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Chapter 65 by bla12
¿Qué pasa el próximo día?
Tienen que volver al estudio
La orden de Elara había sido clara: "Estudio. 9 AM. No lleguen tarde." La palabra "lavandería" resonaba en la cabeza de Celia como una sentencia. No había ropa interior. No había nada entre la piel y el mundo excepto el algodón blanco de las sábanas de la casa de Lilith.
Decidirse por ellas no fue una elección, fue una capitulación logística. Las de algodón egipcio, al menos, eran gruesas y opacas. Magi, con movimientos mecánicos y pragmáticos, logró enrollar y anudar la suya alrededor de su torso, creando una especie de vestido tubular que le llegaba a los tobillos. Un nudo firme sobre un hombro debería sostenerlo. Celia, más pequeña y temblorosa, se envolvió como en un turbante gigante, dejando un ojo asomando entre los pliegues y arrastrando el exceso de tela como una cola fantasmagórica. Iban completamente descalzas.
Al abrir la puerta principal, la ciudad les golpeó con toda su crudeza. El suelo de la acera estaba áspero y sucio bajo sus pies. El primer viento que sopló entre los edificios se coló por la abertura del dobladillo de Magi; fue un contacto helado y directo con su piel, pero ella apenas apretó la mandíbula. Ya no le importaba que el mundo la viera, pero aborrecía la incomodidad térmica y la mugre del asfalto.
La estación de metro fue un descenso a los infiernos, sobre todo para Celia. El suelo frío y pegajoso les hizo arquear los pies. Cada mirada de los transeúntes era un dardo para la menor, que intentaba hacerse invisible. Iban tan pálidas y envueltas en blanco, tan descalzas, que la gente no sabía si apartar la vista o quedarse boquiabierta. Magi, por su parte, caminaba con la vista al frente, ignorando a la multitud con una indiferencia glacial.
En lo alto de las escaleras mecánicas, una corriente de aire ascendente, generada por un tren que entraba en la estación, fue el primer verdugo. Se coló por debajo de la túnica de Magi y la infló como un globo. La tela, pesada, se levantó por delante y por detrás en una ola blanca que no reveló solo muslos, sino la totalidad de su desnudez frontal y posterior, el vello expuesto al aire húmedo del túnel durante un segundo entero. Un grupo de adolescentes en la escalera contraria estalló en carcajadas y gritos, los móviles levantados como armas. Magi sintió el aire en sus partes íntimas, pero en lugar de entrar en pánico, soltó un suspiro de profundo hastío. Bajó la tela con un tirón seco y firme. No se encogió ni se cubrió el rostro; miró fijamente a los adolescentes hasta que un par de ellos bajaron los teléfonos, intimidados por la absoluta falta de vergüenza en los ojos de la mujer. Bajó el resto de las escaleras con la espalda recta, pisando fuerte.
Dentro del vagón, la aglomeración era una pesadilla. Celia, tratando de esconderse de las miradas, se apretujó contra una puerta. Al arrancar el tren, perdió el equilibrio. Su pie descalzo resbaló en algo pegajoso en el suelo y, con un grito ahogado, cayó de lado. El envoltorio de sábana, mal ajustado, se deshizo por completo. Celia quedó en el suelo sucio del vagón, completamente desnuda, encogiéndose en posición fetal mientras la sábana yacía como un sudario manchado a su lado. La gente apartó la mirada; algunos con vergüenza ajena, otros robando vistazos furtivos a su cuerpo pálido y tembloroso. Un hombre mayor le tendió la sábana sin mirarla a los ojos, pero su vista se detuvo, llena de un morbo sórdido, en sus pechos. Magi reaccionó al instante. Se interpuso entre el hombre y Celia, fulminándolo con una mirada tan afilada que el sujeto retrocedió un paso. Con movimientos rápidos, Magi ayudó a Celia a levantarse y la envolvió de nuevo, protegiéndola con su propio cuerpo del escrutinio del vagón.
En la salida, la prisa de la multitud provocó el último desastre. Magi, tirando de la mano de Celia para sacarla del tumulto, sintió un tirón brutal en la cadera. Su sábana se había enganchado en la esquina oxidada de un torniquete. El sonido fue un CRAC seco. Un enorme triángulo de tela se desgarró desde la cadera hasta más allá de la rodilla. La abertura revelaba la curva completa de su nalga izquierda y, con cada paso, un destello de su sexo.
Magi se detuvo un segundo, miró el jirón de tela y chasqueó la lengua. Sostener la tela con la mano para intentar taparse habría sido una admisión de pudor, un gesto inútil y derrotista. En lugar de eso, soltó el borde de la sábana y continuó avanzando. Caminó los últimos cien metros hasta el estudio con la parte izquierda de su cuerpo expuesta, sintiendo el sol y el aire de la mañana en la piel desnuda. Los transeúntes se paraban a mirar, algunos con la boca abierta. Un repartidor en una furgoneta redujo la velocidad para acompañarlas un trecho, silbando, pero Magi ni siquiera giró la cabeza para mirarlo. Su actitud era tan imponente y desapegada que transformaba la exhibición forzada en un acto de insolencia.
Al cruzar las puertas de cristal del Studio Lumière, el silencio fue tan absoluto que por un momento solo se oyó el jadeo desesperado de Celia.
Todo el personal estaba allí. Y todos miraban. No a sus rostros, sino al jirón colgante de sábana que dejaba al descubierto la cadera y la pierna de Magi, y a la figura temblorosa y sucia de Celia.
Elara estaba de pie en el centro del vestíbulo, como una emperatriz esperando a sus cautivas. Sus ojos, fríos y avaros, no se inmutaron. Recorrieron el cuerpo semidesnudo de Magi con la atención de un joyero que examina una piedra preciosa de corte imposible.
—Bienvenidas a la realidad —dijo, sin un ápice de ironía, solo con una verdad aterradora—. Veo que han entendido la lección final. No hay barreras.
Se acercó a Magi y, con la punta de un dedo perfectamente manicurado, tocó el borde desgarrado de la sábana, rozando la piel de su cadera desnuda. Lejos de contener el aliento o apartarse, Magi le sostuvo la mirada, inquebrantable, desafiándola en silencio a encontrar una gota de miedo en ella.
—Esta crudeza... esta violación absoluta de lo cotidiano... es sublime —continuó Elara, sonriendo levemente ante la dureza de Magi. Se volvió hacia Leo, que ya tenía la cámara en la mano, su obsesión superando cualquier vestigio de humanidad—. No pierdan un segundo. Ni una sola toma. Quiero el miedo de la calle en los ojos de la pequeña. La suciedad en sus pies. Y la insolencia desnuda de la mayor... en cada centímetro de su piel. Esto no es una sesión. Es una autopsia en vida. Comiencen.
¿Cómo va la sesión?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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