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Chapter 2 by K45 K45

What's next?

Capitulo 2

Toru se levantó de la cama con el cuerpo vibrando, una sensación de inquietud eléctrica recorriendo cada centímetro de su piel invisible. La humedad que Ochako Kirishima había dejado en sus bragas verdes era una molestia deliciosa que no lo dejaba pensar con claridad. Sin pensarlo mucho, se despojó del uniforme, dejando que las prendas cayeran en un montón desordenado, y entró al baño.

En cuanto abrió el grifo, el impacto del agua caliente contra su piel invisible fue como una descarga. El cuerpo de Toru no solo era sensible, era receptivo al extremo. Cada gota que resbalaba por sus pechos y bajaba por su vientre le provocaba un éxtasis que su mente de Izuku intentaba procesar de forma lógica, pero el cuerpo simplemente cedía. Se apoyó contra los azulejos, jadeando, mientras sus manos —ahora expertas por puro instinto— envolvían sus pechos, apretándolos con fuerza. Soltó un gemido que se perdió en el vapor de la ducha mientras deslizaba sus dedos hacia abajo. Su intimidad estaba empapada, y al introducirse los dedos, sintió cómo el placer la desbordaba. Se masturbó con una urgencia casi violenta, chorreando bajo el chorro de agua, hasta que sus piernas flaquearon y alcanzó un orgasmo que le dejó los ojos en blanco, vibrando en el suelo de la ducha.

Al salir, se sentía renovado, pero diferente. La fusión estaba echando raíces. Fue directo a las maletas de Hagakure y, de forma casi automática, eligió un conjunto de ropa interior azul oscuro de encaje que combinaba perfectamente el brasier y las bragas. Se miró al espejo (aunque solo veía el vacío con forma de lencería) y se puso unos shorts de algodón muy cortos y una blusa de tirantes fina.

"Es raro...", pensó Izuku, ajustándose el tirante del brasier. " Debería sentirme incómodo usando esto, pero mi mente ya no pone resistencia. Es como si ponerse ropa interior de mujer fuera lo más natural del mundo para mí ahora". Concluyó que era un efecto general del Gran Cambio: el cerebro aceptaba las necesidades estéticas y físicas del nuevo envase sin cuestionarlas.

—¡Oye, Toru! ¡Baja a jugar un rato si quieres! —la voz de Ochako Kirishima resonó desde el pasillo.

Toru (Izuku) salió del cuarto vistiendo su lencería azul oscuro bajo los shorts y la blusa de tirantes, sintiendo esa extraña naturalidad al usar ropa de mujer. Se encontró con Ochako (Kirishima), quien lucía sus shorts vaqueros mínimos y la blusa ombliguera. Ambos comenzaron a caminar por el pasillo de los dormitorios, pero antes de llegar a las escaleras, se toparon con una figura que los obligó a detenerse.

Era el cuerpo de **Momo Yaoyorozu**, pero la forma en que estaba parada, con las piernas abiertas y una mano rascándose la nuca de forma descuidada, no tenía nada de la elegancia de la vicepresidenta. Llevaba solo un bra deportivo que parecía a punto de reventar por el tamaño de sus pechos y unos shorts deportivos tan pequeños que apenas cubrían nada, dejando mucha piel a la vista.

Toru y Ochako se acercaron con curiosidad.

—¿Momo? —preguntó Toru con su voz aguda.

La chica soltó una carcajada chillona y algo pervertida que delató de inmediato quién estaba al mando de ese cuerpo.

—¡Ja! Ya no me llamen así. Ahora soy **Momo Mineta** —dijo "ella", dándose una palmada en su propio muslo con deleite—. ¡No puedo creer la suerte que tuve, chicos! De todo el mundo, ¡me tocó caer en el cuerpo de la vaca tetona de la clase!

Mineta, en el cuerpo de Momo, se apretó los pechos con ambas manos, haciendo que saltaran bajo el bra deportivo, y soltó un suspiro cargado de lujuria.

—Este cuerpo es increíble... tiene tanta energía y es tan suave. Siento que voy a estar excitado —o mejor dicho, excitada— las veinticuatro horas del día. ¡Miren qué curvas!

Ochako Kirishima soltó una risa ronca, golpeando amistosamente el hombro de la nueva Momo.

—Vaya, Mineta, veo que tú te has adaptado más rápido que nadie. Aunque ten cuidado, Aizawa-sensei dijo que los instintos pueden controlarte si no te cuidas.

—¿Controlarme? ¡Que me controlen todo lo que quieran! —exclamó Momo Mineta, dándose la vuelta para bajar las escaleras, haciendo que sus caderas se balancearan de forma exagerada—. ¡Vayamos abajo, quiero ver qué otros "regalos" nos trajo El Gran Cambio!

Toru (Izuku) la siguió, sintiendo un escalofrío. Ver el cuerpo de su amiga Momo siendo usado de esa forma por la mente de Mineta era chocante, pero la fusión en su propio interior le hacía ver la situación con una mezcla de morbo y aceptación. Al final del día, todos estaban empezando a disfrutar de sus nuevos recipientes.

Bajaron a la sala de estar, donde el resto de la clase —o lo que quedaba de sus identidades originales— se reunía para descubrir quién era quién en esta nueva y erótica realidad de la UA.

El grupo de chicas —Toru Midoriya, Ochako Kirishima y la exuberante Momo Mineta— se quedó en un rincón de la sala, observando el desfile de cuerpos y personalidades trocadas. La atmósfera en la sala común era eléctrica, cargada de una tensión sexual y una confusión de identidad que nadie intentaba ocultar.

De pronto, vieron aproximarse al cuerpo de Bakugo. Pero no caminaba con su habitual agresividad, sino con una rectitud elegante y algo rígida. Era **Katsuki Yaoyorozu**, quien ahora ocupaba el explosivo envase de Katsuki. Se dirigió directamente a Momo Mineta, quien en ese momento se estaba ajustando el bra deportivo de forma lasciva frente a todos.

—Mineta... —dijo Katsuki Yaoyorozu con una voz profunda pero cargada de la autoridad disciplinada de Momo—. Te lo advierto: si vas a dedicarte a hacer cosas pervertidas con el cuerpo de mi antigua yo, te ruego que al menos no hagas obscenidades en público. Ten algo de decoro, aunque sea por el apellido que ahora portas.

Momo Mineta soltó una carcajada, haciendo rebotar sus enormes pechos.

—¡Ay, vicepresidenta! Es que es difícil controlarse con tanto material, ¿sabes?

Katsuki Yaoyorozu suspiró con frustración y luego alzó la voz para llamar la atención de todos.

—¡Escuchen! Vamos a formalizar esto. Debemos saber quién es quién para mantener el orden en la Clase A.

Todos se reunieron en un círculo en el centro de la sala. La presentación comenzó bajo las nuevas leyes del Gran Cambio:

1. **Katsuki Yaoyorozu**: Se presentó primero como la vicepresidenta, manteniendo su intelecto y modales en el cuerpo de Bakugo.

2. **Tetsutetsu Tenya**: El cuerpo del delegado de la clase, Iida, ahora albergaba la personalidad ruidosa y apasionada de Tetsutetsu de la Clase B. Se presentó como el nuevo presidente.

3. **Tsuyu Bakugo**: Fue el turno de ver el cuerpo de la chica rana, pero quien hablaba era Bakugo. Su voz era del cuerpo de la chica en el que estaba, lo que le irritaba profundamente, pero mantenía su temperamento volcánico.

4. **Izuku Jiro**: Jiro ahora en el cuerpo de izuku.

5. **Mirio Ashido**: Anteriormente Mina, estaba en ese cuerpo de hombre feliz y musculoso.

6. **Ibara Todoroki**: Su rostro estaba sin emoción alguna.

7. **Ochako Kirishima**: Kirishima saludó con fuerza, aunque el cuerpo de Uraraka se sentía extrañamente ligero para él.

8. **Momo Mineta**: Mineta se presentó lanzando un beso al aire, disfrutando de cada centímetro de su nueva anatomía femenina.

9. **Toru Midoriya**: Finalmente, Izuku en el cuerpo invisible de Toru dio un paso al frente. Solo se veía su ropa, pero su voz femenina y suave confirmó su nueva identidad.

—Bien —dijo Tetsutetsu Tenya (Iida) golpeándose el pecho—. Ya sabemos quiénes somos. Ahora, el problema es que muchos de nosotros estamos sintiendo... "impulsos". Los cuerpos están ganando la batalla.

Toru Midoriya sintió que su propia intimidad se humedecía de nuevo al escuchar a los demás confesar lo mismo. La fusión no era algo que pudieran detener; era una transformación total que estaba convirtiendo a los héroes de la UA en una versión de sí mismos mucho más carnal y desinhibida.

—Si vamos a ser héroes en estos cuerpos —sentenció Tsuyu Bakugo con su nueva voz de chica—, más vale que nos acostumbremos a estas malditas hormonas pronto, ¡porque no pienso dejar que una falda me detenga!

La reunión en la sala común continuaba bajo una atmósfera de extrañeza y tensión hormonal. **Toru Midoriya**, sintiendo el roce de su lencería azul contra su piel invisible, se desplazó con suavidad hacia donde estaban **Izuku Jiro** y **Katsuki Yaoyorozu**.

Ver su antiguo cuerpo, el de Izuku, ahora habitado por la mente de Kyoka, era una experiencia surrealista. Toru se acercó a ellos, notando que ambos "hombres" parecían estar lidiando con una incomodidad física evidente.

—Oigan... Izuku, Katsuki —dijo Toru con esa voz aguda y femenina que ahora le pertenecía—. Si necesitan ayuda para adaptarse a... bueno, a sus nuevos cuerpos, cuentan conmigo. Sé que el cambio de sexo es lo más difícil de procesar.

Izuku Jiro, ajustándose nerviosamente la camiseta que antes le pertenecía a Midoriya, soltó un suspiro de frustración. Sus mejillas estaban teñidas de un rojo intenso.

—Es... es el pene, Toru —confesó Izuku en voz baja—. Es incontrolable. Se me para sin previo aviso cada vez que miro a las chicas de la clase... o incluso cuando siento el roce de la tela. No sé cómo manejar esta energía, es como si tu cuerpo Midoriya tuviera voluntad propia.

Katsuki Yaoyorozu, cruzado de brazos en el imponente cuerpo de Bakugo, asintió con una mueca de fastidio, aunque su elegancia natural seguía presente.

—Es una molestia constante —gruñó Katsuki—. La testosterona en este envase es una fuerza bruta. Siento que voy a explotar si no encuentro una forma de canalizar estos impulsos. Es agotador intentar mantener la compostura de una Yaoyorozu en el cuerpo de este salvaje.

En ese momento, **Tsuyu Bakugo** —quien ahora habitaba el cuerpo de la chica rana con la mente volcánica de Katsuki— se acercó a ellos con paso firme. Su mirada era intensa, y aunque su voz era ahora el croar de Asui, su tono seguía siendo igual de agresivo.

—Escuchen bien, par de idiotas —espetó Tsuyu—. Ahora que son hombres y están en esos cuerpos, les exijo una cosa: ¡No los vuelvan gays! Me da un pavor absoluto, me revuelve el estómago solo de imaginarme ver mi anterior cuerpo besándose con otro hombre. ¡No manchen mi reputación de esa manera!

Katsuki Yaoyorozu soltó una risa seca, sintiendo la ironía de la situación.

—No tienes de qué preocuparte, Tsuyu. No lo hare.

Tsuyu soltó un suspiro de alivio genuino, relajando sus hombros. Al oír esto, Toru Midoriya también sintió que un peso se le quitaba de encima. La idea de que su antiguo cuerpo de peliverde terminara en situaciones románticas con otros chicos le resultaba profundamente perturbadora ahora que ella misma se sentía tan... mujer.

Izuku Jiro miró a Toru y, con una pequeña sonrisa de complicidad, le dio una palmada en el hombro invisible.

—Tú tampoco te preocupes, Toru. Tu antiguo cuerpo está en buenas manos. No haré nada que no quisieras que hiciera... aunque controlar estas erecciones va a ser una misión de rango S.

Toru asintió, sintiendo cómo el cuerpo de Hagakure reaccionaba con un escalofrío de placer ante el contacto de la mano de "Izuku" en su hombro. La fusión seguía avanzando: mientras los nuevos hombres de la clase luchaban con sus impulsos, Toru empezaba a disfrutar de la seguridad que le daba su nueva forma invisible.

Toru se despidió del grupo y comenzó a caminar por el pasillo hacia su habitación, sintiendo el leve roce de su blusa de tirantes contra su piel invisible. Sin embargo, al llegar a su puerta, se detuvo en seco. Allí estaba el cuerpo de **Shoto Todoroki**, apoyado con una calma gélida que contrastaba con la intensidad de la mirada que le lanzó.

Toru se quedó quieta, preguntándose quién habitaba ahora ese cuerpo de fuego y hielo.

—¿Cómo estás cuidando mi anterior cuerpo, Midoriya? —preguntó Shoto con una voz suave pero directa.

Toru dio un respingo. Esa forma de hablar, algo alegre y despreocupada a pesar de la apariencia seria de Todoroki, solo podía pertenecer a una persona. Antes de que pudiera responder, **Shoto** se acercó a ella, mirando a ambos lados del pasillo para asegurarse de que nadie más de la Clase A estuviera cerca.

—Supe que te masturbaste en mi cuarto con mi cuerpo —susurró Shoto con una sonrisa cómplice—. Sinceramente, me alegra que hayas sido tú y no el pervertido de Mineta. Me siento muy mal por Yaoyorozu; tener a ese tipo en su envase es una tragedia.

Se acercó aún más, invadiendo el espacio personal de Toru.

—Ya no soy Toru Hagakure... bueno, así me llamaba antes. Ahora soy Shoto Hagakure. Y veo que te gusta tener mi anterior cuerpo con escasa ropa. Por lo menos, como es invisible, nadie más puede disfrutar de la vista, pero yo sé exactamente qué hay debajo de esa blusa.

Sin previo aviso, Shoto extendió sus manos con una seguridad asombrosa. Con una mano apretó con firmeza el pecho invisible de Toru, mientras que con la otra buscó directamente su entrepierna por encima de los shorts. Toru soltó un jadeo ahogado, sintiendo cómo el mundo le daba vueltas.

—Sé exactamente cómo complacer este cuerpo —continuó Shoto, bajando la voz a un tono ronco mientras sus dedos encontraban los puntos más sensibles de la anatomía de Hagakure—. Conozco cada terminación nerviosa, cada rincón que me hacía temblar.

Hagakure (en el cuerpo de Todoroki) aplicó una presión rítmica y experta. Toru sintió una descarga eléctrica que le recorrió la columna; sus piernas fallaron por completo y cayó de rodillas, con un temblor violento sacudiendo su forma invisible. Sus bragas azul oscuro se empaparon instantáneamente, dejando un rastro de humedad que delataba su excitación total.

Shoto se separó con la misma frialdad con la que había llegado, acomodándose el uniforme de Todoroki.

—Cuida bien mi cuerpo, Toru Midoriya. No dejes que se desperdicie.

Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo con paso elegante, dejando a Toru jadeando en el suelo. Ella se levantó a duras penas, apoyándose en la pared mientras sentía el latido constante y húmedo entre sus piernas. Con las manos temblorosas, abrió la puerta de su cuarto y entró, cerrando con llave detrás de sí. La fusión estaba llegando a un punto sin retorno: la mente de Izuku ya no solo aceptaba el cuerpo de Toru, sino que empezaba a desear ser dominada por aquellos que conocían los secretos de su nueva feminidad.

Toru se deslizó por la madera de la puerta hasta quedar sentada en el suelo, con las piernas completamente abiertas. Su respiración era un jadeo constante y rítmico, y su mente, ahora profundamente afectada por la fusión con la biología de Hagakure, no dejaba de repetir las palabras que Shoto le había susurrado al oído: *"No dejes que se desperdicie mi cuerpo"*. El eco de ese mandato, sumado a la descarga eléctrica que aún sentía en su entrepierna, terminó por romper cualquier barrera de autocontrol que le quedara de su antigua identidad como Izuku.

Con manos temblorosas por la urgencia, se sujetó el dobladillo de la blusa de tirantes y se la quitó de un tirón, arrojándola a un lado. De inmediato, desabrochó el brasier azul oscuro; al liberarse de la tela, sintió el verdadero peso físico de sus pechos invisibles, que cayeron pesadamente, balanceándose con una suavidad que le provocó un escalofrío. Sin perder un segundo, se despojó de los shorts, quedando únicamente con las bragas empapadas. Al ponerse en pie para avanzar hacia el espejo, notó que en el lugar donde había estado sentada quedaba un charco brillante de sus propios fluidos.

Se desvistió por completo, quitándose las bragas, pero en lugar de tirarlas, se las llevó directamente a la cara. Al mirar hacia el espejo de cuerpo entero, la escena era completamente irreal: no había una silueta humana, solo unas bragas azul oscuro, visiblemente húmedas, flotando en el aire a la altura de su rostro. Toru cerró los ojos invisibles y comenzó a olerlas profundamente, embriagándose con el aroma de su propia excitación, para luego pasar la lengua por la tela, lamiendo y chupando sus propios fluidos con una lascivia que ya se sentía completamente natural en ella.

Dejó caer la prenda junto al resto de la ropa y se sentó directamente en el suelo, frente al espejo, abriendo las piernas de par en par. La superficie de cristal no reflejaba absolutamente nada, un vacío perfecto que solo acentuaba el morbo de la situación. Toru llevó sus manos hacia arriba, envolviendo sus pechos con firmeza, apretándolos y moldeándolos mientras bajaba la otra mano hacia su intimidad. Sus dedos se hundieron con facilidad en su vagina, que ya estaba completamente lubricada y caliente. Comenzó a masturbarse con un ritmo frenético, soltando gemidos agudos que rebotaban en las paredes de la habitación, hasta que su cuerpo invisible se tensó por completo al alcanzar un clímax que la hizo temblar de pies a cabeza.

Sin embargo, el hambre química del cuerpo de Hagakure era insaciable; la fusión exigía más. Toru se levantó a duras penas, con las piernas aún temblorosas, y al mirar hacia una de las mochilas que había dejado abiertas en el suelo, divisó un objeto que la hizo detenerse: un consolador de buen tamaño, perteneciente a la anterior dueña de ese cuerpo.

Lo tomó entre sus manos invisibles, presionó el interruptor para encender la vibración y se colocó de nuevo frente al espejo, el cual solo reflejaba el consolador flotando. Gracias a la intensa humedad que ya cubría su entrepierna, la penetración fue inmediata y sumamente fácil. El juguete se deslizó hacia su interior, rellenando el vacío y provocándole un placer tan intenso que sus ojos se pusieron en blanco. Toru comenzó a moverlo, aumentando la velocidad y la intensidad de la vibración hasta el límite de lo que su cuerpo podía soportar. Las oleadas de éxtasis la sobrepasaron por completo; su espalda se arqueó de forma violenta mientras un orgasmo masivo y ensordecedor la sacudía, liberando una cantidad considerable de fluidos que crearon un gran charco bajo ella. Sin fuerzas para sostenerse ni para retirar el objeto, el mundo de Toru se volvió negro y cayó desmayada en el suelo de su habitación, completamente consumida por la naturaleza de su nuevo envase.

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