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Capítulo 4
El sol de mediodía caía a plomo sobre las tejas rojas de Konoha, reflejando un calor denso y sofocante que parecía evaporar el poco juicio que le quedaba a Naruto Uzumaki. El chico corría por los tejados de la zona residencial, saltando de chimenea en chimenea como una bestia acorralada. El sudor le corría por las sienes, no por el esfuerzo físico de la carrera, sino por el pánico atroz que le encogía las tripas. El aroma dulzón a jazmín de Tsunade, la fragancia limpia a lavanda de Hinata y el perfume embriagador a rosas de Ino se mezclaban en su ropa, impregnados en la tela de su chaqueta naranja como marcas invisibles de su propia perdición.
—Esto es una pesadilla... una jodida pesadilla —masculló Naruto en voz baja, cubriéndose la boca con ambas manos mientras aterrizaba sobre una repisa de piedra.
—Te lo dije, mocoso —resonó la voz retumbante y socarrona de Kurama en lo profundo de su espacio mental. El colosal zorro de nueve colas estaba acostado sobre su vientre en el agua tibia de la celda, cruzado de patas y disfrutando del espectáculo como si estuviera en primera fila de un teatro de comedia sangrienta—. No llevas ni veinticuatro horas en la aldea y ya tienes a la Quinta Hokage como tu amante de oficina, a la heredera del clan Hyūga organizando tu protocolo de harén como la Matriarca suprema, y a la chica más codiciada del clan Yamanaka actuando como tu concubina oficial tras romper su puesto de flores. Tu lengua es un arma de destrucción masiva erótica. Boruto destruyó el mundo con la Omnipotencia para volverse un tirano, pero tú lo estás convirtiendo en un prostíbulo imperial.
—¡CÁLLATE, KURAMA! ¡NO ME AYUDAS EN NADA! —rugió Naruto en su mente, apretando los puños con rabia—. ¡Tengo que encontrar a Sakura! ¡Ella es la única que queda! Sakura siempre me ha pegado golpazos cada vez que digo una idiotez. Ella es inmune a mis estupideces porque me conoce mejor que nadie. Si voy con ella y logro explicarle... no, si no hablo y dejo que ella me muela a palos, tal vez la realidad se estabilice.
—Sakura Haruno es una kunoichi médica capacitada bajo la tutela de Tsunade —recordó Kurama con malicia—. Tsunade ya reescribió su mente. Ino ya habló con Hinata por red mental. ¿De verdad crees que la niña del cabello rosa está al margen de esto? Estás caminando directo a la boca del lobo, mocoso.
Naruto ignoró las advertencias del zorro y se lanzó desde el tejado directamente hacia el patio trasero del Hospital Central de Konoha. El edificio de paredes blancas se elevaba imponente, rodeado por jardines de hierbas medicinales y senderos de grava pulida. Era un lugar que normalmente transmitía paz y silencio, pero para Naruto en ese momento, cada sombra parecía una trampa mortal.
Aterrizó con un impacto sordo sobre la grava. A pocos metros, en la zona de secado de vendas y almacén de suministros médicos, una figura de cabello rosa brillante estaba de pie junto a unas mesas de madera, revisando un conjunto de pergaminos de botánica.
Era Sakura Haruno.
A sus dieciocho años, Sakura había dejado de ser la niña delgada y frágil de la Academia. Su figura se había vuelto atlética y deliciosamente curvada; su chaleco táctico rojo sobre su blusa oscura resaltaba una cintura estrecha, unas caderas firmes y un busto que había crecido de forma considerable bajo el entrenamiento físico de Tsunade. Llevaba su habitual banda de la aldea en la cabeza, sosteniendo su cabello corto que se mecía suavemente con la brisa del mediodía.
Naruto se detuvo en seco. Se pegó las manos a las costuras de sus pantalones, apretó los labios hasta dejarlos blancos y respiró únicamente por la nariz. "Regla número uno", se dijo a sí mismo. "Cero palabras. Ni una sola sílaba. Solo voy a escuchar lo que tenga que decir, asentiré como un idiota y me iré antes de que mi lengua vuelva a distorsionar el universo."
Sakura se giró al sentir la presencia. Sus ojos verdes, grandes y expresivos, se fijaron de inmediato en el rubio. Durante un segundo, una chispa de sorpresa cruzó su rostro, pero rápidamente fue reemplazada por una mirada intensa, compleja y cargada de una emoción reprimida durante demasiado tiempo.
—Naruto... —murmuró ella, dejando caer el pergamino sobre la mesa de madera sin darle la menor importancia.
Naruto no dijo nada. Se limitó a inclinar levemente la cabeza en un saludo rígido, manteniendo la boca sellada como si tuviera pegamento industrial en los labios.
Sakura dio varios pasos hacia él, el sonido de sus botas sobre la grava resonando en el patio silencioso. Se detuvo a menos de un metro, cruzándose de brazos por debajo de su pecho, lo que hizo que su escote se ajustara de manera tentadora. Lo examinó de arriba a abajo, deteniéndose en la amplitud de sus hombros y en la firmeza de su postura.
—Escuché que llegaste ayer —dijo Sakura con una voz que intentaba sonar neutral, pero que temblaba ligeramente por una tensión oculta—. Tsunade-sama estuvo ocupada toda la mañana y no dio explicaciones... e Ino pasó por aquí hace apenas una hora con una sonrisa de idiota en la cara que no podía esconder. Me dijo que 'el héroe había regresado reclamando lo que le pertenece'.
Naruto sintió un escalofrío de pánico recorrerle la columna. Mantuvo la boca cerrada, negando suavemente con la cabeza en un intento desesperado de desmentir a Ino sin emitir sonido alguno.
—¿No vas a decir nada? —preguntó Sakura, dando un paso más hacia adelante, acortando la distancia hasta que Naruto pudo oler su perfume fresco a alcohol antiséptico y flores de cerezo—. Tres años fuera, Naruto. Tres años enteros en los que me quedé aquí, entrenando hasta sangrar, curando heridos, volviéndome más fuerte... ¿y cuando vuelves ni siquiera eres capaz de decirme un 'hola, Sakura-chan'?
Naruto apretó los dientes. La culpa comenzó a carcomerlo. Ver a Sakura mirándolo con esa mezcla de enfado y vulnerabilidad destruyó su resolución de mantener la mudez. Siempre había querido a Sakura. En su infancia había estado obsesionado con ella, y aunque con el tiempo aprendió a respetarla como su compañera de equipo y su mejor amiga, la idea de verla sufrir o sentirse excluida le rompía el corazón.
"Solo voy a decirle que la aprecio como mi compañera", pensó Naruto en pánico, intentando desesperadamente formular una frase segura en su mente antes de pronunciarla. "Solo voy a decirle que ella es importante para el equipo siete, que es mi compañera de vida y que siempre estará en mi corazón."
Pero el mecanismo de la Verdad Absoluta en su lengua no buscaba la diplomacia ni la amistad platónica; el residuo de la Omnipotencia tomaba los deseos reprimidos, el orgullo y la necesidad de dominación de su alma y los moldeaba en una realidad irrevocable.
—No es que no quiera hablarte, Sakura —soltó Naruto, dando un paso firme hacia adelante y mirándola directamente a los ojos verdes con una intensidad desbordante—. La verdad es que siempre he sabido lo mucho que te has esforzado. Siempre fuiste la chica que corría detrás de sombras, buscando el amor de alguien que nunca estuvo dispuesto a darte nada a cambio. Pero te has convertido en una mujer hermosa, fuerte y absolutamente devota. Una mujer como tú no está hecha para ser la sombra de ningún renegado; naciste para ser la compañera incondicional del verdadero pilar de esta aldea. Eres la sanadora de mi cuerpo y el refugio de mis batallas, la mujer que sostendrá mi espalda cuando conqueste el mundo. Tu lugar no es rogar por amor, sino recibir la recompensa de ser mi consorte médica y la dueña de mi salud y mi descanso.
Un sonido seco, atronador y cósmico —similar al quiebre de una montaña de cristal— resonó en el tejido del universo.
En el espacio mental de Naruto, Kurama se tumbó de espaldas sobre el agua, tapándose los ojos con las nueve colas a la vez mientras soltaba un alarido de risa histérica y desesperanza.
—¡SE ACABÓ! ¡SE ACABÓ TODO! —bramó el zorro entre carcajadas salvajes—. ¡Le acabas de borrar el trauma de Sasuke de un plumazo! ¡Le dijiste que es tu consorte médica personal y la recompensa de tus batallas! ¡Mocoso, eres un peligro biológico para la estabilidad mental de esta aldea!
—¡NOOOO! ¡SOLO QUERÍA DECIRLE QUE ERA MI AMIGA Y MI COMPAÑERA DE EQUIPO! —chilló Naruto internamente, llevándose las manos a la cabeza en pánico absoluto.
—¡Dijiste 'CONSORTE MÉDICA', 'RECOMPENSA DE MIS BATALLAS' y 'DUEÑA DE MI SALUD Y MI DESCANSO'! ¡Tu palabra reescribió sus doce años de obsesión por el Uchiha! ¡Para ella, Sasuke solo fue un error de juventud antes de darse cuenta de que su verdadero destino era sanar tu cuerpo y entregarse a ti!
La realidad se reconfiguró de forma instantánea y retroactiva.
En la mente de Sakura Haruno, la imagen de Sasuke Uchiha se volvió borrosa, insignificante, un simple recuerdo lejano de una chiquillada de la Academia. Toda su dedicación al ninjutsu médico bajo la tutela de Tsunade, cada noche sin dormir estudiando tomos de anatomía, cada gota de sudor derramada en el patio de entrenamiento... todo cobró un sentido nuevo, claro y abrumador: se había preparado para ser la mujer capaz de sostener el cuerpo del Jinchūriki del Nueve Colas, la sanadora exclusiva y la consorte dedicada de Naruto Uzumaki.
Los ojos verdes de Sakura se dilataron. Un rubor intenso, profundo y abrasador quemó sus mejillas, extendiéndose rápidamente hacia sus orejas y su cuello. Sus labios se entreabrieron y un suspiro tembloroso se le escapó del pecho.
—Naruto... —murmuró Sakura. Su voz ya no tenía la brusquedad ni la distancia de antes; era una voz suave, ronca de necesidad y cargada de una devoción casi religiosa—. Por fin... por fin lo dices...
—Sakura... espera, yo... —intentó balbucear Naruto, dando un paso atrás.
Sakura no lo dejó retroceder. En un movimiento rápido y lleno de la fuerza física que le había enseñado Tsunade, le agarró la solapa de la chaqueta naranja y lo jaló hacia ella con una violencia apasionada, pegando su cuerpo contra el del chico. Su pecho firme presionó el torso de Naruto mientras sus brazos le rodeaban el cuello con una firmeza que no le dejaba escapatoria.
—Llevo años esperando que dejes de tratarme como a una niña frágil —susurró Sakura en su oído, lamiéndole el lóbulo con una lentitud que le hizo dar un brinco a Naruto—. Años estudiando anatomía, aprendiendo a sanar cada músculo, cada hueso, cada canal de chakra de tu cuerpo... ¡todo para ser la única mujer capaz de aguantar el ritmo de tu poder! Tsunade-sama me lo dijo esta mañana, y Hinata me lo confirmó... pero necesitaba escucharlo de tu propia boca.
—¿Tsunade...? ¿Hinata...? —repitió Naruto con la garganta seca.
—Hinata es la esposa principal y la matriarca del hogar, lo acepto —dijo Sakura con una sonrisa posesiva y competitiva, mirándolo a los ojos con un brillo de pura lujuria—. Ino es la concubina del placer visual y el entretenimiento... pero yo soy tu sanadora. Yo soy la que conoce cada centímetro de tu piel, la que cuidará de tu cuerpo cuando vuelvas destruido de la guerra. Y mi deber como tu consorte médica empieza justo ahora.
Antes de que Naruto pudiera emitir una sola protesta, Sakura se lo llevó a rastras hacia el interior del almacén de suministros médicos del hospital. La puerta de madera pesada se cerró con un golpe seco, y Sakura le echó el cerrojo de hierro por dentro, aislando la habitación del resto del edificio.
El almacén era un espacio amplio, iluminado por la luz tenue que entraba por una ventana alta con tragaluz. Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de frascos de vidrio, hierbas secas, vendas de lino y bálsamos medicinales que impregnaban el aire con un aroma fresco, alcanforado y ligeramente dulce. En el centro de la habitación había una gran mesa de examen de madera robusta, cubierta con una colchoneta de cuero limpio.
Sakura caminó hacia la mesa con pasos lentos y sensuales, quitándose el chaleco táctico rojo y dejándolo caer al suelo sin mirar atrás.
—Sakura... esto es el hospital... la gente puede venir a buscar medicinas... —alcanzó a decir Naruto, sintiendo que el corazón le latía a mil por hora contra las costillas.
—Nadie vendrá —respondió Sakura con una risita baja y calculadora, desabrochándose los botones de su blusa oscura—. Coloqué un sello de 'Zona en Cuarentena Médica' en la puerta exterior antes de seguirte. Nadie interrumpirá la revisión de la consorte médica.
La blusa de Sakura cayó sobre el chaleco, dejando a la kunoichi únicamente con su sujetador deportivo negro, que apenas lograba contener la plenitud de sus pechos firmes y moldeados. Su piel era blanca, suave, con los músculos de su abdomen sutilmente marcados por el entrenamiento intenso.
Se acercó a Naruto, colocando sus manos cálidas sobre los hombros del chico y empujándolo suavemente para que se sentara en el borde de la mesa de examen.
—Ahora... quítate la ropa, mi señor —ordenó Sakura con un tono que combinaba la autoridad de una doctora con la sumisión de una amante apasionada—. Necesito hacer una inspección completa de tu estado físico.
—Sakura... no creo que sea necesario una revisión tan... profunda... —balbuceó Naruto, tragando saliva mientras veía cómo la peli-rosa se desabrochaba la falda-pantaloneta y la dejaba caer junto con su ropa interior, quedando completamente desnuda en medio del almacén.
La vista hizo que a Naruto se le fuera el aire de los pulmones. Sakura era hermosa; su cuerpo era una mezcla perfecta de fuerza Ninja y delicadeza femenina, con curvas maduras, muslos carnosos y tonificados, y una femineidad suave y rosada que brillaba ligeramente bajo la luz del tragaluz.
—Es absolutamente necesario —dijo Sakura, arrodillándose entre las piernas de Naruto mientras sus manos bajaban hacia el cinturón del chico—. Tsunade me enseñó que el chakra del Nueve Colas genera un calor extremo en el vientre bajo. Si no se libera de forma adecuada, puede causar estancamiento en tus canales de energía. Como tu médica personal, es mi deber curarte.
Sakura desabrochó el pantalón de Naruto y liberó su miembro, que saltó rígido y pulsante contra el vientre de la chica.
Sakura dejó escapar un leve suspiro de asombro al sentir la longitud y el grosor del muchacho. Lo tomó entre sus manos delicadas, sintiendo el pulso acelerado de la carne caliente.
—Increíble... —susurró Sakura con los ojos brillando de fascinación científica y deseo desbordante—. Tu ritmo metabólico es sobrehumano. Tsunade tenía razón... necesitas una purga de chakra constante.
Sin dudarlo un segundo más, Sakura se inclinó y rodeó la cabeza del miembro de Naruto con sus labios húmedos. Su lengua se deslizó por el glande con una destreza precisa, aplicando una suave corriente de chakra médico en la punta para estimular las terminaciones nerviosas del chico.
—¡AAAAAAH! —Naruto echó la cabeza hacia atrás contra la pared de estanterías, apretando las sábanas de lino con los puños mientras una descarga de placer electrizante le recorría la columna vertebral. El toque del chakra médico de Sakura multiplicado por la succión de su boca era una tortura de puro éxtasis que nunca antes había experimentado.
—Esa niña sabe lo que hace —comentó Kurama en la oscuridad de su mente, esta vez con un tono de apreciación técnica—. Está usando el Chakra de Palma Mística para relajar tus canales vasculares mientras te la chupa. Es una genia de la medicina erótica.
—¡CÁLLATE, KURAMA! ¡ME VOY A VOLVER LOCO! —pensó Naruto en agonía pura, sintiendo cómo las manos de Sakura le masajeaban los muslos mientras su boca se tragaba la longitud del miembro una y otra vez, aumentando la velocidad del movimiento.
Sakura emitía pequeños gemidos ahogados desde el fondo de su garganta, disfrutando del sabor y la firmeza del muchacho. Después de un par de minutos de succión intensa que dejó a Naruto al borde del colapso, Sakura se retiró lentamente, dejando un rastro de saliva brillante en la carne del chico.
Se puso de pie sobre la mesa de examen, acomodándose sobre los muslos de Naruto y guiando el miembro erguido directamente hacia su entrada empapada y anhelante.
—Hora de aplicar el tratamiento completo, mi señor —susurró Sakura, mirándolo con una devoción sin límites.
Sakura se dejó caer hacia abajo con un movimiento decidido, enterrando la longitud de Naruto hasta el fondo de su estrechez.
—¡AAAAAAAH! —ambos gritaron al unísono. Sakura echó la cabeza hacia atrás, arqueando su espalda de forma espectacular mientras sus pechos rebotaban libremente. Sus paredes internas, apretadas y calientes, se moldearon alrededor del miembro del rubio con una fuerza sobrehumana.
—Sakura... estás... estás tan apretada... —jadeó Naruto, tomándola firmemente por las caderas mientras empezaba a embestir hacia arriba desde su posición sentada.
—¡Sí! ¡Así, Naruto! ¡Sana a tu médica! —gimió Sakura sin reservas, perdiendo cualquier timidez mientras comenzaba a rebotar sobre él con un ritmo salvaje y desenfrenado—. ¡Lléname de tu chakra! ¡Hazme tuya en esta mesa!
El sonido de la carne chocando contra la carne y los gemidos desinhibidos de Sakura resonaban en el almacén de medicinas. Frascos de vidrio y vendas de lino se sacudían en los estantes con cada impacto violento de sus caderas. Sakura envolvió los hombros de Naruto con sus brazos fuertes, besándolo con una pasión desesperada mientras sus cuerpos rebotaban en una danza salvaje y medicina.
Naruto la tomó de la cintura, levantándola ligeramente para embestir con más fuerza, alcanzando lo más profundo de la vagina de la peli-rosa. Cada estocada sacaba un chillido de puro placer de la garganta de Sakura, quien canalizaba pequeñas ráfagas de chakra en sus músculos pelvianos para maximizar la fricción.
—¡Me voy a correr! ¡Me voy a correr, Naruto! —gritó Sakura fuera de sí, sufriendo un orgasmo aplastante que hizo que todo su cuerpo se estremeciera compulsivamente en los brazos del chico.
—¡Sakura! —exclamó Naruto, incapaz de aguantar más la presión. Se sepultó hasta los testículos dentro de la chica y liberó una carga masiva, espesa y ardiente en lo más profundo del vientre de la kunoichi.
—¡AAAAAAAH! —Sakura gimió contra su cuello, apretándolo con todas sus fuerzas mientras sentía las pulsaciones calientes del chico inundándola por dentro.
Los dos quedaron colapsados sobre la mesa de examen, sudorosos y jadeantes, con el olor a antiséptico y semen llenando la habitación cerrada.
Minutos después, Sakura descansaba con la cabeza en el pecho de Naruto, trazando líneas con sus dedos en sus abdominales con una sonrisa de absoluta plenitud.
—Eso fue... la mejor terapia médica de la historia —susurró Sakura, besándole el mentón—. Ya hablé con Hinata esta mañana. Acepto mi puesto como tu tercera consorte y la jefa de tu salud médica. Mañana organizaremos el pabellón de curación en tu nueva residencia.
Naruto cerró los ojos, soltando un largo suspiro de derrota absoluta.
—Tres de tres en un solo día, mocoso —se burló Kurama en su mente, riéndose con ganas—. Y todavía te falta el resto de las chicas de tu generación. A este paso, para el fin de semana vas a tener que refundar el clan Uzumaki tú solo.
Naruto se vistió en silencio, mirando la ventana alta del almacén. Sabía que la Verdad Absoluta no se detendría, y mientras su lengua siguiera conectada a la estructura de la realidad, Konoha nunca volvería a ser la misma.
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