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Chapter 3 by K45 K45

What's next?

Capitulo 3

Mientras el silencio consumía la habitación de Toru Midoriya, la escena se trasladaba a unos cuantos dormitorios de distancia, donde **Ochako Kirishima** se encontraba a solas en su cuarto. El espacio, que antes pertenecía a Eijiro Kirishima, ahora albergaba la ropa y pertenencias de Uraraka. Ochako estaba sentada en el suelo frente al espejo de cuerpo entero, con las piernas cruzadas, vistiendo únicamente una falda corta y una blusa ligera. Tenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono, observando las últimas actualizaciones de las noticias sobre las estrictas regulaciones globales del Gran Cambio, pero la pesadez del ambiente la abrumaba.

Con un bufido, apagó el dispositivo y lo dejó a un lado, clavando sus ojos castaños en el reflejo del espejo. La fusión biológica avanzaba a pasos agigantados dentro de ella; la mentalidad masculina y ruda de Kirishima se retorcía bajo la influencia de las potentes y sensibles hormonas del cuerpo de Ochako. De repente, dejándose llevar por un impulso que ya no quería contener, abrió las piernas de manera lasciva, dejando sus bragas completamente a la vista frente al cristal. Su rostro se transformó, adoptando una expresión cargada de lascivia pura mientras subía sus manos para rodear y apretar con fuerza sus propios pechos.

—Ahhh... —un gemido ronco pero agudo escapó de sus labios—. La anterior Ochako... ella nunca habría hecho esto en público... o bueno, tal vez solo lo hizo en privado, pero ahora este cuerpo es mío.

La excitación la obligó a ponerse de pie. Con movimientos urgentes, se despojó de la blusa, quedando únicamente en un brasier gris que contenía a duras penas la redondez de sus formas. No tardó en desabrocharlo, soltando un suspiro al sentir el peso físico y la caída natural de sus pechos libres, un cambio anatómico que encendió aún más su lívido. Acto seguido, deslizó la falda por sus caderas hasta el suelo, quedando solo en unas bragas del mismo tono gris. Se quitó la última prenda sin dudarlo, mostrándose completamente desnuda ante su propio reflejo.

Frente al espejo, Ochako abrió las piernas firmemente y, utilizando ambas manos, separó sus labios íntimos. Su vagina estaba completamente empapada, secretando una gran cantidad de fluidos que resbalaban por sus muslos debido a la intensidad del momento. Sin poder contenerse más, comenzó a masturbarse de inmediato, hundiendo sus dedos en su propia humedad y frotándose con desesperación hasta que una violenta oleada de placer la recorrió por completo, haciéndola arquear la espalda al alcanzar un intenso orgasmo.

Mientras recuperaba el aliento con dificultad, un recuerdo cruzó su mente nublada por el éxtasis. Recordó que, cuando fue a recoger la ropa a la habitación original de Uraraka, había encontrado un consolador escondido entre sus pertenencias y lo había guardado deliberadamente en su maleta con la intención de usarlo más tarde. Después de todo, pensó con una sonrisa morbosa, la verdadera Uraraka ya no lo iba a necesitar en su nueva vida.

A duras penas, con las piernas temblando por el clímax reciente, se acercó a su equipaje y buscó de forma caótica hasta que sus dedos se cerraron alrededor del juguete. Regresó de inmediato frente al espejo, se colocó en posición y, aprovechando la abundante lubricación que ya cubría toda su zona, se lo penetró de un solo movimiento. El impacto de la entrada la sumergió en un éxtasis absoluto. Con el rostro completamente descompuesto por una mueca lasciva y los ojos en blanco ante la intensidad de la estimulación interna, el cuerpo de Ochako Kirishima no pudo soportar el exceso de sensaciones. Sus fuerzas fallaron por completo y cayó desmayada sobre el suelo de la habitación, quedando inconsciente en medio del caos de su nueva identidad.

La noche avanzaba en la UA y la influencia de los nuevos cuerpos no respetaba jerarquías ni edades. En los dormitorios, **Kyoka Aizawa** (la mente de Shota Aizawa atrapada permanentemente en el cuerpo de Kyoka Jiro) se encontraba en su escritorio, rodeada de documentos y autorizaciones gubernamentales sobre el Gran Cambio. El apellido de su antigua identidad era Shota, pero ahora las leyes dictaban que su realidad legal era la de una Jiro.

Al terminar de firmar el último papel, soltó un profundo suspiro de cansancio. Al hacerlo, el movimiento de su cabeza hizo que los cables colgantes de sus orejas, los *jacks*, se balancearan y rozaran su propio cuello. Por pura curiosidad analítica, Kyoka tocó uno de los cables; al instante, una descarga eléctrica de sensibilidad pura recorrió su sistema, conectando directamente con su entrepierna. Sintió cómo su vagina se humedecía de inmediato.

Sorprendida, Kyoka se levantó la falda del uniforme, revelando unas bragas de color violeta que ya estaban visiblemente mojadas. Un intenso sonrojo cubrió sus mejillas. No era pudor por la desnudez en sí —como héroe profesional y maestro había visto de todo—, sino el morbo y el choque mental de saber que ese cuerpo hipervigilante y sensible había pertenecido a una de sus alumnas más dedicadas. Al levantarse bruscamente por la impresión, los cables de sus orejas se agitaron salvajemente, golpeando de lleno los pezones de sus pequeños pechos a través de la tela. El impacto le provocó un éxtasis tan agudo que las piernas le fallaron y cayó directamente al suelo, jadeando.

Vencida por el morbo de la situación y la arrolladora química de las hormonas de Jiro, Kyoka decidió ceder. Se arrastró a duras penas hacia la puerta y le echó el seguro. Cerró las cortinas de golpe, sumiendo la habitación en la penumbra. Luego, se acercó a su escritorio y abrió un cajón para sacar un espejo mediano —uno que le había confiscado a una alumna semanas antes del cambio—. Lo colocó recargado contra la pared, a una distancia perfecta.

Kyoka se sentó en el suelo frente al espejo, abriendo las piernas de una manera sexy y lasciva que el antiguo Shota jamás habría imaginado replicar, exponiendo la tela violeta de sus bragas. Con movimientos rápidos, se desabotonó la blusa y se la quitó, revelando un brasier violeta a juego. Segundos después, se despojó del brasier, liberando sus pechos pequeños pero sumamente firmes. Al agarrárselos y apretarlos, soltó un gemido que provocó que su intimidad secretara aún más fluidos.

Sin perder tiempo, se quitó la falda y las bragas de un solo tirón, dejando su vagina completamente al aire, alineada con el reflejo del espejo. Usando ambas manos, se abrió los labios íntimos, observando detalladamente cómo su propia anatomía chorreaba debido a la intensa excitación. Introdujo sus dedos y comenzó a masturbarse frenéticamente, disfrutando de los sonidos húmedos y agudos que brotaban de su propia boca.

De repente, el sonido de unos pasos pesados en el pasillo exterior la devolvió a la realidad.

El instinto de supervivencia y disciplina de Aizawa reaccionó. Rápidamente, con el corazón latiéndole en la garganta, se subió las bragas húmedas, se puso la falda y se colocó la blusa por encima, abotonándola a la carrera. No tuvo tiempo de ponerse el brasier, así que lo arrugó y lo escondió en el fondo de su mochila. "Nadie se dará cuenta", pensó con pragmatismo. Al tener pechos pequeños, la falta de sostén era imperceptible a simple vista bajo el uniforme; solo se notarían los pezones marcados si alguien llegaba a tocárselos directamente.

Apenas se estaba terminando de abotonar cuando llamaron firmemente a la puerta.

—¡Esperen un momento! Estoy terminando de revisar un papeleo importante —ordenó Kyoka, impostando una voz de autoridad que sonó extrañamente madura en el tono agudo de Jiro.

Terminó de acomodarse el cuello de la blusa, respiró hondo para disimular el jadeo y abrió la puerta. Al otro lado se encontraba el cuerpo robusto y masculino de **Eijiro Kirishima**. Sin embargo, la postura, la forma de morderse el labio y la mirada cargada de una sensualidad salvaje y madura delataban que el ocupante no era el chico de la resiliencia.

Era la mente de Nemuri Kayama, anteriormente conocida como la heroína +18, Midnight. Bajo el nuevo orden, su identidad oficial era ahora **Eijiro Kayama**.

—Vaya, Aizawa... veo que a ti también te está costando adaptarte a tu nuevo juguete —dijo Eijiro Kayama con una sonrisa depredadora, recorriendo con los ojos el cuerpo de Kyoka y deteniéndose sospechosamente en la zona de su pecho sin brasier.

Eijiro Kayama cerró la puerta a sus espaldas con un clic seco y giró el seguro, invadiendo de inmediato la pequeña habitación con la imponente presencia física de Kirishima. Se cruzó de brazos, haciendo que los bíceps del uniforme se tensaran, y miró a Kyoka de arriba abajo con una sonrisa de complicidad que desbordaba el clásico morbo de Midnight.

—Qué lástima que a ti te tocara un envase tan plano, Shota —dijo Eijiro con una risita ronca, usando el antiguo nombre de pila de Aizawa—. Este cuerpo de Kirishima desborda fuerza, pero extraño mis antiguas curvas. Me tiene muy intrigada saber quién habrá caído en mi anterior cuerpo. Quienquiera que sea, espero que sepa apreciar lo que es tener verdadera delantera.

Mientras hablaba, la mirada analítica de la antigua heroína +18 descendió por el uniforme de Kyoka. Al notar la forma natural y ligeramente más libre en que la blusa se asentaba sobre el pecho de la chica, cayó en la cuenta de inmediato: los pezones de Jiro se marcaban sutilmente contra la tela debido a la falta de sostén y al frío remanente de la excitación.

Al notar que Kyoka no llevaba bra, la biología hiperactiva y cargada de testosterona de Kirishima reaccionó de golpe. Una oleada de calor bajó directo a la entrepierna de Eijiro, haciendo que su miembro se pusiera completamente duro, tensando el pantalón del uniforme de una forma que fue imposible de ocultar. Un evidente sonrojo pintó las mejillas del robusto pelirrojo.

—Ah... lo siento —se disculpó Eijiro, aclarándose la garganta con incomodidad mientras intentaba desviar la mirada—. Esta maldita biología adolescente no me da tregua.

Kyoka, tratando de mantener la fachada de frialdad de Aizawa a pesar de que su propia vagina seguía latiendo húmeda bajo las bragas violetas, hizo un gesto con la mano.

—No te preocupes por eso. Todos estamos lidiando con los fallos de control de estos envases —respondió Kyoka, buscando rápidamente una excusa en su mente para justificar su aspecto y ocultar que se estaba masturbando frente al espejo hace un momento—. La verdad es que... todavía no entiendo bien cómo ponerme correctamente la ropa interior de las mujeres. Es demasiado restrictiva y confusa.

Era una mentira total. Gracias a la fusión progresiva de la memoria celular, el cerebro de Aizawa ya asimilaba perfectamente la lencería femenina y sabía cómo usarla, tal como le pasaba a cualquier otro hombre que hubiera caído en el cuerpo de una chica. Pero admitir que se había quitado el bra por puro éxtasis habría destruido su autoridad.

Eijiro soltó una carcajada, relajándose un poco.

—Créeme, te acostumbrarás. Pero volviendo a lo importante... me preocupa seriamente el orden público si mi antiguo cuerpo está en manos de un civil o, peor aún, de un villano.

—A mí también —asintió Kyoka con gravedad—. La UA está en una posición **** mientras los profesores y alumnos intenten contener los instintos biológicos de sus nuevos cuerpos. Si la fusión avanza antes de que aseguremos el perímetro...

Sus palabras fueron interrumpidas por un golpe firme y rítmico en la puerta. Ambos se tensaron por instinto heroico. Kyoka Jiro dio un paso al frente y quitó el seguro, abriendo la puerta con cautela.

Al otro lado del umbral se encontraba el cuerpo esbelto y de largo cabello naranja de **Itsuka Kendo**, la delegada de la Clase B. Bajo las nuevas leyes de identidad, su nombre era ahora **Itsuka** seguido del apellido de quien habitara su mente, pero la postura marcial y la mirada severa delataban que una nueva conciencia, posiblemente de un héroe o estudiante de alto rango, estaba al mando de ese cuerpo.

**Itsuka Kendo** —o mejor dicho, **Itsuka Maijima**, ya que la mente del héroe profesional y profesor de la Clase B, **Power Loader**, habitaba ahora ese cuerpo de melena anaranjada— entró a la habitación con paso firme y cerró la puerta detrás de sí. Su postura era rígida, un intento por mantener el porte de un docente veterano dentro de la silueta esbelta de la delegada.

—Kyoka, la Clase B está tan difícil de controlar como la Clase A —dijo Itsuka con una voz que, aunque aguda y juvenil, cargaba con el tono de fatiga de un maestro—. Las hormonas de estos chicos están saboteando cualquier intento de mantener la disciplina.

Luego, se giró hacia Eijiro Kayama, dedicándole un asentimiento de cabeza.

—Veo que tú también estás aquí, Kayama —saludó Itsuka, después señalándose a sí misma con un suspiro de resignación —. Justo después de que ocurrió el Gran Cambio y recuperé el conocimiento, me di cuenta de esta terrible ironía. De todos los cuerpos disponibles, me tuvo que tocar el de Itsuka, mi propia alumna de la Clase B. Qué situación tan lamentable... nos pasó exactamente lo mismo, Aizawa. Dos profesores atrapados en los envases de sus estudiantes.

Kyoka Aizawa cruzó los brazos, sintiendo un leve roce de sus pezones sin brasier contra la blusa, pero se concentró de inmediato en las palabras de su colega.

—Si estás aquí por algo más que para quejarte de tu nueva anatomía, Maijima, habla —instó Kyoka con severidad.

La expresión en el rostro de Itsuka se volvió sumamente grave.

—Se trata de tu antiguo cuerpo, Kayama. El cuerpo de Midnight —reveló Itsuka, mirando fijamente a Eijiro—. Cuando logré salir de mi estupor inicial, yo estaba cerca de la entrada principal de la academia. En ese momento, vi salir el cuerpo de Midnight del campus. Caminaba a paso apresurado, completamente desnuda, y tenía una mirada desconcertada, casi salvaje, pero cargada de una malicia extraña.

Eijiro dio un paso al frente, apretando los puños del robusto cuerpo de Kirishima. Su miembro, que antes estaba rígido, se tensó aún más por la pura adrenalina de la preocupación.

—¿Desnuda? ¿Y la saludaste? —preguntó Eijiro con urgencia.

—Sí, la saludé pensando que eras tú quien estaba al mando de ese cuerpo —asintió Itsuka Maijima, cruzándose de brazos con frustración—. Pero ni siquiera se detuvo. Me miró como si yo fuera un insecto insignificante y siguió de largo, perdiéndose en las calles rumbo a la ciudad. Definitivamente, la persona que cayó en el envase de Midnight no es ningún conocido de la UA. No es un héroe, y mucho menos un civil ordinario.

Kyoka (Aizawa) frunció el ceño, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con la sensibilidad de los jacks de Jiro.

—Si alguien con intenciones oscuras ha tomado el control del cuerpo de una heroína profesional tan peligrosa como Midnight, y está suelto por ahí sin importarle la ropa ni el orden público... estamos ante una amenaza interna masiva —sentenció Kyoka, mirando el espejo que aún estaba recargado en el suelo—. Tenemos que reportar esto a los altos mandos, incluso si primero tenemos que aprender a caminar derechas en estos malditos cuerpos.

La conversación sobre la misteriosa y peligrosa huida del cuerpo de Midnight mantuvo a los tres profesores en un estado de alerta máxima. Sin embargo, en el espacio cerrado de la habitación de Jiro, la atmósfera no tardó en volverse pesada y cargada de una sutil tensión carnal que la disciplina mental de los héroes ya no podía contener por completo.

Mientras Kyoka (Aizawa) explicaba la necesidad de coordinar un informe para la comisión de seguridad, **Itsuka Maijima** dio un paso lateral para acomodar su postura. Al hacerlo, su mirada analítica de profesor descendió de forma inevitable por el uniforme de Kyoka. Fue entonces cuando lo notó de manera inequívoca: la ligera caída del tejido de la blusa y la forma en que los pezones de Jiro se dibujaban firmemente contra la tela delataban la absoluta ausencia de un brasier.

El descubrimiento golpeó la biología adolescente de Kendo como una corriente eléctrica. Los instintos femeninos y la desbordante sensibilidad del cuerpo de su alumna reaccionaron en un segundo; Itsuka sintió un vuelco en el vientre y un flujo cálido comenzó a brotar de su intimidad, humedeciendo la tela de sus bragas. Se aclaró la gola de inmediato para mantener la compostura, guardando absoluto silencio debido a la presencia de Eijiro (Midnight) en la habitación.

Por dentro, la mente de Power Loader era un torbellino de pensamientos morbosos y complicidad silenciosa: *«Vaya, Shota... conque tú también caíste ante la tentación y te masturbaste usando el cuerpo de tu alumna...»*, pensó Itsuka para sí misma, conteniendo una sonrisa lasciva. *«Pero quién soy yo para criticarte. Al final, todos somos humanos en envases nuevos»*.

Incapaz de evitarlo, Itsuka bajó la vista por un instante hacia su propio pecho, observando las notables curvas que el uniforme de Kendo apenas lograba disimular. El simple hecho de mirarse provocó que su cuerpo secretara aún más fluidos, empapando su ropa interior mientras un vívido recuerdo la asaltaba.

Hacía apenas unas horas, a puerta cerrada en la privacidad de su nuevo cuarto, se había despojado de la fastidiosa ropa de la UA. Se había sentado a horcajadas en una silla de madera frente al tocador, completamente desnuda, entregándose al hambre química del cuerpo de Itsuka. Recordó la textura de sus propias manos explorando la suavidad de sus muslos y hundiéndose en su húmeda intimidad, frotándose con una urgencia frenética que la hizo arquear la espalda y morderse los labios para no gritar. Había sentido la gloria absoluta, un clímax tan devastador y puramente femenino que la dejó temblando durante minutos.

Regresando bruscamente al presente, Itsuka Maijima apretó los puños y cruzó los brazos sobre sus pechos para disimular el temblor que amenazaba con delatarla. La fusión estaba haciendo su trabajo con una eficiencia aterradora: tres mentes de héroes profesionales e instructores respetables estaban encerradas en una habitación, intentando discutir estrategias de seguridad nacional mientras sus nuevos y jóvenes cuerpos chorreaban fluidos en secreto, ganando palmo a palmo la batalla por el control de sus mentes.

**Eijiro Kayama**, sintiendo que la presión en sus pantalones debido a la erección del cuerpo de Kirishima ya era insoportable y que la conversación se estaba desviando a un terreno peligroso, decidió cortar por lo sano.

—Disculpen, colegas... —dijo Eijiro, aclarándose la garganta con su nueva voz ronca—. Tengo que salir un momento de los dormitorios. Necesito buscar algo... urgente.

Sin esperar respuesta, abrió la puerta rápidamente y salió al pasillo, cerrando de un golpe detrás de sí.

En cuanto se quedaron solas, **Itsuka Maijima** dio un paso al frente y le echó el seguro a la puerta con un clic definitivo. La seriedad de profesor que intentaba mantener se desmoronó por completo, siendo reemplazada por la densa corriente hormonal que el cuerpo de Kendo le exigía liberar. Se giró hacia Kyoka y, con una sonrisa cargada de malicia y lascivia, rompió el hielo sin rodeos.

—Bueno, Shota... ahora que estamos solos, hablemos con la verdad —dijo Itsuka, subiendo sus manos directamente hacia sus propios pechos, apretándolos sobre el uniforme mientras su rostro se descomponía en una mueca de puro placer—. Yo ya me masturbé en este nuevo cuerpo de Kendo. ¿Y tú? ¿Qué tal lo sentiste? Es una locura... se siente la gloria absoluta. Las mujeres experimentan el clímax de una forma mil veces más intensa que nuestro antiguo género.

**Kyoka Aizawa** sintió que la sangre se le subía a las orejas, haciendo que sus *jacks* temblaran de la impresión. Intentando aferrarse a la poca dignidad de maestro que le quedaba, le apuntó con el dedo.

—¡Baja la voz, Maijima! —siseó Kyoka en un susurro furioso—. ¡Y ten un poco de respeto por el cuerpo que le pertenecía a tu alumna! No podemos perder los estribos de esta manera.

Itsuka soltó una risita aguda y burlona, dando un paso hacia ella sin soltarse el pecho.

—Por favor, no vengas a darme sermones de moralidad. Tú no eres nadie para decir eso, Kyoka. Ambas sabemos perfectamente que tú también ya te masturbaste usando el cuerpo de Jiro.

Kyoka se quedó helada y un sonrojo masivo cubrió su rostro, extendiéndose hasta su cuello.

—¿¡Qué!? ¿De qué estás hablando? ¡Cómo puedes asegurar eso! —tartamudeó, intentando mantener la mentira.

—Vamos, es obvio —dijo Itsuka, señalando directamente el pecho de Kyoka—. No llevas brasier bajo la blusa, tus pezones están completamente marcados. Y por si fuera poco... —Itsuka bajó la mirada hacia el suelo, apuntando al espejo mediano que Kyoka había dejado recargado contra la pared—. Tienes ese espejo ahí. Apuesto lo que quieras a que te sentaste justo enfrente, abriste las piernas y te entregaste al morbo de ver la cara y la intimidad de tu alumna mientras te tocabas. No lo niegues, te descubrí.

Kyoka (Aizawa) apretó los puños y desvió la mirada, completamente expuesta y sin argumentos para defenderse. La humedad entre sus piernas, contenida por sus bragas violetas, pareció aumentar ante la humillación de haber sido descubierta por su colega.

—Está bien... —admitió Kyoka con la voz temblorosa—. No lo puedo negar. Sí, lo hice... la sensibilidad de este cuerpo me sobrepasó. Pero te exijo que no le digas esto a nadie, absolutamente a nadie.

Itsuka relajó la postura y soltó un suspiro, aunque sus ojos seguían brillando con morbo mientras se acomodaba la falda de Kendo, la cual ya sentía incómoda por sus propios fluidos.

—No te preocupes, no diré una sola palabra —aseguró Itsuka, acercándose un poco más—. Al final del día, yo hice exactamente lo mismo en mi habitación. Si alguien se entera de que los que se suponen que son los maestros y pilares de la UA están encerrados usando los cuerpos de sus alumnas para darse placer, nuestra reputación quedaría completamente manchada y destruida. Estamos en el mismo barco, Shota. La fusión nos está ganando a todos, y es mejor mantener el secreto entre nosotras.

—Ya te lo dije, Maijima: no me vuelvas a llamar Shota —le advirtió Kyoka Aizawa con tono seco, aunque su voz de Jiro sonara aguda—. Ese nombre ya no me pertenece. Ahora soy Kyoka, y debes llamarme así si queremos respetar la maldita ley del Gran Cambio. Las cosas son como son.

Intentando recuperar el control de la situación, Kyoka se dio la vuelta y caminó con paso firme hacia su escritorio. Abrió su mochila y sacó el brasier violeta que había escondido apresuradamente. Sin importarle la presencia de su colega, se desabotonó la blusa por completo, abriéndola de par en par y dejando a la vista de ambas sus pequeños y firmes pechos desnudos.

Itsuka soltó una risotada descarada al ver la modesta delantera del cuerpo de Jiro.

—¿De verdad pretendes ponerte eso frente a mí? —se burló Itsuka, dándose una palmada en el muslo—. Son diminutos, Kyoka. ¿Quieres ver lo que son unos pechos de verdad, mucho más grandes que los tuyos?

Sin esperar respuesta, Itsuka se desabrochó la blusa con movimientos rápidos y provocativos, exhibiendo su busto aún contenido por el brasier de Kendo. Con un gesto lascivo, se quitó la blusa y de inmediato se despojó del sostén, liberando sus grandes y pesados pechos, que rebotaron levemente ante la falta de soporte.

—Mira esto —presumió Itsuka con una sonrisa de orgullo—. Esto sí es delantera.

Sin embargo, la burla de Itsuka se cortó cuando bajó la mirada hacia su colega. Kyoka no estaba prestando atención a los atributos de Kendo; en su lugar, había cerrado los ojos y guiaba los *jacks* de sus orejas directamente hacia sus propios pechitos, usando los cables para acariciar y presionar sus pezones con un ritmo lento. Un gemido ahogado escapó de los labios de Kyoka.

—¡Oh! Conque esas tenemos... —comentó Itsuka, con los ojos brillando de morbo—. Así que, aunque sean más pequeños que los míos, la mutación de esos cables los hace mil veces más sensibles. Interesante.

Vencida por el éxtasis que ella misma se estaba provocando, Kyoka se dejó caer de nuevo en el suelo, sentándose directamente frente al espejo mediano y abriendo las piernas de par en par, con la falda levantada. Itsuka se colocó de pie justo enfrente de ella, cruzándose de brazos y soltando un silbido.

—Fiuuu... Qué buena vista tengo desde aquí —río Itsuka, clavando sus ojos en la entrepierna de su colega—. Así que bragas violetas y completamente mojadas, ¿eh? Te queda muy bien el color.

Para no quedarse atrás, Itsuka se sujetó el dobladillo de su propia falda y se la levantó hasta la cintura con total descaro.

—Pues mira, yo traigo bragas de un color naranja oscuro, ¡y también están empapadas! —festejó con una carcajada lasciva, mostrando la notable mancha de humedad en su lencería.

—Te queda bien... —admitió Kyoka, tragando saliva mientras su propia vagina latía bajo la tela violeta.

Itsuka dio un paso al frente, invadiendo por completo el espacio de Kyoka en el suelo. Al verla tan cerca, Kyoka frunció el ceño.

—¿Qué estás haciendo, Maijima? —preguntó con nerviosismo.

—Chupa mi vagina por encima de mis bragas —ordenó Itsuka con voz ronca, inclinándose hacia adelante y acercando su entrepierna naranja oscuro directamente al rostro de Kyoka.

—¡Estás loca! No voy a chupar la ex-vagina de tu alumna —replicó Kyoka, intentando apartar la cara a pesar de que el aroma de la excitación de Kendo ya la estaba mareando.

—¡Claro que lo harás! —insistió Itsuka con una mirada fija y autoritaria—. Porque después yo haré exactamente lo mismo contigo; yo te chuparé la vagina a ti. Ambas lo necesitamos, deja de pelear contra el cuerpo.

El argumento y la insoportable tensión hormonal terminaron por quebrar la resistencia de Kyoka. Cediendo por completo al morbo, Kyoka estiró las manos, sujetó los bordes de las bragas naranja oscuro de Itsuka y las hizo a un lado, exponiendo los labios vaginales completamente encendidos y chorreantes de su colega. Sin pensarlo más, Kyoka avanzó y pegó la boca a la intimidad de Itsuka, comenzando a lamer y chupar con desesperación.

—¡¡Ahhh...!! —un grito de puro éxtasis rasgó la garganta de Itsuka. El placer de la lengua de Kyoka trabajando en su punto más sensible fue tan devastador que, tras solo unos segundos de intensos movimientos, Itsuka se tensó por completo, arqueó la espalda y se corrió de forma violenta, salpicando sus propios fluidos directamente sobre la cara y los labios de Kyoka.

Mientras Itsuka temblaba, aferrada a los hombros de su compañera, Kyoka sintió que el orgasmo de la otra provocaba un vacío eléctrico en su propio vientre. Su propia vagina, atrapada en las bragas violetas, comenzó a chorrear aún más fluidos, dejándola al borde de su propio colapso de placer en el suelo de la habitación.

Kyoka, con la cara húmeda y brillando por los fluidos de su colega, jadeó con fuerza y la miró desde el suelo con los ojos nublados por el deseo.

—Ya cumplí... —dijo Kyoka, limpiándose la comisura de los labios con el dorso de la mano—. Ahora es mi turno.

Itsuka, aún temblando por el devastador orgasmo que acababa de tener, asintió con una sonrisa lasciva. Se agachó de inmediato, arrodillándose entre las piernas abiertas de su compañera. Sin perder un segundo, levantó la falda de Jiro, apartó las bragas violetas empapadas y se quedó contemplando la intimidad que tenía enfrente: una linda, sensible y completamente chorreante vagina que reclamaba atención. Itsuka se inclinó y pegó la boca, comenzando a chupar y lamer con una desesperación salvaje.

—¡¡Ahhh...!! —Kyoka arqueó la espalda de golpe, clavando las manos en el suelo. Los jacks de sus orejas se agitaron en el aire mientras la lengua de Itsuka encontraba sus puntos más sensibles. La estimulación fue tan intensa que, en cuestión de un par de minutos, Kyoka soltó un grito agudo, se tensó por completo y llegó a un clímax salvaje, derramando sus fluidos sobre el rostro de Itsuka.

Cuando finalmente se separaron, ambas respiraban con dificultad, tiradas en el suelo. Pero el hambre de sus nuevos cuerpos no estaba saciada. Kyoka, dejándose llevar por completo por el morbo de la situación, se arrastró hacia su mochila y sacó un objeto largo y flexible de silicona: un consolador doble.

Itsuka abrió los ojos de par en par, sorprendida ante la visión del juguete.

—¿Cómo carajos tienes eso en tu habitación, Kyoka? —preguntó, soltando una risa ronca.

—Mi anterior alumna lo tenía guardado en su cajón junto con otro consolador —confesó Kyoka, con las mejillas completamente rojas—. Los vi cuando fui a recoger su ropa para meterla en las mochilas... Supongo que Jiro tenía secretos bien guardados.

Itsuka, con la lívido por las nubes, se lo quitó de las manos de un tirón.

—Pues qué bueno que lo encontraste, porque le daremos un buen uso.

Sin dudarlo, Itsuka se acomodó y se penetró un extremo del consolador doble, soltando un gemido de puro éxtasis al sentir cómo la silicona rellenaba su húmedo interior. Luego, con una mirada lasciva, se acercó a Kyoka en el suelo y guió el otro extremo hacia la intimidad de su colega, empujando hasta penetrarla por completo. Kyoka soltó un grito ahogado, aferrándose a los hombros de Itsuka mientras el éxtasis la invadía.

Las dos comenzaron a moverse al mismo tiempo, balanceando sus caderas en un ritmo frenético que hacía que el consolador doble trabajara profundamente en el interior de ambas. El placer combinado de la fricción y la cercanía las volvió locas. Se tomaron de las caras y se dieron un beso profundo y húmedo, mezclando sus alivas mientras el juguete las desgarraba de placer. El ritmo aumentó hasta que fue insoportable; ambas se tensaron al unísono en un orgasmo masivo que les vació las fuerzas por completo, haciendo que el mundo se les apagara y cayeran desmayadas una sobre la otra en el suelo de la habitación.

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Horas más tarde, el frío del suelo y la luz de la luna que se filtraba por las cortinas hicieron que ambas despertaran. Al mirar el reloj del escritorio, vieron que ya era sumamente tarde. El letargo del desmayo desapareció y el pánico del orden profesional regresó de golpe.

A duras penas, se separaron y se quitaron el consolador doble, dejándolo caer en el charco de fluidos del suelo. Usando unas toallas de la habitación, se limpiaron los cuerpos rápidamente, borrando los rastros de la noche. Se pusieron la ropa interior, se abotonaron las blusas, se arreglaron las faldas y se peinaron frente al espejo, intentando recuperar la apariencia de los respetables maestros de la UA.

Kyoka, mientras se terminaba de ajustar el cuello de la blusa, miró a su compañera con una expresión de profunda duda existencial.

—Oye, Maijima... una pregunta. ¿Esto que acabamos de hacer... ¿sería considerado algo gay? —preguntó Kyoka, rascándose la nuca con incomodidad—. Digo, ambos fuimos hombres en nuestras vidas anteriores...

Itsuka soltó una risita y se giró hacia ella, terminando de acomodarse su larga cabellera naranja. Con un gesto descarado, se agarró un pecho por encima de la blusa del uniforme y miró a Kyoka con suficiencia.

—A ver, Shota... quiero decir, Kyoka. Sería gay si hubiéramos tenido nuestros cuerpos anteriores —explicó Itsuka con total pragmatismo—. Pero mírate, y mírame a mí. Ahora tenemos estos grandiosos cuerpos femeninos. Biológicamente somos mujeres, así que técnicamente, esto fue un acto completamente heterosexual entre dos chicas. Así que no te rompas la cabeza con eso.

Kyoka soltó un suspiro de alivio, aunque la lógica del Gran Cambio siguiera pareciéndole una locura. Se acercó a Itsuka y la tomó del hombro con firmeza.

—Como sea... prométeme una cosa, Maijima. Nunca, jamás en la vida, le cuentes a nadie sobre lo que pasó en este cuarto. Si alguien se entera de que los instructores de la UA terminaron así en el suelo, sería el fin absoluto de nuestra reputación como héroes profesionales.

Itsuka Maijima sonrió, dándole una palmadita en la mejilla a Kyoka.

—Descuida, mi boca está cerrada. Mi reputación también está en juego aquí. Nos vemos mañana en la junta de profesores, Kyoka

Itsuka quitó el seguro de la puerta, se asomó al pasillo oscuro para asegurarse de que no hubiera alumnos merodeando, se despidió con un gesto de la mano y se marchó rápidamente hacia su propio cuarto, dejando a Kyoka a solas con el silencio y los secretos de su nueva vida.

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