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Chapter 27 by bla12 bla12

¿Qué pasa al día siguiente?

Un día casi normal

La mañana libre que May les concedió fue un espejismo, un breve respiro para que los moretones de la piel y la dignidad dejaran de arder. Magi pasó esas horas en un limbo, dando vueltas en su cama a la idea de renunciar. Pero cada vez que la imagen de la huida tomaba forma, la cruda realidad la golpeaba: la necesidad económica era una cadena demasiado resistente.

Al mediodía, el acuario recuperó su magnetismo opresivo. En su armario, colgado con una precisión que resultaba burlona, aguardaba el nuevo uniforme. No era una prenda, era una prueba. La tela era escasa y elástica, un conjunto diminuto de shorts y una remera ajustada que dejaba poco a la imaginación. Al probárselo, un rubor de indignación le quemó el rostro; la línea de su ropa interior se marcaba con una obscenidad grotesca bajo la fina tela. Con dedos torpes, se la quitó, sintiendo una vulnerabilidad nueva y punzante. La tela ahora se moldeaba a su cuerpo sin barreras, un recordatorio constante de su exposición.

Al girarse, su mirada se cruzó con la de Cloe, quien estaba en medio de su propia batalla silenciosa con el atuendo. No hubo palabras, solo un destello de complicidad y una vergüenza mutua que las unió en un pacto tácito. Magi notó que Cloe había optado por prescindir del sostén, y sus pezones erectos por el frío del vestuario o por la tensión se dibujaban nítidamente contra la tela de su propia remera. Cloe, a su vez, decidió mantener su tanga, a pesar del visible relieve que creaba, como un pequeño acto de desafío o resignación.

Vestidas así, se convirtieron en una atracción no oficial del acuario. La tarde fue un lento suplicio de miradas lascivas que se deslizaban sobre su piel como babosas, de "tropiezos" fortuitos de algunos compañeros cuyas manos "accidentalmente" rozaban sus caderas o espaldas. Magi se movía como un autómata, enjuagando vidrios y alimentando peces, intentando que su mente se desconectara de su cuerpo.

Una pregunta persistente la acompañaba: ¿dónde estaba Lara? ¿Habría tenido el valor que a ella le faltaba? La respuesta la encontró en el hall central, con un bikini de encaje negro empaquetaba sus curvas, elevando su busto hacia las miradas ávidas de los visitantes mientras repartía folletos. Magi sintió un escalofrío. La curiosidad por leer esos folletos fue un impulso inmediato, pero también un miedo visceral. Bajó la mirada y siguió su camino.

El final del turno no trajo alivio, sino la sentencia final. El mensaje en su teléfono brilló con una luz siniestra: "A mi oficina. Ahora." Un lugar que ya no era solo una habitación, sino un altar donde su voluntad era sacrificada ritualmente. Y lo más aterrador era admitir que, efectivamente, ya empezaba a acostumbrarse.

¿Qué pasa en la oficia?

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