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Chapter 3 by Locoloco Locoloco

que sigue?

sexo matutino

—Lista para otra ronda antes del desayuno?

Ella sonrió, tímida pero genuina, y asintió.

—Siempre lista, Naruto-kun.

Él no perdió el tiempo. Sus manos encontraron sus pechos, aún sensibles de la noche anterior, y comenzó a masajearlos con una mezcla de rudeza y precisión. Sus pulgares rozaron los pezones, endureciéndolos al instante, mientras su boca descendía por su cuello, mordiendo y chupando la piel, dejando marcas moradas que florecían como pequeños petirrojos.

—Naruto... —gimió ella, arqueando la espalda para presionar sus pechos contra sus manos—. Duele... pero duele bien...

—Esa es mi chica —murmuró él contra su clavícula—. Vas a aprender a amar el dolor, Sakura. Porque viene de mí.

Sus manos siguieron bajando, separando sus piernas, encontrando su coño ya húmedo y listo. Introdujo dos dedos sin aviso, y ella jadeó, sus caderas elevándose para encontrarlos.

—Ya estás mojada —dijo él, con una nota de orgullo en la voz—. Ni siquiera he hecho nada y ya estás goteando. Eres una zorra natural, ¿lo sabías?

Las palabras deberían haberla ofendido. Pero en lugar de eso, la excitaron más. Sakura sintió que se sonrojaba hasta la raíz del cabello, pero no negó la acusación. Porque era cierta. Desde que él la había tocado la noche anterior, su cuerpo había despertado a una necesidad que nunca había conocido.

—Soy tu zorra —susurró ella, sorprendiéndose a sí misma con la confesión—. Solo tuya.

Naruto gruñó, una mezcla de sorpresa y satisfacción, y retiró los dedos. Los llevó a su boca, chupándolos lentamente, saboreándola, mientras sus ojos azules la perforaban.

—Eso mismo. Mi zorra.

Y entonces la penetró.

No hubo delicadeza esta vez. Fue una embestida directa, profunda, que la llenó por completo. Sakura gritó, un sonido agudo y desgarrado, mientras sus uñas se clavaban en su espalda. Naruto comenzó a moverse de inmediato, un ritmo rápido y brutal, sus caderas golpeando contra las de ella con un sonido húmedo y rítmico.

—Mírame —ordenó él, tomando su rostro con una mano, forzándola a encontrarlo sus ojos—. Quiero que me mires mientras te follo. Quiero que veas quién te está haciendo esto. Quién te está reclamando.

Ella obedeció, sus ojos verdes fijos en los azules, llenos de lágrimas de placer y sumisión. Cada embestida la empujaba más y más hacia el borde, su cuerpo respondiendo a él como si hubiera sido diseñado para eso.

—Naruto... voy a... otra vez... —jadeó ella.

—Córrete —ordenó él, su voz ronca—. Córrete en mi polla. Quiero sentirte apretarme mientras te lleno.

Y ella se corrió. Su cuerpo se arqueó, un grito mudo escapando de sus labios mientras el orgasmo la sacudía en oleadas. Naruto la siguió segundos después, enterrando su rostro en su cuello mientras se vaciaba dentro de ella, su cuerpo temblando sobre el suyo.

Ambos quedaron allí, jadeando, sudorosos, pegados por el calor y los fluidos. Pasaron varios minutos antes de que Naruto se incorporara, su pene aún semi-erecto deslizándose fuera de ella con un sonido húmedo.

—No te muevas —dijo él, levantándose de la colchoneta.

Sakura obedeció, su cuerpo tembloroso y satisfecho, mientras lo veía caminar desnudo hacia un cajón en la esquina de la habitación. Revolvió entre ropa interior y objetos varios hasta que encontró lo que buscaba.

Cuando regresó, traía algo en la mano. Al principio, Sakura no pudo distinguir qué era. Luego él se arrodilló frente a ella, y lo vio con claridad.

Era un collar. Un collar de perro de cuero rojo oscuro.

Sakura sintió que el corazón se le detenía.

—Naruto... ¿qué es eso?

—Es tuyo —dijo él, con una voz tranquila pero firme—. Desde anoche eres mía, Sakura. Pero quiero que sea oficial. Quiero que todos los que te miren sepan que perteneces a alguien. Porque perteneces a mí.

Ella tragó saliva, su mente dividida entre la emoción y el miedo. Un collar de perro. Era degradante. Era humillante. Era...

...exactamente lo que necesitaba.

—P-puedo verlo? —preguntó ella, extendiendo una mano temblorosa.

Naruto se lo entregó. Sakura lo sostuvo, sintiendo el peso del cuero, la suavidad de su interior acolchado. Pasó el pulgar sobre el cuero, pensando en una palabra una y otra vez. Propiedad. Suya. De Naruto.

—¿Te gusta? —preguntó él, y había una nota de vulnerabilidad en su voz, como si temiera su rechazo.

Sakura levantó la vista, sus ojos verdes brillando con lágrimas no derramadas.

—Sí —susurró—. Me encanta.

Naruto sonrió, una sonrisa genuina, casi tierna, y tomó el collar de sus manos.

—Entonces déjame ponértelo.

Ella inclinó la cabeza, ofreciendo su cuello. Las manos de él fueron suaves pero firmes mientras ajustaban el collar alrededor de su garganta. El cuero se ceñía a su piel, ni demasiado apretado ni demasiado suelto. Justo en el lugar correcto.

Cuando terminó, Naruto se inclinó y besó la placa metálica, sus labios rozando su piel justo debajo.

—Perfecto —murmuró—. Eres perfecta.

Sakura sintió que una ola de calor la envolvía. Llevaba un collar de perro. Y se sentía... completa.

Naruto se sentó frente a ella, tomando sus manos entre las suyas.

—Pero esto no es todo —dijo, su tono volviéndose serio—. Quiero hacerte una promesa, Sakura. Una promesa que va a sellar esto para siempre.

Ella lo miró, expectante.

—Quiero que te hagas un tatuaje —continuó él—. Una silueta de corazón. Justo aquí.

Su mano descendió, presionando suavemente sobre su vientre, justo donde tiene que estar su útero.

—Ahí —dijo—. Donde te he llenado. Donde algún día, quizás, crezca algo nuestro. Un corazón que marque que este lugar me pertenece. Que tu vientre es mío.

Sakura sintió que se le cortaba la respiración. Un tatuaje. En su vientre. Un corazón que marcaría su útero como su propiedad.

—Naruto... —susurró ella, sin saber qué más decir.

—No tienes que decidirlo ahora —dijo él, soltando sus manos—. Pero quiero que lo pienses. Cuando estés lista, iremos juntos. Yo estaré ahí, sosteniendo tu mano mientras lo hacen. Y cada vez que lo mires, recordarás quién eres. De quién eres.

Ella asintió, lágrimas rodando por sus mejillas. incapaz de entender que realmente no le están dando una elección, simplemente le estan haciendo pensar que es algo que ella quiere.

—Lo haré —dijo, su voz firme a pesar de las lágrimas—. Me haré ese tatuaje. Para ti.

Naruto sonrió y la besó, un beso suave, casi tierno, que contrastaba con la brutalidad de la noche anterior.

Después del desayuno —un simple cuenco de ramen instantáneo que él preparó mientras ella se duchaba—, Sakura se vistió lentamente. El vestido rojode la noche anterior estaba arrugado y manchado, pero era lo único que tenía. Mientras se lo ponía, sintió el peso del collar alrededor de su cuello, un recordatorio constante de su nueva realidad.

Naruto la observaba desde la puerta, una taza de té en la mano, una sonrisa satisfecha en los labios.

—¿Segura que quieres salir así? —preguntó él, señalando su cuello con la barbilla.

Sakura se llevó la mano al collar, dudando.

—¿Debería esconderlo?

—No —dijo él, firme—. Quiero que lo luzcas. Pero si te da vergüenza, puedes subirte el cuello del vestido. Nadie lo notará a menos que se fijen bien.

Ella asintió, ajustando el cuello del vestido para cubrir parcialmente el collar. Quedaba visible solo un borde de cuero rojo, un secreto que solo ellos dos conocían.

Antes de irse, Sakura se detuvo en la puerta. Se volvió hacia Naruto, que seguía apoyado en el marco, y sintió una oleada de gratitud y deseo.

—Naruto... gracias. Por todo.

Él sonrió, esa sonrisa suya que podía iluminar una habitación.

—No me agradezcas, Sakura. Esto es solo el principio. Ahora ve, entrena, sonríe. Y esta noche, vuelve. Te espero.

Ella asintió, y entonces, con un movimiento rápido, se llevó las manos a la cintura. Bajó la cremallera lateral de su vestido, se lo subió hasta la cintura, y con manos ágiles se desprendió de sus bragas. Eran unas bragas blancas de algodón, sencillas, ahora manchadas de sus fluidos y los de él.

Las dobló con cuidado y, sonrojándose, se las entregó a Naruto.

—Para ti —dijo, su voz apenas un susurro—. Un trofeo. De tu zorra.

Naruto las tomó, llevándoselas a la nariz. Inhaló profundamente, cerrando los ojos, una sonrisa lasciva curvando sus labios.

—Huelen a ti. —Guardó las bragas en el bolsillo de sus pantalones—. Las guardaré. Las pondré debajo de mi almohada. Para recordarte cada noche.

Sakura sintió que su rostro ardía, pero también una oleada de orgullo. Había hecho algo que nunca habría imaginado. Y le gustaba.

Salió del departamento, el collar rozando su piel, las piernas aún débiles, el cuerpo marcado por la noche y la mañana de pasión. Mientras caminaba por las calles de Konoha, saludando a los conocidos con una sonrisa que no lograba ocultar del todo su secreto, una parte de ella ya estaba contando las horas para la noche.

Esa tarde, mientras entrenaba con Tsunade, Sakura no podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Naruto antes de irse. Entre besos y caricias, él había mencionado algo que la había hecho reflexionar.

—Sakura —había dicho él, acariciando su cabello mientras yacían en la colchoneta después del desayuno—. Esto no es solo tuyo y mío. Tengo planes. Planes grandes.

—¿Qué tipo de planes? —había preguntado ella, su cabeza apoyada en su pecho.

—Un harén —respondió él, sin rodeos—. Quiero construir un harén de mujeres fuertes, leales, sumisas. Mujeres que me pertenezcan, que se pertenezcan entre sí, que formen una familia alrededor de mí. Y quiero que tú seas la primera. Mi primera zorrita.

Sakura se había incorporado, mirándolo con los ojos muy abiertos.

—¿Un harén? ¿Como... con otras mujeres?

—Sí —dijo él, sin titubear—. Mujeres que conozco. Mujeres en las que he pensado. Hinata, Ino. Tal vez algunas más, tal vez tsunade como mi vaca lechera. Pero tú serás la primera, mi mano derecha, mi primera zorrita.

Ella había sentido una punzada de celos, pero también una extraña emoción. La idea de compartirlo... no le desagradaba del todo. Especialmente si ella era la primera. La favorita.

—¿En quién más has pensado? —preguntó, su voz cautelosa.

Naruto sonrió, y comenzó a enumerar, contando con los dedos.

—Hinata Hyuga. Es dulce, leal, y sé que le gusto. Será fácil. Ino Yamanaka. Es un desafío, pero tiene un punto débil: su orgullo. Si la rompo bien, será una sumisa devota. Tenten. Es fuerte, independiente, pero solitaria. Quiere ser vista. Quiere ser deseada. Y luego... —dudó un momento—. Tal vez alguna sensei. Kurenai Yuhi. Anko Mitarashi. Mujeres experimentadas que pueden enseñar y aprender.

Sakura sintió un nudo en el estómago. La lista era ambiciosa. Pero también, de una forma retorcida, la hacía sentir especial. Él confiaba en ella lo suficiente para contarle sus planes.

—¿Y qué papel juego yo en todo esto? —preguntó.

—Tú serás mi primera —repitió él, tomando su rostro entre sus manos—. Mi cómplice. La que les muestre su lugar. La que les enseña. mientras puedas contolarlas Sakura serás La líder de mi harén.

Ella lo miró, sus ojos verdes encontrando los azules, y sintió que una determinación crecía en su pecho.

—Entonces —dijo ella, su voz firme—, empecemos a planear.

Y mientras el sol se ponía sobre Konoha, Sakura Haruno, con un collar de perro rojo oculto bajo el cuello de su vestido y las marcas de su nuevo dueño en su piel, comenzó a trazar en su mente la lista de candidatas que compartirían su destino.

Su amo se lo había pedido. Y ella, su zorra, su cómplice, su favorita, iba a asegurarse de que tuviera el harén más perfecto que Konoha hubiera visto jamás.

quien es la siguiente?

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