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Capitulo 6

Chapter 6 by K45

El ambiente en la avenida principal era tenso tras los primeros indicios del caos global. Eijiro Kirishima caminaba a paso rápido, guardando su teléfono en el bolsillo con el rostro encendido de frustración y confusión tras el descarado desplante de Mina en la heladería.

—Maldición... ¿Qué demonios le pasa a Ashido? —gruñó Kirishima, apretando los puños mientras activaba sutilmente su quirk Hardening, endureciendo sus brazos por pura frustración—. Suena como si se estuviera burlando... Suena tan... poco masculina.

A unos metros de él, semiocultas tras el pilar de un gran edificio comercial, se encontraban la heroína número 10, Ryukyu, y la estudiante de tercer año, Nejire Hado. Ambas estaban inmersas en una conversación susurrada, con los rostros completamente rojos de la vergüenza debido a una apuesta que habían hecho durante su patrullaje.

—¡Te lo dije, Ryuko-san! ¡Si el informe del villano era falso, la que perdía tenía que cumplir el castigo! —susurró Nejire, dando un pequeño saltito nervioso mientras se acomodaba el traje—. ¡Y las dos fallamos en la predicción! ¡Una tanga obligatoria! ¡Eso fue lo que acordamos!

—Cielos, Nejire... esto es sumamente vergonzoso para una heroína profesional —respondió Ryukyu, tapándose el rostro con una mano, sintiendo el encaje mínimo de la prenda oculto bajo su traje—. Tener que quitarnos la ropa interior aquí mismo... y tirársela a la cara al hombre más cercano sin que nos vea. Es una locura.

—¡Mira, ahí está el chico de primero, Kirishima-kun! ¡Él es el más cercano! —señaló Nejire con entusiasmo infantil y nervioso—. ¡Hay que hacerlo rápido antes de que se gire!

Con movimientos rápidos y furtivos, ambas heroínas se las ingeniaron para deslizar sus manos por debajo de sus trajes. En un segundo, Nejire se quitó una diminuta tanga de encaje celeste, mientras que Ryukyu, conteniendo el aliento, se despojó de una sensual tanga de satén negro. Justo cuando se preparaban para lanzarlas directo hacia el rostro de Kirishima, la misteriosa onda expansiva global golpeó la zona con una fuerza invisible.

Un dolor agudo, como un impacto de roca sólida directo en el cerebro, hizo que Kirishima se tambaleara, endureciendo todo su cuerpo por reflejo. Al mismo tiempo, Ryukyu soltó un jadeo ahogado, dejando caer sus manos con las prendas íntimas aún sujetas entre sus dedos, mientras Nejire caía de rodillas contra la pared, con los ojos de par en par y las orejas zumbando.

El Despertar del Impulso Varonil

Pasaron solo unos segundos antes de que Kirishima se enderezara. El dolor desapareció, pero en su lugar, una oleada de testosterona pura y un deseo de dominación salvaje invadieron su entrepierna. Su miembro se puso ridículamente rígido y duro como una roca dentro del pantalón de su uniforme. Miró hacia el pilar y vio que el fenómeno había fundido los cerebros de las dos mujeres con sus propios fetiches de posesión.

Nejire Hado parpadeó, y una mirada de absoluta lascivia, soberbia y vulgaridad —idéntica a la fogosidad oculta que Kirishima reprimía— se dibujó en su hermoso rostro. En lugar de esconderse, Nejire salió de las sombras caminando de forma provocativa, balanceando sus caderas libres de ropa interior. Con una sonrisa torcida, levantó la tanga celeste y se la arrojó directamente a la cara a Kirishima, mientras lo miraba con los ojos inyectados en deseo.

—¡¡Vaya, Kirishima-kun... con que así de duro y masculino te pones cuando piensas en mí!! —gimió Nejire con una voz ronca y pastosa, arrastrando las palabras—. ¡Mira esto! ¡Ya no hay nada que me cubra por abajo! Sé perfectamente quién soy, pero ahora mi cabeza solo quiere ser destrozada por tu quirk. ¡Pónmelo tan duro como una roca dentro de mi coño!

A su lado, la imponente Ryukyu dio un paso al frente. Su madurez y porte digno se habían transformado en una sumisión desvergonzada debido al clon mental del chico. La heroína dragón caminó con las piernas temblando por la brutal excitación. Con un descaro total, se acercó a Kirishima, le puso la tanga negra directamente en la mano y comenzó a desgarrar la cremallera de su propio traje, exponiendo sus pechos firmes y maduros.

—¡Es increíble... un maldito mocoso de primero tiene a la heroína dragón completamente derretida! —rugió Ryukyu con una risa salvaje y lasciva, pasándose la lengua por los labios—. Comparto tu mente enferma, Eijiro. Sé perfectamente que querías ver a una profesional de rodillas, suplicando por tu hombría. ¡Ven aquí y abolla mi orgullo antes de que pierda el control!

Kirishima soltó una carcajada ronca y ruda, completamente ebrio de poder al ver a la chica más alegre de tercero y a la imponente heroína profesional entregadas por completo a sus caprichos masculinos.

—¡¡JAJAJAJA! ¡Eso es ser jodidamente varonil!! —bramó Kirishima, desabrochándose el pantalón con desesperación y liberando su gruesa erección venosa, que palpitaba con una rigidez destructiva—. ¡Si sus cabezas quieren dureza, las voy a romper a las dos juntas contra este pilar!

Ryukyu fue la primera en actuar bajo el influjo del clon mental. Se arrojó de rodillas frente a él en el suelo del callejón comercial, agarrando el miembro rígido de Kirishima con sus manos expertas y tragándoselo por completo hasta el fondo de la garganta, comenzando una succión ruidosa y agresiva que hizo que al chico se le tensaran todos los músculos por el tremendo éxtasis.

Ryukyu continuaba devorando el miembro de Kirishima con una voracidad implacable, moviendo la cabeza de arriba a abajo mientras sus manos maduras apretaban con saña los muslos del pelirrojo. Las garras de la heroína dragón se clavaban sutilmente en la piel de Eijiro, pero este, con el miembro rígido y duro como el acero, solo soltaba bufidos de pura satisfacción masculina, disfrutando de la sumisión de la profesional.

Nejire Hado, completamente encendida por el eco de la mente colmena, soltó una risa lasciva y desvergonzada al ver a su mentora de rodillas.

—¡Miren esto! ¡Yo también quiero jugar con el hombre más duro de la UA! —gimió Nejire con la voz pastosa y los ojos nublados por la calentura.

En ese instante, activando su quirk *Wave Motion*, Nejire comenzó a liberar ondas de energía en forma de espirales celestes desde sus pies y manos. El brillo de su quirk iluminó el sombrío pilar del edificio. Con una agilidad tremenda, se elevó un par de metros por el aire, flotando con total libertad en una posición sumamente provocativa.

Aún suspendida, Nejire abrió sus piernas por completo, exponiendo su ranura completamente empapada, libre de la ropa interior que le había arrojado a Kirishima minutos antes. Utilizando sus ondas para propulsarse con precisión, se deslizó hacia abajo y se acercó directamente al rostro del pelirrojo.

Sin la menor timidez, Nejire restregó su vagina húmeda y caliente con fuerza contra la cara de Kirishima, cubriéndole la boca y la nariz con sus jugos naturales. El chico de primero abrió los ojos de par en par, perdiéndose en el aroma carnal de la peliazul mientras ella se sacudía contra su rostro en el aire, gimiendo con fuerza.

—¡¡Siente esto, Kirishima-kun!! —chillaba Nejire, balanceando sus caderas contra su rostro mientras flotaba—. ¡Huele mi calentura! ¡Sé perfectamente que fantaseabas con tener a una de los Tres Grandes usándote como su juguete! ¡Muérdeme toda la ranura mientras tu verga destruye a Ryuko-san!

Kirishima, con la cara completamente empapada por los fluidos de Nejire y el miembro enterrado hasta la garganta de Ryukyu, sintió que la testosterona le estallaba en las venas. Agarró a Nejire firmemente de los muslos con sus manos endurecidas para estamparla aún más contra sus facciones, mientras su entrepierna palpitaba con una rigidez destructiva, listo para reclamar a ambas heroínas en ese rincón de la avenida.

Kirishima bufó con fuerza a través de la nariz, tragándose el aroma penetrante y los fluidos de Nejire mientras la chica de tercero continuaba frotando su ranura empapada directamente contra sus labios y mejillas, suspendida en el aire por sus espirales celestes. El pelirrojo estiró sus manos, activando su *Hardening* solo lo suficiente para darle a sus dedos una textura rugosa y firme, y apretó los glúteos de Nejire con brusquedad, hundiéndole la cara aún más entre las piernas.

—¡¡Mmmgh... maldición, Nejire... esto es jodidamente intenso!! —rugió Kirishima con la voz ahogada entre la carne de la peliazul, soltando una carcajada ronca que vibró directo en la intimidad de la estudiante.

Abajo, Ryukyu sintió la vibración del grito de Kirishima en el fondo de su garganta. Con un chasquido sumamente húmedo, la heroína dragón liberó el miembro del chico, dejando caer hilos de saliva espesa sobre el pavimento. Sus ojos amarillos, completamente nublados por el clon mental, miraron la gruesa y venosa erección del pelirrojo, que goteaba fluido preseminal con una rigidez salvaje.

—¡Déjate de juegos en el aire, Nejire! ¡Baja de una maldita vez que el cuerpo de este mocoso me pertenece! —siseó Ryukyu con una soberbia lasciva, agarrando a Kirishima por las caderas con sus manos semitransformadas en garras para obligarlo a dar un paso al frente.

Ryukyu se apoyó de manos y rodillas contra el pilar de concreto, alzando su trasero maduro y exponiendo su coño completamente dilatado, que chorreaba jugos calientes por las piernas. Con una sonrisa torcida, miró a Kirishima por encima de su hombro.

—Ven aquí, Eijiro... ponme esa roca dentro. Rompe a la heroína dragón tal como lo deseabas en tus fantasías más sucias —provocó Ryukyu con la voz pastosa.

Kirishima no esperó un segundo. Soltando a Nejire por un instante, se posicionó detrás de la heroína número 10. Agarró sus caderas firmes con fuerza varonil y, con un empuje brutal y despiadado, sepultó su miembro de un solo golpe directo hasta la raíz en el hirviente interior de Ryukyu.

—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ... ME ESTÁS ROMPIENDO!!! —alzó la voz Ryukyu en un grito desgarrador, arqueando la espalda por completo mientras sus garras se clavaban en el concreto del pilar, agrietándolo por la brutal presión.

Kirishima comenzó un bombeo rudo, rápido y ensordecedor. El sonido de las pelvis impactando resonaba en el rincón comercial. Con cada estocada profunda, el pelirrojo endurecía sutilmente su miembro, causando una fricción abrasadora que hacía que las paredes vaginales de la profesional sufrieran espasmos violentos.

Nejire, descendiendo lentamente gracias a sus ondas celestes, se acomodó de rodillas justo frente al rostro de Ryukyu. Con los ojos desorbitados por el éxtasis de la red mental, Nejire atrapó la boca de su mentora en un beso lascivo y profundo, devorándole la lengua mientras usaba sus manos para masturbarse con frenesí frente a ellas, compartiendo la brutal calentura que Kirishima estaba desatando en el cuerpo de la heroína dragón.

Kirishima aceleró el ritmo de sus embestidas con una fuerza puramente animal, manteniendo sus manos firmemente clavadas en las caderas de la heroína número 10. El eco de los cuerpos chocando con brutalidad se mezclaba con los gemidos ahogados que Ryukyu y Nejire compartían en su beso lascivo. Cada estocada del pelirrojo, tensada por la rigidez de su quirk, se hundía sin piedad hasta el fondo del útero de la profesional, haciéndola temblar de pies a cabeza.

—¡¡Eso es, Ryukyu!! ¡Siente la fuerza de la UA destrozándote por dentro! —bramó Kirishima, con el rostro enrojecido por el esfuerzo y el ego masculino completamente desatado al ver a la imponente mujer dragón totalmente sometida bajo su cuerpo.

Ryukyu rompió el beso con Nejire, soltando un gemido ronco y desgarrador mientras su cabeza se sacudía hacia atrás. Las garras de sus manos se aferraban al pilar de concreto, desprendiendo pequeños trozos de piedra por la brutal intensidad del clímax que se avecinaba.

—¡M-Mocoso... me estás... ahg... me vas a romper por completo! —aulló la heroína, con los ojos amarillos vueltos hacia arriba, completamente entregada a la perversión de la mente colmena que le exigía más castigo carnal—. ¡No pares... mete esa roca más hondo... hazme tuya en este maldito suelo!

Nejire, flotando a escasos centímetros del piso gracias a los últimos remanentes de su *Wave Motion*, se acomodó justo debajo del vientre de Ryukyu. Con una desvergüenza total y la mirada perdida en la lujuria, estiró su lengua para lamer los fluidos que goteaban de la unión de ambos, mezclando su propia calentura con el desastre que Kirishima estaba provocando.

—¡Es increíble cómo te la estás follar, Kirishima-kun! —gimió Nejire con la voz pastosa, frotando sus propios pechos contra las piernas de la profesional—. ¡Mira cómo tiembla la gran heroína! ¡Yo sigo... no te vayas a correr todavía, que mi coño está hirviendo por ti!

Pero Kirishima ya estaba demasiado cerca del límite. La presión asfixiante del interior de Ryukyu, sumada a la visión lasciva de Nejire suplicando por su turno, activó el interruptor final de su hombría. Con tres estocadas salvajes que agrietaron el pavimento bajo sus pies, el pelirrojo se tensó por completo.

—¡¡¡NOS CORREMOS, RYUKYU... AHHHH!!! —rugió Kirishima con toda la fuerza de sus pulmones.

Ryukyu soltó un grito ahogado cuando un orgasmo violento contrajo sus músculos vaginales como un puño de acero, justo en el instante en que Kirishima disparaba una densa, hirviente y abundante carga de semen que inundó por completo las entrañas de la heroína dragón. Los fluidos se desbordaron a borbotones, salpicando las manos de Nejire mientras los tres colapsaban exhaustos en la penumbra del callejón.

Kirishima se dejó caer pesadamente hacia atrás, sacando su miembro del interior de Ryukyu con un chasquido sumamente húmedo y denso. El fluido blanquecino, mezclado con los jugos de la heroína, comenzó a escurrir en abundancia por los muslos bronceados de la profesional, manchando el pavimento agrietado del callejón. El pelirrojo jadeaba con fuerza, con el pecho subiendo y bajando de forma violenta, mientras una sonrisa de absoluto triunfo varonil se dibujaba en su rostro enrojecido.

—Diablos... eso fue... jodidamente intenso —alcanzó a articular Kirishima, limpiándose el sudor de la frente con un brazo que aún mantenía restos de su textura endurecida.

Ryukyu quedó colapsada de frente contra el pilar de concreto, con las garras temblando y la respiración rota. La mente colmena del chico seguía gobernando su cerebro por completo, manteniendo su orgullo de heroína número 10 totalmente aplastado bajo una sumisión lasciva y desvergonzada. Se giró lentamente, apoyando la espalda contra la piedra, dejando sus piernas abiertas de par en par mientras miraba a Kirishima con los ojos entornados y llenos de una devoción lasciva.

—Mocoso... me dejaste el vientre destrozado... —gimió Ryukyu con una voz ronca y pastosa, pasándose la lengua por los labios—. Toda mi fuerza de dragón no fue suficiente para detener esa roca tuya. Siento que me derretiste por dentro... qué maldito placer.

Nejire Hado, que había quedado de rodillas observando el desastre de fluidos, soltó una risita boba, vulgar y completamente carente de su habitual inocencia. El clon mental de Kirishima la tenía ardiendo en deseos; se arrastró sobre el suelo pegajoso hasta quedar justo encima del pelirrojo, atrapando su torso con sus piernas y restregando sus pechos firmes contra el pecho de él.

—¡Te lo dije, Kirishima-kun! ¡Ahora es mi turno de verdad! —chilló Nejire, jadeando caliente sobre los labios del chico—. Mira cómo me dejaste a Ryuko-san, está completamente inservible... ¡Pero mi coño sigue esperando que lo rompas con esa dureza masculina tuya! ¡Ven y clávamela hasta el fondo!

Kirishima sintió que la testosterona le daba un segundo aire de inmediato. Ver a la chica más hermosa de tercero suplicando de esa forma tan vulgar, mientras la heroína dragón los observaba totalmente doblegada, le infló el ego al límite. Agarró a Nejire por la cintura con un agarre firme y rudo, volteándola de un solo movimiento para quedar ahora él encima de ella, mientras su miembro volvía a ponerse rígido y venoso, listo para continuar el bucle carnal en ese rincón oculto.

Kirishima no perdió ni un solo segundo. Con Nejire completamente sometida debajo de él en el suelo del callejón, el pelirrojo la sujetó con firmeza por las caderas. La estudiante de tercero arqueó la pelvis de inmediato, restregando su intimidad ardiente contra el miembro de Eijiro, que ya se encontraba tan rígido y venoso como una barra de acero.

—¡¡Eso es, Kirishima-kun... ya no aguanto más, métela toda!! —chilló Nejire con los ojos desorbitados, su habitual voz dulce distorsionada por la lascivia y la urgencia de la mente colmena.

Kirishima soltó un gruñido rudo y, con un empuje brutal y despiadado, sepultó su erección de un solo golpe seco directo hasta la raíz en el estrecho y empapado interior de Nejire.

—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ!!! —Nejire soltó un alarido agudo que resonó entre las paredes de los edificios comerciales, estirando las piernas hacia arriba mientras sus espirales celestes de *Wave Motion* chisporroteaban involuntariamente a su alrededor, iluminando el callejón con destellos de energía.

Las paredes vaginales de Nejire eran un torbellino de músculos calientes que abrazaron el miembro de Kirishima con una presión asfixiante. El chico de primero bufó, completamente ebrio de poder, y comenzó un bombeo salvaje, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos de la peliazul impactaran violentamente contra el pavimento con cada estocada profunda.

Ryukyu, recuperando un poco el aliento pero con la mente aún sumergida en la absoluta sumisión, se arrastró de rodillas hacia ellos. Con una mirada desvergonzada, la heroína dragón se inclinó sobre el rostro de Nejire, atrapando su boca en un beso lascivo y profundo para tragarse sus gemidos, mientras usaba sus manos maduras para amasar los pechos de la estudiante al ritmo frenético de los impactos de Kirishima.

—¡Dale con todo, Eijiro... fríele los sesos a esta mocosa también! —gimió Ryukyu entre el beso, con la saliva hilitando de sus labios mientras compartían la brutal calentura del clon mental.

Kirishima, espoleado por el descaro de la profesional y los espasmos eléctricos que el quirk de Nejire enviaba indirectamente a su entrepierna, llegó a su límite en pocos segundos. Nejire colapsó primero, con todo su cuerpo sacudiéndose en un clímax violento.

—¡¡ME CORRO... ME CORRO CON TU DUREZA, KIRISHIMA... AHHHH!! —aulló la chica de los Tres Grandes.

El pelirrojo soltó un rugido animal. Tensando cada músculo y llevando su *Hardening* al máximo en una última estocada que tocó el fondo del útero de Nejire, disparó una densa, abundante y hirviente carga de semen que inundó por completo el interior de la estudiante, desbordándose a borbotones entre sus piernas en un desastre de fluidos y energía celeste.

El eco del rugido de Kirishima se extinguió lentamente en el callejón, dejando como único sonido el siseo residual de la energía celeste de Nejire, que terminaba de disiparse en el aire. El olor a fluido carnal, ozono y hormonas llenaba la penumbra del rincón comercial.

Kirishima se desprendió del cuerpo de la peliazul con un chasquido pastoso, cayendo de rodillas entre las dos mujeres. Su miembro, aún palpitante y cubierto de una mezcla espesa de fluidos, goteaba perezosamente sobre el pavimento. El chico respiraba con dificultad, con los hombros subiendo y bajando mientras contemplaba el absoluto desastre que había provocado con su masculinidad.

Nejire quedó tendida boca arriba, con las piernas laxas y entreabiertas, de donde el semen espeso de Kirishima comenzaba a desbordarse en hilos blanquecinos. Tenía la mirada completamente perdida en el techo del callejón y una sonrisa boba, vulgar y desvergonzada dibujada en los labios.

—Cielos... Kirishima-kun... —susurró Nejire con la voz rota y pastosa, arrastrando las palabras con una adoración lasciva—. Me dejaste el interior completamente frito... Sentir esa roca tuya ensanchándome las entrañas fue... ¡ahg, fue demasiado jodido! Quiero que te me quedes adentro para siempre.

Ryukyu, que se encontraba apoyada de lado contra el pilar, estiró una de sus manos y acarició con descaro el muslo de Nejire, recogiendo parte del exceso de fluidos para pasárselo por sus propios labios maduros. La mente colmena la mantenía en un estado de lascivia indomable, con los ojos amarillos fijos en la entrepierna del pelirrojo.

—Mírala, Eijiro... la gran promesa de los Tres Grandes quedó completamente reducida a un desecho por tu culpa —provocó Ryukyu con una risa ronca y vulgar, totalmente desprovista de su dignidad profesional—. Pero no te creas que ya terminaste. Una sola carga no es suficiente para saciar a un dragón. Tu hombría todavía tiene que aguantar mucho más en este suelo.

Kirishima soltó una carcajada ruda y ronca, sintiéndose el amo absoluto del lugar. Ver a la heroína número 10 y a la chica más codiciada de tercero completamente entregadas a su dominación varonil le encendió la sangre una vez más. Agarró a Ryukyu por la nuca con brusquedad, obligándola a lamer su miembro erguido mientras Nejire se arrastraba para acomodarse debajo de ellos, listos los tres para reiniciar el bucle insaciable de perversión en la oscuridad.

Ryukyu obedeció la orden de inmediato, guiada por la lascivia implacable de la mente colmena. Con una sumisión desvergonzada que contrastaba salvajemente con su estatus de heroína profesional, abrió la boca y comenzó a lamer el miembro de Kirishima desde la base, limpiando los fluidos anteriores con pasadas lentas y húmedas de su lengua, mientras sus garras se enterraban con suavidad en los muslos del pelirrojo.

—¡Mmmgh... sí, fíjate bien cómo te la dejo, Eijiro! —gimió Ryukyu entre lameduras, levantando la mirada con los ojos amarillos completamente encendidos—. Ya se está poniendo tan dura como una piedra otra vez... Tu resistencia masculina es una maldita locura.

Kirishima soltaba bufidos roncos, arqueando la pelvis hacia el rostro de la mujer dragón mientras sentía cómo la testosterona le reiniciaba el cuerpo por completo. A sus pies, Nejire Hado se arrastró de rodillas, con su cabello azul enredado y pegajoso por el sudor. Con una sonrisa torcida y totalmente corrompida por el ego del chico, Nejire se posicionó boca arriba justo debajo de ellos, usando sus manos para abrirse la ranura rosada y empapada, que volvía a palpitar con urgencia.

—¡No dejes que se la coma toda ella, Kirishima-kun! —chilló Nejire con la voz pastosa y los ojos desorbitados—. ¡Mira mi coño, se quedó abierto por tu culpa y está pidiendo a gritos que lo vuelvas a golpear! ¡Pónmela adentro antes de que me vuelva loca aquí abajo!

Kirishima soltó una carcajada ruda, sintiendo el control absoluto sobre las dos mujeres. Agarró a Ryukyu del cabello rubio para apartarla momentáneamente con brusquedad y se posicionó de inmediato sobre las piernas abiertas de Nejire. Sin una pizca de delicadeza, hundió su peso hacia adelante, sepultando su erección venosa y rígida en el hirviente interior de la estudiante de un solo golpe seco.

—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ... ENTRA MÁS HONDO, KIRISHIMA!!! —alzó la voz Nejire en un grito agudo que retumbó en las paredes del callejón, mientras pequeños hilos de energía celeste de su *Wave Motion* volvían a chisporrotear alrededor de sus muslos por la brutal estimulación.

El pelirrojo inició un bombeo despiadado, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos de Nejire impactaran de forma violenta contra el pavimento en cada estocada. Ryukyu no se quedó atrás; se acomodó a gatas justo al lado de la cabeza de Nejire, atrapando sus labios en un beso húmedo y lascivo para beberse sus gemidos, mientras bajaba una de sus manos para masajear la unión carnal entre el chico de primero y su alumna, hundiéndose los tres una vez más en el bucle interminable de perversión bajo las sombras.

Kirishima continuó con el salvaje y rítmico bombeo, completamente poseído por el éxtasis del dominio y la brutalidad que su *Hardening* le permitía ejercer en cada embestida. La pelvis del pelirrojo chocaba contra el trasero de Nejire con un sonido húmedo, tosco y ensordecedor que rebotaba en las paredes del callejón desierto.

—¡¡Eso es, Nejire!! ¡Siente la dureza de un verdadero hombre de la UA!! —bramó Kirishima, con las venas del cuello infladas y la mirada inyectada en sangre, completamente ebrio por el descaro y la sumisión de la mayor de los Tres Grandes.

Nejire arqueaba la columna al máximo, clavando las uñas en el pavimento frío mientras sus ojos se ponían completamente en blanco en mitad del beso lascivo con Ryukyu. Las ondas celestes de su quirk destellaban sin control con cada golpe profundo de Kirishima, envolviendo las piernas de ambos en espirales de energía que hacían vibrar el aire.

—¡¡Ahhh... s-sí... m-más hondo... Kirishima-kun... destrózame!! —gimió Nejire entrecortadamente cuando Ryukyu se apartó un segundo para respirar, dejando hilos de saliva compartida colgando entre sus labios.

Ryukyu, con la mente totalmente fundida por el clon mental del chico, se colocó de rodillas justo detrás de Kirishima. Con una lascivia desvergonzada, la heroína número 10 pegó sus pechos maduros contra la espalda del pelirrojo, envolviendo su torso con sus brazos y mordiéndole el cuello con fuerza, dejando que las marcas de sus colmillos se marcaran en la piel endurecida del estudiante.

—¡No bajes el ritmo, Eijiro! —siseó Ryukyu con una voz ronca y cargada de una calentura animal—. ¡Haz que se corra hasta que pierda el conocimiento! ¡Y luego me toca a mí otra vez!

El estímulo de ambas mujeres llevó a Kirishima al borde del colapso carnal. Sintiéndose el amo absoluto de la situación, el pelirrojo dio tres estocadas finales, rápidas y despiadadas, hundiéndose hasta la raíz en el hirviente útero de Nejire.

—¡¡¡ME CORRO... NOS CORREMOS JUNTOS, NEJIRE... AHHHH!!! —rugió Kirishima con toda la fuerza de sus pulmones.

Nejire soltó un chillido agudo de puro éxtasis cuando su interior se contrajo en un orgasmo violento y eléctrico, justo en el instante en que Kirishima disparaba una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo sus entrañas, desbordándose a borbotones sobre el suelo pegajoso del callejón, dejándolos a los tres sumergidos en un silencio exhausto y lascivo bajo las sombras.

Kirishima se dejó caer hacia adelante, aplastando el cuerpo laxo de Nejire con su peso, mientras extraía su miembro con un chasquido espeso y ruidoso. Una densa mezcla de semen ardiente y fluidos transparentes comenzó a derramarse a borbotones desde el interior de la peliazul, formando un charco brillante sobre el pavimento del callejón que reflejaba la tenue luz de la avenida. El pelirrojo apoyó la frente contra el hombro húmedo de Nejire, soltando bufidos pesados mientras intentaba recuperar el aire.

Nejire quedó completamente desparramada boca arriba, con los brazos extendidos y las piernas temblando sutilmente por los espasmos residuales de su propio orgasmo. Sus ojos, aún nublados y fijos en la nada, delataban lo profundo que el clon mental de Kirishima se había asentado en su cabeza, borrando cualquier rastro de inocencia.

—Maldición... Kirishima-kun... —consiguió susurrar Nejire, con una sonrisa lasciva y pastosa—. Me pusiste tan dura la cabeza... Siento que todavía tengo tus ondas dándome golpes en el útero. Qué jodido placer ser la perra de un chico de primero.

Ryukyu, sentada sobre sus propios talones justo al lado de ellos, contemplaba la escena con una respiración profunda que hacía subir y bajar sus pechos maduros, aún libres fuera de su traje desgarrado. Pasó una de sus manos por el muslo de Nejire, arrastrando parte del fluido blanquecino que escurría, y se lo llevó a la boca con una lentitud desvergonzada, saboreándolo antes de mirar al pelirrojo con sus intensos ojos amarillos.

—Mírate, Eijiro... estás temblando —provocó Ryukyu con una risa ronca, su orgullo profesional totalmente sepultado bajo el ego insaciable que compartía con el chico—. Nos diste una buena ración de tu hombría, pero un dragón no se sacia con tan poco. Mi coño ya volvió a calentarse con el olor de tu semen en este suelo. Muévete de ahí y vuelve a ponerme esa roca adentro.

Kirishima soltó una carcajada ruda y ronca, sintiéndose el rey absoluto de ese rincón de la ciudad. Ver a la imponente heroína número 10 y a la chica más codiciada de tercero completamente reducidas a sus caprichos varoniles le encendió la sangre una vez más. Su miembro, respondiendo al estímulo del clon mental, volvió a ponerse rígido, venoso y palpitante en cuestión de segundos.

Sin una pizca de delicadeza, Kirishima se incorporó de rodillas y agarró a Ryukyu por las caderas, jalándola hacia él con brusquedad mientras Nejire se arrastraba de lado para lamerle los muslos al pelirrojo, listos los tres para reiniciar el bucle de perversión en la penumbra.

Kirishima no esperó a que Ryukyu se lo pidiera dos veces. Con un agarre rudo y varonil, clavó sus dedos en las caderas de la heroína profesional, obligándola a arquearse por completo y a pegar su pecho contra el suelo pegajoso del callejón. La imponente mujer dragón soltó un ronroneo lascivo, entregada al absoluto dominio del clon mental que controlaba sus impulsos más oscuros.

—¡¡Vas a ver que este mocoso tiene energía para rato, Ryukyu!! —bramó Kirishima con una risa ruda y desquiciada, acomodándose inmediatamente detrás de ella.

Sin un milímetro de piedad, el pelirrojo empujó su pelvis hacia adelante con un golpe seco, violento y devastador, sepultando su erección venosa y rígida hasta la raíz en el hirviente y estrecho coño de la heroína número 10.

—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ... FRÍEME OTRA VEZ, EIJIRO!!! —alzó la voz Ryukyu en un grito desgarrador que retumbó en la penumbra, mientras sus garras se clavaban en el pavimento, agrietando las piedras por la brutal presión del impacto.

Kirishima inició un bombeo brutal, rápido y ruidoso, haciendo que los glúteos firmes y maduros de la profesional rebotaran salvajemente contra su pelvis en cada vaivén carnal. El sonido húmedo y tosco de los cuerpos chocando llenaba el callejón, rompiendo el silencio de la noche comercial. Con cada estocada profunda, el chico endurecía sutilmente su miembro con su quirk, causando una fricción abrasadora que hacía que las paredes vaginales de Ryukyu sufrieran micro-espasmos brutales.

Nejire, completamente fundida en la misma red libidinosa, se arrastró de inmediato hacia el frente de Ryukyu. Con los ojos desorbitados y la mirada perdida en el éxtasis, abrió la boca para recibir los gemidos de su mentora, uniendo sus lenguas en un beso húmedo, espeso y vulgar, mientras usaba sus manos para acariciar los pechos de la profesional, perdiéndose los tres en el bucle infinito de sumisión y perversión.

El ritmo se volvió asfixiante. Estimulado por los besos de las dos mujeres y la asfixiante presión del interior de la mujer dragón, Kirishima llegó a su límite de frenesí. Ryukyu colapsó primero, con su cuerpo entero sacudiéndose en un orgasmo violento que succionó el miembro del chico con una fuerza implacable.

—¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ, MALDITO MONSTRUO... AHHHHG!! —aulló la heroína.

Kirishima soltó un rugido animal. Tensando cada músculo de su cuerpo y llevando su *Hardening* al máximo en tres embestidas finales y despiadadas, disparó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo las entrañas de Ryukyu, desbordándose a borbotones entre sus piernas musculosas mientras los tres colapsaban exhaustos bajo las sombras del callejón.

El chasquido que hizo el miembro de Kirishima al salir de las entrañas de Ryukyu fue tan ruidoso que pareció romper el denso silencio del callejón. La heroína dragón se desplomó por completo, jadeando de cara contra el suelo, con la espalda arqueada y los músculos de sus muslos temblando de forma involuntaria. Todo el semen espeso que el pelirrojo había inyectado en su interior comenzó a derramarse perezosamente, mezclándose con el sudor y el polvo sobre las baldosas agrietadas.

Kirishima se sentó sobre sus rodillas, con los brazos apoyados en sus muslos y el pecho subiendo y bajando como un fuelle. Su rostro estaba completamente encendido, y una sonrisa de absoluta suficiencia masculina se dibujó en sus labios al ver a dos de las mujeres más fuertes del entorno de los héroes totalmente reducidas por su virilidad.

—Qué jodidamente varonil... —masculló Kirishima con la voz ronca, pasándose una mano por el cabello pelirrojo empapado—. Ninguna de las dos puede aguantar el ritmo de mi dureza.

Nejire, que había quedado recostada de lado observando el clímax de su mentora, soltó una carcajada lasciva y pastosa. El clon mental que gobernaba su cabeza la hacía arrastrarse sin un gramo de pudor hacia la entrepierna del chico de primero. Con sus manos delicadas, agarró el miembro de Kirishima —que aún se mantenía firme, goteando los fluidos de Ryukyu— y se lo pegó a la mejilla, restregándose contra él como una gata en celo.

—¡No presumas tanto, Kirishima-kun! —gimió Nejire, mirándolo desde abajo con los ojos completamente nublados por la perversión—. Ryuko-san es una profesional, pero yo soy más joven y mi cuerpo se recupera más rápido. ¡Mira cómo me tienes! ¡Mi ranura sigue latiendo y pidiendo que la vuelvas a reventar contra la pared!

Ryukyu, haciendo un esfuerzo descomunal, levantó el rostro del suelo. Sus ojos amarillos delataban que su orgullo seguía completamente doblegado bajo la soberbia del pelirrojo. Con hilos de saliva colgando de sus labios, estiró una mano y apretó con fuerza el trasero de Nejire, empujándola hacia el torso del chico.

—Esta mocosa tiene razón, Eijiro... —siseó Ryukyu con una respiración entrecortada y lasciva—. No nos dejes a medias. Usa esa energía destructiva tuya y tómala a ella de nuevo frente a mis ojos. Quiero ver cómo tus embestidas le quitan el aliento a la estrella de tercero.

Kirishima sintió un nuevo subidón de testosterona que le tensó los músculos al instante. La idea de poseerlas en un ciclo eterno, sin que nadie más importara en ese rincón del mundo, le encendió la sangre. Agarró a Nejire por el cabello azul con brusquedad, obligándola a ponerse en cuatro patas justo al lado de Ryukyu, exponiendo su trasero húmedo y libre de ropa interior, listo para sepultar su dureza en ella una vez más.

Kirishima no mostró la más mínima piedad. Con Nejire posicionada en cuatro patas justo al lado de la exhausta heroína dragón, el pelirrojo la sujetó con firmeza por las caderas, hundiendo sus dedos en su piel con un agarre rudo y puramente masculino. La estudiante de tercero soltó un jadeo de anticipación, balanceando su trasero húmedo y completamente entregada a la lascivia que gobernaba su mente.

—¡¡Vas a ver que mi dureza no tiene límites, Nejire!! —bramó Kirishima con una risa ronca, acomodándose inmediatamente detrás de ella.

Sin un segundo de duda, el pelirrojo empujó su pelvis hacia adelante con un golpe seco y devastador, sepultando su miembro rígido y venoso hasta la raíz en el hirviente interior de la mayor de los Tres Grandes.

—¡¡¡AHHHHHHHG, SÍ... ENTRA HASTA EL FONDO, KIRISHIMA!!! —alzó la voz Nejire en un grito agudo que retumbó en las paredes del callejón desierto, mientras sus espirales celestes de *Wave Motion* chisporroteaban involuntariamente a su alrededor debido a la brutal estimulación.

Kirishima inició un bombeo salvaje, rápido y ruidoso. El sonido húmedo y tosco de los cuerpos impactando llenaba la penumbra, marcando un ritmo frenético que hacía que los glúteos de Nejire rebotaran violentamente contra su pelvis en cada estocada profunda. Con cada vaivén, el chico tensaba sus músculos, disfrutando de la asfixiante presión con la que las paredes vaginales de la estudiante abrazaban su hombría.

Ryukyu, completamente sumergida en la misma red libidinosa y sin un ápice de su dignidad profesional, se arrastró de rodillas hasta quedar justo frente a Nejire. Con una mirada desorbitada por el éxtasis del clon mental, la heroína número 10 atrapó la boca de su alumna en un beso lascivo, espeso y profundo, devorándole la lengua para tragarse sus gemidos mientras usaba sus manos maduras para amasar los pechos de la peliazul al ritmo de los brutales impactos de Kirishima.

El frenesí en el callejón se volvió insoportable. Estimulado por el descaro de ambas mujeres y los espasmos eléctricos del quirk de Nejire, Kirishima llegó al borde de su propio límite. Nejire colapsó primero, con su cuerpo sacudiéndose violentamente en un clímax destructivo.

—¡¡ME CORRO... ME CORRO OTRA VEZ CON TU DUREZA, KIRISHIMA... AHHHH!! —aulló la chica.

El pelirrojo soltó un rugido animal. Tensando cada fibra de su cuerpo y llevando su *Hardening* al máximo en tres embestidas finales y despiadadas que tocaron el fondo del útero de Nejire, disparó una densa, abundante y ardiente carga de semen que inundó por completo sus entrañas, desbordándose a borbotones sobre el suelo pegajoso mientras los tres colapsaban exhaustos una vez más en la penumbra.

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