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Chapter 107
by
bla12
¿Cómo termina la fiesta?
Con felicitaciones no esperadas
La noche avanzaba y el ritmo artificial de la fiesta se había estabilizado en un murmullo constante y lujoso. Magi era un torbellino de calma aparente, moviéndose por la cubierta con una eficiencia que le resultaba ajena y familiar a la vez. Cada corrección, cada orden susurrada y cada sonrisa forzada era un ladrillo más en el muro que levantaba entre su yo real y la capitana monstruosa en la que se estaba convirtiendo. Por fuera, era la anfitriona perfecta; por dentro, un campo de batalla.
Fue entonces cuando Alexander Vance se separó de su círculo. Su aproximación fue silenciosa, inevitable como la marea. Magi lo vio acercarse y se congeló, apretando la tableta contra su pecho desnudo como un escudo. Se preparó para el reproche: había fallado, May había colapsado bajo su guardia y ella no era más que una sustituta indigna.
Vance se detuvo frente a ella. En sus ojos no había ira, sino una evaluación fría y curiosamente satisfecha. Una sonrisa leve, casi imperceptible, jugueteó en sus labios.
—May te está entrenando bien —dijo, su voz un bajo ronroneo que cortaba el ambiente.
Magi parpadeó, sin comprender. Vance continuó, recorriéndola con el aprecio de un coleccionista que encuentra una pieza inesperadamente valiosa.
—Pensé que su indisposición arruinaría el tono de la velada. Un evento de este calibre es un mecanismo delicado. Pero has mantenido el control. La ilusión no se ha quebrado. Eso… tiene valor.
Las palabras impactaron en Magi como un puñetazo. No era un reproche; era un reconocimiento. Tiene valor. Tres palabras secas, carentes de calidez humana, pero eran lo más parecido a una aprobación que había recibido en una eternidad de humillaciones. Y no venían por su bondad o su inteligencia, sino por su capacidad para imitar a su carcelero.
Un calor extraño y vergonzante se extendió por su pecho. Era repulsivo y, a la vez, embriagador. Una parte malherida de su alma se hinchó con un orgullo perverso: Lo logré. Él sabe que tengo valor.
Vance asintió, como si hubiera resuelto una ecuación mental, y volvió a mezclarse con los invitados. Magi se quedó sola, con las palabras de Vance actuando como un veneno dulce en sus venas. Miró sus manos, las mismas que habían enderezado a Sofía con rudeza minutos antes. Ese era el valor que Vance apreciaba: el de una herramienta bien afilada. El de un espejo que reflejaba perfectamente la voluntad de su amo.
La última nota de jazz se desvaneció, reemplazada por el murmullo de los motores de los botes auxiliares. La fiesta había terminado. El Siren's Call quedó sumido en un silencio repentino y cargado.
La energía que había sostenido a Magi como un cable de acero se cortó de golpe, pero no se desplomó. Con una frialdad que le resultaba aterradoramente natural, cambió el interruptor. Ya no era la anfitriona; ahora era la jefa de logística.
—Lara, Cloe, al camarote de cambio. Ahora —ordenó. Su voz era áspera por el cansancio—. Quiero los trajes guardados en las bolsas de terciopelo en tres minutos.
Las chicas, que vestían solo sus minúsculas tangas tras la orden topless de la noche, obedecieron con una deferencia nueva. Sofía, aún desnuda tras el incidente del jacuzzi, comenzó a recoger las copas vacías. Magi supervisó cada movimiento, evitando mirar a Sofía directamente; era el único atisbo de humanidad que se permitía: no restregarle la vergüenza de su exposición absoluta.
Cuando el último bote estuvo a punto de partir, Magi hizo un recuento final. Se dirigió a un armario de servicio y sacó cinco batas de felpa gruesa. No fue una orden, sino un gesto fugaz antes de volver al mundo de May.
—Pónganselas —dijo con voz suave—. No volverán a casa así. No es parte del espectáculo y el muelle está expuesto.
Sofía tomó la prenda con dedos temblorosos, envolviéndose en la tela con un alivio que no se atrevió a expresar. Magi se quedó de pie en la cubierta, sola. La brisa nocturna le erizó la piel bajo su propia bata, pero apenas lo sintió. Su mirada se desvió hacia la escotilla de los camarotes. Allí abajo, en la penumbra, May estaba postrada, **** y fuera de combate. Por un instante, un impulso primitivo cruzó su mente: ¿Y si…?
Pero el impulso se desvaneció tras la máscara de eficiencia. Con un último vistazo para asegurarse de que el yate estaba impecable —limpio y silencioso, como si la orgía de voyeurismo nunca hubiera sucedido—, descendió al bote. No lo hizo con la torpeza de una invitada, sino con la precisión calculada de quien ha sido la última autoridad a bordo.
El motor ronroneó alejándose del Siren's Call. Magi no miró atrás. Mientras observaba las luces del puerto, su mente ya repasaba la noche, calculando riesgos y planeando el reporte que le daría a May. Por primera vez, ella había sido la que cerraba la puerta. Y en el silencio de la madrugada, una parte envenenada de su alma le susurraba que ese, y no otro, era su lugar.
¿May se recupera?
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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