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Chapter 7 by Locoloco

¿seguirá una de las mencionadas?

hay algo mas que hacer

Tres días habían pasado desde que Ayame se unió al harén. Tres días en los que Naruto había dividido su tiempo entre sus tres zorritas, asegurándose de que cada una recibiera la atención que merecía. Sakura, Hinata y Ayame.

Pero esa noche era especial.

Esa noche, Naruto había convocado a las tres a su departamento. No para una sesión individual, sino para algo que había estado planeando desde que Ayame se unió: un cuarteto. La primera vez que todas estarían juntas, compartiendo su cuerpo y compartiéndose entre sí.

Y además, tenía una sorpresa.

El sol se había puesto hacía una hora cuando Sakura llegó primera, como siempre. Llevaba un vestido ligero de verano, y su collar rojo brillaba bajo la luz de la lámpara. Hinata llegó minutos después, con su chaqueta gris habitual y el collar negro ajustado a su cuello pálido. Ayame fue la última, nerviosa, con un vestido azul sencillo y el collar blanco que Naruto le había regalado.

—Bienvenidas, chicas —dijo Naruto, sentado en el centro de la colchoneta, con las piernas cruzadas—. Esta noche es especial. Es la primera vez que estarán todas juntas. Quiero que se conozcan, que se toquen, que se disfruten. Pero antes de eso, tengo algo para ustedes.

Las tres intercambiaron miradas curiosas. Sakura levantó una ceja.

—¿Algo? ¿Como qué?

Naruto sonrió y se levantó, caminando hacia un rincón del departamento donde había una caja que ninguna había notado antes. La abrió y sacó un objeto que hizo que los ojos de Sakura se abrieran de par en par.

Una máquina de tatuajes.

—Conseguí esto hoy —dijo Naruto, sosteniendo el dispositivo en sus manos—. No preguntes cómo. Lo importante es que está aquí. Y que voy a cumplir mi promesa- Naruto nunca dirá que lo había comprado sin saber que era hasta ayer que fue a visitar una tienda de tatuajes.

Sakura sintió que el corazón se le aceleraba. Su promesa. El tatuaje. El corazón sobre su útero.

—¿Vas a hacernos un tatuaje? —preguntó Hinata, su voz mezcla de emoción y nerviosismo.

—Sí —respondió Naruto—. A las tres. Un corazón, justo aquí —le tocó el vientre, a la altura del útero—. Y dentro, una N. Mi inicial. Para que todas recuerden siempre a quién pertenecen.

Ayame tragó saliva, pero asintió.

—Yo... yo quiero —dijo, su voz firme a pesar del miedo—. Quiero llevar tu marca.

—Yo también —dijo Hinata.

—Yo fui la primera, y me lo prometiste—dijo Sakura, con una sonrisa—. No voy a acobardarme ahora.

Naruto sonrió, una sonrisa cálida y orgullosa.

—Entonces, empecemos. Sakura, tú primero. Eres la primera. Es justo que seas la primera en llevar mi marca.

Sakura asintió y se recostó sobre la cama, levantándose el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto su vientre liso y tonificado. Naruto se arrodilló a su lado, la máquina en mano, y limpió la zona con ****- le fue fácil aprender, así como la caligrafía de sellos, nunca entendió la razón.

—Esto va a doler un poco —le advirtió.

—Confío en ti, Naruto-kun —respondió ella, cerrando los ojos.

La máquina zumbó cuando él la encendió. La aguja tocó su piel, y Sakura contuvo el aliento. El dolor era agudo, punzante, pero soportable. Cada línea que Naruto trazaba era una promesa grabada en su carne.

Pasaron quince minutos. Cuando terminó, el corazón era perfecto. Pequeño, del tamaño de una moneda grande, con curvas suaves y simétricas. Y dentro, una N mayúscula, clara y definida.

—Terminado —dijo Naruto, limpiando el exceso de tinta—. Mírate.

Sakura se incorporó y miró hacia abajo. El tatuaje era hermoso. Un corazón rosa justo sobre su útero, con la N negra en el centro. Se llevó la mano a la zona, sintiendo el leve relieve de la piel recién marcada.

—Es perfecto —susurró, lágrimas de felicidad brotando de sus ojos—. Gracias, Naruto-kun.

—Ahora tú, Hinata —dijo Naruto.

Hinata se recostó, levantando su chaqueta y su top para dejar al descubierto su vientre pálido. Naruto repitió el proceso, limpiando la zona, trazando el corazón con mano firme. Hinata soportó el dolor en silencio, sus ojos blancos fijos en el techo, una sonrisa de paz en sus labios.

Cuando terminó, ella también miró su tatuaje con admiración.

—Es hermoso —dijo, tocando la N—. Ahora llevo una parte de ti conmigo para siempre.

—Y tú, Ayame —dijo Naruto, volviéndose hacia la tercera.

Ayame se recostó nerviosa, levantando su vestido. Su vientre era suave, ligeramente más lleno que el de las kunoichi, pero igualmente hermoso. Naruto limpió la zona y comenzó a tatuar.

Ella mordió su labio, conteniendo los gemidos de dolor. Pero cuando terminó, cuando vio el corazón rosa y la N negra sobre su piel, sintió que todas sus dudas se desvanecían.

—Ahora soy tuya de verdad —susurró, tocando el tatuaje.

—Siempre lo han sido —dijo Naruto, guardando la máquina—. Pero ahora, llevan mi marca. Son mías, visiblemente, para siempre.

Se sentó en el centro de la colchoneta, extendiendo los brazos.

—Vengan aquí. Las tres.

Ellas obedecieron, arrastrándose hacia él hasta rodearlo. Sakura se colocó a su derecha, Hinata a su izquierda, Ayame frente a él. Sus cuerpos se presionaban contra el suyo, sus labios buscando su piel.

—Esta noche —dijo Naruto, su voz baja y grave—, quiero que se disfruten. Que se toquen. Que se besen. Quiero ver a mis zorritas sumisas complacerse mutuamente mientras yo las observo. ¿Entienden?

—Sí, Naruto-kun —respondieron al unísono.

—Entonces, empiecen.

Sakura fue la primera en moverse. Se volvió hacia Hinata, sus ojos verdes encontrando los blancos, y sonrió.

—¿Alguna vez has besado a una chica, Hinata?

Hinata negó con la cabeza, sonrojándose.

—N-no... nunca...

—Entonces déjame enseñarte —aunque Sakura lo más cercano a un beso que dio a una mujer fue respiración cardiopulmonar.

Sakura se inclinó y presionó sus labios contra los de Hinata. El beso fue suave al principio, tentativo, mientras Sakura guiaba a Hinata, marcando el ritmo, la presión. Pronto, Hinata respondió con más confianza, su lengua encontrando la de Sakura, sus manos subiendo para enredarse en su cabello rosa.

Naruto observaba, una sonrisa de satisfacción en sus labios, mientras su mano acariciaba el muslo de Ayame.

—Míralas —susurró—. ¿No son hermosas?

—Sí —respondió Ayame, su voz entrecortada por la excitación—. Muy hermosas.

—Quiero que te unas a ellas —dijo él—. Ve. Besa a Sakura y no te olvides de besar a Hinata.

Ayame obedeció, arrastrándose hacia el frente. Se colocó detrás de Sakura, sus manos rodeando su cintura, sus labios encontrando la curva de su cuello. Sakura gimió contra la boca de Hinata, su cuerpo respondiendo al toque de Ayame.

Pronto, las tres estaban enredadas en un torbellino de lenguas y manos. Sakura yacía boca arriba, con Hinata entre sus piernas y Ayame besando sus pechos. Hinata descendió, su boca encontrando el sexo húmedo de Sakura, lamiendo con una timidez que pronto se convirtió en confianza.

—Así, Hinata —gimió Sakura, sus dedos enredados en el cabello azul oscuro—. Usa tu lengua... así...

Ayame, mientras tanto, había girado para colocar su sexo sobre el rostro de Sakura, ofreciéndose a su vez. Sakura aceptó el regalo, su lengua encontrando el clítoris de Ayame, lamiendo con la misma habilidad que Hinata estaba usando con ella.

El círculo de placer se completó cuando Hinata, sin dejar de lamer a Sakura, extendió una mano para acariciar el sexo de Ayame, sus dedos deslizándose hábilmente dentro de ella.

Los gemidos llenaban la habitación, una sinfonía de placer femenino que Naruto observaba con los ojos brillantes de deseo. Su polla estaba dura, palpitante, pero no intervenía. Quería verlas llegar al clímax solas, quería ver cómo se complacían mutuamente.

—Me voy a correr —jadeó Sakura, su cuerpo arqueándose—. Hinata... no pares...

—Yo también —gimió Ayame, sus caderas moviéndose contra la boca de Sakura—. Estoy tan cerca...

—Córranse —ordenó Naruto, su voz firme—. Córranse para mí. Ahora.

Y lo hicieron. Las tres al mismo tiempo, sus cuerpos tensándose, sus gritos fundiéndose en un coro de placer. Sakura se corrió en la boca de Hinata, Ayame se corrió en la lengua de Sakura, y Hinata se corrió contra los dedos de Ayame.

Cayeron, jadeantes, sudorosas, satisfechas.

Pero Naruto aún no había terminado.

—Ahora —dijo él, incorporándose—, es mi turno.

Las tres lo miraron, sus ojos brillando con anticipación.

—Pónganse a cuatro patas —ordenó—. En fila. Frente a mí.

Obedecieron, alineándose como perras sumisas. Sakura al frente, Hinata en el medio, Ayame al final. Sus traseros se elevaban, ofreciéndose a él.

Naruto se colocó detrás de Ayame, la más cercana, y la penetró sin previo aviso. Ella gimió, su cuerpo adaptándose rápidamente a él. Comenzó a moverse, un ritmo rápido y profundo, mientras sus manos acariciaban las caderas de Hinata frente a ella.

—Sakura —dijo, su voz ronca—. Ven aquí. Quiero tu boca.

Sakura se arrastró hacia adelante, colocándose frente a él, su boca abriéndose para recibir su polla cuando él se la ofreció. La tomó profundamente, su lengua y garganta trabajando en armonía, mientras él seguía embistiendo a Ayame desde atrás.

Era un ritmo complejo, una coreografía de placer. Cada embestida hacia Ayame empujaba su polla más profundamente en la garganta de Sakura. Cada gemido de Ayame vibraba a través de su cuerpo, excitando aún más a Sakura.

Hinata, mientras tanto, no se quedaba atrás. Se deslizó detrás de Naruto, su lengua encontrando la entrada de su ano, lamiendo con una devoción que la sorprendió a sí misma. Naruto gruñó, el placer multiplicándose.

—Mierda, Hinata... eso... eso se siente increíble...

Ella sonrió contra su piel y continuó, su lengua explorando, penetrando, mientras sus manos masajeaban sus testículos.

El cuarteto continuó, los cuerpos moviéndose en sincronía, los gemidos y gruñidos llenando la habitación. Naruto sintió que se acercaba, pero quería que todas llegaran primero.

—Sakura —ordenó—. Córrete. Ahora.

Ella gimió alrededor de su polla, su cuerpo temblando mientras el orgasmo la alcanzaba.

—Ayame. Tú también.

Ayame gritó, su cuerpo arqueándose mientras se corría en su polla.

—Hinata. Termina.

Hinata se corrió contra su ano, su lengua vibrando mientras el placer la sacudía.

Solo entonces, Naruto se permitió dejarse ir. Con un gruñido profundo, se corrió en la garganta de Sakura, llenándola de semen caliente. Ella tragó obedientemente, sin perder una gota.

Cayeron, un montón de cuerpos sudorosos y satisfechos, sobre la cama. Las tres se acurrucaron contra él, sus cabezas descansando sobre su pecho, sus manos entrelazadas sobre su vientre.

—Eso fue... increíble —susurró Ayame, su voz apenas un susurro.

—La primera vez de muchas —dijo Naruto, besando la frente de cada una—. Bienvenidas, chicas. Bienvenidas a su harén.

Sakura sonrió, tocando su nuevo tatuaje.

—Llevo tu marca, Naruto-kun. Ahora, y para siempre.

—Todas la llevamos —dijo Hinata, acariciando la suya.

—Y estamos orgullosas de ello —completó Ayame.

Naruto sonrió, sintiendo el peso de sus cuerpos, el calor de su devoción. Su harén crecía, su poder se consolidaba. Y esta noche, había sellado su vínculo de una manera que ninguna de ellas podría olvidar.

El corazón tatuado sobre sus úteros, con su inicial grabada, era más que una marca. Era una promesa. Una declaración de propiedad. Un lazo que las unía a él para siempre.

Y mientras la luna se alzaba sobre Konoha, Naruto Uzumaki, el niño que una vez fue despreciado, yacía rodeado de mujeres que lo adoraban, listo para seguir expandiendo su reino.

Una sumisa a la vez.

¿Al fin ira por Kurenai?

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