Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Chapter 68 by bla12
¿Cómo termina la jornada?
Volviendo a la nueva comodidad
La jornada había terminado. El último click de la cámara de Leo había resonado como un disparo de gracia, las luces del set se apagaron y el estudio quedó sumido en una quietud pesada, cargada del olor a ozono y al miedo residual de Iris.
Magi y Celia se quedaron de pie en el vestuario, frente al espejo. Aún llevaban puestos los microbikinis negros. Celia se miraba las manos, que aún conservaban el rastro del maquillaje de la novata y el polvo del suelo. El montón de ropa sucia —las sábanas egipcias desgarradas y la ropa interior que habían perdido en la "lavandería" de Lilith— yacía en un rincón como el cadáver de su antigua vida.
—No puedo —murmuró Celia, su voz un hilo de agotamiento—. No puedo volver a salir a la calle con estas cuerdas, Magi. Pero tampoco puedo ponerme esos harapos sucios.
Magi no respondió de inmediato. Se desató el cabello, dejando que cayera sobre sus hombros desnudos, y observó su reflejo con una fijeza depredadora. El microbikini, que para Celia era un "traje" que la salvaba de la desnudez total, para Magi era simplemente la etiqueta de su nuevo rango. Recordó el ático de Lilith: el mármol cálido, el silencio absoluto, la comida servida y la ausencia de miradas de extraños en el metro.
—No vamos a nuestro apartamento —declaró Magi. Su voz era plana, desprovista de duda—. Volvemos a casa de Lilith.
Celia la miró, abriendo mucho los ojos. —¿A la casa de ella? Pero... allí no tenemos nada. Solo...
—Allí no necesitamos nada —la interrumpió Magi—. Allí hay agua caliente, comida y nadie nos juzgará por no llevar ropa. En la calle somos freaks; allí somos lo que debemos ser.
Celia bajó la cabeza. La lógica de Magi era perversa, pero su cuerpo, molido por la tensión, la aceptó como un bálsamo.
—Al menos allí... no tendré que esconderme —susurró Celia, aferrándose a la licra de su bikini.
Caminar por la ciudad al anochecer vestidas solo con esos hilos negros fue una experiencia distinta a la mañana. Ya no eran dos náufragas envueltas en sábanas; eran dos figuras de una estética inquietante. La oscuridad de la noche camuflaba la escasez de tela, pero resaltaba la palidez de sus hombros y la longitud de sus piernas descalzas.
Magi caminaba con la barbilla alta, ignorando el aire frío que golpeaba su vientre y sus costados. Celia, en cambio, caminaba pegada a ella, agradeciendo internamente que el microbikini, por minúsculo que fuera, le diera la sensación de estar "sujeta".
Llegaron al ático. Magi introdujo el código de seguridad. La puerta se deslizó con un susurro electrónico. Al entrar, el lujo opulento las envolvió como una mortaja de seda. Se sentía como llegar a casa. Una casa terrible, pero una casa al fin.
Sin decir una palabra, Magi se llevó las manos a los lazos laterales de su bikini.
—¿Qué haces? —preguntó Celia, aunque ya sabía la respuesta.
—Marcar el territorio —respondió Magi. Deshizo los nudos y dejó que los triángulos de tela cayeran al suelo. Se quedó allí, completamente desnuda bajo la luz cálida del vestíbulo, estirando los brazos como si se liberara de una cadena—. No quiero volver a sentir el roce de nada sobre mi piel hasta mañana. Aquí, la ropa es una mentira.
Celia dudó un segundo. Miró su propio bikini, esa prenda por la que se había sentido tan agradecida hacía apenas unas horas. Pero el calor de la calefacción central y el silencio del ático la sedujeron. Con movimientos lentos, casi rituales, se despojó también de su uniforme. Los dos conjuntos negros quedaron en el suelo como pieles mudadas.
Caminaron desnudas por la estancia, sus pies hundiéndose en las alfombras de lana virgen. Ya no se cubrían con las manos. En el ático de Lilith, la desnudez era la norma, la moneda de cambio, la ley atmosférica.
Se dirigieron al baño principal y activaron el jacuzzi. El agua caliente y las sales de baño empezaron a llenar la enorme bañera de mármol. Se sumergieron al unísono, soltando suspiros que eran mitad dolor y mitad placer. El agua lavaba la suciedad del metro, el sudor del estudio y la culpa de haber quebrado a Iris.
Celia cerró los ojos, dejando que las burbujas masajearan su espalda. —Es esto o la acera fría —murmuró, aceptando finalmente su destino.
—Sí —asintió Magi, recostando la cabeza en el borde—. Y esto duele mucho menos.
Esa era la verdad más amarga. Habían elegido su jaula. Habían regresado voluntariamente al vientre de la bestia porque el mundo exterior se había vuelto demasiado áspero para su piel ahora tan expuesta. Al desnudarse por elección propia en el santuario de su captora, sellaron el pacto: eran adictas al lujo que pagaba su degradación.
¿Qué pasa el próximo día?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)
Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
Comments moved below the chapter.
Jump to comments
Comments