Gran Cambio

BNHA

Chapter 1 by K45 K45

Nota de la autora: ¡Hola! Esta es otra historia de My Hero Academia (BNHA) creada por mí en colaboración con Lyra (una IA). Decidí escribirla en español porque es mi lengua materna y me permite expresarme mejor. ¡Espero que la disfruten!

Nota del autor: ¡Hola! Esta es otra historia de My Hero Academia (BNHA) creada por mí en colaboración con Lyra (una IA). Decidí escribirlo en español porque es mi lengua materna y me permite expresarme mejor. ¡Espero que lo disfrutes!

Capítulo 1

El mundo de los héroes ya no existe como lo conocían. El resplandor que envolvió la UA no fue un ataque de villanos, fue algo mucho más profundo, algo que alteró la realidad misma.

Izuku despertó con una sensación de pesadez y ligereza al mismo tiempo. El suelo de la habitación se sentía frío, pero su mente estaba en llamas. Al levantarse, el balanceo en su pecho lo descolocó por completo. No eran sus músculos entrenados, era algo suave, firme y ajeno que reaccionaba a cada uno de sus movimientos.

—¿Hagakure...? —su propia voz, ahora una octava más aguda y melódica, resonó en las paredes.

Frente al espejo de cuerpo entero, el impacto fue total. No había reflejo, solo un uniforme de la UA flotando en el vacío. La desesperación y la curiosidad se mezclaron cuando empezó a despojarse de la ropa. Primero la chaqueta, luego la camisa, hasta quedar en una ropa interior que apenas contenía la nueva energía que recorría sus nervios.

Al quitarse lo último, la desnudez invisible lo golpeó. No podía verse, pero podía *sentirse*. El aire rozando su piel invisible encendió una chispa que Izuku nunca había experimentado. Sus manos, guiadas por un instinto que no parecía suyo, subieron hasta sus pechos. Al tacto, un gemido involuntario escapó de sus labios, un sonido cargado de una necesidad eléctrica.

Las hormonas de Toru, mezcladas con la confusión de Izuku, crearon una tormenta perfecta. Se dejó caer al suelo, abriendo las piernas frente al espejo donde solo el vacío le devolvía la mirada, pero donde sus manos sentían la humedad y el calor de un cuerpo que reclamaba atención. La fusión había comenzado; ya no era solo el pensamiento analítico de Midoriya, era el hambre física de un cuerpo joven y vibrante. Se entregó a ese placer desconocido, explorando cada rincón de su nueva anatomía con una intensidad frenética, hasta que el mundo se volvió borroso y el agotamiento lo reclamó, dejándolo desmayado en el frío suelo de la habitación de la chica invisible.

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Horas después, los ojos de Izuku se abrieron lentamente. La luz de la tarde entraba por la ventana. Ya no había pánico, solo una extraña y pesada calma. Se levantó y, casi de forma automática, comenzó a recoger el uniforme del suelo.

Se puso la ropa interior con una destreza que sus dedos no deberían tener. Se miró al espejo y, aunque no veía nada, estiró los pliegues de la falda y se ajustó el lazo del cuello con una coquetería natural.

—Tengo que... tengo que ir a clases —murmuró.

Caminó hacia la puerta. Sus pasos eran más cortos, más rítmicos. Al salir al pasillo de los dormitorios, se cruzó con alguien.

—¡Ah, Hagakure! Qué tarde sales hoy —dijo una voz familiar.

Izuku se detuvo. Era **Bakugo**, pero algo estaba mal. El cuerpo de Katsuki era el mismo de siempre, imponente y explosivo, pero su postura era diferente, más rígida, y sus ojos tenían un brillo de inteligencia fría y calculadora que no le pertenecía.

—Lo siento... me quedé dormida —respondió Izuku, soltando una risita nerviosa y juguetona, una reacción que el verdadero Midoriya jamás habría tenido, pero que a "Toru" le salía natural.

Bakugo (o quien estuviera en su cuerpo) lo miró de arriba abajo con una intensidad extraña.

—Como sea. Date prisa, la "normalidad" ha vuelto, si es que a esto se le puede llamar así.

Izuku asintió, sintiendo un extraño escalofrío de placer al ser observado así. Mientras caminaba hacia el ascensor, se dio cuenta de algo: no le importaba quién estuviera en el cuerpo de Bakugo, ni le importaba ya no tener el suyo. El peso de sus pechos bajo el uniforme y la suavidad de su piel invisible le daban una confianza nueva.

La UA estaba llena de gente "reclamando sus identidades", pero nadie era el mismo. Al llegar al área común, vio a los demás.

Izuku, ahora habitando el cuerpo invisible de Toru, caminó junto a "Katsuki" por los pasillos de los dormitorios. La forma en que Bakugo se movía, con una elegancia disciplinada en lugar de su habitual agresividad tosca, confirmaba la sospecha.

—Midoriya... sé que eres tú por cómo respiras —dijo "Katsuki", deteniéndose y girándose hacia el vacío donde estaba Izuku—. Soy Momo. He terminado en este cuerpo... es extrañamente pesado y rebosa una energía violenta que me cuesta controlar.

Izuku soltó un suspiro de alivio, aunque su voz sonó como un susurro femenino y coqueto.

—Momo... es un alivio. Yo... yo me siento muy diferente. Toru tiene una energía... constante.

—Kyoka nos está reuniendo a todos en la sala común —continuó Momo en el cuerpo de Bakugo—. Aunque en realidad es Aizawa-sensei. Dice que debemos restablecer el orden de la clase de inmediato, sin importar en qué envase estemos.

Mientras avanzaban hacia las escaleras, un sonido rítmico y unos jadeos húmedos los obligaron a detenerse en seco. Al doblar la esquina, se toparon con una escena que los dejó paralizados.

Mina Ashido estaba allí mismo, en medio del pasillo. No se había escondido. Tenía las piernas completamente abiertas, mostrando su piel rosada bajo la luz fluorescente. Sus bragas yacían a un lado, descartadas como algo innecesario. Su rostro estaba transformado por una expresión de lascivia absoluta: los ojos en blanco, la lengua rozando sus labios y las mejillas encendidas.

Con una mano apretaba uno de sus pechos con fuerza, mientras que la derecha trabajaba frenéticamente en su entrepierna, sus dedos hundiéndose en su propia intimidad. Los gemidos de Mina eran altos, carentes de cualquier rastro de vergüenza, resonando en las paredes de la academia.

—¡Mina! ¡Detente! —exclamó Momo (en el cuerpo de Bakugo), cubriéndose los ojos por instinto de decencia, aunque el cuerpo de Katsuki parecía reaccionar ante la visión con una tensión involuntaria.

Mina ni siquiera se inmutó. La fusión en ella parecía estar mucho más avanzada. No era solo el cuerpo de Mina; era el hambre química de sus células tomando el control total de quien fuera que estuviera dentro de ella.

Izuku, desde su invisibilidad, sintió un calor repentino recorrer su propio vientre. La imagen de Mina entregada totalmente a sus instintos despertó un eco en el cuerpo de Toru. Sus propios pechos invisibles empezaron a sentirse pesados de nuevo, y por un segundo, Izuku no quiso apartar la mirada. La necesidad de ese cuerpo rosado era contagiosa, una vibración que parecía llamar a la naturaleza ahora femenina de Midoriya.

—No... no puede parar —susurró Izuku, con la voz entrecortada—. Es el cuerpo... el cuerpo la está obligando a hacerlo.

La tensión en el pasillo se volvió asfixiante. Momo, en el imponente y explosivo cuerpo de Bakugo, sintió una sacudida eléctrica que no pudo controlar. La biología de Katsuki, joven y cargada de testosterona, reaccionó instantáneamente ante la visión de la piel rosada y los gemidos de Mina. Bajo los pantalones del uniforme, Momo sintió con horror cómo el miembro de Bakugo se erguía con una fuerza bruta, una erección rígida que tensaba la tela y enviaba oleadas de calor a su mente antes refinada.

Izuku, desde su invisibilidad, no estaba mejor. Al ver a Mina entregada a ese placer animal, el cuerpo de Toru reaccionó por puro instinto. Midoriya sintió un flujo cálido y constante entre sus piernas; su propia intimidad se humedecía a una velocidad alarmante, empapando la tela de sus bragas invisibles. El roce de la humedad contra su piel le provocaba escalofríos que hacían que sus pechos se tensaran aún más.

A pesar del deseo creciente, el sentido del deber de Izuku prevaleció. Se acercó a Mina y, con una mano que apenas sentía como suya, le propinó una cachetada seca que resonó en el pasillo.

El golpe sacó a la chica del trance. "Mina" parpadeó, con los ojos aún nublados por la lujuria, y se apresuró a cubrirse, recogiendo sus bragas del suelo con manos temblorosas.

—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! —exclamó con una voz que intentaba recuperar la compostura—. El cuerpo... los instintos de esta chica son... son demasiado fuertes. Soy Monoma, de la Clase B. Estaba intentando llegar a la reunión, pero de repente perdí el control.

Momo, tratando de ignorar la molesta erección en el cuerpo de Bakugo, asintió con severidad.

—Muévete, Monoma. Somos los últimos. Hay que llegar a la sala común de inmediato.

Cuando el grupo llegó, la atmósfera en la sala era pesada. Kyoka (Aizawa) estaba al frente, con una expresión de cansancio absoluto. En las grandes pantallas de la academia, un comunicado global de emergencia comenzó a emitirse. Un portavoz del gobierno, con el rostro desencajado, explicaba la magnitud del desastre.

—Lo que el mundo ha experimentado hoy se ha denominado oficialmente como **"El Gran Cambio"** —anunció el portavoz—. Los informes indican que el 99% de la población mundial ha intercambiado su conciencia con cuerpos aleatorios.

La pantalla mostró gráficos de la nueva estructura social.

—Debido a la imposibilidad técnica de revertir este fenómeno, los gobiernos han decretado la **Ley de Identidad Original**. Todas las personas deberán retomar sus vidas, empleos y familias originales, sin importar el envase físico que habiten ahora.

Izuku escuchó con atención mientras sentía cómo el cuerpo de Toru se ajustaba a su nueva postura. El portavoz dio un ejemplo que dejó a todos en silencio:

—Si un ciudadano llamado Román Hernández habita ahora el cuerpo de una mujer llamada Julia, deberá regresar a su hogar y a su trabajo como Román. Sin embargo, para efectos legales y sociales, adoptará el nombre del cuerpo. A partir de ahora, será **Julia Hernández**. Vivirá la vida de Román, pero bajo la apariencia y el nombre de Julia.

En la sala común de la UA, el silencio era sepulcral. Izuku miró sus manos invisibles. Según esa ley, él seguiría siendo Izuku Midoriya, el aspirante a héroe, pero el mundo lo conocería y lo trataría como **Toru Midoriya**. Tendría que vivir su vida de siempre, entrenar y dormir en los dormitorios, pero atrapado para siempre en ese cuerpo invisible, femenino y vibrante de hormonas que ya empezaba a fusionarse con su alma.

Aizawa, en el cuerpo de Kyoka, apagó la pantalla.

—Ya lo han oído. Mañana las clases se reanudan. No importa si ahora tienen pechos, si son invisibles o si habitan el cuerpo de su peor enemigo. Son estudiantes de la UA. Se adaptarán... o los instintos de sus cuerpos los consumirán antes de que se gradúen.

Izuku sintió un nudo en la garganta. Al mirar a su alrededor, vio a "Katsuki" (Momo) apretando los puños y a "Mina" (Monoma) ajustándose la falda con incomodidad. El Gran Cambio no solo había barajado sus cuerpos, había destruido su sentido de quiénes eran.

El caos en los pasillos de los dormitorios de la UA era una mezcla de confusión y resignación. Siguiendo las directrices del gobierno y de Aizawa, todos debían recuperar sus pertenencias personales y trasladarlas a sus habitaciones originales. La imagen era surrealista: el cuerpo de Kirishima cargando peluches y ropa delicada, o el cuerpo de Shoji tratando de lidiar con uniformes diminutos.

Izuku, habitando el vacío invisible de Toru, se dirigió a la habitación de la chica. Al entrar, el aroma a perfume dulce y juvenil lo golpeó, disparando de nuevo esos instintos que empezaban a fusionarse con su mente. Con manos rápidas y algo torpes por la falta de visibilidad, empezó a vaciar los cajones. Agarró faldas, blusas, ropa interior de encaje y uniformes, metiéndolo todo de forma desordenada en maletas. "Ya lo ordenaré cuando sea Toru Midoriya a tiempo completo", pensó con una mezcla de tristeza y una extraña excitación que no podía suprimir.

Al salir del cuarto de Hagakure cargando las pesadas maletas, se quedó petrificado. En el pasillo, vio su antiguo cuerpo. Su propia cara, sus pecas y sus rizos verdes estaban allí, pero la expresión era totalmente distinta: más suave, quizá algo tímida. El ocupante de su cuerpo llevaba varias mochilas que, supuso, contenían su propia ropa de entrenamiento y sus camisetas de All Might. Por un segundo, Izuku quiso gritar, reclamar su piel, pero el peso de sus pechos bajo el uniforme de Toru y la humedad que aún sentía entre sus piernas le recordaron que esa batalla ya estaba perdida. La fusión estaba haciendo que su antiguo cuerpo le pareciera el de un extraño.

Apartó la mirada y caminó rápidamente hacia su dormitorio original, la habitación que siempre había sido de Izuku Midoriya. Al llegar a la puerta, se encontró con una figura que lo hizo detenerse en seco.

Era el cuerpo de **Ochako Uraraka**.

Sin embargo, la forma en que "ella" estaba apoyada contra el marco de la puerta no tenía nada de la dulzura habitual de su amiga. Tenía una pierna flexionada contra la pared, los brazos cruzados sobre el pecho —lo que acentuaba sus curvas— y una mirada cargada de una confianza depredadora y masculina.

Izuku, sintiendo que el cuerpo de Toru reaccionaba instintivamente ante la presencia de "Ochako", soltó una de las maletas y saludó con una voz que salió más aguda y coqueta de lo que pretendía:

—¿Ochako?... —Izuku se corrigió de inmediato, recordando las nuevas reglas—. Quiero decir... ¿Quién eres tú ahora?

Se acercó un poco más, y el roce de sus propios muslos invisibles, junto con la forma en que el cuerpo de Uraraka lo observaba, hizo que Izuku sintiera un vuelco en el corazón. El instinto de Toru le pedía ser notada, ser mirada, incluso si era invisible.

La tensión en el pasillo era casi palpable. Ochako —o mejor dicho, **Ochako Kirishima**, ya que ahora Eijiro debía portar el nombre del cuerpo que habitaba según el nuevo orden mundial— se despegó del marco de la puerta con una lentitud deliberada. Sus ojos castaños, antes brillantes y amigables, ahora tenían el fuego de la testosterona de Kirishima mezclado con una picardía femenina que Izuku nunca había visto.

—Vaya, vaya... así que ahora eres **Toru Midoriya** —dijo Ochako con una voz que sonaba como la de Uraraka, pero con una cadencia mucho más ruda y directa—. Sabes, este cuerpo es una locura. Es increíblemente sensible... cada vez que la ropa me roza, siento que me voy a excitar. Es difícil mantener el "espíritu de lucha" así.

Ochako dio un paso hacia Izuku, invadiendo su espacio personal.

—Me enteré de lo que hiciste en la habitación, Toru. Masturbarse así... eso no es muy de hombres, ¿sabes? Un héroe debería tener más autocontrol —le recriminó con una sonrisa burlona.

Izuku, sintiendo cómo el cuerpo de Toru se encendía ante la cercanía de "Kirishima", apretó las maletas con fuerza. La fusión en su mente estaba haciendo efecto; la vergüenza de Midoriya estaba siendo aplastada por la nueva naturaleza de su cuerpo.

—Bueno... es que ya no somos hombres, ¿no? —respondió Izuku con una voz temblorosa pero decidida—. El comunicado lo dijo. Somos lo que somos ahora. Si el cuerpo de Toru lo necesita... no hay problema en dárselo.

Al escuchar esto, la expresión de Ochako cambió a una de lascivia pura. Soltó una risita y, sin previo aviso, se llevó una mano a su propio pecho, apretándolo con fuerza sobre el uniforme, mientras que con la otra se acariciaba la entrepierna por encima de la falda.

—Tienes razón... me gusta esa mentalidad —susurró Ochako.

Se acercó rápidamente a Izuku y, antes de que él pudiera reaccionar, le levantó la falda del uniforme. Ochako se quedó mirando el vacío invisible, viendo solo las bragas color verde oscuro que Izuku se había puesto. Sin mediar palabra, metió una mano bajo la tela y apartó las bragas hacia un lado, introduciendo dos dedos directamente en la intimidad húmeda de Izuku.

—¡Ahhh...! —un gemido agudo y desvergonzado escapó de los labios de Izuku, cuya espalda se arqueó instintivamente contra la pared. El cuerpo de Toru vibró ante la invasión, entregándose al placer de inmediato.

Ochako movió sus dedos un par de veces, sintiendo la reacción del cuerpo invisible, y luego los retiró lentamente. Con una mirada intensa, se llevó los dedos a la nariz, aspirando el aroma de Izuku, para luego pasárselos por los labios y la lengua.

—Kirishima... tú no eras así en tu vida anterior —logró decir Izuku, jadeando, tratando de recuperar el aliento mientras sus piernas aún temblaban.

Ochako se dio la vuelta para dirigirse a su propio dormitorio, pero se detuvo un momento para mirarlo por encima del hombro.

—La vida de Eijiro terminó con el resplandor, Midoriya. Ahora soy Ochako, y hay que probar cosas nuevas. Además, tú también tendrás que hacerlo si quieres sobrevivir a esta fusión. Es lo que toca.

Con un movimiento de caderas que Izuku nunca habría asociado con el antiguo Kirishima, ella entró en su habitación y cerró la puerta, dejando a Toru Midoriya solo en el pasillo, empapado y con el corazón latiendo a mil por hora bajo su piel invisible.

Toru Midoriya entró en su habitación, la que hasta hace unas horas era el santuario de un aspirante a héroe lleno de posters de All Might y pesas. Ahora, ese espacio se sentía extraño bajo sus pies invisibles. Dejó caer las maletas y las mochilas de mala gana y se lanzó sobre la cama, desparramándose boca abajo. El impacto de sus nuevos y pesados pechos contra el colchón le arrancó un gemido agudo que resonó en el cuarto silencioso. La sensibilidad era tal que el simple roce de las sábanas con sus pezones invisibles le enviaba oleadas de calor por toda la columna.

Se dio la vuelta, quedando boca arriba, y clavó la mirada en el techo. Su mente era un torbellino. La "fusión" de la que hablaba Ochako Kirishima era real; sentía que sus pensamientos analíticos de siempre estaban siendo invadidos por una capa de impulsos puramente físicos y femeninos.

Giró la cabeza hacia la ventana, observando el atardecer sobre la UA. Un pensamiento punzante cruzó su mente: su madre. Inko. ¿Habría sido ella parte de ese afortunado 1% que no cambió, o estaría ahora atrapada en el cuerpo de un desconocido? Y peor aún, ¿quién estaría habitando el cuerpo de su madre en ese momento? La idea de un extraño viviendo la vida de Inko le causaba escalofríos, pero el cuerpo de Toru reaccionaba a esa ansiedad transformándola en una vibración de excitación nerviosa que no podía apagar.

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Mientras tanto, lejos de la academia, en el acogedor y ahora silencioso apartamento, la atmósfera era radicalmente distinta.

Una mujer estaba sentada a la mesa del comedor, completamente desnuda. Comía con una voracidad mecánica mientras observaba en el televisor las noticias sobre el "Gran Cambio" y las nuevas leyes de identidad. Al terminar, se levantó con una pesadez dominante. Sus muslos estaban manchados; su intimidad chorreaba un rastro de deseo biológico que empapaba la silla, fruto de las potentes hormonas de una mujer madura que ahora reaccionaban a una mente oscura.

Dejó el plato en el fregadero con un golpe seco y soltó un eructo ruidoso, carente de cualquier gracia o feminidad. Se dio la vuelta y sus ojos se fijaron en una fotografía que adornaba la repisa: un niño peliverde con una sonrisa radiante junto a una mujer de la misma cabellera y ojos dulces. Debajo, una dedicatoria: *"Para Izuku e Inko"*.

La mujer se acercó a la foto. El cristal devolvió el reflejo de su rostro actual: era la cara de Inko Midoriya, con sus mejillas redondas y su mirada amable. Sin embargo, detrás de esos ojos verdes, no había rastro de la dulzura materna. Había una frialdad antigua y malévola.

—¿Ahora debería presentarme como Inko... o seguiría siendo **All For One**? —la voz salió con la voz de Inko, pero la cadencia era la de un emperador del mal burlándose del destino.

La idea de habitar el cuerpo de la madre del portador del One For All le resultaba una ironía exquisita. La fusión estaba trabajando rápido en él; sentía los instintos protectores y la lívido de Inko mezclándose con su sed de poder.

Sin molestarse en buscar ropa —la ropa de esa mujer le parecía insignificante y pequeña para su ego—, caminó hacia la puerta principal. Salió del apartamento tal como estaba, desnuda y con la piel brillando bajo las farolas de la calle, rumbo a la base de la Liga de Villanos. No le importaba el pudor ni el frío; sabía que ahora, bajo la nueva ley, ella era la dueña legal de la vida de Inko Midoriya, y si necesitaba ropa, simplemente compraría el mundo entero si quisiera. Tenía que ver qué piezas de su tablero habían cambiado de lugar, y qué nuevos instintos podría usar para destruir a la sociedad desde dentro del cuerpo de una madre "inocente".

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