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Capítulo 5
Naruto salió del almacén del hospital por una ventana lateral, deslizándose entre las sombras de los callejones traseros para evitar a cualquier enfermera o transeúnte. Se ajustó la chaqueta naranja con manos temblorosas, sintiendo que el tejido estaba cargado de una mezcla abrumadora de aromas: la fragancia madura a sake y jazmín de Tsunade, la lavanda pura de Hinata, las rosas silvestres de Ino y ahora el toque fresco y antiséptico a cerezo de Sakura.
Se apoyó contra el muro de ladrillo rojo de un callejón estrecho, llevándose ambas manos a la cabeza mientras dejaba caer el cuerpo hasta quedar sentado en el suelo.
—Esto no es real... no puede estar pasando —murmuró Naruto, apretando los dientes hasta que le dolieron las mandíbulas—. Es una locura. Tsunade, Hinata, Ino, Sakura... En menos de veinticuatro horas he reescrito sus vidas enteras. Y lo peor es que para ellas esto es completamente normal. Se están coordinando, están hablando entre ellas por red mental, están planificando una residencia oficial como si fuera la cosa más lógica del mundo.
—Te lo dije desde el primer segundo, mocoso obstinado —resonó la voz profunda y socarrona de Kurama en el fondo de su mente. El inmenso zorro de nueve colas se acomodó sobre sus garras dentro de la celda de su espacio mental, soltando un resoplido de aire caliente que hizo vibrar el agua en los tobillos de Naruto—. La Verdad Absoluta no es un jutsu que puedas activar y desactivar con un sello de mano. Es una ley conceptual. Tu lengua es la pluma que reescribe la historia de este mundo. Boruto usó la Omnipotencia para arrebatarte tu vida y convertirte en un criminal, pero tu deseo reprimido de ser reconocido, amado y respetado está moldeando la realidad a escala masiva.
—¡Yo no quería esto! —protestó Naruto en sus pensamientos, apretando los puños sobre sus rodillas—. ¡Yo solo quería regresar al pasado, entrenar, volverme más fuerte y proteger a todos de los Otsutsuki! ¡No quería convertir la aldea en un harén personal!
—Pues tus palabras dicen todo lo contrario —se burló Kurama, dejando escapar una risotada baja que retumbó en las paredes de la mente del chico—. Cada vez que intentas 'arreglar' las cosas o sonar como un hombre maduro frente a una chica, tu boca suelta una declaración categórica. Le diste a Hinata el título de Matriarca Suprema, a Ino el de consorte de la pasión, a Sakura el de sanadora personal de tu cuerpo, y a Tsunade la convertiste en tu amante secreta de oficina. ¿Qué crees que va a pasar cuando te cruces con el resto de las kunoichi de tu generación? Tenten, Temari, Karui cuando venga de la Nube... Estás a una sola frase mal dicha de adueñarte de todas las mujeres del mundo shinobi.
Naruto soltó un gruñido de frustración y se puso de pie de un salto.
—No voy a hablar con nadie más —declaró en voz baja, mirando hacia el cielo despejado de la tarde—. Me iré a los bosques de entrenamiento fuera de la pared de la aldea. Me quedaré allí acampando solo, entrenando Senjutsu o lo que sea necesario, hasta que encuentre la forma de romper esta distorsión de mi lengua. Si no me acerco a ninguna mujer, la Verdad no tendrá nada que reescribir.
Con esa resolución de hierro en la mente, Naruto saltó hacia los tejados, esquivando las avenidas principales. Se movía como una sombra naranja y negra, usando los puntos ciegos de las torres de vigilancia para dirigirse hacia la puerta norte de Konoha.
Sin embargo, el destino —o la amarga ironía de la Verdad Absoluta— tenía otros planes.
Al cruzar por el sector del campo de tiro de armas shinobi, cerca de las zonas de entrenamiento del clan Lee y la armería central, un sonido metálico y rítmico cortó el aire. ¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG! El impacto preciso de kunais y shurikens golpeando el centro exacto de dianas de madera a velocidad sobrehumana resonaba en la arboleda.
Naruto intentó desviarse hacia la izquierda para pasar de largo, pero una sombra se cruzó en su trayectoria desde las ramas de un roble gigante, aterrizando de pie justo en el centro del sendero de tierra por el que corría.
—¡Hey! ¡Naruto! —exclamó una voz firme, directa y llena de energía juvenil.
Naruto frenó en seco, clavando los talones en la tierra y levantando una nube de polvo.
Frente a él estaba Tenten.
A sus dieciocho años, la experta en armas del Equipo Guy había dejado atrás la apariencia infantil para convertirse en una kunoichi de una agilidad y belleza atlética impresionante. Llevaba su habitual blusa china de color blanco con bordados rojos, ceñida al cuerpo, y pantalones oscuros holgados que resaltaban la firmeza de sus piernas y la flexibilidad de su cintura. Su cabello castaño estaba recogido en sus dos característicos moños altos, y en sus manos sostenía un enorme pergamino de invocación de armas de varios metros de largo.
Naruto se quedó paralizado, dando un paso atrás por puro instinto de supervivencia. Se pegó la mano derecha a la boca, sellando sus labios con una presión desesperada mientras la miraba con los ojos desorbitados.
Tenten ladeó la cabeza, observándolo con una mezcla de diversión y curiosidad. Guardó el pergamino en su funda de cuero trasera y caminó hacia él con pasos ligeros y seguros.
—¿Qué te pasa, Naruto? —preguntó Tenten, sonriendo de lado mientras se cruzaba de brazos por debajo de su pecho firme—. Pareces un gato asustado. Escuché que llegaste ayer a la aldea tras esos tres años de viaje con Jiraiya-sama. Me dijeron que estabas recorriendo Konoha como si tuvieras prisa por ver a todos.
Naruto no emitió ni un solo sonido. Mantuvo la mano sobre su boca, negando rígidamente con la cabeza mientras intentaba rodearla para seguir su camino hacia los muros exteriores.
—Oye, no te hagas el misterioso conmigo —dijo Tenten, dándole un golpecito juguetón con el codo en las costillas al pasar a su lado—. He estado entrenando todo el día lanzando armas porque Neji y Lee están en misiones fuera de la aldea. Estaba aburrida hasta que apareciste. Mírate... has crecido bastante. Ya no tienes la cara de niño de antes.
Naruto apretó los dientes detrás de sus dedos. "No hables. No digas nada. Solo sonríe, asiente y sal corriendo", se repitió en su mente como una oración desesperada.
Tenten dio un paso más cerca, reduciendo la distancia hasta que Naruto pudo oler el aroma fresco a metal pulido, cuero y el ligero sudor de su entrenamiento en la piel. Sus ojos castaños, brillantes y afilados como la hoja de una espada, lo examinaron con una atención que hizo que al chico se le helara la sangre.
—Sabes... Ino pasó por el puesto de armas hace un par de horas —comentó Tenten con un tono casual, pero con una chispa de picardía en la mirada—. Tenía una sonrisa extraña y estaba comprando ciertos aceites de lubricación de pergaminos... pero me dijo algo muy raro. Me dijo que 'la estructura del hogar Uzumaki se estaba organizando' y que Hinata y Sakura ya habían tomado sus posiciones como la esposa principal y la médica del clan. Me dijo que si yo quería proteger el arsenal del futuro líder de la aldea, debía venir a buscarte.
Naruto sintió que el mundo volvía a dar giros violentos bajo sus pies. ¡Ino! ¡Ino ya había hablado con Tenten antes de que él pudiera escapar de la aldea! La red de comunicación entre las chicas estaba funcionando con una eficiencia aterradora.
La presión en el pecho de Naruto se volvió insoportable. Ver a Tenten mirándolo con esa mezcla de coquetería, desafío y expectativas hizo que su orgullo y su torpeza social se dispararan nuevamente. Quería aclararle que no había ninguna necesidad de que ella se involucrara en este desastre, que ella era una kunoichi independiente, la mejor especialista en armas de la aldea, y que no tenía por qué seguir los juegos de Ino o Hinata. Quería decirle que la respetaba profundamente por su fuerza y su dedicación al entrenamiento.
Y fue precisamente esa intención de halagar su fuerza e independencia la que activó el mecanismo mortal de su lengua.
Naruto retiró la mano de su boca y dio un paso firme hacia adelante, mirando a Tenten a los ojos con una convicción abrumadora.
—No tienes que escuchar las tonterías de Ino, Tenten —dijo Naruto, con una voz profunda, clara y cargada de una seguridad absoluta que resonó en todo el claro del bosque—. Tú no eres una chica que necesite recibir órdenes de nadie. Siempre has sido la kunoichi más precisa, hábil y disciplinada de nuestra generación. Una mujer con tu destreza con las armas, tu cuerpo tonificado y esa pasión incansable por el entrenamiento no está hecha para quedarse mirando desde la línea trasera. Naciste para ser la Maestra de Armas de mi vida, la custodia de mi arsenal privado y la concubina guerrera que mantendrá mi cuerpo en forma en los combates más salvajes. Tu lugar está a mi lado, dominando el arte del acero y entregándote a mí con la misma precisión mortal con la que clavas un kunai en el blanco.
Un chasquido metálico, estruendoso y ensordecedor —como el choque de diez mil espadas sagradas rompiéndose al mismo tiempo— retumbó en la fábrica misma del universo.
En el espacio mental de Naruto, Kurama se dejó caer de bruces sobre el agua tibia de la celda, soltando un gemido agónico de desesperación mientras se cubría las orejas con las patas.
—¡Maldita sea tu existencia, Uzumaki! ¡¿Es que no puedes estar tres minutos sin reclutar a otra para tu ejército de concubinas?! —rugió el zorro en pánico—. ¡Le dijiste que es tu 'Maestra de Armas', tu 'concubina guerrera' y que debe entregarse a ti con 'precisión mortal'!
—¡NO! ¡SOLO QUERÍA DECIRLE QUE ERA UNA BUENA KUNOICHI Y QUE NO LE HICIERA CASO A INO! —chilló Naruto en su cabeza, mesándose el cabello con ambas manos.
—¡A la Verdad le importa un demonio lo que querías decir! ¡Tus palabras reescribieron la mente de la especialista en armas! Para ella, sus tres años de entrenamiento no fueron para superar a los legendarios Sanin, sino para convertirse en la consorte guerrera capaz de dominar tu cuerpo en la cama y en el campo de batalla.
La realidad se reconfiguró de forma retroactiva en un pestañeo.
Para Tenten, la conversación no causó la menor sorpresa. Sus ojos castaños se dilataron por un segundo mientras su cerebro ajustaba años de recuerdos. La imagen de Neji Hyūga o Rock Lee como sus compañeros de entrenamiento se transformó en su mente: ellos eran solo sus camaradas de escuadrón, mientras que su verdadera meta, la razón secreta por la que había perfeccionado el uso de pergaminos de almacenamiento y técnicas de combate cuerpo a cuerpo, era convertirse en la pareja de combate e intimidad de Naruto Uzumaki.
Un rubor ardiente y profundo cubrió el rostro de Tenten, extendiéndose por sus mejillas hasta sus orejas y su cuello. Sus labios se entreabrieron y una sonrisa atrevida, llena de un deseo competitivo y una devoción guerrera, se dibujó en su rostro.
—Vaya... por fin lo dices en voz alta, Naruto... —murmuró Tenten, dando un paso lento hacia él mientras desabrochaba el primer botón de su blusa china de entrenamiento—. Llevo tres años mejorando mi flexibilidad, mi resistencia física y mi control de armas... ¡todo para estar a la altura de tu chakra! Ino tenía razón... eras tú quien tenía el control de todo desde el principio.
—Tenten... espera, yo no quería... —intentó balbucear Naruto, dando tres pasos atrás.
Tenten no le dio la menor oportunidad. Con una velocidad felina perfeccionada por años de entrenamiento con herramientas ninjas, se lanzó hacia adelante. Antes de que Naruto pudiera reaccionar, Tenten desenrolló un pequeño pergamino de su cinturón con un movimiento de su muñeca. Un destello de humo blanco se liberó, y de él surgieron varias cuerdas de seda reforzada con chakra que se enredaron instantáneamente alrededor de las muñecas y el torso de Naruto, pegándolo contra el tronco de un árbol gigante del bosque.
—¡Hey! ¡¿Qué haces?! —gritó Naruto en pánico, intentando liberarse, pero la seda reforzada con chakra apretaba sus músculos con una precisión quirúrgica.
—Asegurando a mi objetivo —dijo Tenten con una sonrisa depredadora y sensual, caminando hacia él mientras se quitaba la blusa china y la dejaba caer sobre la hierba del bosque—. Como tu Maestra de Armas y concubina guerrera, es mi deber someterte cuando te pones terco. Hinata me dijo por la red mental que eres un hombre de decisiones rápidas, pero en el combate de la intimidad, la precisión es lo que cuenta.
La vista dejó a Naruto sin aliento. Tenten llevaba únicamente un top ajustado de malla sobre sus pechos firmes, levantados y tonificados, que se marcaban con fuerza bajo la tela. Su vientre plano lucía los músculos abdominales perfectamente definidos de una atleta de alto rendimiento, y sus caderas carnosas se movían con una gracia peligrosa mientras se quitaba los pantalones de entrenamiento y su ropa interior, quedando completamente desnuda en medio del clarosol del bosque.
—Tenten... estamos al aire libre... en la zona de entrenamiento... alguien puede vernos —protestó Naruto, sintiendo que la temperatura de su cuerpo se disparaba al ver la belleza escultural y musculosa de la kunoichi.
—Desplegué una barrera de sellado de humo a cien metros a la redonda antes de interceptarte —respondió Tenten con una risita provocativa, acercándose al chico atado contra el árbol—. Nadie puede ver ni oír lo que pasa dentro de este perímetro. Este es nuestro dojo privado, Naruto.
Tenten se colocó frente a él, pasando sus manos suaves pero firmes por el torso al descubierto de Naruto, sintiendo la firmeza de sus abdominales. Se desabrochó los pantalones del chico con una mano experta y liberó su miembro rígido y pulsante, que saltó con fuerza contra su abdomen desnudo.
Los ojos castaños de Tenten se abrieron de par en par al ver el tamaño y la densidad del chico.
—Por los dioses de las armas... —susurró Tenten, pasándole la lengua por el labio inferior con una mirada de puro deseo—. Sakura e Ino no exageraban. Esto no es una herramienta común... es un arma legendaria de clase S. Y como la especialista en armas de esta aldea, voy a aprender a dominarla por completo.
Tenten no esperó más. Se inclinó hacia adelante y rodeó la cabeza del miembro de Naruto con sus labios carnosos, tragándoselo de un solo movimiento fluido hasta el fondo de su garganta. Su lengua, entrenada en la precisión y la agilidad de los sellos de mano, comenzó a masajear el glande de Naruto con un ritmo rítmico, rápido y perfectamente calculado.
—¡AAAAAAH! —Naruto echó la cabeza hacia atrás contra la corteza del árbol, apretando los dientes mientras una ola de placer abrumador le recorría la columna. La cavidad bucal de Tenten estaba caliente, apretada, y su técnica de succión combinada con el movimiento ágil de su lengua era una tortura de puro éxtasis que amenazaba con hacerlo explotar en cuestión de segundos.
—Esta chica tiene una técnica de succión digna de un maestro de taijutsu —comentó Kurama en su mente, esta vez soltando una risotada resignada—. Mueve la lengua con la misma velocidad con la que lanza mil kunais. Estás perdido, mocoso.
—¡CÁLLATE, KURAMA! —pensó Naruto en agonía pura y placer absoluto, sintiendo cómo los amarres de seda en sus muñecas se tensaban mientras él se retorcía contra el tronco.
Tenten aumentó la velocidad de la succión, usando sus manos para masajear las piernas de Naruto mientras sus labios creaban un vacío perfecto alrededor de su carne erguida. Después de un par de minutos de una felación feroz que dejó a Naruto al borde del clímax, Tenten se retiró con un leve pop húmedo, dejando un rastro de saliva brillante en la punta del chico.
Se acomodó frente a él, levantando una de sus piernas tonificadas para apoyarla en una rama baja del árbol, exponiendo su femineidad empapada y rosada a la luz del sol que se filtraba entre las hojas.
—Hora de probar la efectividad del acero, mi señor —susurró Tenten con una mirada de desafío y devoción.
Tenten tomó el miembro erguido de Naruto y lo guio directamente hacia su entrada. Con un movimiento rápido y decidido de sus caderas, se empaló por completo sobre el chico, enterrando la longitud del rubio hasta el fondo de su estrechez.
—¡AAAAAAAH! —un grito agudo y lleno de placer se le escapó a Tenten, apoyando sus manos en el pecho de Naruto mientras sus paredes vaginales, extremadamente musculosas y tonificadas por el entrenamiento, se apretaban rítmicamente alrededor del miembro del chico con una fuerza sobrehumana.
—Tenten... eres... eres tan estrecha... —jadeó Naruto, sintiendo la presión increíble de la kunoichi.
—¡Es el entrenamiento de control muscular! —gimió Tenten sin reservas, comenzando a rebotar sobre él con un ritmo salvaje, preciso y rápido, empujando sus caderas contra el cuerpo atado de Naruto una y otra vez—. ¡Puedo apretarte tanto como quiera! ¡Puedo moldear mi cuerpo para darte el máximo placer!
El sonido de sus cuerpos chocando contra la corteza del árbol y los gemidos desinhibidos de Tenten resonaban en el claro del bosque protegido por la barrera de humo. La agilidad de Tenten era impresionante: rebotaba sobre el miembro de Naruto cambiando de ángulo con una precisión quirúrgica, golpeando cada punto sensible dentro de su propia vagina y sacando jadeos de placer puro del chico.
Naruto, a pesar de estar atado por las cuerdas de seda, comenzó a mover las caderas hacia adelante con fuerza, embestiendo desde abajo con una potencia demoledora que hacía temblar las hojas del árbol gigante.
—¡SÍ! ¡ASÍ, NARUTO! ¡EMBESTE CON TODO TU PODER! ¡MUESTRA LA FUERZA DEL ZORRO! —chilló Tenten fuera de sí, arrojando la cabeza hacia atrás mientras sus pechos firmes rebotaban en el aire con cada impacto violento de sus caderas.
El ritmo se volvió desenfrenado. Tenten usaba sus músculos internos para masajear y ordeñar el miembro de Naruto con cada estocada, acelerando la llegada del clímax para ambos a una velocidad vertiginosa.
—¡Me voy a correr! ¡Me voy a correr, Tenten! —advirtió Naruto, sintiendo que la carga se acumulaba en su vientre bajo.
—¡Lléname! ¡Llena a tu maestra de armas! ¡Dame todo tu chakra caliente! —gritó Tenten, alcanzando un orgasmo devastador que hizo que todo su cuerpo tonificado se tensara y temblara compulsivamente en los brazos del chico.
Naruto se impulsó una última vez hacia adelante, enterrándose hasta los testículos dentro de la kunoichi, y liberó una carga masiva, espesa y ardiente en lo más profundo de la matriz de Tenten.
—¡AAAAAAAH! —Tenten gimió contra su cuello, apretándose contra su cuerpo atado mientras sentía las pulsaciones calientes del chico inundándola por dentro.
Las cuerdas de seda reforzada se desintegraron en un humo blanco al perder el chakra de Tenten, y Naruto cayó hacia adelante, sosteniendo a la chica desnuda en sus brazos mientras ambos colapsaban sobre el lecho de hierba suave del bosque.
Los dos quedaron tendidos bajo la sombra del roble, respirando con dificultad, sudorosos y jadeantes, con el olor a sexo salvaje y metal pulido impregnando el aire fresco de la tarde.
Pocos minutos después, Tenten descansaba con la cabeza sobre el pecho de Naruto, trazando líneas con sus dedos en sus abdominales mientras una sonrisa de triunfo absoluto adornaba sus labios.
—Eso... fue la sesión de entrenamiento más intensa de toda mi vida —susurró Tenten, besándole el mentón de manera cariñosa—. Ya me comuniqué con Hinata y Sakura. Acepto mi lugar como tu cuarta consorte y la encargada de tu arsenal privado. Mañana construiré la armería en la nueva residencia Uzumaki.
Naruto cerró los ojos, soltando un largo suspiro de rendición total mientras miraba las hojas de los árboles.
—Cuatro de cuatro en un solo día, mocoso —comentó Kurama desde la oscuridad de su mente, riéndose a carcajadas—. Tu reputación como el hombre más peligroso de Konoha ha tomado un significado completamente nuevo. Y la noche apenas está comenzando.
Naruto se levantó lentamente, vistiéndose en silencio mientras Tenten lo miraba con una adoración sin límites desde la hierba. Sabía que la Verdad Absoluta no se detendría, y mientras su voz tuviera el poder de reescribir el destino, el mundo entero terminaría rindiéndose a sus palabras.
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