Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)

Chapter 12 by Locoloco

¿crees que Mebuki conocerá a sus nuevas hermanas?

El Vínculo de las Zorritas

El sol se alzaba sobre Konoha cuando Naruto, Sakura y Mebuki llegaron al departamento. La mañana era cálida, y el aire llevaba el aroma de las flores de verano. Mebuki caminaba entre ellos, aún temblorosa por lo que había ocurrido en la noche en su casa, pero con una determinación creciente en sus ojos verdes.

Al parecer el padre de Sakura termino tan borracho que paso la noche en casa de uno de sus amigos. Y ellos pudieron disfrutar toda la noche.

Cuando abrieron la puerta, Hinata, Ayame y Kurenai ya estaban esperando. Estaban arrodilladas en formación, con sus collares brillando bajo la luz tenue. Hinata levantó la vista y sonrió al ver a Mebuki.

—Bienvenida, Mebuki-san —dijo Hinata, inclinando la cabeza.

—Bienvenida —corearon Ayame y Kurenai.

Mebuki sintió un nudo en la garganta. Estas mujeres, todas más jóvenes que ella, la recibían como a una igual. Como a una hermana, casi recordó su juventud con Yoshino, ahora Nara, Misaki, ahora Yamanaka y su amiga que descuido su figura Chiharu ahora Akimichi, de ellas solo Chiharu era una promiscua como ella.

—Gracias —susurró, sin saber qué más decir.

Naruto la guio al centro de la habitación, donde una pequeña caja descansaba sobre la mesita de noche.

—Este es tu momento, Mebuki —dijo él, abriendo la caja.

Dentro, sobre terciopelo rojo, descansaba un collar de cuero amarillo dorado, el color era perfecto para ella: brillante, cálido, pero sumiso.

—Es hermoso —susurró Mebuki, tocando el cuero con la punta de los dedos.

—Póntelo —ordenó Naruto suavemente.

Ella tomó el collar y, con manos firmes, se lo colocó alrededor del cuello. El cuero se ajustó perfectamente era un peso extraño, pero reconfortante.

—Ahora —dijo Naruto, sacando la máquina de tatuajes— tu marca.

Mebuki se recostó sobre la cama, levantando su vestido para dejar al descubierto su vientre. Las otras mujeres se acercaron, formando un círculo alrededor de ella, observando en silencio mientras Naruto limpiaba la zona y comenzaba a tatuar.

El zumbido de la máquina llenaba la habitación. Mebuki contuvo el aliento, sintiendo la aguja penetrar su piel, trazando las líneas del corazón. El dolor era agudo, pero soportable. Cada punzada era una promesa, una declaración.

Cuando terminó, el corazón rojo oscuro brillaba sobre su vientre, con la N mayúscula en el centro. Era idéntico al de las otras.

—Perfecto —dijo Naruto, limpiando el exceso de tinta—. Ahora eres oficialmente mía, Mebuki.

Ella se incorporó, mirando su nuevo tatuaje con una mezcla de orgullo y asombro.

—Gracias, Naruto-sama —susurró.

—Y ahora —dijo Naruto, guardando la máquina— las reglas.

Las cinco mujeres se arrodillaron frente a él, formando un semicírculo perfecto.

—Primera regla —comenzó Naruto—. Cuando estén en privado, cuando estén conmigo o entre ustedes, no existen rangos. No existen parentescos. No existen títulos. Solo son mujeres. Solo son hermanas de harén. Se llamarán por sus nombres, y solo por sus nombres.

Miró directamente a Sakura y Mebuki.

—Sakura, Mebuki es tu madre. Pero aquí, es solo Mebuki. Otra hermana. ¿Entienden?

—Sí, Naruto-sama —respondieron ambas al unísono.

—Segunda regla —continuó—. Su ropa interior me pertenece. Mebuki eres la única que aun no me entrega la suya.

Mebuki no dudó. Se levantó, se bajó las bragas y se las entregó a Naruto. Él las tomó, las olió brevemente, y las guardó en la caja de los trofeos.

Naruto, cerrando la caja y continuo con la regla— ninguna de ustedes usará ropa interior nunca más. Cuando estén en público, vestirán normalmente. Pero debajo de esa ropa, estarán desnudas. Listas para mí en todo momento.

—Sí, Naruto-sama —respondieron las cinco.

—ya creare más reglas, pero… —dijo Naruto, y una sonrisa pícara se dibujó en sus labios—. Esta noche, quiero que practiquen. Quiero que fortalezcan sus lazos.

Se volvió hacia Hinata.

—Hinata. Quiero que tengas sexo con Kurenai.

Hinata parpadeó, sorprendida, pero asintió.

—Sí, Naruto-sama.

—Y Sakura —continuó, volviéndose hacia la rosa—. Quiero que tengas sexo con Mebuki.

Sakura sonrió, lamiéndose los labios.

—Será un placer, Naruto-sama.

—Y tu—dijo Naruto, dirigiéndose a Ayame—, observarás. Y cuando termine, compartiremos todos juntos.

Las mujeres asintieron, y la habitación se llenó de una energía eléctrica.

Hinata y Kurenai se enfrentaron, sus ojos encontrándose. Hinata era más joven, más tímida, pero había algo en sus ojos blancos que hablaba de una determinación feroz. Kurenai, por otro lado, era la experimentada, pero en ese momento, era solo una mujer frente a otra.

—¿Alguna vez has estado con una mujer, Kurenai? —preguntó Hinata, su voz suave.

—No —mintió Kurenai descaradamente, técnicamente ya había estado con Hinata—. Siempre con hombres. Pero estoy dispuesta a aprender.

—Entonces déjame enseñarte.

Hinata se acercó, sus labios encontrando los de Kurenai en un beso suave y profundo. Kurenai gimió, sus manos yendo a la cintura de Hinata, atrayéndola más cerca.

Las dos mujeres cayeron sobre el piso, sus cuerpos enredándose. Hinata besó el cuello de Kurenai, sus pechos, su vientre, mientras sus manos exploraban cada curva. Kurenai jadeaba, su cuerpo respondiendo al tacto de Hinata con una intensidad que la sorprendía.

—Eres hermosa, Kurenai —susurró Hinata, su lengua encontrando un pezón—. Tan hermosa.

—Hinata... —gimió Kurenai, sus dedos enredándose en el cabello azul oscuro—. Por favor...

—¿Por favor, qué? —preguntó Hinata, levantando la vista.

—Por favor... hazme tuya.

Hinata sonrió y descendió, su lengua encontrando el sexo húmedo de Kurenai. La jōnin gimió, su cabeza inclinándose hacia atrás, mientras la lengua de Hinata trabajaba hábilmente, encontrando su clítoris, lamiendo con una precisión que la hacía temblar.

—voy a... voy a...

—Córrete —ordenó Hinata contra su piel—. Córrete en mi boca, Kurenai.

Y ella lo hizo, su cuerpo arqueándose mientras el orgasmo la sacudía.

Pero Hinata no se detuvo. Siguió lamiendo, llevándola a un segundo orgasmo, y luego a un tercero. Kurenai perdió la cuenta, su mente sumergida en un mar de placer.

Al otro lado de la habitación, Sakura y Mebuki también se habían enredado.

Sakura había tumbado a su madre sobre la colchoneta, sus cuerpos presionándose. Mebuki era mayor, más experimentada en teoría y en la práctica, pero era Sakura quien tomaba el control.

—Relájate, Mebuki —susurró Sakura, besando su cuello—. Déjame cuidarte.

—Sakura... —gimió Mebuki, sus manos aferrándose a los hombros de su hija—. Esto es tan extraño...

—Extraño pero bueno —corrigió Sakura, su boca encontrando un pezón—. Siéntelo. No pienses. Solo siente.

Mebuki obedeció, cerrando los ojos, dejándose llevar. Las manos de Sakura recorrían su cuerpo, encontrando cada punto sensible, cada zona olvidada. Su lengua seguía el mismo camino, lamiendo, chupando, mordisqueando.

Cuando Sakura descendió entre sus piernas, Mebuki gimió, su cuerpo arqueándose.

—Sakura... eso...

—Shhh —susurró Sakura, su lengua encontrando su clítoris—. Disfruta.

Mebuki se corrió en cuestión de minutos, su cuerpo tembloroso, sus gemidos llenando la habitación.

Pero Sakura no se detuvo. La llevó a un segundo orgasmo, y luego a un tercero, hasta que Mebuki yacía jadeante, incapaz de moverse.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Sakura, acostándose a su lado.

—Vacía —susurró Mebuki—. Pero llena al mismo tiempo. No tiene sentido.

—Lo tiene —dijo Sakura, besando su frente—. Eres libre, Mebuki. Libre de ser la mujer de Naruto-sama quien quieras ser.

Naruto observaba todo, una sonrisa de satisfacción en sus labios. Ayame estaba a su lado, acariciando su brazo, observando también.

—Son hermosas, ¿verdad? —dijo Ayame.

—Sí —respondió él—. Todas lo son.

Cuando Hinata y Kurenai terminaron, y Sakura y Mebuki yacían agotadas, Naruto se levantó.

—Ahora —dijo—, todas juntas. Quiero verlas entrelazadas. Quiero verlas compartir.

Las cinco mujeres se movieron, formando un círculo en el centro de la habitación. Cuerpos desnudos, collares brillantes, tatuajes visibles. Se tocaban, se besaban, se acariciaban, sin importar quién era quién.

Hinata besaba a Kurenai mientras Ayame lamía sus pechos. Sakura y Mebuki yacían entrelazadas, sus lenguas encontrándose. Y Naruto se movía entre ellas, penetrando a una, luego a otra, luego a otra, sin orden ni concierto.

La mañana se convirtió en una orgía de cuerpos y placer, donde no existían rangos ni parentescos. Solo mujeres. Solo sus mujeres. Solo el placer de servir a su amo.

Cuando el amanecer comenzó a filtrarse por las ventanas, las seis yacían enredadas en el departamento, agotadas pero felices.

—Mebuki —dijo Naruto, acariciando su cabello rubio—. Bienvenida al harén.

Ella sonrió, tocando su collar amarillo.

—Gracias, Naruto-sama —susurró—. Gracias por mostrarme lo que me llenara en la vida.

—No me agradezcas —dijo él, besando su frente—. Solo prométeme una cosa.

—Lo que sea.

—Prométeme que nunca olvidarás quién eres ahora. Que nunca olvidarás a quién perteneces.

Mebuki miró su tatuaje, sintió el peso del collar en su cuello, y sonrió.

—Lo prometo —dijo—. Soy tuya, Naruto-sama. Ahora y para siempre.

Y mientras el sol se alzaba sobre Konoha, el harén de Naruto Uzumaki crecía una vez más.

Cinco mujeres. Cinco collares. Cinco tatuajes.

Y un amo que las gobernaba a todas con mano firme pero amorosa.

El imperio de Naruto apenas comenzaba, sin saber que encontraría su primer problema justo esa misma tarde.

¿Cuál es el problema?

Comments

      Want to support CHYOA?
      Disable your Ad Blocker! Thanks :)