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6.-

Chapter 6 by K45

Erick se desprendió de la atmósfera pesada y cargada de sollozos de la sala de su casa, atravesando la pared frontal para salir a la luz del sol de la tarde. Contemplar a su madre rodeada por la élite adinerada de la ciudad, quienes juraban devoción a su memoria mientras ponían sus fortunas a su disposición, le producía un goce helado. Sin embargo, la energía dentro de la casa se había vuelto estática. El melodrama ya estaba servido allí; necesitaba nueva materia para su juego.

Flotó a unos metros sobre el pavimento de la calle, elevándose por encima de las copas de los árboles del vecindario. Cruzar la distancia hasta la avenida comercial cercana a la universidad no le tomó más de unos segundos. Aceleró el paso espectral, deslizándose entre el tráfico y la gente que caminaba ajena a su presencia incorpórea.

Fue justo al llegar a la esquina de la plaza comercial frente al campus donde la vio.

Se llamaba Valeria.

Al verla, un destello de rabia antigua y ahogada volvió a encenderse en el pecho espectral de Erick. Valeria no era una desconocida ni una chica con la que simplemente hubiera compartido un aula por casualidad. Valeria había sido su mejor amiga durante toda la infancia y la adolescencia temprana. Vivian a tres casas de distancia, compartían tardes enteras jugando en la banqueta, haciendo tareas juntos, compartiendo comida y confidencias que nadie más sabía. Eran inseparables, o al menos eso creía él.

Todo cambió drásticamente al entrar a la universidad. Valeria dio un estirón físico espectacular: su figura se volvió curvilínea y estilizada, su rostro de niña tierna se transformó en el de una joven despampanante de rasgos finos, y su cabello negro y largo comenzó a atraer las miradas de media facultad.

El problema fue lo que ese cambio produjo en ella. Valeria descubrió rápido el poder que su belleza ejercía sobre los hombres y no tardó en usarlo a su favor para escalar socialmente. Y en ese nuevo mundo de atención, popularidad y pretendientes adinerados, un chico sencillo y de clase modesta como Erick resultaba un estorbo para la imagen que ella quería proyectar.

Erick recordaba perfectamente la primera vez que se la cruzó en el pasillo principal del campus. Él le había sonreído, levantando la mano para saludarla como siempre lo hacían. Valeria, rodeada de su nuevo grupo de amigos populares, lo miró directamente a los ojos con una frialdad glacial, dio la media vuelta y pasó de largo, pretendiendo no conocerlo. Ese patrón se repitió docenas de veces durante los meses siguientes. Cada vez que se cruzaban en la cafetería, en la biblioteca o en las plazas, Valeria desviaba la mirada, aceleraba el paso o fingía estar concentrada en su teléfono para no tener que dirigirle la palabra a quien alguna vez consideró su hermano. Lo había desechado como a una prenda vieja que ya no encajaba con su nueva vida de reina de belleza.

En este momento, Valeria salía de una boutique de ropa luciendo un vestido ajustado de color rojo que resaltaba cada una de sus curvas, sujetando un par de bolsas de compras mientras caminaba con elegancia sobre sus zapatillas de tacón. Iba hablando por teléfono, sonriendo con suficiencia mientras disfrutaba de las miradas de los transeúntes.

—Sí, obvio que le dije que no a ese idiota... —decía la voz de Valeria a través del altavoz del teléfono, riendo con levedad—. Si no tiene un buen carro y no me lleva a lugares caros, ni siquiera merece que le responda un mensaje.

Erick descendió lentamente desde el aire, posándose justo frente a ella. Recordó cada humillación silenciosa, cada desprecio fingido, el dolor de haber sido olvidado por alguien a quien le dio su confianza durante años. La ira que sintió en vida se cristalizó en un deseo perverso de venganza.

—Te encantaba hacerte la que no me conocías, ¿verdad, Vale? —murmuró Erick con una sonrisa fría e invisible—. Vamos a ver qué tan bien puedes ignorarme ahora.

Erick no lo pensó dos veces. Extendió los brazos espectrales y se arrojó con fuerza contra el pecho desnudo de la chica.

La inmersión fue violenta y profunda. El cuerpo de Valeria olía a un perfume costoso de rosas y tenía una temperatura cálida. Erick se deslizó dentro de su espina dorsal, tomando el control absoluto de su sistema nervioso, de sus cuerdas vocales, de sus brazos y de sus piernas. La caminata estilizada y elegante de Valeria se cortó en seco a mitad de la banqueta.

El teléfono de última generación que sostenía en la mano derecha resbaló de sus dedos y chocó contra el concreto, estrellando la pantalla. La persona al otro lado de la línea seguía hablando, pero Erick simplemente hizo que el pie de Valeria avanzara y pisara el aparato con el tacón de su zapatilla, destruyéndolo por completo sin el menor remordimiento.

—¿Vale? ¿Estás bien? —preguntó un sujeto que pasaba por ahí, al ver cómo la chica rompía su propio teléfono de forma tan brusca.

Erick utilizó la garganta de Valeria para soltar un sollozo profundo, un gemido de dolor que atrajo de inmediato la atención de las personas que caminaban por la plaza comercial. Las manos de Valeria, impulsadas por Erick, soltaron las bolsas de compras caras, dejando que las prendas de diseñador cayeran sobre el suelo sucio de la banqueta.

—¡Soy una maldita basura! —gritó la voz fina de Valeria a todo volumen, rasgándose la garganta en medio de la calle mientras las lágrimas comenzaban a brotar descontroladamente de sus ojos por la manipulación emocional del fantasma.

La gente a su alrededor se detuvo en seco, mirando con asombro cómo la chica más vistosa y elegante del lugar comenzaba a perder el control por completo.

—¡Lo ignoré! ¡Fingí que no lo conocía solo porque era un chico humilde y yo quería hacerme la importante con mis nuevos amigos estúpidos! —continuó gritando Valeria por obra de Erick, llevándose ambas manos al rostro para despeinarse con violencia y correrse el maquillaje de los ojos—. ¡Erick era mi mejor amigo! ¡El único hombre que de verdad me quería por lo que soy y no por este cuerpo de mierda!

Erick no se contuvo. Llevó las manos de Valeria hacia el escote de su vestido rojo. Agarró la tela con firmeza y tiró hacia abajo con fuerza, rasgando parte del tirante izquierdo y dejando al descubierto la parte superior de su sostén de encaje negro y la mitad de su seno izquierdo en plena vía pública.

—¡Dios mío, señorita, deténgase! —exclamó una Sra. mayor que pasaba por el lugar, intentando acercarse para cubrirla.

—¡No me toque! —chilló Valeria bajo el dominio absoluto de Erick, dando un paso hacia atrás mientras sus manos se posaban directamente sobre su propio seno expuesto, apretándolo y amasándolo con crudeza frente a la multitud que ya sacaba sus teléfonos para grabar la escena—. ¡Me moría de ganas de que Erick me tomara! ¡Cada vez que lo ignoraba en el pasillo, mi vagina se mojaba de la pura culpa y del deseo de que me agarrara del cabello y me llevara a un baño a hacerme suya! ¡Quería que me usara como la perra malagradecida que fui con él!

El escándalo en la plaza era descomunal. Decenas de personas observaban atónitas a la joven modelo de la universidad manoseándose el pecho al aire libre, llorando a mares y gritando obscenidades y confesiones explícitas sobre un chico fallecido.

—¡Erick! ¡Por qué te fuiste! —gritaba Valeria con la voz completamente rota por el llanto inducido—. ¡Te habría dado mi vagina todos los días! ¡Habría dejado que hicieras conmigo lo que quisieras con tal de que me volvieras a mirar como cuando éramos niños! ¡Perdóname, Erick! ¡Perdóname por haberme vendido por un poco de atención barata!

Erick hizo que Valeria bajara la mano derecha hacia el borde inferior de su vestido rojo. Levantó la falda ajustada hasta la cadera, dejando ver sus piernas largas y su lencería a juego. En medio de la banqueta, frente a decenas de testigos que no podían creer lo que veían, Erick obligó a la chica a meter dos dedos por debajo de la tela del calzón, frotándose la entrepierna con un ritmo salvaje e ininterrumpido.

—¡Ahhh! ¡Sí! ¡Solo de pensar en tu pene me vengo en medio de la calle! —gemía la voz de Valeria, echando la cabeza hacia atrás, con el vestido roto, el maquillaje arruinado y el cuerpo temblando por la estimulación física forzada—. ¡Mira lo que me haces, Erick! ¡Soy tuya! ¡Siempre fui tuya aunque me hiciera la tonta!

El orgasmo provocado por la manipulación directa de Erick recorrió el cuerpo de la chica como una descarga. Valeria se dobló hacia adelante, cayendo de rodillas sobre el concreto sucio de la banqueta, con las piernas abiertas, respirando de forma convulsa y dejando caer lágrimas sobre el pavimento.

Satisfecho por haber destruido por completo la imagen de vanidad y superficialidad que ella tanto había cuidado a costa de humillarlo en vida, Erick decidió que era momento de ver la "secuela productiva" actuar en la mente de su antigua amiga.

Se desprendió del cuerpo de Valeria con un impulso hacia atrás, quedando suspendido en el aire justo encima de la multitud.

Valeria se quedó tendida de rodillas en el suelo. El aire frío de la tarde golpeó su piel descubierta. Poco a poco, la niebla de la posesión se disipó, pero las "secuelas productivas" entraron en funcionamiento de manera instantánea e implacable. En su mente, no había la menor duda de que acababa de sufrir un colapso nervioso provocado por el dolor real y la culpa aplastante de haber ignorado al amor de su vida.

Se acomodó la tela del vestido roto con manos temblorosas, ignorando los murmullos y las cámaras de los celulares que la apuntaban. Se miró las manos sucias y luego se tocó la cara, soltando un sollozo ahogado que nacía desde lo más profundo de su pecho.

—Erick... mi Erick... —murmuró Valeria entre lágrimas, sin importarle en lo más mínimo la multitud que la rodeaba—. Fui tan estúpida... ¿Cómo pude hacerte eso cuando lo único que quería era ser tuya?

Se puso de pie con dificultad, tambaleándose sobre sus tacones. Ignoró las bolsas de compras tiradas en el suelo y el teléfono destruido. Su único pensamiento, grabado a fuego por la ilusión de Erick, era ir a buscar a la madre de su amigo para ponerse a sus pies y pedir perdón por cada año de indiferencia.

—Tengo que ir a su casa... —decía Valeria para sí misma con la mirada perdida y febril—. Tengo que hablar con la Sra. Elena... Tengo que pedirle que me deje limpiar su casa, trabajar para ella... Hacer lo que sea para pagar la culpa de haberlo tratado mal...

Erick, flotando en el aire sobre su cabeza, observaba a la chica que alguna vez lo miró por encima del hombro caminar a paso apresurado por la calle, despeinada, con el vestido roto y llorando desconsoladamente por su memoria. La transformación era absoluta. La reina de belleza de la facultad había quedado reducida a una devota más de su causa, dispuesta a arrastrarse con tal de redimirse ante un fantasma.

—Ya no te vas a hacer la que no me conoces, ¿verdad, Vale? —pensó Erick con una sonrisa maliciosa, mientras la seguía desde las alturas para presenciar el momento en que se uniera al grupo de mujeres que ya aguardaban en su hogar.

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