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Chapter 10 by K45 K45

What's next?

Capitulo 10

Mientras tanto, en otra de las habitaciones de los dormitorios, la vicepresidenta de la clase terminaba de cerrar la llave de la regadera. **Momo Mineta** (la mente del enano pervertido Minoru Mineta, completamente fusionada con la identidad de Momo Yaoyorozu) salió del baño envuelta en una toalla, con el cuerpo caliente y destilando vapor.

Se paró directamente frente al espejo de cuerpo entero y dejó caer la toalla al suelo, quedando completamente desnuda. Contempló las impresionantes y generosas curvas, las piernas torneadas y el enorme busto que ahora le pertenecían por completo.

—A pesar de que ya llevó un año entero metido en este envase... joder, todavía no lo supero del todo —murmuró Momo Mineta con una sonrisa llena de fascinación, admirando su propio reflejo—. Gracias a la fusión definitiva, ahora tengo la inteligencia superior, la elegancia, las habilidades de creación e incluso los recuerdos de la anterior Momo.

Se pasó una mano por el cabello negro, recordando la oleada de memorias que se habían asentado en su cerebro en los últimos meses.

—Ya vi absolutamente todas las veces que ella se masturbaba en secreto en este cuarto... —rio para sí misma con un tono pícaro—. Lo bueno de toda esta fusión es que, gracias a la mente educada de Yaoyorozu, yo ya no volveré a ser ese pendejo pervertido que andaba acosando en público. Ahora mantengo la compostura de una dama... y la lascivia solo sale a la luz cuando yo quiera, o cuando Toru me lo ordene.

Momo desvió la mirada hacia la cama, recordando los intensos eventos del año pasado.

—Aunque... no me lamento en lo más mínimo por haber cometido aquel error que me puso bajo el control de Toru Midoriya —pensó con el morbo encendiéndole las mejillas—. Gracias a que me descubrió y me obligó a cumplir el trato, pude experimentar lo que es tener sexo lésbico real con ella. Y lo que más me sorprendió en todo este tiempo fue enterarme de que Toru tenía bajo su poder el cuerpo de la mismísima heroína Mirko.

Recordar la espectacular sesión de sexo lésbico que habían tenido las tres juntas hace meses le provocó un escalofrío de placer en el vientre.

—Haber estado con las dos en la misma cama fue una gloria absoluta... Aunque es una lástima que Mirko solo le obedezca ciegamente a Toru. Claro, como la mente que cayó en ese cuerpo moreno era la de un conejo real, Toru la domó desde el principio... Qué envidia me da que se haya adueñado por completo de una mujer tan fuerte y sexy.

Momo Mineta sacudió la cabeza para alejar los celos, regresando sus ojos al espejo para admirar la silueta de Yaoyorozu.

—Pero bueno, no me puedo quejar. Aún así, mi cuerpo actual es malditamente bueno —celebró con una sonrisa lasciva.

Cediendo a la intensa sensibilidad de la anatomía femenina, Momo estiró su mano izquierda y se agarró un pecho de forma masiva, apretando el firme pezón, mientras que con la mano derecha bajó directo a su entrepierna. Separó sus labios vaginales y comenzó a estimularse con un ritmo rápido y húmedo, arrancándose un gemido agudo que resonó en la habitación. Tras unos minutos de intensa fricción manual, llegó rápidamente al clímax, chorreando fluidos y estremeciéndose de placer.

Una vez aliviada, se limpió por completo con una toalla, se perfumó y procedió a cambiarse de ropa, poniéndose un conjunto casual pero sumamente elegante que resaltaba su silueta.

Salió de su habitación y comenzó a caminar por el pasillo con una postura recta, un andar refinado y la gracia natural de la anterior Momo, camuflando a la perfección sus pervertidos pensamientos. Bajó las escaleras directo a la cocina, lista para encontrarse con Toru y ver qué deparaba la mañana.

En la cocina de los dormitorios, Toru Midoriya y Mirko disfrutaban del desayuno en un ambiente pacífico y privado. Como eran las primeras en despertar, la tranquilidad reinaba en el lugar, interrumpida únicamente por el sonido de los cubiertos y las risas sutiles que compartían.

De pronto, la puerta se abrió con delicadeza y Momo Mineta entró al lugar, luciendo la perfecta e impecable postura de la anterior Yaoyorozu. Al ver a la chica invisible y a la heroína morena juntas, Momo les dedicó una sonrisa cordial, se acercó a la barra y se sirvió una porción para sentarse a comer con ellas. Tras unos minutos de plática casual, Momo miró hacia el espacio vacío donde sabía que estaba el rostro de Toru y, con un tono de sincera curiosidad, le hizo una pregunta que había estado rondando en su mente:

—Oye, Toru... ¿seguirá la búsqueda de tu madre? Desde el Gran Cambio nunca se supo con certeza qué pasó con ella, en qué cuerpo cayó, ni qué identidad habrá terminado atrapada en el cuerpo original de la señora Midoriya.

Toru detuvo sus cubiertos en el aire. Un silencio denso cayó sobre la mesa, y hasta Mirko dejó de masticar, orejeando con preocupación hacia su dueña. Tras un largo suspiro, la voz invisible de Toru rompió el silencio, desprovista de su habitual tono lascivo y sustituida por una madura resignación.

—No, Mineta... Ya no hace falta seguir buscando —confesó Toru con un dejo de tristeza—. Hace poco supe, por parte de Aizawa-sensei... bueno, ya sabes, el profesor en el cuerpo de Kyoka, que mi madre tuvo un destino muy cruel. Ella cayó en el cuerpo de un Nomu... y poco después, fue asesinada por Stain en uno de sus ataques.

Momo abrió los ojos de par en par, ahogando un jadeo de impresión.

—Es algo que me lamento profundamente... el no haber podido verla o salvarla antes de que eso pasara —continuó Toru, apretando los puños invisibles sobre la mesa—. Pero, aunque suene extraño... tengo un profundo agradecimiento hacia Stain. Él la salvó del terrible y miserable futuro que le esperaba si seguía viviendo atrapada en el cuerpo de ese Nomu de laboratorio. Fue una liberación para ella.

Al escuchar la dolorosa confesión, el instinto empático de la fisonomía de Momo tomó el control por encima de cualquier pensamiento pervertido. Sintiéndose verdaderamente mal por haber tocado un tema tan delicado, Momo se levantó de su asiento y se acercó a Toru. Guiándose por la playera holgada que llevaba la chica invisible, calculó dónde se encontraba su cabeza.

Con total ternura, Momo tomó la cabeza invisible de Toru entre sus manos y la atrajo suavemente hacia su torso, acunándola directamente en medio de sus grandes y cálidos pechos mientras le acariciaba el cabello con suavidad.

—Lo siento muchísimo, Toru... De verdad, no era mi intención hacerte recordar algo tan doloroso —le dijo Momo con una voz sumamente dulce y protectora, acariciándola con genuino cariño.

—No te preocupes, Mineta... Tú no lo sabías —respondió la voz de Toru, amortiguada entre el busto de la pelinegra, sintiéndose extrañamente reconfortada por el gesto.

Momo, manteniendo el firme pero delicado agarre de sus manos, movió la cabeza de Toru hacia arriba, girándola con cuidado para que quedara exactamente frente a su propio rostro, cara a cara a pesar de la invisibilidad. Rompiendo toda distancia, Momo se inclinó y le dio un tierno beso en los labios; un beso completamente limpio de lascivia o intenciones sexuales, un puro y sincero beso de amor y apoyo condicional.

Al separarse, Momo la miró con ojos comprensivos.

—Aquí estoy para ti, Toru... por si en algún momento necesitas desahogarte o llorar. No estás sola.

Toru, conmovida por el inesperado apoyo de su sumisa, se alejó sutilmente del agarre cuando un sonido interrumpió el emotivo momento. Desde el pasillo principal, el eco de unos pasos pesados y torpes comenzó a escucharse, indicando que alguien más estaba bajando las escaleras de los dormitorios.

—Gracias, Mineta... de verdad —le susurró Toru rápidamente, recomponiendo su postura en la silla.

Mirko, Momo y Toru giraron sus rostros al mismo tiempo hacia la entrada de la cocina para ver de quién se trataba. La puerta se empujó por completo y dejó ver a la nueva silueta que se integraba a la mañana: era **Ochako Kirishima**, quien avanzaba rascándose la cabeza y bostezando con el cabello castaño completamente alborotado.

Antes de que Ochako Kirishima (la mente del endurecido Eijiro Kirishima en el cuerpo de la castaña) cruzara la puerta de la cocina, su mañana había comenzado de una manera sumamente intensa y delirante en el piso de arriba.

Al despertar en su habitación, Ochako se encontró completamente desnuda sobre las sábanas. Una intensa presión y un calor abrasador en su entrepierna la hicieron reaccionar de golpe: tenía un dildo enorme y grueso introducido profundamente en su vagina, un juguete con el que se había estado divirtiendo la noche anterior hasta quedar rendida.

Se levantó de la cama con las piernas temblorosas, sintiendo cómo las paredes de su intimidad se estiraban y se aferraban al material del dildo con cada paso que daba hacia el espejo de cuerpo entero. Su vagina estaba chorreando fluidos de manera incontrolable, empapando sus muslos por el puro morbo de la estimulación matutina.

Al pararse frente al cristal, contempló su nuevo reflejo. Vio las curvas delicadas, el rostro tierno de mejillas sonrosadas y el juguete, del cual apenas se alcanzaba a ver la base porque más de la mitad ya había sido tragado por completo por su insaciable vagina. Con un gemido ronco, Ochako agarró la base del dildo y lo jaló hacia afuera con un movimiento lento y firme. La fricción de la enorme pieza saliendo de su carne le provocó un éxtasis tan devastador que, justo cuando el juguete terminó de salir liberando una cascada de fluidos, su cuerpo colapsó en un orgasmo masivo que la hizo doblar las rodillas frente al espejo.

Tras recuperarse del orgasmo, se metió a bañar para limpiarse y relajar los músculos. Al salir de la ducha, aún completamente desnuda y con la piel húmeda por el vapor, se paró una vez más frente al espejo para admirarse.

—Maldita sea... a pesar del año entero que he estado viviendo en este cuerpo actual, todavía no puedo soportar la tremenda excitación que me da verme desnuda frente al espejo —murmuró Ochako con su voz aguda pero con el tono rudo de Kirishima—. Es una maldita locura de hormonas.

Se pasó una mano por el cabello castaño y húmedo, sonriendo con malicia al recordar cómo la fusión biológica se había completado.

—Aunque bueno, ya me sé absolutamente todos los secretos de la anterior Ochako. Tengo sus habilidades de gravedad, sus recuerdos... y sé perfectamente cómo se masturbaba a escondidas en este mismo cuarto. Ya puse en práctica todo lo que vi en sus memorias y debo admitir que me encantó... Además, hay cosas muy raras que heredé; ahora me fascinan los mochis tanto como a ella, ¡es un vicio maldito!

Dando por terminada su sesión de admiración y lascivia frente al espejo, Ochako procedió a vestirse con una playera sencilla y unos shorts cómodos. Con el estómago rugiendo por el desgaste del orgasmo matutino, salió de su habitación y bajó las escaleras con su habitual caminar enérgico, encontrándose finalmente en la cocina con Toru, Mirko y Momo, quienes la miraron fijamente en cuanto cruzó la puerta.

Al ver entrar a la castaña a la cocina, un silencio momentáneo se apoderó de la barra. Mirko, sentada al lado de su dueña, desvió por un momento la mirada y se quedó pensativa, dejando que los recuerdos de su bizarro origen fluyeran por su mente ahora completamente humana y consciente.

—¿Saben? Ver a Kirishima en ese envase me hace recordar lo maldito y loco que fue todo esto para mí hace un año —soltó Mirko con su voz ronca, rompiendo el hielo mientras cruzaba sus imponentes brazos morenos sobre la mesa. Miró de reojo a Toru con una devoción absoluta—. Yo era un simple conejo real en el bosque. No tenía conciencia, no entendía el mundo, solo vivía por instinto... hasta que el Gran Cambio me arrojó de golpe al cuerpo de esta hermosa y poderosa mujer.

Momo y Ochako la escuchaban con atención mientras Mirko continuaba con su relato.

—Cuando mi dueña me vio por primera vez en el bosque, yo era un completo desastre. Tenía la ropa rota, sucia y andaba descalza, saltando asustada por los árboles —rio la peliblanca, moviendo una de sus orejas—. Si Toru no me hubiera tentado y guiado hasta su cuarto usando esas zanahorias, yo jamás la habría seguido... Mi futuro en esta sociedad caótica habría sido horrible. Pero qué bueno que fue ella quien me encontró. Al principio, en su cuarto, yo andaba completamente desnuda porque todavía no tenía la inteligencia para entender lo que era la ropa. Toru me cuidaba, me daba de comer en la boca y me protegía.

Mirko suspiró, recordando la transición biológica.

—Con los días, la fusión empezó a hacer efecto. Fui adquiriendo la inteligencia, los recuerdos, las brutales técnicas de combate y la personalidad de Mirko, de poco en poco, volviéndome más y más útil para mi ama. La anterior dueña de este cuerpo era una gran mujer, ruda, orgullosa y poderosa... pero yo decidí cambiar ese destino. Ahora soy la mujer más sumisa y devota de mi dueña. Seré ruda y poderosa contra cualquiera que se atreva a hacerle daño a Toru, pero con ella siempre seré su fiel mascota.

Una sonrisa lasciva y pícara se dibujó en el rostro de la heroína al recordar las bondades de su nueva anatomía.

—Además... si hay algo que disfruto al máximo de este envase, es la masturbación y el sexo. Tener estos pechos tan grandes y una vagina tan espectacular es una bendición. Aunque... —Mirko soltó una carcajada, ganándose un sonrojo invisible de Toru—. Imposible olvidar la vez que, por pura curiosidad animal antes de que se completara la fusión, me metí una gran zanahoria entera en la vagina. El orgasmo fue tan malditamente devastador y salvaje que me desmayé ahí mismo en el suelo, y fue mi dueña quien me encontró y me cuidó hasta que desperté. Por eso se lo repetiré mil veces: mi vagina, mis pechos y absolutamente todo este cuerpo es solo para ella, y para nadie más.

Mirko suavizó la mirada, recordando la escena que acababa de presenciar antes de que bajara la castaña.

—Hace un momento, cuando vi a mi dueña ponerse tan triste por lo de su madre, sentí una profunda tristeza en mi pecho... pero me alegró ver cómo la perra de Momo saltó de inmediato a apoyarla y a consolarla entre sus pechos. Se ganó mis respetos por hoy.

Sin embargo, la atmósfera tierna se desvió por completo cuando la mirada de Mirko se clavó con recelo en Ochako Kirishima, quien acababa de sentarse en la mesa.

—Aunque claro, todo ese momento se cortó por la llegada de la zorra de Ochako —bufó Mirko con una sonrisa burlona, haciendo que la castaña frunciera el ceño—. No me mires así, Kirishima. Yo misma te vi una vez por accidente en tu cuarto metiéndote unas cosas malditamente grandes en la vagina. Cosas tan enormes que incluso yo, con todo este cuerpo de heroína, nunca me atreví a usar por el puro miedo de volver a desmayarme como aquella vez con la zanahoria... Aunque bueno, eso fue antes de obtener la resistencia de Mirko, ahora ya no me preocupa. Pero de todos modos, me abstengo de jugar con juguetes tan exagerados... a menos que mi dueña me lo pida; si Toru me lo ordena, con mucho gusto me meteré lo que ella quiera.

Pegado a lo alto de la pared del pasillo, justo en la entrada de la cocina y al más puro estilo del Hombre Araña, se encontraba **Tsuyu Bakugou** (la mente del explosivo y orgulloso Katsuki Bakugou, atrapado permanentemente en la anatomía de la chica rana). Gracias a las almohadillas ventosas y las habilidades nativas del cuerpo de Asui, podía sostenerse firmemente en las alturas sin hacer el más mínimo ruido, lo que le permitía escuchar absolutamente toda la candente conversación que se desarrollaba abajo.

Bakugou había salido de su habitación minutos después de Ochako. Al avanzar por el pasillo del segundo piso, vio perfectamente cómo la castaña salía de su cuarto todavía adormilada. Desde las alturas, observó con todo el morbo del mundo cómo Ochako se rascaba las nalgas sin ningún pudor, levantándose la playera y dejando ver por completo las diminutas bragas negras que llevaba puestas. Fascinado por la vista, la había seguido sigilosamente escaleras abajo, deteniéndose a escuchar en la pared justo cuando Mirko empezó a ventilar los secretos de todas.

—Tsk... de esa maldita zorra de Ochako era de esperarse —pensó Tsuyu Bakugou, entrecerrando sus grandes ojos de rana con una mezcla de cinismo y excitación—. Desde que Kirishima cayó en ese maldito cuerpo, se convirtió en una perra ninfómana.

Para Katsuki, todavía era sumamente extraño procesar ese cambio. En su vida anterior, Kirishima había sido un hombre recto, respetuoso y uno de sus mejores y más leales amigos; pero ver cómo las hormonas femeninas lo habían corrompido por completo hasta volverlo un adicto a meterse cosas enormes en la vagina era una completa locura.

Aprovechando su posición, Bakugou activó sus agudizados sentidos de rana. Su fisonomía, completamente adaptada tras un año de fusión, escaneó los alrededores a través de las vibraciones del aire y la humedad. Su sensor biológico le confirmó que no había más presencias en toda la planta baja; solo estaban las cuatro mujeres platicando en la barra y ella vigilando desde el techo.

Sin embargo, una sonrisa lasciva y burlona se dibujó en el rostro de Tsuyu Bakugou al recapacitar sobre sus propios pensamientos.

—Aunque bueno... yo no soy quién para juzgar a Kirishima y decirle zorra... si yo estoy exactamente igual o peor —se dijo a sí misma en su mente, sintiendo cómo el calor de la mañana le encendía la entrepierna.

Katsuki estaba completamente consciente de que el cuerpo de la rana lo había vuelto igual de libertino, pero su maldito orgullo le impedía mostrar esa faceta pervertida en público frente a los demás extras. No iba a rebajarse a gemir frente a ellos.

Incapaz de contener las intensas pulsaciones de su anatomía, Tsuyu abrió la boca y comenzó a desplegar su larga, flexible y húmeda lengua. Con una precisión milimétrica, pasó la punta de su lengua por debajo de la tela de sus shorts y apartó hábilmente sus bragas hacia un lado, exponiendo por completo su intimidad rosada y desprotegida.

Pegada a la pared, comenzó a masturbarse a sí misma usando su propia lengua, lamiendo y masajeando su clítoris con un ritmo rápido y constante. El morbo de estar escuchando las confesiones sexuales de Mirko y Momo mientras se profanaba a sí misma en las alturas la llevó al límite en segundos. Como Bakugou había tenido la precaución de hacer a un lado la ropa por completo para dejar pasar su lengua, las densas y ardientes gotas de lubricación que comenzaron a brotar en cascada desde su vagina no mojaron sus shorts, sino que caían libremente de forma directa e impecable hacia el suelo del pasillo, dejando un rastro de fluidos que delataba el intenso y secreto placer del antiguo chico explosivo.

Mientras tanto, en los dormitorios del bloque de la Clase B, la mañana comenzaba con una intensidad completamente distinta para **Ibara Todoroki** (la mente del serio y monótono Shoto Todoroki, fusionada permanentemente con el cuerpo de la religiosa Ibara Shiozaki).

Al despertar en su cama, una intensa y punzante presión en su entrepierna la hizo reaccionar. Al bajar la vista, vio que tenía varias de sus propias enredaderas de espinas entrelazadas e introducidas profundamente en su vagina, habiendo pasado la noche estimulándose de forma inconsciente. Con total parsimonia, Shoto comenzó a jalar las lianas hacia afuera. La textura rugosa de los tallos saliendo de su sensible carne le provocó un éxtasis tan devastador que arqueó la espalda, soltando un suspiro ahogado mientras su intimidad chorreaba fluidos.

—Soy una gran pecadora... —murmuró Ibara Todoroki con su tono de voz plano y monótono, pero usando las expresiones religiosas de la anterior dueña—. Esto merece una retribución.

Manteniendo su rostro inexpresivo, comenzó a darse firmes palmadas con la mano abierta directamente en su vulva expuesta como un autoproclamado "castigo" por su lujuria, lo que solo sirvió para encenderla más y hacerla pulsar de placer. Tras limpiarse por completo, caminó hacia el armario. Mientras se colocaba el brasier y las bragas, analizó los cambios en su mente.

—Desde que la fusión se completó hace un año, parece que heredé este lado moralista y místico... Aunque sigo siendo igual de monótono —pensó para sí misma—. Al menos ahora sé usar este quirk de plantas para diferentes cosas. De acuerdo con las memorias de la anterior Ibara, ella también usaba sus enredaderas en su vagina para saciar su carne, pero lo hacía mucho mejor... Desde que absorbí sus habilidades, yo también he perfeccionado la técnica.

Terminó de vestirse con unos pantalones cómodos y una blusa sencilla. Salió de su habitación caminando despacio y con las piernas ligeramente abiertas, debido al remanente dolor y la extrema sensibilidad que le había dejado su "pecado" matutino. Cruzó los pasillos interconectados hasta llegar al edificio principal de la UA. Sin embargo, al empezar a bajar las escaleras que daban al pasillo de la cocina, levantó la vista y presenció una escena de lo más bizarra: Tsuyu Bakugou estaba pegada a la pared, lamiéndose su propia vagina con su larga lengua. Debido a la extrema concentración de Katsuki en su orgasmo, no se había percatado de su presencia.

—Tsuyu... ¿qué estás haciendo? —soltó Ibara con su voz gélida e impecable.

Al verse descubierta en plena profanación, el temperamento explosivo de Katsuki estalló. Tsuyu Bakugou retrajo su lengua de golpe, se despegó de la pared con un impulso salvaje y se lanzó con los pies por delante directamente contra Ibara de forma agresiva. Reaccionando con la velocidad de sus reflejos combinados, Ibara Todoroki activó su quirk e hizo crecer un espeso y suave cojín de enredaderas en el suelo, amortiguando la caída de ambas para no hacerse daño al chocar contra el piso.

Katsuki quedó montada encima del pecho de la pelinegra, sujetándola por las muñecas y clavándole una mirada asesina con sus grandes ojos de rana.

—¡¡Ni se te ocurra decir una sola palabra de esto, maldito cactus de mierda!! —le espetó Tsuyu Bakugou en un susurro cargado de rabia y orgullo—. ¡¡Nadie en esta maldita academia se puede enterar de lo que viste!!

Para asegurar el silencio de la religiosa de la manera más perversa posible, Bakugou desabrochó rápidamente el pantalón de Ibara y apartó sus bragas. Desplegó su larga y húmeda lengua de nuevo y la hundió de lleno en la vagina de Ibara, comenzando a lamerla y masturbarla con una velocidad salvaje para someterla a través del placer. Ibara contuvo un grito, abriendo los ojos de par en par ante el descarado abuso.

La intención de Tsuyu (Katsuki) era darle una rápida lección de sumisión e irse de inmediato para no dejar rastro, pero el destino tenía otros planes. Justo en ese momento, la puerta de la cocina se abrió por completo y **Ochako Kirishima** asomó la cabeza, quedándose completamente congelada al ver a la chica rana encima de la peliverde, con la lengua enterrada en su entrepierna sobre un montón de lianas.

—Pero qué carajos... —soltó Ochako con la boca abierta.

Al verse acorraladas y sin forma de negar la lascivia del momento, Tsuyu retiró la lengua con fastidio y ayudó a Ibara a levantarse. Acomodándose las ropas y fingiendo demencia con el orgullo intacto, las dos no tuvieron más remedio que caminar junto a Ochako directo hacia la cocina, integrándose finalmente al grupo donde ya las esperaban Toru, Mirko y Momo para encarar juntas la ardiente mañana.

Con la llegada de Ochako (Kirishima), Tsuyu (Bakugou) e Ibara (Todoroki), la cocina de los dormitorios se convirtió en un verdadero nido de tensión, morbo y secretos descubiertos. Las seis mujeres quedaron frente a frente alrededor de la barra, rompiendo por completo la tranquilidad de la mañana.

Ochako se cruzó de brazos, haciendo que sus pechos rebotaran levemente bajo su playera, y clavó una mirada severa y juzgadora en Tsuyu y en Ibara.

—A ver, ¿ustedes dos están completamente locas o qué carajos les pasa? —espetó Ochako con la ruda voz de Kirishima, pero con los gestos de la castaña—. Acaban de romper una de las 10 Reglas Sagradas que se establecieron a nivel mundial tras el Gran Cambio: **la prohibición absoluta de realizar cualquier acto pervertido o sexual en los pasillos y zonas públicas**. ¡Esa maldita regla se hizo específicamente para que las mujeres que antes éramos hombres no tengamos que ver nuestros nuevos cuerpos, ni los cuerpos de otras mujeres, comportarse como unas putas de mierda en las zonas comunes! ¡Hay que mantener el maldito respeto y el profesionalismo de héroes!

Tsuyu Bakugou soltó un bufido despectivo. Se acomodó en su silla, infló sus mejillas de rana y clavó sus grandes ojos en la castaña con una mirada cargada de un orgullo sumamente agresivo.

—¡¡Cállate la maldita boca, cara de ángel de mierda!! —le gritó Tsuyu con el temperamento explosivo de Katsuki—. ¡Tú eres la menos indicada en todo este maldito edificio para darnos un discurso de moralidad y reglas! Desde que caíste en ese maldito cuerpo de Ochako, te has convertido en una zorra ninfómana de primera categoría. ¡¿O crees que no te vi esta maldita mañana?!

Ochako abrió los ojos de par en par, sintiendo cómo sus sonrosadas mejillas se encendían aún más por el golpe.

—Saliste de tu habitación toda adormilada y te importó una puta mierda el pasillo común —continuó Tsuyu con una sonrisa sádica, delatándola frente a todas—. Te empezaste a rascar las nalgas sin ningún pudor, levantándote la playera y dejando ver por completo las diminutas bragas negras de encaje que llevabas puestas. Así que no me vengas con tus discursos baratos, Kirishima.

Katsuki no se detuvo ahí. Con la adrenalina a tope, giró el rostro hacia la vicepresidenta de la clase, quien intentaba mantener su postura elegante de dama.

—¡Y tú tampoco te salvas, Yaoyorozu de pacotilla! —le espetó Tsuyu a Momo Mineta—. Cada maldita vez que crees que nadie te está mirando, te la pasas agarrándote y exprimiéndote esos enormes pechos de forma masiva por el puro morbo de sentir la fisonomía de esa mujer. ¡Todas en esta mesa somos unas perras calientes por culpa de las hormonas de estos envases!

Finalmente, los ojos de rana de Bakugou se clavaron en la silueta invisible que estaba sentada junto a la imponente mujer conejo.

—¡Y tú, Toru...! —empezó a decir Tsuyu, apuntándola con el dedo.

Antes de que pudiera terminar la frase, la voz invisible de Toru Midoriya la interrumpió de golpe, levantando las manos en el aire de forma inocente para deslindarse del problema de inmediato.

—¡Epa, epa! ¡A mí ni me mires ni me digas nada, Bakugou! —exclamó Toru con una risita nerviosa y coqueta—. ¡Yo no te he dicho absolutamente nada, yo estaba aquí desayunando muy tranquila con mi Mirko! No me metas en tus reclamos.

Mirko, atenta a cualquier movimiento que pudiera amenazar a su dueña, orejeó con fuerza y soltó un gruñido bajo y protector desde su asiento, dejando en claro que si la chica rana intentaba pasarse de lista con Toru, la imponente heroína morena la aplastaría contra el suelo de la cocina sin dudarlo.

Tsuyu suspiró de golpe, dejando que el aire frío de sus pulmones de rana apagara su rabia. Bajó la cabeza, adoptando un tono inusualmente serio que contrastaba con su habitual agresividad.

—Lo siento, Toru... Lamento mucho lo de la pérdida de tu madre —murmuró Tsuyu con sinceridad, antes de dar media vuelta y salir de la cocina en completo silencio.

Toru la vio marcharse. En el fondo, la chica invisible sabía perfectamente por qué Bakugou entendía su dolor: la madre de Katsuki (Mitsuki Bakugou) había caído en el cuerpo de Gran Torino, aquel viejo decrépito que había sido el maestro de Deku. Era una situación extraña y bizarra, pero al menos para Bakugou, su madre seguía viva y coleando en este nuevo mundo.

Ibara Todoroki (Shoto), manteniendo su andar pausado por la sensibilidad que le había dejado su "castigo" matutino, se acercó a la barra y se sentó a comer con las tres mujeres que quedaban, devorando su desayuno con su típica parsimonia monótona. Tras limpiar su plato, Ibara rompió el silencio mirando hacia la playera holgada de Toru.

—Toru... ¿podrías acompañarme hoy a visitar a mi madre? —preguntó Ibara con su voz gélida—. Ella cayó en el cuerpo del viejo decrépito de All Might... me gustaría que estuvieras ahí.

—Claro que sí, Todoroki, te acompaño —respondió Toru de inmediato. Luego, su silueta invisible se giró hacia la imponente heroína morena—. ¿Qué dices tú, Rumi? ¿Vienes con nosotras?

Toru la llamaba **Rumi** por una razón muy simple: al haber sido un conejo real en el bosque antes del Gran Cambio, la criatura no poseía un nombre ni un apellido humano. Pero al fusionarse con el cuerpo de la heroína número cinco, adoptó el nombre de pila de esta, Rumi, y como apellido legal se le asignó el de su ama: Midoriya. Ahora, su identidad oficial ante el mundo era Rumi Midoriya.

—Por supuesto, mi dueña. Yo siempre la seguiré a donde usted vaya —respondió Rumi con una sonrisa leal, moviendo sus largas orejas blancas con entusiasmo.

Las tres terminaron de desayunar y subieron rápidamente a sus respectivas habitaciones para arreglarse. Minutos después, volvieron a encontrarse en la planta baja, listas para salir.

Ibara las esperaba luciendo un hermoso vestido ligero y largo que se amoldaba a la silueta refinada de Shiozaki, dándole un aire místico y recatado. Toru, por su parte, llevaba unos pantalones cómodos y una blusa casual que flotaba en el aire revelando su silueta invisible, mientras que Rumi Midoriya se había puesto unos pantalones deportivos ajustados y una blusa que remarcaba sus imponentes hombros y pechos musculosos.

Cuando las tres caminaban a paso firme rumbo a la salida principal de los dormitorios, una figura alta y delgada se interpuso en su camino: era **Himiko Yagi** (la mente de All Might atrapada en el cuerpo de la sádica rubia). Al verlas tan arregladas, las miró con curiosidad.

—Muchachas, ¿a dónde van tan temprano? —preguntó Himiko con su característica voz aguda.

—Vamos a ir al hospital a ver a la madre de Todoroki —respondió la voz invisible de Toru.

—Ah, entiendo... Tengan mucho cuidado en las calles —les advirtió Himiko Yagi con una sonrisa amable—. Y por favor, mándenle mis más sinceros saludos de mi parte cuando la vean.

—Se los daremos —asintió Ibara con la cabeza.

Sin más retrasos, las tres mujeres cruzaron las grandes puertas de la UA, dejando atrás la seguridad de los dormitorios. Con el sol de la mañana iluminando el camino, caminaron juntas rumbo a la estación de trenes con una dirección fija: el hospital de la ciudad donde descansaba la madre de Shoto en su nuevo e imponente cuerpo.

Mientras tanto, en un sector alejado de la ciudad, una mujer rubia de figura esbelta se abría paso entre los callejones. Vestía unos pantalones oscuros, una camisa ajustada y llevaba el rostro, los brazos y varias partes de su cuerpo completamente cubiertos por vendas, harapos y telas desgastadas. Con el cabello recogido, unos lentes puestos y dos katanas cruzadas en la espalda, la figura se detuvo en seco al escuchar un estrépito.

A unos metros, un Nomu débil y deforme estaba destrozando el muro de un edificio residencial. Sin dudarlo un segundo, la rubia se impulsó con una agilidad inhumana, desenvainó una de sus katanas y se lanzó directamente contra la cabeza de la criatura, clavando la hoja en el cerebro expuesto y matándola al instante. El monstruo cayó desplomado, disolviéndose en el suelo.

La mujer guardó su arma, escaneó los alrededores para asegurarse de que no hubiera testigos y soltó un bufido de frustración.

—Maldita sea... —gruñó con una voz femenina pero con un tono sumamente imponente y letal—. A pesar de que tengo los pechos bien amarrados con las vendas, se siguen moviendo y estorban al saltar. Menos mal que me puse a entrenar este cuerpo desde el primer día para adaptarlo a mi estilo.

Sin perder tiempo, se escabulló entre las sombras y regresó a su casa, un escondite seguro y solitario. Se despojó de las vendas, la ropa sucia y se metió a dar una ducha rápida. Al salir del baño, completamente desnuda, tomó los lentes que había dejado sobre el mueble, se los puso y se paró frente al espejo. Estiró una de sus manos y se agarró un pecho, apretando la suave y firme carne con extrañeza.

—A pesar de que ya llevo un año entero atrapado en este envase, y de tener absolutamente todos sus recuerdos, su intelecto científico y sus habilidades de ingeniería... todavía no me acostumbro del todo a ser una mujer —pensó Chizome Akaguro, la mente del infame **Stain, el Asesino de Héroes**, ahora fusionado con el cuerpo de **Melissa Shield**.

La intensa sensibilidad de la anatomía femenina no tardó en encender su entrepierna. Melissa (Stain) comenzó a estimularse los pechos y la vulva con los dedos, hasta que estiró el brazo hacia un cajón y sacó un juguete sexual grande que había comprado en una tienda secreta meses atrás. Sin rodeos, se penetró con el artefacto, buscando un desahogo rápido.

—Al menos... gracias al brillante ingenio científico de este cuerpo, he podido fabricar mis propios aparatos y tecnología mejorada para que me sirvan en mis cacerías de falsos héroes —jadeó Melissa, acelerando las embestidas del juguete dentro de su vagina mientras se masturbaba con rudeza—. La anterior Melissa Shield era una completa idiota... por pensar que al nacer sin un quirk no podía hacer mucho en este mundo. Yo ya he hecho bastante con sus manos... Además, este cuerpo joven y sano es mil veces mejor que mi anterior forma llena de cicatrices.

Con un gemido ronco, llegó al clímax, estremeciéndose por completo. Se sacó el juguete y abrió las piernas frente al espejo, contemplando su vagina chorreando abundantes fluidos transparentes. Tras unos segundos, se limpió con desdén, se puso ropa civil casual y salió de la casa, caminando por la calle con total normalidad, con una postura segura y sin ninguna preocupación de ser descubierta.

Mientras avanzaba por la avenida, divisó a tres mujeres que caminaban en su dirección. Gracias a su aguzado instinto y a la información que manejaba, las reconoció de inmediato: la chica de pelo de enredaderas era Ibara Shiozaki de la Clase B, pero sabía que quien habitaba ese cuerpo era Shoto Todoroki; la otra era la imponente heroína Mirko, aunque en realidad era un conejo salvaje dominado; y la última era la chica invisible, Toru, cuya ropa flotaba en el aire revelando la presencia de Izuku Midoriya.

Melissa se debatió por un instante si cambiar de ruta. Si se las encontraba de frente, tendría que decidir si fingir que no las conocía o inventar que otra alma diferente había caído en el cuerpo de la rubia de I-Island. Decidida a no mostrar debilidad, apretó el paso con seguridad y caminó directo hacia ellas.

Al cruzarse, las tres se detuvieron y la saludaron de forma cortés, pero la playera holgada de la chica invisible se movió y la voz de Toru resonó con total fijeza:

—¿Melissa...?

Melissa Shield se acomodó los lentes con un dedo, manteniendo una expresión gélida y calmada.

—¿Sí...? ¿Qué querías? —respondió con un tono firme.

Toru dio un paso al frente, analizando la postura analítica y la mirada afilada de la rubia a través de sus lentes. Tras un breve silencio, la chica invisible soltó una bomba que congeló el ambiente:

—¿Quién eras anteriormente? Espera... ya sé perfectamente quién eres. Eres **Stain**, ¿verdad?

Melissa abrió los ojos de par en par detrás de las gafas, sintiendo cómo un escalofrío recorría su espalda mientras su mente se aceleraba a mil por hora.

*«¡Maldita sea...! ¡¿Cómo carajos supo eso?!»*, pensó Stain, completamente estupefacto y sorprendido por la deducción de la chica invisible.

Al ver que Melissa permanecía en un silencio absoluto, con la mirada fija y el cuerpo tenso, Toru confirmó de inmediato que sus sospechas eran completamente reales.

—No te preocupes, Stain... —le dijo Toru con una voz suave y comprensiva—. Sé que has ayudado mucho a este mundo a tu manera.

Sin previo aviso, la chica invisible dio un paso al frente y rodeó con sus brazos el cuerpo de la rubia. Al estrecharla en un abrazo sincero, los pechos invisibles de Toru chocaron firmemente contra los generosos atributos de Melissa Shield; la inesperada y ardiente presión del contacto físico tomó por sorpresa a ambas partes, sacándoles un sutil gemido ahogado debido a la extrema sensibilidad de sus nuevos envases femeninos.

—Te agradezco mucho... de verdad, te agradezco por haber sacado de ese terrible sufrimiento a mi madre, quien había caído en ese maldito Nomu —le susurró Toru al oído, manteniendo el abrazo por unos segundos antes de separarse—. ¿Podrías... podrías contarme exactamente qué fue lo que pasó?

Melissa se acomodó los lentes, dejando escapar un suspiro ronco mientras la personalidad de Stain se apoderaba de su rostro femenino. Sus ojos se nublaron por un instante al evocar los recuerdos de aquella cacería.

—Fue hace unos dos meses... —comenzó a relatar Melissa con voz firme—. Me topé con un Nomu muy raro en un callejón abandonado. A diferencia de las otras bestias, este monstruo no estaba destruyendo nada... simplemente estaba arrinconado, temblando y... ¿llorando? Me acerqué con mis katanas listo para matarlo, pero justo antes de cortarle el cuello, la criatura habló con una voz distorsionada y rota, diciendo: *«¿Eres tú quien me va a matar?»*.

Ibara y Rumi escuchaban en absoluto silencio mientras Melissa continuaba con su relato.

—Le respondí que sí, que mi deber era purgar las abominaciones. Fue entonces cuando el Nomu me dijo que, antes del Gran Cambio, ella era una mujer común y corriente... la madre de un hermoso niño llamado Izuku Midoriya, a quien describió como su más grande tesoro. En cuanto escuché ese nombre, até cabos de inmediato. Le pregunté directamente: *«¿Era usted Inko Midoriya?»*, y el monstruo asintió con la cabeza.

Melissa hizo una pausa, recordando el misticismo de esa conversación.

—Pero lo que me tomó por sorpresa fue lo que me dijo después. Ese Nomu me miró fijamente y murmuró: *«Parece que tú tampoco estás en tu cuerpo original... por la forma en que te mueves y actúas. Eras un hombre, un asesino... ¿verdad?»*. Le confesé la verdad, pero ella me miró con una paz increíble y me dijo algo que me descolocó: *«Pero eras un asesino bueno»*. Me quedé estupefacto. ¡¿Cómo que un asesino bueno?! Intenté exigirle una explicación, pero ella no me respondió. En su lugar, me miró con las pocas fuerzas que le quedaban y me dijo: *«¿Puedo pedirte dos favores?»*.

Toru sintió un nudo en la garganta invisible, escuchando con el corazón acelerado.

—Le advertí que si estaba a mi alcance, lo consideraría —prosiguió la rubia—. El Nomu me pidió primero: *«¿Puedes cuidar a mi niño? No sé en qué cuerpo habrá caído en esta nueva realidad, pero por favor, cuídalo si te lo topas»*. Y el segundo favor fue el más doloroso... me suplicó: *«Quítame este sufrimiento, por favor»*. Entendí su dolor. Desenvainé mi katana, le pedí una disculpa por lo que estaba a punto de hacer, pero ella me interrumpió con una sonrisa deforme en su rostro de monstruo y me dijo: *«No te disculpes... tú eres mi héroe»*. Acto seguido, hice lo mío y atravesé su cerebro. Murió al instante, libre de toda agonía, y yo regresé a mi escondite. Eso es todo lo que pasó.

Al escuchar la historia completa, Toru Midoriya se quedó completamente paralizada en medio de la calle. Sentirse llamada "su niño" a través de los recuerdos de su madre muerta, combinado con el hecho de que el mismísimo Asesino de Héroes había sido catalogado como el "héroe" de Inko, la hizo sentir sumamente rara. Una mezcla de profunda tristeza, alivio y un extraño escalofrío recorrió toda su anatomía invisible, dejándola sin palabras frente a la imponente Melissa Shield.

Incapaz de soportar el peso de las últimas palabras de su madre, las piernas invisibles de Toru cedieron. Se dejó caer sentada directamente sobre el pavimento de la calle, escondiendo su rostro entre sus rodillas flotantes mientras comenzaba a llorar en un profundo y desgarrador silencio.

Al ver la cruda escena, el frío semblante de Melissa (Stain) se rompió por completo. Recordando la última voluntad de aquella mujer que había liberado de su agonía, se agachó de inmediato, rodeó con sus firmes brazos el cuerpo invisible de Toru y la apegó a su pecho. La consoló en silencio, acariciándole la espalda con una ternura que jamás pensó poseer, manteniéndose así hasta que los sollozos de la chica invisible finalmente cesaron y ella logró calmarse.

Toru se limpió las lágrimas invisibles y se puso de pie junto a Rumi e Ibara para continuar con su camino. Sin embargo, antes de que la rubia pudiera dar media vuelta para marcharse, Toru la sujetó con firmeza del brazo.

—Tú vienes con nosotras. No acepto un no por respuesta —le sentenció la chica invisible con un tono caprichoso y mandón.

Sin darle tiempo a reaccionar o negarse, Toru se llevó a Melissa a rastras junto al grupo. Tras unos minutos de caminata, las cuatro mujeres llegaron finalmente al hospital. Al entrar, Ibara Todoroki (Shoto) se registró en la recepción y pasó de inmediato a la habitación privada para hablar a solas con su madre en el imponente pero desgastado cuerpo de All Might.

Mientras tanto, en la sala de espera del hospital, Toru y Melissa se sentaron juntas en las bancas. Para romper la tensión, Toru detalló el aspecto de la rubia.

—Tienes un cabello verdaderamente hermoso, Melissa —le halagó la chica invisible, haciendo flotar su mano cerca de los mechones rubios.

—Gracias... —respondió Melissa, acomodándose las gafas—. Supongo que es gracias a los recuerdos y las habilidades estéticas de la verdadera Melissa. Gracias a eso he aprendido a cuidar y mantener impecable este envase.

Toru se inclinó un poco más hacia ella y, con una sonrisa lasciva audible en su tono, le soltó un susurro cargado de morbo directamente al oído:

—Entonces... eso significa que también sabes perfectamente cómo masturbarte, y tienes los recuerdos de cuándo, cómo y dónde se profanaba la anterior Melissa en su habitación, ¿verdad?

*¡POM!*

Melissa le propinó un golpe en el hombro a Toru; no fue un golpe duro, pero sí lo suficientemente firme para callarla. Con las mejillas completamente encendidas por la vergüenza ajena, la rubia la miró con severidad.

—¡Cállate la maldita boca! ¡No digas esas malditas perversiones enfrente de tanta gente en un hospital! —le recriminó Melissa en un susurro furioso, mirando de reojo a las enfermeras. Toru solo pudo soltar una risita ahogada por el éxito de su provocación.

Un rato después, la puerta de los cubículos se abrió e Ibara salió con su habitual semblante monótono, indicando que la visita había terminado. Las cuatro emprendieron el viaje de regreso a la academia. Al llegar finalmente a las enormes puertas de la UA, Melissa se detuvo, dispuesta a despedirse para volver a su escondite solitario.

—Bueno, ya cumplí con acompañarlas. Me largo —dijo la rubia.

Pero Toru volvió a agarrarla de la ropa, jalándola a la fuerza hacia el interior del campus. Melissa se puso tensa y estuvo a punto de objetar de forma agresiva, pero Rumi Midoriya dio un paso al frente. La imponente mujer conejo orejeó con fuerza y le clavó una mirada fija, dura y amenazante a la rubia.

—Tienes que seguir a mi dueña... Si ella dice que entras, entras —le advirtió Rumi con su ronca voz de heroína, dejando en claro que no dudaría en usar la fuerza si oponía resistencia.

Melissa (Stain) evaluó la situación por un segundo. Sabiendo que pelear contra la heroína número cinco y la portadora del One For All en la entrada de la UA sería un suicidio para su identidad secreta, soltó un bufido de frustración. A regañadientes y maldiciendo entre dientes, aceptó su destino y cruzó el umbral, caminando junto a las otras tres mujeres directo hacia el interior de los dormitorios masculinos y femeninos de la academia.

Las cuatro cruzaron el umbral de los dormitorios principales, pero no lograron avanzar más de tres pasos. Cuatro imponentes figuras les cerraron el paso de golpe en el vestíbulo, con expresiones severas y posturas de combate completamente rígidas.

Al frente estaba **Kyoka Aizawa** (la mente del profesor Eraser Head en el cuerpo de la rockera), junto a **Itsuka Kan** (el profesor Vlad King de la Clase B en el cuerpo de la pelirroja), **Eijiro Kayama** ( Midnight, ahora fusionada con el cuerpo del musculoso Kirishima) y **Himiko Yagi** (All Might en el cuerpo de la villana rubia).

—Deténganse ahí mismo —ordenó Kyoka Aizawa con su característica voz apagada y gélida, clavando sus ojos en la nueva invitada.

Himiko Yagi dio un paso al frente, entornando los ojos de la rubia sádica al reconocer la fisonomía de la chica de I-Island.

—Un momento... ¿Eres tú, Melissa? —preguntó extrañada por las vendas y las katanas.

Antes de que la rubia pudiera inventar una excusa, la voz de Toru Midoriya resonó firmemente desde el aire.

—No, Yagi-shounen. Ella no es Melissa Shield... En realidad, quien está en ese cuerpo es **Stain**, el Asesino de Héroes.

La revelación cayó como una bomba en el vestíbulo. Al instante, el ambiente se volvió asfixiante y malditamente tenso. Itsuka Kan y Kyoka Aizawa activaron sus instintos de batalla, listos para abalancarse sobre ella, mientras Rumi Midoriya se colocaba de inmediato frente a Toru para protegerla de cualquier daño. Melissa (Stain) llevó una mano a la empuñadura de su katana, con los ojos brillando de forma peligrosa detrás de sus lentes.

—¡Esperen! ¡Ella no es una amenaza! —intervino Toru rápidamente, poniéndose en medio—. Desde que pasó el Gran Cambio, Stain nos ha estado ayudando muchísimo en secreto, cazando y eliminando a los Nomus que andan sueltos por las calles.

Kyoka Aizawa frunció el ceño, cruzándose de brazos con hostilidad.

—Toru... estás defendiendo al monstruo que mató a tu propia madre hace dos meses. Ese sujeto es un criminal.

—¡Lo sé, Aizawa-sensei! ¡Sé perfectamente lo que hizo! —exclamó Toru con una madurez que sorprendió a los presentes—. Pero la salvó de un sufrimiento inimaginable. Ella ya me contó todo lo que sucedió en ese callejón... Mi madre estaba atrapada en el cuerpo de una bestia y él la liberó.

Eijiro Kayama dio un paso al frente, cruzándose de brazos y analizando a la rubia con una mirada escéptica.

—Por favor, Toru, no seas ingenua. Es un asesino despiadado... Tal vez te está engañando y manipulando para ganarse tu confianza y entrar a la UA.

—¡Él jamás haría eso! —sentenció Toru con absoluta seguridad, defendiendo a la rubia con garras y dientes—. Antes del Gran Cambio, cuando yo todavía estaba en mi antiguo cuerpo de Izuku, me enfrenté a él varias veces en peleas a muerte. Lo conozco bien. Stain es un fanático y un asesino, pero jamás ha sido un mentiroso. No es de esa clase de personas de baja calaña, él tiene un código y yo lo sé.

Un silencio sepulcral volvió a inundar el vestíbulo tras el rotundo testimonio de la chica invisible. Los profesores se quedaron estupefactos, procesando el hecho de que el mismísimo heredero del One For All pusiera las manos al fuego por el peor enemigo de la sociedad de héroes.

Detrás de ella, Melissa Shield (Stain) abrió los ojos de par en par, aflojando lentamente el agarre de su espada. Por primera vez en sus dos vidas, el implacable Asesino de Héroes sintió un vuelco extraño en el pecho de su nuevo envase femenino. Ver cómo ese "niño", ahora convertido en una mujer invisible, lo apoyaba de una forma tan irracional, lo cuidaba frente a las autoridades y lo defendía con tanta vehemencia, lo dejó completamente sorprendido y desarmado en su propia mente.

Kyoka, Itsuka, Eijiro y Himiko se miraron entre sí, sopesando las palabras de la chica invisible. Tras un tenso silencio, la profesora Aizawa soltó un largo suspiro y relajó su postura de combate.

—Está bien, Midoriya. Si tú confías en ella bajo estas circunstancias, la dejaremos entrar... pero bajo estricta vigilancia —sentenció Kyoka con seriedad, clavando sus ojos en la rubia—. Una sola actitud sospechosa, Stain, y no dudaremos en reducirte.

Himiko Yagi dio un paso al frente y se quedó observando fijamente a Melissa. A pesar de que la fisonomía, los lentes y los movimientos delicados de la rubia eran idénticos a los de la inocente Melissa Shield que ella recordaba de I-Island, la mirada afilada, fría y letal delataba por completo la presencia del despiadado Asesino de Héroes.

—Ten mucho cuidado con lo que haces en este recinto —le advirtió Himiko con un tono solemne.

Melissa no respondió; simplemente acomodó sus gafas con un gesto altivo y caminó junto al grupo. Las cuatro subieron las escaleras rumbo a los dormitorios. En el pasillo principal se toparon con Momo, quien al ver a la rubia con vendas y katanas, la saludó con la elegancia innata de Yaoyorozu.

—Hola, Melissa. No sabía que vendrías de visita —dijo Momo con cortesía.

—Hola, Mineta. Pero no te confundas, ella en realidad es Stain —le aclaró la voz invisible de Toru con total naturalidad.

Momo abrió los ojos de par en par por un segundo, asimilando la impactante noticia. Sin embargo, recordando el poder y la autoridad que la chica invisible tenía sobre ella, asintió rápidamente con la cabeza, recomponiendo su compostura de dama.

—Ok... entiendo —respondió Momo—. Supongo que ahora ella se quedará aquí con nosotras.

Ibarra Todoroki (Shoto), sintiéndose sumamente agradecida por el apoyo de haberla acompañado a ver a su madre al hospital, se despidió con su habitual tono monótono y caminó pausadamente hacia su propio cuarto debido a la sensibilidad de su entrepierna. Las demás hicieron lo mismo, retirándose a sus respectivas habitaciones. Rumi, Toru y Melissa caminaron juntas y entraron al cuarto de la chica invisible, cerrando la puerta con seguro para tener total privacidad.

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Mientras tanto, en una ubicación sumamente alejada de la academia, oculta en las profundidades de una base subterránea secreta, la realidad del Gran Cambio se vivía de una manera completamente distinta.

En una lujosa y cálida sala privada, tres mujeres se encontraban completamente desnudas, relajándose mientras bebían y platicaban sin ningún pudor. La primera era una mujer mayor de cabello verde y curvas sumamente voluptuosas; la segunda era una imponente pelinegra de fisonomía madura y seductora; y la tercera era una joven e hiperactiva pelirrosa.

Quien habitaba el cuerpo de la peliverde era **Inko**, el cuerpo de la madre de Izuku, cuya mente e identidad real seguían intactas. La pelinegra era **Nemuri ** , la pelirrosa era **Mei **.

Inko (en su nuevo y maduro cuerpo) le dio un trago a su copa y miró a la joven mecánica.

—Entonces, Mei... ¿ya lograste terminar esa dosis que nos hace completamente inmunes a los efectos secundarios de la fusión biológica? —preguntó Inko con un tono de preocupación en su voz—. Porque a pesar de que las tres ya tenemos todos los recuerdos, inteligencias y habilidades de nuestros cuerpos actuales, siento que todavía nos afecta en algo a nivel mental...

Nemuri, acomodándose en el sofá completamente desnuda, soltó una risita sensual. Estiró su mano derecha y se agarró un pecho de forma masiva, exprimiendo la suave carne frente a ellas para demostrar su punto.

—¡Ay, Inko-sensei! Por favor, no se preocupe tanto por eso —dijo Nemuri con voz lasciva—. Yo me siento verdaderamente de maravilla mostrando este cuerpo tan maduro y provocativo. Las hormonas de este envase son fantásticas.

Inko suspiró, dejando la copa sobre la mesa con una mirada llena de nostalgia y tristeza maternal.

—Sí, Nemuri... pero a mí me preocupa enormemente que mi niño aún no haya comido ni sepamos nada de él —confesó la peliverde con el corazón en un puño—. Me carcome la cabeza el no saber en qué cuerpo habrá caído mi pobre Izuku en toda esta locura mundial...

Mei , levantando la vista de sus planos mecánicos mientras jugaba con su propia intimidad debido a la hiperactividad de su anatomía, miró a la peliverde con una sonrisa de científica loca.

—¡Inko-sensei! Si tanto le preocupa eso, déjeme decirle que a usted sí le está afectando, y mucho, todo lo de su cuerpo actual —le advirtió Mei con una risita, lista para explicarle los extraños cambios químicos que la fusión estaba provocando en su cerebro.

las tres mentes maestras de la villanía —**All For One (AFO)** en el maduro y voluptuoso cuerpo de Inko Midoriya, **Tomura Shigaraki** en la fisonomía seductora de Nemuri Kayama, y el **Doctor Kyudai Garaki** en la joven e hiperactiva anatomía de Mei Hatsume— dejaron de lado la cháchara científica. Las hormonas de sus nuevos envases femeninos, completamente alteradas y potenciadas, reclamaron el control absoluto de la situación.

—Tienes razón, Garaki... —corrigió Inko (AFO) con una sonrisa maliciosa, mientras sus ojos destilaban la fría superioridad del Rey de los Demonios—. El instinto maternal de esta maldita mujer a veces intenta nublar mi juicio, pero la genética de este cuerpo es demasiado exquisita como para desperdiciarla en lamentos.

Sin perder un solo segundo más, Inko (AFO) estiró sus brazos y tomó a Nemuri Shigaraki por la cintura, atrayendo su esbelto y desnudo cuerpo hacia ella. Tomura, atrapado en la fisonomía de Midnight, soltó un jadeo ronco cuando los enormes pechos de la peliverde colisionaron de frente contra los suyos. El morbo de verse convertidos en mujeres hermosas y lujuriosas encendió una chispa de locura y perversión que ya no pudieron contener.

—¡Maldita sea... esto es jodidamente adictivo! —gruñó Nemuri Shigaraki, enredando sus dedos en el cabello verde de AFO mientras abría las piernas sobre el sofá, completamente excitado por la intensa humedad que ya brotaba de su entrepierna.

Inko (AFO) se posicionó entre los muslos de Tomura, usando una mano para masajear con total rudeza uno de sus grandes pechos, mientras que con la otra guió la cabeza de Mei Garaki directo hacia la acción. El viejo científico, fascinado por la anatomía de la joven Hatsume, no opuso resistencia alguna; abrió la boca y hundió su larga y experta lengua directamente en la vagina de Nemuri Shigaraki, lamiendo y succionando su clítoris con una velocidad demencial.

—¡Ahhh... joder, Sensei... Garaki... sigan! —gimió Nemuri Shigaraki con la voz distorsionada por el placer, arqueando la espalda y aferrándose a los hombros de la peliverde mientras los fluidos comenzaban a salpicar el cuero del sillón.

Inko (AFO), sintiéndose completamente complacido por la sumisión de su sucesor, restregó su propia e hinchada vagina contra el muslo de Tomura, buscando su propio desahogo. La fricción de los tres cuerpos desnudos, la mezcla de lubricación abundante que chorreaba por sus piernas y el eco de los gemidos lésbicos inundaron la base secreta, transformando el laboratorio en un auténtico nido de lujuria pura.

Mei Garaki, usando los ágiles dedos de la inventora, comenzó a estimular simultáneamente la entrepierna de AFO, acelerando el ritmo de sus lengüetazos en Tomura hasta que las tres llegaron al límite absoluto de la resistencia femenina. Con un último y violento espasmo coordinado, el clímax las golpeó como una descarga eléctrica. Inko (AFO) rugió con poder mientras su vagina se contraía salvajemente, Nemuri Shigaraki soltó un grito agudo que rasgó el aire antes de colapsar, y Mei Garaki terminó temblando en el suelo, completamente empapada en fluidos y saboreando la gloria de su propia y compartida perversión.

El eco de los gemidos y las respiraciones agitadas fue disminuyendo lentamente en la sofisticada sala de la base secreta. Los tres cuerpos, relucientes por el sudor y cubiertos por los fluidos del clímax, quedaron desparramados en el lujoso sofá de cuero, disfrutando del delicioso letargo que solo una anatomía femenina al límite podía experimentar.

Inko AFO se recostó hacia atrás, dejando que sus generosos pechos verdes subieran y bajaran con pesadez. Pasó una mano por su frente húmeda, apartando unos mechones de cabello, y miró de reojo a sus dos subordinados con una sonrisa de absoluta autosuficiencia.

—Debo admitir, Garaki, que este nuevo orden mundial tiene sus ventajas indiscutibles —comentó Inko (AFO), con esa voz madura y melódica de la peliverde, pero cargada con la imponente presencia del antiguo Rey de los Demonios—. El poder político y los quirks son maravillosos, pero la capacidad de este envase para procesar el placer es... sublime.

Nemuri Shigaraki (Tomura) se encontraba boca abajo, con una pierna colgando del sofá y el trasero ligeramente elevado, aún temblando por las contracciones post-orgásmicas de la fisonomía de Midnight. Soltó un suspiro perezoso y estiró un brazo para tomar su copa de vino, dándole un trago largo antes de responder.

—Es una maldita locura, maestro... —gruñó Nemuri Shigaraki, relamiéndose los labios con malicia—. Al principio odiaba la idea de perder mi cuerpo original, pero ver cómo la sociedad de héroes se desmorona mientras nosotros nos profanamos en el lujo y la lascivia... es la destrucción perfecta. Además, la herencia mental de esta mujer, Midnight, me ha dado un control absoluto sobre el morbo. Es jodidamente útil.

Mientras tanto, Mei Garaki (el doctor) se había incorporado del suelo, sentándose sobre sus talones completamente desnuda. Su joven y elástica anatomía de pelirrosa se recuperaba con rapidez. Con total frialdad científica, usó dos de sus dedos para limpiar los fluidos que aún chorreaban de su vagina y los lamió de forma analítica, evaluando las reacciones hormonales que la dosis inmunológica estaba controlando.

—Los niveles de dopamina y oxitocina están dentro de los rangos que predije, Inko-sensei —afirmó Mei Garaki con su tono de viejo científico loco, ajustándose el cabello alborotado—. La fórmula que desarrollé no solo nos protege de que las conciencias originales de estas mujeres saboteen nuestras mentes, sino que canaliza toda esa energía libidinosa para mantener nuestros cerebros jóvenes, enfocados y sumamente activos.

Inko (AFO) ensanchó su sonrisa salvaje y posesiva. Estiró su mano morena y agarró con firmeza uno de los pechos de Nemuri Shigaraki, apretándolo con fuerza para recordarle quién mandaba, haciéndola soltar un quejido jadeante.

—Excelente. Dejemos que la UA y los patéticos fragmentos de la sociedad de héroes sigan jugando a las familias y buscando desaparecidos —sentenció el líder de la Liga, acomodándose entre los muslos de sus compañeras para una segunda ronda—. Mientras ellos se ablandan con su falsa moral, nosotros perfeccionaremos nuestro control sobre estos envases. Prepárense, que la mañana apenas comienza y todavía tengo mucha energía que derramar en ustedes.

Inko AFO no esperó a que Garaki terminara su explicación científica. Con el deseo reprimido ardiendo de nuevo en sus venas, atrapó a Nemuri Shigaraki por el cuello y la arrastró hacia el centro del gran diván, iniciando una segunda ronda de sexo lésbico aún más salvaje y desenfrenada que la anterior.

Los tres cuerpos desnudos se entrelazaron en una coreografía de pura lujuria. Mei Garaki se posicionó a gatas, entregando su joven entrepierna a los dedos despiadados de Inko, mientras su propia boca devoraba la intimidad de Tomura. El vaivén de las caderas, el sudor resbalando por las curvas perfectas de los envases femeninos y el eco de los gemidos roncos inundaron la sala con una intensidad caótica.

Fue en medio de un empuje especialmente brusco y descuidado cuando el desastre ocurrió. El pie de Nemuri Shigaraki pateó con fuerza la mesa ratona de cristal que estaba junto al sofá.

*¡¡CRASH!!*

El sonido de vidrios rompiéndose resonó en toda la base subterránea. Varios frascos de laboratorio que contenían el preciado líquido azul de la dosis de inmunidad cayeron al suelo, esparciendo el suero entre los fragmentos brillantes.

Inko AFO detuvo bruscamente sus movimientos, con las orejas y los ojos fijos en el desastre químico. Una expresión de profunda preocupación y furia helada cruzó el rostro de la peliverde.

—¡Maldita sea! —exclamó Inko AFO, apartándose un momento del cuerpo de Tomura—. ¡Mei! ¡¿Hiciste más dosis de respaldo de esa fórmula?! ¡¿Tenemos suministros?!

Mei Garaki, con la respiración entrecortada y la cara empapada de fluidos, miró el piso con molestia y sacudió la cabeza, ajustándose los lentes imaginarios con sus dedos de pelirrosa.

—No, Inko-sensei... No hay más de respaldo —respondió el doctor con frustración—. Esos compuestos químicos requieren una síntesis molecular extremadamente compleja. Las dosis que acaban de romperse me tomaron meses enteros de arduo trabajo de laboratorio... Tardaré muchísimo tiempo en poder replicar otra dosis funcional.

Un denso silencio cayó sobre las tres villanas, pero el fuego de las hormonas de sus cuerpos actuales seguía latiendo con demasiada fuerza en sus entrepiernas como para detenerse por un problema del futuro.

—Tsk... al demonio con eso por ahora —gruñó Nemuri Shigaraki, agarrando a Inko AFO por las caderas y tirando de ella hacia abajo con desesperación—. Ya nos preocuparemos por las conciencias de estas perras mañana... ¡Ahora necesito que me llenes!

Dando por perdida la medicina y dejando el peligro de lado, las tres se sumergieron de nuevo en el vicio de la carne con una furia autodestructiva. Inko AFO usó toda la potencia de sus muslos para frotarse salvajemente contra Tomura, mientras Mei Garaki las penetraba a ambas usando juguetes y dedos con un ritmo demencial.

La fricción húmeda y el morbo de saber que sus mentes corrían peligro aceleraron el clímax de forma violenta. Las contracciones vaginales las envolvieron en una ola de placer tan masiva y devastadora que el aire les faltó por completo. Con un último grito unísono que desgarró el silencio de la base, las tres villanas llegaron juntas a un orgasmo de proporciones catastróficas, liberando tal cantidad de fluidos y energía que sus cerebros colapsaron por el exceso de dopamina, dejándolas completamente desmayadas, desnudas y exhaustas unas encima de otras sobre el sofá.

Mientras tanto, a kilómetros de distancia, en una tranquila zona residencial alejada del bullicio de los héroes y villanos, la nueva normalidad del Gran Cambio se manifestaba de una forma sumamente retorcida en la privacidad de una casa familiar.

Sobre el espacioso sofá de la sala, **Mitsuki Chisaki** (la fría y calculadora mente de Overhaul, Kai Chisaki, ahora fusionada con el escultural y maduro cuerpo de la madre de Bakugou) se encontraba completamente desnuda y recostada con total desparpajo. Con una mano sostenía una lata de cerveza fría y con la otra se apoyaba en el respaldo, mientras miraba con desinterés una película en la televisión.

En el suelo, arrodillado entre sus abiertos y torneados muslos morenos, se encontraba Masaru. El hombre tenía la cara completamente enterrada en la húmeda vagina de la mujer, devorándola y lamiéndola con una devoción y un ritmo impecables.

—No te detengas, Masaru... Sigue exactamente así —ordenó Mitsuki Chisaki con una voz madura y dominante, soltando un leve jadeo mientras le daba un trago a su cerveza y sentía el delicioso éxtasis recorrer su espina dorsal.

—Sí, mi dueña... Todo lo que usted quiera —respondió Masaru con voz ahogada entre la carne, sin detener sus hábiles lengüetazos ni por un segundo.

Chisaki apartó la lata de su boca y bajó la mirada hacia el hombre, observando detalladamente la precisión de sus movimientos. Una sonrisa ladina y cínica se dibujó en sus labios.

—Vaya... Parece que lo haces igual de bien y con la misma destreza que vi en los recuerdos de la anterior Mitsuki —comentó la pelirrubia, disfrutando del absoluto control de la situación.

—Claro que sí, mi dueña... —repuso el hombre, alzando la vista un segundo con los labios brillando por los fluidos—. El Masaru anterior era el esposo de esta mujer, y su cuerpo recuerda a la perfección cómo complacer cada rincón de esta anatomía.

Chisaki soltó una risita ronca, acomodando su rubia cabellera. A pesar de haber sido un germófobo obsesivo en su vida pasada, la fusión biológica con las hormonas de Mitsuki lo había transformado en un ser sumamente lascivo, aunque manteniendo su mentalidad de amo absoluto.

—Aún no puedo terminar de creer que tú, antes del Gran Cambio, fueras un simple perro común y corriente —añadió Mitsuki Chisaki, acariciando con el pie el hombro del hombre—. Y mírate ahora... Te convertiste en un hombre completo con todas las habilidades, la inteligencia y los recuerdos del dueño original de este envase.

—Así es, dueña... Pero usted también lo tiene todo. Tiene la belleza, el carácter y el poder de la anterior Mitsuki —le recordó Masaru, mirándola con unos ojos cargados de una sumisión puramente animal—. Por eso mismo, usted nunca debe dejarme... Esta mascota es solo de ella, mi hermosa dueña. Toda mi existencia le pertenece.

Masaru volvió a acomodarse entre las piernas de la rubia, restregando su mejilla contra sus muslos húmedos antes de abrir los labios de nuevo.

—Nunca la dejaré, mi dueña... Jamás —sentenció el hombre-perro con total lealtad, hundiéndose una vez más y con el doble de fuerza en la gran y apetecible vagina de Mitsuki, dispuesto a llevar al antiguo líder del Shie Hassaikai directo a un orgasmo devastador en la comodidad de su nuevo hogar.

Mientras tanto, de vuelta en la seguridad de los dormitorios de la UA, la atmósfera dentro de la habitación de Toru se había vuelto increíblemente densa, caliente y confinada. Con la puerta cerrada con doble seguro, las tres mujeres finalmente se despojaron de la tensión del exterior.

Toru, Rumi y Melissa se desvistieron por completo, dejando caer sus prendas al suelo. Melissa (Stain), aunque mantenía su postura rígida y su mirada afilada detrás de los lentes, no pudo evitar soltar un suspiro tembloroso cuando el aire fresco de la habitación rozó sus pechos descubiertos y su intimidad expuesta. Las hormonas del cuerpo de la chica de I-Island ya estaban cobrándole factura tras la excitación de los eventos del día.

Sin perder tiempo, Toru se acomodó en el centro de su cama. Aunque su cuerpo era invisible, el sonido de las sábanas crujiendo y el sutil brillo de los fluidos matutinos que ya decoraban su entrepierna delataban su estado.

—A ver, Melissa... o Stain... deja de estar tan tensa y ven aquí —ordenó la voz coqueta de Toru, mientras empezaba a masajearse su propio clítoris con rapidez, sacando un gemido agudo que resonó en las cuatro paredes.

Rumi Midoriya (Mirko) no esperó dos órdenes. Con su habitual salvajismo animal, se arrodilló a los pies de la cama, abrió sus muslos musculosos y morenos, y hundió tres de sus dedos directamente en su enorme y húmeda vagina, acelerando el ritmo de inmediato mientras sus largas orejas blancas se sacudían por el placer.

Melissa, completamente acorralada por el morbo de la escena y la insaciable naturaleza de su nuevo envase, terminó por ceder. Se sentó en la orilla del colchón, abrió las piernas y comenzó a estimular sus propios pechos firmes con una mano, mientras que con la otra empezó a introducir sus dedos en su sensible vagina, recordando con total nitidez las memorias lascivas de la verdadera Melissa Shield. El eco de los fluidos chorreando y los jadeos de las tres mujeres convirtió el cuarto en un auténtico nido de perversión.

Sin embargo, a Toru no le parecía suficiente. Sintiendo que el One For All y su cuerpo invisible necesitaban más estímulo, estiró el brazo hacia su escritorio y tomó su teléfono celular. Con los dedos húmedos por sus propios jugos vaginales, marcó de inmediato una extensión interna.

El teléfono al otro lado de la línea sonó apenas dos veces antes de que la voz sumisa y elegante de Momo Yaoyorozu (Mineta) respondiera.

—¿S-Sí? ¿Toru? —preguntó Momo desde su habitación, con la respiración ligeramente alterada, pues probablemente ya se estaba tocando sola a escondidas.

—Momo... ven de inmediato a mi habitación y trae tus enormes pechos contigo —le ordenó Toru con una voz cargada de un morbo autoritario—. Stain, Mirko y yo nos estamos masturbando y quiero que te unas ahora mismo. No me hagas esperar.

Al escuchar la orden directa de su ama, el cortocircuito mental en la cabeza de Momo Mineta fue instantáneo. La sola idea de profanarse junto a la heroína número cinco, la chica invisible y el mismísimo Asesino de Héroes hizo que su entrepierna pulsara con una violencia salvaje.

—¡S-Sí, mi dueña! ¡Voy de inmediato! —exclamó Momo al borde del colapso, colgando el teléfono y saliendo disparada de su cuarto, dispuesta a cruzar el pasillo desnuda o como fuera para integrarse al festín lésbico que la esperaba.

Momo Mineta no perdió un solo segundo. En cuanto colgó el teléfono, se despojó de toda su ropa con una desesperación salvaje, quedando completamente desnuda en su habitación. Salió disparada hacia el pasillo en dirección al cuarto de Toru, corriendo sin importarle absolutamente nada. Con cada zancada, sintió el pesado y excitante rebote de sus enormes pechos, mientras la intensa lascivia del momento hacía que su vagina chorreara fluidos en tal abundancia que iba dejando un rastro húmedo y brillante sobre el suelo del pasillo.

Al llegar a la puerta del cuarto de Toru, Momo tocó frenéticamente. La puerta se abrió y la imponente figura desnuda de Rumi Midoriya (Mirko) apareció en el umbral. Momo bajó la vista instintivamente y vio cómo la espectacular vagina morena de la heroína también chorreaba fluidos sin parar, empapando sus muslos musculosos.

—Espera ahí, Yaoyorozu... —le siseó Rumi con su ronca voz de conejo, bloqueándole el paso por un momento.

Sin previo aviso, la peliblanca bajó la mano y hundió sus dedos directamente en la intimidad expuesta y empapada de Momo, masajeándola con rudeza. Dejó que la densa lubricación de la pelinegra empapara por completo sus dedos y su mano, saboreando la sumisión de la vicepresidenta antes de retirarla y darle una palmada en la nalga.

—Pasa de una vez —le ordenó Mirko con una sonrisa lasciva.

Momo entró al cuarto dando un paso rápido, pero antes de dejar que la puerta se cerrara, se asomó con cautela hacia el pasillo exterior, cuidando perfectamente que su cuerpo desnudo no quedara expuesto a la vista de cualquiera. Tras verificar con sus aguzados sentidos que nadie de la UA la había visto correr o dejar ese rastro lascivo en el suelo común, cerró la puerta de golpe y le pasó el doble seguro, aislando por completo el santuario del placer.

Ya adentro, la atmósfera de la habitación explotó en pura lujuria. Con las cuatro mujeres completamente desnudas y encendidas por las hormonas al límite, el sexo lésbico comenzó de inmediato.

Toru, desde el centro de la cama, arrastró a Momo de los cabellos para hundir su cara invisible entre los enormes pechos de la pelinegra, mordiendo y lamiendo sus pezones mientras Momo gemía descontrolada. Rumi se posicionó detrás de Momo, pegando su cuerpo musculoso a su espalda y penetrándola salvajemente con sus dedos empapados, haciéndola arquear la espina dorsal. Mientras tanto, Melissa (Stain), completamente corrompida por el morbo y la insaciable fisonomía de la rubia, se arrodilló frente a Toru, abriendo sus propias piernas de par en par para que la chica invisible la devorara con la boca, uniendo sus fluidos y sus gemidos en un caótico frenesí de carne y perversión que estaba lejos de terminar.

El frenesí dentro de la habitación alcanzó un nivel de calor y humedad sofocante. Los fluidos corporales salpicaban las sábanas con cada movimiento rítmico y salvaje de las cuatro mujeres, quienes habían dejado atrás cualquier pizca de decoro, totalmente entregadas a las exigencias de sus anatomías.

Momo (Mineta) estaba completamente ida, con los ojos en blanco y la boca abierta, soltando gemidos agudos e ininterrumpidos. Tener la cabeza invisible de Toru succionando sus pezones con tanta fuerza, mientras los dedos expertos y rudos de Rumi (Mirko) le ensanchaban la vagina por detrás, la tenía al borde del colapso.

—¡Ahhh... dueña... Mirko... me voy a correr, me voy a correr! —chillaba Momo, perdiendo el control de sus propios músculos mientras sus enormes pechos se sacudían violentamente.

Rumi, lejos de frenar, soltó una carcajada ronca y aceleró el ritmo de sus dedos, restregando su propio clítoris húmedo contra las nalgas de Momo para buscar su propio clímax. Las largas orejas blancas de la conejo se agitaban de forma espasmódica, delatando que estaba tan al límite como las demás.

Al mismo tiempo, en la otra esquina de la cama, Melissa (Stain) experimentaba una de las mayores humillaciones y placeres de sus dos vidas. La lengua invisible de Toru trabajaba con una precisión quirúrgica dentro de su intimidad, lamiendo cada pliegue y succionando su clítoris con una voracidad implacable. Melissa se aferraba con las manos desnudas a las sábanas, arqueando la espalda alta y empujando sus caderas hacia adelante de manera instintiva.

—Maldita sea... Midoriya... —jadeó Melissa, con la voz entrecortada y las mejillas ardiendo en un sonrojo carmesí—. Este maldito cuerpo... no se detiene... ¡Ah!

El morbo de ser el temido Asesino de Héroes y estar atrapado en el cuerpo de una rubia indefensa, siendo sometido por el mismísimo portador del One For All, destruyó la última barrera de su orgullo. Melissa abrió las piernas por completo, permitiendo que la lubricación brotara en cascada directo a la boca de Toru.

Sintiéndose la ama absoluta del harén, Toru intensificó el ataque bilateral. Con una mano invisible continuó masturbando salvajemente a Momo, mientras con la boca extraía hasta la última gota de placer de la entrepierna de Melissa.

El clímax conjunto no tardó en estallar. Momo se sacudió en un orgasmo masivo que contrajo las paredes de su vagina con tanta fuerza que atrapó los dedos de Rumi; la conejo, ante el estímulo, soltó un gruñido salvaje y se vino de golpe, chorreando sus fluidos sobre los muslos de la pelinegra. Un segundo después, Melissa (Stain) soltó un grito ahogado y se tensó por completo, temblando de pies a cabeza mientras su intimidad expulsaba una densa ola de fluidos directo hacia Toru, cayendo rendida y exhausta sobre el colchón.

Las cuatro quedaron tendidas en una pila de cuerpos desnudos, sudorosos y jadeantes, con el cuarto completamente impregnado del penetrante olor de su masiva y lésbica descarga matutina.

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