¿veremos mas de Konoha?

Sombras en Konoha

Chapter 22 by Locoloco Locoloco

La mañana en Konoha era tranquila, como si el sol se hubiera tomado el día libre para descansar. Las calles estaban llenas de vida, con comerciantes abriendo sus puestos y niños corriendo hacia la Academia Ninja. Pero en la oficina de la Hokage, el ambiente era diferente.

Tsunade estaba sentada detrás de su escritorio, una montaña de papeles frente a ella. Su cabello rubio estaba recogido, y sus ojos ambar mostraban signos de cansancio. Había estado trabajando desde temprano, y algo la molestaba.

—Shizune —murmuró, llamando a su asistente— ¿Podrías traerme los informes de la misión de ayer?

Silencio.

Tsunade levantó la mirada, frunciendo el ceño.

—¿Shizune?

Nadie respondió.

—Ah, cierto —dijo, frotándose las sienes— Se tomó unas vacaciones.

Había encontrado una carta esa hace unos dias, escrita con la letra inconfundible de Shizune, diciendo que necesitaba un tiempo para descansar y volver a familiarizarse con la aldea. Extraño, pensó Tsunade, ya que Shizune nunca había mencionado querer hacer eso. Pero la carta parecía auténtica, y no había razón para dudar de su asistente, sobre todo por todo el puto papeleo de mierda que la tiene con ganas de tomarse unas vacaciones a ella misma.

—Tsunade-sama —dijo una voz familiar desde la puerta— Traigo los informes que pidió.

Era Sakura, con una sonrisa radiante y una pila de documentos en sus manos. La joven kunoichi se había ofrecido voluntaria para cubrir el puesto de Shizune durante su ausencia, y hasta ahora, había demostrado ser sorprendentemente competente.

—Ah, Sakura —dijo Tsunade, tomando los informes— Gracias. ¿Cómo van las cosas?

—Bien —respondió Sakura, colocándose frente al escritorio— Ya terminé de organizar los archivos de las misiones rango C, y también actualicé el registro de suministros médicos. Shizune-san me dijo que estaba desactualizado, antes de irse.

Tsunade asintió, satisfecha.

—Eres una buena estudiante, Sakura. A este paso, podrías convertirte en una excelente médica ninja.

Sakura sonrió, pero sus ojos brillaron con algo más que orgullo. Había un destello de ambición, de planes ocultos, aunque no entendía bien como ser su secretaria le ayudaría a ser una médica.

—Haré todo lo posible para estar a la altura de sus expectativas, Tsunade-sama.

—Bien, bien —dijo Tsunade, estirándose— Por ahora, necesito que revises estos informes de misiones. Hay algunos que requieren atención.

—Por supuesto —respondió Sakura, tomando los documentos—. Me pondré a trabajar de inmediato.

Mientras se retiraba, Tsunade la observó por un momento. Sakura era sin duda una kunoichi talentosa, y su dedicación era admirable. Pero había algo en ella que no terminaba de encajar. Una intensidad en sus ojos que Tsunade no podía identificar.

—Debe ser la juventud —murmuró, encogiéndose de hombros, y volvió a su trabajo.

En el complejo Hyūga, la mañana transcurría con la tranquilidad típica de una familia noble. El sol se filtraba a través de los shoji, iluminando el comedor donde Hinata, su madre Hitomi y su hermana menor Hanabi desayunaban.

La mesa estaba llena de platos tradicionales: sopa de miso, pescado a la parrilla, arroz blanco y encurtidos. Hitomi servía el té con movimientos elegantes, mientras Hanabi devoraba su desayuno con la energía de una niña.

—Hinata-nee —dijo Hanabi, entre bocado y bocado— hace días vi a Natsu-san saliendo de tu cuarto y luego no se la ha visto en el complejo. ¿Está ayudándote con algo?

Hinata mantuvo su expresión serena, aunque su corazón dio un vuelco.

—Sí —respondió, tomando un sorbo de té— Le pedí que cuidara la casa de Naruto-kun mientras él está de viaje. No quiero que se acumule el polvo ni que entre alguien a robar.

Hanabi frunció el ceño.

—¿La casa de Naruto? ¿Por qué te preocupas tanto por la casa de un chico que ni siquiera es tu novio?

—Hanabi —intervino Hitomi, su voz suave pero firme— no seas grosera. Hinata solo está siendo amable.

—Pero, mamá —insistió Hanabi— es extraño. Hinata-nee siempre está hablando de Naruto, siempre está tras él. Y él ni siquiera le presta atención.

Hinata sintió un nudo en el estómago y algo de molestia por el recordatorio de su pasado, pero mantuvo la calma.

—Naruto-kun es mi amigo —dijo, con una sonrisa forzada— Y quiero ayudarlo en lo que pueda. No hay nada de malo en eso.

—Supongo —dijo Hanabi, encogiéndose de hombros— Pero aun así, es raro.

Hitomi observó a su hija mayor con una mirada penetrante. Sabía que Hinata estaba ocultando algo, pero no podía imaginar qué. Su hija siempre había sido reservada, pero en los últimos meses, su comportamiento se había vuelto aún más críptico.

—Hinata —dijo Hitomi, con cuidado— ¿estás segura de que no hay nada más entre tú y Naruto?

Hinata negó con la cabeza, demasiado rápido.

—No, mamá. Solo somos amigos.

Pero sus mejillas se sonrojaron ligeramente, y Hitomi notó el temblor en sus manos.

—Muy bien —dijo, dejando el tema— Si dices que no hay nada, te creo.

Hinata asintió, aliviada, y continuó con su desayuno. Realmente su madre no le creía, aunque Hitomi estaba segura que tenían una relación secreta, posiblemente por toda esas estupideces de clan.

Pero en la mente de Hianta, las imágenes de la noche anterior la atormentaban. Natsu, atada y suplicante. Shizune, gimiendo bajo el tacto de Sakura. Y ella, Hinata, la zorrita perfecta de Naruto, entrenando a nuevas reclutas para su harén.

—Pronto volverás, Naruto-kun —pensó, apretando la taza de té—. Y cuando lo hagas, tendrás un regalo especial esperándote.

En el sótano del apartamento de Naruto, Shizune y Natsu yacían en el suelo, agotadas y cubiertas de sudor. Sus cuerpos estaban marcados por las sesiones de la noche anterior, pero sus mentes estaban aún más quebradas.

—¿Crees que algún día escaparemos? —susurró Shizune, su voz ronca.

—No —respondió Natsu, con los ojos cerrados— Ya no hay escapatoria. Somos de él ahora.

—Pero yo no quiero...

—No importa —la interrumpió Natsu— He visto los ojos de Hinata-sama cuando habla de Naruto. Es devoción pura. Y si ella, la herdera Hyūga, puede someterse a él, ¿por qué nosotras no?

Shizune guardó silencio, procesando las palabras de Natsu.

—Tal vez tengas razón —dijo, finalmente— Tal vez sea mejor aceptarlo.

—Sí —respondió Natsu— Aceptarlo. Y esperar.

—¿Esperar qué?

—Esperar a que él vuelva —dijo Natsu, una sonrisa extraña en sus labios—Y entonces, descubriremos qué clase de paraíso nos espera.

Las dos mujeres yacieron en silencio, sus cuerpos entrelazados, mientras la luz del amanecer se filtraba por la única ventana del sótano.

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¿Shizune cayó o solo quiere huir?

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