Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 11 by Locoloco
¿Quién sigue?
Mebuki
La noche callo en la aldea y rápidamente se había convertido en una sesión de prueba de ropa que ninguna de ellas olvidaría jamás. El departamento de Naruto se había transformado en una pasarela improvisada, con sus cuatro miembros de harén desfilando frente a él, mostrando conjuntos atrevidos y sexualizados.
Sakura fue la primera en emerger del dormitorio, usando un body de encaje rojo que dejaba poco a la imaginación. El encaje era translúcido, mostrando sus pezones erectos y el vello púbico perfectamente depilado. El collar rojo alrededor de su cuello combinaba a la perfección con el conjunto.
—¿Te gusta, Naruto-sama? —preguntó, girando lentamente para que pudiera apreciar cada ángulo.
—Ponte de espaldas —ordenó él, y ella obedeció, inclinándose ligeramente para que pudiera ver cómo el encaje se metía entre sus nalgas—. Perfecto. Siguiente.
Hinata salió tímidamente, usando un conjunto de látex negro que abrazaba cada curva de su cuerpo. El material brillaba bajo la luz, y el collar negro alrededor de su cuello era el complemento ideal. Un arnés de cuero cruzaba su pecho, realzando sus senos, descubiertos.
—Es... es muy ajustado —murmuró, sonrojándose—. Pero me gusta cómo se siente.
—Acércate —dijo Naruto, y ella obedeció. Él pasó un dedo por el látex, sintiendo la textura suave—. Te ves increíble, Hinata. Siguiente.
Ayame salió con un conjunto de colegiala pervertida: una falda de cuadros extremadamente corta, si hubiera usado bragas estas se podrían divisar a simple vista, una camisa blanca, muy cota, terminaba justo debajo de sus pechos, desabrochada que dejaba ver sus pechos, aunque no dejaba que sus pezones estuviesen al aire, y Medias hasta el muslo y el collar blanco completaban el look.
—¿Qué tal, Naruto-sama? —preguntó, levantando la falda para mostrarle su empapada vagina—. ¿Crees que debería usar esto en el puesto de ramen?
Naruto río, negando con la cabeza.
—Quizás no en el puesto. Pero en privado, definitivamente. Siguiente.
Kurenai fue la última, y cuando salió, todas contuvieron el aliento.
Llevaba un vestido de cuero rojo granate, tan corto que apenas cubría sus nalgas. El escote era profundo, casi hasta el ombligo, mostrando la curva de sus pechos. El collar granate alrededor de su cuello era el toque final.
—Esto es más apropiado para una sensei pervertida, ¿no crees? —dijo Kurenai, con una sonrisa seductora—. ¿O debería mostrar aún más?
Se volvió y se inclinó, levantando el vestido para mostrar que no llevaba nada debajo. Su coño depilado brillaba ligeramente.
—Perfecto —dijo Naruto, su voz ronca—. Todas ustedes son perfectas. Pero este es solo el comienzo. Quiero que compren más. Quiero que tengan conjuntos para cada ocasión. Y quiero que los usen siempre que estén conmigo.
—Sí, Naruto-sama —respondieron al unísono.
Después de la sesión de prueba, Naruto acompañó a Sakura a casa. La noche había avanzado y Kurenai había llevado tanto a Ayame como Hinata a sus casas. Caminaban en silencio, pero era un silencio cómodo, lleno de complicidad.
—¿Crees que tu madre estará en casa? —preguntó Naruto.
—Probablemente —respondió Sakura—. Mi padre salió a beber con sus amigos. Siempre vuelve tarde los viernes. Así que estamos solas.
Naruto sonrió, anticipando lo que vendría.
La casa de los Haruno era una construcción de dos plantas, modesta pero bien cuidada. Sakura abrió la puerta con su llave y entraron. La sala estaba vacía, pero se escuchaban ruidos en la cocina.
—¿Mamá? —llamó Sakura—. Estoy en casa. Y traje a alguien.
Mebuki Haruno salió de la cocina, secándose las manos en un delantal. Era una mujer impresionante, de cabello rubio cortado hasta la nuca con un largo flequillo que le cubre la frente, ojos verdes brillantes y una figura que desafía su edad. Usa un vestido qipao blanco con tres diseños circulares rojos en la parte inferior tanto frontal como posterior, pero incluso en su simplicidad, era hermosa.
Pero cuando sus ojos se posaron en Naruto, su expresión se endureció.
—Naruto Uzumaki —dijo, su voz fría—. No esperaba verte aquí.
—Mebuki-san —dijo Naruto, inclinándose cortésmente—. Gracias por recibirme.
—No te he recibido —respondió ella, cruzando los brazos—. Sakura, ¿por qué has traído a este... demonio a nuestra casa?
Sakura suspiró, acercándose a su madre.
—Mamá, por favor. Naruto-kun es importante para mí. Y quiero que lo conozcas realmente.
—Ya lo conozco —dijo Mebuki, su mirada fija en Naruto—. Es el chico que causó problemas, que siempre está en el centro del caos. Es peligroso. Lo sé.
Naruto mantuvo la calma, una sonrisa amable en sus labios.
—Entiendo su desconfianza, Mebuki-san. Pero las cosas han cambiado. Yo he cambiado. Y Sakura puede confirmarlo.
Sakura asintió, tomando la mano de su madre.
—Mamá, confía en mí. Naruto-kun es... especial. Y quiero que veas lo que él puede ofrecerte.
Mebuki frunció el ceño, confundida.
—¿Ofrecerme? ¿De qué estás hablando, Sakura?
Sakura miró a Naruto, y él asintió. Era el momento.
—Mamá —dijo Sakura, su voz volviéndose suave, casi hipnótica—. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste realmente deseada? ¿Cuándo fue la última vez que alguien te miró como si fueras lo más preciado del mundo?
Mebuki parpadeó, desconcertada por la pregunta.
—Yo... no sé de qué hablas...
—Lo sabes —insistió Sakura, acercándose—. Papá te ama, lo sé. Pero no te desea. No te valora como mereces. Has pasado años a su sombra, cuidando de la casa, de mí, de él. Pero ¿y tú? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por ti?
Los ojos de Mebuki se humedecieron, pero su voz se endureció.
—No necesito que mi hija me dé lecciones sobre mi vida.
—No son lecciones, mamá —dijo Sakura, tomando su rostro entre sus manos—. Es una invitación. Una invitación a ser libre. A ser deseada. A ser feliz.
Naruto dio un paso adelante, su presencia imponente pero no amenazante.
—Mebuki-san —dijo, su voz baja y calmada—. Sakura me ha hablado de usted. De su belleza, de su inteligencia, de su fuerza. Pero también de su soledad. De cómo ha vivido a la sombra de su esposo, sin recibir el reconocimiento que merece.
Mebuki tragó saliva, sus ojos fijos en él, ella era muy diferente cuando joven, podría decirse que era la estudiante promiscua, pero cambio cuando kizashi se lastimo arruinando su carrera ninja, aunque el cambio fue gradual, si no fuese porque le hizo una prueba de paternidad a Kizashi y Sakura no estaría segura que son padre e hija.
—Yo... no necesito... —esta madre antigua promiscua intentaba no volver a caer en la tentación.
—Déjeme terminar —la interrumpió Naruto, con suavidad pero firmeza—. No vine aquí para amenazarla ni para forzarla. Vine aquí para ofrecerle una oportunidad. Una oportunidad de experimentar lo que es ser verdaderamente deseada. De ser valorada. De ser amada.
Mebuki negó con la cabeza, dando un paso atrás, ella que siempre fue aventurera en sus relaciones nunca provo ser una sumisa en el sexo.
—Eres un demonio —susurró queriendo poner alguna resistencia entre sus deseos y su fidelidad, no lo podría lograr sin ayuda, ella lo sabía—. Un demonio disfrazado de hombre. Sakura, no ves lo que él es realmente...
—Mamá —dijo Sakura, su voz ahora firme—. Cierra los ojos.
Mebuki parpadeó, confundida.
—¿Qué?
—Cierra los ojos —repitió Sakura—. Y recuerda. Recuerda la última vez que te sentiste viva. La última vez que tu corazón latió con fuerza. La última vez que deseaste algo con toda tu alma.
Mebuki cerró los ojos, su respiración acelerándose.
—Recuerdo... —susurró—. Recuerdo cuando era joven. Cuando soñaba con ser algo más que una esposa. Cuando quería viajar, conocer el mundo, ser libre... — ella se detuvo, no quería que su hija supiera de su pasado, y que era esa libertad que buscaba, era una libertad de su adicción, de su matrimonio, incluso de ser madre.
Mebuki lo sabía, nunca lo diría ni lo admitiría para ella, pero se caso con Kizashi porque el la salvo una vez, porque ella necesitaba un lugar estable ya que sus padres la echaron de su casa, se volvió una esposa devota solo por agradecimiento y porque no quería que la niña que tenia en su vientre creciera siendo la hija de una mujer fácil.
—Esa libertad sigue ahí, mamá —dijo Sakura, acariciando su mejilla—. Solo tienes que alcanzarla.
Naruto se acercó lentamente, hasta estar frente a Mebuki. Levantó una mano y tocó suavemente su barbilla, inclinando su rostro hacia arriba.
—Ábrelos —dijo suavemente.
Mebuki abrió los ojos, y se encontró con los azules de Naruto. Por un momento, el tiempo se detuvo.
—No soy un demonio, Mebuki-san —dijo él, su voz un susurro—. Soy un hombre que ha aprendido a tomar a las mujeres que merecen ser tomadas. Y usted, Mebuki-san, merece ser tomada por mí.
Ella sintió que las lágrimas comenzaban a brotar, pero no apartó la mirada, sabía que odiaba al niño demonio, pero eso la excitaba más, ella no tenía salvación y lo peor, ni siquiera quería salvación.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó, su voz quebrada.
—Quiero que seas feliz —respondió él—. Quiero que experimentes placer. Quiero que te sientas deseada, excitada, posesionada. Quiero que seas mía.
Mebuki negó con la cabeza, pero débilmente.
—No puedo... soy una mujer casada... tengo responsabilidades... —esta negación no se la creía ni ella, este fue el último intento de parecer digna frente a su hija.
—Las responsabilidades no desaparecen —dijo Naruto—. Pero puedes tener ambas cosas. Puedes ser una esposa y una amante. Puedes ser una madre y una sumisa. No tienes que elegir.
Sakura se colocó detrás de su madre, rodeándola con sus brazos.
—Mamá —susurró en su oído—. Déjate llevar. Solo una vez. Confía en nosotros.
Mebuki sintió que su resistencia se desmoronaba. Había pasado años reprimiendo sus deseos, años negándose a sí misma el placer, años viviendo en negación Y ahora, frente a ella, había una oportunidad de ser algo más.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó, su voz apenas un susurro.
Naruto sonrió, una sonrisa cálida y tranquilizadora.
—Primero, siéntate en el sofá.
Mebuki obedeció, sus piernas temblorosas mientras se sentaba. Sakura se arrodilló frente a ella, mientras Naruto se colocaba detrás del sofá.
—Vamos a empezar despacio —dijo Naruto—. Quiero que te relajes. Quiero que cierres los ojos y sientas.
Sakura comenzó a desabrochar el vestido de su madre, lentamente, con reverencia. Mebuki contuvo el aliento cuando la tela se deslizó por sus hombros, dejando al descubierto su sujetador y su vientre.
—Eres hermosa, mamá —susurró Sakura—. Siempre lo has sido.
Las manos de Sakura encontraron los pechos de su madre, acariciándolos a través del sujetador. Mebuki gimió, su cuerpo respondiendo al tacto.
—Relájate —dijo Naruto desde detrás, sus manos masajeando los hombros de Mebuki—. Déjate llevar.
Sakura desabrochó el sujetador, liberando los pechos de su madre. Eran firmes, hermosos, con pezones rosados que se endurecieron bajo la mirada de Naruto.
—Son hermosos —dijo él, su voz ronca—. Quiero probarlos.
Se inclinó sobre el respaldo del sofá, sus labios encontrando el cuello de Mebuki, mientras sus manos se deslizaban hacia sus pechos. Ella jadeó, su cuerpo arqueándose hacia él.
—Naruto... —susurró, su voz llena de duda y deseo.
—Shhh —susurró él, mordisqueando su lóbulo—. Solo siente.
Sakura, mientras tanto, había bajado la falda de su madre, dejándola en bragas. Las bragas estaban manchadas de humedad.
—Mira, mamá —dijo Sakura, señalando la mancha—. Tu cuerpo ya ha elegido. Solo tu mente se resiste.
Mebuki negó con la cabeza, pero no apartó la mirada, no podía decirle que ni siquiera se resiste, solo está disfrutando y tratando que dure un poco más el placer de ser la esposa virtuosa que está siendo corrompida.
—No puedo... esto está mal...
—¿Mal? —repitió Naruto, su voz un susurro en su oído—. ¿Por qué está mal sentir placer? ¿Por qué está mal ser deseada? ¿Por qué está mal ser feliz?
Sus manos encontraron sus pezones, pellizcándolos suavemente, haciéndola gemir.
—Déjate llevar, Mebuki —dijo él—. Déjame mostrarte lo que es ser verdaderamente viva.
Ella cerró los ojos, y por primera vez en años, se permitió sentir.
Las manos de Naruto recorrieron su cuerpo, encontrando cada punto sensible, cada zona olvidada. Sakura se unió, su lengua encontrando los pechos de su madre, chupando y mordisqueando con una habilidad que Mebuki nunca había imaginado.
Pronto, Mebuki yacía desnuda en el sofá, su cuerpo tembloroso, su respiración agitada. Sakura se había colocado entre sus piernas, su lengua encontrando su sexo húmedo y listo.
—Sakura... —gimió Mebuki, sus manos enredándose en el cabello rosa de su hija—. Eso... eso se siente...
—¿Bien? —preguntó Sakura, levantando la vista—. ¿Se siente bien, mamá?
—Sí... sí... no pares...
Naruto se colocó detrás de Sakura, desabrochando su pantalón. Su polla erecta rozó la entrada de Sakura, y ella gimió, su lengua deteniéndose por un momento.
—No pares —ordenó Naruto—. Sigue lamiendo a tu madre mientras yo te folle a ti.
Sakura obedeció, su lengua volviendo al clítoris de Mebuki, mientras Naruto la penetraba desde atrás. El ritmo era sincronizado: cada embestida de Naruto empujaba la lengua de Sakura más profundamente contra Mebuki.
Mebuki observaba la escena, su mente nublada por el placer. Ver a su hija siendo follada mientras la lamía era una experiencia surrealista, pero también increíblemente excitante.
—Me voy a correr —jadeó Mebuki, su cuerpo tensándose.
—Córrete —ordenó Naruto—. Córrete en la lengua de tu hija.
Y ella lo hizo, su grito llenando la sala mientras el orgasmo la sacudía.
Pero Naruto no había terminado.
Se retiró de Sakura y se colocó frente a Mebuki, su polla erecta y brillante rozando sus labios.
—Ahora —dijo—, quiero que me chupes.
Mebuki dudó por un momento, pero luego abrió la boca y lo tomó.
El sabor era salado, masculino, intoxicante. Su lengua se movió instintivamente, rodeando el glande, mientras sus manos masajeaban lo que su boca no podía alcanzar.
—Así —gimió Naruto, su cabeza inclinándose hacia atrás—. Así, Mebuki. Eres una puta natural.
Ella gimió alrededor de su polla, excitada por las palabras.
Después de varios minutos, Naruto la apartó suavemente.
—Quiero estar dentro de ti —dijo, tumbándola sobre el sofá—. Quiero sentirte.
Mebuki abrió las piernas, ofreciéndose.
—Tómame —susurró—. Hazme tuya.
Naruto la penetró lentamente, saboreando cada centímetro. Mebuki gimió, su cuerpo adaptándose a él, recibiéndolo.
—Eres tan apretada —gruñó él—. Tan caliente. Tan perfecta.
Comenzó a moverse, un ritmo constante y profundo, mientras Sakura se colocaba detrás de él, lamiendo su espalda, sus hombros, su cuello.
—Te está follando, mamá —susurró Sakura en su oído—. Te está haciendo suya. ¿Cómo se siente?
—Increíble —jadeó Mebuki—. Se siente... increíble...
—Díselo —ordenó Sakura—. Dile que eres suya.
—Soy tuya —gimió Mebuki, sus ojos encontrando los de Naruto—. Soy tuya, Naruto. Tómame. Hazme tuya para siempre.
Naruto gruñó, aumentando el ritmo, sus embestidas volviéndose más rápidas, más profundas.
—Me voy a correr —anunció—. ¿Dónde quieres que lo haga?
—Dentro —respondió Mebuki, sin dudar—. Quiero sentirte dentro de mí.
Él asintió y se dejó ir, vaciándose dentro de ella con un gruñido profundo. Mebuki se corrió al mismo tiempo, su cuerpo arqueándose, su grito mezclándose con el de él.
Cayeron juntos, jadeantes, sudorosos.
Cuando la respiración de Mebuki se calmó, sintió los brazos de Sakura rodeándola, y la cabeza de Naruto descansando sobre su pecho.
—Bienvenida, mamá —susurró Sakura—. Bienvenida al harén.
Mebuki sonrió, lágrimas de felicidad rodando por sus mejillas.
—Gracias —susurró—. Gracias por mostrarme esto.
Naruto levantó la cabeza, mirándola a los ojos.
—Esto es solo el comienzo, Mebuki —dijo—. Te haré la marca. Te daré un collar. Y serás mía para siempre.
Ella asintió, sin dudar.
—Sí —dijo—. Sí, quiero.
Y mientras la noche caía sobre Konoha, Mebuki Haruno, la esposa “virtuosa”, la madre dedicada, se convirtió en la quinta zorrita de Naruto Uzumaki.
Su transformación había comenzado.
Y nada volvería a ser igual.
¿crees que Mebuki conocerá a sus nuevas hermanas?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
El Descubrimiento de Naruto
el niño demonio que doma un harem
naruto niño descubre la pornografía de control mental, corrupción, male dom y harem, y crece que riendo vivir eso, por lo que después que sasuke deserta ve su oportunidad de formar un harem de mujeres ninfómanas sumisas y leales a el.
Updated on Jun 17, 2026
by Locoloco
Created on Jun 6, 2026
by Locoloco
- 21 Likes
- 1,710 Views
- 18 Favorites
- 8 Bookmarks
- 13 Chapters
- 13 Chapters Deep
Comments moved below the chapter.
Comments