Chapter 65
by
bla12
¿Qué hace con sus días libres?
Sirve a Evans
Los dos días de "descanso" habían sido un intermedio de dolor y ansiedad. El mensaje de Evans cayó como una orden inevitable. A las 8:00 PM en punto, Magi se presentó en su puerta. Evans abrió, vestido con su bata de seda, y la evaluó con una mirada que mezclaba desaprobación y una expectación gélida.
—Entra —dijo—. Tu negligencia por faltar dos noches tiene un precio. La cocina está sucia y yo tengo hambre. Hoy cocinarás. Pero la cocina es un territorio de pureza. No se cocina con los gérmenes de la calle.
Señaló con la cabeza hacia un colgador junto a la nevera. De él pendía un delantal de cocina corto, de esos rectangulares y minimalistas, de lona basta color crema. Era ridículamente pequeño, apenas cubriría su torso delantero, atándose con dos cintas finas a la cintura y al cuello.
—Ponte eso. Es lo único permitido aquí. Lo demás… sobra.
Magi, con el estómago convertido en un nudo de hielo, comprendió. La humillación sería doble: servir y estar expuesta. Con dedos que apenas respondían, se desvistió allí mismo, en la penumbra del salón, bajo la mirada implacable de Evans. El aire frío le erizó la piel, haciendo que las marcas amarillentas en sus senos parecieran más visibles. Atarse el delantal fue un acto de sumisión grotesco. La lona áspera le rozó los pezones aún sensibles, y la parte inferior del delantal apenas le llegaba a la mitad del pubis, dejando sus piernas y glúteos completamente al descubierto por detrás. Por delante, era una bandana gigante e inútil.
—La pasta a la puttanesca —dictaminó Evans, señalando ingredientes en la encimera—. Espero esmero. Y prisa. Tengo hambre.
Magi se movió hacia la cocina. Cada paso era un suplicio de conciencia corporal. Al agacharse para tomar una olla del armario inferior, el delantal se levantaba inevitablemente, exponiendo completamente sus nalgas y su sexo a la mirada de Evans, quien observaba sentado a la mesa del comedor, con una copa de vino.
—El ajo, más fino —comentó él, con tono de profesor distante—. No se trata solo de cocinar, se trata de técnica.
Al picar las aceitunas, el movimiento de sus brazos hacía que el delantal, apenas sujeto por las cintas, se desplazase y rozase sus pezones con la tela áspera, una tortura constante entre el dolor y la sobreestimulación.
—Cuidado con el desperdicio —advirtió Evans, sin inmutarse—. Y con las marcas. La mercancía debe mantenerse impecable.
Cuando la pasta estuvo lista, Magi sirvió un plato con manos temblorosas. Evans no comió de inmediato.
—Prueba —ordenó, señalando el plato—. Un bocado. Para asegurarme de que el sabor es el adecuado… y que no has añadido ningún ingrediente extraño.
Magi, sintiendo que la rabia y la humillación le hervían en la garganta, tomó un tenedor, enrolló un poco de pasta y se la llevó a la boca. El sabor le pareció ceniza. Masticó bajo la mirada de Evans, que observaba el movimiento de su garganta con interés clínico.
—Adecuado —concluyó él—. Ahora, sírveme.
Ella le sirvió. Él comió lentamente, haciendo comentarios sobre la comida, pero sobre todo, sobre la cocinera.
—La presentación es tan importante como el sabor —murmuró, sus ojos recorriendo su cuerpo semidesnudo y manchado de aceite—. Y hoy, la presentación es… instructiva.
Al terminar, Evans se limpió la boca.
—El suelo está grasiento —dijo—. Y hay manchas de salsa en la encimera. Limpia. Con el delantal puesto. Y luego, puedes irte.
Magi pasó la siguiente hora limpiando la cocina de Evans, sintiendo cómo la grasa y los restos de comida se pegaban a su piel desnuda bajo el delantal, cómo el jabón le escocía en las pequeñas quemaduras del aceite. Evans observó un rato desde la puerta, luego se retiró a su salón.
Cuando por fin pudo irse, sintiendo la grasa y la humillación impregnadas en cada poro. Al cerrar la puerta del 3B, supo que no había pagado su deuda. Solo la había incrementado. Evans había encontrado una nueva forma de poseerla: a través de la domesticidad pervertida y la exposición meticulosa. Y el delantal corto, ahora arrugado y sucio, se convirtió en el símbolo de su nueva y sórdida obligación.
¿Cómo vuelve a su departamento?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 6, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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