Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 4
by
Guillermo_Jaen
What's next?
La dualidad del hombre
Después de su pequeña escapada a Marbella, Fiti se dispuso a ir a la universidad. Era jueves y eso significaba que era el último día lectivo de esta semana, porque los viernes no tenía clase. Aprovechando que, cuando llegó a su casa, escribió en el libro que el BMW de su madre se convirtiese en suyo, dejándole a ella un nuevo X3; se visitó con la poca ropa “cara” que se compró, incluyendo su Longines, y fue a esta en su nuevo coche.
La universidad no estaba lejos, es más, él siempre iba andando más que nada para hacer un poco de ejercicio. Pero ahora no se tenía que preocupar por eso, ni por lo que le iba a costar dejar el BMW en el parking.
La clase trascurrió con normalidad y sin que nadie notase algún cambio en él. Tampoco es que lo estuviese buscando, es por eso que las cosas que se compró eran de “lujo silencioso” o como se llamase. Aun así, en el descanso de una clase a otra, en donde él estaba disfrutando de unas minis galletas recubiertas de chocolate blanco, Almisha se le acercó.
“¿Te has hecho algo?” Consultó, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos.
Sonrió y resopló, apartando momentáneamente la vista. “Es que he ido a Marbella y, ya que estaba allí, pues tuve que comprarme algo." Dijo natural. Ella le miró confusa "Es que me tocó la lotería." Añadió como si no fuese la gran cosa, ocultando que se le olvidó decirlo.
Abrió los ojos con mucha sorpresa, viendo si había alguna señal de que se tratase de una broma. "¿Que te ha tocado la lotería?!" Preguntó, elevando su voz al final por lo que significaba.
"Grítalo más alto, que hay gente en la facultad que no se han enterado." Contestó gracioso y empezando a reírse. Había sido una reacción muy graciosa.
Movió las manos como si fuese una italiana, haciendo sonar sus pulseras chapada en oro. "¡Pero responde a mi pregunta!" Exigió acercándose a él, sintiendo su corazón en la boca.
"Sí, me ha tocado. Por eso tengo ropa de Loewe." Respondió, entendiendo su emoción. Ella se alejó, viéndose como si hubiese recibido la noticia más importante del mundo. "Que, por cierto, me vas a tener que decir tu talla de anillo." Dejo caer sutilmente, continuando la broma del martes.
Levantó sus cejas y bajo la cabeza, sin saber a qué se refería. "Fiti, que lo del casamiento no iba en serio." Dijo, pensando que se lo habría creído.
"Eso ya lo sé, además comenzar una pareja por el casamiento es como empezar la casa por el tejado." Tranquilizó, viendo como pasaba un grupo de chicas a lo lejos. Volvió su concentración a su amiga. "Pero ¿A una cena me dejarás que te invite, no?" Consultó, llevando sus manos a los bolsillos, dejando sus pulgares afuera.
Le miró, sin poder ocultar mucho su ilusión. "¿Me quieres invitar a cenar en serio?" Quiso comprobar. A veces no sabía cuándo estaba en broma o cuando hablaba en serio.
Asintió. "¿Te parece bien a las 9?" Propuso.
Hizo lo mismo que él. "Ya sabes dónde está mi casa." Dijo, viendo por el rabillo del ojo como el profesor de la siguiente asignatura llegaba.
Ambos se fueron para clase. Ya en la noche, Fiti se vistió con el conjunto que más elegante que pudo pensar: Polo blanco y jersey azul marino de cachemir, ambos de Cortefiel; pantalones chinos beige claros del Zara; náuticos marrones y un abrigo largo gris, también del Zara; y, como guinda del pastel, su Longines. Cuando recogió a Almisha se quedó sorprendido. Era guapa de normal, pero ahora estaba sublime; estaba maquillada de forma natural, menos en los labios, que tenía un potente rojo fuego que combinaba con su vestido, que era bastante normal pero que le quedaba elegantemente bien. Le acompañaba unos pendientes y collar de perlas a juego y un abrigo peludo blanco hielo.
Fueron al restaurante "La Ro'", el más caro de Granada, que se situaba en lo más alto de los edificios más altos de la ciudad y que permitía una vista panorámica a toda esta. Aunque sonase raro, tanto que Almisha no se lo creyó, Fiti lo eligió completamente al azar, él buscó por internet restaurantes buenos en la ciudad y este fue el primero que le apareció.
Pasaron una velada muy agradable. Cierto que se notaba que ellos dos no encajaban en ese ambiente de asfixiante sofisticación, o que Fiti se quejase de las pequeñas porciones y Almisha de que gran parte de la carta tuviese carne de cerdo; pero nada que las anécdotas e intereses compartidos no pudiera alegrar.
"A decir verdad, Fiti." Empezó a decir Almisha, limpiándose la comisura de los labios con la servilleta de tela. "Me lo he pasado muy bien esta noche." Admitió, notando como se ruborizaba ligeramente.
Movió la copa llena de Coca-Cola como si fuese un vino. "Sí, la verdad es que yo también me lo he pasado bien, aun con la estafa que nos van a hacer por todo este pijerio." Concordó, bebiendo ya de esta, para luego inclinarse hacia delante. "Porque yo voy a salir como he entrado." Añadió en tono bajo y ciertamente gracioso.
Se tapó la boca para que su risa no se oyera mucho. "Como sois los andaluces, de verdad." Dijo, aun conteniéndose la risa.
En eso, los móviles de los dos sonaron. "Anda, hoy hay una fiesta." Dijo Fiti, al haber sacado rápido su Sony. "¿Qué me dices, te interesa?" Preguntó. Nunca había sido de fiestas, pero ¿Por qué no?
Chascó su lengua, guardando su Samsung. "Mañana madrugo." Declinó.
Resopló por la nariz, sonriendo incrédulo. "Mañana no hay universidad, y hasta donde yo sé no trabajas en ningún sitio." Argumentó con un tono listillo.
Sonrió de lado, viendo lo que estaba haciendo. "Ya, pero tengo que estudiar. Hay gente que le gusta sacar matrículas de honor." Respondió con una mezcla de inocencia y condescendencia.
Ambos se rieron y Fiti pidió la cuenta. Ya habiéndola pagado, él la llevó devuelta a su casa. Se quedaron a la entrada de esta.
Almisha giró su cabeza para verlo. "Entonces ¿Iras a la fiesta o no?" Preguntó.
Giró su cabeza para mirarla. "Solo un rato, no creo yo que aguante mucho más. Aparte, tengo que conducir, por lo que no puedo beber." Confesó. Le apetecía.
Aceptó su decisión. Ni que fuese su novia para prohibirle nada. "Ten cuidado." Pidió, acariciándole el brazo.
Se despidió de él con un beso en la mejilla, él vio como entraba a su casa. 30 minutos después, estaba en donde se celebraba la fiesta. Esta no era muy allá, la música alta, precios desorbitados, hombres desesperados por ligar y mujeres que se lo tenían creído hacía que esta fuese igual a cualquier otra a la que pudiese ir ahora mismo. Pero, estando en la barra, hubo alguien que le llamó la atención, su compañera Belissa.
Ella es italiana, la cual está haciendo el Erasmus este año, y que ya el primer día dejó encandilados a todo hombre y mujer sáfica de la facultad. Su pelo, liso y sedoso, estaba teñido de un rubio que lo único que hacía era elevar aún más su belleza. Sus facciones, finas y gráciles, depositaban toda su atención en sus grandes ojos felinos oscuros, uno que con solo verte podían enamorarte. Y, su cuerpo, siempre vestido elegantemente con piezas de alta costura italiana, como el vestido negro de Dolce&Gabanna que llevaba ahora mismo, dejaba ver una figura alta y delgada, pero que ya insinuaba un conjunto de curvas de lo más peligrosas. Era el tipo de mujer por lo que los hombres mataban.
No se le acercó, solo la miraba desde lejos, viendo como pobres incautos intentaban ligar con ella, solo para ser rechazados al momento. En la universidad se había ganado la fama de ser muy exigente con las compañías masculinas, cosa que no evitaba que algún incauto lo intentase de todas formas, rogando más desesperados que el anterior.
Fiti pensaba que se debía tener muy poca estima o ser especialmente masoquista para rogarle así a una mujer. Sí, a él le encantaba la sumisión, pero tenía la dignidad suficiente para no ir arrastrándose por el suelo. Estando aún inmerso en esos pensamientos, notó como ambos cruzaron miradas por unos segundos, notándose una especie de chispazo cuando ocurrió.
No sabía si lo había visto a él o a otra persona que estuviese cerca, pero, mientras ella seguía mirándole, sonrió de lado satisfecha y agarró al primer hombre que había, dirigiéndose a un lugar más privado. No entendió que había pasado, por lo que volvió a la barra para pedirse otro refresco y, si la música acompañaba, menear un poco el esqueleto.
Habiendo pasado un rato y habiendo olvidado completamente a Belissa, Fiti se encontraba en una zona de descanso, o al menos eso parecía con todos los sofás y sillones que había. Estaba tan concentrado en su bebida y en ver la pista de baile que no se fijó en que Belissa estaba a su derecha.
Cuando se dio cuenta, se levantó extrañado. "Belissa ¿Qué pasa?" Inició la conversación, sin entender muy bien el porqué de que estuviese con él. Apenas hablaban.
Lo examinó de arriba a abajo, parándose unos microsegundos en sus caderas, volviéndole a mirar y sonriendo alegre. "Necesito que me acompañes un momento afuera." Pidió, notándose su acento italiano marcado de la zona norte.
Frunció su ceño "¿No tienes a ninguna amiga que te pueda acompañar?" Preguntó confuso, mirando a los alrededores por si hubiese alguien.
Entrecerró los ojos muy brevemente antes de acercarse peligrosamente a él. "Es que quiero que me acompañes tú." Especificó, enterneciendo su voz y poniendo ojos de cordero.
Aceptó de inmediato, sin imaginarse su suerte. Mientras la seguía, sutilmente cambió los parámetros de su pene para que volviesen a su estado natural; no quería decepcionar a una chica, aun no. Llegaron a una zona apartada de la discoteca, una que parecía una especie de baños privados. Belissa entró en uno de este y Fiti la siguió.
Eran amplios y con toques lujosos. Belissa se sentó en una silla, cruzando sus piernas y levantando su tacón derecho y le miró expectante. "¿Qué quieres que haga?" Preguntó ingenuo y sin entender muy bien que quería.
Levantó sus cejas, pensando que estaba de broma. Cuando vio que no lo estaba, sonrió por su inocencia, digámosle así. "Quiero que me limpies la suela del tacón con tu lengua." Pidió como quien ordena un capuchino.
Rio nervioso, mirando por si había alguna cámara oculta. "Belissa, no sé qué ideas tienes de mí, pero es muy errada." Rechazó cortésmente. Había una parte de él que quería hacerlo, pero sus fetiches no estaban ganando a su lógica esta vez.
Ahogó una risa, incrédula. "Fiti, tú y yo sabemos lo que de verdad eres." Dijo, mirándole fijamente. "He de admitir que lo ocultas bien, casi me engañaste. Pero, si vas a ver porno en la biblioteca, por lo menos utiliza una VPN." Añadió, dejando que su mente rellenase el resto.
Se aclaró la garganta, intentando mantener la compostura mientras sentía como su corazón latía profundamente. "Me voy a ir antes de que sigas infundado calumnias sobre mí." Sentenció, aunque su voz tembló.
Hizo el ademán de irse. "Quieto." Ordenó. Aunque la parte lógica de Fiti no quería, su deseo ganó la batalla y la obedeció. Se giró, con la mirada baja, levantándose ella y acercándose mucho. "La primera prueba es que estás erecto, incluso diría que ya estás chorreando." Dijo mientras le palpaba la entrepierna. No estaba mal, había conocido a muchos de su tierra que la tenían más pequeña. "Te estoy ofreciendo la oportunidad someterte a mí, y hazme caso cariño, es una oferta única y de una sola vez." Explicó seria, penetrándole con su mirada, antes de acercase a su oído. "Así que ¿Vas a seguir negando tu naturaleza o te vas a poner de rodillas?" Preguntó en voz baja.
Se giró y volvió a sentarse en la silla, aunque esta vez Fiti se arrodilló y se arrastró a 4 patas, llegando a la altura de sus tacones de Christian Louboutin. Los empezó a lamer tímidamente al principio, pero entre que se estaba excitando de sobre manera, cosa que se mostraba en su bulto en la entrepierna con una pequeña mancha acuosa en la punta; y los susurros burlosos de la italiana, empezó a lamerlos con entusiasmo y como si fuesen el mejor manjar del mundo, aunque estos solo tuviesen la suciedad del suelo.
Estaba en trance mientras los lamía, teniendo los ojos cerrados. Aunque una luz fuerte se los hizo abrir, viendo como ella lo estaba grabando. "Belissa, tu puta madre, no me graves." Exigió nervioso mientras se alegaba de los zapatos.
Rio por su reacción. "No te preocupes, aun no me quiero arruinar la vida filtrando intimidades. Es para uso privado." Aseguró creíble.
Aunque existiese la posibilidad de que no fuese verdad, su pene mandó sobre él y volvió a disfrutar del polvo de las suelas. Estuvo así mucho tiempo, a juzgar por su boca seca, pero aun así no quería parar. No solo porque con cada lamida sentía un chispazo eléctrico que le hacía creer se iba a correr, sino que hacía un rato Belissa empezó a masturbarse lentamente ante la escena que tenía, llenando la habitación de gemidos eróticos y elegantes.
Ella movió sus pies, indicándole que parase. "¿Te ha gustado limpiar mis zapatos?" Preguntó con una mezcla de ingenuidad y calentura. Asintió fervientemente. "Pues acércate, que tienes que limpiarte la boca." Exigió, manteniendo el tono.
Cuando lo hizo, le agarró la mandíbula y le escupió en la boca varias veces, viendo como él la saboreaba y luego se la tragaba. "Buen chico, me pareces que te mereces una recompensa." Dijo con una sonrisa y guiándolo hacia su vagina. Él le quitó su ropa interior de encaje, revelando su vagina completamente depilada y cubierta de semen. "Es de Hassan, el del intercambio Argelino. Se como a los chicos como vosotros os encanta saber que chicas como nosotras follamos con árabes, y os gusta aún más comer su semen desde nuestra vaginas." Dijo obvia. Ya había conocido a muchos que estaban metidos en el juego de razas.
La pareció brevemente antes de lanzarse a ella y comerla apasionadamente. Sabía deliciosa entre sus fluidos y el semen que había fuera y dentro de ella. Que ella literalmente le estuviese utilizando como un trozo de papel solo hacía que se excitase más y la comise con más ganas. Tendría que estar haciendo bien, porque Belissa, aunque al principio intentó gemir controladamente, al final de su boca salía una sinfonía de gemidos agudos y electrizantes.
En un momento, ella le agarró la cabeza para masturbarse con su boca y corriéndose en esta, provocando que Fiti también se corriese ferozmente, ocultando sus gemidos en su vagina. "¿Tienes casa sola?" Preguntó, recuperándose de su orgasmo. Fiti negó, haciendo que chascase la lengua. "Que pena, lo comes bien. Aunque viendo que te has corrido sin tocarte, tienes que comerlo muy bien para que una chica quiera estar contigo." Se burló al ver la gran mancha en la zona de su entrepierna.
Miró hacia arriba, por estar aun de rodillas "¿Volveremos a hacer esto?" Preguntó, aun sin creerse que acababa de pasar.
Vibró sus dientes. "Sí, eres un buen sumiso." Indicó, levantándose de la silla y viendo que su vestido estaba bien. "Yo seré quien realice el contacto. E intenta conseguir una casa cuanto antes, que para algo has ganado la lotería." Ordenó mientras se lo abrochaba.
Volvió a asentir, teniendo una idea de cual y donde comprarla. Salieron de la zona y, ya en la general, cada uno se fueron por su lado. Fiti salió de la discoteca y se dirigió a su casa lo más rápido que permitía los límites de velocidad. Ya en esta, se fue en silencio a su cuarto, sacando el libro de una de las cajas de zapato de su armario - En donde lo estaba guardando de forma provisional. - y escribió en este:
Cuando me despierte, estaré en la casa de Tony y Carmela Soprano, de la serie "Los Soprano." Esta no estará decorada en su interior y se encontrará en la mejor zona del barrio Bulevar, de Jaén, España. La gente pensará que siempre ha estado allí y que yo viva allí estará completamente justificado. Lo único que habrá en la casa será los muebles y cosas de mi cuarto y mi Xbox Series X.
El libro también me acompañará, apareciendo una aplicación en mi móvil actual y futuros en donde podré utilizarlo como su formato físico.
Podré circular hasta 220 kilómetros a la hora sin que se me pueda multar o me puedan poner cualquier otra sanción, es más, la gente no tendrá la impresión de que voy a más de la velocidad permitida en cada una de las regiones en la que estoy o estaré.
Lo cerró, guardó, y se fue a dormir, procurando quedarse muy quieto para hacerlo muy rápido y así despertarse en su nueva casa lo antes posible.
What's next?
- No further chapters
- Add a new chapter
El poder de Dios
El descubrimiento
Fiti es el típico joven adulto de España. Estudiando el último año de universidad, con un trabajo de medio tiempo y una sensación de que el mundo se va a la mierda y todo el mundo culpa a su generación. Un día, encuentra un libro en la basura y, al abrirlo, descubre que este hace realidad todo lo que escriba en este. Cambiando para siempre su historia y convertirla en una de poder y sus deseos sexuales más profundos
Updated on Dec 7, 2025
by Guillermo_Jaen
Created on Nov 24, 2025
by Guillermo_Jaen
- All Comments
- Chapter Comments
