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Chapter 74 by bla12

¿Cuál es el toque final?

Reciben un regalo del cliente

La luz del atardecer se filtraba por las persianas del estudio, tiñendo el vestuario de un tono anaranjado enfermizo. Elara las esperaba con una sonrisa que no llegaba a sus ojos; el ambiente olía a una mezcla de incienso caro y anticipación depredadora. Sobre una mesa de cristal, descansaban dos cajas de laca negra.

—Es el regalo del cliente —anunció Elara, abriendo las tapas con una parsimonia cruel—. Quiere que la elegancia sea el marco de la experiencia. Pero también quiere el contraste: la caricia de la seda ocultando la intención más cruda.

Dentro de las cajas, reposaban dos kimonos de seda cruda, color marfil pálido, con dragones plateados bordados. Junto a ellos, dos piezas de lencería mínimas: microtangas de seda negra, apenas tres hilos y un triángulo de tejido tan fino que resultaba insultante.

Celia sintió un vuelco en el estómago. El microbikini negro del ensayo, por muy severo que fuera, se había convertido en su armadura de guerra, en lo único conocido. Ver esta nueva prenda, tan delicada y a la vez tan explícita, le recordó que en este juego ellas no tenían ni siquiera el derecho a la costumbre.

—Quítense el bikini de práctica —ordenó Elara—. Ahora.

Elara se acercó a Magi primero. Con un movimiento seco, desató los lazos laterales del microbikini negro. La pieza cayó al suelo como un residuo innecesario. Magi no se cubrió; ni siquiera parpadeó. Se quedó allí, estática, mientras Elara le deslizaba la microtanga de seda por las caderas. El tejido era suave, casi imperceptible, lo que lo hacía mucho más aterrador: no ofrecía la resistencia firme de la licra, sino la docilidad de algo que está diseñado para ser retirado sin esfuerzo.

—La seda dice lujo; la tanga negra debajo dice... disponibilidad absoluta —murmuró Elara, colocándole el kimono sobre los hombros.

Magi asintió. Entendía la función: la prenda ya no era ropa, era una invitación. Se anudó el cordón del kimono justo debajo del ombligo, dejando que la seda se abriera en una "V" profunda que revelaba el valle entre sus senos y el trazo oscuro de la seda negra perdiéndose entre sus muslos.

Celia, en cambio, temblaba tanto que Elara tuvo que intervenir. Cuando le quitaron el bikini, Celia soltó un jadeo ahogado. Se sintió despojada de su última defensa. La microtanga de seda se sentía líquida, peligrosa, una burla a su pudor.

—Baja las manos, Celia —siseó Elara, poniéndole el kimono a la fuerza—. No arruines el regalo.

El nudo de Celia quedó flojo, torpe. El kimono se abría con cada respiración acelerada, mostrando el contraste violento de la seda negra sobre su piel pálida. Se sentía mil veces más expuesta que antes. El bikini de práctica era una celda; esta seda era una vitrina.

Las condujeron fuera. En la puerta de servicio, un coche negro de cristales polarizados las esperaba. El trayecto fue un silencio opresivo. Celia se aferraba a las solapas del kimono, sintiendo que la microtanga era una marca invisible pero abrasadora. Magi, en cambio, se recostó en el cuero del asiento, permitiendo que la seda se abriera naturalmente, mostrando la larga línea de su pierna y la sugerencia del negro sobre el marfil. Sus ojos estaban fijos en la ciudad, pero su mente estaba en el vacío.

El coche se detuvo frente a un hotel de una discreción absoluta. Un hombre de smoking las guió por una entrada lateral hasta un ascensor privado que subió directamente al ático. Las puertas se abrieron a una suite panorámica. El suelo era de mármol oscuro y el aire estaba cargado de un aroma a tabaco caro y brandy.

En el centro, sobre una plataforma de terciopelo granate, estaba el Cliente.

Su rostro permanecía en penumbra, pero su mirada las recorrió con una fijeza depredadora. Absorbió cada detalle: la seda pálida, la vulnerabilidad de Celia y la impasibilidad de Magi. Su vista se detuvo, con una intensidad que las hizo sentir de cristal, en el delicado hilo de seda negra que asomaba en sus cinturas; el último y frágil secreto que estaba a punto de ser reclamado.

¿Cómo empezó el encuentro?

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