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Chapter 3 by Guillermo_Jaen Guillermo_Jaen

¿Adonde va a ir Fiti?

A Marbella

El sol brillaba con una luz especial, rivalizando ferozmente con el frío de noviembre y el viento producido por el oleaje. Se levantó temprano, y alegre por primera vez, y salió de su casa sobre las 8. Durante el camino, condujo con emoción el BMW mientras escuchaba a todo volumen canciones de: Madonna, Lady Gaga, Tate McRae, Renée Rapp y Olivia Rodrigo; tanta era que en algunas partes de la autovía fue más rápido de lo permitido por la ley. Y sin contar tampoco que tuvo que demostrarle a uno que, aunque su BMW tenga el motor diesel más básico, seguía fundiéndose a los Volkswagen.

Ya habiéndolo aparcado, y comprobando de un vistazo que su automóvil era probablemente el más barato de la zona, caminó hacia la primera tienda, una de Rolex. Antes de entrar, se miró hacia abajo para comprobar que iba bien vestido para la ocasión; llevaba un jersey rojo sobre un polo blanco y unos vaqueros claros, acompañados de una chaqueta azul marino oscuro y su Longines. Estaba conforme con su vestuario.

Entró en la tienda y esperó a que alguien le atendiese, destacaba mucho sobre los pijos autóctonos y los influencers que se hacían los importantes. Estaba viendo un Daytona de oro amarillo y corona verde cuando una mujer, en sus 40 y que ya se había hecho un procedimiento estético, se acercó a él con una sonrisa de catálogo.

"Buenos días señor ¿Desea algo o simplemente está mirando" Preguntó con cortesía. Aunque Fiti no sabía se esta es verdadera o fingida.

"Estaba pensando en comprarme un reloj." Dijo como quien va a comprarse una camiseta. "Me ha tocado un dinero ¿Y qué mejor que gastarlo en algo que dura igual que los diamantes?" Explicó, haciendo un poco de gracia al final.

Sonrió elegantemente. "¿Y tenía pensado algún modelo en particular?" Consultó. Los jóvenes entran en la página web antes de comprarlos.

Ladeo la cabeza, asintiendo, y sonriendo de lado. "Tengo dos en mente, a ver si hay suerte y están disponibles." Respondió.

Hizo un gesto con su mano diestra, mostrando otra vez esa sonrisa de catálogo. "Sígame, por favor" Se limitó a decir, empezando a andar.

Fueron a su mesa de trabajo. Le dijo cuales quería, un Datejust de acero y esfera azul y un Day-Date como el de Tony Soprano, todo de oro; aunque también pidió que el bisel tuviese diamantes rectangulares y que el tamaño fuese de 40 milímetros en vez de los 36 estándar. Por suerte, el Datejust sí que estaba disponible, por lo que lo compró y reservó el Day-Date.

Ya en la calle, volvió al coche para guardar el Longines en la guantera y ponerse el Rolex. Aunque fuese de los más baratos que había, y que su material fuese el mismo que el del Longines, había algo que le hacía sentirse importante. Cierto que, en esta ciudad, ese reloj sería los que tendrían los sirvientes y la gente de clase más "pobre", pero eso no le quitaba el sentimiento.

Anduvo por el paseo marítimo, disfrutando del mar. Es curioso, él vivió mucho tiempo en la costa y nunca había hecho eso, caminar cerca de esta. No le gustaba la playa, y seguía sin gustarle; pero sintió que hoy era un día apropiado para hacerlo, aunque hiciese un frio que se exageraba con el viento marino y la humedad.

Después de unos 20 minutos llegó a su siguiente destino, el concesionario de Aston Martin. Puede que fuese una elección rara que para su automóvil exótico eligiese esa marca, ya que todo el mundo pensaba primero en Ferrari, Lamborghini, Bugatti y demás; pero él no quería ese tipo de coches, solo quería un GT con un motor gordo y con las comodidades de un Rolls-Royce o Bentley, y eso solo lo ofrecía la marca británica.

Entró en este y miró los modelos, esperando a que alguien le atendiese, aunque esta vez fue un poco menos aburrido que esperar en la boutique. Le gustaba los relojes, pero su pasión aparte de sus previsiones y fetiches son los automóviles.

Vio de reojo como esta vez un hombre joven, vestido con un traje de 3 piezas clásicos, se acercó a él con mucha prisa. "Buenas tardes, señor ¿Desea algo?" Consultó directo.

Dejó de mirar el DB12 con detalles en carbono. "Sí, comprar un DBS." Respondió de la misma forma. Le gustaba su actitud, era más rápida. "¿Es que tengo cara de bromear?" Preguntó, al ver como él le miraba incrédulo.

Sonrió y dejó escapar un resoplido. "Lo siento, es que la gente de su edad suele preferir otro tipo de vehículos. Otros más escandalosos que un Aston Martin." Se justificó sincero.

Sonrió también "Es que la gente de mi edad no tiene ni puta idea de automoción" Respondió obvio, pero sin sonar atacante.

Rio discretamente mientras le señalaba "Tú y yo nos vamos a llevar bien. Acompáñame." Concluyó divertido. Le había salido muy natural.

Ambos fueron a una habitación en donde había miles de muestras de pinturas y tapicerías. Fiti no se complicó mucho, al final del día no quería nada extravagante o que gritase vulgaridad. Por irónico que sonase, no necesitaba compensar nada.

El modelo elegido fue un Volante, de color verde británico oscuro y con detalles en plata o cromo, el interior es de cuero marrón crema e inserciones de madera. También lo cargo con todos los pocos extras de lujo que ofrecía la marca, aunque no le puso ninguno de rendimiento. Era un GT descapotable, no un coche de carreras.

Cuando terminó de configurarlo, y después de pagar una señal por él, también eligió ir a la fábrica de Aston Martin para recogerlo en persona y hacer unas pruebas con este antes de salir al mundo con él. En otras circunstancias, le hubiese parecido una pérdida de tiempo, pero cuando el vendedor le mencionó que estaría Fernando Alonso, le faltó tiempo para firmar el cheque.

Ya fuera del concesionario, con los papeles de reservar de su nuevo automóvil, volvió a su BMW. En el camino, miraba el paisaje con una sonrisa risueña y tarareaba internamente una canción. Eso se sentía ser millonario, y tenía que reconocerlo, se sentía de muerte. Aunque, es verdad que no toda su alegría venía por su nuevo nivel de vida.

Mientras conducía para Marbella, él llamó a una empresa de chicas de compañías de la zona. No quería perder la virginidad, pero sí que es verdad que quería probar cosas que en solitario no podía. Y eso de que una mujer le humillase e insultase y el tuviese que pagarle una cantidad de dinero desorbitada hacía que su pene se pusiese duro. Pero poca gente lo iba a notar, porque aún tenía puesto que el suyo midiese 2.5 cm como mucho.

Antes de reunirse con la señorita que le habían asignado, decidió pasarse por el centro comercial L'Ore. No quería llegar a casa sin un regalo para su madre y que era mejor que un bolso birkin. Cuando llegó, entró directamente en la boutique Hermes y empezó a verlos, decantándose al final por uno marrón claro ya que a su madre le gustaba ese color. Esperó detrás de una pareja de ancianos hasta que fuese su momento para pagar.

Habiendo llegado a la caja, le tomó unos segundos para reconocer a la chica del mostrador. "¿Nila, eres tú?" Preguntó, reconociendo a su antigua amiga de la infancia. Aparentemente, trabajaba en la tienda

A ella se le iluminó los ojos y abrió ligeramente la boca antes de hablar. "¿Fiti?" Hizo lo mismo que él, con ilusión. Ambos se sonrieron, hacía mucho tiempo que no se veían. "¿Pero qué haces aquí, comprando un birkin de 30.000 euros?" Preguntó, aun sorprendida, y confusa por la compra. Él no era de familia rica, sino de una madre soltera.

Rio con la garganta, sonriendo nervioso. "Es una larga historia." Respondió, rascándose la cabeza. "Creo que estoy ralentizando la cola." Dijo al oír la queja de uno que parecía seguidor de Llados.

Levantó su mano zurda "Espera un momento." Dijo antes de irse de la caja y hablar con una compañera suya. Poco después, ella se fue al almacén y esta compañera terminó de tramitar su compra. Justo cuando terminó de envolver el bolso para regalo, ella salió ya vestida con su estilo alternativo y aesthetic.

Salieron de la tienda y se fueron a un restaurante cercano. Ella no había cambiado nada, seguía siendo la misma chica en guerra con sus padres, que intentaba triunfar en el mundo de la música y que era igual de directa y testadura que la primera vez que se conocieron con 6 años. También, aunque fuese de forma rápida, él vio como su cuerpo aún seguía siendo el voluminoso y curvilíneo que más de una y más de dos veces aparecieron en sus fantasías.

Ya en el restaurante se pusieron al día. Eran casi 4 años sin verse en persona y habían pasado muchas cosas. Hablaron de los estudios, la pareja de ella, como a él le tocó la lotería y demás cosas. Parecía que el tiempo nunca hubiese pasado.

Ahora estaba rememorando viejas anécdotas, más en concreto, cuando le montaron una fiesta de despedida entre todos sus amigos. Se estaban riendo por algo que le pasó a Mario, un amigo en común. "Lo que yo no sé." Empezó a decir Nila, con su voz terciopelada, mientras agarraba su vaso lleno de Fuze Tea de maracuyá. "Es cuanto tuviste que beber para lamer las botas de Isabel en mitad del salón." Comentó graciosa, riéndose internamente. Isabel era su "exnovia" de cuando eran unos niños.

Se limitó a beber su Coca-Cola Zero mientras se ruborizaba y tenía una erección. A decir verdad, no había bebido mucho, solo un vozka-limón; pero es que ellos dos discutieron y, sin recordar muy bien el porqué, él terminó lamiendo las suelas de sus botas mientras ella lo insultaba. Fue la primera vez que llevaba sus fantasías al mundo real, y le gustó tanto que pensaba que se iba a correr allí mismo.

Medió sonrió nervioso "Nunca lo sabremos." Se limitó a decir, con medio vaso en la boca, para cerrar la conversación. Siguieron comiendo en silencio. "Así que ¿Sigues haciendo música?" Consultó para cambiar de tema.

Chasqueó los labios "Sí, mi novio y yo tenemos una banda con unos amigos y Sheila ¿La recuerdas" Respondió, viendo como asentía. "Pero es difícil, al final del día somos una banda de heavy metal española; no tenemos mucho nicho." Confesó, mostrando su frustración.

Se inclinó hacia delante. "¿Es por eso que trabajas en la tienda?" Preguntó, viendo como ladeaba de forma positiva. "Pues no sé, ahora que tengo dinero podría financiaros." Propuso natural.

Le miró extrañada, levantando una ceja "¿Desde cuándo escuchas algo que no sea Madonna o Lady Gaga?" Cuestionó su oferta.

Sonrió de lado. "He ampliado mi gusto musical en estos 4 años." Respondió. Según su madre, que al parecer la escuchaba, decía que lo hacía bien.

Comieron los postres y discutieron sobre si hacerse él productor musical o no. Al final quedaron en que próximamente él bajaría a Benalmádena y discutirían más tranquilamente sobre esa idea. Salieron del restaurante, se despidieron y se fueron por caminos opuestos.

Mientras iba al hotel en donde le esperaba la meretriz, Fiti empezó a recordar los viejos tiempos en los que vivía en Benalmádena, aunque rápidamente su mente se fue a uno muy en particular. En la fiesta, mucho después y sin saber muy bien cómo llegó allí, terminó en el armario de unas de las habitaciones justo en el momento en el que María, su crush de aquel momento, y Jackson, un afroamericano que fue de intercambio a su instituto y que, sinceramente, le molestaba le molestaba un poco, entraron en la habitación dándose el lote. Cualquier otra persona hubiese salido del armario, pero él, con 18 años recién cumplido como los otros dos, decidió quedarse mientras se desabrochaba el pantalón.

El sexo no fue bastante normal, siendo que lo máximo es que Jackson le hizo un cunnilingus a María y esta se puso a cuatro patas. Pero, la diferencia muy palpable de tamaño y que ella gemía como si fuese la mejor actriz porno, hizo que estuviese excitadísimo y a punto de correrse prematuramente varias veces. Al final terminó al mismo tiempo que Jackson, aunque su corrida terminó en su mano en vez de dentro de la mujer que le gustaba.

Ya en el hotel, se fue a la habitación 13 de la sección A1. Le recibió una mujer rubia pequeña pero esbelta, vistiendo una lencería de cuero de encaje y con una sonrisa francamente encantadora. Habiéndole dejado pasar, él se sentó en la cama. "Muy bien, señor English, usted dirá lo que quiere." Dijo con una voz alegre y aguda, utilizando el alias que le había dado.

Frunció su ceño curioso. "¿No estás como muy animada?" Consultó con respeto y sin sonar acusatorio.

Sonrió brevemente. "Es que soy bastante nueva en todo esto de ser una "chica de compañía". Creo que tengo más o menos tu edad." Confesó. Él tampoco parecía muy experimentado, no como sus otros clientes.

Frunció sus labios, asintiendo brevemente. Era interesante, no sabía porque, pero lo era. "Bueno, pues no perdamos más tiempo." Propuso, viendo como la chica ponía toda su atención en él. Se aclaró la garganta mientras controlaba la gracia nerviosa. "Quiero olerte, chuparte y follar tus axilas y que me enseñes a cómo hacer un oral en condiciones." Dijo con un poco de vergüenza. Para esta ocasión, se había permitido aumentar su tamaño máximo a 7 centímetros, más que nada para poder tener el encuentro más cómodamente.

Le miró extrañada, pudiendo apreciar sus grandes ojos azules "¿Y no quieres follar conmigo de forma normal?" Consultó sin juzgar. En este trabajo se abría mucho la mente.

"Es que me gustan cosas más de nicho." Contestó con arte.

"Anda mira, como mi novio. Aunque a él también le gusta que le ponga los cuernos, es uno de los motivos por el que tengo este trabajo ahora." Informó sorprendida y con cierta alegría. "Pero tienes razón, no perdamos el tiempo que luego tengo una cita y no quiero tener que cobrarte por pasarte de tiempo." Expresó, centrándose.

Ella se sentó en el centro de la cama, yendo Fiti a cuatro patas mientras veía como levantaba sus brazos para dejar ver sus axila. Eran blancas como la nieve, y suaves como una sábana de seda. No tenían ningún tipo de pliegue o rojez por irritación, y, viéndolas más de cerca, no tenía ningún vello que estropease las vistas que tenía. Eran las axilas más perfectas que jamás había visto.

Olio lentamente la derecha, dejando que su aroma penetrase su nariz. Estaba un poco sudada, pero hasta eso olía como una fragancia del Olimpo. Hipnotizado por el olor, llevó su mano diestra a su entrepierna y empezó a frotar con su dedo corazón el frenillo. Se dejó perder por el aroma, llegando rápidamente a su punto álgido, y eso que no se había configurado para correrse precozmente.

Pasó a la acción y empezó a lamerla como si fuese el mejor manjar del mundo. Cada vez que su lengua recorría cada centímetro de su suave piel, degustando la mezcla de su saliva con el sudor de ella, una nueva ola de placer le recorría ferozmente y le hacía creer que se iba a correr en el momento. Olas que se veían intensificadas cada vez que recordaba lo pequeño que era su miembro y que había que ser una clase muy especial de pervertido fetichista para pagar por una meretriz y únicamente centrarse en sus axilas. Si quisiera, podría perder la virginidad ahora mismo, pero no quería.

Teniendo ya sus calzoncillos mojados por tanto líquido preseminal, se levantó y bajó los pantalones a toda prisa para follarse la axila. Pudo ver como la meretriz se estaba riendo de su pequeño amigo de forma discreta, cosa que aumento más su calentura. La penetró, si se podía decir así, con rapidez, como si fuese un conejo. Gimiendo cada vez más mientras sentía como un orgasmo, de los potentes, recorría su pequeño miembro.

No sabía cuánto tardo exactamente, pero sabía que duró menos de un minuto. Y tenía razón con que su orgasmo fue de los grandes, porque dejó chorreando su axila. Antes de que ella pudiera reaccionar, él volvió a ponerse a 4 patas y la limpió con aun más pasión que chupaba su axila.

Ya habiéndola dejado limpia, se miraron un momento y se sonrieron. "Como experiencia ha estado bien." Confesó ella.

Asintió "Y ahora te voy a comer el coño." Recordó él. "Quiero que me guíes si lo hago mal." Pidió.

"Lo haré." Respondió un poco conmovida. No muchos hombres se tomaban la molestia de aprender eso. "Con esa cosa tan pequeñas vas a tener que satisfacer a las mujeres de otras formas." Añadió, burlándose un poco de él mientras hacía el gesto de pito-chico. Estaba claro que le gustaba la humillación.

Su pene, ya flácido, empezó a moverse frenéticamente mientras volvía a crecer. Ya en la zona íntima de la mujer, se impresionó un poco de su vagina. Ya las había visto en el porno, pero en persona impactaba más. Expiró por la nariz y llevó su boca a la entrepierna de la meretriz.

Movía su lengua de forma rítmica y lenta, concentrándose en la parte alta por estar allí el clítoris; también daba pequeños besos y succionaba tal y como había visto en vídeos y había leído en foros de internet. Se le tendría que dar bien, porque ella solo le corregía pequeñas cosas, empezando en poco tiempo una sinfonía de gemidos armónicos por su parte.

Tampoco sabía cuánto tiempo había pasado, solo sabía que su intimidad estaba mojada con una mezcla de sus fluidos y su saliva; y que su pene estaba erecto y temblando, pidiendo a gritos que lo tocase para poder correrse. Estaba en un trance que no quería que se acabase nunca. Pero ella le interrumpió para decirle que tenía que ir al baño.

Dejándose llevar por sus deseos más bajos, le pidió, casi rogo, que lo utilizase a él como váter; ella accedió. Él se puso de rodillas en el suelo enmoquetado y ella se sentó ligeramente sobre su boca, calculando por donde salía el chorro. Una vez sintió el líquido agrio en su lengua, se masturbo rapidísimamente con su dedo pulgar e índice.

Fiti sentía que estaba en un sueño, uno del que no quería despertar nunca. Con su boca y garganta inundada de pis, tragando a marchas forzadas mientras que la meretriz apretaba su cabeza hacia ella para que no se moviese, se corrió furiosamente mientras sonreía de felicidad. Había encontrado su sitió en la vida.

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