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Chapter 9 by K45 K45

What's next?

Capitulo 9

Ha pasado **un año** desde aquel caótico acontecimiento mundial, y la sociedad finalmente se ha adaptado por completo al Gran Cambio. Las leyes se reescribieron, las identidades se actualizaron y, tal como lo habían anunciado los noticieros, la fusión biológica y mental se completó al cien por ciento en todo el planeta. Las mentes atrapadas en nuevos envases absorbieron por completo los recuerdos, la personalidad, la memoria muscular y las habilidades de los dueños originales, fusionándose en seres completamente nuevos.

En los dormitorios de la UA, Toru Midoriya se encontraba profundamente dormida en su cama, disfrutando de la tranquilidad de la mañana. De pronto, una calidez húmeda la hizo reaccionar: sintió unos suaves y demandantes besos directamente en su boquita, seguidos de una intensa y placentera estimulación manual en sus pechos por debajo de la pijama.

Toru abrió los ojos lentamente y, al recuperar la vista, lo primero que vio enfrente de ella fue el imponente y escultural rostro moreno de **Mirko**. Al notar que su ama había despertado, la mujer conejo se apartó un par de centímetros con una sonrisa salvaje y coqueta, sentándose sobre sus fuertes muslos en la orilla del colchón.

Toru se incorporó en la cama, tallándose los ojos invisibles, y detalló la apariencia de su compañera. Mirko ya no vestía la ropa mugrosa de hace un año; ahora llevaba puestos unos shorts sumamente ajustados y un top deportivo que remarcaba a la perfección su imponente musculatura.

—Vaya... parece que ya te vistes muchísimo mejor que antes, Mirko —comentó Toru con una risita coqueta en su voz invisible.

—Ja, es de esperarse, mi dueña —respondió Mirko con esa voz enérgica, ronca y segura que la caracterizaba—. Ahora que la fusión se completó, poseo absolutamente todos los recuerdos, las brutales habilidades de combate y la personalidad de la famosa heroína número cinco. Ya no soy una simple bestia salvaje.

Mientras lo decía, Mirko estiró sus manos y se agarró un pecho de forma masiva y descarada, apretando su firme atributo frente a Toru. El candente gesto hizo que la entrepierna de la chica invisible se humedeciera de golpe por el puro éxtasis visual.

—Así que no debe preocuparse por nada, mi dueña —continuó la mujer conejo, inclinándose hacia adelante para rozar la nariz invisible de Toru—. Tampoco se preocupe por la idea de que me vaya a ir de su lado. Jamás la dejaré. Mi instinto y mi mente decidieron que yo soy nada más de ti, y te pertenezco por completo.

Toru soltó una carcajada burlona, estirando sus manos invisibles para darle un firme apretón a las largas y esponjosas orejas blancas de la heroína.

—Más te vale, porque si no hubiera sido por las zanahorias con las que te domé en el bosque, seguirías siendo un conejo descalzo corriendo por ahí —le recordó Toru con tono de suficiencia.

—¡Exacto! —rio Mirko, moviendo la colita con entusiasmo—. Tuve una maldita buena suerte de que me tocara un cuerpo humano que ya venía con un quirk de conejo de forma nativa. La transición fue perfecta. Pero dime... ¿cómo vas tú con tu fusión? Me imagino que ya tienes todos los recuerdos y habilidades de tu cuerpo.

Toru asintió con la cabeza, mirando sus propias manos invisibles. Tras un año, la mente de Izuku y la biología de Hagakure se habían entrelazado por completo; ahora Toru no solo dominaba el sigilo.

—Sí, la fusión me dio todo lo de Hagakure-san —explicó Toru, estirándose en la cama—. Pero bueno, eso nos pasó absolutamente a todos en el mundo. Ya seas de los buenos o de los malos, te fusionaste inevitablemente con la identidad del cuerpo que te tocó... Es nuestra nueva realidad.

Toru asintió con la cabeza, mirando sus propias manos invisibles y acomodándose sobre las sábanas. Tras un año completo, la adaptación a su anatomía invisible y a los recuerdos propios de este envase se sentía completamente natural y fluida.

—Sí, la fusión me dio el control absoluto de cada rincón de este cuerpo invisible —explicó Toru, estirándose en la cama con una sonrisa de suficiencia—. Pero bueno, como dices, eso nos pasó absolutamente a todos en el mundo. Te fusionaste inevitablemente con la identidad del cuerpo que te tocó, sin importar quién eras antes. Es nuestra nueva realidad y hay que disfrutarla.

Mirko ensanchó su sonrisa salvaje al escucharla. Sus largas orejas blancas se agitaron de pura emoción y sus ojos se clavaron con fijeza en el espacio de la cama donde sabía que estaba el cuerpo desnudo de su dueña bajo la pijama.

—Y vaya que yo la disfruto, mi dueña... —murmuró Mirko con voz ronca, acortando la distancia entre las dos y dejando caer el peso de su escultural cuerpo moreno directamente sobre Toru.

Toru sintió el delicioso y firme peso de la musculosa heroína encima de ella. Las manos de Mirko, fuertes y expertas gracias a la memoria muscular de la heroína número cinco, no tardaron en deslizarse por debajo del top de la pijama de Toru, buscando sus pechos invisibles para amoldarlos y apretarlos con una urgencia que hizo que la entrepierna de la chica invisible se empapara de golpe.

—Aún me vuela la cabeza no poder verte —jadeó Mirko, pegando sus labios al cuello invisible de Toru y dejando un rastro de besos húmedos y mordiscos suaves que le sacaron un gemido agudo a su ama—. Pero me encanta... Me excita demasiado guiarme solo por el calor de tu piel, por tus gemidos y por lo malditamente húmeda que te pones cuando te toco de esta manera.

Toru, completamente encendida por el atrevimiento y la sumisión de su poderosa mascota, rodeó el cuello de Mirko con sus brazos invisibles, clavándole las uñas en la espalda arqueada.

—Cállate y demuestra lo que aprendiste de ese cuerpo en este año, Mirko —le ordenó Toru con una voz cargada de lascivia y autoridad—. Hazme llegar al clímax ahora mismo.

—Sus deseos son órdenes, mi dueña —respondió la mujer conejo con una risa depredadora.

Sin perder un segundo, Mirko bajó una de sus manos directo hacia los shorts de Toru, despojándola de la prenda con agilidad. Introdujo sus dedos en la intimidad invisible que ya desbordaba fluidos, comenzando a masturbarla con un ritmo salvaje y constante, mientras usaba su otra mano para seguir estrujando sus pechos, decidida a complacer por completo a la única persona a la que le debía obediencia en ese nuevo mundo.

El ritmo de los dedos de Mirko en el interior de Toru se volvió cada vez más intenso y demandante, guiado por la fuerza y agilidad sobrehumanas del quirk de conejo. Los fluidos de la chica invisible salpicaban las sábanas, creando un sonido húmedo que encendía aún más la atmósfera del cuarto.

—¡Ahhh... M-Mirko... d-le más rápido! —gimió Toru con la voz completamente rota, arqueando la espalda sobre el colchón mientras sentía el delicioso choque eléctrico del placer recorrerle todo el vientre bajo.

—Como usted ordene, mi dueña —jadeó la heroína morena, lamiéndose los labios con lascivia.

Mirko aceleró el movimiento de su mano, frotando el clítoris invisible con una precisión salvaje gracias a los agudizados instintos de su cuerpo. Al mismo tiempo, bajó su rostro para atrapar uno de los pezones invisibles de Toru con la boca, succionándolo y mordiéndolo suavemente mientras sus largas orejas blancas se mecían de un lado a otro por la extrema excitación.

El doble estímulo fue demasiado para el cuerpo de Toru. En cuestión de segundos, la chica invisible se tensó por completo sobre la cama; sus muslos temblaron violentamente y soltó un grito agudo de puro éxtasis al estallar en un clímax devastador, empapando por completo la mano de la mujer conejo con una abundante descarga de sus fluidos.

Mirko se separó despacio, respirando de forma agitada, y sacó los dedos de la intimidad de su ama. Con una sonrisa depredadora, se llevó la mano cubierta de líquido transparente hacia el rostro, lamiéndose los dedos uno a uno con absoluto deleite, saboreando la esencia de su dueña.

—Exquisita... como siempre —murmuró Mirko con la mirada encendida, acomodándose los shorts deportivos que le apretaban las curvas—. Ahora que está bien atendida, mi dueña... déjeme consentirla aún más.

Toru, aún recuperando el aliento y con el cuerpo flotando en la gloria del orgasmo, sintió cómo Mirko se acomodaba a gatas por encima de ella, frotando su propia entrepierna enjaulada en los shorts contra los muslos invisibles de su ama, lista para continuar con su eterna y lasciva devoción.

Mirko no perdió un solo segundo más. Con la respiración acelerada y los ojos fijos en el espacio donde sentía el calor de su dueña, se llevó las manos a la cintura y se despojó del top y los shorts deportivos de un solo tirón, dejando al descubierto su imponente y escultural cuerpo moreno, completamente desnudo y reluciente por el sudor. Su vagina ya estaba empapada, latiendo con urgencia por el morbo de la situación.

Acto seguido, estiró sus manos musculosas y le quitó las últimas prendas de pijama que le quedaban a Toru. Aunque la fisonomía de la chica invisible seguía desafiando a la vista, el peso sobre el colchón y la intensa humedad que emanaba de su entrepierna delataban su total desnudez.

—Déjame sentirte por completo, mi dueña... —susurró Mirko con voz ronca, acomodándose de rodillas entre las piernas invisibles de Toru.

Mirko se inclinó hacia adelante, presionando sus firmes pechos morenos contra la piel invisible del pecho de Toru, disfrutando del delicioso contraste térmico. Bajó una de sus manos hacia la entrepierna de su ama, abriendo sus muslos por completo, y guió su propia intimidad directamente hacia la vulva de Toru.

Cuando ambas carnes chocaron, un sonoro y húmedo roce inundó la habitación. Mirko comenzó a frotar su vagina contra la de Toru con un ritmo salvaje, usando la tremenda fuerza de sus piernas de conejo para ejercer una presión deliciosa y constante.

—¡¡Ahhh... M-Mirko... joder, eso es...!! —chilló Toru, rodeando la cintura de la heroína con sus piernas invisibles para pegarla aún más a su cuerpo, entregándose por completo al vaivén del sexo lésbico.

Los gemidos de ambas se mezclaron en el cuarto mientras Mirko aceleraba la fricción, devorando la boca invisible de su dueña con besos hambrientos y profundos. La mezcla de fluidos era tan abundante que chorreaba por los muslos de ambas, encendiendo el morbo al límite. Sabiendo que estaba logrando su cometido, Mirko dio un último y potente empuje, frotando sus clítoris con fuerza salvaje, llevando a Toru y a sí misma directo al borde del abismo del placer en una sesión que prometía durar toda la mañana.

El clímax las golpeó con la fuerza de un rayo. Los cuerpos de ambas se tensaron al unísono mientras la fricción salvaje de sus intimidades las hacía estallar en un orgasmo masivo. Toru soltó un grito agudo que inundó la habitación, aferrándose con fuerza a la espalda de la heroína, mientras que Mirko echó la cabeza hacia atrás, soltando un rugido ronco y ahogado mientras sus largas orejas blancas se sacudían violentamente por el espasmo. Una abundante mezcla de fluidos corrió por sus muslos, empapando por completo las sábanas de la cama.

Tras varios segundos de contracciones involuntarias y temblores, el fuego cedió paso a un delicioso cansancio. Mirko se dejó caer suavemente hacia un lado, completamente exhausta, y Toru se acomodó a su lado, buscando regular su respiración invisible. Ambas se quedaron recostadas en silencio, disfrutando del tierno y pegajoso calor del descanso post-coital.

Poco a poco, Mirko se giró de lado para quedar de frente al espacio donde sentía la silueta de Toru. Sus ojos, ahora fijos y cargados de una profunda y madura devoción, miraron la nada con una inmensa ternura. Estiró su mano morena y comenzó a acariciar la mejilla invisible de su ama con extrema suavidad.

—Gracias... de verdad, muchas gracias por todo, mi dueña —murmuró Mirko con una voz inusualmente suave y melodiosa, desprovista de su habitual rudeza salvaje.

Toru se removió un poco en el colchón, sorprendida por el tono tan sentimental de la mujer conejo.

—¿A qué viene eso de repente, Mirko? —preguntó con una leve risita en su voz invisible.

—Es que me puse a pensar en cómo empezó todo esto hace un año —explicó Mirko, acariciando ahora el cabello invisible de Toru—. Estaba completamente perdida, actuando como un animal salvaje en el bosque, sucia y sin una pizca de conciencia humana... Cualquiera me hubiera dejado ahí o me habría entregado a las autoridades. Pero tú no. Tú me trajiste a tu cuarto, me escondiste y me cuidaste día tras día.

La heroína suspiró, acomodando sus largas orejas sobre la almohada.

—Me enseñaste de poco a poco a volver a comportarme, me alimentaste y me tuviste una paciencia infinita... Todo hasta que mi mente por fin pudo procesar la fusión y obtuve todos los recuerdos, la fuerza y las habilidades de la verdadera Mirko. Te lo debo todo a ti.

Mirko se inclinó y depositó un tierno beso en los labios invisibles de Toru, sellando sus palabras con total sinceridad.

—Por eso... pase lo que pase en este nuevo mundo, tú seguirás siendo mi única dueña para siempre —sentenció la peliblanca con una sonrisa leal y decidida—. Jamás te dejaré sola, y mi cuerpo y mi fuerza estarán siempre a tu servicio para lo que tú quieras hacer conmigo.

Toru sonrió con orgullo desde la nada y rodeó el cuello de su musculosa compañera con sus brazos invisibles, atrayéndola de nuevo hacia su pecho. El morbo y el poder de tener a la heroína número cinco completamente domada y entregada a ella era la mejor recompensa de todas en esa nueva realidad.

Después de quedarse abrazadas por un largo rato, disfrutando del calor de sus cuerpos y de la tranquilidad del cuarto, el cansancio del clímax finalmente se disipó.

Toru se estiró sobre el colchón, haciendo que las sábanas se movieran, y se levantó de la cama con total agilidad. Primero entró ella al baño para darse una ducha caliente, dejando que el agua relajara cada músculo de su anatomía invisible y limpiara los rastros de fluidos de la intensa mañana. Al terminar, salió envuelta en vapor y fue el turno de Mirko. La imponente mujer conejo entró al baño, dejando que el agua recorriera su piel morena y sus largas orejas blancas, saliendo completamente renovada a los pocos minutos.

Al salir, ambas se quedaron de pie en el centro de la habitación, completamente desnudas y con la piel reluciente. Toru, fascinada una vez más por las espectaculares curvas y la firme musculatura de su compañera, caminó con total sigilo hacia ella.

Se agachó un poco y acercó sus manos invisibles directamente a la entrepierna de la heroína. Con un movimiento posesivo y firme, Toru le agarró la vagina, amoldando la húmeda y suave carne entre sus dedos invisibles, haciendo que Mirko soltara un suspiro bajo y respingara las orejas por el repentino estímulo.

—Quiero que cumplas al pie de la letra todo lo que me acabas de decir hace un momento, Mirko —le ordenó Toru con una voz cargada de un morbo autoritario, mientras le daba un ligero apretón a su intimidad—. No quiero que esta hermosa vagina vuelva a tocar a nadie más. Esto que tengo en mis manos es de mi propiedad... Solo es para mí, ¿entendiste?

Mirko bajó la mirada hacia donde sentía la presión de las manos de su ama y ensanchó su sonrisa salvaje, completamente excitada por los celos y el control que Toru ejercía sobre ella.

—Entendido, mi dueña... —respondió Mirko con voz ronca y sumisa—. Toda esta carne es suya. Nadie más que usted volverá a probar este cuerpo. Se lo juro.

Toru sonrió satisfecha desde la nada, retiró sus manos y le dio una última palmada cariñosa en la retaguardia.

—Bien. Ahora arréglate, vamos a bajar a la cocina —dijo la chica invisible.

Ambas procedieron a vestirse con ropa cómoda de civil. Toru se puso una playera holgada y unos shorts deportivos que flotaban en el aire, mientras que Mirko optó por un conjunto deportivo sencillo que resaltaba sus fuertes piernas.

Juntas, salieron de la habitación y bajaron las escaleras en completo silencio hacia la planta baja de los dormitorios. Al entrar a la cocina y revisar el reloj de la pared, confirmaron que el edificio estaba completamente desierto y en paz. Debido a las intensas jornadas y los desarreglos de la noche anterior que tenían a todos cansados, ellas dos eran las primeras en despertar en todo el lugar. Sin perder el tiempo, comenzaron a sacar los ingredientes para preparar un desayuno tranquilo solo para ellas dos, disfrutando de la complicidad y el silencio de la mañana.

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