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Capítulo 3
Naruto despertó cuando los primeros rayos del sol matutino se filtraron a través de las ventanas de madera del pabellón Hyūga. El aire matutino era fresco, pero sobre el futón el calor era casi sofocante. Hinata dormía plácidamente a su lado, con la cabeza apoyada firmemente sobre su pecho desnudo, una mano sobre su abdomen y una pierna suave cruzada sobre los muslos del rubio. Su rostro, despejado y relajado, lucía una sonrisa de profunda satisfacción que jamás le había visto en la línea temporal original.
Naruto permaneció inmóvil durante largos minutos, mirando el techo de madera pulida, temiendo que el más mínimo movimiento rompiera el trance o desatara una nueva cadena de eventos impredecibles.
—¿Vas a quedarte allí echado todo el día como una estatua de piedra, mocoso? —resonó la voz de Kurama en su mente, profunda y cargada de diversión sarcástica.
—Cállate, Kurama —respondió Naruto en sus pensamientos, con cuidado de no mover la mandíbula—. Estoy pensando en un plan. Si no abro la boca para nada hoy, la Verdad no podrá actuar. No habrá nuevos malentendidos, no habrá recuerdos alterados, no habrá más nada.
—¿Un plan? Tú no sabes planear ni lo que vas a desayunar —se burló el zorro, acomodándose sobre sus enormes patas en el piso mojado de la celda—. Además, ya dejaste rodar la piedra por la montaña. Le dijiste a esta niña que es tu 'esposa principal' y que administrará tu hogar. ¿Crees que ella se va a quedar sentada en una esquina haciendo punto de cruz mientras tú juegas a ser un ninja mudo?
Como si las palabras del Nueve Colas hubieran sido una profecía, los párpados de Hinata revolotearon lentamente. Sus ojos perlados, claros y brillantes, se enfocaron directamente en los ojos azules de Naruto. En lugar de la timidez extrema del pasado, en su mirada no había ni un ápice de vergüenza o duda.
—Buenos días, mi señor —susurró Hinata con una voz suave, ronca por el sueño, pero llena de un afecto maduro. Se incorporó levemente, dejando que la manta de seda se deslizara hasta su cintura, exponiendo sus pechos firmes y erguidos a la luz de la mañana, adornados con las marcas rojas del apasionado encuentro de la noche anterior.
Naruto apretó los labios con firmeza, limitándose a asentir con la cabeza y a dedicarle una sonrisa cerrada, manteniendo su promesa de mudez absoluta.
Hinata se inclinó y le plantó un beso cálido y prolongado en los labios, saboreándolo con calma antes de separarse con una risita dulce.
—Veo que estás guardando energías para tus deberes de hoy —dijo ella, levantándose del futón sin el menor recato por su desnudez. Camina con elegancia hacia su armario de madera, recogiendo su ropa inferior—. No te preocupes. Ya he enviado un mensaje con un halcón a mi padre y al consejo de ancianos. Les he informado que nuestro compromiso es oficial y que, como la primera dama del clan Uzumaki, empezaré a gestionar los preparativos para la residencia principal.
Naruto abrió los ojos de par en par. Intentó hacer un gesto de pánico con los brazos, pero Hinata solo interpretó su agitación como entusiasmo.
—Sé lo que estás pensando, Naruto-kun —agregó ella, ajustándose la bata de seda azul sobre sus curvas—. Sé que estás preocupado por las relaciones con las demás kunoichi de tu círculo cercano. Pero déjalo en mis manos. Sakura-chan y las demás deben entender cuál es su lugar bajo tu manto. Hoy iré a hablar con Sakura para aclarar los términos de su incorporación si decide aceptarte.
Naruto sintió que el suelo se le desaparecía bajo los pies. ¡¿Iba a ir a hablar con Sakura para "aclarar los términos de su incorporación"?! ¡Eso era un desastre de proporciones bíblicas! Si Hinata se presentaba ante Sakura hablándole de un harén oficial y de consortes de alto rango, Sakura la enviaría de un puñetazo al otro lado de la aldea o, peor aún, la Verdad Absolute reescribiría la mente de Sakura para que encajara en esa locura.
Sin pensarlo dos veces, Naruto se puso de pie de un salto, vistiéndose a una velocidad sobrehumana con su pantalón y su chaqueta naranja. Tenía que llegar a Sakura antes de que Hinata hablara con ella. Tenía que interceptarla y arreglar las cosas... o al menos evitar que su esposa principal desatara el caos.
—¡Me tengo que ir, Hinata! ¡Luego nos vemos! —soltó Naruto a toda prisa mientras se saltaba la ventana del pabellón, olvidando por completo su resolución de no hablar.
—¡Que tengas un buen día, mi señor! ¡Te tendré el almuerzo listo! —le despidió Hinata con una reverencia elegante desde la ventana.
Naruto corrió por las calles de Konoha como si lo persiguiera un demonio. El mercado central comenzaba a cobrar vida: los vendedores de verduras abrían sus puestos, los panaderos sacaban el pan fresco y algunos ninjas de rango Genin caminaban de un lado a otro.
Su destino era el Hospital de Konoha. Sabía que Sakura pasaba casi todo el día allí, trabajando bajo la tutoría de Tsunade en el departamento médico. Si lograba hablar con Sakura a solas, sin usar palabras ambiguas o frases sobre el destino y la madurez, tal vez pudiera mantener una conversación normal.
Llegó a la plaza principal frente al hospital, jadeando levemente y apoyando las manos en las rodillas.
—¡Ey! ¡Naruto!
La voz aguda y llena de energía no venía del hospital, sino del puesto de flores de la familia Yamanaka, ubicado justo al cruzar la calle.
Naruto se congeló. Lentamente, giró la cabeza.
De pie entre los puestos de lirios y girasoles estaba Ino Yamanaka. A sus dieciocho años, la rubia era la definición misma de una flor exótica y peligrosa. Llevaba su habitual conjunto morado de dos piezas que dejaba al descubierto su vientre plano y tonificado, con su largo cabello rubio recogido en una coleta alta que caía por su espalda. Tenía las manos en las caderas y lo miraba con una mezcla de provocación y curiosidad.
—¿Cuándo pensabas pasar a saludar, idiota? —dijo Ino, cruzando la calle con pasos decididos y moviendo sus caderas de forma acentuada—. Escuché que volviste ayer a la aldea tras tu viaje con Jiraiya-sama. Te ves... diferente. Mucho más alto. Y parece que finalmente conseguiste algo de músculo en esos brazos.
Naruto sintió un sudor frío recorriéndole la nuca. Dio un paso atrás, cerrando la boca de golpe y haciendo un gesto con la mano saludando torpemente.
"No hables. No digas nada. Solo sonríe y vete", se repitió internamente como un mantra.
Ino se detuvo a medio metro de él, inclinando la cabeza con una sonrisa de lado. Sus ojos azules lo examinaron de arriba a abajo con una soltura que hizo que a Naruto se le acelerara el pulso.
—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? —se burló Ino, cruzándose de brazos por debajo de su pecho, lo que hizo que su escote se resaltara aún más bajo la tela morada—. Antes no podías estar dos segundos sin gritar o llamar la atención de todos. ¿Ahora resulta que el gran Naruto Uzumaki se volvió tímido conmigo?
Naruto trágicamente no pudo contener la presión. El instinto de defender su masculinidad y demostrar que ya no era el niño tonto que todos ignoraban en la Academia Ninja volvió a traicionarlo de la peor manera posible. Quería decirle a Ino que ella siempre había sido una chica vanidosa que solo tenía ojos para Sasuke, pero que ahora se veía realmente atractiva y madura. Quería sonar ingenioso, desafiante y con clase.
—No soy tímido, Ino —dijo Naruto, dando un paso adelante y mirándola a los ojos con una seguridad que no sentía en absoluto—. La verdad es que solo estaba apreciando lo mucho que has cambiado. Siempre fuiste una chica hermosa y obstinada, pero ahora te has convertido en una mujer despampanante. Una mujer con tu elegancia, tu carácter y esa belleza tan deslumbrante no debería estar perdiendo el tiempo esperando a un fantasma que se fue de la aldea. Mereces a un hombre de verdad a tu lado, alguien con el poder y la voluntad para hacerte suya, consentirte como la flor más valiosa de la aldea y darte la atención salvaje y apasionada que tu cuerpo pide a gritos, un hombre como yo.
Un chasquido seco, metálico y retumbante rasgó el tejido del espacio-tiempo alrededor de ellos.
En el espacio mental de Naruto, Kurama se dio un impacto brutal con las dos patas en la cara, emitiendo un rugido de pura desesperación.
—¡Maldito sea tu linaje, Uzumaki! ¡Le acabas de decir a la chica más competitiva y obsesiva de la aldea que deje a Sasuke y que tú eres el hombre salvaje que la va a consentir!
—¡No! ¡Solo le dije que era bonita y que no esperara a Sasuke! —chilló Naruto en pánico dentro de su cabeza.
—¡Dijiste '¡HACERTE SUYA’, ‘LA FLOR MÁS VALIOSA’ y ‘ATENCIÓN SALVAJE Y APASIONADA’! ¡Tus palabras acaban de demoler su fijación por Sasuke y la reescribieron como una obsesión devoradora por tu polla!
La realidad se reconfiguró en un milisegundo.
Para Ino Yamanaka, no hubo confusión ni vacío en su memoria. Su mente ajustó doce años de historia personal en un parpadeo. En su nueva línea de recuerdos, su rivalidad con Sakura nunca había sido por Sasuke Uchiha, sino por llamar la atención del contenedor del Nueve Colas. Sasuke había sido solo un capricho infantil, una distracción pasajera mientras esperaba a que Naruto creciera y se convirtiera en el hombre dominante y poderoso que tenía frente a ella.
Los ojos azules de Ino se dilatan por una chispa de deseo desenfrenado. El rubor invadió sus mejillas, bajando rápidamente por su cuello y su pecho. Una sonrisa depredadora, sensual y cargada de una coquetería agresiva se dibujó en sus labios rojos.
—Vaya, vaya... —murmuró Ino con una voz suave, ronca y cargada de una tensión erótica casi palpable—. Por fin decidiste dejar de dar vueltas y reclamar lo que es tuyo, Naruto...
—¿E-eh? Ino, espera... —balbuceó Naruto, dando un paso atrás.
Ino no le dio espacio. Dio un paso rápido hacia adelante, acorralándolo contra el muro de piedra del puesto de flores. Colocó una mano suave en el pecho desnudo del chico bajo la chaqueta entreabierta y con la otra le tomó el mentón, obligándolo a mirarla.
—Llevo años aguantando ver cómo te hacías el ciego —dijo Ino, acercando su rostro al de él hasta que sus alientos se mezclaron. El aroma a jazmín, lirios frescos y perfume dulce que emanaba de la chica envolvió por completo a Naruto—. Aguantando tus tonterías de niño mientras yo me convertía en la kunoichi más hermosa de esta aldea... ¡todo para ti! ¿Y me dices que merezco a un hombre que me dé atención salvaje? ¡Tú eres ese hombre, idiota!
—Ino, estamos en medio de la calle... la gente está mirando... —intentó protestar Naruto, sintiendo que la temperatura de su cuerpo se elevaba a niveles peligrosos al sentir la firmeza del abdomen y los pechos de Ino presionando contra él.
—Me importa un demonio la gente —respondió la rubia con una risita provocativa—. Además, esta es mi tienda. Y hoy, la tienda de flores Yamanaka está cerrada por 'inventario privado'.
Ino le tomó la mano a Naruto y lo arrastró sin miramientos hacia el interior del puesto de flores, cerrando la puerta de madera con llave y bajando las persianas de bambú con un movimiento rápido de su brazo. La penumbra se apoderó del local, iluminado únicamente por la luz dorada que se filtraba entre las rendijas de las persianas y el colorido intenso de los cientos de arreglos florales que llenaban los estantes.
El aire adentro estaba impregnado de una fragancia densa, dulce y embriagadora a néctar y polen.
—Ino, escúchame, esto es un error... —empezó Naruto, pero Ino se le abalanzó encima.
La rubia lo empujó suavemente contra una mesa de trabajo cubierta de pétalos de rosa y sacos de tierra blanda. Se montó sobre sus muslos con una agilidad impresionante, rodeando la cintura del chico con sus piernas tonificadas.
—Cállate y bésame —ordenó Ino con una mirada de puro fuego.
Ino le sujetó la nuca y le plantó un beso voraz, agresivo y profundamente dominante. A diferencia de la dulzura sumisa de Hinata o la autoridad madura de Tsunade, el beso de Ino era puro fuego, competencia y posesión. Su lengua se introdujo en la boca de Naruto con una destreza salvaje, explorando cada rincón mientras emitía pequeños gemidos de satisfacción en su garganta.
Naruto intentó resistirse un par de segundos, pero la sensación de los muslos de Ino apretando sus caderas, el contacto de sus pechos erguidos contra su torso y el sabor dulce de sus labios destruyeron cualquier rastro de fuerza de voluntad. Sus manos subieron de forma involuntaria a la cintura de Ino, sintiendo la piel suave y descubierta de su abdomen.
—Mmmh... sí... agárrame fuerte, Naruto... —gimió Ino entre el beso, separándose solo un milímetro para mirarlo con los ojos entrecerrados y los labios húmedos y brillantes—. Muestra esa fuerza de la que tanto presumes.
Ino se llevó las manos a la espalda y se desabrochó el broche de su top morado con un movimiento experto. La prenda cayó sobre el montón de pétalos de rosa sobre la mesa, dejando al descubierto sus pechos firmes, levantados y perfectamente moldeados, con pezones rosados que se endurecieron de inmediato al contacto con el aire fresco de la tienda.
Naruto tragó saliva ruidosamente. La vista era sencillamente espectacular. Ino era una de las chicas más cotizadas de la aldea, y tenerla desnuda de la cintura para arriba, montada sobre él y mirándolo con una devoción casi enferma, era demasiado para cualquier hombre de dieciocho años.
—Míralos... son tuyos —arrulló Ino, tomando las manos de Naruto y llevándolas directamente a sus pechos, obligándolo a amasar la carne suave y firme de su busto—. Siempre fueron tuyos. Ahora haz tu trabajo y consiénteme como prometiste.
Ino no perdió el tiempo. Con manos rápidas y expertas, bajó la cremallera de los pantalones de Naruto y liberó su miembro erguido y pulsante, que saltó con fuerza contra su vientre.
Los ojos de la rubia se dilataron de par en par al ver el tamaño y la firmeza del muchacho.
—Por los dioses... —susurró Ino con una sonrisa llena de anticipación y lujuria—. Tsunade y Hinata no se equivocaban... eres un monstruo. Pero yo no me voy a quedar atrás. Yo voy a ser tu favorita.
Ino se desabrochó la falda morada y se quitó la ropa interior de un solo tirón, quedando completamente desnuda sobre la mesa de trabajo. Su femineidad estaba completamente empapada, brillando bajo la tenue luz que entraba por la ventana.
Sin dudarlo un solo segundo, Ino se acomodó sobre la punta de Naruto y se dejó caer hacia abajo con un movimiento decidido y rápido, sepultando la longitud del chico dentro de su estrechez hirviente.
—¡AAAAAAH! —Ino echó la cabeza hacia atrás, soltando un grito agudo de placer puro que resonó en toda la tienda cerrada. Sus uñas se clavaron con fuerza en los hombros de Naruto mientras sus músculos vaginales se contraían en espasmos violentos alrededor del miembro del rubio—. ¡Dios mío! ¡Es... es tan grande! ¡Me está abriendo por dentro!
—¡Ino! —gimió Naruto, sintiendo cómo el calor abrasador y la presión extrema de la chica lo envolvían por completo. Las caderas de Ino eran increíblemente flexibles, y la fricción dentro de su cavidad empapada era tan intensa que estuvo a punto de correrse en las primeras tres estocadas.
—¡No te detengas! ¡Muévete, Naruto! ¡Hazme tuya de verdad! —gritó la rubia, comenzando a rebotar sobre él con un ritmo salvaje, desenfrenado y competitivo.
Cada vez que Ino bajaba, sus pechos rebotaban en el aire, golpeando el pecho de Naruto mientras sus labios buscaban los del chico para devorarlo en besos apasionados y desprolijos. El sonido de sus cuerpos chocando contra la mesa de trabajo y los gemidos desinhibidos de la kunoichi llenaban el recinto, acompañados por el olor a rosas aplastadas y sexo desenfrenado.
Naruto no pudo contenerse más. Tomó a Ino firmemente de las caderas, invirtiendo la posición de un solo giro rápido. La acostó de espaldas sobre la mesa de flores, entre un lecho de pétalos rojos y blancos, y comenzó a embestirla desde arriba con una potencia y una velocidad demoledoras.
—¡SÍ! ¡ASÍ, NARUTO! ¡MÁS FUERTE! ¡RÓMPEME POR DENTRO! —chilló Ino fuera de sí, arqueando la espalda de manera espectacular mientras sus piernas se enredaban en la cintura del chico para recibir cada estocada en lo más profundo de su vientre.
El ritmo era despiadado. Naruto embestía una y otra vez, golpeando el cérvix de la chica con una precisión que hacía que Ino pusiera los ojos en blanco y soltara pequeños sollozos de placer puro. La técnica del clan Yamanaka de control mental parecía haberse vuelto en su contra, sobrecargando sus sentidos nerviosos y multiplicando cada sensación de placer por cien.
—¡Me voy a correr! ¡Me voy a correr, Naruto! ¡Lléname con todo tu chakra! —gritó Ino, sufriendo un orgasmo devastador que hizo que sus paredes internas se apretaran alrededor del miembro del rubio como un torno incandescente.
Naruto no pudo aguantar más. Con un último impulso feroz, se sepultó hasta el fondo de la chica y liberó una carga masiva, caliente y abundante directamente en lo más profundo de la matriz de Ino.
—¡AAAAAAH! —Ino gimió contra el hombro del chico, temblando convulsivamente mientras sentía la marea caliente llenándola por dentro.
Los dos quedaron colapsados sobre la mesa de flores, respirando con dificultad, sudorosos y cubiertos de pétalos pegados a sus cuerpos por el sudor íntimo.
Pocos minutos después, Ino descansaba sobre el pecho de Naruto, trazando líneas con sus uñas en su abdomen mientras una sonrisa de triunfo absoluto adornaba su rostro despeinado.
—Eso... fue la cosa más increíble de toda mi vida —susurró Ino, besándole el cuello de manera posesiva—. Ya hablé con Hinata esta mañana por medio de una transmisión mental rápida del clan. Ella me dejó claro que es la esposa principal, y no me importa. Con tal de tener esto todos los días, acepto ser tu segunda o la que sea, con tal de ser parte de una consorte oficial.
Naruto abrió los ojos de golpe, sintiendo que el pánico volvía a apoderarse de su alma.
—Te lo dije, mocoso —comentó Kurama desde la oscuridad, riéndose a carcajadas—. Tu harén se está organizando solo por red mental. A este paso, para mediodía ya tendrás un batallón entero de concubinas esperando su turno.
Naruto se levantó a toda prisa, vistiéndose torpemente mientras Ino lo miraba con adoración desde la mesa de flores. Salió por la puerta trasera de la tienda como un alma que lleva el diablo, huyendo hacia los tejados de Konoha mientras intentaba desesperadamente idear una forma de detener la avalancha de la Verdad antes de que la aldea entera quedara bajo su control absoluto.
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