de Shoto radicaba en la cruel y caprichosa ironía con la que la naturaleza había moldeado a su mejor amigo. Izuku era, sin duda alguna en la mente de todos, un hombre. Tenía la mente, el corazón, los ideales, los modales y el alma de un muchacho. Pero había tenido la inmensa desdicha —o bendición, según como se mirase— de nacer habitando el cuerpo de una mujer sencillamente despampanante, madura y ridículamente atractiva.

Shoto apretó los puños sobre su pantalón. Si amaba a Izuku, sabiendo perfectamente que era un hombre por dentro, ¿eso lo convertía a él en homosexual? ¿O la atracción animal, feroz e incontrolable que sentía cada vez que contemplaba esas curvas voluptuosas lo convertía en heterosexual? Era un callejón sin salida conceptual. Al final del día, lo que sentía por Izuku trascendía cualquier etiqueta de género, pero las implicaciones prácticas y sociales de ese sentimiento lo aterraban.

Si algún día llegara a tener una relación con él... ¿cómo reaccionaría el mundo? ¿Cómo reaccionaría mi familia?, se preguntó Todoroki con un nudo amargo en la garganta.

Imaginó por un segundo la cara de su padre, Endeavor, o de sus hermanos Fuyumi y Natsuo si llegase a presentar a Izuku como su pareja. Para la sociedad y a ojos de cualquiera que los viera caminar por la calle, formarían una pareja heterosexual perfecta: un joven apuesto y alto junto a una mujer de belleza irreal, de pecho frondoso, cintura esculpida y postura elegante. Cualquiera pensaría que Shoto era el hombre más afortunado del planeta por tener a su lado a semejante monumento femenino. Pero en el registro oficial, en los papeles y en la realidad, técnicamente serían dos hombres en una relación homosexual. La sola idea de explicar semejante dualidad a su estricta y tradicional familia le provocaba un dolor de cabeza punzante.

Sin embargo, más allá de la moral, las etiquetas o los prejuicios sociales, existía un problema mucho más primario e inmediato que hacía arder el rostro de Shoto en un sonrojo abrasador: la pura y descarada atracción física.

—Dios mío... —murmuró Shoto para sí mismo, cubriéndose la boca con la mano mientras sentía que el aliento se le escapaba.

Por mucho que intentara mantener una postura noble, pura y respetuosa hacia su amigo, Shoto no era de piedra. Era un joven de 18 años repleto de hormonas en el pico de su juventud. E Izuku poseía una anatomía que parecía diseñada específicamente para volver loco a cualquier hombre. Shoto cerró los ojos y las imágenes de la conversación de hacía unos momentos regresaron a su mente con una nitidez abrumadora: la forma en que los voluminosos y firmes senos de Izuku rebotaban suavemente bajo esa camiseta de tirantes tan corta; la curva pronunciada de su escote revelando una piel blanca, suave y apetecible; la estrechez de su cintura que contrastaba con la firmeza de sus caderas anchas; y sobre todo... ese detalle que Shoto había notado de reojo pero que su cerebro se había negado a procesar en el acto.

Cuando Izuku se había sentado frente a él en el sillón, el ajuste de sus diminutos pantalones cortos de mezclilla había dejado en evidencia algo innegable: la tela en la zona de la entrepierna, justo entre sus muslos carnosos y suaves, estaba perceptiblemente oscura y húmeda. Izuku había estado visiblemente excitado mientras hablaba con él, desprendiendo un calor tenue y un aroma dulce que había impregnado la sala de estar.

—Dios... soy un maldito pervertido —gimió Shoto en voz baja, pasándose las manos por el cabello con frustración y vergüenza pura—. Estaba hablando conmigo de cosas serias y yo no podía dejar de mirar lo mojada que estaba su ropa... ¿En qué demonios estoy pensando?

Se sentía culpable por objetivar de esa manera a su ser más querido, pero el instinto era sencillamente implacable. Cada fibra de su ser le exigía tomar a Izuku entre sus brazos, arrinconarlo contra una pared, besar apasionadamente esos labios carnosos y femeninos mientras deslizaba las manos por ese cuerpo curvado para descubrir qué tan suave y caliente se sentía realmente por dentro.

Realizando un esfuerzo sobrehumano de fuerza de voluntad, Shoto se puso de pie. Sabía que no podía continuar hundiéndose solo en esa espiral de pensamientos obsesivos. Necesitaba una perspectiva externa, pero no podía acudir a cualquiera. Bakugo era muy amable y servicial, pero era un hombre que se enteraría rápido y tal vez esparciría el rumor, Iida era demasiado rígido e institucional; Mineta era un depravado sin remedio, aun que tuviera la misma condición que izuku.

Necesitaba a alguien analítico, observador, maduro y empático. Alguien que conociera bien a Izuku y que supiera guardar un secreto con absoluta reserva.

La imagen de Tsuyu Asui vino a su mente de inmediato. Tsuyu era conocida en toda la clase por su naturaleza serena, su sensatez inquebrantable y su agudísima capacidad de observación. Además, era una de las amigas más cercanas de Izuku dentro del grupo. Si había alguien en la U.A. capaz de darle un consejo honesto sobre las probabilidades que tenía de conquistar el corazón de un chico atrapado en un cuerpo de mujer, esa era ella.

Decidido a buscar respuestas, Shoto caminó con paso firme hacia los pisos superiores del edificio de dormitorios. Subió las escaleras hasta llegar al pasillo del área de las chicas y se detuvo frente a la puerta del cuarto de Tsuyu. Respiró hondo un par de veces para aplacar el temblor de sus manos, ajustó el cuello de su camisa azul marino y tocó la madera suavemente tres veces.

A los pocos segundos, la puerta se abrió. Tsuyu Asui apareció en el umbral. Llevaba puesto un cómodo conjunto de pijama verde pastel y su característica melena oscura atada en un nudo bajo sobre su espalda. Miró a Shoto con sus grandes ojos negros, ladeando ligeramente la cabeza con curiosidad.

—¿Todoroki-chan? —saludó Tsuyu con su habitual tono tranquilo y su leve croar distintivo—. Qué sorpresa verte por aquí a estas horas de la tarde, kero. ¿Ocurre algo grave con el inventario o las clases de mañana?

—No... nada de eso, Asui —respondió Shoto, bajando ligeramente la voz y mirando a ambos lados del pasillo para asegurarse de que estuvieran completamente solos—. Es un asunto completamente personal. Me preguntaba si... ¿tendrías un par de minutos para hablar en privado? Realmente necesito el consejo de alguien maduro y de confianza.

Tsuyu parpadeó dos veces, notando el tono inusualmente serio, tenso y vulnerable en la voz de Shoto. Sin dudarlo, abrió más la puerta y se hizo a un lado.

—Claro que sí, pasa, kero. Puedes hablar conmigo de lo que sea.

Shoto entró en la habitación, la cual era sencilla, ordenada y decorada con tonos relajantes. Tsuyu cerró la puerta tras de sí y le indicó a Shoto que tomara asiento en una pequeña silla junto al escritorio, mientras ella se sentaba con las piernas cruzadas sobre el borde de su cama, mirándolo con atención paciente.

—Y bien... ¿de qué se trata, Todoroki-chan? Te ves bastante angustiado, kero.

Shoto entrelazó sus dedos sobre sus rodillas, fijando la mirada en el suelo durante unos eternos segundos mientras buscaba las palabras exactas para expresar la tormenta que llevaba por dentro sin sonar como un completo demente o un acosador.

—Se trata de... Midoriya —comenzó Shoto con la voz un poco rasposa, haciendo una pausa para aclarar su garganta—. Como sabes, él y yo hemos sido muy cercanos desde el Festival Deportivo. Pero... últimamente me he dado cuenta de algo que ya no puedo seguir ignorando ni reprimiendo.

Tsuyu no lo interrumpió; simplemente asintió en silencio, invitándolo a continuar con la mirada.

—Estoy enamorado de él, Asui —confesó Shoto de golpe, sintiendo cómo una ola de calor abrasador le subía desde el cuello hasta las orejas—. Totalmente enamorado. Pero... me estoy volviendo loco pensando en todo lo que eso implica.

Tsuyu ladeó la cabeza, cruzándose de brazos con un gesto meditabundo.

—Entiendo, kero. Amar a Midoriya-chan no es algo sencillo de procesar, dada su situación particular.

—¡Exacto! —exclamó Shoto en un susurro apasionado, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Es que... no sé ni cómo clasificar lo que siento. Izuku es un hombre. Tiene el corazón de un guerrero, la mente de un estratega y el alma más noble que he conocido. Pero la naturaleza lo castigó haciéndolo nacer en ese cuerpo... en esa anatomía de mujer que es tan abrumadoramente hermosa y sensual. A veces me pregunto si soy gay por amar a un hombre, o si la forma en que su cuerpo me atrae físicamente me hace heterosexual. ¡Es un dilema constante! Me preocupa lo que diría mi familia, lo que pensaría la sociedad si nos viera juntos... técnicamente seríamos una pareja homosexual, pero ante el mundo exterior pareceríamos lo opuesto.

Tsuyu escuchó cada palabra sin mostrar la menor burla o juicio. Se llevó un dedo al mentón, procesando el dilema de su compañero con esa calma analítica que la caracterizaba.

—Todoroki-chan, creo que estás complicando las cosas etiquetándolas demasiado, kero —dijo Tsuyu con voz suave pero firme—. Lo que sientes por Midoriya-chan no necesita un sello de 'gay' o 'heterosexual'. Te enamoraste de su persona, de su esencia. Y el hecho de que su cuerpo te parezca atractivo es completamente natural; al fin y al cabo, Midoriya-chan posee una figura femenina indudablemente espectacular que atraería a cualquiera. No deberías sentirte culpable ni avergonzado por desear el cuerpo de la persona que amas, kero.

Shoto soltó un suspiro tembloroso, sintiendo como si un enorme peso se le desprendiera parcialmente del pecho al escuchar la validación de Tsuyu.

—Pero... ese no es mi único miedo, Asui —admitió Shoto, bajando la vista con timidez—. Lo que más me aterra es que... ¿tengo alguna oportunidad con él? Midoriya siempre está pensando en entrenar, en salvar personas, en mejorar sus habilidades. Y con ese cuerpo que tiene, me da miedo que me vea simplemente como un amigo más, o que ni siquiera considere la posibilidad de tener una relación romántica o física con otro chico.

Tsuyu soltó un leve "kero" y sonrió con dulzura, mirando a Shoto a los ojos.

—Todoroki-chan, Midoriya-chan puede ser un estratega brillante en el campo de batalla, pero en cuestiones del corazón y de la atracción física es sumamente despistado y sensible —explicó Tsuyu con naturalidad—. Aunque él nació en un cuerpo de mujer y es consciente de su condición de hombre, no puede evitar reaccionar a las hormonas y a la sensibilidad de esa anatomía tan femenina que posee. Si me preguntas a mí... sí creo que tienes una oportunidad enorme con él, kero.

—¿De verdad lo crees? —preguntó Shoto, con los ojos heterocromáticos iluminándose con un chispazo de esperanza renovada.

—Por supuesto. Tú eres una de las personas más importantes y cercanas en su vida —afirmó Tsuyu con convicción—. Pero si quieres conquistarlo, no puedes esperar a que él dé el primer paso. Midoriya-chan es demasiado timido para esas cosas. Tienes que ser directo, sutil pero firme. Muéstrale tu lado más atento, hazle sentir valorado, y al mismo tiempo no tengas miedo de mostrarte como un hombre seguro frente a él. Hazle saber que aprecias su fuerza interior, pero que también te atrae profundamente la persona deslumbrante que ves enfrente.

Shoto escuchó cada palabra de Tsuyu como si fuera un oráculo de sabiduría sagrada, memorizando cada consejo en su mente. La idea de tomar la iniciativa, de dejar de esconder sus sentimientos y de cortejar activamente a Izuku comenzó a arraigarse en su corazón con una fuerza arrolladora.

—Asui... de verdad no sabes cuánto me ayuda escuchar esto —dijo Shoto, poniéndose de pie y haciendo una profunda reverencia de respeto y gratitud—. Gracias por no juzgarme y por escucharme con tanta paciencia.

—No hay de qué, Todoroki-chan —respondió Tsuyu sonriendo suavemente mientras lo acompañaba a la puerta—. Buena suerte mañana en tu viaje con el profesor Aizawa. Y cuando vuelvas... asegúrate de hablar con Midoriya-chan desde el corazón, kero.

Shoto asintió con determinación, salió de la habitación y escuchó la puerta cerrarse a sus espaldas. Al caminar de regreso a su cuarto a través del pasillo iluminado por las lámparas nocturnas, la incertidumbre que lo había estado carcomiendo durante semanas había desaparecido por completo, siendo reemplazada por un propósito claro y ardiente: cuando regresara de sus trámites familiares al día siguiente, encontraría el momento perfecto para acercarse a Izuku, abrirle su corazón y demostrarle que estaba dispuesto a amarlo, protegerlo y disfrutarlo por completo, sin importar las etiquetas, la sociedad o las trampas de la realidad.

Al día siguiente, las primeras luces del amanecer se filtraban suavemente por los ventanales del campus de la U.A., tiñendo los pasillos con un tono dorado y apacible. La mañana amaneció fresca, con una leve brisa que mecía los árboles de los jardines principales. Shoto Todoroki ya se encontraba en el vestíbulo exterior junto al profesor Shota Aizawa. Ambos llevaban abrigos ligeros y maletines con la documentación que debían revisar respecto a los bienes de la familia Todoroki.

Antes de subir al vehículo negro que los esperaba para trasladarlos fuera de la facultad, Shoto giró la cabeza una última vez hacia la entrada de los dormitorios de tercer año. Aunque deseaba con todas sus fuerzas ver a Izuku antes de partir, sabía que el muchacho aún debía de estar durmiendo plácidamente en su habitación. Con las palabras y sabios consejos de Tsuyu Asui resonando firmemente en su mente, Shoto apretó el asa de su maletín, subió al auto y se prometió que, al regresar esa misma tarde, tomaría las riendas de sus sentimientos sin volver a dudar ni un solo segundo.

Mientras tanto, en el interior del edificio, la alarma de la habitación de Izuku comenzó a sonar.

Izuku se despertó despacio, soltando un largo y perezoso suspiro femenino mientras se desperezaba sobre las sábanas. La luz matutina iluminó la estancia, dejando al descubierto la impresionante figura que el joven poseía. Al estirar los brazos por encima de su cabeza, su pecho frondoso y firme subió y bajó de manera prominente bajo la tela fina de su camiseta nocturna. Sentándose en el borde de la cama, Izuku pasó una mano por sus muslos carnosos y suaves, sintiendo esa habitual y deliciosa hiperestesia que su anatomía de mujer desprendía desde temprano. Una tenue pulsación de calor en su entrepierna le recordó lo placentero que había sido la jornada anterior jugando con el misterioso Mando Swaptacular.

—Un nuevo día... —murmuró Izuku para sí mismo con su voz dulce y fina, acomodándose la larga melena oscura sobre los hombros—. Hoy debo recordar tomar los apuntes para Todoroki-kun antes de que regrese de sus asuntos familiares.

Izuku se puso de pie y caminó hacia el armario. plenamente convencido en su mente alterada por la realidad de que su indumentaria habitual siempre había sido la versión adaptada para chicas (la ropa de Momo). Eligió una blusa ajustada de cuello alto que marcaba a la perfección su escote y su estrecha cintura, junto con una falda plisada de corte universitario que resaltaba la curvatura madura de sus caderas y la firmeza de sus piernas.

Antes de salir de la habitación, aseguró el mando a distancia dentro del bolsillo interior de su bolso de mano, acariciando la superficie plástica del artefacto con una sonrisa pícara y calculadora. Sabía que con ese dispositivo en su poder, el campus de la U.A. era su terreno de juego personal.

Al bajar a la cocina compartida para desayunar, Izuku se encontró con varios de sus compañeros. Lo primero que notó fue la extraña serenidad del ambiente. Katsuki Bakugo estaba frente a la cocina preparando con delicadeza un tazón de avena con frutas, tarareando una melodía suave mientras servía platos para los demás.

—¡Buenos días, Deku-kun! —saludó Bakugo en cuanto vio a Izuku entrar, regalándole una sonrisa sumamente cálida y servicial—. Preparé suficiente avena para todos. Te serví un tazón con un poco de miel, justo como te gusta. ¡Por favor, toma asiento y come con calma!

—A-Ah... gracias, Bakugo —respondió Izuku, conteniendo una risita divertida al ver el tremendo impacto que el intercambio de personalidad con Ochaco Uraraka seguía teniendo en el explosivo rubio.

Justo en ese momento, la puerta de la cocina se abrió de golpe y Ochaco Uraraka entró a pasos agigantados, con los puños apretados y una mueca de feroz amargura en su rostro redondo.

—¡Aparca esa cara de idiota, Bakugo! —rugió Uraraka con su voz aguda pero cargada de una agresividad salvaje, pateando una de las sillas de la barra—. ¡Si vuelves a tocar mis cosas en la nevera te voy a hacer volar en pedazos, pedazo de extra!

Bakugo simplemente parpadeó con mansedumbre y le sonrió con dulzura a la furiosa chica.

—Lo siento mucho, Uraraka-san. Solo quería ordenar un poco el espacio para que todos estemos cómodos. Si te molestó, te pido una sincera disculpa.

—¡Cállate la boca! ¡Me da asco tu actitud de santurrón! —espetó ella, agarrando una manzana de la barra y dándole un mordisco con rabia antes de salir a grandes zancadas hacia la salida, lanzando insultos al aire.

Izuku observó toda la escena mientras saboreaba su desayuno. La distorsión de la realidad era absoluta y perfecta. Para todos en la U.A., Bakugo siempre había sido el estudiante modelo, amable y servicial, mientras que Uraraka siempre había sido la chica problemática, agresiva y de mecha corta. La fascinación que este poder le producía a Izuku era indescriptible.

Tras terminar de desayunar y recoger sus cosas, Izuku caminó hacia las aulas del edificio principal para asistir a las clases teóricas de la mañana. Durante las lecciones de estrategia y teoría de héroes, se mantuvo sumamente atento, tomando notas minuciosas y detalladas en su libreta para cumplir su promesa con Shoto. Sin embargo, conforme avanzaban las horas, el roce constante de la falda ajustada contra la piel sensible de sus muslos y el calor acumulado en su zona íntima comenzaron a distraerlo sutilmente. La anatomía femenina que habitaba parecía pedir a gritos más estimulación y diversión.

A mitad de la mañana, durante el receso entre clases, Izuku caminó por los pasillos del segundo piso revisando las opciones del mando a través de la tela de su bolso. La idea de probar las funciones del dispositivo en más personas de la clase no dejaba de rondar su mente.

Al dar la vuelta en la esquina del pasillo del ala este, se encontró de frente con Tenya Iida y Eijiro Kirishima, quienes discutían animadamente sobre los horarios de entrenamiento de la tarde.

—¡Es fundamental que mantengamos la disciplina y el orden en los horarios de uso del gimnasio Alpha! —exclamaba Iida, moviendo sus brazos de manera rígida y robótica como de costumbre.

—Tranquilo, viejo, ¡hay que tener un poco de espíritu y pasión! ¡El entrenamiento debe ser duro y masculino! —respondía Kirishima chocando sus puños con entusiasmo.

Izuku se detuvo a unos metros de distancia, ocultándose parcialmente detrás de una columna de piedra. Una chispa de travesura brilló en sus ojos. Deslizó disimuladamente la mano dentro de su bolso, sujetó el Mando Swaptacular con firmeza para asegurarse de conservar su memoria intacta como portador y apuntó suavemente hacia ambos compañeros.

En la pantalla táctil del dispositivo seleccionó la opción de Intercambio de Ropa y Estilo de Vida.

Un destello imperceptible sacudió el aire entre los dos estudiantes.

De inmediato, Iida se encontró vistiendo el chaleco sin mangas y los pantalones deportivos ajustados de Kirishima, exhibiendo sus brazos musculosos de forma totalmente expuesta, mientras que Kirishima ahora vestía el uniforme pulcro, abotonado hasta el cuello y con las gafas de marco grueso de Iida.

Iida se ajustó el chaleco revelador con un gesto de absoluta naturalidad, sin notar nada fuera de lugar en su vestimenta.

—Como te iba diciendo, Kirishima —continuó Iida con su tono firme y estricto—, la masculinidad y el ardor en el pecho son los pilares fundamentales para liderar a la clase con garra. ¡Debemos sudar la camiseta hasta el límite!

—Por supuesto, Iida-kun —respondió Kirishima, reacomodándose las gafas sobre el puente de la nariz con una postura impecable y educada—. El reglamento escolar especifica claramente que la disciplina teórica es el primer paso hacia la excelencia académica. Sugiero que revisemos los estatutos antes de ir al gimnasio.

Izuku presenció la escena desde su escondite, teniendo que taparse la boca con ambas manos para evitar que una carcajada sonora delatara su posición. La realidad se había adaptado al instante: para Iida, él siempre había sido un entusiasta del entrenamiento rudo y entusiasta, mientras que Kirishima siempre había sido el estudiante perfeccionista, metódico y enfocado en las reglas.

Sintiéndose victorioso y con la excitación a flor de piel por el éxito de su pequeña broma conceptual, Izuku decidió retirarse hacia la zona de los jardines traseros para disfrutar de un momento de tranquilidad antes de que concluyera el receso.

Caminó a través de los senderos arbolados, sintiendo el aire fresco rozar sus mejillas acaloradas. Al llegar a una banca de madera sombreada por un enorme cerezo, Izuku se sentó y cruzó las piernas despacio. La falda se elevó ligeramente por encima de sus rodillas, dejando al descubierto la carne suave y blanca de sus muslos maduros.

El roce de la ropa interior empapada de flujo caliente contra su vagina ultrasensible desató una descarga de placer instantánea que hizo que soltara un suave gemido entrecortado.

—Ah... diantres... no puedo aguantar más —murmuró Izuku con la voz agitada, mirando a su alrededor para confirmar que no había nadie cerca.

Deslizó una de sus manos delgadas por debajo de la tela plisada de la falda, apartando el borde de sus bragas húmedas para comenzar a acariciar directamente sus labios vaginales hinchados. El contacto directo de sus propios dedos provocó un estremecimiento delicioso que le hizo arquear la espalda contra el respaldo de la banca. Empezó a frotarse con un ritmo rápido e intenso, disfrutando de la liquidez tibia que brotaba de su interior.

La idea de estar masturbándose al aire libre, en pleno campus de la U.A., combinada con la conciencia de saberse el único dueño y señor de la realidad gracias al mando que guardaba en su bolso, elevó su erotismo al máximo. Las paredes de su cavidad femenina se contrajeron con fuerza, llevándolo al borde de un orgasmo explosivo que reprimió mordiéndose el labio inferior con fuerza para no gritar.

Tras unos segundos de respiración agitada y temblores de placer recorriendo sus piernas, Izuku se reajustó la ropa con cuidado, sintiendo una profunda sensación de satisfacción y relajación.

Mientras tanto, en la carretera de regreso hacia la universidad, el vehículo negro que transportaba a Shoto Todoroki y al profesor Aizawa avanzaba a paso firme. Los trámites familiares habían concluido mucho más rápido de lo previsto gracias a la eficiencia de Aizawa.

Shoto miraba fijamente por la ventanilla del auto, observando la silueta de los edificios de la U.A. aproximarse en el horizonte. En su pecho, el corazón le latía con un ritmo acelerado y lleno de expectación. Las dudas, los miedos sobre las etiquetas y los prejuicios familiares habían quedado completamente atrás. Recordó cada una de las palabras de Tsuyu y la imagen de las curvas irresistibles de Izuku.

Esta tarde no voy a dudar, pensó Shoto con los ojos heterocromáticos brillando con una determinación ardiente. Voy a buscar a Izuku, le entregaré todo mi afecto y le haré saber exactamente lo que siento por él.

El automóvil cruzó las puertas principales de la academia, marcando el inicio de una tarde donde los destinos de ambos, moldeados por el amor, la atracción y las alteraciones del reality warping, estaban a punto de colisionar de manera inevitable.

El aire tibio del mediodía mecía suavemente las hojas del enorme cerezo bajo el cual Izuku continuaba recuperando el aliento. Sentado en la banca de madera de los jardines traseros, con las piernas aún temblorosas y la espalda recargada contra el respaldo, el joven sentía cómo los últimos latidos acelerados de su corazón comenzaban a estabilizarse. La brisa fresca que recorría sus muslos descubiertos le provocaba un escalofrío delicioso, manteniendo la piel de su entrepierna en un estado de extrema sensibilidad tras el intenso orgasmo que acababa de darse a sí mismo.

Acomodó la falda plisada sobre sus caderas voluptuosas y rozó con la yema de los dedos la tela de su bolso, donde el Mando Swaptacular descansaba seguro. Justo cuando se disponía a ponerse de pie para regresar al edificio principal y revisar sus apuntes, el teléfono inteligente en su bolsillo comenzó a vibrar de manera continua, acompañado por el tono de una videollamada entrante.

Izuku extrajo el dispositivo. Al mirar la pantalla, vio que se trataba de su madre, Inko Midoriya. Presionó el botón verde para aceptar la señal en vivo.

De inmediato, la imagen de Inko apareció en pantalla, pero lo que Izuku vio lo llenó de un pánico instantáneo. Su madre estaba apoyada torpemente contra la pared de la cocina, con el rostro pálido, los ojos entrecerrados y respirando con evidente dificultad. Se llevaba una mano a la cabeza mientras la cámara del teléfono temblaba en su otra mano.

—I-Izuku... hijo... —murmuró Inko con la voz sumamente débil, pálida y mareada—. Perdoname por llamarte... me empecé a sentir muy mal de repente... todo me da vueltas y me cuesta ponerme de pie... no sé si...

La llamada se cortó abruptamente antes de que pudiera terminar la frase, dejando la pantalla en negro.

A Izuku se le heló la sangre. El corazón le dio un vuelco de angustia pura.

—¡Mamá! ¡Mamá! —exclamó Izuku con su fina voz femenina, hiperventilando por la impresión.

La visión de su madre a punto de desmayarse eclipsó por completo cualquier otro pensamiento en su mente. Sabía perfectamente que, para salir del campus de la U.A. en pleno horario escolar, necesitaba la autorización expresa de la Dirección. Sin perder un solo segundo, ajustó la tira de su bolso sobre el hombro y echó a correr a toda velocidad en dirección al edificio administrativo.

Al llegar al pasillo principal del edificio central, dobló la esquina a pasos agigantados y abrió de golpe la puerta de madera noble de la Dirección, sin importar romper cualquier protocolo de cortesía.

En el interior de la oficina se encontraban tres de sus compañeras de clase: Tsuyu Asui, Toru Hagakure y Kyoka Jiro, quienes estaban conversando con el director Nezu sobre un permiso para ir al centro comercial por la tarde.

Al escuchar el portazo, las tres chicas y el director giraron la cabeza, atónitos por la irrupción.

Izuku entró a la estancia con el rostro desencajado, los ojos abiertos por el pánico y una mano apretando su abultado pecho, el cual subía y bajaba agitadamente bajo la blusa ceñida.

—Director Nezu... necesito salir del campus de inmediato —solicitó Izuku con la voz temblorosa, entrecortada por la desesperación.

Nezu parpadeó sorprendido por la entrada tan intempestiva y se acomodó en su sillón.

—Midoriya... cálmate un poco. Para otorgar un pase de salida de emergencia debes explicarme exactamente qué sucedió y cuál es el motivo —dijo el director con tono serio.

—¡No tengo tiempo para explicarle, de verdad no tengo tiempo! ¡Es una emergencia real, por favor! —suplicó Izuku con lágrimas de angustia asomando en sus ojos, sosteniendo su pase en blanco sobre el escritorio con manos temblorosas.

El director Nezu observó fijamente el rostro de Izuku. Notó la desesperación genuina en sus facciones, el terror en su mirada y la agitación real que lo dominaba. Sabiendo que Izuku Midoriya era un estudiante impecable, responsable y jamás dado a causar problemas o mentir, Nezu no dudó más. Tomó el sello de caucho y lo estampó con firmeza sobre el documento.

—Entendido. Ve de inmediato —autorizó el director, extendiéndole el pase.

—¡Gracias! —gritó Izuku, arrebatándole el papel de las manos.

Sin dirigirle la palabra ni una explicación a Tsuyu, Kyoka o Toru, quienes lo miraban completamente estupefactas, Izuku dio media vuelta y salió disparado de la oficina a toda velocidad.

Kyoka parpadeó sin comprender nada.

—Pero... ¿qué le pasó a Midoriya? Nunca lo había visto así de alterado —comentó Kyoka con los ojos abiertos.

Tsuyu se llevó un dedo al mentón, observando la puerta abierta por donde Izuku acababa de desaparecer, recordando el amor y la preocupación que Shoto Todoroki sentía por él.

—Debió ser algo extremadamente grave para que reaccionara de esa forma, kero... —murmuró Tsuyu con el ceño levemente fruncido.

Mientras tanto, Izuku ya se encontraba cruzando los largos pasillos del edificio de aulas a una velocidad desenfrenada. La urgencia por llegar a casa de su madre anuló por completo cualquier sentido del pudor o la cautela sobre sus movimientos.

Con cada zancada potente que daba sobre el suelo pulido, la anatomía deslumbrante que habitaba reaccionaba con un vaivén sensual e inevitable. Sus frondosos y pesados senos rebotaban rítmicamente hacia arriba y hacia abajo bajo la tela ajustada de su blusa, generando una presión constante que le enviaba chispazos de cosquilleo por todo el torso. La falda plisada de corte universitario, al ser tan corta y ligera, se elevaba de manera espectacular con cada impulso de sus piernas maduras.

En más de un giro brusco al tomar las esquinas, la tela de la falda volaba por los aires casi por completo, dejando al descubierto no solo la firmeza de sus muslos carnosos y blancos, sino también los bordes de sus bragas de encaje, las cuales continuaban húmedas por los eventos previos en los jardines. Sin embargo, a Izuku no le importaba en lo absoluto; su único objetivo era cruzar la puerta principal de la academia.

Sosteniendo la tira del bolso con una mano y el pase de salida con la otra, Izuku enfiló directamente hacia el pasillo que conectaba el edificio central con la entrada.

Justo en ese mismo pasillo, caminando en sentido contrario y conversando tranquilamente, avanzaban el profesor Shota Aizawa y Shoto Todoroki, quienes acababan de descender del vehículo negro tras concluir sus trámites familiares.

Shoto caminaba con la espalda erguida, vistiendo su abrigo ligero sobre la camisa azul marino. En su mente no había otra cosa que no fuera buscar a Izuku. Venía repasando mentalmente las palabras exactas que le diría, ensayando cómo invitarlo a dar un paseo a solas para abrirle su corazón y declararle la devoción que sentía por él.

De repente, el eco apresurado de pisadas frenéticas resonó al fondo del corredor.

Aizawa y Todoroki alzaron la vista al mismo tiempo. A través del tragaluz, vieron la silueta de Izuku aproximarse a una velocidad impresionante.

El impacto visual fue abrumador para Shoto. Ver a Izuku corriendo de esa manera era un espectáculo hipnótico: su larga melena oscura ondeando al aire, sus labios carnosos entreabiertos por la agitación, sus imponentes pechos rebotando con fuerza bajo la blusa y la falda flotando en el aire, revelando a cada paso la blancura de sus muslos y destellos de su lencería. Shoto sintió que el rostro se le encendía en un sonrojo ardiente.

Izuku venía con la mirada perdida por la angustia, enfocado ciegamente en la puerta de salida.

Al pasar justo al lado de ellos, ni siquiera redujo la marcha. Rozó sutilmente la manga del abrigo de Shoto con el borde de su falda, dejando tras de sí una ráfaga de viento y un intenso aroma a flores, pasándole por completo de largo a Aizawa y a Todoroki sin pronunciar una sola palabra, sin saludarlos y sin mirarlos a los ojos.

Izuku empujó la puerta de cristal de un golpe y desapareció a toda prisa por las escaleras exteriores de la academia.

Aizawa se quedó con la mano a medio levantar, parpadeando despacio mientras la puerta terminaba de balancearse.

—Vaya... eso sí que fue extraño —comentó Aizawa, rascándose la nuca con incredulidad—. Midoriya jamás pasa de largo sin saludar o inclinarse. Ni siquiera nos miró a la cara. Algo muy grave tuvo que haber pasado.

Por su parte, Shoto Todoroki permaneció completamente petrificado en su lugar, mirando hacia la puerta por donde Izuku acababa de evaporarse. Sus ojos heterocromáticos estaban abiertos de par en par, sumidos en una mezcla de profunda estupefacción, vacío y desengaño.

Izuku siempre, absolutamente siempre, se detenía a saludarlo con una sonrisa cálida. Cada vez que se cruzaban por los pasillos, Izuku se iluminaba, le preguntaba cómo estaba y le dedicaba palabras amables. Que hubiese ignorado por completo su presencia, pasándole al lado como si fuera un fantasma tras regresar de su viaje, dejó a Shoto con un dolor punzante en el pecho.

Pero, al mismo tiempo, las imágenes de la carrera de Izuku continuaban proyectándose en su mente con una intensidad erótica devastadora: el vaivén salvaje de sus senos, la curvatura de sus caderas en movimiento y el destello de la tela ajustada entre sus piernas.

Shoto apretó los puños a los lados de su cuerpo, soltando un largo y tembloroso suspiro que intentó disimular frente a su profesor.

Izuku..., pensó Shoto, sintiendo cómo el pulso le retumbaba en las sienes. ¿A dónde vas con tanta prisa y sin mirarme? No importa a dónde vayas ni lo que haya pasado... cuando regreses a la U.A. esta tarde, no te voy a dejar escapar. No puedo seguir guardándome esto ni un minuto más.

Con el corazón latiendo a mil por hora y la determinación al rojo vivo, Shoto se giró hacia su tutor.

—Aizawa-sensei... iré a dejar estos documentos a mi habitación —dijo Shoto con la voz decidida y firme.

—Está bien, Todoroki. Tómate el resto de la tarde libre —asintió el profesor sin darle mayor importancia.

Shoto caminó hacia el ascensor de los dormitorios. Sabía que la espera hasta el regreso de Izuku sería una tortura, pero estaba dispuesto a aguardar el tiempo que fuera necesario en el vestíbulo. Nada en el mundo iba a impedir que esa misma noche le confesara al joven de mente brillante y cuerpo de diosa todo el amor y la pasión que llevaba reprimidos en el alma.

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