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Chapter 66 by bla12 bla12

¿Cómo vuelve a su departamento?

Solo con el delantal

El click de la puerta del departamento de Evans al cerrarse a sus espaldas resonó como el portazo de una celda. Magi se quedó un momento inmóvil en el pasillo oscuro y silencioso, respirando el aire rancio del edificio. Luego, miró hacia abajo.

Seguía llevando puesto el delantal de cocina.

La lona basta, manchada de aceite, salsa de tomate y jabón, le pegaba al estómago frío. Las cintas le ****ían la nuca y la cintura. No se lo había quitado. Evans no se lo había ordenado, y en el estado de disociación en el que se encontraba, desobedecer una orden, incluso una no dicha, parecía un riesgo imposible.

Caminó los pocos metros hasta la puerta de su propio apartamento, sintiendo el aire frío del pasillo en sus nalgas y piernas desnudas.

Abrió la puerta y entró en la oscuridad de su hogar. Al cerrarla, se apoyó contra la madera, jadeando. La familiaridad de su propio espacio chocó brutalmente con la realidad de su estado. El olor a frito y a limpiador que emanaba del delantal le revolvió el estómago.

Con movimientos torpes, como si estuviera en un sueño, se quedó de pie, en la penumbra de su recibidor, vestida solo con el delantal corto y manchado de Evans.

Se miró en el espejo del recibidor. La imagen era grotesca. Una mujer joven, con el cabello revuelto, los ojos vacíos, y el cuerpo marcado por moretones amarillentos en los senos y pequeñas quemaduras rojas de aceite en el estómago. La lona crema del delantal, sucia y arrugada, era la prenda más obscena que podría haber imaginado: no por lo que revelaba, sino por lo que representaba. Era la evidencia física de su servidumbre, de su sumisión doméstica forzada. Era el uniforme de su nueva y más íntima humillación.

No corrió a ducharse de inmediato. Caminó hasta la cocina, sintiendo las baldosas frías bajo sus pies descalzos. Abrió la nevera. La luz interior iluminó su cuerpo vestido solo con el delantal, proyectando una sombra patética contra la pared. Tomó un vaso de agua y bebió, sintiendo el líquido frío bajar por su garganta mientras el delantal le rozaba los pezones sensibles.

Finalmente, se dirigió al baño. Antes de entrar a la ducha, se desató las cintas del delantal. La tela manchada cayó al suelo de baldosas con un sonido húmedo. Se quedó mirándolo por un momento, tirado allí como la piel mudada de una vergüenza profunda.

Bajo el chorro de agua caliente, se restregó con fuerza, pero supo que no podría lavar la sensación de aquella tela áspera sobre su piel desnuda, ni el olor a comida y limpieza que parecía haberse impregnado en ella. Evans ya no solo tenía grabaciones. Ahora tenía un trofeo tangible: la imagen de Magi en su cocina, cocinando para él, vistiendo solo el delantal que él le había permitido. Y ella se había ido a su casa con él puesto, como un perro que lleva el collar de su amo a todas partes.

Al salir de la ducha, envolvió en una toalla el delantal sucio, como si fuera un cadáver, y lo escondió en lo más profundo de su cesto de la ropa sucia. Pero sabía que estaba allí. Y sabía que, tarde o temprano, Evans le pediría que se lo pusiera otra vez.

¿Qué pasa cuando vuelve al acuario?

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