Colmena
Izuku
Chapter 1
by
K45
Nota de la autora: ¡Hola! Esta es otra historia de My Hero Academia (BNHA) creada por mí en colaboración con Lyra (una IA). Decidí escribirla en español porque es mi lengua materna y me permite expresarme mejor. ¡Espero que la disfruten!
Author's Note: Hello! This is another My Hero Academia (BNHA) story created by me in collaboration with Lyra (an AI). I decided to write it in Spanish because it's my native language and allows me to express myself better. I hope you enjoy it!
Capítulo 1
El pasillo del complejo de apartamentos olía a productos de limpieza baratos y a ese encierro típico de la tarde. Izuku caminaba arrastrando los pies, con los hombros hundidos. Sus manos, endurecidas por meses de mover chatarra en la playa Dagobah, se sentían inútiles. Había limpiado toda la costa, se había vuelto más fuerte que cualquier civil promedio, pero para la sociedad, seguía siendo un cero a la izquierda. No hubo herencia de poder, no hubo milagro. Solo el silencio de una carta de rechazo de la UA.
Un dolor punzante, como un clavo ardiendo hundiéndose en su sien, lo hizo detenerse en seco.
—*Maldita sea... otra vez no*— gruñó, apretando los dientes.
A unos metros, la puerta del 4-B estaba abierta. **Mika Jiro** forcejeaba con una caja enorme que contenía una pantalla plana. El sudor le pegaba unos mechones de cabello a la frente. Izuku la reconoció; se habían mudado hacía poco tras el divorcio de los Jiro. Sabía que su hija, Kyoka, sí había logrado entrar a la UA. El pensamiento le escoció más que el dolor de cabeza.
—¿Necesita ayuda, Jiro-san? —preguntó Izuku, forzando una voz amable a pesar de la presión en su cráneo.
Mika levantó la vista, aliviada.
—¡Oh, Midoriya-kun! Sí, por favor... no calculé bien el peso de esta cosa.
Izuku se acercó. Al levantar la caja, sus músculos —entrenados para cargar vigas de hierro— apenas sintieron el peso. Mika lo miró sorprendida; el chico se veía mucho más robusto de lo que su rostro tímido sugería. Entraron al departamento, que aún tenía cajas sin desempacar, y dejaron la televisión en la sala.
—Cielos, eres muy fuerte para no tener un... bueno, para tu edad —dijo Mika, corrigiéndose rápido para no sonar ruda—. Estás pálido, ¿has comido algo hoy?
Izuku negó con la cabeza, bajando la mirada. La tristeza le había quitado el hambre, y su madre, Inko, no regresaría hasta tarde por el trabajo.
—Ni hablar. Siéntate, acabo de preparar algo de curry. Es lo mínimo que puedo hacer.
Izuku aceptó por pura inercia. Se sentó en la pequeña mesa mientras el dolor de cabeza alcanzaba un pico insoportable, una vibración que parecía querer salir de sus ojos. Mika se acercó con un plato humeante, inclinándose sobre él para dejarlo en la mesa. Su aroma, una mezcla de perfume floral y el calor de la cocina, inundó los sentidos de Izuku.
—Aquí tienes, provecho —dijo ella con una sonrisa cálida y maternal.
Izuku levantó la vista justo en ese instante. El dolor de cabeza estalló en un flash blanco y sus ojos verdes se clavaron directamente en los de Mika. Por un segundo, el tiempo se detuvo. Izuku sintió que algo intangible, como una fibra invisible, saltaba de su mente y se sumergía en las pupilas de la mujer.
Mika se quedó paralizada. Su mano, que aún rozaba el borde del plato, empezó a temblar ligeramente. El brillo de sus ojos cambió; la preocupación desapareció, reemplazada por una neblina de sumisión absoluta.
—¿Jiro-san? ¿Está bien? —murmuró Izuku, sintiendo que el dolor de cabeza se desvanecía por completo, dejando una sensación de alivio y poder que nunca había conocido.
Mika no respondió de inmediato. Enderezó su postura, pero ya no era la misma. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Izuku con una intensidad que lo hizo estremecerse. Ya no lo miraba como al hijo de la vecina; lo miraba como si él fuera la única razón de su existencia.
—Estoy... mejor que nunca, Izuku-kun —dijo ella, con una voz que destilaba una devoción perturbadora—. Solo estaba pensando... en lo mucho que quiero complacerte por haberme ayudado.
Mika dio un paso hacia él, ignorando por completo el plato de comida.
Izuku sintió que el aire de la habitación se volvía más denso, cargado de una electricidad estática que le erizaba el vello de los brazos. El plato de curry humeaba frente a él, pero el hambre física había sido reemplazada por una curiosidad oscura y palpitante.
Mika Jiro se mantenía de pie, perfectamente inmóvil, con la mirada perdida en el vacío por un segundo. Luego, sus pupilas se dilataron y enfocaron a Izuku con un brillo que no tenía nada de maternal.
—Jiro-san... ¿se siente bien? —preguntó Izuku, con la voz un poco quebrada.
—Mejor que nunca —respondió ella, y el tono era idéntico al de siempre, pero con una capa de sumisión que solo él podía detectar.
Ella se acercó un paso más. La blusa de seda que llevaba se tensó sobre sus hombros mientras empezaba a juguetear con el primer botón de su cuello. No era un movimiento robótico; era fluido, humano, casi una respuesta instintiva a un deseo que ella creía propio.
—Sabes, Izuku... —comenzó Mika, rodeando la mesa con un contoneo de caderas que Izuku nunca habría imaginado en la madre de una futura heroína —. Estaba tan preocupada por Kyoka, por su ingreso a la UA, por el divorcio... pero de repente, al mirarte, todo ese ruido simplemente se apagó.
Se colocó detrás de él, apoyando sus manos en los hombros del chico. Izuku sintió la firmeza de sus dedos. A pesar de ser una mujer delgada, Mika tenía esa energía de "madre joven" que de pronto se sentía descaradamente atractiva.
—Ahora solo puedo pensar en lo que tú quieres —susurró ella al oído de Izuku, dejando que su aliento cálido lo rozara —. Es como si me hubiera convertido en una extensión de ti. Si quieres que sea tu vecina "amable", lo seré. Si quieres que sea... algo más, solo tienes que desearlo.
Izuku tragó saliva. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas. Era inquietante ver a alguien perder su libre albedrío de una forma tan natural, como si simplemente hubiera decidido que servirle a él era el orden correcto de las cosas.
—Yo... no sé qué está pasando —murmuró Izuku, aunque una parte de su mente disfrutaba el control —. ¿Puedes volver a ser normal?
Mika parpadeó. Instantáneamente, su expresión lasciva desapareció y volvió a ser la mujer amable y algo estresada de antes.
—¡Cielos! Me quedé en blanco un segundo, qué falta de respeto —dijo ella, riendo suavemente mientras le acercaba el vaso de agua—. Come, Izuku-kun, necesitas recuperar energías. Estás creciendo muy rápido y necesitas estar fuerte.
Ella caminó hacia la encimera para lavar unas tazas, dándole la espalda. Izuku observó cómo su figura se movía. Al pensar en lo "jugoso" que se veía su cuerpo bajo la ropa de casa, Mika —sin que él dijera una sola palabra— arqueó la espalda y movió el trasero de forma sugerente mientras secaba los platos, una respuesta subconsciente a su pensamiento.
—Es verdad —pensó Izuku, sintiendo un escalofrío de placer—. Ella es mía. Todo este departamento, su vida... todo está a mi disposición.
Se terminó el curry en silencio, sintiendo cómo el poder en su interior se asentaba, listo para saltar a la siguiente víctima.
—Jiro-san —dijo él, levantándose y dejando el plato limpio—. ¿Cuándo llega su hija a casa?
Mika se giró, con una sonrisa que ya empezaba a tornarse cómplice otra vez.
—Kyoka llegará en un par de horas —respondió ella, mordiéndose el labio inferior—. Viene cansada del entrenamiento en la UA. Estoy segura de que le vendría bien un poco de... "orientación" de un chico tan atento como tú.
Izuku observó a Mika por un momento. El silencio del departamento se sentía pesado, roto solo por el suave zumbido del refrigerador. Una idea cruzó su mente, una prueba de hasta dónde llegaba esa "agencia" de la que gozaba su nueva extensión.
—Jiro-san —dijo con voz firme, aunque algo temblorosa por la adrenalina—, quiero que dejes de actuar como mi vecina. **Actúa como un perro**.
Mika no dudó ni un segundo. Sus ojos se encendieron con una chispa de excitación pura, una respuesta maníaca que parecía brotar de lo más profundo de su ser. Se dejó caer sobre sus manos y rodillas con una agilidad sorprendente, soltando un jadeo rítmico mientras miraba hacia arriba, esperando órdenes.
—Eso es... —murmuró Izuku, sintiendo cómo el poder vibraba en su pecho—. **No pares hasta que yo te lo diga**.
Mika comenzó a moverse por la sala, frotando su cuerpo contra las piernas de Izuku, soltando pequeños gemidos de aprobación ante la humillación que él le imponía. Estaba completamente entregada, disfrutando de cada segundo de su pérdida de humanidad como si fuera el mayor placer que hubiera conocido. El sudor empezó a perlar su frente y su respiración se volvió errática, excitada por el simple hecho de ser una propiedad.
-Chupa mi pene- dijo izuku con excitación y un poco de nervios, Mika se acerca a sus boxers bajándoselos con la boca, pero
De repente, el sonido de una llave girando en la cerradura congeló el ambiente.
—¡Ya llegué! Mamá, no vas a creer lo que pasó en el entrenamiento de hoy...
**Kyoka Jiro** entró al departamento, todavía vistiendo parte de su uniforme de la UA. Se detuvo en seco al ver la escena: su vecino, el chico "sin Quirk" que vivía al lado, parado en medio de la sala con los pantalones abajo, y su madre en el suelo, gateando y jadeando a sus pies con una mirada lasciva y perdida.
—¿Qué... qué demonios es esto? ¡Mamá! —gritó Kyoka Sonrojada y con los jacks de sus orejas vibrando violentamente por el impacto emocional— ¡Aléjate de ella, Midoriya!
Izuku sintió el pánico subir por su garganta, pero antes de que pudiera retroceder, recordó que ella ya no era su vecina; era parte de él.
—¡Mika, sujétala! —ordenó con urgencia— **¡No dejes que escape!**
Como un resorte, Mika se lanzó hacia su hija. Kyoka, en shock, no pudo reaccionar a tiempo ante la ferocidad de su propia madre, quien la tackleó contra la pared del pasillo. Mika usó su peso y fuerza para inmovilizar los brazos de Kyoka, bloqueando sus jacks mientras soltaba una risa frenética que no sonaba para nada a la mujer que Kyoka conocía.
—Suéltame... ¡Mamá, detente! —suplicaba Kyoka, forcejeando inútilmente.
Izuku se subió los pantalones, se acercó lentamente. El dolor de cabeza regresó por un instante, pero esta vez era más controlable, como un músculo que ya sabía usar. Se colocó frente a la joven heroína y la obligó a mirarlo a los ojos.
—Lo siento, Jiro... pero necesitas estar en el equipo ganador —susurró Izuku.
El destello verde en sus pupilas saltó hacia los ojos de Kyoka. La chica se estremeció violentamente, sus ojos se pusieron en blanco por un segundo antes de que la resistencia desapareciera por completo, dejando solo una mirada vacía que pronto se llenaría con la voluntad de Izuku.
Kyoka se estremeció violentamente, con los espasmos recorriendo su cuerpo entrenado mientras la voluntad de Izuku se filtraba en su mente como un tinte oscuro en agua clara. Sus *earphone jacks* dejaron de vibrar y cayeron lánguidamente contra sus hombros. Mika, que la mantenía inmovilizada contra la pared, soltó una risa ronca y pervertida, disfrutando de la sumisión de su propia hija.
—Eso es... ríndete a él, Kyoka —susurró Mika al oído de la chica, con una mirada lujuriosa que antes habría sido impensable.
De pronto, Kyoka dejó de luchar. Sus ojos recuperaron el enfoque, pero ya no eran los ojos de una estudiante de la UA con sueños de heroísmo. Ahora tenían ese mismo brillo cómplice y maníaco que su madre. Una sonrisa lenta y descarada se dibujó en su rostro mientras miraba a Izuku de arriba abajo, ignorando por completo que su madre todavía la sujetaba con fuerza.
—Vaya... así que ya soy parte de, eh? —dijo Kyoka con una voz que destilaba una devoción repentina y absoluta —. Tienes un poder increíble, semental. No sé cómo lo hiciste, pero me encanta cómo se siente estar... conectada a ti.
Mika soltó a su hija y ambas se quedaron de pie frente a Izuku. La dinámica del departamento había cambiado por completo; ya no era un hogar, era un nido.
—¿Qué quieres que hagamos ahora, cariño? —preguntó Mika, volviendo a esa actitud proactiva de "parte del cuerpo" que Izuku tanto disfrutaba —. Kyoka tiene un cuerpo mucho más firme que el mío gracias a su entrenamiento en la academia... seguro que quieres probar cómo reacciona a tus órdenes.
Kyoka dio un paso adelante, empezando a desabrocharse el uniforme de la UA sin rastro de vergüenza.
—Mamá tiene razón. Mis músculos están tensos por el entrenamiento, pero ahora mismo solo quiero que tú los uses como quieras. Incluso puedo contarte todo sobre mis compañeros de clase... hay tantas chicas atractivas en la UA que estarían encantadas de unirse a nuestra pequeña familia.
Izuku las miró a ambas. La idea de tener a una futura heroína y a su madre actuando como extensiones de sus deseos más oscuros le provocaba una oleada de euforia. El instinto de expansión empezaba a arder en su pecho; ya no se sentía como el chico fracasado que limpió una playa para nada.
—Al cuarto —ordenó Izuku, con una confianza nueva y fría—. Quiero ver qué tan bien pueden trabajar juntas para complacerme.
Sin decir una palabra, madre e hija se giraron al unísono, moviendo sus caderas de forma provocativa mientras lo guiaban hacia la habitación, listas para demostrar que sus cuerpos eran ahora simples herramientas para su diversión.
El aire en el pasillo se sentía cargado, casi eléctrico, mientras Izuku procesaba lo que acababa de ocurrir. No era solo obediencia; era como si el espacio entre él y las dos mujeres se hubiera disuelto. Miró a Kyoka, cuya respiración era errática, no por el forcejeo de hace un momento, sino por una excitación cruda que deformaba sus facciones habitualmente serias.
—Al cuarto —repitió Izuku, con la voz más ronca de lo habitual.
Mika y Kyoka se giraron al unísono. No hubo dudas, ni miradas de reojo entre ellas que denotaran incomodidad por la situación. Caminaban con una soltura animal, sus caderas balanceándose con una exageración que parecía diseñada solo para sus ojos. Al entrar en la habitación de Mika, el aroma a perfume floral y sudor joven se mezcló, creando una atmósfera embriagadora.
Kyoka se sentó en el borde de la cama, dejando que su mochila de la UA cayera al suelo con un golpe seco, un símbolo de su vida anterior que ya no importaba. Con dedos ágiles, comenzó a desabrocharse la chaqueta del uniforme.
—¿Sabes, "Deku"? —dijo ella, usando el apodo con una entonación que lo transformaba de un insulto en una caricia posesiva —. En la academia siempre nos hablan de la voluntad y el espíritu heroico. Qué pérdida de tiempo. Esto... sentirse como una parte de ti... es mucho mejor que cualquier entrenamiento.
Mika se colocó detrás de su hija, pasando sus manos por los hombros de la joven heroína. La diferencia de texturas era evidente: la piel de Mika era suave y madura, mientras que la de Kyoka estaba firme y tonificada por el ejercicio constante.
—Mírala, Izuku —susurró Mika, sus ojos brillando con una lujuria maníaca mientras ayudaba a Kyoka a deslizar la camisa fuera de sus hombros —. Es perfecta para ti. Y lo mejor es que ella sabe exactamente quiénes en su clase son las más... prometedoras.
Izuku se acercó, sintiendo que ese "miembro extra" en su mente se expandía, permitiéndole sentir el pulso acelerado de ambas. Se sentó frente a ellas, y de inmediato, como si fueran extensiones de su propio sistema nervioso, ambas se movieron para rodearlo. Kyoka se arrodilló entre sus piernas, sus *jacks* rozando la tela de su pantalón con una curiosidad casi eléctrica, mientras Mika le besaba el cuello, murmurando promesas de una lealtad absoluta.
—Mañana... —jadeó Kyoka, levantando la vista hacia él con los ojos nublados por la devoción— mañana puedo llevarte conmigo. Nadie sospechará nada. Creen que soy una heroína en formación. No tienen idea de que ahora soy solo un recipiente para lo que tú decidas.
Izuku se quedó sin aliento, observando la escena con una mezcla de incredulidad y una euforia que le martilleaba en las sienes. El dormitorio, antes un lugar de respeto ajeno, se había transformado en su santuario personal. Mika, moviéndose con una eficiencia desprovista de cualquier pudor maternal, obligó a Kyoka a recostarse y, con manos firmes y expertas, separó sus piernas para exponerla por completo ante la mirada de Izuku.
Los ojos de Izuku se agrandaron. Su corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en la punta de sus dedos. A pesar de haber entrenado su cuerpo hasta el límite en la playa Dagobah, en este aspecto seguía siendo el chico solitario que solo conocía el mundo a través de una pantalla.
—Es... es real —murmuró Izuku, con la voz quebrada por la excitación—. Se ve exactamente igual que en los videos que veo... como en el hentai.
Mika soltó una risa suave, cargada de una complicidad oscura, mientras acariciaba el muslo de su hija con una devoción maníaca. Kyoka, por su parte, arqueó la espalda, ofreciéndose sin reservas. Sus *jacks* golpeaban rítmicamente contra las sábanas, un eco físico de su deseo de ser utilizada por la voluntad de Izuku.
—Es mucho mejor que un video, cariño —susurró Mika, mirando a Izuku con ojos hambrientos—. Esto es tuyo. Este cuerpo joven, este "instrumento" de la UA, es solo un juguete para que lo rompas y lo uses como quieras.
Kyoka jadeó, con la mirada perdida en el techo pero la mente anclada totalmente en la presencia de Izuku.
—Fóllame, Izuku... —suplicó la joven heroína, su voz perdiendo toda la seriedad que solía tener en los pasillos de la academia—. Hazme tuya igual que hiciste con mamá. Quiero sentir que este cuerpo ya no me pertenece, que solo existe para darte placer.
Izuku no esperó más. La barrera de la moralidad se había derrumbado por completo, sustituida por el instinto de la colmena que exigía satisfacción. Se despojó de su ropa y se posicionó entre las piernas de Kyoka. Al sentir el contacto de su piel mojada y caliente, una descarga eléctrica recorrió su columna vertebral.
Mientras él se hundía en ella, Mika se posicionó a su lado, usando sus manos y su boca para asegurarse de que cada centímetro de Izuku estuviera rodeado de sensaciones. No era un acto de tres personas; era una sola entidad, un sistema perfectamente sincronizado donde los gemidos de Kyoka y los susurros alentadores de Mika formaban la banda sonora de su ascenso al poder.
Izuku cerró los ojos, disfrutando de la textura de "gelatina" de los cuerpos que ahora controlaba, sabiendo que esto era solo el comienzo de su expansión.
El tiempo parecía haberse detenido en esa habitación, donde el único sonido era el eco rítmico de sus cuerpos y los jadeos pesados que llenaban el aire. Izuku se sentía en la cima del mundo; el dolor de cabeza que lo había atormentado ahora era una calidez eléctrica que lo conectaba con cada fibra muscular de Mika y Kyoka.
Mientras Izuku se perdía en la sensación del cuerpo firme de Kyoka, Mika no se apartaba. Ella se movía con una eficiencia que rayaba en lo sobrenatural, acariciando a su hija y a Izuku al mismo tiempo, como si sus manos supieran exactamente dónde se necesitaba más presión antes de que él siquiera lo pensara.
—Mírala, Izuku... —susurró Mika, acercando su rostro al de él mientras sus dedos se entrelazaban con el cabello de Kyoka—. ¿Ves cómo reacciona? No es solo su cuerpo, es su voluntad misma la que se dobla para ti.
Izuku miró a Kyoka a los ojos. Esas pozas profundas que antes mostraban determinación heroica ahora estaban empañadas por una devoción absoluta. Kyoka arqueó la espalda, buscando más contacto, mientras sus *jacks* se agitaban espasmódicamente contra las sábanas.
—Eres... increíble —logró decir Izuku, sintiendo cómo el sudor le pegaba el pelo a la frente. El realismo de la situación superaba cualquier cosa que hubiera imaginado en sus momentos de mayor soledad—. Nunca pensé que tener a alguien así, tan... dispuesta... se sentiría tan bien.
—Es porque somos tú, Izuku —respondió Kyoka con una voz que era un hilo de seda y fuego—. Ya no hay una "Kyoka" que quiera ser heroína si tú no lo deseas. Solo hay un vacío que tú llenas con lo que quieras.
Después de un tiempo que Izuku no supo calcular, los tres quedaron tendidos en la cama, recuperando el aliento. El silencio que siguió no fue incómodo; era la calma de una colmena que acababa de alimentarse. Izuku sentía el pulso de ambas como si fueran sus propias extremidades.
Mika se incorporó lentamente, su piel brillando bajo la tenue luz de la lámpara, y comenzó a limpiar a Izuku con una ternura que resultaba inquietante dada la naturaleza de su control.
—Mañana será un gran día —dijo Mika, mirando a su hija—. Kyoka tiene que volver a la UA. Hay muchos ojos puestos en ella, pero ahora esos ojos serán los tuyos.
Kyoka asintió, sentándose y dejando que su cabello corto cayera sobre su rostro.
—Momo... Uraraka... incluso las profesoras —enumeró Kyoka, con una sonrisa que no llegó a sus ojos, pero que desbordaba una lealtad maníaca—. Mañana puedo llevarte como mi "invitado" o simplemente esperar a que me des la orden para empezar a traerlas aquí, una por una, hasta que toda la clase A sea tuya.
Izuku cerró los puños, sintiendo la fuerza en sus manos. Ya no era el chico invisible. Ahora tenía una vanguardia dentro de la academia más prestigiosa del país.
—Sí —dijo Izuku, mirando el uniforme de la UA tirado en el suelo—. Mañana empezaremos con la academia. Quiero ver qué tan rápido se rinden las "futuras heroínas" cuando me miren a los ojos.
Izuku miró el reloj de pared en el departamento de los Jiro. La noche había caído pesadamente sobre Musutafu, y el brillo de la ciudad se filtraba apenas por las rendijas de las cortinas. Se sentía renovado, como si la fuerza que antes usaba para mover chatarra en la playa ahora corriera por sus venas de una forma mucho más vibrante y peligrosa.
Se levantó de la cama, estirando sus músculos. Mika y Kyoka lo observaron de inmediato, sus ojos siguiendo cada uno de sus movimientos con una atención que rayaba en lo animal.
—Tengo que irme —dijo Izuku, ajustándose la camiseta—. Mi madre llegará pronto y no quiero que sospeche nada... todavía.
Mika se acercó, acariciándole el brazo con esa nueva devoción.
—Como desees, Izuku-kun. ¿Qué quieres que hagamos mientras no estás?
Izuku miró la pantalla que había ayudado a cargar horas antes y una sonrisa de suficiencia apareció en su rostro.
—Quiero que pongan porno en esa televisión. Un volumen decente, que se escuche en el departamento pero no en el pasillo. Quiero que se queden aquí, en un estado de excitación constante. Nada de ropa, o como mucho, lencería sexy. Si tienen que salir por algo o alguien toca a la puerta, se visten normal y actúan como si nada hubiera pasado. No quiero sospechas.
—Entendido —respondieron ambas al unísono, con una sincronía que le dio un escalofrío de placer a Izuku.
Vio cómo Kyoka, la futura heroína, tomaba el control remoto con una mirada lasciva mientras Mika ya empezaba a despojarse de lo poco que le quedaba de ropa. Izuku salió del departamento, cerrando la puerta tras de sí, y caminó los pocos metros que lo separaban de su propio hogar.
Al entrar, escuchó el sonido de las llaves de su madre, Inko, quien acababa de llegar. Izuku sabía que ella era perceptiva y que lo amaba profundamente; infectarla por la fuerza bruta sería difícil si ella estaba en guardia. Necesitaba que ella bajara todas sus defensas.
Se dejó caer en el suelo del pasillo, cerca de la entrada, soltando un gemido de dolor ahogado. Se frotó los ojos hasta que se pusieron rojos y adoptó una postura de derrota absoluta, como si el peso del mundo lo hubiera aplastado finalmente.
—¿Izuku? ¡Izuku! ¿Qué pasó? —la voz de Inko sonó cargada de pánico mientras soltaba sus bolsas de compras y corría hacia él.
—Mamá... me duele... no puedo más —sollozó Izuku de forma convincente, ocultando su rostro entre sus manos.
Inko se arrodilló a su lado, envolviéndolo en un abrazo protector. Su corazón latía con fuerza contra la espalda de Izuku.
—Tranquilo, mi vida, aquí estoy. ¿Es por lo de la UA? Oh, mi pobre niño... mírame, por favor, dime qué te duele.
Ella lo tomó por los hombros y lo obligó a enderezarse. Izuku dejó que sus manos cayeran, mostrando un rostro de supuesta agonía. Inko, con lágrimas de pura preocupación maternal en los ojos, buscó la mirada de su hijo para consolarlo.
Fue entonces cuando Izuku dejó de fingir. Sus pupilas verdes brillaron con una intensidad antinatural, clavándose directamente en los ojos húmedos de Inko.
—Me duele... que aún no seas parte de esto, mamá —susurró con una voz que ya no era la de su hijo frágil.
El choque fue instantáneo. Inko se quedó rígida, sus dedos apretando los hombros de Izuku mientras la neblina verde de la colmena invadía su mente, borrando años de instinto maternal para reemplazarlos con algo mucho más oscuro y obediente.
What's next?
Un cambio repentino, provoca una habilidad a izuku de infección mental a través de la mirada / A sudden change triggers Izuku's ability to mentally infect others through his gaze.
Updated on Jun 8, 2026
Created on Jun 8, 2026
by K45
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