¿Jiraya se dignara a entrenar a sus estudiantes?
entrenamiento
La mañana amaneció clara y brillante, con el canto de los pájaros llenando el aire mientras el grupo se preparaba para un día de entrenamiento intensivo. Jiraiya había decidido que era momento de evaluar las habilidades de sus dos jóvenes jinchūriki y Karin.
—Bien, escúchenme todos —dijo Jiraiya, cruzando los brazos mientras los observaba—. Originalmente esto era un viaje de entrenamiento para Naruto, pero parece que he terminado con mi propio equipo Genin. Un jinchūriki de Nueve Colas, una jinchūriki de Siete Colas, y una kunoichi de Kusa con habilidades sensoriales. No está mal para ser un Sannin pervertido, ¿eh?
—¡Ero-sennin! —protestó Naruto, sonrojándose—. ¡No digas eso!
—Cállate, mocoso —respondió Jiraiya, riendo—. Hoy vamos a probar sus habilidades. Quiero ver cómo se desempeñan en combate, cómo controlan su chakra, y cómo trabajan en equipo.
Fū saltó de emoción, sus ojos brillando.
—¡Voy a demostrarles de lo que soy capaz! —exclamó, golpeando sus puños—. Chōmei y yo hemos estado practicando mucho.
—Me alegra oírlo —dijo Jiraiya—. Entonces, comencemos. Primero, una prueba de control de chakra. Quiero que todos escalen ese acantilado sin usar las manos.
Señaló una pared rocosa que se elevaba a unos treinta metros de altura, lisa y resbaladiza.
—¿Sin manos? —preguntó Karin, frunciendo el ceño—. ¿Cómo se supone que hagamos eso?
—Usando el chakra en los pies, obviamente —respondió Jiraiya—. Es una técnica básica, pero requiere concentración. Vamos, muéstrenme lo que tienen —Naruto tu tienes un entrenamiento diferente.
Naruto estaba entrenando para crear un rassengan en cada mano sin usar clones de sombra.
La prueba para las mujeres resultó ser más difícil de lo que parecía. Karin, aunque competente, tuvo que detenerse varias veces para recuperar el equilibrio. Pero Fū la superó . La jinchūriki de Siete Colas corrió por la pared vertical como si fuera un camino llano, sus pies moviéndose con una gracia y precisión que dejaron a Jiraiya impresionado.
—Tiene un control excepcional —murmuró el Sannin, tomando notas mentales— Algo difícil al tener una bestia con cola.
Cuando Karin llegó a la cima, Jiraiya las hizo descender y comenzó con los combates de entrenamiento.
—Pelearán por parejas —dijo—. Naruto contra Fū. Karin contra mí. Quiero ver cómo se desenvuelven.
Naruto y Fū se enfrentaron, sus cuerpos tensos y listos para la acción. Fū sonrió ampliamente, sus ojos brillando con emoción.
—No te voy a tener piedad, Naruto —dijo ella, adoptando una postura de combate.
—Eso espero —respondió él, devolviéndole la sonrisa—. No me gusta ganar fácilmente.
Comenzaron a moverse, sus cuerpos danzando en un ballet de golpes y esquivas. Fū era rápida, increíblemente rápida, y sus movimientos eran fluidos, casi como si estuviera bailando. Naruto, aunque fuerte, tuvo dificultades para seguirle el ritmo.
En un momento, Fū desapareció de su vista, reapareciendo detrás de él con una patada giratoria que lo envió volando contra un árbol.
—¡Tsk! —maldijo Naruto, levantándose— Eres rápida.
—Chōmei me da una ventaja —dijo ella, riendo, y hablando de más— Sus alas me permiten moverme más rápido que la mayoría —ni siquiera uso sus alas y ya estaba fanfarroneando.
Naruto se limpió la sangre de la comisura de los labios y sonrió.
—Entonces tendré que esforzarme más.
El combate continuó, con Naruto usando sus clones de sombra para intentar acorralar a Fū. Pero ella los esquivaba con facilidad, sus movimientos casi predecibles gracias a su conexión con su bestia, así que usaba las alas para tener la ventaja aérea.
Finalmente, después de veinte minutos de intenso combate, Jiraiya detuvo la pelea.
—Suficiente —dijo—. Fū gana por clara superioridad en velocidad, vuelo y control. Naruto, necesitas trabajar en tu movilidad y en tu capacidad para anticipar los movimientos del oponente.
Naruto asintió, frustrado pero determinado.
—Lo haré, Ero-sennin.
—Y Fū —continuó Jiraiya—, excelente trabajo. Tu control sobre tu bestia es impresionante. Pero no te confíes. Siempre hay alguien más fuerte.
—Lo sé —respondió ella, sonriendo—. Pero por ahora, estoy contenta con mi progreso.
—Karin, más velocidad, fuerza y sutileza—deja a la que pero estaba para el final- y por favor menos vacilación al atacar.
Mientras el sol se ponía sobre el campo de entrenamiento, en Konoha, la noche recién comenzaba.
El apartamento de Naruto, que había sido vaciado de muebles para crear un espacio más amplio, estaba iluminado por velas colocadas estratégicamente. Las sombras danzaban en las paredes mientras cinco mujeres se movían alrededor de dos figuras atadas al centro de la habitación.
Sakura, Hinata, Kurenai, Ayame y Mebuki estaban presentes, sus cuerpos desnudos bajo la luz tenue. Frente a ellas, atadas a sillas de madera con cuerdas de seda, estaban Shizune y Natsu Hyūga.
Shizune, la asistente de Tsunade, tenía el cabello oscuro suelto y los ojos vendados. Su cuerpo temblaba, su piel cubierta de sudor. Había sido traída por Kurenai, quien la había secuestrado hábilmente durante una salida de copas nocturna, después de un agotador día de trabajo.
Natsu Hyūga, una sirvienta lejana de Hinata de cabello verde y ojos blancos, como todos en su clan, estaba igualmente atada. Hinata la había invitado a esta casa con la excusa de una mison del la rapa principal. Natsu solo creía que ella estaba tratando de ganarse el favor de su enamorado cuando vuelva, y luego la había sometido con un golpe preciso en el cuello.
—Han estado calladas por mucho tiempo —dijo Sakura, sosteniendo un vibrador en su mano—. Creo que es momento de recordarles quién está a cargo.
Se acercó a Shizune y colocó el vibrador contra su clítoris, encendiéndolo en su máxima potencia. Shizune gimió, su cuerpo arqueándose contra las ataduras.
—Por favor —suplicó Shizune, su voz rota— Ya no puedo más.
—Puedes —dijo Kurenai, acariciando su cabello—. Puedes soportar mucho más. Y cuando Naruto-sama regrese, serás suya. Completamente suya.
—Pero yo no quiero... —comenzó Shizune.
—No importa lo que quieras —la interrumpió Mebuki, colocando un consolador en su boca—. Lo que importa es lo que Naruto-sama quiere. Y lo que tu puedas darle.
Shizune gimió alrededor del consolador, mientras Sakura continuaba estimulando su clítoris. El placer era abrumador, pero cada vez que se acercaba al orgasmo, Sakura se detenía.
—Todavía no —decía—. No hasta que aprendas a pedirlo correctamente.
Al otro lado de la habitación, Hinata trabajaba con Natsu. La joven Hyūga tenía las piernas abiertas, su sexo expuesto y brillante de lubricante. Hinata había insertado un consolador en su vagina y otro en su ano, y los movía rítmicamente, llevando a Natsu al borde del éxtasis.
—Por favor —suplicó Natsu, sus ojos blancos llenos de lágrimas— Por favor, déjame correrme.
—¿Y por qué debería hacerlo? —preguntó Hinata, su voz fría— ¿Qué has hecho para merecerlo?
—Lo que sea —respondió Natsu, desesperada— Haré lo que sea.
—Entonces repite después de mí —dijo Hinata—Soy una puta sumisa, y mi único propósito es servir a Naruto-sama.
Natsu tragó saliva, pero repitió las palabras.
—Soy una puta sumisa... y mi único propósito es servir a Naruto-sama.
—Otra vez —ordenó Hinata, aumentando el ritmo de los consoladores.
—¡Soy una puta sumisa! —gritó Natsu— ¡Mi único propósito es servir a Naruto-sama!
—Bien —dijo Hinata, deteniéndose justo antes de que Natsu alcanzara el clímax— Pero todavía no. Debes aprender a controlarte.
Natsu gimió de frustración, su cuerpo temblando por la necesidad insatisfecha.
La sesión continuó durante horas, con las cinco mujeres turnándose para torturar a Shizune y Natsu. Les negaban el orgasmo una y otra vez, llevándolas al límite y luego retirándose.
—Cuando Naruto-sama regrese —dijo Ayame, acariciando el cabello de Shizune— serán sus sumisas. Sus juguetes. Y entonces, y solo entonces, podrán experimentar el verdadero placer.
—Pero hasta entonces —añadió Sakura, sonriendo— seguirán siendo nuestras. Y las entrenaremos para ser perfectas para él.
Shizune y Natsu, agotadas y derrotadas, asintieron débilmente.
No tenían otra opción.
Esa noche, cuando el sol se había ocultado por completo, las cinco mujeres se reunieron alrededor de una mesa, bebiendo té mientras observaban a sus prisioneras dormir.
—¿Creen que estarán listas para cuando Naruto-sama regrese? —preguntó Ayame.
—Sí —respondió Kurenai— Shizune es fuerte, pero su voluntad se está quebrando. En poco tiempo, será completamente sumisa.
—Natsu esta casi lista —añadió Hinata— Es joven, y su entrenamiento Hyūga la ha hecho disciplinada y obediente. Pero esa disciplina y obediencia se puede usar a nuestro favor.
—Bien —dijo Sakura, sonriendo— Entonces tenemos dos nuevas sumisas en camino. Y cuando Naruto-sama regrese, tendrá un harén aún más grande.
—Y más poderoso —añadió Mebuki— Shizune es la asistente de Tsunade-sama. Tiene acceso a información valiosa. Y Natsu es una Hyūga. Será útil.
—Naruto-sama estará orgulloso de nosotras —dijo Hinata, sonriendo.
Las cinco mujeres brindaron con sus tazas de té, celebrando su éxito.
El harén crecería.
Y Naruto, sin saberlo, regresaría a un hogar lleno de sorpresas.
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