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Chapter 28 by bla12 bla12

¿Qué pasa en la oficia?

May les da una noticia

La oficina de May ya no olía a limpieza y poder, sino a un incienso pesado y dulzón que tapizaba el aire, haciéndolo difícil de respirar. Magi entró y encontró allí, como reflejos de su propia inquietud, las caras pálidas de Cloe y Lara. No hicieron ningún saludo; sus miradas se entrelazaron en un silencio cargado de presagio.

May, erguida detrás de su escritorio como una araña en el centro de su tela, sonrió con una falsa calma. —Qué bien que ya están todas. Tengo una noticia magnífica—. Su mirada se posó en Lara, que evitaba cruzar la vista con las demás, fijando los ojos en la alfombra. —Lara ya lo sabe. Pasó al mediodía a pagar una deuda. Y, siendo la buena chica que es, aceptó colaborar con la promoción.

Magi recordó entonces los folletos de colores chillones que Lara repartía en el hall central, su sonrisa tensa, la forma en que su bikini resaltaba cada curva bajo la luz cruda. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal.

—Esos folletos —continuó May, disfrutando de cada palabra envenenada—, ofrecen algo único: una membresía "Élite" para acceder a experiencias exclusivas detrás de las escenas del acuario. —Hizo una pausa dramática, dejando que el significado se instalara, lento y tóxico, en la habitación. —El éxito del evento de anoche fue tan arrollador, la demanda tan... ferviente, que nuestros benefactores exigen más. Acceso privilegiado. Y ustedes, mis queridas estrellas, serán las anfitrionas personales de esas actividades especiales. Los socios fundadores están ya ansiosos por conocerlas mucho, mucho más de cerca.

El horror se instaló en el rostro de Magi y de Cloe con la fuerza de una marea gélida. Lara, por fin, alzó la vista. No había orgullo en sus ojos, solo una resignación profunda y un vestigio de vergüenza.

—¡Pero esta noche es para festejar! —, anunció May con un tono jovial que sonó grotesco. Con un estallido sordo, descorchó una botella de champán barato. El gas burbujeó como veneno. Sirvió tres copas y se las extendió. Sus manos temblaron al tomarlas; no era emoción, era puro terror.

—Brindemos—, ordenó May, alzando su copa. —Por el gran debut. Mañana, comienza la primera función.

Magi, mecánicamente, llevó la copa a sus labios. Tomó un sorgo amargo y dulce. El **** barato burbujeó en su vientre, calentándola con una falsa sensación de calor. El miedo estaba allí, palpitante, un puño de hielo en el pecho, pero ahora se mezclaba con algo más oscuro, más peligroso: una excitación terrible y una curiosidad retorcida que la repelía y la atraía al mismo tiempo. ¿Hasta dónde llegarían? ¿Qué nuevos abismos les esperaban detrás de la cortina de terciopelo de la "membresía Élite"?

El silencio que siguió al brindis no fue de complicidad, sino de una rendición anticipada. May depositó su copa sin usar sobre el escritorio.

—Ahora, lo formal —dijo, su voz recuperando la dureza metálica—. Todo negocio serio requiere un contrato. —Abrió un cajón y extrajo tres folios de papel. —Firmen al final. Asegura su participación en todas y cada una de las actividades de la suscripción, según sea designado por la dirección. Garantiza discreción y... entusiasmo profesional.

Deslizó los documentos hacia ellas. La cláusula de confidencialidad era un muro de texto legal que las aislaba del mundo. La de obligaciones era deliberadamente vaga: "...la empleada se prestará a las actividades de interacción y experiencia designadas para la satisfacción del socio...". No importaba lo humillante que fuera. Estaba todo escrito.

—Firmen —repitió May, tendiendo una pluma estilizada, como una aguja lista para inyectar su veneno.

Lara fue la primera. Firmó con un trazo rápido y tembloroso, sin siquiera leer, ansiosa por que terminara la ceremonia. Cloe, con lágrimas silenciosas surcando sus mejillas, apretó los dientes y estampó su nombre, manchando el papel con una gota de champán que cayó de su copa.

Magi fue la última. La pluma pesaba como un hierro en su mano. Miró los rostros derrotados de las otras dos, luego la sonrisa impasible de May. Respiró hondo, el aire espeso de incienso le quemó los pulmones. Y firmó. El trazo fue firme. Una rendición.

May recogió los contratos con una sonrisa de triunfo final.

—Excelente. Ahora, a descansar. Mañana empieza lo divertido. Recuerden: sonrisas profesionales. Los socios pagan por una experiencia auténtica.

Las tres salieron de la oficina, intoxicadas por el incienso y el champagne barato, la firma en el contrato ardiendo en sus conciencias como un hierro al rojo vivo. La jaula se había cerrado. Y ahora tenía un nombre elegante: Membresía Élite.

¿Cuál es la primera actividad de la suscripción?

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