¿hacen preparativos?

claro que se preparan

Chapter 9 by Locoloco Locoloco

La atmósfera en el Gremio había cambiado para Rosse. Aunque mantenía su fachada de empleada profesional, por dentro se sentía como una depredadora acechando en la maleza. El rastro del semen de Asmodeus y la esencia del "Mal del Mundo" todavía vibraban en sus entrañas, dándole una sensación de poder y sumisión combinadas que la hacían sentir viva por primera vez en años.

Mientras ajustaba unos papeles de su trabajo, entró el Maestro del Gremio, Royman. El hombre, con su habitual aire de superioridad y codicia, no tenía idea de que estaba hablando con una súcubo, una monstruo de la mazmorra que lo podría matar con facilidad.

—Rosse, querida —dijo Royman, con su infundada superioridad— Tenemos dos nuevas contrataciones que necesitan ser introducidas en el funcionamiento interno del Gremio. No quiero que pierdan tiempo, así que encárgate tú de enseñarles el funcionamiento, los registros y el protocolo de las expediciones. Son jóvenes, pero parecen capaces.

Detrás de Royman aparecieron dos mujeres. Una era una humana de cabello rosa y expresión dulce, llamada Misha; la otra era una semielfa de cabello castaño, con una mirada seria y meticulosa que denotaba una inteligencia aguda: Eina Tulle.

Rosse miró a las dos jóvenes y, por un instante, una sonrisa depredadora cruzó sus labios, aunque la ocultó rápidamente tras una tos fingida. Mientras Royman se retiraba, Rosse se acercó a ellas.

—Bienvenidas al Gremio —dijo Rosse, su voz ahora con un matiz más profundo y seductor—. Soy Rosse, y yo les enseñaré todo lo que necesitan saber sobre cómo funciona este lugar.

Mientras comenzaba a guiarlas por los pasillos, Rosse no podía dejar de evaluarlas. Misha parecía frágil y alegre, el tipo de presa que se quebraría con un solo toque de la oscuridad. Eina, por otro lado, era rígida y disciplinada, alguien que creía firmemente en las reglas.

"Me pregunto cómo se verán cuando se conviertan en súcubos", pensó Rosse con una anticipación malsana. "¿Misha se volverá una criatura pequeña y lujuriosa? ¿Eina romperá su compostura y se convertirá en una perra sumisa que gima por el amo?". La idea de ver a estas dos mujeres, tan dedicadas a su trabajo, reducidas a simples juguetes sexuales para Asmodeus, le provocó un escalofrío de placer. Sabía que tarde o temprano, el círculo de corrupción se expandiría, y ella sería la encargada de facilitar el camino.

Mientras tanto, en otra parte de Orario, la Diosa Astrea acompañaba a Asmodeus en una visita a las tiendas de la Familia Hefesto. Astrea caminaba con una gracia felina, pegando su cuerpo al de Asmodeus cada vez que tenía oportunidad, marcando territorio con sutiles roces.

—Necesitamos que estés equipado con lo mejor—comentó Astrea mientras observaban las armas y armaduras de alta calidad—. Aunque tus habilidades son monstruosas, una apariencia de guerrero veterano ayudará a que nadie sospeche nada durante la expedición. Además, queremos que el despliegue de fuerza sea imponente.

Astrea compró equipo caro, utilizando los fondos de la familia, asegurándose de que Asmodeus luciera como un aventurero veterano y olvidado por los años. Pero mientras probaban el equipo, la mente de la diosa estaba en otro lugar. Sus pensamientos volvieron a la mansión, a sus niñas.

Visualizó a Alisse, la capitana, con su sentido del deber tan fuerte que casi dolía. Imaginó el momento en que Asmodeus la obligara a arrodillarse, el momento en que el barro negro consumiera su voluntad y la transformara en una súcubo. Se preguntó si Alisse, debido a su fuerza y liderazgo, desarrollaría alas más grandes o cuernos más imponentes, o si siquiera las tendría.

Luego pensó en Ryuu. La semielfa tenía esa obsesión casi patológica por la limpieza y la pureza. "Eso es lo que hace que sea tan divertido", pensó Astrea con una risa interna. "Imagina la cara de Ryuu cuando se convierta en un monstruo, cuando su piel se torne de algún color y se dé cuenta de que ya no es pura, se verá como yo, o no será tan extremo su cambio ".

Astrea estaba convencida de que, al regresar de esta expedición, la Familia Astrea ya no sería la misma. Para ella, la "justicia" era una mentira aburrida; Asmodeus era la única verdad. Estaba ansiosa por ver a sus hijas transformadas, por ver cómo sus rostros de honor eran reemplazados por expresiones de lujuria y desesperación.

—Tantas súcubos en una sola casa... —susurró Astrea para sí misma, mientras miraba a Asmodeus con adoración— Será un paraíso de pecado. No puedo esperar a ver quién de ellas será la más sumisa, y quién será la que más grite cuando el amo la reclame.

Asmodeus simplemente sonrió, sabiendo que la red estaba casi cerrada. El Gremio estaba infiltrado, la diosa estaba entregada y las guerreras más fuertes de la familia estaban a punto de caminar directamente hacia la trampa. La expedición no sería para limpiar la Mazmorra, sino para convertir a la Familia Astrea en el ejército de súcubos más depravado que Orario hubiera visto jamás.

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¿Qué tal va la expedición?

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