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Chapter 13 by Locoloco
¿Cuál es el problema?
Viaje de entrenamiento de 3 años
La noticia cayó como un rayo en un día despejado.
Naruto caminaba por las calles de Konoha, disfrutando de la tarde templada, cuando una mano familiar se posó sobre su hombro. Se giró y se encontró con la sonrisa pícara de Jiraiya, el Legendario Sannin.
—¡Naruto! —exclamó Jiraiya, dándole una palmada en la espalda—. Justo al que estaba buscando.
—¿Ero-sennin? —preguntó Naruto, levantando una ceja—. ¿Qué pasa? ¿Otra misión de "investigación"?
Jiraiya río, negando con la cabeza.
—No, no. Algo mucho más importante. He hablado con Tsunade, y hemos decidido que es hora de tu entrenamiento. Vas a venir conmigo en un viaje. Un viaje largo.
Naruto parpadeó, confundido.
—¿Un viaje? ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
—Tres años —respondió Jiraiya, con toda naturalidad.
El mundo se detuvo por un momento. Naruto sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
—¿Tres... años? —repitió, incrédulo—. ¿Tres años fuera de Konoha?
—Sí. Vamos a viajar por los cinco países, a entrenar en condiciones extremas, a perfeccionar tus técnicas y a dominar el poder del Kyubi. Tsunade ya ha dado su permiso. Saldremos en una semana.
Una semana. Solo una semana.
Naruto pensó en su harén. En Sakura, Hinata, Ayame, Kurenai y Mebuki. En sus collares, sus tatuajes, sus cuerpos. En todo lo que había construido en los últimos meses.
—Una semana —murmuró, procesando la información.
—Sé que es repentino —dijo Jiraiya, notando su expresión—. Pero es necesario. Eres más fuerte que antes, pero aún tienes un largo camino por recorrer. Y este viaje te dará la oportunidad de crecer, de madurar, de convertirte en el hombre que necesitas ser.
Naruto asintió lentamente, una determinación creciendo en su pecho.
—Está bien, Ero-sennin. Acepto. Pero tengo una condición.
—¿Cuál?
—Esta semana es mía. No me busques, no me interrumpas. Tengo asuntos que atender antes de irme.
Jiraiya lo miró con curiosidad, pero asintió.
—Está bien. Una semana. Luego, nos vamos.
Naruto no perdió el tiempo. Corrió directamente a su departamento, su mente trabajando a toda velocidad. Tres años. Tres años sin ver a sus sumisas. Tres años en los que ellas crecerían, cambiarían, madurarían.
Y había una regla que aún no habían cumplido.
El cabello largo hasta la cintura.
Ninguna de ellas tenía el cabello tan largo todavía. Sakura lo tenía con suerte a la altura de los hombros, Hinata era la que lo tenía más corto, Ayame apenas lo tenía hasta la media, Kurenai a la altura de la espalda alta, y Mebuki lo tenía corto, hasta la nuca.
Pero en tres años, todas tendrían el cabello hasta la cintura. Y él no estaría allí para verlo.
—No —murmuró para sí mismo—. No, voy a volver y ellas ya tendrán esa regla en cumplimiento.
Llamó a todas sus sumisas, convocándolas a su departamento con urgencia. En menos de una hora, las cinco estaban arrodilladas frente a él, sus collares brillando bajo la luz del atardecer.
—Naruto-sama —dijo Sakura, notando su expresión seria—. ¿Qué sucede?
—Me voy —dijo Naruto, sin rodeos—. En una semana, Jiraiya-sama me llevará en un viaje de entrenamiento. Estaré fuera tres años.
El silencio fue ensordecedor. Los rostros de las cinco mujeres pasaron de la confusión a la conmoción, y luego a la tristeza.
—¿Tres... años? —susurró Hinata, sus ojos blancos llenándose de lágrimas.
—Sí —confirmó Naruto—. Pero no voy a desperdiciar esta semana. Voy a disfrutar de cada momento con ustedes. Y quiero que esta semana sea inolvidable.
Se levantó y caminó hacia ellas, acariciando el cabello de cada una.
—Tienen una semana para mostrarme lo mucho que me quieren. Una semana para demostrarme su lealtad. Una semana para hacerme sentir que valdrá la pena esperar tres años.
Sakura fue la primera en reaccionar. Se levantó y lo abrazó, enterrando su rostro en su pecho.
—Te vamos a extrañar, Naruto-kun —susurró.
—Y yo a ustedes —respondió él, besando su cabeza—. Pero cuando vuelva, quiero ver sus cabelleras largas y brillantes, hasta la cintura. ¿Me lo prometen?
—Lo prometemos —respondieron al unísono.
—Bien —dijo Naruto, separándose—. Entonces, empecemos. Esta noche, quiero celebrar. Quiero sentir a cada una de ustedes. Quiero llenarlas de recuerdos que las mantengan calientes durante los tres años que estaré fuera.
Las cinco mujeres intercambiaron miradas, y luego sonrieron.
—¿Qué tienes en mente, Naruto-sama? —preguntó Kurenai, con un brillo pícaro en sus ojos rojos.
—Todo —respondió él—. Quiero todo.
La semana pasó volando, pero cada día fue una eternidad de placer.
El primer día, Naruto se llevó a Sakura a un lago secreto en las afueras de Konoha. Pasaron el día nadando desnudos, haciendo el amor en la orilla, y durmiendo bajo la sombra de los árboles. Sakura lloró cuando el sol se puso, sabiendo que cada momento era precioso.
—Te amo, Naruto-kun —susurró esa noche, mientras yacían en la hierba—. No sabes cuánto.
—Lo sé —respondió él, besando su frente—. Y yo a ti, Sakura. Siempre serás mia.
El segundo día, fue el turno de Hinata. Naruto la llevó a un arroyo, donde él solía entrenar cuando eran niños. Caminaron de la mano, recordando viejos tiempos, y luego hicieron el amor bajo un cielo estrellado.
—Prométeme que volverás —dijo Hinata, con lágrimas en los ojos—. Prométeme que no me olvidarás.
—Nunca podría olvidarte, Hinata —respondió él, acariciando su mejilla—. Eres mi sombra, mi luz, una de mis novias- por primera vez Naruto uso esa palabra para describir a su harén y Hinata se sintió conmovida.
El tercer día, Naruto pasó el día entero con Ayame en el puesto de ramen. Teuchi, su padre, había cerrado el local por reformas, así que tuvieron el lugar para ellos solos. Cocieron ramen juntos, rieron, Naruto era un desastre en la cocina, y luego hicieron el amor sobre la barra, entre tazones y palillos.
—Cuando vuelvas —dijo Ayame, sonriendo—, te prepararé el mejor ramen que hayas probado.
—Lo esperaré con ansias —respondió él, besándola.
El cuarto día, Naruto se llevó a Kurenai al campo de entrenamiento del Equipo 8. Era un lugar lleno de recuerdos para ella, y él quería crear nuevos recuerdos, mejores recuerdos. Entrenaron juntos, pelearon juntos, y luego hicieron el amor bajo la lluvia.
—Eres un demonio, Naruto Uzumaki —dijo Kurenai, riendo mientras la lluvia caía sobre ellos—. Pero eres mi demonio.
—Y tú eres mía —respondió él—. Mi orgullosa sensei sumisa.
El quinto día, Naruto pasó el día con Mebuki. La llevó a un mercado de flores, donde compraron un ramo enorme de lirios amarillos, su favorito. Luego fueron a un ryokan en las afueras, donde pasaron la noche en aguas termales privadas.
—Nunca imaginé que sería tan feliz —dijo Mebuki, recostada contra su pecho—. Gracias, Naruto-sama.
—No me agradezcas —respondió él—. Solo prométeme que cuidarás de las otras mientras no esté.
—Lo haré —prometió ella—. Somos hermanas ahora. Nos cuidaremos mutuamente.
El sexto día, Naruto convocó a las cinco juntas. Pasaron el día entero en su departamento, sin ropa, sin inhibiciones. Comieron, rieron, lloraron, e hicieron el amor una y otra vez, hasta que todos los cuerpos estuvieron agotados.
—Esta noche —dijo Naruto, mientras yacían enredados—, quiero que me prometan algo.
—Lo que sea, Naruto-sama —dijo Hinata.
—Cuando vuelva, quiero verlas más fuertes. Más seguras. Más dueñas de sí mismas. Quiero que hayan crecido, no solo en el físico, sino en espíritu.
Las cinco asintieron, aunque Mebuki y Kurenai lo único físico que podría crecer era su cabello y su fuerza.
—Y quiero que sigan expandiendo el harén —añadió—. Si encuentran a alguien que merezca estar aquí, que merezca ser parte de nuestra familia, no duden en traerla. Confío en su juicio.
—Lo haremos, Naruto-sama —dijo Kurenai.
El séptimo día, el último día, Naruto se despertó antes del amanecer. Las cinco mujeres dormían a su alrededor, sus cuerpos desnudos brillando en la penumbra. Las miró una por una, grabando cada detalle en su memoria.
Sakura, con su cabello rosa despeinado y su collar rojo.
Hinata, con su piel pálida y su collar negro.
Ayame, con su sonrisa pacífica y su collar blanco.
Kurenai, con su elegancia natural y su collar granate.
Mebuki, con su nueva libertad y su collar amarillo.
Eran suyas. Todas suyas.
—Las amo —susurró, aunque sabía que no podían oírlo—. Y volveré. Se lo prometo.
Se vistió en silencio, tomó su mochila, y salió del departamento sin hacer ruido. Jiraiya lo esperaba en las puertas de Konoha, con una sonrisa amplia y una botella de sake en la mano.
—¿Listo, chico? —preguntó el Sannin.
—Listo —respondió Naruto, mirando hacia atrás, hacia la aldea que había sido su hogar.
Hacia las mujeres que había dejado atrás.
Tres años.
Pero cuando volviera, su harén lo estaría esperando. Con cabellos largos hasta la cintura. Con cuerpos depilados. Con collares brillantes y tatuajes visibles.
Y él las reclamaría a todas, una por una.
—Vámonos, Ero-sennin —dijo, con una sonrisa decidida—. Tengo un largo camino por recorrer.
Y mientras el sol se alzaba sobre Konoha, Naruto Uzumaki partió hacia su destino, dejando atrás a sus cinco novias, pero llevándolas siempre en su corazón.
El viaje había comenzado.
Y cuando terminara, él tendría mucho sexo con ellas.
¿seguimos a Naruto o a las chicas?
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El Descubrimiento de Naruto
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naruto niño descubre la pornografía de control mental, corrupción, male dom y harem, y crece que riendo vivir eso, por lo que después que sasuke deserta ve su oportunidad de formar un harem de mujeres ninfómanas sumisas y leales a el.
Updated on Jun 17, 2026
by Locoloco
Created on Jun 6, 2026
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