Chapter 2
by
Locoloco
que hará Naruto?
ir por Sakura.
La noche era cálida y húmeda, típica de Konoha en verano. el campo de entrenamiento del equipo 7 estaba bañado por la luz pálida de la luna, y el único sonido era el chirriar de los grillos y, de vez en cuando, un sollozo ahogado.
Sakura estaba sentada contra la piedra principal, las rodillas pegadas al pecho, una botella de sake barata medio vacía a su lado. Su vestido de verano —un sencillo vestido rojo que solía usar — estaba arrugado y manchado de tierra. Su cabello rosa, normalmente impecable, colgaba en mechones grasientos y desordenados alrededor de su rostro. Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.
Sasuke se había ido había desertado, se había unido a Orochimaru, al enemigo. Y ella, el genio de la Academia, la kunoichi más prometedora de su generación, estaba ahí, hecha un desastre, bebiendo como una fracasada.
—Maldito Sasuke-kun... —murmuró entre dientes, dando otro trago directo de la botella. El líquido ardiente le quemó la garganta, pero no apagó el dolor en su pecho.
Pasos. Lentos, seguros, acercándose desde la oscuridad.
—Sakura-chan.
Ella levantó la vista, parpadeando para enfocar. Era Naruto. Pero no el Naruto de siempre. No llevaba su chaqueta naranja chillona. Vestía una camiseta negra ajustada que marcaba los músculos que había desarrollado en los últimos meses, y unos pantalones oscuros. Su cabello rubio estaba más despeinado de lo habitual, y sus ojos azules... tenían un brillo diferente. Más intenso. Más... hambriento.
—Naruto... —farfulló ella, limpiando la nariz con el dorso de la mano—. Vete. No estoy para tus estupideces.
Él no se fue. Se sentó a su lado, más cerca de lo que ella esperaba. Sintió el calor de su cuerpo incluso a través de la tela de sus ropas.
—No he venido a hacer estupideces, Sakura-chan. He venido a verte. A ver cómo estás de verdad.
—Estoy bien —mintió ella, desviando la mirada.
—Mientes mal —dijo él con una voz baja, tranquila, que no reconocía—. Llevas tres días sin entrenar. No has comido bien. Tsunade está preocupada. Yo... yo también lo estoy —si Sakura estuviese bien notaria que algo estaba mal cuando Naruto uso el nombre de la hokage.
Sakura sintió un nudo en la garganta. Las palabras amables de Naruto, inesperadas, la desarrollaron por completo. Rompió a llorar de nuevo, escondiendo el rostro entre las manos.
—¿Por qué? —sollozó—. ¿Por qué se fue? ¿Qué tengo de malo? ¿Por qué nunca fui suficiente para él?
Naruto puso una mano en su hombro. El contacto fue cálido, firme.
—No tiene nada que ver contigo, Sakura. Sasuke está roto. Está ciego por la venganza. No ve lo que tiene delante.
—Y… ¿qué tengo delante? —preguntó ella, levantando la vista, los ojos vidriosos.
Naruto la miró fijamente. Su mano se deslizó desde el hombro hasta su nuca, acariciando suavemente la piel detrás de su oreja.
—Me tienes a mí. Siempre me ha tenido. Pero nunca me ha visto. No de verdad.
Sakura contuvo el aliento. La cercanía de Naruto, su olor a sudor y jabón, la intensidad de su mirada... algo en su interior se removió. Algo que no había sentido antes.
—Naruto, yo... —empezó a decir, pero él la interrumpió.
—Shhh. No digas nada. Solo déjame cuidarte. Déjame mostrarte lo que es ser deseado de verdad.
Antes de que pudiera procesarlo, los labios de Naruto estaban sobre los suyos.
El beso no fue tierno. Fue profundo, posesivo, hambriento. La lengua de él se abrió paso entre sus labios, explorando su boca con una seguridad que la dejó sin aliento. Sakura sintió que el mundo se inclinaba. Sus manos, temblorosas, encontraron el pecho de él, pero en lugar de empujarlo, se aferraron a su camiseta.
Cuando él se separó, ambos jadeaban.
—Ven conmigo —dijo él, levantándose y tendiéndole la mano.
Ella dudó solo un segundo. Luego tomó su mano y se dejó llevar.
El departamento de Naruto era pequeño y desordenado, lleno de carteles de ramen y ropa sucia. Pero esa noche, a Sakura le pareció el lugar más seguro del mundo.
Él la guió hasta la cama, una simple colchoneta en el suelo, y la sentada en el borde. Se arrodilló frente a ella, separando suavemente sus rodillas para quedar entre sus piernas.
—Mírame, Sakura.
Ella obedeció, sus ojos verdes encontrando los azules de él.
—Desde ahora, cuando estemos solos, vas a hacer lo que yo te diga. ¿Entiendes? No porque seas débil, sino porque necesitas que alguien te guía. Alguien que te ponga en tu lugar y te haga olvidar a ese imbécil. ¿Confías en mí?
Sakura tragó saliva. Su corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en las sienes. Pero ascendió, si no estuviese en este estado Naruto no podría lograrlo con esta facilidad.
—Sí... confío en ti, Naruto.
Él sonríe, una sonrisa lenta y depredadora.
—Bien. Entonces empecemos. Quítate el vestido.
Ella dudó. Sus manos fueron hasta los tirantes del vestido, pero se detuvieron.
—Naruto, yo... nunca he hecho esto antes. Con nadie.
—Lo sé —dijo él, acariciando sus muslos con las manos—. Por eso voy a ser yo quien te enseñe. Y te voy a enseñar bien. Quítatelo.
Esta vez, obedeció. El vestido azul cayó alrededor de su cintura, dejando al descubierto su sujetador blanco de algodón, sencillo y práctico. Sus hombros se estremecieron con el aire fresco.
—Más —ordenó él, con voz firme pero amable.
Ella desabrochó el sujetador por detrás y lo dejó caer. Sus pechos, firmes y de tamaño mediano, quedaron expuestos. Los pezones ya estaban endurecidos, no solo por el frío.
Naruto inhaló profundamente, sus ojos recorriendo su cuerpo con una lentitud deliberada que la hizo sentirse desnuda de una manera que iba más allá de lo físico.
—Eres hermosa, Sakura. Sasuke es un idiota por no haber visto esto.
Y entonces inclinó la cabeza y tomó un pezón en su boca.
Sakura arqueó la espalda, un gemido escapándose de sus labios. La lengua de Naruto era cálida y hábil, rodeando el botón de carne, chupando suavemente, mordisqueando con la cantidad justa de presión. Sus manos subieron para sostener sus pechos, masajeándolos mientras su boca alternaba entre uno y otro.
—Na-Naruto... —jadeó ella, entrando los dedos en su cabello rubio.
Él no respondió con palabras. En lugar de eso, sus manos se deslizaron hacia abajo, hasta la cintura de sus bragas. Las mismas bragas blancas de algodón, ahora manchadas de humedad en el centro.
—Dios, ya estás mojada —murmuró él contra su piel, con una nota de satisfacción en la voz—. ¿Te gusta, Sakura-chan? ¿Te gusta que te toque?
Ella solo pudo asentir, demasiado avergonzada para hablar.
Naruto se incorporó y, con un movimiento rápido, se deshizo de su camiseta. Su torso era una obra de arte de músculos magros y cicatrices de batalla. Sakura sintió que se le secaba la boca.
—Ahora tú —dijo él, señalando sus pantalones—. Quítamelos.
Ella obedeció, sus manos temblorosas desabrochando el cinturón y bajando la cremallera. Cuando sus dedos rozaron la protuberancia bajo su ropa interior, él gruñó suavemente.
—Sigue.
Ella bajó sus pantalones y luego sus boxers negros. El pene de Naruto saltó hacia afuera, erecto, grueso, la punta ligeramente húmeda. Sakura contuvo un jadeo. Era más grande de lo que había imaginado.
—Tócalo —ordenó él—. Conócelo.
Ella extendió una mano con vacilación, sus dedos rozando la piel caliente y suave. Lo envolvió con su mano, sintiendo su peso, su dureza. Comenzó a mover la mano arriba y abajo, imitando lo que había visto en algunos libros médicos.
Naruto cerró los ojos, dejando escapar un suspiro de placer.
—Así... buena chica. Pero podemos hacerlo mejor. Abre la boca.
Sakura lo miró, los ojos muy abiertos.
—¿Q-quieres que...?
—Quiero que me chupes, Sakura. Quiero sentir tu lengua en mi polla. Quiero ver esos labios rosados alrededor de mí. Hazlo.
Ella dudó solo un segundo. Luego, lentamente, se inclinó hacia adelante y abrió la boca.
El sabor era salado, masculino, extraño pero no desagradable. Su lengua asomó tímidamente para lamer la punta, y él gimió, una mano yendo a su nuca para guiarla.
—Así, cariño. Tomalo entero. Sin miedo.
Ella obedeció, bajando la cabeza, sintiendo cómo el glande presionaba el fondo de su garganta. Casi se atragantó, pero él la mantuvo firme pero suavemente.
—Tranquila —susurró—. Respire por la nariz. Muévete a tu ritmo.
Y ella lo hizo. Comenzó a mover la cabeza arriba y abajo, su lengua rodeando al miembro, sus mejillas hundiéndose con cada embestida. Naruto dejó escapar gruñidos de placer, sus caderas moviéndose ligeramente al compás de su boca.
—Mierda, Sakura... qué bien chupas... pareces una puta profesional...
El insulto, dicho con cariño y lujuria, la excitó más de lo que debería. Sintió un calor húmedo entre sus piernas, un vacío que necesitaba ser llenado.
Cuando él estuvo a punto de correrse, la apartó suavemente.
—No quiero terminar en tu boca. Quiero terminar dentro de ti.
La tumbó sobre la colchoneta, separando sus piernas. Su cuerpo cubrió el de ella, su peso una presión reconfortante. La miró a los ojos, su polla rozando la entrada de su vagina, mojada y lista.
— ¿Estás segura, Sakura? Una vez que lo hagamos, serás mía. Para siempre.
Ella ascendiendo, lágrimas de deseo y liberación rodando por sus mejillas.
—Sí, Naruto. Tuya de soja. Siempre lo he sido.
Él sonó, una sonrisa triunfante, y empujó.
El gemido de Sakura se perdió en la noche cuando él la penetró por completo. Sintió el dolor inicial, la resistencia de su himen rompiéndose, pero también una plenitud abrumadora. Naruto se quedó quieto, dejándola adaptándose a su tamaño, besando sus mejillas húmedas.
—Duele... —susurró ella.
-tranquila. Pasará. Confía en mí.
Y cuando ella ascendió, él comenzó a moverse. Lentamente al principio, embestidas profundas y medidas que la llenaban por completo. Luego más rápido, más fuerte, el sonido de sus cuerpos chocando llenando la habitación.
Sakura se aferró a su espalda, sus uñas clavándose en su piel, sus gemidos convirtiéndose en gritos ahogados. Cada embestida la llevaba más cerca de un precipicio que nunca había conocido.
—Naruto... voy a... yo voy a...
—Córrete —ordenó él, su voz ronca y dominante—. Córrete para mí. Ahora.
Y ella lo hizo. Su cuerpo se arqueó, un grito estrangulado escapando de sus labios mientras el orgasmo la sacudía como una descarga eléctrica. Las paredes de su vagina se contrajeron alrededor de él, apretándolo, y eso fue suficiente para que Naruto también se dejara llevar. Con un gruñido profundo, se corrió dentro de ella, llenándola de semen caliente.
Ambos quedaron jadeando, sudorosos, entrelazados. Sakura sintió que las lágrimas rodar de nuevo, pero esta vez no eran de tristeza.
—Gracias —susurró, enterrando el rostro en su cuello.
Naruto la abrazó con fuerza, besando su cabello.
—No me agradezcas. Esto es solo el principio, Sakura. Eres mía ahora. Y te voy a hacer olvidar a Sasuke aunque tenga que follarte todas las noches hasta que su nombre desaparezca de tu mente.
Ella río entre lágrimas, un sonido débil pero genuino.
—Suena como un plan.
Y esa noche, mientras la luna se ocultaba tras las nubes, Sakura Haruno durmió por primera vez en semanas sin pesadillas. En los brazos de Naruto Uzumaki, el chico que siempre había estado ahí, el chico que la había reclamado como suya, el chico que la estaba reconstruyendo pieza por pieza a base de sexo, dominio y una devoción que ella nunca había recibido de nadie.
A la mañana siguiente, cuando despertó, él ya estaba despierto, mirándola con esos ojos azules intensos.
—Buenos días, zorrita —dijo con una sonrisa perezosa—. ¿Lista para la ronda dos antes del desayuno?
Sakura irritada, sintiendo el dolor agradable entre sus piernas, las marcas de la noche anterior en su piel.
—Siempre lista, Naruto-kun.
Y así comenzó.
que sigue?
El Descubrimiento de Naruto
el niño demonio que doma un harem
naruto niño descubre la pornografía de control mental, corrupción, male dom y harem, y crece que riendo vivir eso, por lo que después que sasuke deserta ve su oportunidad de formar un harem de mujeres ninfómanas sumisas y leales a el.
Updated on Jun 6, 2026
Created on Jun 6, 2026
by Locoloco
- All Comments
- Chapter Comments
