¿Qué sigue?

avisan al gremio de una expedicion

Chapter 8 by Locoloco Locoloco

Al amanecer, la mansión de la Familia Astrea parecía haber despertado en una calma engañosa. Astrea, utilizando una habilidad dada por los males del mundo, para ocultar su verdadera apariencia, regresó a su forma original: la diosa de la justicia, sin sus rasgos demoniacos, su piel volvió a su tono anterior. su cabello castaño y esa mirada de serenidad que inspiraba confianza en cualquiera. Sin embargo, bajo esa máscara de pureza, su corazón latía con la anticipación de un depredador. Sus tatuajes negros y sus cuernos estaban ocultos, pero la sensación del semen de Asmodeus aún caliente en su interior le recordaba constantemente a quién pertenecía ahora.

—Vamos, mi señor —le dijo con una sonrisa dulce que ocultaba un hambre voraz—. Es hora de informar al Gremio sobre nuestra "expedición". Quiero que todo esté listo para que mis niñas puedan empezar a limpiar la Mazmorra de los estorbos.

Asmodeus, manteniendo su fachada de joven superviviente traumatizado, la siguió en silencio. Mientras caminaban hacia el edificio del Gremio, la diosa sentía una excitación electrizante. Sabía que estaban a punto de expandir la red de corrupción.

Al llegar, fueron recibidos por Rosse. La mujer lobo, con su habitual profesionalismo, aunque a diferencia de los demás miembros del personal, ella estaba usando tacones altos y una falda, algo que Asmodeus no planeo cuando uso su poder de control directamente en ella

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Ella los saludó con una sonrisa, pero Asmodeus notó que sus ojos brillaban con una chispa de reconocimiento y deseo. Cuando él había visitado el Gremio la primera vez, ya había plantado semillas de control mental en la mente de Rosse, manipulando sus registros y sembrando una semilla de sumisión en su subconsciente. Rosse no sabía exactamente por qué, pero al ver o pensar en Asmodeus, sentía una urgencia animal de arrodillarse y servirle.

—Diosa Astrea, señor Asmodeus. Es un placer verlos—dijo Rosse, aunque su voz temblaba ligeramente— ¿En qué puedo ayudarles hoy?

—Queremos registrar una expedición prolongada en los pisos profundos —respondió Astrea, manteniendo su tono celestial— Sugerimos que nos asignen una sala privada para discutir los detalles y los permisos necesarios, para evitar distracciones.

Rosse, ya medio hipnotizada por la sola presencia de Asmodeus, asintió rápidamente y los guio hacia una de las oficinas privadas del Gremio, un lugar aislado donde el ruido de la ciudad quedaba fuera y la privacidad era absoluta.

Una vez que la puerta se cerró con llave, la atmósfera cambió instantáneamente. La máscara de "justicia" de Astrea desapareció, y sus ojos se volvieron rojos y lujuriosos. Asmodeus, sin perder tiempo, extendió su mano y, de la palma de su mano, hizo emerger una pequeña cantidad del "Mal del Mundo": una esfera de barro negro, viscoso y palpitante.

—Acércate, Rosse —ordenó Asmodeus con una voz que no admitía objeciones.

La mujer lobo, impulsada por la semilla de corrupción que ya habitaba en ella, se acercó como un animal domesticado. Asmodeus tomó la mano de Rosse y vertió el barro negro sobre su piel, obligándola a absorberlo. Rosse soltó un gemido ahogado, arqueando la espalda mientras la sustancia corruptora se filtraba en sus poros.

A diferencia de la transformación drástica de Astrea, el cambio en Rosse fue sutil. Sus uñas se alargaron y se volvieron negras y afiladas, como garras de depredador. Su piel, ya bronceada, adquirió un tono más oscuro y rico, casi como el cuero curtido, y sus ojos adquirieron un brillo dorado más intenso y salvaje.

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Astrea, observando la escena con curiosidad, preguntó: —Amo, ¿por qué ella no cambió tanto como yo? Yo me convertí en un monstruo completo, mientras que ella solo parece... una versión más salvaje de sí misma—casi era una exageración ya que enserio los cambios eran mínimos, lo más destacable es que su corbatín desapareció y sus senos se hicieron más grandes.

Asmodeus sonrió, acariciando la mejilla de la mujer lobo que ahora respiraba agitadamente. —La transformación en mis súcubos no es uniforme, diosa. El barro reacciona a la psique de quien lo recibe. Para ti, la justicia era una armadura rígida y asfixiante; para liberarte, el mal tuvo que envolverte y convertirte en algo totalmente distinto, una criatura la que el mundo teme. Pero para Rosse... la maldad es un rostro muy humano... Para ella, el mal es una extensión de la propia naturaleza animal y humana. Por eso su cambio físico es muy sutil, pero su alma está tan rota y sumisa como la tuya.

Rosse, escuchando esto, soltó un ronroneo profundo y se lanzó a los pies de Asmodeus, besando sus botas con una devoción desesperada.

—No importa la forma... solo importa que soy tuya —gimió Rosse.

Astrea, excitada por la sumisión de la recepcionista, no pudo contenerse más. Dejó que su propia forma de súcubo emergiéramos: su piel se volvió roja carmesí, su cabello negro azabache cayó sobre sus hombros y sus alas de murciélago se desplegaron, llenando la pequeña oficina.

—Amo, no podemos dejar que Rosse se quede con todo el premio —ronroneó Astrea, acercándose a Asmodeus y empezando a desvestirlo con una urgencia maníaca.

Lo que siguió fue un festín de depravación en el corazón del Gremio. Asmodeus se convirtió en el centro de un torbellino de deseo. Rosse, con sus nuevas garras, arañaba la espalda de Asmodeus mientras succionaba su pecho, mientras que Astrea, con su cuerpo rojo y ardiente, se posicionaba sobre él, fundiendo sus labios con los del monstruo en un beso que sabía a sangre y pecado.

Fue un trío frenético y brutal. Asmodeus penetraba a Rosse con una fuerza animal, disfrutando de la resistencia de la mujer lobo, mientras Astrea se frotaba contra él, usando su cola para envolver el cuello de Rosse, obligándola a mirar cómo el amo que ambas compartían las reclamaba.

La oficina del Gremio, el lugar donde se gestionaban las aventuras y la seguridad de Orario en parte, se convirtió en un santuario de lujuria. Astrea gemía con fuerza, mientras veía a Rosse sucumbir al placer más absoluto. La diosa sintió una satisfacción inmensa al saber que el Gremio ahora tenía una traidora en sus filas; alguien que borraría cualquier rastro de las masacres que la Familia Astrea cometería en la Mazmorra en un futuro cercano.

Cuando llegó el clímax, Asmodeus llenó a ambas mujeres con su semilla, Rosse quedó tendida, exhausta y con la mirada vacía de quien ha encontrado su único propósito en la vida: servir al monstruo Asmodeus. Astrea, recuperando su forma humana para salir de la oficina, miró a Rosse con una sonrisa de complicidad.

—Buen trabajo, querida —le dijo Astrea, ajustándose la ropa—. Ahora, asegúrese de que nuestra expedición sea aceptada. No queremos que nadie interrumpa la diversión de mi amo.

Al salir del Gremio, Astrea y Asmodeus caminaron de la mano, planeando el siguiente paso. La red estaba tendida: el Gremio estaba comprometido, la diosa estaba convertida, y las hijas de la justicia estaban a punto de descubrir que el infierno no estaba en la Mazmorra, sino que había entrado en su propia casa.

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¿hacen preparativos?

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