Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 10 by Locoloco
¿Qué sigue?
pues unas reglas
La tarde caía sobre Konoha cuando Naruto terminó el tatuaje de Kurenai. El corazón rosa, con la N mayúscula en el centro, brillaba sobre su vientre, justo encima de su útero. La piel alrededor estaba ligeramente enrojecida, pero la marca era perfecta. Kurenai se miró al espejo que Hinata le sostenía, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en sus labios.
—Es hermoso —susurró, tocando la marca con reverencia—. Ahora llevo tu sello para siempre, Naruto-sama.
Naruto asintió, guardando la máquina de tatuajes. Luego se sentó en el centro del apartamento, sus cuatro sumisas arrodilladas a su alrededor en semicírculo. Sakura a su derecha, Hinata a su izquierda, Ayame y Kurenai frente a él. Los collares brillaban bajo la luz: rojo, negro, blanco y granate.
—Han demostrado su lealtad —dijo Naruto, su voz seria pero cálida—. Pero esto es solo el comienzo. Mi harén necesita crecer. Necesito más mujeres fuertes, leales y hermosas. Y quiero que ustedes me ayuden a elegir.
Las cuatro intercambiaron miradas.
—¿Cómo, Naruto-sama? —preguntó Sakura.
—Quiero que escriban el nombre de alguien a quien quieran ver en el harén —explicó él—. Y quiero que me digan por qué. Pueden ser una, dos, tres personas. Quienes ustedes crean que encajarían aquí. Con nosotras.
Sacó cuatro hojas de papel y cuatro plumas de un cajón, y las distribuyó entre ellas.
—Tómen su tiempo. Piensen bien. Esto es importante.
Las cuatro tomaron las plumas y comenzaron a escribir.
Hinata Hyuga fue la primera en terminar. Su letra era delicada, casi temblorosa, pero firme. Había escrito tres nombres.
Miró a Naruto, sus ojos blancos brillando con determinación.
—Naruto-sama —dijo, su voz suave pero clara—. He escrito tres nombres.
—Dime —respondió él, con una sonrisa de curiosidad.
—El primero es Hanabi —dijo Hinata, y su voz se volvió más confiada—. Mi hermana menor. Es fuerte, orgullosa, y desde los exámenes chunin ha sentido admiración por ti, aunque no lo demuestre. Desde ese momento te ve como un ejemplo a seguir. Creo que, con la guía adecuada, podría ser una sumisa leal y apasionada.
Naruto asintió, su mente visualizando a la joven Hyuga de cabello castaño y carácter fuerte.
—Continúa.
—El segundo es Hitomi —dijo Hinata, y su voz tembló ligeramente—. Mi madre. Es una mujer hermosa, elegante, pero ha vivido sometida a las tradiciones del clan Hyuga toda su vida. Nunca ha conocido el verdadero placer, la verdadera libertad. Creo que merece experimentar lo que nosotras hemos encontrado. Merece ser liberada.
Hubo un murmullo de sorpresa entre las otras. Kurenai levantó una ceja, pero no dijo nada.
—Y el tercero —continuó Hinata— es Natsu. Mi antigua cuidadora. Es una mujer amable, dedicada, y siempre ha puesto a los demás antes que a sí misma. Nunca se ha casado, nunca ha tenido una familia propia. Creo que merece ser parte de la nuestra.
Naruto sonrió, impresionado por la profundidad de las elecciones de Hinata.
—Bien pensado, Hinata. Has elegido con el corazón y la cabeza. Buen trabajo.
Hinata inclinó la cabeza, sonrojándose.
—Gracias, Naruto-sama.
Kurenai Yuhi fue la siguiente. Su letra era firme, segura, la de una mujer que sabía lo que quería.
—Naruto-sama —dijo, levantando la hoja—. He escrito dos nombres.
—Adelante.
—El primero es Yugao Uzuki —dijo Kurenai, y su voz se volvió nostálgica—. Es una amiga cercana, una ex miembro del ANBU. Es fuerte, disciplinada, pero ha estado sola desde... bueno, desde la muerte de un novio. Merece compañía. Merece ser amada. Y creo que tú puedes darle eso.
Naruto recordó a la mujer de cabello púrpura, de mirada seria pero con un dejo de tristeza, la vio una vez en el monumento a los caídos.
—El segundo es Anko Mitarashi —continuó Kurenai, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios—. Es una mujer salvaje, impulsiva, pero con un corazón enorme. Ha vivido al margen, siempre sola, siempre buscando algo que la complete. Creo que, bajo tu dominio, podría encontrar la paz que nunca ha tenido. Además... —su sonrisa se ensanchó—, estoy segura de que sería increíblemente divertida en la cama.
Las otras rieron, y Naruto se unió a ellas.
—Anko, ¿eh? —dijo, frotándose la barbilla—. Siempre me ha parecido una mujer interesante. Bien, Kurenai. Buenas elecciones.
Kurenai inclinó la cabeza, satisfecha.
Sakura Haruno escribió solo un nombre, pero lo hizo con una determinación que sorprendió a todas.
—Naruto-sama —dijo, levantando la hoja—. Solo una persona. Mebuki Haruno. Mi madre.
El silencio cayó sobre la habitación. Hinata y Ayame intercambiaron miradas sorprendidas. Kurenai levantó una ceja.
—¿Tu madre? —preguntó Naruto, sorprendido.
—Sí —respondió Sakura, su voz firme—. Mi madre es una mujer hermosa, inteligente, pero ha vivido toda su vida a la sombra de mi padre. Nunca ha sido valorada como merece. Nunca ha sido realmente deseada. Y yo sé... —su voz se volvió de un tono malicioso—, yo sé que ella aun siente una aversión por ti. Te ha visto crecer, te ha visto convertirte en el hombre que eres. Y he notado cómo te mira cuando cree que nadie la pero es tan tonta que aun cree que eres peligroso, o un demonio.
Naruto parpadeó, procesando la información.
—¿enserio?
—Sí —confirmó Sakura—. Y por eso. Yo... deseo. No yo sé que si se le enseña la verdad, aceptaría unirse a nosotras. Y sería una sumisa leal y devota.
Naruto se quedó en silencio un momento, luego asintió lentamente.
—Interesante. Muy interesante. Lo tendré en cuenta Sakura.
Ayame fue la última. Su letra era redonda, casi infantil, pero sus palabras tenían peso.
—Naruto-sama —dijo, levantando la hoja—. Yo también he escrito solo un nombre. Yoshino Nara.
Naruto arqueó una ceja.
—¿La madre de Shikamaru?
—Sí —respondió Ayame, y su voz se volvió soñadora—. La conozco desde que yo era niña. Siempre viene al puesto de ramen. Es una mujer elegante, serena, pero hay algo en sus ojos... una tristeza, una insatisfacción, incluso creo que hay algo de desprecio. Su esposo, Shikaku, es un perezoso, y aunque tienen un hijo y el consiguió un cargo importante en la aldea, creo que Yoshino-sama anhela algo más. Algo que la haga sentir viva, deseada.
Ayame hizo una pausa, sonrojándose.
—Y además... es muy hermosa. Tiene un cuerpo increíble para su edad. Y creo que, bajo el dominio de Naruto-sama, florecería como una flor en primavera.
Naruto sonrió, divertido por la pasión de Ayame.
—Yoshino Nara, ¿eh? —murmuró, imaginando a la mujer de cabello oscuro y problematica según Shikamaru—. Nunca lo había considerado. Pero ahora que lo mencionas... podría ser una adición interesante.
Ayame sonrió, feliz de haber sido tomada en serio.
Naruto recogió las hojas y las guardó en un cajón, asegurándose de no olvidar ningún nombre.
—Bien —dijo, volviéndose hacia ellas—. Han hecho un buen trabajo. Ahora, tengo otras reglas que quiero establecer.
Las cuatro se enderezaron, atentas.
—Primero —dijo Naruto, señalando su cabello—. Me gustan las mujeres de cabello largo. Así que quiero que todas se dejen crecer el cabello hasta la cintura. Sin excepciones.
Sakura se tocó su corto cabello rosa, frunciendo el ceño.
—Pero... mi cabello es corto por...
—Ahora será largo —la interrumpió Naruto, con firmeza pero sin crueldad—. Confía en mí. Te verás hermosa.
Sakura asintió, sin atreverse a discutir, el símbolo de que se estaba tomando su entrenamiento enserio le fue arrebatado y ella lo acepto.
—Segundo —continuó Naruto—. Su coño debe estar siempre depilado. Siempre. Quiero que esté suave, limpio, listo para mí en todo momento. Si alguna vez descubro que no lo han hecho, habrá consecuencias.
Las cuatro asintieron al unísono.
—Sí, Naruto-sama.
—Tercero —dijo, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios—. La ropa interior de Kurenai.
Kurenai parpadeó, confundida.
—¿Mi ropa interior?
—Sí —dijo Naruto, extendiendo la mano—. Dame la que tengas puesta.
Kurenai se sonrojó, pero obedeció. Se levantó, se bajó la falda y se deslizó las bragas por las piernas, entregándoselas a Naruto. Él las tomó, las olió brevemente, y las guardó en la caja que ya contenía las de Sakura, Hinata y Ayame.
—Perfecto —dijo, cerrando la caja—. Mi colección de trofeos crece.
Hinata sonrió tímidamente.
—Desde que tomaste mi ropa interior, Naruto-sama, dejé de usarla —admitió—. Me siento más libre así. Más tuya.
—Yo también —dijo Sakura, asintiendo.
—Y yo —añadió Ayame.
Kurenai las miró, sorprendida, pero luego sonrió.
—Entonces no romperé la tradición —dijo, con un dejo de orgullo en su voz—. De ahora en adelante, no usaré ropa interior Naruto-sama. Ni cuando esté en misiones o en público.
—Buena chica —la elogió Naruto.
Pero Kurenai no había terminado.
—Y ya que estamos hablando de reglas —dijo, su voz volviéndose seria—, tengo una propuesta.
Las otras la miraron con curiosidad.
—Las ropas que usamos normalmente —explicó Kurenai—, las que usamos en misiones o en la aldea, deberían ser solo para el exterior. Cuando estemos con Naruto-sama, cuando estemos en privado, deberíamos usar ropas lo más sexualizadas posible. Ropas que dejen ver nuestros tatuajes. Ropas que combinen con nuestros collares. Ropas que nos recuerden a nosotras mismas, y que le recuerden a él, lo que somos.
Hizo una pausa, sus ojos rojos brillando con intensidad.
—Porque entre nosotras, no debemos ocultar quiénes somos. Somos las mayores putas y sumisas del mundo. Y servimos a nuestro amo con lealtad y lujuria.
El silencio cayó sobre la habitación. Luego, lentamente, Sakura comenzó a sonreír.
—Me gusta esa idea —dijo.
—A mí también —dijo Hinata.
—Yo ya estoy lista para comprar ropa nueva —rió Ayame.
Naruto las miró a todas, sintiendo una oleada de orgullo y deseo.
—Entonces, es oficial —declaró—. Cuando estén conmigo, en privado, usarán las ropas más sexualizadas que puedan encontrar. Quiero ver sus cuerpos. Quiero ver sus collares. Quiero que se sepa, al menos entre nosotros, que son mías.
—Sí, Naruto-sama —respondieron al unísono.
Naruto se levantó, extendiendo los brazos.
—Vengan aquí. Todas.
Las cuatro se levantaron y se acercaron, rodeándolo, sus cuerpos presionándose contra el suyo. Sakura se colocó frente a él, Hinata a su espalda, Ayame y Kurenai a los costados.
—Esta noche —dijo Naruto, su voz baja y grave—, vamos a celebrar. Vamos a celebrar su lealtad. Su dedicación. Su belleza.
Sus manos comenzaron a recorrer los cuerpos de sus sumisas, encontrando piel, encontrando calor.
—Pero primero —añadió, con una sonrisa depredadora—, quiero verlas jactándose. Quiero verlas alardear de lo que son. Quiero escucharlas decir, en voz alta, quiénes son.
Sakura fue la primera. Se separó ligeramente, levantando la barbilla con orgullo.
—Soy Sakura Haruno —dijo, su voz clara y fuerte—. Soy la primera esclava de Naruto-sama. su zorrita. Y soy la puta más leal y devota que existe.
Hinata dio un paso adelante.
—Soy Hinata Hyuga —dijo, su voz suave pero firme—. Soy la segunda esclava de Naruto-sama. Su admiradora. Y soy la más entregada que existe.
Ayame la siguió.
—Soy Ayame —dijo, con una sonrisa tímida pero orgullosa—. Soy la tercera esclava de Naruto-sama. Su chef personal. Y soy la más agradecida que existe.
Finalmente, Kurenai.
—Soy Kurenai Yuhi —dijo, su voz grave y segura—. Soy la cuarta esclava de Naruto-sama. La jōnin caída. Y soy la puta más orgullosa de ser suya que existe.
Naruto las miró, sus ojos brillando de orgullo y deseo.
—Son perfectas —dijo—. Absolutamente perfectas.
Y mientras la noche caía sobre Konoha, las cinco se enredaron en un torbellino de cuerpos, lenguas y promesas. El harén de Naruto Uzumaki crecía, no solo en número, sino en lealtad, en devoción, en amor.
Y cada una de ellas, con su collar y su tatuaje, sabía exactamente quién era.
Una propiedad de Naruto… Para siempre.
¿Quién sigue?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
El Descubrimiento de Naruto
el niño demonio que doma un harem
naruto niño descubre la pornografía de control mental, corrupción, male dom y harem, y crece que riendo vivir eso, por lo que después que sasuke deserta ve su oportunidad de formar un harem de mujeres ninfómanas sumisas y leales a el.
Updated on Jun 17, 2026
by Locoloco
Created on Jun 6, 2026
by Locoloco
- 21 Likes
- 1,710 Views
- 18 Favorites
- 8 Bookmarks
- 13 Chapters
- 13 Chapters Deep
Comments moved below the chapter.
Comments