Octavo mandamiento
No mentirás ni te avergonzarás del sexo
El siguiente mandamiento era una prueba para todos los creyentes. Su congregación ya empezaba a ser conocida entre la ciudad. No pocos la trataban como una peligrosa secta. La verdad indiscutible que enseñaba Pelayo tendría pronto poderosos enemigos. Pero eso no debía acabar con la principal idea del pecador: Trasmitir sus enseñanzas al mundo entero. Todos debían conocer la verdad de Pelayo.
No mentirás ni te avergonzarás del sexo, grabaron en la pared, y todos los creyentes aceptaron ese objetivo para esa semana. Era el momento de "salir del armario". De proclamar tu fe y decirle al mundo que aun había esperanza.
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