Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 6 by Locoloco
¿usara a Hinata para acercarse a Kurenai?
era el plan
La mañana transcurrió con una tranquilidad que contrastaba con la intensidad de la noche anterior. Hinata, aún tímida pero visiblemente más relajada, se vistió lentamente mientras Sakura preparaba té en la pequeña cocina del departamento. Naruto, sentado en la cama con las piernas cruzadas, observaba a sus dos zorritas, como las llama el, con una sonrisa de satisfacción.
—Hinata —dijo Sakura, acercándose con tres tazas humeantes—. Tengo algo para ti.
De entre los pliegues de su ropa, Sakura sacó un pequeño frasco de vidrio. Contenía un líquido transparente, casi imperceptible, con un ligero brillo iridiscente cuando la luz lo golpeaba.
—¿Qué es? —preguntó Hinata, tomando el frasco con curiosidad.
—Un afrodisíaco —respondió Sakura, sin rodeos—. Lo he estado desarrollando en secreto, usando mis conocimientos de medicina y algunos ingredientes... especiales. Es poderoso, despierta el deseo. Lo intensifica. Hace que quien lo tome sienta una necesidad abrumadora de sexo, pero manteniendo su juicio y personalidad intactos.
Era un proyecto que había estado desarrollando para tener a Sasuke, pero tenía miedo de hacerlo porque era inmoral y podría hacer que la odiasen, pero ahora no tenía esa restricción, Naruto rompería a Kurenai y ella ni siquiera se preocuparía por el afrodisiaco después.
Hinata miró el frasco, girándolo entre sus dedos. El líquido brillaba a la sus de la mañana como si fuese una poción divina.
—¿Para qué es? —preguntó, aunque ya sospechaba la respuesta.
Sakura y Naruto intercambiaron una mirada. Fue él quien habló.
—Para Kurenai Yuhi —dijo Naruto, su voz tranquila pero firme—. Ella es mi próximo objetivo. Es una kunoichi experimentada, una sensei respetada, y está sola aun, aunque parece haber estado acercándose a Asuma. Contigo ella es ****, lo note en el examen chunin. Con el afrodisíaco, puedo asegurarme de que cuando la aborde, su cuerpo esté de mi lado. El resto será cuestión de tiempo y tacto.
Hinata sintió un nudo en el estómago. Kurenai era su sensei, la mujer que la había entrenado, que la había guiado. La idea de drogarla, de manipularla de esa manera...
Pero luego miró el collar negro alrededor de su cuello, sintió el peso que este tenia en su vida, peso que ella se puso con una sonrisa, y recordó las palabras de Naruto: Confía en mí.
Siendo esto suficiente para tener convicción en lo que estaba por decir, porque sabia que estas palabras definirían el resto de su vida.
—Entiendo —dijo Hinata, guardando el frasco en el bolsillo interior de su chaqueta—. ¿Cuándo quiere que se lo dé?
—Lo antes posible —respondió Sakura—. Cuanto más rápido, mejor. Pero con cuidado. Tiene que ser en un momento en que esté relajada, confiada. Tal vez después de un entrenamiento, cuando esté sedienta y cansada. Algo simple, como ofrecerle agua con el afrodisíaco ya disuelto.
Hinata asintió, su mente ya trazando estrategias.
—Hay un problema —dijo, y ambas miradas se fijaron en ella—. Kurenai-sensei está en una misión. Salió anteayer. Una misión de rango A, fuera de la aldea. No volverá en al menos tres o cuatro días, quizás más.
El silencio cayó sobre la habitación. Naruto frunció el ceño, sus dedos tamborileando sobre su muslo.
—Maldición —murmuró—. Justo ahora que tenía el impulso.
—Podemos esperar —dijo Sakura, apoyando una mano en su hombro—. No hay prisa. Kurenai no va a desaparecer. Cuando vuelva, estará cansada, ****. Será el momento perfecto.
Naruto suspiró, pero asintió.
—Tienes razón. Esperaremos. Pero cuando vuelva, quiero estar listo. Hinata, guarda ese frasco. Lo usaremos cuando llegue el momento.
—Sí, Naruto-kun —respondió Hinata, llevándose instintivamente la mano al collar y sonriendo al tocarlo.
La mañana continuó. Hinata se despidió con un beso, prometiendo volver por la noche. Sakura se quedó un rato más, ayudando a Naruto a ordenar el departamento, antes de irse a sus propias obligaciones. Naruto se quedó solo, repasando mentalmente sus planes, sintiendo la energía de la mañana correr por sus venas.
Pero el hambre, esa necesidad básica e ineludible, pronto llamó a su puerta.
Eran alrededor de las dos de la tarde cuando Naruto salió de su departamento, con el estómago rugiendo. Caminó por las calles de Konoha, saludando a conocidos con su sonrisa habitual, hasta llegar a su destino favorito: Ichiraku Ramen.
El pequeño puesto de ramen estaba tranquilo a esa hora. La mayoría de los shinobi estaban en misiones o entrenando, y el almuerzo ya había pasado. Naruto levantó la cortina de tela con su gesto característico.
—¡Ey, viejo Teuchi! ¡Prepárame el de siempre!
Pero quien lo recibió no fue el viejo Teuchi, sino una mujer joven de cabello castaño claro atado en una cola de caballo baja. Llevaba un delantal blanco sobre una camiseta sencilla y una falda hasta la rodilla. Sus ojos marrones eran cálidos, y una sonrisa amable adornaba su rostro.
—Naruto-kun —dijo ella, inclinándose ligeramente—. Papá está en el mercado comprando ingredientes. Hoy me toca atender a mí sola.
Era Ayame, la hija de Teuchi. Naruto la conocía de toda la vida, aunque nunca había interactuado mucho con ella fuera del puesto de ramen. Siempre había sido amable, siempre sonriente, pero hoy...
Hoy, Naruto la miró con otros ojos, preguntándose ¿por qué no había notado su atractivo?
—Ayame-neechan —dijo él, tomando asiento en el mostrador y soltó una broma—. No sabía que trabajabas hoy.
—Siempre trabajo los jueves —respondió ella sonriendo y siguiéndole la broma, comenzando a preparar su pedido con movimientos hábiles—. Papá dice que soy su mejor empleada. Aunque soy su única empleada y como hoy está tranquilo, que puedo tomármelo con calma.
Naruto la observó mientras trabajaba. Sus manos se movían con precisión, cortando verduras, preparando el caldo. Pero había algo en su postura, en la forma en que evitaba su mirada, en el ligero temblor de sus dedos cuando le sirvió el té...
—Ayame-neechan —dijo él, de repente—. ¿Te pasa algo?
Ella se sobresaltó, casi derramando el cucharón de caldo.
—¿N-nada? ¿Por qué lo dices?
—No sé —dijo él, encogiéndose de hombros—. Pareces nerviosa. ¿Estás bien?
Ayame se quedó quieta un momento, sus manos aferradas al borde del mostrador. Luego, en un susurro apenas audible, habló.
—Es que... desde que empezaste a venir con más frecuencia... y con esas chicas tan guapas que salían de tu apartamento... pensé que quizás ya no te gustaría mi ramen...
Naruto parpadeó, confundido, aunque era un pervertido este niño jamás pensaba en perversiones al comer.
—¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Tu ramen es el mejor del mundo!
—No me refiero al ramen —dijo ella, y sus mejillas se tiñeron de rosa—. Me refiero a... a mí.
El silencio se alargó. Naruto la miró fijamente, procesando sus palabras. ¿Acaso Ayame estaba...?
—Ayame-neechan —dijo lentamente—. ¿Te gusto? ¿yo?
Ella no respondió. Pero el sonrojo que se extendió hasta sus orejas fue respuesta suficiente.
Naruto sintió que una oportunidad se abría frente a él, tan clara como el caldo humeante de su ramen. Ayame era mayor que él, pero no por mucho. Era amable, trabajadora, y aparentemente, tenía sentimientos por él que nunca había expresado.
Y estaba sola. En el puesto. Sin nadie más alrededor y por primera vez Naruto no se concentró en el ramen de este local.
—Ayame —dijo él, usando su nombre sin el honorífico por primera vez—. Ven aquí.
Ella obedeció, rodeando el mostrador para acercarse a él. Sus manos temblaban, sus ojos evitaban los suyos.
—Mírame —ordenó él, su voz suave pero firme.
Ella levantó la vista, sus ojos marrones encontrando los azules de él. Había miedo en ellos, pero también esperanza.
—¿Cuánto tiempo? —preguntó él—. ¿Cuánto tiempo has sentido esto?
—A-años —susurró ella—. Desde que estabas en la academia. Siempre venías con profesor con la cicatriz. Y yo te miraba, y pensaba... ojalá algún día me mire a mí… y me odiaba por eso, soy mayor y aun así tenía estos sentimientos.
Naruto sonrió, una sonrisa lenta y cálida.
—Pues hoy es tu día de suerte, Ayame. Porque te estoy mirando. Y me gusta lo que veo.
Ella contuvo el aliento, sus ojos llenándose de lágrimas de felicidad.
—¿De verdad?
—De verdad —confirmó él, tomando su mano—. Pero tengo que decirte algo. No soy un hombre de una sola mujer. Tengo... planes. Planes que involucran a más de una. Si te unes a mí, tendrás que compartir.
Ayame parpadeó, pero no retiró la mano.
—¿Compartir? ¿Con quién?
—Con Sakura. Con Hinata. Con otras que irán llegando.
Ella se quedó en silencio un momento. Luego, lentamente, una sonrisa se dibujó en sus labios.
—Siempre he sido una chica rara —dijo—. Siempre he soñado con tener una familia grande. Supongo que esto es... diferente. Pero contigo, Naruto-kun... estoy dispuesta a intentarlo.
Naruto sintió una oleada de sorpresa y satisfacción. ¿Tan fácil? pensó. ¿Otra como Hinata? No, eso fue más fácil que con Hinata.
—Entonces —dijo él, levantándose y tirando suavemente de su mano—. Cierra el puesto. Tengo algo que mostrarte.
El departamento de Ayame estaba cerca del puesto de ramen, un pequeño apartamento de dos habitaciones decorado con plantas y cortinas florales. Olía a sopa de miso y a lavanda. Era acogedor, familiar, y muy, muy privado.
Naruto la empujó suavemente contra la puerta tan pronto como la cerraron, sus labios encontrando los de ella en un beso profundo y posesivo. Ayame gimió contra su boca, sus manos yendo a su cabello rubio, aferrándose a él como si temiera que desapareciera.
—Naruto-kun... —jadeó ella cuando se separaron para respirar—. Esto es... muy rápido...
—¿Quieres que pare? —preguntó él, su voz ronca.
Ella negó con la cabeza, sus ojos brillando.
—No. No quiero que pares. He esperado demasiado para esto.
Naruto sonrió, una sonrisa depredadora, y la guio hacia el dormitorio.
La habitación era sencilla: una cama con sábanas blancas, un armario de madera, una mesita de noche con una lámpara. Ayame se sentó en el borde de la cama, mirándolo con una mezcla de nerviosismo y deseo.
—¿Has hecho esto antes? —preguntó Naruto, comenzando a desabrocharse la camisa.
—Sí —respondió ella, su voz apenas un susurro—. Tuve un novio hace dos años. Quería enterrar mis sentimientos. Pero no duró mucho. No pude dejar de pensar en ti, Desde entonces... nadie.
—Entonces sabes lo básico —dijo él, dejando caer su camisa al suelo—. Pero lo que voy a enseñarte hoy va más allá de lo básico. ¿Estás lista?
Ella asintió, comenzando a desabrocharse el delantal.
Naruto la detuvo.
—No. Déjame a mí.
Se acercó a ella, sus manos encontrando los botones de su blusa. Uno por uno, los fue desabrochando, revelando lentamente su piel pálida. Cuando terminó, deslizó la blusa por sus hombros, dejando al descubierto un sujetador de encaje blanco, sencillo pero femenino.
—Hermoso —murmuró él, deslizando sus dedos por la curva de sus pechos.
Ayame tembló bajo su tacto, sus pezones endureciéndose a través de la tela. Naruto inclinó la cabeza y tomó uno en su boca, chupando a través del encaje, humedeciéndolo. Ella gimió, arqueando la espalda, sus dedos enredándose en su cabello.
—Naruto-kun... por favor...
—¿Por favor, qué? —preguntó él, levantando la vista.
—Por favor... quítalo... quiero sentir tu boca directamente...
Él sonrió y, con un movimiento hábil, desabrochó el sujetador y lo deslizó por sus brazos. Sus pechos cayeron libres, firmes, de un tamaño medio perfecto, con pezones rosados y erectos.
Naruto no perdió el tiempo. Tomó un pezón en su boca, chupando y mordisqueando con la cantidad justa de presión, mientras su mano masajeaba el otro pecho. Ayame gimió, su cabeza inclinándose hacia atrás, sus caderas moviéndose instintivamente.
—Siéntate en la cama —ordenó él, separándose.
Ella obedeció, recostándose sobre las sábanas blancas. Naruto se arrodilló frente a ella, separando sus piernas, deslizando sus manos por sus muslos hasta llegar a la cintura de su falda.
—Levántate las caderas.
Ella obedeció, y él deslizó la falda hacia abajo, dejándola en bragas. Eran unas bragas de algodón blancas, sencillas, ya manchadas de humedad en el centro.
—Mírate —dijo él, pasando un dedo por la mancha húmeda—. Ya estás mojada. Y apenas hemos empezado.
Ayame se sonrojó, pero no apartó la mirada.
—Es que... me pones muy nerviosa... y excitada...
—Eso es bueno —dijo él, deslizando sus bragas hacia abajo—. Quiero que estés excitada. Quiero que estés mojada. Quiero que estés lista para mí.
Cuando estuvo completamente desnuda, Naruto se tomó un momento para observarla. Su cuerpo era suave, femenino, con curvas amables y una piel pálida que parecía brillar bajo la luz de la tarde.
—Eres hermosa, Ayame —dijo, y era sincero.
Ella sonrió, tímida pero feliz.
—Gracias, Naruto-kun.
Él se desvistió por completo, dejando al descubierto su cuerpo musculoso y su erección, ya completamente dura. Ayame contuvo el aliento al verlo.
—Es... grande —susurró.
—¿Te gusta?
Ella asintió, mordiéndose el labio.
—Sí. Me gusta.
—Entonces empecemos con algo suave —dijo él, recostándose a su lado—. Quiero que me chupes. Pero primero, quiero chuparte a ti.
Sin esperar respuesta, se deslizó entre sus piernas, su boca encontrando su sexo húmedo y cálido. Ayame jadeó, su cuerpo tensándose al instante. La lengua de Naruto era hábil, experta, encontrando su clítoris con precisión, rodeándolo, presionando, lamiendo.
—¡Naruto-kun! —gimió ella, sus manos aferrándose a las sábanas—. ¡Eso... eso se siente increíble!
Él no respondió, concentrado en su tarea. Su lengua se movía rítmicamente, alternando entre lametazos suaves y succiones firmes, mientras sus dedos se deslizaban dentro de ella, preparándola.
—Voy a... voy a... —jadeó ella, su cuerpo comenzando a temblar.
—Córrete —ordenó él contra su piel—. Córrete en mi boca.
Y ella lo hizo. Su cuerpo se arqueó, un grito estrangulado escapando de sus labios mientras el orgasmo la sacudía. Naruto la sostuvo, lamiéndola suavemente hasta que los temblores cesaron.
Cuando levantó la vista, sus labios brillaban con sus fluidos.
—Sabes delicioso, Ayame.
Ella jadeaba, su pecho subiendo y bajando rítmicamente.
—Naruto-kun... eso fue... increíble...
—Aún no hemos terminado —dijo él, incorporándose—. Ahora, quiero que me chupes tú.
Ella asintió y se incorporó, arrodillándose frente a él. Tomó su erección en sus manos, sintiendo su peso, su calor. Luego, lentamente, abrió la boca y lo tomó.
Naruto gimió, su cabeza inclinándose hacia atrás. La boca de Ayame era cálida y húmeda, su lengua moviéndose con una habilidad que lo sorprendió.
—Mierda, Ayame... chupas increíble...
Ella sonrió alrededor de su miembro, animada por el cumplido, y redobló sus esfuerzos. Su cabeza se movía arriba y abajo, su lengua rodeando el glande cada vez que subía, sus manos masajeando lo que su boca no podía alcanzar.
—Para —dijo él después de unos minutos, apartándola suavemente—. Si sigues, me corro, y quiero hacerlo dentro de ti.
La tumbó sobre la cama, separando sus piernas. Su polla rozó la entrada de su vagina, mojada y lista.
—¿Lista? —preguntó él.
—Sí —respondió ella, sus ojos brillando—. Fóllame, Naruto-kun.
Él sonrió y empujó.
El gemido de Ayame fue largo y profundo mientras él la penetraba por completo. Se quedó quieto un momento, dejándola adaptarse a su tamaño, besando su cuello, sus pechos.
—Duele un poco —susurró ella.
—Pasará —dijo él—. Confía en mí.
Ella asintió, y él comenzó a moverse. Lentamente al principio, embestidas profundas y medidas que la llenaban por completo. Luego más rápido, más fuerte, el sonido de sus cuerpos chocando llenando la habitación.
—Naruto-kun... —gimió ella, aferrándose a su espalda—. Es tan... tan bueno...
—¿Te gusta? —preguntó él, su voz ronca.
—Sí... sí... no pares...
Pero él quería probar algo más. Se detuvo, y ella gimió de frustración.
—Date la vuelta —ordenó—. Quiero probar algo diferente.
Ella obedeció, poniéndose a cuatro patas. Naruto se colocó detrás de ella, su polla rozando su entrada, pero en lugar de penetrarla vaginalmente, deslizó la punta, hasta encontrar su otro agujero.
—¿Has hecho esto antes? —preguntó él.
Ayame negó con la cabeza, su voz temblorosa.
—N-no... pero he oído... duele, ¿verdad?
—Al principio —admitió él—. Pero si confías en mí, te prometo que te va a gustar.
Ella dudó un momento, luego asintió.
—Confío en ti, Naruto-kun.
Él escupió en su mano y se lubricó, luego presionó lentamente contra su entrada anal. Ayame jadeó, su cuerpo tensándose.
—Relájate —susurró él, acariciando su espalda—. Respira.
Ella obedeció, tomando respiraciones profundas, y él continuó presionando. Poco a poco, centímetro a centímetro, su polla fue penetrando su ano. Ayame gimió, una mezcla de dolor y placer.
—Ya casi —dijo él—. Solo un poco más.
Finalmente, estuvo completamente dentro. Se quedó quieto, dejándola adaptarse, sintiendo cómo su cuerpo se acostumbraba a la invasión.
—¿Cómo te sientes? —preguntó él.
—Llena —respondió ella, su voz entrecortada—. Me siento... tan llena...
Él comenzó a moverse. Lentamente al principio, embestidas cortas y controladas. Luego, a medida que ella se relajaba, más rápido, más profundo. Los gemidos de Ayame se convirtieron en gritos ahogados, su cuerpo moviéndose al ritmo de él.
—Naruto-kun... voy a... otra vez...
—Córrete —ordenó él—. Córrete en mi polla.
Y ella se corrió, su cuerpo tembloroso, sus gritos llenando la habitación. Naruto la siguió momentos después, vaciándose dentro de su ano con un gruñido profundo.
Ambos cayeron sobre la cama, jadeando, sudorosos. Pero Naruto no había terminado.
Se incorporó, aún erecto, y la giró sobre su espalda.
—Una más —dijo—. Quiero sentirte vaginalmente ahora.
Ayame sonrió débilmente, sus piernas abriéndose para él.
—Tómame, Naruto-kun. Tómame todas las veces que quieras.
Él la penetró de nuevo, sintiendo la diferencia de textura, el calor húmedo y apretado. Comenzó a moverse con un ritmo rápido y brutal, sus caderas golpeando contra las de ella.
—Naruto-kun... —gemía ella, sus uñas clavándose en su espalda—. Más... más fuerte...
Él obedeció, aumentando la velocidad, la intensidad. La cama crujía bajo ellos, los gemidos de ella se mezclaban con los gruñidos de él, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación.
—Me voy a correr otra vez —jadeó ella.
—Yo también —dijo él—. Córrete conmigo.
Y lo hicieron. Juntos. Sus cuerpos se tensaron, sus gritos se fundieron, y cayeron en un abrazo sudoroso, satisfechos, agotados.
Pasaron varios minutos antes de que Naruto se incorporara, su polla deslizándose fuera de ella con un sonido húmedo. Se recostó a su lado, atrayéndola hacia su pecho.
—Eres increíble, Ayame —murmuró, besando su cabello.
Ella sonrió, enterrando su rostro en su cuello.
—Tú también, Naruto-kun. Ha sido... el mejor día de mi vida.
Él rió suavemente.
—Y esto es solo el principio. Bienvenida al harén.
Ella levantó la vista, confundida.
—¿Harén?
—Te explico luego —dijo él, acariciando su espalda, sabía que Ayame recordaba lo de Sakura y Hinata porqué él se lo dijo.—. Por ahora, solo descansa.
Ayame asintió, cerrando los ojos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. No entendía completamente lo que significaba unirse a él, pero en ese momento, no le importaba.
Había esperado años para estar en sus brazos. Y ahora que lo estaba, no iba a dejarlo ir por nada del mundo.
Afuera, el sol comenzaba a ponerse sobre Konoha, pintando el cielo de tonos naranjas y rosados. Y en el pequeño apartamento cercano a un puesto de ramen, una nueva zorrita había nacido.
Cuando Ayame se despertó una hora después, Naruto ya estaba vestido, sentado al borde de la cama, mirándola con una sonrisa.
—Tengo que irme —dijo él—. Pero volveré. Y quiero que cuando vuelva, tengas esto puesto.
De su bolsillo, sacó un collar de perro. blanco, de cuero suave, cómodo pero a la vez declaraba de él y solo de él.
—Es igual que el de Hinata —dijo él—. Pero de otro color. Para que sepas que eres especial.
Ayame tomó el collar, sus dedos acariciando el símbolo de que es de Naruto. Luego, sin dudarlo, se lo puso alrededor del cuello. El podría esconderse en su ropa de camarera si este no fuese porque su cuello siempre estuvo a la vista y ella no piensa ocultarlo.
—¿Cómo me veo? —preguntó ella, sonriendo tímidamente.
—Perfecta —respondió él, inclinándose para besarla—. Absolutamente perfecta.
Y mientras se despedía, prometiendo volver al día siguiente, Naruto sintió que su harén crecía más rápido de lo que había imaginado. Primero Sakura, luego Hinata, ahora Ayame. Tres mujeres sumisas en menos de una semana.
¿Quién será la siguiente? pensó, mientras caminaba por las calles iluminadas por el atardecer. Kurenai, cuando vuelva. Y luego... Ino. Tal vez Tenten. O alguna otra.
El mundo estaba lleno de posibilidades. Y él estaba listo para reclamarlas todas, y tenia un lugar donde guardaría sus trofeos, como la ropa interior que tomo de Ayame.
¿seguirá una de las mencionadas?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
El Descubrimiento de Naruto
el niño demonio que doma un harem
naruto niño descubre la pornografía de control mental, corrupción, male dom y harem, y crece que riendo vivir eso, por lo que después que sasuke deserta ve su oportunidad de formar un harem de mujeres ninfómanas sumisas y leales a el.
Updated on Jun 17, 2026
by Locoloco
Created on Jun 6, 2026
by Locoloco
- 21 Likes
- 1,699 Views
- 18 Favorites
- 8 Bookmarks
- 13 Chapters
- 13 Chapters Deep
Comments moved below the chapter.
Comments